Hogueras espectrales.
Dean R. Koontz

1.
Conmocin.

La claridad se desplomaba del aire, casi tan tangible como la lluvia. 
Acariciaba con sus rizos las ventanas y formaba pintorescos charcos en los 
caps y maleteros de los coches aparcados; imparta un brillo hmedo a las 
hojas de los rboles y al cromo del bullicioso trfico que llenaba la calle. 
En todas las superficies se reflejaba en miniatura el sol californiano y el 
centro de Santa Ana estaba inundado por la luz clara de una maana de fin 
de junio.
Cuando Rachael Leben cruz la puerta del vestbulo del edificio comercial 
y sali a la calle tuvo la sensacin de que el sol veraniego que le acariciaba 
los desnudos brazos era agua caliente. Cerr los ojos y levant 
momentneamente el rostro hacia el cielo, absorbiendo el esplendor, 
deleitndose.
-Ests ah sonriendo, como si esto fuera lo mejor que te ha ocurrido en tu 
vida -le dijo Eric de mala gana, al salir tras ella del edificio y ver cmo 
disfrutaba del calorcillo veraniego.
-Te lo ruego -replic sin bajar la cabeza-, no hagamos un escndalo.
-Ah dentro me has puesto en ridculo.
-De ningn modo.
-En todo caso, qu diablos pretendes demostrar?
No le respondi. No estaba dispuesta a permitirle que le estropeara un da 
tan maravilloso. Dio media vuelta y ech a andar.
Eric se le puso delante y le cort el paso. El aspecto de sus ojos azul 
grisceos era habitualmente muy fro, pero ahora su mirada era furibunda.
-No seamos infantiles -le dijo ella.
-No te basta con abandonarme. Adems tienes que pregonar a los cuatro 
vientos que no me necesitas a m ni, maldita sea, a nada de lo que pueda 
ofrecerte.
-No, Eric. No me importa lo que los dems piensen de ti; bueno o malo.
-Ests dispuesta a humillarme.
-No es cierto, Eric.
-Claro que lo es -replic-. Diablos si lo es. Te regocijas en mi ignominia. 
Te extasas.
Le vio como jams le haba visto: un tipo pattico. Antes siempre le haba 
parecido fuerte, fsica, emocional y mentalmente; con fuerza de voluntad y 
firmeza de carcter. Tambin era retrado y a veces hurao. Poda ser cruel. 
Y en algunas ocasiones, a lo largo de sus siete aos de matrimonio, haba 
estado tan distante como la luna. Pero hasta aquel momento nunca haba 
parecido dbil o lastimoso.
-Humillacin? -dijo ella en tono reflexivo-. Eric, te he hecho un gran 
favor. Cualquiera en tu lugar comprara una botella de champn y lo 
celebrara.
Acababan de salir del despacho del abogado de Eric, donde se haban 
negociado las condiciones de su divorcio, con una rapidez que los haba 
sorprendido a todos menos a Rachael. Haba comenzado por asombrarlos al 
llegar sin su propio abogado y no reclamar a todo lo que tena derecho, 
segn las leyes de bienes compartidos de California. Cuando el abogado de 
Eric le hizo una primera oferta, insisti en que le pareca excesivamente 
generosa y le present otras cifras ms modestas, que le parecan ms 
razonables.
-Champn, eh? Vas a contarle a todo el mundo que te has contentado con 
doce millones y medio menos de lo que te corresponda, para acelerar el 
divorcio y deshacerte de m cuanto antes, y se supone que debo sonrer? 
Maldita sea.
-Eric...
-Estabas impaciente por librarte de m. Te habras cortado un maldito brazo 
por lograrlo. Y se supone que debo celebrar mi humillacin?
-Para m es una cuestin de principios no aceptar ms de lo que...
-Principios, una mierda.
-Eric, sabes que no sera capaz...
-Todo el mundo me mirar pensando: Vlgame Dios, fjate en lo 
insufrible que debe de ser ese individuo, como para que su mujer haya 
sacrificado doce millones y medio para deshacerse de l!
-No pienso revelarle a nadie el acuerdo al que hemos llegado -dijo Rachael.
-Mierda.
-Si crees que te criticar o hablar mal de ti, me conoces menos de lo que 
supona.
Eric, doce aos mayor que ella, tena treinta y cinco aos y cuatro millones 
cuando contrajeron matrimonio. Ahora, a los cuarenta y dos, su fortuna 
alcanzaba los treinta millones y bajo cualquier interpretacin de la ley de 
California a ella le correspondan trece millones al divorciarse: la mitad de 
la riqueza acumulada durante su matrimonio. No obstante, quiso 
contentarse con su deportivo rojo, un Mercedes 560 SL, quinientos mil 
dlares y ninguna pensin, lo que supona aproximadamente una 
veintiseisava parte de lo que tena derecho a exigir. Haba calculado que 
con esto dispondra del tiempo y recursos necesarios para decidir lo que 
hara el resto de su vida y financiar el proyecto que finalmente elaborara.
-No me cas contigo por tu dinero -dijo Rachael en voz baja, consciente de 
que llamaban la atencin de los transentes que circulaban por la soleada 
calle.
-Quin sabe -replic Eric, agria e irracionalmente.
A pesar de sus atractivas facciones, su rostro era ahora desagradable. La ira 
lo haba convertido en una fea mscara, repleta de profundos y duros surcos 
verticales.
Rachael hablaba apaciblemente, sin rencor, sin ninguna intencin de 
humillarle ni agredirle. Sencillamente haban terminado. No senta ningn 
odio, slo un ligero remordimiento.
-Y ahora que por fin todo ha acabado, no espero ser mantenida a lo grande 
y con todo lujo durante el resto de mis das. No quiero tus millones. Has 
sido t quien los ha ganado, no yo. Tu genio, tu voluntad frrea, las horas 
interminables que has pasado en el despacho y en el laboratorio. T has 
sido quien lo ha construido todo, t y slo t, y nicamente a ti te 
corresponde quedarte con lo que has construido. Eres un hombre 
importante, Eric, incluso puede que seas una gran personalidad en tu 
campo, mientras que yo soy slo yo, Rachael, y no pretendo haber tenido 
nada que ver con tu xito.
Su rostro se le frunci an ms al or sus halagos. Estaba acostumbrado a 
desempear el papel dominante en todas sus relaciones, tanto profesionales 
como privadas. Desde su posicin de dominio absoluto obligaba 
implacablemente a que se sometieran a sus deseos, o destrua a quien se 
negara a hacerlo. Todos los amigos, empleados y colaboradores de Eric 
Leben le obedecan, o quedaban relegados a la historia. Someterse o ser 
repudiado y destruido eran las nicas alternativas. Gozaba ejerciendo el 
poder, tanto le satisfaca cerrar un trato de un milln de dlares, como 
vencer en una discusin familiar. Rachael le haba seguido la corriente a lo 
largo de siete aos, pero haba decidido dejar de someterse.
Lo curioso era que, con su docilidad y actitud razonable, le haba despojado 
del poder que le serva de estmulo. Se haba mentalizado para librar una 
larga batalla sobre el reparto de bienes y ella se limit a abandonarla. Le 
emocionaba la perspectiva de una lucha feroz acerca de la pensin que le 
otorgara, pero ella le haba avergonzado rechazando dicha ayuda. Soaba 
con un pleito en el que la presentara como a una cualquiera interesada slo 
por la riqueza y con poder reducirla finalmente a una persona sin dignidad, 
dispuesta a aceptar mucho menos de lo que le corresponda. Entonces, aun 
dejndola rica, experimentara el placer de haber ganado la batalla y de 
haber forzado su rendicin. Pero al aclararle que no le importaban sus 
millones haba eliminado el nico poder que an tena sobre ella. Le haba 
derrotado por la base y su furor creca al darse cuenta de que, con su 
docilidad, se haba convertido en alguien igual, o quizs superior, a l para 
todos los contactos que pudieran tener en el futuro.
-A mi parecer -le dijo-, he perdido siete aos y lo nico que pretendo es 
una compensacin razonable. Tengo veintinueve aos, casi treinta y, en 
cierto modo, ahora empieza mi vida; algo ms tarde que la de los dems. 
La cantidad acordada constituir, para m, una plataforma maravillosa. Si la 
pierdo y algn da lamento no haber ido a por los trece millones... bien, 
ser mi problema, no el tuyo. Lo hemos discutido mil veces, Eric. Hemos 
terminado.
Quiso rodearle para seguir su camino, pero l la agarr del brazo y se lo 
impidi.
-Sultame, te lo ruego -le dijo sin levantar la voz.
-Cmo puedo haberme equivocado tanto contigo? -pregunt Eric, 
mirndola fijamente-. Te crea una muchachita rebosante de ternura, algo 
tmida y con poco mundo, pero ahora resulta que eres una asquerosilla 
ramera, no es cierto?
-Por Dios, tu actitud es realmente absurda. Y esas groseras no son dignas 
de ti. Deja que me vaya.
-O quizs se trata de una estrategia? -dijo apretndole el brazo con mayor 
fuerza-. Eh? Cuando se hayan redactado todos los documentos y volvamos 
el viernes para firmarlos, cambiars entonces inesperadamente de 
opinin? Exigirs ms dinero?
-No. No estoy jugando.
-Apuesto a que es eso -dijo con una mueca dura y mezquina-. Si aceptamos 
ese trato absurdamente desproporcionado y redactamos los documentos, te 
negars a firmarlos, pero los utilizars ante los tribunales para demostrar 
que intentbamos estafarte. Alegars que la oferta te la habamos hecho 
nosotros y que habamos intentado presionarte para que la aceptaras. Me 
pondrs en ridculo. Hars que parezca un despiadado cabrn. Eh? Es sa 
la estrategia? Es eso lo que te propones?
-Te he dicho con toda sinceridad que no me propongo nada.
-Dime la verdad, Rachael -dijo hundindole los dedos en el brazo.
-Djame.
-Es sa la estrategia?
-Me ests haciendo dao.
-Y puestos a confesarlo todo, por qu no me hablas tambin de Ben 
Shadway?
Parpade sorprendida, ya que no supona que Eric supiera lo de Benny.
-Cunto haca que se acostaba contigo antes de que me abandonaras?, 
-pregunt con el rostro todava ms endurecido en el clido sol y cada vez 
ms fruncido por su furor.
-Eres repelente! -exclam, lamentndolo inmediatamente, al comprobar 
que le satisfaca haber penetrado su coraza de frialdad.
-Cunto haca? -insisti, agarrndola todava con la mayor fuerza.
-No conoc a Benny hasta seis meses despus de separarnos -respondi 
procurando hablar sosegadamente, para evitar el escndalo que Eric 
aparentemente pretenda organizar.
-Cunto tiempo me estuvo engaando, Rachael?
-Si sabes lo de Benny significa que has ordenado que me vigilen, que es 
algo a lo que no tienes derecho.
-Claro, no quieres que se sepan tus sucios secretillos.
-Si has contratado a alguien para que me vigile, sabes perfectamente que 
slo hace cinco meses que me veo con Benny. Sultame. Me ests 
lastimando.
-Necesita ayuda, seora? -dijo un joven barbudo que pasaba por all, 
acercndoseles.
-Lrguese, amigo. sta es mi esposa y no tiene por qu meter sus malditas 
narices en nuestros asuntos -le dijo Eric enfurecido, escupiendo las 
palabras.
Rachael intent en vano que le soltara el brazo.
-Ser su esposa, pero eso no le da derecho a lastimarla -replic el barbudo.
Eric solt a Rachael, cerr los puos y se dirigi hacia el intruso.
-Se lo agradezco, pero no ocurre nada -le dijo Rachael apresuradamente al 
quijotesco transente, para apaciguar la situacin-. En serio, estoy bien. Se 
trata de una discusin sin importancia.
El joven se encogi de hombros y se alej, echndoles una mirada.
Con el incidente Eric se dio cuenta de que se expona a ponerse 
pblicamente en ridculo, lo que no era propio de un hombre de su posicin 
e importancia. Sin embargo, segua tan enojado como antes. Estaba 
acalorado y con los labios blancos. Su mirada era la de un hombre 
peligroso.
-Algrate, Eric -le dijo ella-. Has ahorrado millones de dlares y Dios sabe 
cunto en minutas de abogados. Has ganado. No me has aplastado ni 
mancillado mi reputacin ante los tribunales, como te proponas, pero de 
todos modos has ganado. Contntate con eso.
-Maldita puta ptrida y estpida -le dijo, horrorizndola con tanto odio-. El 
da que me abandonaste deseaba pegarte una paliza y machacar a patadas tu 
estpido rostro. Ojal lo hubiera hecho. Pero no lo hice porque pens que 
regresaras humillada. Me equivoqu. Deba haberte destrozado ese rostro 
de idiota -agreg levantando la mano como para abofetearla, pero se detuvo 
cuando ella ya retroceda para esquivar el golpe.
Furioso, dio media vuelta y se alej apresuradamente. Contemplndole, 
Rachael comprendi de pronto que su enfermizo deseo de dominar a todo 
el mundo era una necesidad mucho ms arraigada de lo que jams haba 
imaginado. Al arrebatarle el poder que ejerca sobre ella, volvindole la 
espalda a l y a su dinero, no slo le haba convertido, segn su criterio, en 
un semejante, sino que le haba despojado de su hombra. De no ser as no 
se explicaba su desmesurado furor ni su impulso precariamente controlado 
a usar la violencia.
Haba llegado a detestarle intensamente, si no a odiarle, e incluso hasta 
cierto punto a temerle. Pero hasta ahora no haba sido consciente de la 
inmensidad e intensidad del furor que albergaba en su interior. No se haba 
dado cuenta de lo muy peligroso que era.
A pesar de que el radiante sol segua iluminndole el rostro, obligndole a 
entornar los ojos, y de que la segua acariciando con su calor, sinti un 
escalofro que le recorri todo el cuerpo al comprender lo sensata que haba 
sido al abandonar a Eric cuando lo haba hecho y quizs afortunada de no 
haber recibido ms malos tratos que los moretones que sin duda tena en el 
brazo izquierdo.
Cuando baj de la acera para cruzar la calle, se sinti aliviada al comprobar 
que se alejaba. Al cabo de un momento el alivio se convirti en horror.
Se diriga hacia su Mercedes negro, aparcado al otro lado de la avenida. 
Puede que le cegara su furor. O quizs era la brillante luz veraniega, 
reflejada en todas las superficies, lo que entorpeca su visin. Fuera cual 
fuese la razn, cruz los carriles de direccin sur de la calle Main, por los 
que no circulaba trfico alguno y se dirigi decididamente hacia los de 
direccin norte, colocndose delante de un camin del servicio de limpieza 
que circulaba a sesenta y cinco kilmetros por hora.
Era demasiado tarde cuando Rachael peg un grito para prevenirle.
El conductor pis el freno a fondo. Pero el ruido de las ruedas bloqueadas 
lleg casi simultneamente con el del horrible impacto.
Eric sali despedido por los aires y cay en los carriles de direccin sur, 
como impulsado por la onda expansiva de una bomba. Se estrell contra el 
pavimento y rod unos siete metros, rgido al principio y a continuacin 
con una horrible flexibilidad, como si fuera un mueco de trapos y 
cordeles. Acab boca abajo, inmvil.
Un Subaru que se diriga hacia el sur peg un frenazo como el gemido de 
un fantasma y un fuerte bocinazo, logrando detenerse a menos de un metro. 
Un Chevy que lo segua de cerca lo embisti y lo empuj hasta pocos 
centmetros del cuerpo de Eric.
Rachael fue la primera en llegar a su lado. Con el corazn excitado, 
chillando su nombre, se dej caer de rodillas junto a l e, instintivamente, 
le puso la mano en el cuello para buscarle el pulso. Tena la piel 
humedecida por la sangre y le resbalaban los dedos al buscar 
desesperadamente su arteria.
Entonces se dio cuenta de la terrible depresin que le haba deformado el 
crneo. Su cabeza presentaba una hendidura en el costado derecho, sobre la 
oreja partida, a lo largo de la sien, hasta el borde de su plida frente. Tena 
el rostro ladeado, mostrando un solo ojo abierto que miraba horrorizado, 
aunque ahora sin ver nada. Muchas astillas seas debieron de penetrarle 
profundamente el cerebro, provocndole una muerte instantnea.
De pronto se puso de pie, tambalendose, nauseabunda. Estaba mareada y 
probablemente habra cado de no haber sido por el chfer del camin, que 
la sostuvo y la acompa al otro lado del Subaru, donde pudo apoyarse 
contra el coche.
-No he podido hacer nada para evitarlo -dijo tristemente.
-Lo s -le respondi ella.
-Absolutamente nada. Se me ha puesto delante, sin mirar. No he podido 
hacer nada.
A1 principio a Rachael le costaba respirar. Entonces vio que, sin darse 
cuenta, se estaba frotando su vestido veraniego con la mano llena de sangre 
y la presencia de esas hmedas manchas escarlatas sobre el algodn azul 
claro le aceleraron excesivamente la respiracin. Como efecto de la 
hiperventilacin estuvo a punto de caerse, pero se sostuvo apoyndose 
contra el Subaru; cerr los ojos, se abraz a s misma y apret los dientes. 
Estaba decidida a no desmayarse. Se esforz en retener cada bocanada de 
aire el mayor tiempo posible y el propio control del ritmo de la respiracin 
sirvi para tranquilizarla.
A su alrededor oa las voces de los conductores que haban abandonado sus 
vehculos en el atolladero que se haba organizado. Algunos se interesaban 
por su estado y ella asenta, otros le preguntaban si quera que llamaran a 
un mdico y les responda moviendo la cabeza.
Si en algn momento haba sentido amor por Eric, l lo haba destruido, 
pisotendolo. Haca mucho tiempo que ni siquiera senta aprecio por l. 
Pocos momentos antes del accidente, le haba manifestado un odio puro y 
aterrador, por lo que supona que su muerte no debera afectarle. Sin 
embargo, lo haca profundamente. Mientras se abrazaba, temblorosa, en su 
interior experimentaba un vaco fro, una sensacin de ausencia que no 
alcanzaba a comprender. No de dolor. Slo de... ausencia.
Oy sirenas en la lejana.
Gradualmente fue controlando la respiracin.
Se apaciguaron sus temblores, sin llegar a desaparecer por completo.
Las sirenas eran ms fuertes y cercanas.
Abri los ojos. El resplandeciente sol veraniego ya no pareca tan ntido ni 
fresco. La oscuridad de la muerte haba mancillado el da, impregnando la 
maana con un velo amarillo agrio, que ms que la miel le recordaba el 
azufre.
Con sus luces rojas intermitentes, dejando morir sus sirenas, una 
ambulancia y un coche de la polica llegaron por los carriles de direccin 
norte.
-Rachael?
Al darse la vuelta vio a Herbert Tuleman, abogado personal de Eric, con 
quien se haba reunido haca escasos minutos. Siempre se haba llevado 
bien con Herb y l con ella. Era como una especie de abuelo, con unas 
frondosas cejas canosas, ahora sin separacin entre ambas.
-Uno de mis colegas... de camino hacia el despacho... ha presenciado el 
accidente -dijo Herbert- y me lo ha comunicado inmediatamente. Dios mo.
-S -respondi como en trance.
-Dios mo, Rachael.
-S.
-Es demasiado... absurdo.
-S.
-Pero...
-S -dijo Rachael, sabiendo en lo que Herbert pensaba.
En el transcurso de la ltima hora les haba dicho que no estaba dispuesta a 
querellarse para conseguir una parte importante de la fortuna de Eric, sino 
que se contentaba con lo que, relativamente, era una insignificancia. Ahora, 
dado que Eric no tena otra familia, ni hijos de su primer matrimonio, casi 
con toda seguridad se la declarara nica heredera de los treinta millones de 
dlares y de las acciones no contabilizadas que posea en la empresa.

2.
Aparicin.

Los crujidos de la radio, transmitiendo un gran nmero de mensajes con 
voces metlicas, y el olor a asfalto ablandado por el sol, impregnaban el 
aire clido y seco.
Los tcnicos sanitarios no podan hacer nada por Eric Leben, aparte de 
transportar su cuerpo al depsito de cadveres, donde permanecera en una 
sala refrigerada hasta que el mdico tuviera oportunidad de examinarlo. 
Puesto que la muerte haba sido accidental, la ley exiga que se le practicara 
la autopsia.
-El cuerpo estar a su disposicin en veinticuatro horas -le dijo a Rachael 
uno de los policas.
Mientras rellenaban un sucinto informe, haba estado sentada en la parte 
trasera de un coche de polica. Ahora se encontraba nuevamente de pie al 
sol.
Ya no se senta mal, estaba slo aterida.
Introdujeron el cadver en la ambulancia, envuelto en una sbana en la que 
se distinguan manchas oscuras de sangre.
Herbert Tuleman consideraba que su obligacin era la de confortar a 
Rachael y le sugera repetidamente que regresara con l a su despacho.
-Sintate, te conviene serenarte -le deca apoyando una mano en su hombro 
y con el rostro fruncido por la preocupacin.
-Estoy bien, Herb, te lo aseguro. Slo un poco conmovida.
-Lo que necesitas en un poco de coac. En el bar de mi despacho tengo una 
botella de Rmy Martin.
-No, gracias. Supongo que debo ocuparme del entierro y he de comenzar a 
organizarlo.
Los tcnicos sanitarios cerraron las puertas traseras de la ambulancia y se 
dirigieron sin prisa hacia la cabina. Ya no era necesaria la sirena ni la luz 
roja intermitente. Ahora la velocidad no poda serle de ninguna ayuda a 
Eric.
-Si no te apetece el brandy, quizs quieras un caf. O puedes limitarte a 
hacerme compaa un rato -deca Herb-. No creo que ests en condiciones 
de coger inmediatamente el volante.
Rachael le acarici afectuosamente su curtida mejilla. Sola navegar los 
fines de semana y su piel estaba ms endurecida y arrugada por el mar que 
por la edad.
-Agradezco tu inters, te lo aseguro, pero estoy bien. Me siento casi 
avergonzada de lo fcil que me resulta aceptarlo. A lo que me refiero es a 
que... no estoy en absoluto apenada.
-No tienes por qu sentirte avergonzada -le dijo cogindola de la mano-. 
Era mi cliente, Rachael, y por consiguiente s que era un... tipo difcil.
-S.
-No daba pie a la compasin.
-A pesar de ello no parece justo sentir... tan poca cosa. Nada.
-No slo era difcil, Rachael. Era tambin un imbcil por no reconocer el 
tesoro que suponas para l y por no hacer todo lo necesario para que 
quisieras permanecer a su lado.
-Eres un encanto.
-Es cierto. De no serlo, no hablara as de un cliente, aun despus de... 
fallecido.
La ambulancia portadora del cadver se alej del lugar del accidente. 
Paradjicamente, el sol veraniego que se reflejaba en la pintura blanca y los 
parachoques cromados del vehculo, pareca haber adquirido una calidad 
fra e invernal, que daba la impresin de que el coche que transportaba el 
cuerpo de Eric haba sido esculpido en hielo.
Herb la acompa a travs del corro de curiosos, pasaron frente al edificio 
donde tena el despacho y llegaron junto a su 560 SL rojo.
-Puedo ocuparme de que alguien conduzca el coche de Eric hasta su casa, 
lo aparque en el garaje y deje las llaves en tu casa -le dijo.
-Te lo agradecera -le respondi ella.
-Tendremos que hablar pronto del patrimonio -le dijo Herb por la 
ventanilla, cuando Rachael ya estaba al volante, con el cinturn de 
seguridad abrochado.
-Dentro de unos das.
-Y de la empresa.
-Seguir funcionando unos pocos das sin mi intervencin, no es cierto?
-Por supuesto. Hoy es lunes, qu te parece si vienes a verme el viernes por 
la maana? Dispondrs de cuatro das para... adaptarte.
-De acuerdo.
-A las diez?
-Bien.
-Ests segura de que te encuentras bien?
-S.
Condujo hasta su casa sin percance alguno, pero con la sensacin de que 
estaba soando.
Viva en una encantadora casita de tres habitaciones en Placentia. El barrio 
era decididamente de clase media, simptico y con casas muy atractivas: 
ventanales, sillas junto a las ventanas, techos de mampostera, chimeneas 
de ladrillo antiguo y mucho ms. Se haba instalado haca un ao, al 
abandonar a Eric, despus de pagar un depsito. Su casa era muy diferente 
de la de Eric en Villa Park, situada en una parcela de media hectrea 
minuciosamente cuidada y con todos los lujos. Sin embargo, prefera su 
acogedora casita a la moderna mansin de estilo espaol, no slo porque la 
escala de la de Placentia pareca ms humana, sino porque tampoco estaba 
cargada de malos recuerdos como la de Villa Park.
Se quit el vestido veraniego azul manchado de sangre. Se lav las manos 
y la cara, se cepill el cabello y se puso el poco maquillaje que 
acostumbraba a usar. Gradualmente, la ocupacin mundana de arreglarse 
surti un efecto tranquilizador. Dejaron de temblarle las manos. A pesar de 
que en lo ms profundo de su ser segua sintiendo fro, cesaron tambin los 
escalofros.
Despus de ponerse uno de los pocos vestidos formales que posea, un traje 
gris oscuro con una blusa gris plido, excesivamente abrigada para un 
caluroso da de verano, llam a una prestigiosa funeraria llamada Attison 
Brothers. Despus de asegurarse de que la recibiran inmediatamente, se 
dirigi sin prdida de tiempo a sus impresionantes dependencias de estilo 
colonial en Yorba Linda.
Jams haba tenido que organizar un entierro y no imaginaba que la 
experiencia pudiera tener nada de divertido. Pero sentada en el despacho de 
Paul Attison, tenuemente iluminado, de paredes oscuras, lujosa moqueta, 
curiosamente silencioso y oyendo que se autodenominaba asesor de 
duelo, percibi un humor negro en la situacin. De tan meticulosamente 
sombro y deliberadamente reverente, el ambiente resultaba teatral. La 
compasin que le brindaba era zalamera, aunque ponderosa, pertinaz y 
calculada, pero sorprendentemente sin darse cuenta le segua la corriente, 
respondiendo a sus condolencias y trivialidades con sus propias frases 
hechas. Se senta como una actriz atrapada en una mala obra por un 
dramaturgo incompetente, dispuesta a seguir con su absurdo dilogo, 
porque era menos embarazoso perseverar hasta el fin del tercer acto que 
abandonar el escenario en plena representacin. Adems de definirse a s 
mismo como asesor de duelo, se refera al atad como buduar eterno, a la 
ropa con que se vestira el cadver como los ltimos jaeces y en lugar de 
decir embalsamar hablaba de preparaciones para la conservacin y del 
lugar de reposo en vez de tumba.
A pesar de que la experiencia estaba repleta de humor macabro, Rachael 
era incapaz de rerse incluso cuando ya estaba de nuevo sola en su coche 
despus de permanecer dos horas y media en la funeraria. Por lo general 
senta especial debilidad por el humor negro, por rerse de los aspectos ms 
oscuros y sombros de la vida. Pero hoy no era el caso. No era por el dolor 
ni la tristeza que se senta gris y malhumorada. Tampoco la preocupacin 
de haberse quedado viuda, el shock de lo ocurrido, ni el mrbido 
reconocimiento de la presencia de la muerte rondando incluso en un da tan 
radiante. Al principio, mientras se ocupaba de otros detalles del entierro y 
ms adelante, en su propia casa, mientras llamaba a algunos amigos y 
colaboradores profesionales de Eric para comunicarles la noticia, no 
alcanzaba a comprender la causa de su inflexible solemnidad.
Entonces, ms avanzada la tarde, no pudo seguir mintindose a s misma. 
Saba que su estado mental lo provocaba el miedo. Intent negar lo que se 
avecinaba, procur no pensar en ello y hasta cierto punto lo logr, pero en 
el fondo de su corazn lo saba. Lo saba.
Dio la vuelta a la casa para asegurarse de que todas las puertas y ventanas 
estaban bien cerradas, y cerr tambin las persianas y corri las cortinas.
A las cinco y media, Rachael conect el contestador automtico. Los 
periodistas haban comenzado a llamar, para intercambiar unas palabras 
con la viuda del magnate, y no estaba dispuesta a perder el tiempo 
hablando con funcionarios de la prensa.
La casa estaba un poco fra y ajust el acondicionador de aire. A excepcin 
del susurro del aire fro que sala por las rejillas empotradas y la llamada 
ocasional del telfono, antes de que se conectara el contestador, la casa 
estaba tan silenciosa como el lgubre despacho de Paul Attison.
Aquel da el profundo silencio le pareca intolerable, le pona la carne de 
gallina. Conect el equipo de alta fidelidad y sintoniz una emisora de FM 
que emita msica ligera. Durante unos instantes se detuvo frente a los 
grandes altavoces, con los ojos cerrados, balancendose mientras 
escuchaba a Johnny Mathis cantando Chances Are. Entonces subi el 
volumen, para que la msica se oyera en toda la casa.
En la cocina, cort un pedazo de chocolate semidulce y lo coloc en un 
platito blanco. Abri media botella de un excelente champn seco. Se llev 
el chocolate, el champn y una copa al cuarto de bao principal.
Por la radio, Sinatra cantaba Days of wine and roses.
Rachael llen la baera con agua tan caliente como poda tolerar, le ech 
un chorrito de esencia de jazmn y se desnud. En el preciso momento en 
que iba a acomodarse para disfrutar del bao, el conato de temor que lata 
discretamente en su interior comenz a palpitar con fuerza y rapidez. 
Intent tranquilizarse cerrando los ojos y respirando hondo, procur 
convencerse a s misma de que era una chiquillada, pero nada funcion.
Desnuda, fue a su dormitorio y cogi la pistola del 32 que guardaba en el 
cajn superior de la cmoda. Verific el cargador para asegurarse de que 
estaba bien colocado. Despus de quitar ambos seguros, se la llev al 
cuarto de bao y la coloc sobre las baldosas azules que rodeaban el bao 
hundido, junto al champn y al chocolate.
Andy Williams cantaba Moon river.
Con un respingo, se introdujo en el caliente agua y se acomod hasta que 
sta le cubra la mayor parte de los senos. A1 principio era doloroso, pero 
cuando se acostumbr a la temperatura, el calor, que le calaba hasta los 
huesos, era agradable y acab por vencer aquel fro interno que la haba 
atormentado desde que Eric se haba puesto delante del camin, de lo que 
haca ya casi siete horas y media.
Se llev el chocolate a la boca, limitndose a morder unas escamas del 
extremo de la barra, que dej que se derritieran lentamente sobre la lengua.
Procur no pensar en nada. Intent concentrarse en el puro placer de la 
inmersin. Dejar flotar la mente. Limitarse a ser.
Se ech atrs en la baera, saboreando el chocolate y deleitndose con el 
aroma del jazmn impregnado en el vapor.
Transcurridos un par de minutos abri los ojos y se sirvi una copa de 
champn helado. El gusto spero formaba un complemento perfecto con el 
sabor remanente a chocolate y con la voz de Sinatra, que entonaba las 
estrofas tiernas y nostlgicas de It was a very good year.
Para Rachael, este ritual de relajacin formaba una parte importante del da, 
quizs la ms importante. Algunas veces, en lugar de chocolate, 
mordisqueaba un pequeo trozo de queso fuerte y, en vez de champn, 
saboreaba un vaso de chardonnay. En otras ocasiones era una cerveza 
negra, extremadamente fra, Heineken o Beck's, y un puado de unos 
cacahuetes especiales que vendan en una tienda muy selecta de Costa 
Mesa. Fuera cual fuese la eleccin del da, lo consuma con delicadeza y 
tranquilo deleite, a pequeos mordiscos y minsculos sorbos, saboreando 
cada uno de los matices del gusto, aroma y textura.
Era una persona enfocada en el presente.
Benny Shadway, el individuo de quien Eric sospechaba que era su amante, 
deca que haba cuatro tipos bsicos de gente: los que se enfocaban en el 
pasado, en el presente, en el futuro y los omnitemporales. Los que se 
centraban primordialmente en el futuro, sentan poco inters por el pasado 
o el presente. Eran individuos generalmente angustiados que intentaban 
discernir en la maana la crisis o problema insoluble que poda 
presentrseles, a pesar de que entre ellos haba tambin impertrritos 
soadores, con la mirada fija en el maana, convencidos irracionalmente de 
que en una forma u otra les sonreira la buena fortuna. Tambin haba los 
adictos al trabajo, perseguidores del xito, convencidos de que el futuro era 
sinnimo de oportunidad.
Eric haba sido uno de ellos, siempre con el ansia y deseo de nuevos retos y 
objetivos. Le aburra soberanamente el pasado y le impacientaba la lentitud 
pasmosa con que a veces transcurra el presente.
Por otra parte, la persona que se centraba en el presente, dedicaba la mayor 
parte de su energa e inters a las diversiones y tribulaciones del momento. 
Entre ellos haba meros holgazanes, demasiado perezosos para prepararse 
para el maana o incluso para pensar en ello. Las malas rachas solan 
cogerlos desprevenidos, ya que les resultaba difcil aceptar la posibilidad de 
que la felicidad presente no durara para siempre. Y cuando se vean 
atrapados por la mala suerte, solan caer en la ms absoluta desesperacin, 
ya que eran incapaces de emprender algn tipo de conducta que, en algn 
momento futuro, los librara de sus problemas. Sin embargo, otro tipo de 
persona enfocada en el presente era el trabajador capaz de imbuirse 
plenamente en la tarea que le ocupaba, lo que le converta en un artesano 
sumamente eficaz. Un excelente carpintero, por ejemplo, tena que ser una 
persona centrada en el presente, que en lugar de tener prisa por completar la 
obra, se concentrara plena y cariosamente en labrar con toda 
meticulosidad cada barrote y pata de la silla, o cajn, empuadura y marco 
de una cmoda, disfrutando enormemente del propio proceso creativo, ms 
que de la culminacin del mismo.
La gente centrada en el presente, segn Benny, es ms probable que hallen 
soluciones evidentes a los problemas que los dems, ya que no les preocupa 
lo que ha habido o lo que posiblemente habr, sino slo lo que hay. 
Tambin son los que estn ms sensualmente conectados con las realidades 
fsicas de la vida y por tanto en ciertos sentidos los ms perceptivos, lo que 
suele permitirles disfrutar mucho ms de la vida, que la mayora de quienes 
se centran en el pasado o el futuro.
-Eres una mujer centrada en el presente de la mejor especie -le haba dicho 
en una ocasin Benny, mientras degustaban una cena china en el Peking 
Duck-. Organizas el futuro, sin perder jams contacto con el presente. Y tu 
capacidad para volverle la espalda al pasado es verdaderamente admirable.
-Cllate y come tu moo goo gai pan -haba respondido ella.
Esencialmente, lo que Benny haba dicho era cierto. Despus de dejar a 
Eric, haba hecho cinco cursillos de administracin de empresas, como 
alumna libre, puesto que se propona fundar un pequeo negocio. Tal vez 
una tienda de moda de alta costura. Un lugar dramtico y divertido, el tipo 
de tienda del que la gente hablara, no slo por la calidad de su ropa sino por 
la experiencia que supondra. No se deba olvidar que se haba licenciado 
en arte dramtico por la Universidad de California, poco antes de conocer a 
Eric en una funcin universitaria, y a pesar de que no le interesaba ser 
actriz tena verdadero talento para el vestuario y el diseo escenogrfico, lo 
que poda serle til para crear una decoracin inusual en la tienda y para la 
adquisicin de sus productos.
Sin embargo, no se haba comprometido lo suficiente con la idea como para 
aspirar a un doctorado en administracin de empresas, o elegir un tipo 
determinado de negocio. Anclada en el presente, segua acumulando 
informacin e ideas, pacientemente a la espera del momento en que sus 
planes simplemente... cristalizaran. En cuanto al pasado, consideraba que 
si se explayaba en los placeres del ayer, se expona a perderse los del 
presente, mientras que pensar en el dolor y las tragedias de antao supona 
una prdida intil de energa y tiempo.
Ahora, relajndose lnguidamente en su clido bao, Rachael aspir 
profundamente el aire impregnado de esencia de jazmn.
Acompaaba con un suave canturreo a Johnny Mathis, que cantaba I'11 be 
seeing you.
Comi otra pizca de chocolate y sorbi un poco de champn.
Procuraba relajarse, dejarse transportar, ir con la corriente y la suave 
sensacin placentera, segn la mejor tradicin californiana.
Lleg a pretender que se senta completamente a gusto, sin alcanzar a darse 
cuenta de que no era ms que un anhelo, hasta que son el timbre de la 
puerta. En el momento en que lo oy por encima de la msica, se sent en 
la baera con el corazn acelerado y cogi la pistola con tanto pnico que 
derrib la copa de champn.
Despus de salir de la baera y de ponerse el albornoz azul, cruz 
lentamente la casa sumida en la penumbra, hacia la puerta principal, con la 
pistola en la mano apuntando al suelo. La aterrorizaba la perspectiva de 
abrir la puerta, pero se senta irresistiblemente atrada hacia la misma, 
como si se lo ordenara la voz mesmeriana de un hipnotizador.
Se detuvo junto al equipo de alta fidelidad para desconectarlo. El ambiente 
qued sumido en un lgubre silencio.
En el vestbulo, con la mano en la manecilla de la puerta, titube al or 
nuevamente el timbre. Ni en la puerta, ni junto a ella, haba ninguna 
ventana. Pens en hacerse instalar un atisbadero que le permitiera mirar a 
travs de la puerta y ahora lamentaba profundamente no haberse decidido a 
hacerlo. Contempl fijamente el roble oscuro, como si pudiera adquirir 
milagrosamente el poder de penetrarlo con la mirada e identificar a la 
persona que llamaba a la puerta. Estaba temblando.
No saba por qu se enfrentaba a la perspectiva de recibir una visita que la 
aterrorizaba tan profundamente.
Bien, puede que eso no fuera exactamente cierto. En el fondo, o incluso sin 
profundizar excesivamente, saba por qu tena miedo. Pero se negaba a 
admitir la fuente de su temor, como si al reconocerlo convirtiera una 
horrible posibilidad en una certeza atroz.
Son de nuevo el timbre.

3.
Simplemente desaparecido.

Escuchando las noticias por la radio del coche, mientras iba de su despacho 
en Tustin a su casa, Ben Shadway se enter de la muerte repentina del 
doctor Eric Leben. No estaba seguro de cmo le haba afectado. Sin duda le 
produjo un shock. Pero no le entristeci, a pesar de que el mundo haba 
perdido a un hombre potencialmente extraordinario. Leben era brillante, 
indudablemente un genio, pero tambin arrogante, presuntuoso e incluso 
posiblemente peligroso.
Ben se senta ms que nada aliviado. Haba llegado a temer que Eric, 
finalmente convencido de que jams recuperara a su esposa, le causara 
algn dao. Era un individuo que odiaba perder. Estaba dotado de una ira 
furibunda, que habitualmente apaciguaba con su dedicacin obsesiva al 
trabajo, pero que poda desembocar en violencia, de sentirse lo 
suficientemente humillado por el rechazo de Rachael.
El coche de Ben, un Thnderbird de 1956 meticulosamente restaurado, 
blanco por fuera y azul por dentro, estaba equipado con radiotelfono y 
Ben llam inmediatamente a Rachael. Ella tena el contestador automtico 
conectado y no respondi cuando ste se identific.
Al llegar al semforo donde la calle 17 se cruza con la avenida de Newport, 
titube y dobl a la izquierda, en lugar de dirigirse hacia su casa en Orange 
Park Acres. Era posible que Rachael no estuviera todava en casa, pero 
tarde o temprano llegara y poda necesitarle. Se encamin hacia su casa de 
Placentia.
El sol veraniego salpicaba el parabrisas del Thunderbird y formaba juegos 
de sombras al pasar bajo las intermitentes copas de los rboles. Desconect 
la radio y puso una cinta de Glenn Miller. Acelerando bajo el sol 
californiano, con el ambiente impregnado por el sonido de String of Pearls, 
le pareca difcil creer que alguien pudiera haber fallecido en un da tan 
radiante.
Segn su propio sistema de clasificacin de personalidad, Benjamin Lee 
Shadway era un individuo centrado primordialmente en el pasado. Prefera 
las pelculas antiguas a las modernas. De Niro, Gere, Field, Travolta y Penn 
no le interesaban tanto como Bogart, Bacall, Gable, Lombard, Tracy, 
Hepburn, Cary Grant, William Powell o Myrna Loy. Sus libros predilectos 
eran de los aos veinte, treinta y cuarenta: la literatura dura de Chandler, 
Hammett y James M. Cain, as como las primeras novelas de Nero Wolfe. 
La msica que ms le gustaba era de la poca del swing: Tommy y Jimmy 
Dorsey, Harry James, Duke Ellington, Glenn Miller y el incomparable 
Benny Goodman.
Para relajarse construa modelos de locomotoras y coleccionaba toda clase 
de recuerdos de los ferrocarriles. No hay aficin tan impregnada de 
nostalgia, ni ms propia de una persona centrada en el pasado, que la 
relacionada con los trenes.
Sin embargo, no se centraba exclusivamente en el pasado. A los 
veinticuatro aos haba obtenido el ttulo de agente inmobiliario y a los 
treinta y uno haba fundado su propia agencia. Ahora, a los treinta y siete, 
tena seis oficinas con treinta agentes que trabajaban para l. Parte de su 
xito se deba a que trataba tanto a sus empleados como a los clientes con 
un inters y una cortesa arcaicos, que resultaban enormemente agradables 
en este mundo actual acelerado, brusco y plstico.
ltimamente, adems de su trabajo, haba algo capaz de distraer a Ben de 
los ferrocarriles, las pelculas antiguas, el swing y, en general, su 
preocupacin por el pasado: Rachael Leben; con su cabello color caoba, 
ojos verdes, largas extremidades y cuerpo rollizo.
Era al mismo tiempo una chica perfectamente normal y una de esas 
elegantes bellezas de la alta sociedad, propia de una pelcula de los aos 
treinta, como una combinacin de Grace Kelly y Carole Lombard. Tena 
mucha ternura. Era divertida e inteligente. Tena todas las cualidades en las 
que Ben Shadway haba podido soar, y lo que le habra gustado hubiera 
sido meterse con ella en el tnel del tiempo, regresar a 1940, reservar un 
compartimiento privado en el Superchief y cruzar el pas en tren, sin dejar 
de hacer el amor a lo largo de los cinco mil kilmetros de recorrido, al 
suave ritmo del ferrocarril.
Haba ido a su agencia para que la ayudaran a encontrar una casa, pero ah 
no haba acabado la historia. Se haban visto con frecuencia durante los 
ltimos cinco meses. Al principio le haba fascinado, como lo habra hecho 
a cualquier hombre una mujer excepcionalmente atractiva, intrigado por el 
sabor de sus labios y por cmo se amoldara su cuerpo al suyo, emocionado 
por la textura de su piel, la esbeltez de sus piernas y la curvatura de sus 
caderas y de sus senos. Sin embargo, poco despus de conocerla, su mente 
aguda y su generoso corazn le resultaron tan atractivos como su cuerpo. 
La profunda sensualidad con que apreciaba el mundo que la rodeaba era 
verdaderamente asombrosa; tanto era capaz de disfrutar con una 
espectacular puesta de sol o una interesante configuracin de sombras, 
como con una cena de cien dlares y siete platos en el mejor restaurante del 
pas. La lujuria de Ben no tard en convertirse en pasin. Y en algn 
momento de los dos ltimos meses, que era incapaz de precisar, la pasin 
se haba convertido en amor.
Ben estaba relativamente convencido de que Rachael tambin le amaba. 
An no haban llegado al punto en que pudieran declararse abierta y 
cmodamente la verdadera profundidad de sus sentimientos. Sin embargo, 
perciba amor y ternura en sus caricias, y en la forma de mirarle cuando 
crea que no la observaba.
Enamorados, pero sin haber hecho todava el amor. A pesar de que era una 
mujer centrada en el presente, con una envidiable capacidad para exprimir 
hasta la ltima gota del placer momentneo, eso no significaba que fuera 
promiscua. No hablaba abiertamente de sus sentimientos, pero l intua que 
quera avanzar con cautela, a pequeos pasos. Un idilio sosegado le 
brindaba una amplia oportunidad de explorar y saborear cada nueva fibra 
amorosa, en el vnculo gradualmente creciente que los una, y cuando por 
fin claudicaran ante el deseo para someterse a la intimidad completa, el 
sexo sera mucho ms dulce por la espera.
Estaba dispuesto a brindarle todo el tiempo que deseara. Por una parte, 
senta que su necesidad creca de da en da y experimentaba una emocin 
especial al contemplar el poder e intensidad tremendos de su unin, cuando 
dieran por fin rienda suelta a sus deseos. A travs de ella se haba dado 
cuenta de que se privaran a s mismos de los placeres ms inocentes del 
momento, si aceleraban las primeras etapas del idilio para satisfacer su 
instinto libidinoso.
Adems, dada su afinidad con otras eras de mejores modales y usanzas, 
Ben tena ideas anticuadas en este sentido y prefera no meterse en la cama 
en busca de placer rpido y fcil. A pesar de que ninguno de los dos era 
casto, le produca satisfaccin emocional y espiritual, adems de hallarlo 
sumamente ertico, esperar hasta que las fibras que los unan estuvieran 
ntimamente entretejidas, dejando el sexo como ltimo eslabn del vnculo.
Aparc el Thunderbird en la entrada de la casa de Rachael, detrs del 560 
SL rojo de ella, que no se haba molestado en introducir en el garaje.
Una tupida buganvilla, en la que resplandecan millares de flores rojas, 
creca por la pared y sobre el techo de la casa. Con la ayuda de un 
emperchado, formaba una marquesina verde y escarlata sobre la terraza 
frontal.
Ben, a la sombra de la buganvilla y con el clido sol a la espalda, 
comenzaba a inquietarse por Rachael, despus de llamar media docena de 
veces a la puerta sin que sta respondiera.
Se oa msica en el interior de la casa. De pronto se hizo el silencio.
Cuando Rachael abri finalmente la puerta, tena puesta la cadena de 
seguridad y mir por la rendija. Al verle sonri, pero pareca hacerlo ms 
de alivio que de alegra.
-Caramba, Benny, cunto me alegro de que seas t.
Retir la cadena y le abri la puerta. Iba descalza, con un albornoz de seda 
azul ajustado a la cintura y con una pistola en la mano.
-Qu haces con eso? -le pregunt desconcertado.
-No saba de quin poda tratarse -respondi mientras pona los dos seguros 
y dejaba el arma sobre la mesilla del vestbulo-. No lo s. Supongo que 
estoy algo... nerviosa -agreg al darse cuenta de que l frunca el ceo, 
insatisfecho por su explicacin.
-He odo lo de Eric, por la radio. Hace slo unos minutos.
Se le ech en los brazos. Su cabello estaba parcialmente hmedo. Su piel 
desprenda una dulce fragancia a jazmn y el aliento le ola a chocolate. Se 
dio cuenta de que haba estado tomando uno de sus prolongados baos.
-Segn la radio, t estabas presente -le dijo abrazndola y percibiendo que 
temblaba.
-S.
-Lo siento.
-Ha sido horrible, Benny -dijo aferrndose a l-. Jams olvidar el ruido del 
camin al golpearle, o el modo en que sali despedido y rod por la calzada 
-agreg estremecindose.
-Tranquilzate -le dijo apretando la mejilla contra su hmedo cabello-. No 
tienes por qu hablar de ello.
-S, debo hacerlo -respondi-. Tengo que desahogarme para sacrmelo de 
la mente.
Le puso la mano bajo la barbilla, levant su hermoso rostro para que le 
mirara y la bes con ternura. Su boca saba a chocolate.
-Bien -le dijo, -vamos a sentarnos y me cuentas lo ocurrido.
-Echa el cerrojo -le dijo ella.
-No es necesario -respondi intentando acompaarla hacia la sala.
-Echa el cerrojo -insisti, negndose a dar un paso.
Perplejo, volvi a la puerta y la complaci.
Ella cogi la pistola de la mesilla del vestbulo y se la llev consigo.
Algo ocurra adems de la muerte de Eric, pero Ben no comprenda de qu 
se trataba.
La sala de estar estaba sumida en la penumbra, ya que haba corrido todas 
las cortinas. Era muy extrao. Normalmente le encantaba el sol y se dejaba 
deleitar por sus caricias, con el placer lnguido del gato en la repisa de la 
ventana. Jams haba visto las cortinas cerradas en esta casa hasta aquel 
da.
-Djalas cerradas -le dijo Rachael cuando Ben comenz a abrirlas.
Encendi una sola lmpara y se sent a la luz mbar, en el extremo de un 
sof color melocotn. La sala era muy moderna, decorada en varios tonos 
de color melocotn y blanco, con toques azules, lmparas de bronce 
esmaltado y una mesilla de bronce y cristal. Con su albornoz azul, 
armonizaba con el decorado.
Dej la pistola sobre la mesilla, junto a la lmpara. Al alcance de la mano.
Ben fue a buscar el champn y el chocolate al bao y se los trajo. Cogi 
otra media botella de la cocina y una copa para l.
-No parece justo -dijo ella cuando estaban ambos sentados en el sof de la 
sala-. Me refiero a lo del champn y el chocolate. Parece que est 
celebrando su muerte.
-Teniendo en cuenta lo malvado que era, quiz no estara de ms hacerlo.
-No. La muerte nunca es motivo de celebracin, Benny. Sean cuales sean 
las circunstancias. Jams.
Sin embargo, inconscientemente, con los dedos se acariciaba una fina 
cicatriz de cinco centmetros, casi invisible, a lo largo de la delicada lnea 
de su mandbula derecha. Haca un ao que, en uno de sus momentos ms 
iracundos, le haba arrojado un vaso de whisky. Ella lo esquiv y se hizo 
aicos contra la pared, pero uno de los fragmentos de cristal se estrell de 
rebote contra su mejilla y, con gran pericia, le haban dado quince 
pequeos puntos, para evitar que se le formara una horrible cicatriz. Aqul 
fue el da en que decidi abandonarle. Eric no volvera a lastimarla. Deba 
sentirse aliviada por su muerte, aunque slo fuera a nivel subconsciente.
Con alguna que otra pausa para tomar un sorbo de champn, le habl a Ben 
de la reunin que haban mantenido por la maana en el despacho del 
abogado y de la discusin que tuvo lugar a continuacin con Eric en la 
acera, cuando la haba agarrado del brazo y pareca haber estado a punto de 
tornarse violento. Le describi minuciosamente el accidente y el terrible 
estado del cadver, verbalizando los aspectos ms horribles para librarse de 
ellos. Le cont cmo haba organizado el entierro y, mientras hablaba, le 
temblaban cada vez menos las manos.
Ben estaba muy cerca de ella, con una mano en su hombro, y se gir para 
mirarla. De vez en cuando mova suavemente la mano, para acariciarle el 
cuello o su bronceado cabello.
-Treinta millones de dlares -exclam Ben cuando ella acab de hablar, 
moviendo la cabeza ante la paradoja de que se lo llevara todo, cuando 
estaba dispuesta a quedarse con tan poco.
-En realidad no me interesa -le respondi Rachael-. Estoy casi decidida a 
donarlo. Por lo menos una buena parte.
-Es tuyo y puedes hacer lo que se te antoje. Pero no tomes ninguna decisin 
de la que despus puedas arrepentirte.
-Por supuesto, se pondra furioso si lo donara -dijo bajando la mirada con el 
ceo fruncido y contemplando la copa de champn que sostena con ambas 
manos.
-Quin?
-Eric -respondi con la voz muy suave.
A Ben le pareci extrao que le preocupara la desaprobacin de Eric. 
Evidentemente segua bajo el efecto de lo ocurrido y an no se haba 
recuperado.
-Date tiempo para ajustarte a las circunstancias -le dijo.
-Qu hora es? -suspir asintiendo.
-Las siete menos diez -respondi Ben, consultando el reloj.
-He llamado a mucha gente esta tarde, les he contado lo ocurrido y les he 
facilitado informacin sobre el entierro. Pero todava me quedan treinta o 
cuarenta por contactar. No tena ningn pariente cercano, slo algunos 
primos y una ta a quien detestaba. Tampoco tena muchos amigos. No le 
interesaban las amistades, ni era muy hbil para hacerlas. Pero tena 
infinidad de asociados en los negocios. Dios mo, no me atrae en absoluto 
desempear esta tarea.
-Tengo mi radiotelfono en el coche -dijo Ben-. Puedo ayudarte con lo de 
las llamadas y lo haremos ms rpido.
-Y cmo crees que les sentar que el novio de la viuda llame a los 
afligidos? -dijo con una leve sonrisa.
-No tienen por qu saber quin soy. Puedo decirles que soy un amigo de la 
familia.
-Puesto que soy el nico miembro de la familia -dijo Rchale-, no creo que 
fuera una mentira. Eres mi mejor amigo, Benny.
-Ms que un amigo.
-S, por supuesto.
-Confo en que mucho ms.
-As lo espero.
Le bes suavemente y, durante unos instantes, apoy la cabeza en su 
hombro.
A las ocho y media haban acabado de ponerse en contacto con los amigos 
y relaciones comerciales de Eric, y a Rachael le sorprendi sentirse 
hambrienta.
-Despus de un da como el de hoy y con todo lo que he visto... no es muy 
duro por mi parte tener apetito?
-En absoluto -le respondi Ben con ternura-. La vida sigue su curso, 
encanto. Los vivos tienen que seguir viviendo. De hecho, le en algn lugar 
que los testigos de muertes repentinas y violentas experimentan un 
marcado incremento en todos sus apetitos durante los das y semanas 
siguientes.
-Demostrndose a s mismos que siguen vivos.
-Preconizndolo.
-Lo siento, pero no tengo gran cosa para cenar. Hay ingredientes para 
elaborar una ensalada y podramos preparar una cazuela de rigatoni, 
abriendo una lata de salsa de rag.
-Un manjar digno de un rey.
Llev la pistola consigo a la cocina y la dej junto al horno de microondas.
Tena las persianas completamente cerradas. A Ben le encantaba la vista 
desde la ventana trasera, con las exuberantes azaleas y laurel de indias que 
llenaban los parterres del patio posterior, as como la buganvilla roja y 
amarilla que cubra completamente la verja. Se estrech para alcanzar la 
cuerda que abra la persiana.
-Por favor, no lo hagas -le dijo Rchale-. Prefiero... la intimidad.
-No se ve el interior de la casa desde el patio. Adems hay una verja y el 
portaln cerrado.
-Te lo ruego.
Dej las persianas tal como estaban.
-De qu tienes miedo, Rachael?
-Miedo? No tengo miedo.
-Y la pistola?
-Ya te lo he dicho. No saba quin llamaba a la puerta y despus de un da 
con tantos trastornos...
-Ahora sabes que era yo quien llamaba a la puerta.
-S.
-Y no necesitas la pistola para tratar conmigo. A lo sumo la promesa de un 
par de besos para mantenerme a raya.
-Supongo que debera llevarla al dormitorio, donde siempre la guardo. Te 
pone nervioso?
-No, pero...
-La guardar tan pronto como empecemos a cocinar -dijo con un tono de 
voz que ms que una promesa pareca una tctica de dilacin.
Intrigado y ligeramente intranquilo, opt por la diplomacia y, por el 
momento, no volvi a hablar de ello.
Puso una olla con agua a calentar y vaci la lata de rag en otra menor. 
Prepararon juntos la lechuga, los tomates, las cebollas y las aceitunas 
negras para la ensalada.
Mientras cocinaban, charlaban principalmente de la cocina italiana. Su 
conversacin no era tan fluida y natural como de costumbre, quiz porque 
se esforzaban excesivamente en no tratar temas profundos y dejar de lado 
toda idea relacionada con la muerte.
Rachael apenas levantaba la mirada de las verduras, dedicndoles sin 
esfuerzo alguno su caracterstica concentracin y cortando el apio en piezas 
exactamente idnticas, como si la simetra constituyera un elemento vital 
de una buena ensalada, que mejorara el sabor de la misma.
Cautivado por su hermosura, Ben la contemplaba tanto a ella como a los 
ingredientes que estaba manipulando. Tena casi treinta aos, aparentaba 
veinte y se mova con la elegancia de una gran dama que hubiera dispuesto 
de toda una vida para aprender los ngulos y actitudes del perfecto donaire.
Nunca se cansaba de mirarla. No slo le excitaba su presencia. Por alguna 
magia para l incomprensible, se relajaba al contemplarla y le haca sentir 
que todo en el mundo funcionaba como era debido, pero adems, por 
primera vez en su vida bastante solitaria, se senta como un hombre 
completo con la esperanza de una felicidad duradera.
Dej impulsivamente el cuchillo con el que haba estado cortando un 
tomate, le cogi el que ella tena en la mano, dejndolo sobre la mesa, le 
hizo girar el cuerpo, se la acerc, la rode con sus brazos y le dio un 
enorme beso. Ahora la boca no le saba a chocolate, sino a champn. An 
ola ligeramente a jazmn, pero ms all del perfume estaba su propia 
fragancia, limpia y apetecible. Le desliz las manos lentamente por la 
espalda, trazando el arco hasta su trasero, acariciando la firmeza y 
exquisitez de los contornos esculturales de su cuerpo, a travs del sedoso 
albornoz. No llevaba nada debajo. Sus tibias manos se volvieron clidas y 
ardientes, con el calor que ella le transmita a travs de la fina tela.
A1 principio ella se le abrazaba como si estuviera desesperada, como si 
hubiese naufragado y se agarrara a un bote salvavidas. Tena el cuerpo 
rgido. Las manos casi agarrotadas presionndole con los dedos. Pero al 
cabo de unos instantes se relaj y sus manos comenzaron a recorrerle la 
espalda, los hombros y los brazos, acariciando y sobando sus msculos. 
Abri ms la boca y creci la avidez de su beso. Se le aceler la 
respiracin.
l perciba sus senos apretados contra su pecho. Como por voluntad propia, 
sus manos comenzaron a explorarla con urgencia.
Son el telfono.
Ben record inmediatamente que haban olvidado conectar el contestador 
automtico, despus de las llamadas que haban hecho relacionadas con la 
muerte y entierro de Eric, y para confirmarlo volvi a sonar 
estridentemente.
-Maldita sea! -exclam Rachael separndose de l.
-Yo contestar.
-Probablemente sea otro periodista.
Descolg el auricular que haba junto al refrigerador y no se trataba de un 
periodista. Era Everett Kordell, jefe del servicio de sanidad de la ciudad de 
Santa Ana, que llamaba desde el depsito de cadveres. Haba surgido un 
grave problema y tena que hablar con la seora Leben.
-Soy amigo de la familia -le dijo Ben- y me ocupo de todas sus llamadas.
-Tengo que hablar con ella personalmente -insisti el mdico-. Es urgente.
-Estoy seguro de que comprender que la seora Leben ha tenido un da 
muy difcil. Me temo que tendr que tratar conmigo.
-El caso es que deber venir a nuestras dependencias -dijo Kordell en tono 
suplicante.
-Sus dependencias? Se refiere al depsito de cadveres? Ahora?
-S, inmediatamente.
-Por qu?
-Es muy frustrante y embarazoso -dijo Kordell, despus de titubear unos 
instantes. -Estoy seguro de que tarde o temprano lo aclararemos, 
probablemente muy pronto, pero... el caso es que ha desaparecido el 
cadver de Eric Leben.
-Desaparecido? -repiti Ben, convencido de que no le haba comprendido.
-Bien... quizs extraviado -respondi Everett Kordell muy nervioso.
-Quizs?
-O tal vez... robado.
Ben cogi otros pocos detalles, colg el telfono y mir a Rachael.
sta se abrazaba a s misma, como imbuida de pronto por un escalofro.
-Has dicho el depsito de cadveres?
-Al parecer esos burcratas incompetentes han perdido el cadver -asinti 
Ben.
Rachael estaba muy plida y la mirada se le perda en la lejana. Pero, 
curiosamente, la asombrosa noticia no pareca haberla sorprendido.
Ben tuvo la extraa sensacin de que toda la tarde haba estado esperando 
aquella llamada.

4.
All donde conservan los cadveres.

Para Rachael, el estado del despacho del oficial de sanidad demostraba que 
Everett Kordell tena una personalidad obsesiva y compulsiva. Su escritorio 
no estaba abarrotado de libros, fichas o carpetas. El secante era nuevo, 
impecable, sin ninguna mancha. El juego de lpiz y pluma, el abridor de 
cartas, la bandeja de la correspondencia y las fotografas de su familia con 
marco plateado, estaban perfectamente ordenados. En las estanteras detrs 
de su escritorio haba unos doscientos o trescientos libros, en un estado tan 
inmaculado y tan meticulosamente organizados, que casi parecan formar 
parte de un decorado. Sus diplomas y dos cuadros anatmicos colgaban de 
la pared con tal precisin que Rachael se pregunt si todas las maanas 
comprobara su alineacin con una regla y una plomada.
La preocupacin de Kordell por la pulcritud y el orden era tambin 
evidente en su apariencia. Era alto y casi excesivamente delgado, de unos 
cincuenta aos, con un rostro asctico de facciones aguileas y ojos de 
color castao claro. Ni un solo pelo de su canosa cabellera, cortada a 
navaja, estaba fuera de lugar. Sus manos de largos dedos estaban 
singularmente desprovistas de carne, eran casi esquelticas. Su camisa 
blanca pareca haber salido de la tintorera haca cinco minutos y las rayas 
de su pantaln castao oscuro sobresalan de tal modo que casi se 
reflejaban en la luz fluorescente.
Despus de que Rachael y Benny se sentaran en unos sillones de pino 
oscuro, con cojines de cuero verde, Kordell dio la vuelta al escritorio y se 
sent en su silla.
-Me apena profundamente, seora Leben, tener que darle esta noticia, 
despus de lo mucho que ya ha sufrido en el da de hoy. Es inexcusable. Le 
pido nuevamente perdn y le doy mi ms sincero psame, a pesar de que s 
que nada de lo que diga har la situacin menos perturbadora. Est usted 
bien? Le apetece un vaso de agua o cualquier otra cosa?
-Estoy bien -dijo Rachael, que no recordaba haberse sentido jams peor.
Benny extendi la mano y la reconfort estrujndole el hombro. Benny, 
siempre tierno y confiable. Qu contenta estaba de tenerle junto a ella. Con 
su metro ochenta y sesenta y ocho kilos, su aspecto no era impresionante. 
Su cabello y ojos castaos, as como sus facciones agradables pero 
ordinarias, le permitan perderse en la multitud y pasar desapercibido en las 
fiestas. Pero cuando hablaba con aquel tono tan suave que le caracterizaba, 
o manifestaba su extraordinaria elegancia, o simplemente le miraba 
fijamente a uno, su sensibilidad e inteligencia eran inmediatamente 
discernibles. A su modo sosegado, creaba el mismo impacto que el rugido 
de un len. Todo sera ms fcil con Benny junto a ella, pero le preocupaba 
involucrarle en el asunto.
-Slo deseo comprender lo ocurrido -le dijo Rachael al mdico, aunque 
tema entenderlo mejor que Kordell.
-Le hablar con absoluta sinceridad, seora Leben. Sera absurdo no 
hacerlo -suspir moviendo la cabeza, como si le costara creer que algo tan 
atroz pudiera haber ocurrido, parpade y frunci el ceo. No ser usted el 
abogado de la seora Leben, por casualidad?, -agreg dirigindose a 
Benny.
-Slo un buen amigo -respondi ste.
-En serio?
-He venido para prestar apoyo moral.
-Espero poder evitar la intervencin de abogados -dijo Kordell.
-No tengo ni la ms mnima intencin de llevar este asunto por va jurdica 
-le asegur Rachael.
El mdico asinti con displicencia, claramente no demasiado convencido 
de su sinceridad.
-Cuando se nos acumula inesperadamente el trabajo y tenemos que 
practicar autopsias de ltima hora -dijo, -las dejo en manos de uno de mis 
ayudantes. Las nicas excepciones son cuando el difunto es una persona 
importante o vctima de un complejo homicidio, cometido en extraas 
circunstancias. En tal caso, cuando es seguro que despertar mucho inters, 
me refiero por parte de la prensa y de los polticos, prefiero no cargarles el 
muerto a mis subordinados y si es inevitable practicar la autopsia por la 
noche, me quedo el tiempo que sea necesario. Su marido era, por supuesto, 
una persona muy importante.
Puesto que pareca esperar una respuesta, Rachael asinti. No se senta con 
nimos para hablar. Haba estado experimentando oleadas de miedo desde 
que se haba enterado de la desaparicin del cadver y ahora la marea era 
alta.
-El cadver lleg al depsito y fue registrado a las 12.14 horas -prosigui 
Kordell. -Puesto que ya bamos retrasados y adems tena que dar una 
conferencia esta tarde, les orden a mis ayudantes que se ocuparan de los 
cadveres por orden de llegada y decid ocuparme del de su marido 
personalmente a las 6.30 -agreg frotndose la sien con la punta de los 
dedos y haciendo una mueca, como si el mero recuerdo le produjera una 
jaqueca inaguantable. Llegada la hora, despus de preparar la sala de la 
autopsia, le orden a un asistente que trajera el cuerpo del doctor Leben del 
depsito... pero no logr hallar el cadver.
-Extraviado? -pregunt Benny.
-Ha ocurrido muy pocas veces desde que dirijo este departamento -dijo 
Kordell con cierto orgullo. -Y en las contadas ocasiones en que se ha 
extraviado algn cadver, ya sea porque se lo ha puesto en la mesa 
equivocada, el cajn errneo, o con la etiqueta confundida, lo hemos 
localizado en menos de cinco minutos.
-Sin embargo, esta noche no han logrado encontrarlo -dijo Benny.
-Hemos estado casi una hora buscndolo, por todas partes. Por todas partes 
-repiti Kordell evidentemente disgustado. -No tiene sentido. Es 
incomprensible. Con el procedimiento que utilizamos es imposible.
Rachael se dio cuenta de que apretaba el bolso que tena sobre la falda con 
tanta fuerza, que se le haban puesto los nudillos blancos y abultados. 
Intent relajar las manos cruzndolas. Temerosa de que Kordell o Benny 
leyeran un fragmento de la monstruosa verdad en su desprotegida mirada, 
cerr los ojos y baj la cabeza, con la esperanza de que pensaran que 
simplemente reaccionaba ante las terribles circunstancias que motivaban su 
presencia.
Desde su oscuridad ntima, Rachael oy a Benny que deca:
-Doctor Kordell, es posible que hayan entregado el cadver del doctor 
Leben, por error, a alguna funeraria privada?
-Se nos haba informado de que Attison Brothers se ocuparan del entierro 
y evidentemente nos hemos puesto en contacto con ellos al no hallar el 
cadver. Sospechamos que haban venido a recogerlo durante el da y que 
algn empleado se lo haba entregado sin autorizacin, antes de practicar la 
autopsia. Pero nos han dicho que no pensaban venir hasta que los 
llamramos y que definitivamente ellos no lo tenan.
-Me refera a la posibilidad -insisti Benny- de que hubieran entregado el 
cuerpo del doctor Leben, por equivocacin, a alguna funeraria que hubiese 
venido a buscar otro cadver.
sta es otra posibilidad que le aseguro que hemos explorado con toda 
urgencia. Desde la llegada del cuerpo del doctor Leben a las 12.14 de esta 
tarde, se han entregado cuatro cadveres a funerarias privadas. Hemos 
mandado nuestros empleados a todas ellas para confirmar la identidad de 
dichos cadveres y asegurarnos de que ninguno de ellos era el del doctor 
Leben. No estaba entre ellos.
-En tal caso, qu supone que ha ocurrido? -pregunt Benny.
Con los ojos cerrados, Rachael escuchaba su macabra conversacin en la 
oscuridad. Gradualmente comenz a sentirse como si estuviera dormida y 
sus voces fueran como el eco fantasmagrico de los personajes de una 
pesadilla.
-Aunque parezca una locura -afirm Kordell, hemos tenido que llegar 
forzosamente a la conclusin de que el cadver ha sido robado.
En su autoimpuesta oscuridad, Rachael intent alejar en vano las imgenes 
grotescas que su imaginacin comenzaba a generar.
-Han avisado a la polica? -pregunt Benny.
-S, nos hemos puesto en contacto con ellos en el momento de darnos 
cuenta de que el robo era la nica explicacin. En estos momentos estn 
abajo, en el depsito y, naturalmente, desean hablar con usted, seora 
Leben.
Se oa un raspeo rtmico procedente de donde Everett Kordell se 
encontraba. Rachael abri los ojos. Para calmar los nervios, el mdico 
meta y sacaba el abridor de cartas de su funda. Rachael volvi a cerrar los 
ojos.
-Son sus medidas de seguridad tan poco eficaces como para permitir que 
cualquiera que ande por la calle pueda entrar y robarles un cadver? -dijo 
Benny.
-Por supuesto que no -respondi Kordell. -Nunca haba ocurrido nada 
semejante. Se lo aseguro, es inexplicable. Sin duda alguien con mucho 
empeo podra ser lo suficientemente ingenioso para burlar nuestros 
sistemas de seguridad, pero no le sera nada fcil; no, seor.
-Pero no imposible -dijo Benny.
Ces el raspeo. A juzgar por los sonidos que le siguieron, Rachael dedujo 
que el doctor se dedicaba a ordenar compulsivamente las fotografas con 
marcos plateados de su escritorio.
Se concentr en dicha imagen, para contrarrestar las absurdas escenas que 
su astuta imaginacin le ofreca en la oscuridad para su horrorizada 
consideracin.
-Les sugiero a ambos que me acompaen al depsito, para que puedan 
comprobar por s mismos la rigidez de nuestra seguridad y la enorme 
dificultad que supone eludirla -dijo Kordell. -Seora Leben? Se siente 
con fuerzas para inspeccionar las instalaciones? Rachael abri los ojos. 
Benny y Kordell la observaban preocupados. Asinti.
-Est segura? -insisti Kordell levantndose y dando la vuelta al 
escritorio. -Le ruego que no se sienta obligada, pero me complacera 
muchsimo mostrarles lo cuidadosos que somos y la responsabilidad con 
que desempeamos nuestra tarea.
-Estoy bien -afirm Rachael.
Sacndose un minsculo hilo oscuro que acababa de descubrir en la manga, 
el mdico se dirigi hacia la puerta.
A1 levantarse de la silla y darse la vuelta para seguir a Kordell Rachael 
sinti un ligero desvanecimiento y se tambale.
-La visita no es obligatoria -le dijo Benny sostenindola firmemente del 
brazo.
-S -replic en tono siniestro-. S que lo es. Debo verlo con mis propios 
ojos. Tengo que saberlo.
Benny la observ extraado y ella fue incapaz de mirarle a los ojos. Saba 
que algo no iba bien, independientemente del fallecimiento de Eric y de la 
desaparicin de su cadver, pero no saba de qu se trataba. Le devoraba la 
curiosidad.
Rachael haba procurado ocultar su angustia y mantenerle al margen de ese 
terrible asunto. Pero era poco hbil para el engao y saba que se haba 
dado cuenta de sus temores, desde el momento en que pis el umbral de su 
casa. Su querido amigo estaba intrigado y preocupado, plenamente 
decidido a quedarse junto a ella, que era precisamente lo que ella no quera, 
pero que ahora no poda remediar. Ms tarde tendra que hallar el modo de 
deshacerse de l, ya que an con lo mucho que le necesitaba, no era justo 
meterle en aquel lo y poner su vida en peligro, como lo estaba la suya.
Sin embargo, ahora tena que ver el lugar donde haba yacido el cuerpo 
destrozado de Eric, ya que confiaba en que una mejor comprensin de las 
circunstancias que rodeaban la desaparicin del cadver mitigara sus 
peores temores. Necesitaba todas sus fuerzas para visitar el depsito.
Salieron del despacho y bajaron hacia donde los esperaban los muertos.
Al fondo del ancho pasillo gris plido con baldosas haba una puerta 
metlica. Un empleado con uniforme blanco estaba sentado junto a su 
escritorio, en una alcoba junto a la puerta. Al ver llegar a Kordell en 
compaa de Rachael y Benny, se levant y sac un manojo de 
resplandecientes llaves del bolsillo de la chaqueta de su uniforme.
-Esta es la nica entrada interior al depsito -dijo Kordell-. La puerta est 
siempre cerrada. No es as, Walt?
-Efectivamente -respondi el empleado. -Supongo que desea entrar, doctor 
Kordell.
-S.
Cuando Walt meti la llave en la cerradura, Rachael vio una pequea 
chispa de electricidad esttica.
-Aqu hay siempre un empleado, Walt u otro, da y noche, siete das por 
semana -dijo Kordell. No puede entrar nadie sin su ayuda y guarda una 
ficha de todos los visitantes.
Walt abri la enorme puerta y la aguant mientras entraban. En el interior 
el aire fresco ola a antispticos y a algo inidentificable, ms sutil y menos 
limpio. La puerta se cerr a su espalda, con un suave crujido de las 
bisagras, que a Rachael pareci retumbarle por todos los huesos. El pestillo 
se cerr automticamente con un ruido hueco.
Dos puertas dobles, ambas abiertas, conducan a grandes salas a ambos 
lados del pasillo. Al fondo del escalofriante vestbulo haba otra puerta 
metlica sin ventana alguna, semejante a la que acababan de cruzar.
-Ahora permtanme que les muestre la nica entrada exterior, que utilizan 
los vehculos del depsito y los de las funerarias -dijo Kordell, dirigindose 
hacia la lejana barrera.
Rachael le segua, aunque por el simple hecho de encontrarse en aquel 
depsito de cadveres, donde Eric haba yacido tan recientemente, le 
flaqueaban las piernas y comenz a sudarle el cuello y el crneo.
-Espere un momento -dijo Benny, dirigindose nuevamente hacia la puerta 
por donde haban entrado, hizo girar la manecilla y la abri, dndole un 
susto a Walt, cuando regresaba hacia su escritorio.
-A pesar de que est cerrada por fuera, siempre est abierta por dentro -dijo 
Benny mirando a Kordell, mientras dejaba que la pesada puerta volviera a 
cerrarse automticamente.
-Esto es cierto, evidentemente -dijo Kordell-. Sera demasiado engorroso 
tener que llamar a un empleado para salir, adems de entrar. Por otra parte, 
no podemos correr el riesgo de que alguien quede accidentalmente atrapado 
en una emergencia, como por ejemplo un incendio o un terremoto.
Sus pasos retumbaban de un modo aterrador, al caminar sobre las 
relucientes baldosas hacia la puerta exterior del fondo del pasillo. Cuando 
pasaron frente a las dos grandes salas, Rachael vio a un grupo de gente en 
la de la izquierda, movindose y hablando en voz baja, a la resplandeciente 
luz de unos tubos fluorescentes. Los empleados llevaban uniforme blanco, 
como en los hospitales. Haba un individuo gordo con pantaln color paja y 
chaqueta de madrs deportiva amarilla, roja y verde, y dos individuos de 
traje oscuro, que levantaron la cabeza al ver pasar a Rachael.
Tambin vio tres cadveres, envueltos todava en sbanas, sobre unas 
plataformas de acero inoxidable.
Al fondo del pasillo, Everett Kordell abri la puerta metlica simplemente 
empujndola, sali y les rog que le siguieran.
Rachael y Benny le obedecieron. Ella esperaba que se encontraran en un 
callejn, pero a pesar de que haban salido del edificio, no estaban 
realmente en el exterior. La puerta del depsito daba a una de las plantas de 
un aparcamiento contiguo de varios pisos. El mismo en el que haca poco 
haba aparcado su 560 SL, en uno de los pisos superiores.
Con su suelo gris de hormign, las paredes lisas y las gruesas columnas que 
sostenan el techo tambin gris de hormign, el aparcamiento subterrneo 
pareca una versin occidental inmensa, estrictamente modernista, de una 
tumba faranica. Las lmparas de vapor sdico pegadas al techo a grandes 
intervalos iluminaban el ambiente con una luz amarillenta y enfermiza, que 
a Rachael le pareci muy indicada para un lugar que serva de antesala al 
repositorio de los difuntos.
En la zona cercana a la entrada del depsito estaba prohibido aparcar. Sin 
embargo, haba una veintena de vehculos esparcidos por el fondo de la 
enorme sala, parcialmente iluminados por la crepuscular luz amarilla y en 
parte sumidos en la sombra negruzca, cuya textura era la del terciopelo del 
interior de los atades.
Al mirar hacia los coches, tuvo la fuerte sensacin de que algo se ocultaba 
entre ellos, observando. Observndola particularmente a ella.
Benny vio que se estremeca y le puso la mano en el hombro.
Everett Kordell cerr la pesada puerta del depsito y a continuacin intent 
abrirla, pero no hubo manera.
-Lo ven? Se cierran automticamente. Las ambulancias, los vehculos del 
depsito y los coches funerarios entran por el aparcamiento y se detienen 
aqu. La nica forma de entrar consiste en utilizar ese botn -y mientras lo 
deca puls un botn blanco que haba junto a la puerta- y hablar por el 
intercomunicador -agreg acercando los labios a una rejilla empotrada en el 
hormign-. Walt? -Le habla el doctor Kordell desde la puerta exterior-. 
Quiere hacer el favor de abrirnos la puerta?
-Inmediatamente, doctor -dijo Walt por el pequeo altavoz.
Se oy un pequeo zumbido y Kordell pudo abrir nuevamente la puerta.
-Supongo que el empleado no le abre la puerta a cualquiera que se lo pida -
dijo Benny.
-Por supuesto que no -respondi Kordell, de pie en el umbral de la puerta-. 
Si est seguro de reconocer la voz y conoce a la persona, le abre la puerta 
automticamente. Si no la reconoce, o si se trata de algn nuevo empleado 
de una funeraria privada, o si desconfa por cualquier otra razn, el 
empleado viene andando por el mismo pasillo que hemos recorrido 
nosotros, desde su escritorio, e inspecciona al visitante antes de dejarle 
entrar.
Rachael haba perdido inters en los detalles y lo nico que le preocupaba 
era el lgubre aparcamiento en el que se encontraban, en el que haba 
centenares de lugares donde ocultarse.
-En cuyo momento el empleado, no esperando una situacin de violencia, 
podra ser sometido por la fuerza y el intruso lograra entrar en las 
dependencias.
-Posiblemente -admiti Kordell frunciendo enormemente el ceo-. Pero 
jams ha ocurrido.
-Los empleados que estn hoy de guardia le han asegurado que tienen 
constancia de todo el mundo que ha entrado y salido, y que no han 
permitido la entrada a nadie no autorizado?
-Me lo han jurado -dijo Kordell.
-Y confa en ellos?
-Plenamente. Todos los que trabajan aqu son conscientes de que los 
cuerpos que guardamos son los restos de seres queridos de alguien y 
sabemos que es nuestra responsabilidad solemne, e incluso sagrada, 
protegerlos mientras estn en nuestras manos. Creo que el sistema de 
seguridad que acabo de mostrarles lo demuestra claramente.
-En tal caso -dijo Benny, -alguien debe de haber forzado la cerradura...
-Eso es prcticamente imposible.
-0 alguien se col por la puerta trasera mientras estaba abierta para un 
visitante autorizado, se ocult, esper hasta ser el nico ser vivo en el 
depsito y entonces se llev el cuerpo del doctor Leben.
-Evidentemente as debe de haber ocurrido. Pero es tan improbable...
-Podemos entrar, por favor? -dijo Rachael.
-Desde luego -respondi inmediatamente Kordell, ansioso por complacerla, 
cedindole el paso.
Entr de nuevo en el pasillo del depsito, donde el aire fro estaba 
impregnado de un olor putrefacto, bajo el fuerte aroma a desinfectante de 
pino.

5.
Preguntas sin respuestas.

En la sala donde se guardaban los cadveres a la espera de que se les 
practicara la autopsia, el aire era todava ms fro que en el pasillo del 
depsito. Con un curioso resplandor sobre todas las superficies metlicas, 
la inexorable luz fluorescente produca un efecto invernal en las 
plataformas de acero inoxidable y resplandecientes manecillas y bisagras 
de los armarios que cubran la pared. El esmalte blanco y brillante de los 
bales y archivos, cuyo espesor probablemente no exceda los veinticinco 
milmetros, tena un aspecto profundo, casi insondable, semejante a un 
misterioso y lustroso paisaje nevado a la luz de la luna.
Rachael intentaba no mirar a los cadveres amortajados y se negaba a 
pensar en lo que deba haber en los enormes cajones de aquellos armarios.
El gordo con la chaqueta de madrs era Ronald Tescanet, abogado cuya 
misin era proteger los intereses de la municipalidad. Le haban llamado en 
plena cena, para que estuviera presente cuando Rachael hablara con la 
polica y para que a continuacin hablase con ella de la desaparicin del 
cuerpo de su marido. Su tono era demasiado melodioso, casi empalagoso y 
se deshaca en cumplidos hasta el punto de que verta sus condolencias 
como si derramara aceite caliente de una botella. Mientras la polica la 
interrogaba, Tescanet paseaba en silencio a su espalda, alisndose 
frecuentemente su tupida cabellera negra con unas blancas y abultadas 
manos, con un diamante montado en oro en cada una de ellas.
Tal como supona, los individuos de traje oscuro eran de la polica secreta. 
Le mostraron a Rachael sus documentos de identidad y sus placas. Por 
suerte, no la agobiaron con un florido psame.
El ms joven, robusto y con unas frondosas cejas, era el detective 
Hagerstrom. Dej hablar a su compaero y no dijo absolutamente nada. 
Permaneca inmvil como un roble, en contraste con el abogado que no 
cesaba de moverse. Observaba a Rachael con sus pequeos ojos castaos, 
que al principio le dieron la impresin de que era estpido, pero al cabo de 
un rato, pensndolo mejor, se dio cuenta de que posea una inteligencia 
superior a la normal, que mantena discretamente oculta.
Le preocupaba que de algn modo Hagerstrom, gracias a aquel sexto 
sentido casi mgico de los polis, se percatara de su engao y percibiera la 
informacin que les ocultaba. Con la mayor discrecin posible, procur 
eludir su mirada.
El mayor de los policas, detective Julio Verdad, era un tipo bajito de piel 
color canela, con un ligero tono purpreo en los ojos, parecido al de las 
ciruelas maduras. Vesta con mucha elegancia: traje azul a medida, oscuro 
pero ligero, camisa blanca posiblemente de seda con puos almidonados y 
gemelos de oro y perlas, un pauelo de cuello granate con una cadena de 
oro en lugar de aguja y mocasines Bally de color granate oscuro.
A pesar de que Verdad hablaba de un modo entrecortado y casi brusco, su 
tono era ineludiblemente suave y amable. El contraste entre su voz y la 
vivacidad de su actitud era desconcertante.
-Ha visto usted el sistema de seguridad de estas dependencias, seora 
Leben.
-S.
-Le parece satisfactorio?
-Supongo.
-Quin es usted? -pregunt Verdad, dirigindose a Benny.
-Ben Shadway. Un viejo amigo de la seora Leben.
-De la escuela?
-No.
-Compaero de trabajo?
-No, slo amigo.
-Comprendo -dijo mirndole con sus ojos color ciruela oscuro-. Tengo que 
hacerle algunas preguntas -agreg dirigindose a Rachael.
-Sobre qu?
-Quiere sentarse, seora Leben? -le pregunt Verdad, en lugar de 
responder inmediatamente a su pregunta.
-S, por supuesto, una silla -dijo Everett Kordell apresurndose, junto con 
Ronald Tescanet, a traer una del escritorio que haba en una esquina.
A1 darse cuenta de que los dems no pensaban sentarse y para no colocarse 
en posicin de inferioridad con relacin a ellos, Rachael dijo:
-No, gracias, prefiero estar de pie. No veo ninguna razn para que esto se 
prolongue. No me siento con nimos de seguir aqu mucho tiempo. Qu 
deseaba preguntarme?
-Un delito poco corriente -dijo Verdad.
-El robo de un cadver -explic ella con la pretensin de que lo ocurrido le 
produca confusin y nusea, simulando lo primero pero lo segundo era 
bastante genuino.
-Quin puede haberlo hecho? -pregunt Verdad.
-No tengo ni idea.
-No conoce a nadie que tuviera razn para ello?
-A alguien con un motivo para robar el cuerpo de Eric? No, claro que no -
respondi.
-Tena enemigos?
-Adems de ser un genio en su campo, tena xito en los negocios. Los 
genios suelen despertar inadvertidamente la envidia de sus colegas. 
Adems, inevitablemente, haba quien envidiaba su fortuna. A algunos les 
pareca que les haba tratado mal... en su escalada hacia la cumbre.
-Haba tratado mal a la gente?
-S, a algunos. Era un individuo ambicioso. Pero dudo seriamente de que 
cualquiera de sus enemigos deseara vengarse de un modo tan absurdo y 
macabro como ste.
-No slo era ambicioso -dijo Verdad.
-Cmo?
-Era despiadado.
-Por qu lo dice?
-Por lo que he ledo sobre l -dijo Verdad-. Despiadado.
-Bien, puede que tenga razn, no se lo niego.
-La gente despiadada se crea enemigos apasionados.
-Quiere decir tan apasionados como para justificar el robo del cadver?
-Quizs. Voy a necesitar los nombres de sus enemigos, de los que puedan 
tener alguna razn para odiarle.
Esta informacin se la puede facilitar la gente con quien trabajaba en 
Geneplan.
-Su empresa? Pero usted era la esposa.
-Saba bien poco de su negocio. l no quera que lo supiera. Tena ideas 
muy definidas acerca de... mi funcin en la vida. Adems, hace un ao que 
nos habamos separado.
Verdad aparent sorprenderse, pero Rachael tena la impresin de que ya se 
haba informado previamente y saba todo lo que le contaba.
-Divorcio?
-S.
-Odio?
-Por su parte, s.
-As se comprende.
-Qu es lo que se comprende? -pregunt Rachael.
-Que no est en absoluto apenada.
Sospechaba que Verdad era infinitamente ms peligroso que el silencioso, 
inmvil y observador Hagerstrom. Ahora estaba segura de ello.
-El doctor Leben la trat abominablemente -dijo Benny en su defensa.
-Comprendo -dijo Verdad.
-No tena motivo para estar apenada -agreg Benny.
-Comprendo.
-Vlgame Dios, se est usted comportando como si se tratara de un asesino.
-Usted cree? -dijo Verdad.
-La trata como si sospechara de ella.
-Cree usted? -pregunt amablemente Verdad.
-El doctor Leben ha sido vctima de un accidente fortuito -dijo Benny- y si 
hay algn culpable es el propio Leben.
-Eso es lo que tenemos entendido.
-Lo han presenciado como mnimo una docena de testigos.
-Es usted el abogado de la seora Leben? -pregunt Verdad.
-No, ya le he dicho que era...
-Lo s, un viejo amigo -dijo Verdad, ponindose sutilmente en su lugar.
-Si fuera usted abogado, seor Shadway -intervino tan apresuradamente 
Ronald Tescanet que le temblaba la mandbula-, comprendera que la 
polica est obligada a formular estas desagradables preguntas. 
Evidentemente deben tener en cuenta la posibilidad de que se haya robado 
el cadver del doctor Leben para impedir que se practique la autopsia. Para 
ocultar algo.
-Muy melodramtico -replic Benny en tono burln.
-Pero concebible. Lo que significara que su muerte no est tan clara como 
parece -dijo Tescanet.
-Exactamente -agreg Verdad.
-Es absurdo -dijo Benny.
Rachael agradeca el inters con que Benny intentaba proteger su honor. Su 
apoyo y amabilidad eran incondicionales. Sin embargo no le importaba que 
Verdad y Hagerstrom la consideraran como una posible asesina o cmplice 
de asesinato. Era incapaz de matar a nadie y la muerte de Eric haba sido 
puramente accidental, lo cual acabara siendo evidente, hasta para el ms 
suspicaz de los detectives. Pero mientras Hagerstrom y Verdad se ocupaban 
de aclarar esos puntos, no investigaran otros aspectos del caso ms 
prximos a la horrenda verdad. Haban resuelto seguirle la pista a su propia 
tergiversacin de los hechos y a ella no le importaba ser objeto de sus 
infundadas sospechas, siempre y cuando no se alejaran de la pista falsa.
-Teniente Verdad -dijo Rachael-, seguro que la explicacin ms lgica, a 
pesar de las afirmaciones del doctor Kordell, es que han puesto 
simplemente el cadver en algn lugar equivocado -dijo ante las protestas 
inmediatas del delgado mdico y de Ronald Tescanet-. O puede que hayan 
sido jvenes universitarios, para gastar una sofisticada broma prosigui-. 
Algn tipo de rito de iniciacin. Las han hecho peores.
-Creo que ya conozco la respuesta a esta pregunta -dijo Benny-, pero es 
posible que Eric Leben no estuviera muerto despus de todo? Pudo 
cometerse un error al diagnosticar su estado? Pudo haber salido de aqu 
andando aturdido?
-No, no, no! -exclam Tescanet empalideciendo e inesperadamente 
sudoroso a pesar del aire fro.
-Imposible -dijo Kordell simultneamente-. Le examin personalmente. 
Tena enormes lesiones craneales y ni el ms remoto sntoma de funciones 
vitales.
-No recibi el doctor Leben atencin mdica alguna inmediatamente 
despus del accidente? 
-pregunt Verdad, aparentemente intrigado por esta nueva teora que 
acababan de insinuar.
-Le examinaron los tcnicos sanitarios -respondi Kordell.
Estn muy preparados y son de absoluta confianza -agreg Tescanet, 
secando su mullido rostro con un pauelo.
Tena que calcular mentalmente y con toda rapidez la diferencia entre lo 
que le correspondera pagar a la municipalidad por un error en el depsito 
de cadveres y, lo que sera mucho ms grave, en el caso de que se 
demostrara la incompetencia de los tcnicos sanitarios.
-Fueran cuales fuesen las circunstancias, jams declararan muerto a 
alguien que no lo estuviera -agreg el abogado.
-Uno: no haba ningn tipo de actividad cardiaca -dijo Kordell, contando 
las pruebas de la muerte con unos dedos largos y flexibles, que tanto 
podan ser los de un pianista como los de un patlogo-. Los tcnicos 
sanitarios obtuvieron una lnea perfectamente horizontal en el 
electrocardigrafo de la ambulancia. Dos: ausencia absoluta de funciones 
respiratorias. Tres: temperatura corporal en constante descenso.
-Indiscutiblemente muerto -susurr Tescanet.
El teniente Verdad miraba ahora al abogado y al mdico con la misma 
desconfianza y ojos de halcn con que haba observado a Rachael. 
Probablemente no crea que Tescanet, Kordell o los tcnicos sanitarios 
ocultaran algn acto reprochable. Sin embargo, su naturaleza y su 
experiencia le hacan sospechar de cualquiera, en cualquier momento y en 
cualquier lugar, dada la menor razn para ello.
-Cuatro -prosigui Kordell, cortando la interrupcin de Tescanet-: no haba 
absolutamente ninguna actividad elctrica perceptible en su cerebro. Aqu 
disponemos de un electroencefal-grafo, que frecuentemente utilizamos 
con los accidentados como ltima prueba. sta es una medida de seguridad 
que he instituido desde que tom posesin del cargo. El doctor Leben fue 
conectado al electroencefalgrafo a su llegada y no manifest ninguna 
actividad cerebral perceptible. Se hizo en mi presencia y vi la grfica. 
Muerte cerebral. Si existe un mtodo universalmente reconocido para 
declarar la defuncin de un paciente, ste consiste en que el mdico que le 
asiste determine la existencia de un paro cardaco total e irreversible, 
acompaado de muerte cerebral. Las pupilas del doctor Leben no se 
dilataban a la luz. Y no respiraba. Con el debido respeto, seora Leben, su 
esposo estaba tan muerto como cualquiera de los muchos difuntos que he 
visto y en ello apostara mi reputacin.
Rachael no dudaba de que Eric hubiese estado muerto. Haba visto sus ojos 
sin vida ni parpadeo cuando yaca en un charco de sangre en la calzada. 
Haba visto, demasiado bien, la profunda herida que le surcaba el crneo 
desde la parte posterior de la oreja hasta la sien, con el hueso quebrado y 
machacado. Sin embargo, se alegraba de que Benny se hubiera confundido 
involuntariamente, proporcionndoles otra pista falsa a los detectives.
Estoy segura de que estaba muerto -dijo-. No me cabe la menor duda. Le vi 
en el lugar del accidente y s que no haba confusin posible.
Kordell y Tescanet se sintieron profundamente aliviados.
-Entonces descartamos esta hiptesis -dijo Verdad, encogindose de 
hombros.
Pero Rachael saba que, una vez implantada la posibilidad de un 
diagnstico errneo en la mente de los policas, dedicaran tiempo y 
energa a su exploracin, que era lo nico que le im-portaba. Retardar la 
accin. Eso era de lo que se trataba. Retrasar, entorpecer, confundir el caso. 
Necesitaba tiempo para confirmar sus peores sospechas, para decidir lo que 
deba hacer, con el fin de protegerse de diversos peligros.
El teniente Verdad condujo a Rachael ms all de los tres cadveres 
amortajados y se detuvo frente a la plataforma vaca, sobre la que haba una 
mortaja arrugada. Haba tambin una eti-queta de cartn arrugada, con dos 
trozos de alambre cubierto de plstico.
-Me temo que esto es todo lo que tenemos como punto de partida. La 
plataforma donde yaca el cuerpo y la etiqueta de identificacin que llevaba 
atada al pie -le dijo el detective, con una mirada tan dura e inescrutable 
como su rostro-. Por qu supone que un ladrn de cadveres, fueran cuales 
fuesen sus motivos, perdera el tiempo retirando la etiqueta del pie del 
cadver?
-No tengo ni la ms ligera idea -respondi Rachael.
-Al ladrn le preocupara no ser descubierto. Tendra prisa. Quitndole la 
etiqueta perdera unos segundos muy valiosos.
-Es una locura -dijo estremecindose.
-S, una locura -repiti Verdad.
-Pero en realidad todo es una locura.
-S.
Al contemplar la mortaja arrugada y ligeramente manchada de sangre, 
pensando en que haba envuelto el cadver fro y desnudo de su marido, 
Rachael se estremeci incontrolablemente.
-Ya basta -dijo Benny, rodendola cariosamente con el brazo-. Voy a 
sacarte de este maldito lugar.
Everett Kordell y Ronald Tescanet acompaaron a Rachael y a Benny al 
ascensor del garaje, sin dejar de intentar convencerles de que ni el depsito 
ni la municipalidad eran responsables de la desaparicin del cadver. A 
pesar de que Rachael se lo haba asegurado innumerables veces, no estaban 
seguros de que no se propusiera llevar a nadie ante los tribunales. Tena 
tantas cosas en las que pensar y de las que preocuparse, que no le quedaba 
energa ni deseo de persuadirlos de que sus intenciones eran benignas. Lo 
nico que deseaba era deshacerse de ellos para poder ocuparse de las 
urgentes tareas que la esperaban.
Cuando se cerraron las puertas del ascensor, separando finalmente a ella y a 
Benny del flaco patlogo y del corpulento abogado, Benny dijo:
-Si estuviera en tu lugar, creo que los demandara.
-Demandas, contrademandas, deposiciones, reuniones jurdicas 
estratgicas, juzgados... no se me ocurre nada ms aburrido -dijo Rachael 
abriendo el bolso cuando el ascensor comenzaba a subir.
-Verdad es un cabrn calculador, no te parece? -pregunt Benny.
-Supongo que se limita a hacer su trabajo -respondi Rachael, sacando de 
su bolso la pistola del treinta y dos.
Benny, que contemplaba cmo cambiaban los nmeros iluminados encima 
de la puerta, no vio inmediatamente el arma.
-Bien, podra hacer su trabajo con un poco ms de compasin y algo menos 
de eficacia mecnica.
Haban subido un piso y medio desde el stano. En el tablero estaba a 
punto de iluminarse el nmero dos. Su Mercedes estaba un piso ms arriba.
Benny haba querido ir en su coche, pero Rachael insisti en que deseaba 
conducir el suyo. Mientras iba al volante, sus manos estaban ocupadas y su 
atencin parcialmente en la carretera, lo cual le impeda preocuparse 
excesivamente por la horrenda situacin en la que se encontraba. Si no 
tena nada que hacer, ms que reflexionar acerca de lo sucedido 
recientemente, probablemente perdera el precario autocontrol que an 
conservaba. Tena que mantenerse ocupada para no dejarse invadir por el 
terror y controlar el pnico.
Alcanzaron el segundo piso y siguieron subiendo.
-Benny, aprtate de la puerta -le dijo.
-Cmo? -pregunt bajando la mirada y parpadeando al ver la pistola-. 
Oye, de dnde diablos has sacado esto?
-Lo he trado de mi casa.
-Por qu?
-Por favor, aprtate. Rpido, Benny -le dijo temblorosa, apuntando hacia la 
puerta.
-Qu ocurre? -pregunt todava parpadeando, confuso, pero apartndose 
de la puerta-. No irs a matar a alguien?
Su corazn lata con tanta fuerza que no le permita or lo que le deca y le 
daba la impresin de que le hablaba desde la lejana.
Llegaron al tercer piso.
Son un timbre en el indicador y se ilumin el nmero tres. El ascensor se 
detuvo con un leve traqueteo.
-Rachael, respndeme, qu ocurre?
No le contest. Haba adquirido la pistola despus de dejar a Eric. Una 
mujer sola debe poseer un arma... especialmente despus de abandonar a un 
tipo como l. Mientras las puertas se deslizaban para abrirse, intent 
recordar lo que le haba dicho su instructor de tiro: no hay que sacudir el 
gatillo, simplemente apretarlo con suavidad, de lo contrario se mueve el 
can y el tiro no da en el blanco.
Pero no haba nadie esperndolos, por lo menos no delante del ascensor. El 
suelo de hormign gris, las paredes, las columnas y el techo, tenan el 
mismo aspecto que en el stano de donde procedan. El silencio tambin 
era el mismo: sepulcral y de algn modo amenazador. El aire era menos 
putrefacto y ms caliente que tres pisos ms abajo, pero igualmente 
inmvil. Algunas de las lmparas del techo estaban rotas o fundidas, con lo 
que un gran nmero de sombras poblaba la enorme sala, oscurecindola 
an ms que la del stano y parecan tambin ms profundas, ms propias 
de que en ellas se ocultara fcilmente un agresor, a pesar de que quizs en 
su imaginacin eran todava ms negras que en la realidad.
-Rachael, de quin tienes miedo? -le pregunt Benny, siguindola a la 
salida del ascensor.
-Ms tarde. Ahora largumonos de aqu cuanto antes.
-Pero...
-Ms tarde.
Sus pasos retumbaban en el hormign con un eco vaco y su sensacin era 
la de que, en lugar de andar por un aparcamiento perfectamente ordinario 
de Santa Ana, lo estuviera haciendo por las naves de un remoto templo, 
bajo la vigilancia de una inimaginable y extraa divinidad.
A una hora tan avanzada, su 560 SL rojo era uno de los tres nicos coches 
aparcados en aquella planta. Estaba solo, resplandeciente, a treinta metros 
del ascensor. Fue directamente hacia el mismo y dio una vuelta, 
cautelosamente, a su alrededor. No se ocultaba nadie al otro lado. A travs 
de las ventanas pudo comprobar que tampoco haba nadie en el interior. 
Abri la puerta y entr rpidamente. En el momento en que Benny se sent 
y cerr su puerta, hizo girar la llave, puso en marcha el motor, manipul la 
palanca del cambio, quit el freno de mano y condujo con excesiva 
velocidad hacia la salida.
Mientras conduca, puso los seguros de la pistola con una mano y volvi a 
meterla en el bolso.
Bien, ahora cuntame la razn por la que te portas como un pistolero -dijo 
Benny, cuando llegaron a la calle.
Ella titube, deseando no haberle involucrado tanto como ya lo haba 
hecho. Deba haber ido sola al depsito. Haba sido dbil, necesitaba 
apoyarse en l; sin embargo, si ahora no rompa con esa dependencia, si 
segua atrayndole, pondra indudablemente su vida en peligro. No tena 
derecho a imponerle ese riesgo.
-Rachael?
Se detuvo en el semforo del cruce de las calles Mayor y Cuarta, donde una 
rfaga de viento veraniego hizo volar algunos papeles hacia el centro de la 
calzada, revolotearon unos instantes y se alejaron con la brisa.
-Rachael? -persisti Benny.
Un pordiosero andrajoso estaba de pie en la esquina, a menos de dos 
metros del coche. Su aspecto era asqueroso, sin afeitar y borracho. Su 
nariz, parcialmente podrida por la melanosis, era horrible y retorcida. En la 
mano izquierda tena una botella, medio oculta en una bolsa de papel. En su 
repugnante garra derecha tena un despertador, al que le faltaba el cristal y 
una de las agujas, como si poseyera un gran tesoro. Se agach y la mir con 
unos ojos febriles y alocados.
-No te encierres en ti misma, Rachael -dijo Benny, haciendo caso omiso del 
pordiosero-. Qu ocurre? Dmelo. Puedo ayudarte.
-No quiero involucrarte -le respondi.
-Ya lo estoy.
-No. Hasta ahora no sabes nada. Y estoy convencida de que es mejor as.
-Prometiste...
Cambi el semforo y apret el acelerador con tal brusquedad que Benny 
se golpe contra el respaldo del asiento y dej la frase a medias.
-Soy el padre tiempo! -chillaba el borracho del despertador a su espalda.
-Escchame, Benny, voy a llevarte a mi casa para que recojas tu coche -
dijo Rachael.
-Ni lo suees.
-Permteme que me ocupe yo personalmente de este asunto. 
-Qu asunto? Qu ocurre?
-Benny, no me interrogues. Por favor, no lo hagas. Tengo mucho en que 
pensar y mucho que hacer...
-Me da la impresin de que piensas ir a algn lugar esta noche. 
-No tiene nada que ver contigo -le dijo.
-Adnde piensas ir?
-Hay algunas cosas que debo... verificar. No importa.
-Vas a matar a alguien? -le pregunt ahora enfurecindose.
 -Claro que no.
-Entonces por qu llevas pistola?
No respondi.
-Tienes permiso de armas?
-Slo para uso domstico -respondi moviendo la cabeza.
Mir hacia atrs para ver si haba alguien cerca de ellos, se inclin hacia 
adelante, agarr el volante y le dio una sacudida hacia la derecha.
El coche vir con los neumticos chirriando sobre el asfalto, ella fren, 
patin de costado unos seis u ocho metros y cuando estaba a punto de 
controlar la situacin, l agarr nuevamente el volante, pero ella lanz un 
grito, lo solt, durante unos instantes le desliz entre las manos, pero acab 
por controlarlo, se acerc a la acera, par, le mir y dijo.
-Qu te ocurre? Ests loco?
-Slo furioso.
-Olvdalo -dijo mirando fijamente la calle.
-Quiero ayudarte.
-No puedes.
-Ponme a prueba. Adnde tienes que ir?
-Slo a la casa de Eric -suspir.
-Su casa? En Villa Park? Por qu?
-No puedo decrtelo.
-Y despus de su casa, adnde?
-Geneplan. Su despacho.
-Por qu?
-Tampoco puedo decrtelo.
-Por qu no?
-Benny, es peligroso. Podra ser violento.
-Y de qu coo crees que estoy hecho, de porcelana? De cristal? Maldita 
sea, crees que voy a descomponerme en mil pedazos si me tocan con un 
dedo?
Ella le mir. La luz amarilla de la farola slo entraba por medio parabrisas, 
dejando a Benny en la oscuridad, pero sus ojos brillaban en la sombra.
-Dios mo, ests furioso. Nunca te haba odo expresarte as.
-Rachael, hay o no algo entre nosotros? Yo creo que s, algo especial.
-S.
-Lo crees verdaderamente?
-Sabes que as es.
En tal caso no puedes excluirme. No puedes impedir que te ayude cuando 
lo necesitas, si deseas que lo nuestro progrese.
Le mir con mucha ternura, deseando ms que nada confirselo todo, 
convertirle en su aliado, pero si le involucraba le hara verdaderamente una 
malsima jugada. En este momento l intentaba descifrar el tipo de peligro 
que la amenazaba, maquinaba furiosamente su mente, hacia listas de 
posibilidades, pero nada de lo que imaginara poda ser la mitad de 
peligroso que la verdad. De saberla, probablemente no estara tan ansioso 
por colaborar, pero no se atreva a revelrsela.
-Sabes que soy un individuo bastante chapado a la antigua. 
Considerablemente desfasado de las modas actuales. En ciertos sentidos 
muy formal. La mitad de mis colegas en la industria inmobiliaria de 
California acude al trabajo, en un da veraniego como hoy, con pantaln 
blanco de algodn y chaqueta color paja, pero yo, para sentirme cmodo, 
debo ponerme un traje con chaleco y puos almidonados. Probablemente 
soy el nico en mi campo que todava sabe lo que es una camiseta. 
Entonces, cuando alguien como yo ve a la mujer a quien quiere en peligro, 
tiene que ayudarla, es lo nico que es capaz de hacer, lo tpico y 
tradicional, lo correcto, y si ella no se lo permite, eso equivale a una 
bofetada, a una afrenta a sus principios, al desprecio de lo que representa, y 
por mucho que la quiera, debe abandonarla, es as de simple.
-Jams me habas hecho ningn discurso -dijo Rachael.
-Nunca haba sido necesario.
 Ambos se sintieron afectados y frustrados por su ultimtum. Rachael ech 
la cabeza atrs y cerr los ojos, incapaz de decidir lo que deba hacer. 
Sigui aferrada con fuerza al volante, ya que si lo soltaba, Benny se dara 
cuenta de lo mucho que le temblaban las manos.
-A quin le temes, Rachael? -pregunt.
No le respondi.
-Sabes lo que ha ocurrido con su cadver, no es cierto?
-Quizs.
-Sabes quin lo ha cogido.
-Tal vez.
-Y es de ellos de quien tienes miedo. Quin es, Rachael? Santo Dios, 
quin puede hacer algo parecido... y por qu?
-De acuerdo -dijo poniendo el coche en marcha-, puedes acompaarme.
-A la casa de Eric, a su despacho? Qu es lo que buscamos? Eso no estoy 
dispuesta a decrtelo -le respondi.
-Muy bien, de acuerdo -dijo despus de unos momentos de silencio-. Cada 
cosa a su debido tiempo. Me parece perfectamente aceptable.
Se dirigi hacia el norte por la calle Mayor, al este por la avenida Katella 
en direccin a la adinerada zona residencial de Villa Park y por las colinas 
hacia la finca de su difunto marido. En la parte alta de Villa Park, las 
enormes mansiones, muchas con un valor superior al milln de dlares, 
estaban medio ocultas por la vegetacin y el oscuro velo de la noche. La 
casa de Eric, como una aparicin tras una hilera de enormes laureles indios, 
pareca ms oscura que las dems, fra incluso en pleno junio, con sus 
mltiples ventanas semejantes a hojas de obsidiana, incapaces de ser 
penetradas por la luz en direccin alguna.

6.
El bal.

El largo camino, pavimentado con baldosas mexicanas color rojo oxidado, 
rodeaba la enorme mansin estilo espaol moderno de Eric Leben, antes de 
girar por la parte trasera hacia los garajes. Rachael aparc delante de la 
casa.
A pesar de que a Ben Shadway le encantaban los edificios autnticamente 
espaoles, con su abundancia de arcos, ngulos y hondas vidrieras, no le 
atraa el estilo espaol moderno. La dureza de lneas, las superficies lisas, 
las enormes lunas de las ventanas y la total ausencia de ornamentos, a 
cierta gente podan parecerle agradables y elegantes, pero para l aquella 
arquitectura era aburrida, carente de personalidad y peligrosamente 
parecida a las vulgares cajas estucadas de aspecto barato, tan abundantes en 
los barrios californianos.
No obstante, cuando Ben se ape del coche para seguir a Rachael por un 
pasadizo de baldosas mexicanas, a travs de una terraza repleta de plantas 
crasulceas con flores amarillas y azaleas blancas en enormes macetas que 
conduca a la puerta principal de la casa, le pareci impresionante. La casa 
era enorme, haba por lo menos cien metros cuadrados de espacio 
habitable, rodeado de trreo lujosa y meticulosamente cuidado. Desde la 
finca, mirando hacia el oeste, se vea la mayor parte del Orange County, 
cual gigantesca alfombra luminosa que se extenda veinticuatro kilmetros 
hasta el negrsimo ocano. A la luz del da, con buena visibilidad, 
probablemente se vea Santa Catalina. A pesar de la sobriedad de la 
arquitectura, la mansin Leben apestaba a riqueza. A Ben le pareci que 
incluso el sonido de los grillos que cantaban en los matorrales era diferente 
al de los barrios ms modestos, menos molesto y ms melodioso, como si 
en sus minsculos cerebros hubieran decidido, por respeto, adaptarse al 
ambiente.
Ben haba sabido siempre que Eric Leben era rico, pero hasta ahora no 
haba acusado el impacto de lo que eso significaba. De pronto percibi lo 
que implicaba poseer decenas de millones de dlares. El paso de la fortuna 
de Leben acababa de convertirse en algo muy real para Ben.
Hasta los diecinueve aos, Ben Shadway apenas haba pensado en el 
dinero. Sus padres no eran ni lo suficientemente ricos como para 
preocuparse por sus inversiones, ni tan pobres como para no poder pagar 
las cuentas a fin de mes; tampoco eran ambiciosos, por lo cual la riqueza, o 
su ausencia, jams fue tema de conversacin en la casa de los Shadway. Sin 
embargo, cuando Ben concluy sus dos aos de servicio militar, su inters 
primordial era el dinero: ganarlo, invertirlo y acumularlo.
No era el dinero en s lo que le gustaba. Ni siquiera las cosas maravillosas 
que le permita a uno adquirir; los coches deportivos importados, los yates, 
los Rolex y los trajes de dos mil dlares no tenan gran inters para l. 
Estaba ms satisfecho con su Thunderbird de 1956 meticulosamente 
restaurado, que Rachael con su Mercedes nuevo y se compraba los trajes de 
confeccin en Harris & Frank. Haba quien amaba el dinero por el poder 
que proporcionaba, pero Ben tena tan poco inters en ejercer poder sobre 
los dems como en aprender bant.
Para l, el dinero era primordialmente una mquina del tiempo, que 
finalmente le permitira retroceder a pocas ms apetecibles: los aos 
veinte, treinta y cuarenta que tanto le interesaban. Hasta ahora haba 
dedicado muchas horas al trabajo con pocos das de descanso. Pero lo que 
se propona era convertir su empresa en una de las agencias inmobiliarias 
ms poderosas de Orange County en el transcurso de los prximos cinco 
aos, para entonces venderla y ganar lo suficiente como para vivir con 
comodidad durante el resto de su vida, o por lo menos buena parte de la 
misma. A partir de entonces se dedicara casi por completo a la msica 
swing, a las pelculas antiguas, a las novelas policacas que le encantaban y 
a los trenes en miniatura.
A pesar de que la gran depresin se haba extendido a lo largo de un tercio 
del perodo que a Ben le fascinaba, le pareca una poca muy superior a la 
actual. Durante los aos veinte, treinta y cuarenta no existan los terroristas, 
la amenaza atmica latente, el crimen callejero, las frustrantes limitaciones 
de velocidad, el plstico, ni la cerveza light. La televisin, esa caja 
idiotizadora que se haba convertido en la maldicin de la vida moderna, no 
tena an un peso social importante a final de los aos cuarenta. En la 
actualidad, el mundo pareca un sumidero de sexo fcil, pornografa, 
literatura para analfabetos y msica sin gracia ni ingenio. La segunda, 
tercera y cuarta dcadas del siglo eran tan refrescantes e inocentes 
comparadas con la actual, que la nostalgia de Ben a veces se converta en 
anhelo melanclico, con el profundo deseo de haber nacido en aquella 
poca.
Ahora, con el apacible silencio de la finca Leben slo interrumpido por los 
respetuosos cantos de los grillos, y la brisa clida con aroma a jazmn que 
acariciaba las colinas y la terraza, Ben se senta casi como si, en realidad, 
hubiera retrocedido en el tiempo a una poca ms distinguida y menos 
trepidante. Slo la arquitectura estropeaba su ilusin idlica.
Y la pistola de Rachael.
Eso tambin lo estropeaba.
Era una mujer extraordinariamente tranquila, siempre dispuesta a rerse, le 
costaba mucho enojarse y demasiado segura de s misma para asustarse 
fcilmente. Slo una amenaza muy real y extraordinariamente grave poda 
obligarla a coger un arma.
Antes de apearse del vehculo, haba sacado la pistola del bolso y haba 
quitado ambos seguros. Le advirti a Ben que mantuviera los ojos bien 
abiertos y que fuera cauteloso, pero se neg a explicarle la razn exacta 
para ello. A pesar de que su terror era casi tangible, se negaba a compartirlo 
y a liberar su mente; guardaba el secreto con tanto celo como lo haba 
hecho durante toda la velada.
Ben no la importunaba, no porque tuviera la paciencia de un santo, sino 
porque no tena otra alternativa ms que dejar que procediera con las 
revelaciones a su propio ritmo.
Al llegar a la puerta de la casa, busc a tientas la llave para meterla en la 
cerradura en la penumbra. Cuando un ao antes haba abandonado a Eric, 
se haba quedado con la llave de la casa, porque crea que tendra que 
regresar a por sus pertenencias, lo que Eric le haba ahorrado 
empaquetndolas y mandndoselas junto con una desagradable nota en la 
que, segn ella, le aseguraba que pronto se dara cuenta de su torpeza e 
intentara reconciliarse.
El chirriar del fro metal de la llave contra la cerradura despert una 
lamentable imagen en la mente de Ben: un par de dagas relucientes y 
asesinas, esgrimindose la una contra la otra.
Vio la caja de una alarma con dos chivatos elctricos, pero evidentemente 
no estaba conectada, porque ni el uno ni el otro estaban encendidos.
-Puede que cambiara la cerradura despus de que te marcharas -dijo Ben, 
mientras Rachael segua intentado meter la llave.
-Lo dudo. Estaba plenamente convencido de que tarde o temprano volvera 
con l. Eric era un individuo muy seguro de s mismo.
Por fin logr introducir la llave en la cerradura, funcion y se abri la 
puerta. Con mucho nerviosismo introdujo la mano, encendi las luces del 
vestbulo y entr en la casa con la pistola por delante.
Ben la sigui, con la sensacin de que el papel masculino y femenino 
haban sido errneamente invertidos, pensando que debera ser l quien 
llevara la pistola y en el fondo sintindose un poco ridculo.
En la casa imperaba la tranquilidad ms absoluta.
-Creo que estamos solos -dijo Rachael.
-Con quin esperabas encontrarte? -pregunt Ben.
No respondi.
A pesar de que acababa de expresar la opinin de que estaban solos, 
avanzaba con la pistola en guardia.
Fueron lentamente de habitacin en habitacin, encendiendo todas las luces 
y con cada nueva rea del interior que se revelaba, la casa pareca ms 
impresionante. Las habitaciones eran amplias, de techo alto, paredes 
blancas, espaciosas, con suelos de baldosas mexicanas y muchas ventanas 
enormes; en alguna haba grandes chimeneas de piedra o cermica y en 
otras muebles de roble de una artesana exquisita. La sala de estar y la 
biblioteca adjunta podan acomodar fcilmente ms de doscientos 
invitados.
Los muebles eran modernos, austeros y funcionales, al igual que la hostil 
arquitectura. Los sofs y sillones tapizados en blanco carecan de toda 
ornamentacin. Las mesillas rinconeras y mesas informales eran tambin 
bastante austeras, con acabado de laca, unas blancas y otras negras.
El nico toque de colorido y dramatismo lo proporcionaba un eclctico 
conjunto de pinturas, antigedades y obras de arte. La funcin del sobrio 
decorado era la de no entorpecer la exhibicin de estos objetos de calidad y 
valor incalculable, iluminado cada uno de ellos magistralmente con luz 
indirecta, o con pequeos focos muy concentrados desde el techo. Sobre 
una de las chimeneas haba un mural de cermica de William Morgan, re-
presentando unos pjaros, hecho (segn Rachael) para el zar Nicols I. 
Aqu una espectacular tela de Jackson Pallock. All un torso romano 
esculpido en mrmol, del siglo I antes de Jesucristo. Lo antiguo estaba 
entremezclado con lo moderno en conjuntos profundamente heterodoxos, 
pero de gran atractivo. Aqu un mural de Kirman del siglo XIX, 
representando la vida de los ms poderosos shas de Persia. All un intrpito 
leo de Mark Rothko, slo con unas anchas lneas de colores. Aqu un par 
de consolas de cristal de Lalique, con una exquisita vasija Ming en cada 
una de ellas. El efecto era a la vez asombroso y desconcertante, ms propio 
de un museo que de un hogar.
A pesar de que saba que Rachael estaba casada con un hombre rico y que 
desde aquella maana se haba convertido en una viuda muy adinerada, 
Ben no haba pensado en cmo su riqueza poda afectar su relacin. Ahora 
su nueva situacin se le impona, como si le hurgaran al costado con un 
codo y se senta incmodo. Rica. Rachael era extraordinariamente rica. Por 
primera vez la idea tena algn sentido para l.
Comprendi que tendra que sentarse a pensarlo detenidamente y que 
debera hablar con ella sin tapujos de cmo influira aquella fortuna en su 
relacin, tanto para bien como para mal. Sin embargo, aqul no era el 
momento ni el lugar de entrar en el tema y decidi olvidarlo 
momentneamente. No era fcil. Una fortuna de decenas de millones era un 
poderoso imn que atraa de forma inexorable la mente, prescindiendo de 
los dems asuntos urgentes que exigan su atencin.
-Viviste aqu seis aos? -le pregunt con incredulidad, mientras iban de 
una fra sala estril a la prxima, contemplando las obras de arte 
meticulosamente ordenadas.
-S -respondi algo ms relajada, al irse adentrando en la casa sin hallar 
ningn tipo de amenaza-. Seis largos aos.
Cuando empezaron a inspeccionar las cmaras blancas abovedadas, la 
impresin era la de que, ms que una casa, lo que inspeccionaban era una 
enorme masa de hielo, en la que alguna catstrofe primigenia haba 
sepultado abundantes objetos maravillosos de otra civilizacin de la 
antigedad.
-Parece... prohibitivo -dijo Ben.
-A Eric no le interesaba tener un autntico hogar; me refiero a un lugar 
agradable y cmodo. Adems, nunca prestaba mucha atencin a lo que le 
rodeaba. Viva en el futuro, no en el presente. Slo deseaba que la casa 
fuera un monumento a su xito y aqu la tienes.
-Esperaba descubrir algn toque personal tuyo, de tu estilo sensual, por 
todas partes, en algn lugar, pero no aparece por ningn lado.
-Eric no permita ningn cambio en la decoracin -dijo Rachael.
-Y podas vivir as?
-S, lo hice.
-No puedo imaginar que fueras feliz en un lugar tan lgido.
-No es tan difcil, en serio, te lo aseguro. Aqu hay muchas cosas de una 
sorprendente belleza. Puedes pasar horas con cada una de ellas, 
estudindola... contemplndola... disfrutndola, incluso espiritualmente.
Le maravillaba la facilidad con que Rachael siempre hallaba los aspectos 
positivos de hasta las ms difciles circunstancias. Saba extraerle cada gota 
de alegra y satisfaccin a cualquier situacin y haca todo lo posible para 
ignorar los aspectos desagradables. Su personalidad, centrada en el presente 
y en la satisfaccin, le serva de eficaz coraza contra las vicisitudes de la 
vida.
En la parte posterior de la planta baja, la sala de billar que daba a la piscina, 
el objeto ms espectacular era una mesa intrincadamente entallada de 
finales del siglo XIX, con patas garriformes y piedras semipreciosas 
incrustadas en los caireles de teca.
-Eric no jugaba jams -dijo Rachael-. Nunca ha tenido un taco en la mano. 
Slo le importaba el hecho de que la mesa es nica en su gnero y que su 
valor excede los treinta mil dlares. La posicin de las luces no est 
calculada para facilitar el juego, sino para exhibir la mesa.
-Cuando ms voy viendo de este lugar -dijo Ben-, mejor creo 
comprenderle, pero ms difcil se me hace entender que llegaras a casarte 
con l.
-Era joven, insegura de m misma, puede que a la busca de una figura 
paterna que haba estado ausente en mi vida. l era eminentemente 
tranquilo, muy seguro de s mismo. Vi en l a un hombre poderoso, capaz 
de labrarse un lugar en el mundo, un refugio en la ladera de la montaa 
donde me sentira segura y estable. Entonces cre que eso era lo que 
deseaba.
En lo que acababa de decir estaba implcita la confesin de que su infancia 
y adolescencia haban sido difciles en el mejor de los casos, confirmando 
lo que Ben sospechaba desde haca meses. Raramente hablaba de sus 
padres o de la escuela y Ben crea que las experiencias negativas de aquella 
poca le hacan aborrecer el pasado, desconfiar del incierto futuro y 
concentrarse, con extraordinaria habilidad defensiva, en los placeres 
grandes o pequeos del momento.
Deseaba profundizar ahora en el tema, pero antes de poder abrir la boca, 
cambi inesperadamente el ambiente. Al entrar los invadi la sensacin de 
un peligro inminente, que fue desvanecindose al ir de sala en sala, con la 
creciente conviccin de que no haba ningn intruso oculto en la casa. 
Rachael haba bajado la mano en la que llevaba la pistola, que apuntaba 
ahora al suelo. Pero de pronto el ambiente se torn nuevamente 
amenazante, al descubrir tres inconfundibles huellas dactilares y parte de la 
impresin de la palma de la mano, del color del vino tinto, sobre el 
tapizado blanco como la nieve del brazo de un sof. Mirndolo 
detenidamente, pareca sangre.
Ella se agach junto al sof para examinar de cerca las huellas y Ben 
percibi que temblaba.
-Maldita sea -dijo con la voz entrecortada-, ha estado aqu. Me lo tema. 
Dios mo. Aqu ha ocurrido algo -agreg tocando la desagradable mancha 
con un dedo, retirando inmediatamente la mano y estremecindose-. 
Hmeda. Dios mo, est hmeda.
-Quin ha estado aqu? -pregunt Ben-. Qu ha ocurrido?
Contempl el dedo con el que haba tocado la mancha y su rostro estaba 
distorsionado por el terror. Levant lentamente la cabeza para mirar a Ben, 
que estaba a su lado y ste crey que, dado el estado de terror al que haba 
llegado, se sincerara finalmente con l y le pedira ayuda. Pero al cabo de 
unos instantes percibi que su fuerza de voluntad y autocontrol invadan 
nuevamente su mirada y su maravilloso rostro.
-Vamos -dijo Rachael-. Inspeccionemos el resto de la casa. Y por lo que 
ms quieras, ten cuidado.
Ben la sigui mientras ella continuaba buscando, con la pistola de nuevo 
por delante.
En la enorme cocina, casi tan bien equipada como la de un buen 
restaurante, encontraron cristal roto por el suelo. Haba un cristal roto en la 
puerta trasera que daba al patio.
-El sistema de alarma no sirve de nada si no se utiliza -dijo Ben-. Por qu 
habra salido Eric dejando la casa sin proteccin?
Rachael no respondi.
-Y no tiene ningn sirviente que viva en la finca?
-S, una pareja encantadora con un piso sobre el garaje.
-Dnde estn? No habrn odo algo?
-Los lunes y los martes son sus das libres. Suelen ir a Santa Brbara a 
visitar la familia de su hija.
-Alguien ha forzado la puerta -dijo Ben, dando un suave puntapi a un 
pedazo de cristal roto en el suelo-. No te parece que lo que ahora debemos 
hacer es llamar a la polica?
-Miremos arriba -se limit a responder.
Como la sangre en el sof, la angustia haba impregnado su voz. Pero 
todava peor. Haba en ella tal frialdad, un aire tan lgubre y sombro, que 
era fcil imaginar que jams volvera a rerse.
Pensar en Rachael sin que se riera era algo atroz.
Subieron cautelosamente por la escalera, entraron en el vestbulo superior y 
comenzaron a inspeccionar las habitaciones del segundo piso, con la misma 
precaucin que si desenroscaran un enorme ovillo de cuerda, en cuyo 
interior supieran que se oculta una serpiente venenosa.
Al principio estaba todo en su lugar y no descubrieron nada inusual, hasta 
llegar al dormitorio principal, que estaba patas arriba. El contenido de un 
enorme armario empotrado (camisas, pantalones, jerseys, zapatos, trajes, 
corbatas y mucho ms) estaba todo rasgado y esparcido por el suelo. Las 
sbanas, el edredn blanco y las almohadas de pluma, abiertas, en un 
disforme montn. El colchn destrozado con los muelles al aire. Dos 
lmparas de cermica negra rotas, con las pantallas despedazadas y 
aparentemente pisoteadas. Cuadros de incalculable valor arrancados de las 
paredes, hechos aicos e irrecuperablemente destruidos. De las dos 
elegantes sillas estilo Klismos, una estaba patas arriba y la otra se haba 
utilizado para golpear la pared hasta arrancar enormes trozos de yeso y 
reducir el mueble a un montn de lea.
Ben percibi que tena carne de gallina en los brazos y un escalofro le 
subi por la espalda.
Al principio crey que la destruccin era obra de alguien a la busca 
sistemtica de objetos de valor, pero al fijarse ms detenidamente 
comprendi que se no era el caso. El autor de los desperfectos estaba 
incuestionablemente muy furioso y haba destrozado la habitacin con 
perversa alegra o en un arrebato de odio. Era evidentemente muy fuerte y 
poco cuerdo. Alguien extrao e infinitamente peligroso.
Con una despreocupacin nacida del medio, Rachael entr en la habitacin 
contigua, una de las dos que an no haban inspeccionado, pero el intruso 
tampoco estaba all. Regres al dormitorio principal para contemplar los 
desperfectos, plida y temblorosa.
-La puerta forzada, irrupcin en la casa y ahora expoliacin -dijo Ben-. 
Quieres que llame a la polica o prefieres hacerlo t?
En lugar de responder, entr en el ltimo de los lugares que les quedaba por 
inspeccionar, un enorme ropero, del que sali al cabo de un momento 
exclamando:
-La caja fuerte ha sido abierta y est vaca.
-Adems robo. Ahora tenemos que llamar a la polica, Rachael.
-No -dijo con esa frialdad que la impregnaba como un manto gris y 
hmedo, presente ahora en su mirada, cubriendo sus normalmente alegres 
ojos verdes con un apagado brillo.
A Ben le inquietaba ms su tristeza que su miedo, ya que indicaba la 
prdida de esperanza. Rachael, su Rachael, a quien haba credo incapaz de 
desesperarse, estaba ahora al borde de la desesperacin.
-No quiero que intervengan los polis -dijo.
-Por qu no? -pregunt Ben.
-Si llamo a la polica, ser indudablemente asesinada.
-Cmo? Asesinada? Por la polica? Qu diablos ests diciendo?
-No, no por la polica.
-Entonces quin? Por qu?
-No tena que haberte trado aqu -dijo mordindose nerviosamente la ua 
del pulgar izquierdo.
-No puedes deshacerte de m, Rachael. Vamos, no crees que ha llegado el 
momento de que te sinceres conmigo?
-Miremos en el garaje -dijo haciendo caso omiso de su splica-, para ver si 
falta algn coche -agreg saliendo de la habitacin, sin dejarle otra 
alternativa ms que seguirla mientras protestaba dbilmente.
Un Rolls-Royce blanco. Un jaguar familiar del mismo color verde oscuro 
que los ojos de Rachael. Dos espacios vacos. Y al fondo, un Ford 
polvoriento, antiguo y destartalado, con la antena rota.
-Tendra que haber un Mercedes 560 SEL negro -retumb la voz de 
Rachael por las paredes del enorme garaje-. Eric lo utiliz para ir a la 
reunin con los abogados esta maana. Despus del accidente..., cuando 
Eric haba muerto, Herb Tuleman, el abogado, me ha dicho que mandara a 
alguien que lo trajera y lo dejase aqu en el garaje. Herb es alguien en quien 
se puede confiar plenamente. Cumple siempre su palabra. Estoy segura de 
que lo han devuelto. Y ahora ha desaparecido.
-Robo de coche -dijo Ben-. Cuntos delitos te hacen falta para que te 
decidas a llamar a la polica?
Se acerc al ltimo espacio, donde estaba aparcado el Ford destartalado, a 
la luz violenta y azulada de un fluorescente que colgaba del techo.
-Y ste no debera estar aqu. No es de Eric.
-Probablemente es el que ha trado el ladrn -dijo Ben- y que ha decidido 
cambiar por el Mercedes.
Con evidente cautela y la pistola levantada, abri con un crujido una de las 
puertas delanteras del vehculo y mir en su interior.
-Nada.
-Qu suponas? -pregunt Ben.
Abri una puerta trasera y mir en la parte posterior.
Tampoco hall nada.
-Rachael, este silencio de esfinge es sumamente molesto.
Se acerc de nuevo a la puerta del conductor, que ya haba abierto antes, 
volvi a abrirla, mir junto al volante, vio las llaves y las cogi.
-Rachael, maldita sea.
La suya no era simplemente una expresin turbada. Sus facciones parecan 
esculpidas en piedra, configurando un rostro que ya no cambiara hasta el 
fin de los tiempos.
-Qu ests buscando? -le pregunt, siguindola hasta el maletero.
-El intruso no habra dejado aqu su coche, sabiendo que as se le 
localizara -dijo mientras intentaba introducir la llave en el cerrojo del 
maletero-. No dejara una pista tan fcil. De ningn modo. Por consiguiente 
es posible que haya venido en un coche robado, por medio del cual no se le 
pueda localizar.
-Es probable que tengas razn -dijo Ben-, pero no creo que halles su 
documentacin en el maletero. Comprobemos la guantera.
-No es la documentacin lo que busco -dijo introduciendo la llave en el 
cerrojo.
-Entonces qu?
-En realidad no lo s. Slo que... -dijo haciendo girar la llave con un clic y 
abriendo el maletero.
En el interior haba un fino charco de sangre y Rachael emiti una especie 
de quejido lejano.
Ben mir ms atentamente y vio un zapato femenino azul de tacn alto, en 
un rincn del Maletero. En otro rincn haba unas gafas de mujer, con el 
puente roto y con un solo cristal quebrado.
-Dios mo -exclam Rachael-, no slo ha robado el coche, sino que ha 
asesinado a la mujer que lo conduca. La ha matado y ha metido su cuerpo 
en el maletero, hasta que ha tenido oportunidad de deshacerse del mismo. 
Y ahora hasta dnde llegar? Dnde acabar? Quin le detendr?
A pesar del tremendo impacto de su hallazgo, Ben era consciente de que 
Rachael no hablaba de un ladrn no identificado. Su temor era mucho ms 
especfico.
7.
Jueguecillos maquiablicos.

Un par de polillas blancas revoloteaban alrededor de la luz fluorescente que 
colgaba del techo, embistiendo el tubo, como obedeciendo un instinto 
suicida, frustrado, por alcanzar la llama. La proyeccin de sus sombras, 
muy ampliada, zigzagueaba por las paredes, sobre el Ford y contra el 
reverso de la mano con que Rachael se cubra el rostro.
Un metlico olor a sangre emanaba del maletero abierto del vehculo. Ben 
dio un paso atrs para alejarse del nauseabundo efluvio.
-Cmo lo sabas? -pregunt.
-Saber qu? -dijo Rachael, con los ojos todava cerrados, la cabeza baja y 
su bronceado cabello cado, cubrindole medio rostro.
-Cmo sabas lo que podamos encontrarnos en el maletero?
-No lo saba. Tema que podamos hallar... algo. Algo distinto. Pero no 
esto.
-Entonces qu suponas que podamos hallar?
-Tal vez algo peor.
-Como qu?
-No hagas preguntas.
-Tengo que hacerlas.
Los mullidos cuerpos de las polillas seguan golpendose rtmicamente 
contra el fluorescente.
Rachael abri los ojos, movi la cabeza y comenz a alejarse del 
destartalado Ford.
-Largumonos de aqu.
-Ahora tenemos que llamar a la polica -dijo Ben, cogindola del brazo-. Y 
tendrs que contarles lo que sepas sobre lo que est ocurriendo aqu. Por 
consiguiente podras empezar por explicrmelo a m.
-Nada de polica -dijo sin querer o poder mirarle.
-Hasta ahora no he tenido inconveniente en seguirte la corriente.
-Nada de polica -insisti.
-Pero alguien ha sido asesinado!
-No hay cadver.
-Maldita sea, no basta con la sangre?
-Benny, por favor, te lo ruego -dijo dndose la vuelta y por fin mirndole a 
los ojos-, no discutas conmigo. No hay tiempo para discusiones. Si el 
cadver de esa pobre mujer estuviera en el maletero sera diferente y quizs 
podramos llamar a la polica, entonces tendran algo en que basarse y 
actuaran con rapidez. Pero al no haber cadver, no harn ms que 
preguntas, preguntas interminables y no creern las respuestas que podra 
ofrecerles, con lo que se acabar perdiendo mucho tiempo. Y esto es algo 
que no puedo permitirme, porque muy pronto habr gente buscndome... 
gente muy peligrosa.
-Quin?
-En el supuesto de que ya no lo estn haciendo. No creo que hayan podido 
enterarse de que el cuerpo de Eric ha desaparecido, no todava, pero si lo 
saben vendrn aqu. Debemos marcharnos.
-Quin? -pregunt exasperado-. Quines son? Qu buscan? Qu 
desean? Por todos los santos, Rachael, sincrate conmigo.
-Hemos acordado que podas venir conmigo, pero sin interrogarme -dijo 
moviendo la cabeza.
-No he prometido tal cosa.
-Maldita sea, Benny, mi vida corre peligro.
Estaba muy seria; hablaba con absoluta sinceridad; tema de-
sesperadamente por su vida y esto bast para que Ben dejara de presionarla 
y optase por seguir cooperando.
-Pero la polica podra protegerte -dijo con tono suplicante.
-No de los que probablemente querrn eliminarme.
-Hablas de ellos como si fueran demonios.
-Por lo menos.
Le dio un pequeo abrazo y le bes suavemente en los labios. Se senta 
bien en sus brazos. A l le trastornaba profundamente la perspectiva de un 
futuro sin ella.
-Eres maravilloso por querer estar a mi lado -dijo Rachael-. Pero debes irte 
a tu casa. Aljate. Deja que yo me ocupe de esto.
-De ningn modo.
-Entonces no te entrometas. Y ahora, vmonos.
Apartndose de l, cruz el garaje de cinco plazas en direccin a la puerta 
por la que se entraba en la casa.
Cay una polilla y le revolote por el rostro, como si en aquel momento el 
brillo de sus sentimientos por Rachael fuera mayor que el del fluorescente. 
Se la sacudi de encima y cerr el maletero del Ford, dejando que la sangre 
hmeda coagulara y creciera el olor nauseabundo.
Sigui a Rachael.
En el fondo del garaje, junto a la puerta que conduca a la casa a travs de 
la lavandera, se detuvo para observar algo que haba en el suelo. Cuando 
Ben la alcanz, vio ropa amontonada en un rincn, que les haba pasado 
desapercibida a ambos al entrar en el garaje. Haba un par de zapatos de 
plstico blanco, blando, con suela y tacn de goma blanca, anchos, y con 
cordones blancos; un pantaln ancho, verde claro, de algodn, con cordn a 
la cintura; y una camisa ancha de manga corta, que haca juego con el 
pantaln.
Cuando levant la cabeza para mirar a Rachael, vio que su rostro no era ya 
slo plido y macilento; pareca cubierto de ceniza, gris, marchito.
Volvi a fijarse en la ropa. Vio que era el tipo de uniforme que usaban los 
cirujanos para entrar en el quirfano, conocido en los hospitales como 
uniforme blanco. En otra poca haban sido realmente blancos, pero en la 
actualidad solan ser verde plido. Sin embargo, no slo los cirujanos lo 
utilizaban. Muchos funcionarios del hospital vestan el mismo uniforme. 
Incluso en el depsito de cadveres, haca poco que haba visto a los 
patlogos y a los ayudantes con esa misma ropa.
Rachael aspir fuertemente, produciendo una especie de silbido entre sus 
dientes cerrados, se estremeci y entr en la casa.
Ben titube un poco, observando atentamente los zapatos y la ropa 
abandonados. Absorto en el suave tono verdoso, ensimismado con las 
formas caprichosas de las arrugas, con la cabeza en un torbellino y el 
corazn latindole con extraordinaria fuerza, reflexionaba casi sin 
respiracin sobre el significado de lo que vea.
Cuando por fin logr romper el encanto y se apresur para alcanzar a 
Rachael, se dio cuenta de que tena el rostro empapado de sudor.
Rachael conduca con excesiva velocidad al dirigirse hacia el nuevo 
edificio de Geneplan en Newport Beach. Era una experta al volante, pero 
Ben se alegraba de llevar abrochado el cinturn de seguridad. Saba, por 
experiencia, que conducir era una de las cosas que ms le gustaba en la 
vida; senta la emocin de la velocidad, el deleite de la maniobrabilidad de 
su SL. Sin embargo, aquel da tena demasiada prisa para disfrutarlo y, sin 
llegar a ser imprudente, la velocidad con que tomaba algunas curvas y la 
rapidez con que cambiaba de carril, no habran permitido calificarla de 
tmida.
-Ests metida en algn tipo de lo que te impide llamar a la polica? -le 
pregunt Ben-. Es eso?
-Te refieres a que los polis puedan descubrir algo contra m?
-Es eso lo que ocurre?
-No -respondi sin titubeo alguno y sin ningn resquicio de engao.
-Porque si te has metido en algn lo con gente indeseable, nunca es 
demasiado tarde para echarse atrs.
-No se trata de eso.
-Magnfico. Me alegro de que as sea.
El tenue reflejo del tablero de mandos del coche era lo suficientemente 
claro como para iluminar ligeramente su rostro, pero no para poner de 
relieve la tensin y enfermiza palidez que le haba provocado el miedo. 
Para Ben tena ahora el mismo aspecto que cuando pensaba en ella sin 
verla: arrebatador.
En otras circunstancias, con destino distinto, la escena habra sido propia de 
un sueo perfecto o de una maravillosa pelcula de poca. Despus de todo, 
qu poda ser ms emocionante o exquisitamente ertico que viajar en un 
elegante deportivo con una mujer hermosa, surcando la noche en pos de un 
lugar romntico, donde las sbanas sustituiran a los mullidos asientos 
anatmicos y la emocin de la velocidad habra servido de preludio al amor 
apasionado y desenfrenado?
-No he hecho nada malo, Benny -le dijo.
-Nunca lo supuse.
-Has sugerido...
-Tena que preguntrtelo.
-Tengo aspecto de malvada?
-Tienes un aspecto angelical.
-No hay peligro de que acabe en la crcel. Lo peor que puede ocurrirme es 
que me maten.
-Maldita sea, lo impedir.
-Eres verdaderamente encantador -le dijo apartando momentneamente los 
ojos de la carretera y brindndole una pequea sonrisa-. Muy encantador.
Le sonri slo con los labios, sin que el miedo desapareciera de su rostro ni 
cambiara su perturbada mirada. Y por muy encantador que creyera, segua 
sin estar dispuesta a compartir ninguno de sus secretos.
Llegaron a Geneplan a las once y media.
La central de la empresa del doctor Eric Leben consista en un edificio, 
predominantemente de cristal, de cuatro plantas, situado en un exclusivo 
parque comercial de Jamboree Road, en Newport Beach, de un elegante 
diseo irregular hexadrio, con abundante mrmol y prtico de cristal. 
Normalmente Ben detestaba esa arquitectura, pero tuvo que reconocer, a 
regaadientes, que la central de Geneplan tena cierto atractivo en su 
audacia. El aparcamiento estaba dividido en varias secciones, separadas por 
jardineras con geranios trepadores repletos de flores rojas y blancas. El 
edificio estaba rodeado por una amplia zona verde, con palmeras 
artsticamente ubicadas. Incluso a una hora tan avanzada, los rboles, el 
terreno y el edificio estaban iluminados con focos situados 
estratgicamente, que daban al lugar una sensacin dramtica e importante.
Rachael condujo su Mercedes hasta la parte trasera del edificio, donde una 
pequea rampa conduca a un gran portaln, que evidentemente se abra 
para permitir el acceso de camiones a una zona de carga y descarga en el 
stano. Condujo hasta el fondo y aparc junto a la puerta, a un nivel 
inferior al del suelo, con muros de hormign a ambos lados.
-Si a alguien se le ocurre que puedo haber venido a Geneplan y pasa en 
busca de mi coche, le ser imposible verlo aqu.
Al apearse, Ben se dio cuenta de que en Newport Beach, cerca del mar, las 
noches eran mucho ms frescas y agradables que en Santa Ana o en Villa 
Park. Estaban demasiado lejos del ocano (unos tres kilmetros) para or 
las olas u oler las algas y la sal, pero no obstante se perciba el aire del 
Pacfico.
Junto al portaln haba una pequea puerta, con dos cerrojos, que conduca 
tambin al stano.
Cuando viva con Eric, Rachael le haba llevado mensajes a Geneplan en 
ocasiones en que l no poda hacerlo personalmente y no quera confiar la 
misin a un subordinado, para lo cual tena las llaves del edificio. El da en 
que le abandon, las dej sobre una mesa del vestbulo en la casa de Villa 
Park. Esta noche, las haba hallado exactamente en el mismo lugar donde 
las haba dejado un ao antes, sobre la mesa, junto a una vasija japonesa 
del siglo XIX, cubiertas de polvo. Evidentemente, Eric le haba prohibido a 
la criada que las tocara, con el objeto de que su presencia inalterada le 
sirviera a Rachael de sutil humillacin, cuando regresara de rodillas junto a 
l. Por suerte le haba negado esa perversa satisfaccin.
Eric Leben haba sido claramente un cabrn con una arrogancia suprema y 
Ben se alegraba de no haberle conocido.
Ahora Rachael abri la puerta de acero, entr en el edificio y encendi las 
luces de una reducida zona de carga del stano. Empotrada en la pared de 
hormign, haba una caja del sistema de alarma, en la que marc una serie 
de nmeros. Los dos pilotos rojos se apagaron y se encendi una luz verde, 
indicando que el sistema estaba desactivado.
Ben la sigui hasta el fondo de la sala, aislada del resto del stano por 
razones de seguridad. Junto a la prxima puerta haba otro sistema de 
alarma, independiente del anterior. Ben observ como lo desactivaba con 
otro cdigo numrico.
El primero est basado en la fecha de nacimiento de Eric y ste en la ma. 
Hay otros ms adelante -dijo Rachael.
Siguieron adelante, alumbrndose con la linterna que haba cogido en Villa 
Park, ya que no quera encender ninguna luz que se viera desde el exterior.
-Pero t tienes perfecto derecho a estar aqu -dijo Ben-. Eres su viuda y casi 
con toda seguridad lo has heredado todo.
-S, pero si cierta gente pasa por delante y ve las luces encendidas, 
imaginarn que soy yo y vendrn a por m.
Habra querido que le dijera quin era esa cierta gente, pero saba que no 
poda preguntrselo. Rachael avanzaba con rapidez, impaciente por hacerse 
con lo que fuera que haban ido a buscar. No estara ms dispuesta a 
responder sus preguntas que en Villa Park.
Acompandola por el stano y en el ascensor que conduca al segundo 
piso, Ben estaba cada vez ms intrigado con el extraordinario sistema de 
seguridad, cuando no haba nadie en el edificio. Fue preciso desactivar otra 
alarma antes de llamar el ascensor. Al llegar al segundo piso, entraron en 
un vestbulo planificado desde el punto de vista de la seguridad. A la luz de 
la linterna de Rachael, Ben vio una gruesa alfombra color paja, un 
espectacular escritorio de mrmol, castao y bronce de la recepcionista, 
media docena de sillones de bronce y cuero para las visitas, mesillas de 
cristal y bronce y tres etreos cuadros que podan ser de Martin Green, pero 
incluso sin la luz de la linterna habra visto los dos pilotos rojos que 
brillaban en la oscuridad. Tres puertas de bronce bruido, probablemente 
blindadas e impenetrables, con pilotos rojos junto a cada una de ellas, 
constituan la nica salida del vestbulo.
-Esto no es nada, comparado con los sistemas de seguridad de las plantas 
tercera y cuarta -dijo Rachael.
-Qu hay ah arriba?
-Los ordenadores y los duplicados de los bancos de datos de la 
investigacin. Cada centmetro est cubierto por detectores infrarrojos, 
snicos y visuales.
-Vamos a subir?
-Afortunadamente no es necesario. Y, gracias a Dios, tampoco tenemos que 
ir a Riverside County.
-Qu hay en Riverside?
-Los laboratorios de investigacin. Todas las instalaciones estn bajo tierra. 
No slo por razones de aislamiento biolgico, sino como medida de 
seguridad contra el espionaje industrial.
Ben era consciente de que Geneplan era una empresa punta en la industria 
de mayor desarrollo y ms brutalmente competitiva del mundo. La carrera 
desenfrenada por ser los primeros en lanzar un nuevo producto al mercado, 
junto a la competitividad natural del tipo de individuos que trabajan en la 
misma, justificaban la necesidad de proteger sus secretos comerciales y 
cientficos con un celo explcitamente paranoico. No obstante, no estaba 
del todo preparado para la evidente mentalidad de asedio, subyacente en la 
planificacin del sistema de seguridad de Geneplan.
El doctor Eric Leben era especialista en recombinacin del ADN, una de 
las figuras ms brillantes en la ciencia de rpida expansin de la divisin 
gentica. Y Geneplan era una de las primeras empresas de la industria 
bioqumica, sumamente rentable, basada en esta nueva ciencia desde 
finales de los aos setenta.
Eric Leben y Geneplan posean una serie de valiosas patentes de 
organismos y nuevas plantas manipulados genticamente, entre las que se 
hallaba la de un microbio que produca una vacuna extraordinariamente 
eficaz contra la hepatitis, actualmente pendiente de aprobacin por parte de 
la autoridad sanitaria, pero que en un ao como mximo estara en el 
mercado; otro microorganismo manipulado que constitua una supervacuna 
contra todo tipo de herpes; una nueva variedad de maz que creca aunque 
fuera regado con agua salada, lo que le permita vivir en zonas ridas 
cercanas a la costa, donde todo cultivo haba sido imposible; una nueva 
familia de ctricos genticamente modificados, a los que no afectaba la 
mosca californiana, el cncer de la naranja ni muchas otras enfermedades, 
con lo que se evitaba en gran parte el uso de pesticidas en la industria 
ctrica. Cada una de dichas patentes poda tener un valor de decenas, o 
incluso centenares, de millones de dlares y a Ben le pareci comprensible 
la actitud paranoica de Geneplan para proteger la informacin relacionada 
con la creacin de dichas minas de oro, invirtiendo en ello una pequea 
fortuna.
Rachael se acerc a la puerta central, desactiv la alarma y, con otra llave, 
abri el cerrojo.
Cuando Ben la sigui y cerr la puerta a su espalda, se dio cuenta de que 
era tremendamente pesada y de que habra sido imposible moverla, de no 
haber estado perfectamente equilibrada y montada con enorme pericia 
sobre bisagras de cojinetes.
Le condujo por una especie de pasillos oscuros y silenciosos, a travs de 
otras puertas, hasta las habitaciones privadas de Eric. Para entrar en las 
mismas fue necesario desactivar otra alarma.
Por fin en el sanctasanctrum, cruz una gran extensin cubierta por una 
alfombra china antigua, de color rosa y paja, hasta el enorme escritorio de 
Eric. Era ultramoderno, como el de la recepcin, pero ms caro y suntuoso, 
construido con un raro mrmol con venas de oro y malaquita pulida.
El concentrado rayo de la linterna iluminaba slo el centro de la sala, 
mientras Rachael avanzaba decididamente, por lo que Ben tena apenas una 
visin espordica y penumbrosa de la decoracin. Pareca todava ms 
moderna que las dems estancias de Eric Leben, decididamente futurista.
Dej el bolso y la pistola sobre el escritorio y se dirigi hacia la pared del 
fondo, donde Ben se reuni con ella. Dirigi la luz de la linterna hacia un 
cuadro de ms de un metro cuadrado que haba contra la misma: anchas 
franjas de un amarillo sombro y un gris muy deprimente, separadas por 
una fina pincelada de un color morado, semejante al de la sangre 
coagulada.
-Otro Rothko? -pregunt Ben.
-S. Y con otra funcin importante adems de la artstica.
Pas la mano, palpando bajo el marco de acero bruido. Se abri un 
pestillo y el cuadro se separ de la pared, a la que estaba sujeto por medio 
de unas bisagras, en lugar de estar simplemente colgado de un cable. Detrs 
del Rothko estaba la puerta circular de unos sesenta centmetros de 
dimetro de una caja fuerte, con su resplandeciente manecilla y 
combinacin alfabtica.
-Tpico -exclam Ben.
-No exactamente. No es una caja fuerte comn. Muros de acero de diez 
centmetros y puerta con apertura de quince. No slo empotrada en la 
pared, sino soldada a las vigas de acero del edificio. Precisa no una 
combinacin sino dos, la primera en un sentido y la segunda a la inversa. 
Incombustible y prcticamente indestructible.
-Qu guarda ah, el secreto de la vida?
-Dinero, supongo, como en la de la casa -respondi entregndole la 
linterna, mientras comenzaba a marcar la primera combinacin-, y 
documentos importantes.
-Qu es lo que estamos buscando exactamente? -pregunt Ben, 
iluminando el cerrojo-. El dinero?
-No. Una carpeta. Tal vez un cuaderno de notas.
-Qu contiene?
-Lo esencial de un importante proyecto de investigacin. Una especie de 
sntesis de lo descubierto hasta el momento, incluidos los informes que 
Morgan Lewis le mandaba regularmente a Eric. Lewis es el director del 
proyecto. Y, con un poco de suerte, tambin nos encontraremos con el 
cuaderno de proyectos personal de Eric, donde expone sus ideas prcticas y 
filosficas sobre el tema.
A Ben le sorprendi que le respondiera. Estaba finalmente dispuesta a 
sincerarse, aunque slo fuera parcialmente, con l?
-Qu tema? -pregunt-. De qu trata este proyecto de investigacin en 
particular?
En lugar de responderle, se sec sus sudados dedos en la blusa, antes de 
marcar el primer nmero de la segunda combinacin.
-A qu hace referencia?
-Debo concentrarme, Benny -replic-. Si me equivoco de una cifra, tendr 
que comenzar nuevamente desde el principio.
Haba recibido toda la informacin que Rachael estaba dispuesta a 
ofrecerle, cuatro datos sobre determinado proyecto. Pero no se resignaba a 
permanecer impasible e insisti:
-Debe de haber centenares de carpetas sobre decenas de proyectos; por 
consiguiente, si aqu guarda una sola, debe tratarse de lo ms importante en 
lo que se trabaja actualmente en Geneplan.
Forzando la vista y con la lengua entre los dientes, Rachael se concentraba 
plenamente en la combinacin.
-Algo grande -insisti Ben.
No le respondi.
-O algn proyecto de investigacin para el gobierno o el ejrcito. Algo de 
extrema importancia.
-Maldita sea -exclam Rachael despus de marcar la ltima cifra, hacer 
girar la manecilla y abrir la puerta de acero.
La caja estaba vaca.
-Han llegado antes que nosotros -dijo.
-Quines? -pregunt Ben.
-Deben de haber sospechado que lo saba.
-Quines han sospechado?
-De no ser as, no se habran apresurado tanto en recoger la informacin.
-Quines? -insisti Ben.
-Sorpresa -dijo una voz masculina a su espalda.
Mientras Rachael boqueaba, Ben se haba dado ya la vuelta en busca del 
intruso. A la luz de la linterna vio a un individuo alto, calvo, con un traje 
deportivo castao claro y con una camisa a rayas verdes y blancas. Debido 
a la ausencia total de cabello era de suponer que se afeitaba la cabeza. 
Tena el rostro anguloso, boca ancha, nariz aguilea, pmulos eslavos y 
ojos grises del tono del hielo mancillado. Estaba al otro lado del escritorio. 
Se pareca a Otto Preminger, el director de cine, elegante a pesar de su traje 
deportivo. Evidentemente inteligente. Potencialmente peligroso. Haba 
confiscado la pistola que Rachael haba dejado sobre el escritorio a su 
llegada, junto al bolso.
Lo peor era que en la mano tena un Magnum de combate modelo 19, 
Smith & Wesson; revlver con el que Ben estaba familiarizado y por el que 
senta un profundo respeto. Estaba construido meticulosamente con un 
can de diez centmetros, diseado para cartuchos Magnum del calibre 
357, con un peso moderado de 980 gramos y la potencia y precisin 
necesarias para la caza del ciervo. Con cartuchos de expansin o con balas 
perforadoras era una de las armas porttiles ms peligrosas del mundo.
A la luz de la linterna, los ojos del intruso tenan un brillo extrao.
-Hgase la luz -dijo el calvo, levantando un poco la voz.
De pronto las luces del techo cobraron vida, evidentemente activadas por 
un interruptor sensible a la voz, propio de las preferencias de Eric Leben 
por lo ultramoderno.
-Vincent, guarda ese revlver -dijo Rachael.
-Me temo que eso no ser posible -respondi el calvo.
A pesar de su cabeza completamente pelada, tena abundante vello en el 
reverso de la mano, casi parecida a la piel de un animal, con pelos incluso 
entre los nudillos.
-No hay por qu recurrir a la violencia -dijo Rachael.
Con su cida sonrisa, el ancho rostro de Vincent adquiri una expresin de 
maldad premeditada.
-En serio? No hay por qu recurrir a la violencia? Supongo que sa es la 
razn por la que has venido armada -dijo mostrando la pistola que haba 
recogido del escritorio.
Ben saba que el Magnum de combate de Smith & Wesson tena un 
retroceso dos veces superior al del cuarenta y cinco, por lo que estaba 
diseado con una enorme empuadura. A pesar de la extraordinaria 
precisin para la que estaba construido, sus disparos podan ser muy 
inexactos, en manos de un tirador sin experiencia a quien su violento 
retroceso cogiera por sorpresa. Si el calvo no era consciente de la tremenda 
potencia del arma que tena en la mano, si careca de experiencia, sus dos 
primeros disparos acabaran casi con toda seguridad contra la pared, sobre 
sus cabezas, con lo que Ben tendra oportunidad de lanzarse contra l y 
dominarle.
-Nos negbamos a creer que Eric hubiera podido ser tan inconsciente como 
para hablarte de Wildcard -dijo Vincent-. Pero al parecer lo hizo ese pobre 
desgraciado, o de lo contrario no estaras aqu registrando la caja fuerte de 
su despacho. Por muy mal que te tratara, Rachael, an senta debilidad por 
ti.
-Era demasiado orgulloso -dijo Rachael-. Siempre lo haba sido. Le gustaba 
vanagloriarse de sus xitos.
-El noventa y cinco por ciento del personal de Geneplan no sabe nada del 
proyecto Wildcard -dijo Vincent-. Es sumamente secreto. Creme, por 
mucho que hayas podido odiarle, l te crea muy especial y no se habra 
jactado de ello con nadie ms que contigo.
-No le odiaba, me daba lstima. Y ahora ms que nunca. Vincent, sabas 
que haba violado la ms fundamental de las normas?
-No lo he sabido hasta... esta noche -respondi Vincent moviendo la 
cabeza-. Ha sido una locura.
Observando atentamente al calvo, Ben lleg a la lamentable conclusin de 
que era un experto con el Magnum de combate y de que no le sorprendera 
su retroceso. Su empuadura era firme, con el brazo derecho tenso y 
extendido, el codo rgido, y el can dirigido hacia un punto intermedio 
entre Rachael y l. Slo tendra que ladearlo un par de centmetros para 
liquidar a uno, otro, o ambos.
-Olvida el maldito revlver, Vincent -dijo Rachael, sin percatarse de que 
Ben poda serle ms til en aquella situacin de lo que jams le haba dado 
razn para suponer-. No necesitamos armas. Ahora estamos todos metidos 
en el asunto.
-No -dijo Vincent-. En lo que al resto de nosotros concierne, t no ests 
metida en ello. Jams tenas que haberlo estado. Simplemente no 
confiamos en ti, Rachael. Y en cuanto a este amigo tuyo...
Sus sucios ojos grises dejaron de mirar a Rachael para concentrarse en Ben. 
Su mirada era penetrante, desconcertante. A pesar de que slo le mir un 
par de segundos, le transmiti tal frialdad que sinti un escalofro en la 
mdula.
Entonces, sin percibir que trataba con alguien mucho menos inofensivo de 
lo que las apariencias indicaban, Vincent dej de mirarle y se dirigi 
nuevamente a Rachael.
-Es completamente ajeno a la empresa. Si no estamos dispuestos a 
aceptarte a ti, qu duda cabe de que no vamos a incluirle a l.
Para Ben, lo que acababa de or cumpla todos los requisitos de una 
sentencia a muerte y por fin se decidi a actuar, con la astucia y rapidez de 
una serpiente.
-Apguese la luz! -exclam, arriesgndose a que con dicha orden 
reaccionara el interruptor automtico.
En el mismo instante en que se apagaron las luces, Ben arroj la linterna 
contra la cabeza de Vincent pero, maldita sea, ste estaba ya disparando 
contra l, mientras Rachael (que Ben confiaba hubiese tenido el buen 
sentido de echarse al suelo) chillaba. Esperaba que la confusin generada 
en la repentina oscuridad por el rayo de la linterna en su desconcertante 
trayectoria, le proporcionara la ventaja que tanto necesitaba, ya que una 
mera fraccin de segundo, a partir del momento que se apagaron las luces y 
la linterna sali de su mano, Ben se lanz resbalando sobre el escritorio de 
malaquita, al encuentro de Vincent, entregado totalmente a la lucha sin 
rendicin, a una velocidad dos veces superior a la normal y sin embargo 
con una sensacin temporal objetiva que converta los segundos en 
minutos, al apoderarse de su cerebro el viejo programa que converta su 
cuerpo en el de un animal feroz. A continuacin, ocurrieron infinidad de 
cosas en un solo segundo: Rachael segua chillando, Ben se deslizaba sobre 
el escritorio, la linterna se desplazaba por los aires, del can del Magnum 
sali un fogonazo azul y blanco, Ben percibi el paso de la bala tan cerca 
de su cabeza que poda haberle quemado los pelos, oy el silbido y la 
explosin simultneamente, junto a la frialdad de la malaquita en su piel a 
travs de la camisa; la linterna golpe a Vincent coincidiendo con la 
explosin, cuando Ben cruzaba el escritorio, el golpe le oblig a Vincent a 
pegar un grito, la linterna cay al suelo iluminando con su rayo una estatua 
abstracta de bronce de casi dos metros de altura, en cuyo momento Ben 
acababa de cruzar el escritorio y arremeter contra su adversario, cayendo 
ambos violentamente al suelo. El revlver se dispar de nuevo, contra el 
techo. Ben estaba encima de Vincent en la oscuridad, pero con un perfecto 
sentido intuitivo de la relacin entre sus respectivos cuerpos, lo que le 
permiti levantar la rodilla entre sus muslos, asestndole un duro golpe en 
la horcajadura desprotegida, obligando a Vincent a gritar con mayor fuerza 
que Rachael. Ben le asest un nuevo rodillazo, sin compasin, sin atreverse 
a sentirla, golpendole al mismo tiempo la garganta con el vrtice de la 
mano y silenciando su chillido, le golpe en el temporal derecho, una y otra 
vez, con mayor fuerza, se oy un tercer disparo, ensordecedor y Ben le 
asest un nuevo golpe, todava con mayor fuerza; de pronto Vincent dej 
caer el revlver de su mano lacia.
-Hgase la luz! -exclam jadeante Ben.
Inmediatamente se ilumin la estancia.
Vincent estaba inconsciente, emitiendo una especie de rugidos al forzar el 
aire por su lastimada garganta.
El aire apestaba a plvora y a metal caliente.
Ben le dio la vuelta al cuerpo de Vincent y, con sumo alivio, se apoder del 
Magnum de combate.
Rachael se atrevi a salir de detrs del escritorio, agachada y cogi su 
pistola del treinta y dos, que Vincent tambin haba dejado caer. Mir a 
Ben entre estupefacta, asombrada e incrdula.
l se acerc a Vincent para examinarle. Le levant los prpados de uno y 
otro ojo, para verificar la posible presencia de dilatacin irregular, que 
podra ser sntoma de grave contusin o de lesin cerebral. Le inspeccion 
cuidadosamente el temporal derecho, donde le haba asestado un par de 
duros golpes. Le palp la garganta. Se asegur de que su respiracin, 
aunque dificultosa, no estuviera gravemente obstruida. Le cogi la mueca 
y le comprob el pulso.
-Afortunadamente no morir -suspir-. A veces es difcil calcular la fuerza 
necesaria... o la excesiva. Pero no morir. Seguir un rato inconsciente y 
cuando recobre el conocimiento necesitar atencin mdica, pero se bastar 
a s mismo para llamar al mdico.
Rachael le observaba, atnita.
Ben cogi un cojn de un silln y lo coloc bajo la cabeza de Vincent, lo 
que contribuira a mantener la trquea abierta si tena alguna hemorragia en 
la garganta. Le registr, pero no llevaba encima la documentacin del 
proyecto Wildcard.
-Debi de venir con otros. Abrieron la caja y se llevaron su contenido, 
mientras l se quedaba para esperarnos.
-Benny -le dijo Rachael ponindole una mano sobre el hombro, mientras 
ste levantaba el rostro para mirarla-, por todos los santos, t no eres ms 
que un vendedor de terrenos.
-Efectivamente -respondi haciendo caso omiso de la pregunta implcita- y 
adems uno de los mejores.
-Pero... cmo le has dominado... la forma de... tanta rapidez... violencia... 
tan seguro de ti mismo...
Con una satisfaccin tan intensa que era casi dolorosa, vio cmo se 
esforzaba por asimilar el descubrimiento de que ella no era la nica con 
secretos.
-Vmonos -le dijo sin mostrarle mayor compasin que la que ella le haba 
dispensado y dejando que la atormentara la curiosidad-. Vmonos. 
Largumonos de aqu antes de que aparezcan otros. Soy un experto en 
jueguecillos maquiavlicos, pero prefiero no practicarlos.


8.
El contenedor de basura.

Cuando un viejo borracho con el pantaln hecho un asco y una camisa 
estampada hecha jirones, entr en el callejn, amonton unas cajas y se 
encaram para buscar Dios sabe qu en el contenedor de basura, salieron 
un par de ratas del mismo y le sobresaltaron. Antes de caerse de la escalera 
improvisada, vio brevemente el cuerpo de una mujer echado en la basura. 
Llevaba un vestido amarillo claro, con un cinturn azul.
El nombre del borracho era Percy. No recordaba su apellido.
-No estoy realmente seguro de haber tenido uno -les dijo ms adelante a 
Verdad y a Hagerstrom, cuando stos le interrogaban en el callejn-. No 
recuerdo haber utilizado jams ningn apellido. Supongo que en algn 
momento deb de tenerlo, pero mi memoria ya no es lo que fue debido a ese 
vino tan repugnante que es lo nico que puedo permitirme.
-Crees que ese desgraciado la ha matado? -le pregunt Hagerstrom a 
Verdad, como si al no hablarle directamente el pordiosero no pudiera 
orlos.
-Me parece improbable -respondi Verdad con el mismo tono de voz, 
examinando a Percy con asco.
-Por supuesto. Y aunque haya visto algo importante, no sabr qu significa 
y en todo caso tampoco lo recordar.
El teniente Verdad no contest. Como inmigrante nacido en un pas menos 
justo y afortunado que al que dedicaba muy a gusto su lealtad, tena poca 
paciencia y ninguna comprensin para casos perdidos como el de Percy. 
Habiendo nacido con la ventaja inconmensurable que supona ser 
ciudadano estadounidense, cmo poda un individuo volverle la espalda a 
todas las oportunidades que se le ofrecan y elegir la degradacin y la 
miseria? Julio saba que debera compadecerse de desgraciados como 
Percy.
Saba que aquel desecho humano poda haber sufrido, soportado tragedias, 
haber sido destrozado por el destino o por la crueldad paterna. Como 
graduado de los programas de concienciamiento del departamento de 
polica, Julio estaba perfectamente familiarizado con la psicologa y la 
sociologa de los marginados, como vctimas de la sociedad. Pero le habra 
sido ms fcil comprender el pensamiento de un marciano, que simpatizar 
con individuos como aqul. Se limit a suspirar con hasto, se arregl los 
puos de su camisa blanca de seda y se ajust los gemelos de perlas, 
primero el de la derecha y a continuacin el de la izquierda.
-Se ha dado cuenta de que parece ser una ley natural, que todos los 
testigos potenciales de algn homicidio en esta ciudad estn borrachos y 
haga ms de tres semanas que no se lavan? -dijo Hagerstrom.
-Si el trabajo fuera fcil -respondi Verdad- no nos gustara tanto, no le 
parece?
-A m s. Dios mo, este individuo apesta.
Mientras hablaban a su alrededor, Percy pareca efectivamente estar en otro 
mundo. Despus de sacarse un pedazo de algo indefinido, pegado a una de 
las mangas de su camisa estampada y de soltar un profundo eructo, volvi 
al tema de su deteriorado cerebelo.
-La bebida barata confunde a uno el cerebro. Juro por Dios que el mo se 
encoge todos los das y el espacio vaco lo ocupan pelotas de pelo y 
peridicos mojados. Estoy convencido de que cuando duermo se me acerca 
un gato y me escupe las pelotas de pelo por el odo.
Pareca hablar perfectamente en serio e incluso con miedo de ese audaz 
felino invasor.
A pesar de que no era capaz de recordar su apellido, ni prcticamente nada 
ms, a Percy le quedaba el suficiente tejido cerebral, entre las pelotas de 
pelo y los peridicos mojados, como para saber que lo que deba hacer al 
encontrarse con un cadver era llamar a la polica. Y aunque no era 
exactamente un modelo para la comunidad, ni senta gran respeto por la 
ley, ni por el bienestar comn, haba ido inmediatamente en busca de la 
autoridad. Crea que por denunciar la presencia del cadver en el 
contenedor de basura, le daran alguna recompensa.
Ahora, despus de una hora de haber llegado con los tcnicos de la 
Divisin Cientfica de Investigacin y de haber interrogado en vano a 
Percy, mientras los tcnicos instalaban los faros y los encendan, el teniente 
Verdad vio cmo otra rata saltaba asustada del contenedor, en el momento 
en que los funcionarios del departamento forense, despus de haber tomado 
un montn de fotografas, comenzaban a levantar el cadver de la mujer. 
Con su asqueroso pelambre, su larga cola rosada y hmeda, el repugnante 
roedor corri junto a la pared, hacia la boca del callejn. Julio tuvo que 
hacer un verdadero esfuerzo de voluntad para no desenfundar el arma y 
liarse a tiros con el animal. Alcanz una alcantarilla con la rejilla rota y 
desapareci hacia las profundidades.
Julio odiaba las ratas. Su mera presencia alteraba la imagen que 
penosamente haba construido a lo largo de diecinueve aos de ciudadana 
estadounidense y de servicio en la polica. Cuando vea una rata, quedaba 
inmediatamente despojado de todo cuanto haba logrado en casi dos 
dcadas, para convertirse en aquel pequeo desgraciado de los suburbios de 
Tijuana, donde haba nacido en una chabola construida de escombros, 
barriles oxidados y tela asfltica. Si el inquilinato hubiera sido cuestin de 
cifras, la chabola habra pertenecido a las ratas, ya que en nmero los 
roedores superaban ampliamente a los miembros de la familia Verdad.
Observando cmo se alejaba la rata de la zona iluminada por los focos 
porttiles, para entrar en la penumbra y perderse por la alcantarilla, Julio se 
sinti como si por arte de magia su traje, su impecable camisa y sus 
mocasines Bally, se hubieran transformado en tejanos de tercera mano, una 
camiseta desgarrada y sandalias desgastadas. Sinti un escalofro y 
retrocedi momentneamente a sus cinco aos, en la abigarrada chabola de 
Tijuana un da del mes de agosto, mirando horrorizado cmo dos ratas le 
destrozaban la garganta a su hermano Ernesto, de cuatro meses. Los dems 
miembros de la familia estaban en la polvorienta calle, sentados a la escasa 
sombra, abanicndose, los pequeos jugando pacficamente y tomando 
sorbos de agua, los adultos refrescndose con la cerveza que les haban 
comprado a un par de ladrones, que la noche anterior haban dado un golpe 
en la destilera. El pequeo Julio intent chillar, quiso pedir ayuda, pero no 
sala ningn sonido de su garganta, como si el aire pesado y hmedo de 
agosto ahogara las palabras y los llantos. Las ratas, al percibir su presencia, 
adoptaron una actitud amenazadora, chirriando e incluso cuando se les 
acerc moviendo frenticamente los brazos, slo retrocedieron a 
contrapelo, despus de que una de ellas pusiera su valor a prueba, 
pegndole un mordisco en la parte ms blanda de su mano izquierda. Chill 
y sigui agitando furiosamente los brazos, logrando ahuyentar finalmente 
las ratas, y no haba dejado de chillar cuando su madre y su hermana 
mayor, Evalina, entraron abandonando el calor agobiante del exterior, para 
hallarle sollozando, con la mano ensangrentada como si hubiera sido 
crucificado y su hermanito muerto.
Reese Hagerstrom haba trabajado con Julio el tiempo suficiente para 
conocer su aversin por las ratas, pero su discrecin le impeda 
mencionrselo directa o indirectamente.
-He pensado en darle cinco pavos a Percy y decirle que se largue -le dijo 
para distraerle, ponindole una enorme mano en su fino hombro-. No ha 
tenido nada que ver con esto, no vamos a sacarle nada ms y la peste que 
desprende me da nuseas.
-Adelante -le dijo Julio-. Pongo dos y medio.
Mientras Reese se ocupaba del borracho, Julio observaba cmo levantaban 
el cadver de la mujer del contenedor. Procuraba distanciarse de la vctima. 
Intent decirse a s mismo que su aspecto no era real, que pareca ms bien 
una mueca de trapo y que puede que lo fuera, o un maniqu, un simple 
maniqu. Pero no era cierto. Su aspecto era perfectamente real. Maldita sea, 
demasiado real. La depositaron sobre el plstico que a tal fin haban abierto 
sobre la acera.
A la luz de los focos porttiles, el fotgrafo tom unas cuantas fotografas 
ms y Julio se aproxim para verla de cerca. Era una chica joven, de poco 
ms de veinte aos, con cabello negro y ojos castaos de aspecto latino. A 
pesar de cmo la haba tratado el asesino, de la basura y de las industriosas 
ratas, se perciba que haba sido por lo menos atractiva y posiblemente 
hermosa. Haba hallado la muerte con un vestido veraniego de color paja, 
con volantes azules en el cuello y en las mangas, cinturn azul y zapatos, 
tambin azules, de tacn alto.
Llevaba un solo zapato. El otro deba de estar indudablemente en el 
contenedor.
Haba algo insufriblemente triste en su alegre vestido y en su pie desnudo 
con las uas meticulosamente pintadas.
Obedeciendo las instrucciones de Julio, dos policas de uniforme se 
pusieron botas de goma, mascarilla y se metieron en el contenedor para 
examinar meticulosamente la basura. Buscaban el otro zapato, el arma 
utilizada por el asesino y cualquier cosa que pudiera estar relacionada con 
el caso.
Hallaron el bolso de la difunta. No la haban robado, tena cuarenta y tres 
dlares en el monedero. Segn su permiso de conducir, se llamaba 
Ernestina Hernndez, tena veinticuatro aos y era de Santa Ana. Ernestina.
Julio se estremeci. La similitud de su nombre y el de su hermanito muerto 
desde haca muchos aos, Ernesto, le produjo un escalofro. Tanto el uno 
como el otro haban acabado con las ratas y a pesar de que Julio no conoca 
a Ernestina, desde el momento en que supo su nombre sinti una obligacin 
profunda y slo parcialmente explicable hacia ella.
-Hallar a tu asesino -le prometi silenciosamente-. Eras encantadora, has 
muerto antes de tiempo y si hay algn tipo de justicia en el mundo, alguna 
esperanza de hallarle sentido a la vida, tu asesino no puede permanecer 
impune. Te juro que aunque tenga que ir al fin del mundo, le encontrar.
Dos minutos ms tarde hallaron una bata cubierta de sangre, del tipo que 
utilizan los mdicos. Sobre el bolsillo frontal, deca lo siguiente: 
DEPSITO DE CADVERES DE LA CIUDAD DE SANTA ANA.
-Qu diablos? -exclam Reese Hagerstrom-. Cree que la ha degollado 
alguien del depsito de cadveres?
Julio Verdad examin la bata con el ceo fruncido y no dijo nada.
Un tcnico de laboratorio dobl cuidadosamente la bata, procurando no 
sacudir ningn pelo ni fibras que pudieran estar pegados a la misma. La 
meti en una bolsa de plstico, que sell meticulosamente.
A los diez minutos, los policas del contenedor hallaron un bistur con 
residuos de sangre en la hoja. Era un instrumento caro y de alta calidad, de 
estilo quirrgico. Semejante a los utilizados en los quirfanos. O en el 
laboratorio de patologa.
Pusieron tambin el bistur en una bolsa de plstico, que dejaron junto a la 
de la bata, al lado del cadver ahora amortajado.
A media noche no haban hallado el otro zapato de la difunta. Pero quedaba 
todava un palmo de basura en el fondo del contenedor y casi con toda 
seguridad lo hallaran entre los desperdicios.


9.
Muerte instantnea.

En una clida noche del mes de junio, desplazndose a toda velocidad 
desde la carretera de Riverside hacia el este por la interestatal 15, cruzando 
Beaumont y Banning por la interestatal 10, rodeando la reserva india de 
Morongo y atravesando Cabazon en su largo recorrido, a Rachael le sobr 
tiempo para pensar. Kilmetro tras kilmetro fue dejando atrs el paisaje 
metropolitano del sur de California y las luces de la civilizacin cada vez 
eran menos y ms tenues. Se adentraban en el desierto, donde la enorme 
oscuridad se extenda a ambos lados, cuyas llanuras y colinas estaban tan 
slo adornadas por algunas escarpadas formaciones rocosas y aisladas 
yucas iluminadas por la plida luz de la luna, que creca y decreca con el 
paso de algunas rizadas nubes que surcaban el firmamento. El rido paisaje 
hablaba por s solo de la solitud e incitaba a la introspeccin, as como el 
ronroneo del motor del Mercedes y el susurro de los neumticos en el 
asfalto.
Acomodado en su asiento, Benny se obstinaba en guardar largos silencios, 
con la mirada fija en la negra carretera que iluminaban los faros. En varias 
ocasiones intentaron charlar brevemente, pero de temas tan superficiales e 
inconsecuentes que, dadas las circunstancias, la conversacin pareca 
surrealista. En un momento dado hablaron de la comida china, cayendo a 
continuacin en un profundo silencio mutuo, despus charlaron de las 
pelculas de Clint Eastwood y volvieron a sumirse en un prolongado 
silencio.
Rachael era consciente de que Benny le estaba devolviendo la pelota por 
negarse a compartir sus secretos con l. Saba con toda seguridad que la 
forma en que se haba deshecho de Vincent Baresco en el despacho de Eric 
la haba dejado atnita y que se mora de ganas por saber dnde haba 
aprendido a luchar de aquel modo. Con su actitud de frialdad y 
atormentndola con aquellos largos silencios, le aclaraba que si no le 
facilitaba ms informacin, l tampoco lo hara.
Pero Rachael no poda hacerlo. An no. Tema que ya haba puesto en 
peligro su vida involucrndole en aquel asunto y estaba enojada consigo 
misma por haberlo permitido. Estaba decidida a impedir que siguiera 
adentrndose en aquella pesadilla, a no ser que su supervivencia dependiera 
de una comprensin completa de lo que ocurra y de lo que haba en juego.
Cuando sali de la interestatal 10, para entrar en la estatal 111, a menos de 
veinte kilmetros de Palm Springs, se pregunt si poda haberle impedido 
que la acompaara al desierto. Pero al salir de las oficinas de Geneplan de 
Newport Beach su obstinacin era tal, que habra sido tan absurdo intentar 
disuadirle, como ordenarle a la marea del Pacfico que se detuviera.
Rachael lamentaba profundamente la tensin que exista entre ellos. En los 
cinco meses que haca que se conocan, sta era la primera vez que se 
sentan incmodos el uno con el otro y que en su relacin haba intervenido 
el ms mnimo resquicio de enojo, o que de algn modo no era totalmente 
armoniosa.
Despus de salir de Newport Beach a media noche, circulaban por Palm 
Canyon Drive, en el centro de Palm Springs, a la una y cuarto de la 
madrugada. Haban recorrido un total de ciento cincuenta kilmetros en 
una hora y cuarto, a un promedio de ciento veinte kilmetros por hora, lo 
que deba producirle a Rachael cierta sensacin de velocidad. Sin embargo 
su impresin era la de que se mova con excesiva lentitud, quedando cada 
vez ms rezagada con relacin a los acontecimientos y perdiendo terreno 
con cada minuto que transcurra.
En verano, con el agobiante calor del desierto, haba menos turistas en 
Palm Springs que en otras pocas del ao y a la una y cuarto de la 
madrugada la calle principal estaba prcticamente desierta. En aquella 
noche calurosa y apacible del mes de junio, las palmeras, iluminadas por la 
luz plateada de las farolas de la calle, permanecan tan inmviles como si 
formaran parte de un cuadro. La mayora de las tiendas estaban sumidas en 
la oscuridad. No haba nadie en las aceras. Las luces verdes, amarillas y 
rojas de los semforos seguan alternndose, a pesar de que el suyo era el 
nico vehculo que circulaba.
Casi se senta como si estuviera circulando por un mundo asolado por la 
hecatombe, en el que la poblacin hubiera sucumbido a alguna plaga. Tena 
la impresin de que si conectaba la radio, no oira msica alguna, sino tan 
slo el ruido de la interferencia esttica.
Desde el momento en que recibi la noticia de la desaparicin del cadver 
de Eric supo que algo terrible haba ocurrido en el mundo y con el 
transcurso de las horas aumentaba su desesperacin. Ahora, incluso una 
calle desierta que a cualquiera le habra parecido perfectamente tranquila, 
despertaba sus peores presagios. Saba que exageraba. A pesar de lo que 
ocurriera en los prximos das, no significaba el fin del mundo.
Aunque por otra parte, pensaba, poda significar el fin del suyo, el fin de su 
mundo.
Al salir del centro comercial para entrar en los barrios residenciales, desde 
los modestos a los opulentos, los sntomas de vida eran todava ms 
escasos, hasta que entr por una travesa de Futura Stone y aparc frente a 
una elegante casa bajita, estucada, de techo plano, eptome de la ntida 
arquitectura del desierto. El frondoso paisaje, repleto de ficus, euforbios, 
begonias, calndulas y margaritas de Gerber, iluminado por unas tenues 
luces de Malib, no era tpico del desierto. Las ventanas estaban a oscuras.
Le haba dicho que sta era una de las otras casas de Eric, sin revelarle la 
razn de la visita.
-Un buen refugio para las vacaciones -dijo Ben, mientras ella encenda la 
luz.
-No. Aqu ocultaba a sus amantes -replic Rachael.
La luz de la entrada penetraba en el coche, iluminando el rostro 
sorprendido de Benny.
-Cmo lo sabes? -le pregunt ste.
-Hace algo ms de un ao, precisamente una semana antes de abandonarle, 
ella, que se llamaba Cindy Wasloff, llam por telfono a Villa Park. Le 
haba dicho que slo lo hiciera en caso de extrema urgencia y que si no era 
l quien contestaba al telfono, que se identificara como secretaria de un 
colaborador. Pero estaba furiosa porque la noche anterior haba recibido 
una soberana paliza y le abandonaba. Sin embargo, antes de marcharse, 
quiso que yo lo supiera.
-Lo habas sospechado?
-Que tuviera una querida? No. Pero no me importaba. Entonces ya haba 
decidido zanjar nuestras relaciones. La escuch con simpata y obtuve la 
direccin de la casa, porque pens que quizs llegara el momento en que 
tuviera que utilizar su adulterio para librarme de l, en el caso de que no 
cooperara con lo del divorcio. A pesar de lo muy desagradable del caso, 
gracias a Dios no lleg a tanto. Habra sido muy lamentable sacarlo a la luz 
pblica... porque la chica tena slo diecisis aos.
-Cmo? La querida?
-S. Diecisis. Haba huido de su casa. A juzgar por lo que me cont, era 
una de esas chicas... Ya sabes a lo que me refiero. Comienzan con las 
drogas en la escuela primaria y... parece que les destrozan la materia gris. 
No, esto tampoco es cierto. Las drogas no llegan a destrozar las clulas 
cerebrales hasta tal punto... les roen el alma, las dejan vacas y carentes de 
objetivos. Dan pena.
-Algunas quizs -dijo Benny- y otras estn asustadas. Chiquillas sencillas, 
aburridas e indiferentes que lo han probado todo. Tanto pueden convertirse 
en desechos sociales totalmente amorales, tan peligrosamente como las 
serpientes de cascabel, como en presas fciles. Por lo que me dices deduzco 
que Cindy Wasloff era una presa fcil, que Eric la recogi del arroyo para 
divertirse con ella.
-Y al parecer no fue la primera.
-Le gustaban las jovencitas, eh?
-Le preocupaba envejecer -dijo Rachael-. Le aterrorizaba. Tena slo 
cuarenta y un aos cuando le dej, todava joven, pero cada ao por su 
aniversario enloqueca un poco ms que el anterior, como si en un abrir y 
cerrar de ojos fuera a encontrarse en un asilo de ancianos, decrpito y senil. 
Tena un miedo irracional a envejecer y morir, que se manifestaba de 
diversos modos. Por una parte, ao tras ao, cada vez le importaba ms la 
novedad en todo: coches nuevos cada ao, como si un Mercedes de doce 
meses estuviera listo para la chatarra, nuevos trajes, nuevo todo y fuera con 
lo viejo...
-De ah el arte y la arquitectura moderna, y los muebles ultramodernos.
-Efectivamente. Y siempre lo ltimo en artefactos electrnicos. Supongo 
que las jovencitas formaban parte de su obsesin por mantenerse joven y... 
engaar a la muerte. Imagino que en su tortuosa mente, al estar con 
jovencitas l se senta tambin joven. Cuando me enter de la existencia de 
Cindy Wasloff y de la casa de Palm Springs, comprend que una de las 
razones principales por las que se haba casado conmigo era el hecho de ser 
doce aos ms joven que l, veintitrs a treinta y cinco. Para l, yo no era 
ms que un medio de reducir el paso del tiempo y cuando comenc a 
acercarme a los treinta, cuando se dio cuenta de que lentamente envejeca, 
dej de cumplir su propsito y necesit la compaa de carne joven como la 
de Cindy.
Abri la puerta, se ape del automvil y Benny la sigui.
-Qu buscamos exactamente aqu? -pregunt-. No creo que se trate de su 
querida de turno. No habras conducido como un piloto de frmula uno 
simplemente para echarle un vistazo a su ltima adquisicin.
Rachael cerr la puerta, sac su 32 del bolso y se dirigi hacia la casa sin 
responderle, sin poder responderle.
La noche era clida y seca. La clara bveda del desierto estaba 
increblemente abarrotada de estrellas. El aire permaneca inmvil y, a 
excepcin de los grillos que cantaban en los matorrales, el silencio era 
absoluto.
Demasiados matorrales. Mir nerviosa a su alrededor, a las temibles formas 
y a la oscuridad que se extenda ms all de las luces de Malib. Infinidad 
de lugares donde ocultarse. Sinti un escalofro.
La puerta estaba entreabierta, lo que supona un mal presagio. Toc el 
timbre, esper, volvi a tocarlo, esper de nuevo, toc y toc, pero no 
obtuvo respuesta alguna.
-La casa probablemente te pertenece -dijo Benny, que estaba a su lado-. 
Debes de haberla heredado con todo lo dems; por consiguiente, no creo 
que necesites que te inviten para entrar.
La puerta, por el hecho de estar entreabierta, era ms invitadora de lo 
deseable. Pareca el cebo de una trampa. Si entraba, sta poda dispararse y 
cerrarse la puerta a su espalda.
Retrocedi y le peg una patada a la puerta. Se abri, golpeando la pared.
-Evidentemente, no esperas que te reciban con los brazos abiertos -dijo 
Benny.
Desde el exterior, la plida luz del portal iluminaba tenuemente el 
vestbulo, pero no tanto como ella habra deseado. Vea que no haba nadie 
en los primeros dos metros, pero alguien poda estar al acecho ms all, en 
la oscuridad.
Puesto que Benny no estaba al corriente de todo lo que Rachael saba y por 
tanto no era consciente del peligro que corra, puesto que no esperaba nada 
peor que otro Vincent Baresco con un revlver en la mano, actuaba con 
mayor audacia que ella. Le pas delante, entr en la casa y encendi las 
luces.
-Maldita sea, Benny -dijo Rachael, ponindose delante de l-. No te 
precipites. Actuemos lenta y cautelosamente.
-Lo creas o no, soy perfectamente capaz de defenderme de cualquier 
jovencita dispuesta a pegarme un puetazo.
-No es ninguna jovencita lo que me preocupa -replic inmediatamente 
Rachael.
-Entonces, quin?
Sin decir palabra, con la pistola en la mano a punto de disparar, se adentr 
en la casa encendiendo todas las luces que encontraba.
La espaciosa decoracin ultramoderna, ms futurista que la de cualquiera 
de las otras propiedades de Eric, bordeaba en la rigidez y la esterilidad. El 
suelo de baldosas pulidas era fro como el hielo y no haba ninguna 
alfombra. En lugar de cortinas haba persianas metlicas. Los sillones 
tenan un aspecto duro. Los sofs, si se encontraban en medio del bosque, 
podran confundirse con gigantescas setas. Todo era gris plido, blanco, 
negro y color paja, con la nica excepcin de algunas pinceladas de color 
naranja.
La cocina haba sido destrozada. La mesa de superficie blanca y dos sillas 
estaban patas arriba. Las otras dos sillas haban servido para golpear todo lo 
existente. El frigorfico estaba abollado y rasgado, el cristal de la puerta del 
horno roto, las superficies y armarios quebrados. La vajilla y los vasos 
haban sido arrojados contra las paredes y el suelo estaba cubierto de cristal 
y porcelana rota. La comida de las estanteras del frigorfico haba acabado 
tambin en el suelo. En un repugnante charco se entremezclaban conservas, 
leche, ensalada de macarrones, mostaza, pastel de chocolate, tarta de 
cereza, jamn y una serie de sustancias difciles de identificar. Los seis 
cuchillos que haba en el cajn, junto a la superficie del fregadero, haban 
sido clavados con enorme fuerza en la pared, algunos hasta media hoja y 
otros hasta la empuadura.
-Crees que estaban buscando algo? -pregunt Benny.
-Quizs.
-No -dijo-. No lo creo. Tiene el mismo aspecto que el dormitorio en la casa 
de Villa Park. Extrao. Aterrador. Obra de alguien que estaba 
verdaderamente enfurecido. Se ha hecho con profundo odio, con frenes, 
con furor. O puede que sea obra de alguien que disfruta simplemente con la 
pura destruccin.
Rachael no poda apartar la mirada de los cuchillos clavados en la pared. 
Un nauseabundo estremecimiento le llenaba el estmago. Tena el pecho y 
la garganta paralizados por el miedo.
La pistola que tena en la mano ya no le produca el mismo efecto que 
antes. Demasiado ligera. Demasiado pequea. Casi como un juguete. En el 
supuesto de que tuviera que usarla, sera eficaz? Contra su adversario?
Con gran precaucin siguieron inspeccionando la silenciosa casa.
Hasta Benny estaba afectado por la violencia psicoptica que haba tenido 
lugar en aquella casa. Ya no actuaba con audacia, prosegua junto a ella con 
mayor cautela que antes.
En el enorme dormitorio principal se encontraron con ms destruccin, 
aunque no tan amplia ni indicativa de una furia tan alocada como la de la 
cocina. Junto a la enorme cama de madera negra lacada y acero inoxidable 
pulido, brotaban las plumas de una almohada destrozada. Las sbanas 
estaban amontonadas en el suelo y una silla patas arriba. Una de las dos 
lmparas de cermica negra estaba rota en el suelo y la pantalla pisoteada. 
La otra estaba torcida y el cuadro que colgaba de la pared, ladeado. Benny 
se agach para examinar de cerca una de las sbanas. Tena pequeas 
salpicaduras rojas y una sola mancha de un brillo casi sobrenatural, sobre el 
blanco algodn.
-Sangre -dijo.
Rachael sinti un sudor fro en el crneo y en la nuca.
-No es mucha -dijo Benny, levantndose sin dejar de mirar al montn de 
sbanas-. No es mucha, pero es definitivamente sangre.
Rachael vio la huella sangrienta de una mano en la puerta que conduca al 
cuarto de bao principal. Era la de un hombre, grande, como si un 
carnicero agotado de su desagradable labor se hubiera apoyado en la misma 
para descansar.
Las luces de la enorme sala de bao eran las nicas que se haban hallado 
encendidas en la casa. Por la puerta abierta, directamente o a travs de los 
espejos, Rachael poda ver prcticamente todo su interior: cermica gris 
con bordes color mostaza, una gigantesca baera hundida, el cubculo de la 
ducha, el vter, la esquina de la superficie donde se encontraban los 
lavabos, unas enormes toalleras de bronce y las lmparas que colgaban del 
techo, tambin de bronce. El bao pareca desierto. Sin embargo, cuando 
cruz el umbral, oy la respiracin rpida y asustada de alguien, y su 
propio corazn, ya muy alterado, comenz a latir a toda velocidad.
-Qu ocurre? -pregunt Benny, a su espalda.
Seal la pared opaca del cubculo de la ducha. El cristal estaba tan oscuro 
que era imposible ver a la persona que se encontraba en el interior, ni 
siquiera su silueta.
-Ah hay alguien.
Benny se acerc y escuch. Rachael se haba colocado contra la pared, 
apuntando su 32 en direccin a la puerta de la ducha.
-Ser mejor que salga -dijo Benny, dirigindose a la persona del cubculo.
No respondi. Slo se oy un pequeo y rpido zumbido.
-Salga inmediatamente -repiti Benny.
-Maldita sea, salga! -exclam Rachael, con una voz que retumb en las 
paredes y espejos del bao.
Desde el interior del cubculo se oy un lamento quejumbroso que pareca 
la misma esencia del terror. Dirase que proceda de una nia.
Sobresaltada, preocupada, pero todava cautelosa, Rachael se acerc al 
cubculo.
Benny se le adelant, cogi la manecilla de bronce de la puerta y la abri.
-Dios mo!
Rachael vio a una nia desnuda abrazndose patticamente en el suelo de la 
ducha, con la espalda contra la pared. Pareca no tener ms de quince o 
diecisis aos y deba de tratarse de la querida de turno, la ms reciente y 
ltima de las lamentables conquistas de Eric. Tena los brazos cruzados 
sobre el pecho, ms por miedo y proteccin que por pudor. Temblaba 
incontrolablemente, con unos ojos aterrorizados, y su rostro era plido y 
enfermizo.
Probablemente era bastante atractiva, aunque dadas las circunstancias era 
difcil estar seguro de ello, no por el ambiente lgubre del cubculo sino 
porque haba recibido una soberana paliza. Su ojo derecho estaba 
amoratado y se le comenzaba a hinchar. Tena otro cardenal en la mejilla 
derecha, desde la esquina del ojo hasta la mandbula. Tena el labio 
superior partido, del que todava le brotaba la sangre y la barbilla 
ensangrentada. Tambin se vean cardenales en los brazos y un enorme 
morado en el muslo izquierdo.
Benny se dio la vuelta, no slo por pudor, sino por la condicin en la que 
aquella chica se encontraba.
-Quin ha sido, cario? -le pregunt Rachael, bajando la pistola y 
agachndose en la ducha-. Quin te lo ha hecho?
A pesar de que ya conoca la respuesta y de que le aterrorizaba orla, senta 
la morbosa necesidad de formular la pregunta.
La nia era incapaz de responder. Movi sus labios ensangrentados e 
intent articular palabras, pero lo nico que emita era un pequeo y 
lamentable quejido, interrumpido por los gritos provocados por fuertes 
escalofros. Aunque hubiera hablado, probablemente no habra contestado a 
sus preguntas, ya que estaba evidentemente en estado de shock y hasta 
cierto punto disociada de la realidad. Slo pareca parcialmente consciente 
de la presencia de Rachael y de Benny, concentrando gran parte de su 
atencin en su propio terror. Su mirada se cruz con la de Rachael, pero no 
pareci verla.
-Ests a salvo, cario -le dijo Rachael, tendindole una mano-. Ests a 
salvo. Nadie va a hacerte ningn dao. Ahora puedes salir. No 
permitiremos que nadie te lastime.
La nia mir a travs de Rachael, balbuceando suave y urgentemente 
consigo misma, estremecida por la brisa del miedo que arrasaba un paraje 
interno en el que pareca estar atrapada.
Rachael le entreg la pistola a Benny. Entr en el cubculo y se arrodill 
junto a la nia, hablndole con ternura e infundindole seguridad, 
acaricindole suavemente el rostro y los brazos, y ordenando su rubia 
cabellera. Cuando comenz a tocarla retrocedi como si le hubieran 
pegado, pero el contacto interrumpi brevemente su trance. Mir 
momentneamente a Rachael, dndose ahora cuenta de su presencia y 
permiti que la ayudara a incorporarse, a salir del cubculo, si bien cuando 
lleg al bao se haba sumido nuevamente en un estado semicatatnico, 
incapaz de responder a cualquier pregunta, ni siquiera asintiendo, y sin 
poder mirar a Rachael a los ojos.
-Debemos llevarla al hospital -dijo Rachael sobresaltndose, cuando a la 
luz del bao vio el alcance de sus heridas.
Tena dos uas de la mano derecha prcticamente arrancadas y 
ensangrentadas. Uno de sus dedos pareca roto.
Rachael se sent junto a ella al borde de la cama, mientras Benny 
registraba los armarios y cajones en busca de ropa para que pudiera 
vestirse.
Escuch por si oa algn ruido extrao en el resto de la casa.
No oy nada.
A pesar de todo, sigui escuchando atentamente.
Adems de unas bragas, tejanos descoloridos, una blusa a cuadros, 
calcetines y unas zapatillas New Balance, Benny encontr un montn de 
drogas ilegales. En el cajn inferior de una de las mesillas de noche 
encontr cincuenta o sesenta porros listos para fumar, una bolsa de plstico 
llena de coloridas pldoras inidentificables y otra con unos cincuenta 
gramos de polvo blanco.
-Probablemente cocana -dijo Benny.
Eric no usaba drogas, le repugnaban. Siempre haba dicho que las drogas 
eran para los dbiles, para los perdedores incapaces de enfrentarse a la vida 
en sus propios trminos. Pero evidentemente no tena inconveniente en 
suministrarles toda clase de sustancias ilcitas a las jovencitas de las que se 
encaprichaba, asegurndose su docilidad y complacencia a costa de 
aumentar su corrupcin. Rachael jams le haba despreciado tanto como en 
aquel momento.
Tuvo que vestir a la nia como si se tratara de un beb, a pesar de que su 
incapacidad, acompaada de espasmos y quejidos, no se deba a las 
sustancias que haba descubierto Benny, sino al shock y al terror que 
padeca.
Mientras Rachael la vesta a toda prisa, el caballeroso Benny mantuvo la 
mirada discretamente apartada. Mientras buscaba la ropa haba encontrado 
su bolso y ahora lo examinaba para descubrir su identidad.
-Se llama Sarah Kiel -dijo- y hace dos meses que ha cumplido diecisis 
aos. A1 parecer es oriunda de Coffeyville, Kansas.
Otra que ha huido de su casa -pens Rachael-. Tal vez alejndose de una 
vida familiar intolerable. Quizs simplemente por rebelda, por horror a la 
disciplina y con la ilusin de que la vida por su cuenta, sin restricciones, 
sera un puro paraso. De camino para Los ngeles, la Gran Naranja, a 
probar su suerte en la industria cinematogrfica, soando en convertirse en 
estrella. O puede que simplemente en busca de aventura, huyendo del 
aburrimiento de las vastas llanuras de Kansas.
En lugar del romance y emocin esperados, Sarah Kiel, al igual que 
muchas otras jovencitas, se haba encontrado en California con el fin del 
arco iris: la vida dura y difcil de las calles, para caer finalmente en las 
manos de un macarra. Eric deba de habrsela comprado a algn chulo o 
quizs la haba encontrado por s mismo en una de sus expediciones en 
busca de la carne fresca que le ayudara a sentirse joven. Mantenida en una 
lujosa casa de Palm Springs, con todas las drogas que pudiera desear a su 
disposicin, juguete de un hombre inmensamente rico, seguramente Sarah 
haba comenzado a convencerse a s misma de que, despus de todo, estaba 
destinada a vivir como en los cuentos de hadas. A la ingenua nia le habra 
sido difcil imaginar lo peligrosa que era la situacin en la que se haba 
metido, o concebir el horror del que un da sera objeto, dejndola atnita y 
muda de terror.
-Aydame a llevarla al coche -dijo Rachael, cuando acab de vestirla.
Benny la cogi de un lado, mientras Rachael lo haca del otro y Sarah 
camin por su propio pie, pero habra cado varias veces, de no haber sido 
porque la sostenan. Se le doblaban frecuentemente las rodillas.
La noche, con una brisa que acariciaba los matorrales, que oblig a Rachael 
a mirar hacia la penumbra con intranquilidad, ola a jazmn.
Metieron a Sarah en el coche, abrochndole el cinturn de seguridad con lo 
que la espalda le qued apoyada contra el respaldo del asiento y dej caer 
la cabeza hacia adelante. Caba un tercer pasajero en el 560 SL, pero tena 
que sentarse de costado detrs de los dos asientos y apretujarse un poco. 
Benny era demasiado corpulento para lo reducido del espacio y fue Rachael
quien se coloc en la parte trasera, mientras l se dispona a conducir hasta 
el hospital.
En el momento en que salan de la casa, un coche dio la vuelta a la esquina, 
iluminndolos con los faros y al llegar a la calle aceler acercndoseles a 
toda velocidad.
-Diablos, son ellos! -exclam Rachael, con el corazn alterado.
El coche se cruz en la calle, con intencin de impedirles la salida. Benny 
no perdi tiempo haciendo preguntas, cambi inmediatamente la direccin, 
dando la vuelta sin pensrselo dos veces y dejando el otro coche atrs. 
Apret el acelerador, chirriaron los neumticos y el Mercedes, con su gran 
aceleracin, sali disparado frente a las casas bajas y oscuras. La calle 
desembocaba en otra perpendicular a la misma, obligndoles a girar a la 
izquierda o a la derecha y en el momento en que Benny redujo la velocidad, 
Rachael aprovech para mirar por la ventana trasera, a la que estaba pegada 
y comprob que el otro vehculo, algn tipo de Cadillac, quizs un Seville, 
los segua de cerca, muy de cerca.
Benny se abri para coger la curva a una velocidad extraordinaria y 
Rachael habra ido de un lado para otro, con el impulso del viraje, de no 
haber estado perfectamente encajada en el reducido espacio que haba 
detrs de los asientos. No haba prcticamente lugar para moverse y no 
tena necesidad de agarrarse, pero se coga al respaldo del asiento de Sarah 
Kiel, porque tena la impresin de que el mundo estaba a punto de 
desintegrarse y deseaba con todas sus fuerzas que el coche no volcara.
El coche no volc, se peg maravillosamente a la calzada, sali a una calle 
recta de la zona residencial y aceler. Sin embargo el Cadillac que lo 
segua estuvo a punto de caer de costado y el conductor sobrecompens la 
maniobra, abrindose excesivamente en la curva y chocando contra un 
Corvette aparcado junto a la acera. Una cascada de chispas sali disparada, 
cayendo sobre el asfalto. Despus del impacto, dio la impresin de que el 
Caddy iba a estrellarse contra los coches aparcados al otro lado de la calle, 
pero el conductor logr controlarlo. Haban perdido un poco de terreno, 
pero los siguieron impertrritos.
Benny dio otro viraje con el pequeo 560 SL, manteniendo la curva un 
poco ms cerrada, entonces apret el acelerador a lo largo de una manzana 
y media, dando la impresin de que estaban en un misil y no en un coche. 
En el momento en que Rachael se senta empujada hacia atrs con un 
fuerza de 4,5 Gs, cuando pareca que estaban a punto de romper las cadenas 
de la gravedad, para entrar en rbita, Benny manipul los frenos con la 
pericia propia de un pianista que ejecutara la Sonata a la luz de la luna y 
cuando lleg al stop, que no tena intencin de obedecer, gir el volante de 
modo que desde atrs habra dado la impresin de que el Mercedes haba 
simplemente desaparecido de una-calle, para entrar en la otra.
Era tan experto al volante como haba demostrado serlo en el combate 
cuerpo a cuerpo y Rachael habra querido preguntarle: quin diablos eres, 
adems de un plcido vendedor de propiedades inmobiliarias, aficionado a 
los trenes y a la msica antigua? Pero no lo hizo, porque tena miedo de 
distraerle y si lo haca a la velocidad que conduca, inevitablemente 
volcaran o se estrellaran y con casi toda seguridad moriran.
Benny saba que el 560 SL poda fcilmente ganarle al Cadillac en 
velocidad, en la carretera abierta, pero en las callejuelas donde se 
encontraban, con frecuentes montculos para evitar el exceso de velocidad, 
la situacin era diferente. Adems, al acercarse al centro de la ciudad, 
empezaron a encontrarse semforos e incluso a una hora tan avanzada de la 
madrugada, se vea obligado a reducir, por lo menos un poco, la velocidad 
en los cruces o arriesgarse a chocar con alguno de los pocos vehculos que 
circulaban. Afortunadamente, el Mercedes giraba mil veces mejor que el 
Cadillac, por lo que no se vea obligado a reducir tanto la velocidad como 
sus perseguidores y en cada cruce les ganaba unos metros, que el Caddy no 
lograba recuperar en la prxima recta. Cuando despus de mucho 
zigzaguear lleg a una manzana de Palm Canyon Drive, le haba ganado 
ms de una manzana y media al Cadillac y estaba finalmente convencido 
de que dejara atrs a aquellos cabrones, fueran quienes fuesen. Y entonces 
fue cuando vio el coche de polica.
Estaba aparcado en doble fila, en la esquina de Palm Canyon, a una 
manzana de distancia y el polica debi de verle llegar por el retrovisor, 
como un murcilago escapado del infierno, porque se encendieron 
inmediatamente las luces intermitentes azul y roja del techo de su coche.
-Aleluya -exclam Benny.
-No -dijo Rachael desde su incmodo aposento, vociferndole junto al 
odo-. No, no puedes acudir a la polica. Si nos ponemos en sus manos, 
moriremos.
No obstante, al acercarse al coche patrulla, Ben comenz a frenar, porque, 
maldita sea, jams le haba dado ninguna buena razn para no confiar en la 
proteccin de la polica; adems l no era uno de esos a quien le guste 
tomar la ley en sus propias manos y con toda seguridad los individuos del 
Cadillac se retiraran al ver a la polica.
-No!, Benny, por Dios santo, confa en m, te lo ruego -exclam Rachael-. 
Si te detienes moriremos. No cabe la menor duda de que nos volarn los 
sesos.
Le doli profundamente que le acusara de no confiar en ella. Dios mo, 
confiaba en ella plenamente, porque la quera. No comprenda su actuacin, 
no la de esta noche, pero confiaba en ella y la acusacin y decepcin que le 
haba manifestado le dola como si le hubieran clavado una daga en el 
corazn. Levant el pie del freno y volvi a colocarlo sobre el acelerador, 
adelantando el coche blanco y negro de la polica a tal velocidad, que las 
luces intermitentes iluminaron una sola vez el Mercedes, quedando 
inmediatamente a su espalda. Cuando mir por el retrovisor, vio a dos 
policas uniformados, completamente atnitos. Imagin que esperaran al 
Cadillac y que seguiran a ambos, lo que le pareca perfecto, puesto que los 
individuos del Caddy, seguidos de un coche de polica, no podran 
alcanzarles para volarles los sesos.
Pero para sorpresa y decepcin de Ben, los polis se lanzaron en su 
persecucin, con la sirena en marcha. Es posible que estuvieran tan 
sorprendidos por la velocidad del Mercedes, que no se hubiesen dado 
cuenta de la presencia del Cadillac. O puede que lo hubieran visto, pero no 
se haban dado cuenta de que circulaba prcticamente a la misma 
velocidad. Fuera cual fuese su razn, salieron tras ellos a lo largo de Palm 
Canyon Drive.
Ben cogi la curva con el aplomo de un especialista que sabe que su coche 
va equipado con suspensin y estabilizadores especiales, amortiguadores 
hidrulicos y otros sofisticados instrumentos que convierten dichas 
operaciones en menos peligrosas, aunque nada de ello era cierto en el caso 
del coche que conduca. Se dio cuenta de que haba cometido un error de 
clculo y estaba a punto de convertir a Rachael, a Sarah y a s mismo en 
carne en conserva, como tres hamburguesas en una lujosa lata de acero 
alemn, cuando el coche se levant sobre dos ruedas, percibi el olor a 
goma quemada y tuvo la impresin de que el coche se mantena ladeado 
durante una hora, pero gracias a Dios y a la extraordinaria ingeniera de 
Benz, volvieron a caer sobre las cuatro ruedas, sin que milagrosamente 
estallara ningn neumtico, aunque Rachael se golpe la cabeza en el techo 
y solt un profundo suspiro que Benny percibi en el cuello.
Vio al viejo con su camisa amarilla Banlon y su perro de aguas, incluso 
antes de que se estabilizara la suspensin del vehculo. Estaban cruzando la 
calle en medio de la manzana, cuando aparecieron como escapando de un 
circuito de frmula uno. Perro y hombre le miraban con sorpresa y terror, 
con la cabeza levantada y los ojos muy abiertos, mientras se les acercaba a 
una velocidad aterradora. El individuo pareca tener noventa aos y el perro 
era tambin decrpito, por lo que no tena sentido que estuvieran, en la 
calle a casi las dos de la madrugada. Deban haber estado en su casa, en la 
cama, soando en rboles y dentaduras bien ajustadas, pero ah estaban.
-iBenny! -exclam Rachael.
-Los veo, los veo.
No tena posibilidad alguna de detenerse, por lo que apret el freno y gir 
simultneamente el volante, obligando al Mercedes a girar sobre s mismo, 
en un semicrculo de ciento ochenta grados, para acabar junto a la acera 
opuesta. Cuando volvi a coger la calzada, para seguir en direccin norte, 
el viejecito y su perro se haban refugiado en la acera y el coche de polica 
se encontraba a menos de diez metros de distancia.
Por el retrovisor vio que el Caddy tambin haba girado por la esquina y 
segua persiguindolos, sin que los preocupara la presencia de la polica. 
Asombrosamente, el Caddy se coloc junto al coche patrulla, intentando 
adelantarlo.
-Estn locos -dijo Benny.
-Mucho peor -dijo Rachael-. Muchsimo peor.
En su asiento, Sarah Kiel emita ruidos extraos, pero no pareca ser 
consciente del peligro que corran en aquel momento. Daba la impresin de 
que la violencia de la persecucin haba despertado en su memoria 
recuerdos de otra violencia, mucho peor, que haba experimentado 
anteriormente.
Mientras aceleraba a lo largo de Palm Canyon, Benny vio por el retrovisor 
que el Cadillac se colocaba exactamente junto al coche patrulla. Pareca 
que se divirtieran compitiendo el uno con el otro. Era... era realmente 
absurdo. De pronto dej de serlo, cuando vio con toda claridad cul era la 
horrible intencin de los individuos del Caddy, al disparar con metralletas 
contra el coche de polica. Pareca incongruente que aquello pudiera ocurrir 
en Palm Springs, cuando habra sido ms propio del Chicago de los aos 
veinte.
-Han disparado contra los policas! -exclam Benny, con el mayor 
asombro de su vida.
Incluso despus de que el coche blanco y negro perdiese el control, chocara 
contra la acera, cruzase la calle y se incrustara en el escaparate de una 
elegante tienda, uno de los individuos del Cadillac sigui disparndole por 
la ventana, con su metralleta.
Junto a Benny, Sarah emiti un prolongado quejido, contorsionndose y 
protegindose como si alguien le estuviera asestando golpes. Pareca 
revivir su experiencia anterior, inconsciente del peligro presente.
-Benny, ests perdiendo velocidad -exclam urgentemente Rachael.
Aturdido por los acontecimientos, haba relajado el pie del acelerador.
El Cadillac se les acercaba con la velocidad de un tiburn al acecho de un 
nadador.
Benny apret el acelerador a fondo y el Mercedes reaccion como un gato 
a quien hubieran pegado una patada en el trasero. Avanzaron a toda 
velocidad a lo largo de Palm Canyon Drive, que era bastante recto y lo 
suficientemente largo como para ganarle un poco de terreno al Cadillac 
antes de volver a girar. Y gir, una y otra vez, dirigindose ahora hacia el 
oeste de la ciudad, en direccin a las colinas, bajando de nuevo, 
acercndose gradualmente al sur a lo largo de calles residenciales con 
rboles a los lados que las cubran como tneles, despus por otros barrios 
donde en lugar de rboles haba matorrales y la vegetacin era demasiado 
escasa para disimular el hecho de que la ciudad haba sido construida en el 
desierto. En cada curva aumentaba la distancia que les separaba de los 
asesinos en el Cadillac.
-Se han cargado a dos polis, simplemente porque se interpusieron en su 
camino -exclam Benny, completamente atnito.
-Quieren alcanzarnos a toda costa -dijo Rachael-. Es lo que he estado 
intentando decirte. Quieren alcanzarnos cueste lo que cueste.
Ahora le llevaba un par de manzanas de ventaja al Cadillac y con otras 
cinco o seis curvas lograra perderlos, porque no sabran qu camino haba 
seguido.
-Pero, maldita sea -dijo Benny, en un tono tembloroso que le result 
sumamente desagradable-, si sus posibilidades de alcanzarnos eran 
prcticamente nulas. Su engorroso Cadillac no puede competir con esta 
pequea maravilla. Sin duda deben saberlo. Tan slo una oportunidad entre 
un millar. En el mejor de los casos. Y a pesar de todo, se han cargado a los 
policas.
Tom otra curva, en parte girando y en parte resbalando, para entrar en otra 
calle.
-Oh Dios mo, oh Dios mo! -exclam frenticamente Sarah, con una voz 
muy apocada, inclinndose hacia adelante tanto como el cinturn le 
permita y cruzando los brazos sobre el pecho, igual que cuando estaba 
desnuda en la ducha.
-Probablemente creyeron que la polica haba tomado nota de nuestra 
matrcula y de la suya -dijo Rachael a su espalda, con una voz tan 
temblorosa como la de Benny- y que probablemente llamaran por la radio 
para solicitar identificacin.
Aparecieron las luces del Cadillac, ahora ya bastante rezagado. Benny 
entr en otra calle, a toda velocidad, oscura y con el firme irregular, cuyas 
antiguas casas tenan un aspecto abandonado, que no corresponda a la 
imagen que la cmara de comercio proporcionaba de Palm Springs.
-Pero t me has dicho que esos individuos del Cadillac nos alcanzaran an 
con mayor rapidez si nos entregbamos a la polica.
-Efectivamente.
-Entonces, por qu no queran que nos cogiera la polica?
-No te quepa la menor duda de que en manos de la polica les sera ms 
fcil alcanzarme -dijo Rachael-. No tendra ni la ms mnima oportunidad 
de eludirles. Pero eliminarme en esas circunstancias sera ms molesto, ms 
pblico. Los individuos del Cadillac... y sus asociados... prefieren 
solucionarlo del modo ms ntimo posible, aunque tarden un poco ms en 
lograrlo.
Antes de que aparecieran las luces del Cadillac, Benny tom otra curva. Un 
minuto ms y los perdera por completo.
-Qu coo quieren de nosotros? -pregunt.
-Dos cosas. La primera... un secreto que creen que tengo.
-Pero no lo tienes?
-No.
-Y la otra?
-Otro secreto que s tengo. Lo comparto con ellos. Lo saben y quieren 
impedir que lo divulgue.
-De que se trata?
-Si te lo cuento tendrn tanta razn para matarte a ti como para matarme a 
m.
-Creo que ya me han condenado -dijo Benny-. Estoy ya demasiado 
involucrado; por consiguiente, dmelo.
-Concntrate en el volante -dijo Rachael.
-Dmelo.
-Ahora no. Debemos concentrarnos en escapar.
-No te preocupes, deja eso de mi cuenta y, maldita sea, no lo utilices como 
pretexto para no contrmelo. Ya los hemos perdido. Una curva ms y no 
tendremos que preocuparnos de ellos.
El neumtico frontal derecho estall.

10.
Los clavos.

Era una larga noche para Julio y para Reese.
Llegadas las 00.32, toda la basura del contenedor haba sido examinada, 
pero el otro zapato azul de Ernestina Hernndez no haba aparecido.
Habindolo examinado todo y despus de transportar el cadver al 
depsito, la mayora de los detectives se habran ido a su casa para 
acostarse, con el fin de levantarse descansados al da siguiente, pero no el 
teniente Julio Verdad. Era consciente de que la pista era ms fresca durante 
las primeras veinticuatro horas despus del descubrimiento del cadver. 
Adems, cuando le asignaban a un nuevo caso, por lo menos durante un 
da, tena dificultad en dormir, ya que le trastornaba particularmente la 
sensacin de horror del asesinato.
Y en esta ocasin se senta especialmente obligado hacia la vctima. Por 
razones que podan parecerles inadecuadas a los dems, pero que eran de 
fuerza mayor para l, senta una profunda obligacin para con Ernestina. 
Llevar a su asesino ante los tribunales no era slo su misin, sino una 
cuestin de honor para Julio.
Su compaero, Reese Hagerstrom, se quedaba junto a l sin hacer un solo 
comentario con relacin a lo avanzado de la hora. Para Julio y slo para l, 
Reese estaba dispuesto a trabajar las veinticuatro horas del da, dispuesto a 
sacrificar no slo el sueo sino los das de descanso y las comidas 
regulares, as como realizar todos los esfuerzos que fueran necesarios. Julio 
saba que si llegaba a ser necesario que Reese se interpusiera en la 
trayectoria de una bala para salvarle la vida, aquel corpulento individuo 
estara dispuesto a realizar incluso aquel ltimo sacrificio, sin titubear un 
instante. Era algo que ambos saban en el fondo de su corazn, en sus 
huesos, pero de lo que jams haban hablado.
A las 00.42 de la madrugada, fueron a comunicar la muerte brutal de 
Ernestina a sus padres, con quienes viva en una modesta casa, al este de 
Main Street, con dos magnolias junto a la entrada. Fue preciso despertar a 
la familia, a quienes al principio, convencidos de que Ernestina se haba 
acostado, les cost creer la noticia. Pero, evidentemente, su cama estaba 
vaca.
A pesar de que Juan y Mara Hernndez tenan seis hijos, la noticia les 
afect tanto como si hubiera sido hija nica. Mara estaba sentada en el 
sof de color rosa de la sala de estar, incapaz de sostenerse de pie. Sus hijos 
menores, de unos quince o diecisis aos, estaban sentados junto a ella, con 
los ojos enrojecidos y demasiado afectados para mantener la imagen 
masculina, habitual de los jvenes latinos. Mara tena una fotografa 
enmarcada de Ernestina en las manos, llorando y hablando 
alternativamente de los buenos tiempos con su adorada hija. Otra hija, 
Laurita, de diecinueve aos, se haba refugiado en el comedor, sin que 
nadie pudiera acercrsele, inconsolable, con un rosario en las manos. Juan 
Hernndez andaba nervioso de un lado para otro, con la mandbula 
apretada, abriendo y cerrando furiosamente los ojos para impedir que le 
brotaran las lgrimas. Como patriarca, era su obligacin dar ejemplo de 
fuerza a la familia, mantener el temple y no desmoronarse, a pesar de la 
irrupcin de la muerte en su seno. Sin embargo, era demasiado para l, y en 
dos ocasiones tuvo que retirarse a la cocina, donde, tras la puerta cerrada, 
manifestaba su incontrolable tristeza.
Julio no poda hacer nada para aliviar la angustia, pero les inspiraba 
confianza y esperanza en la justicia, tal vez porque su compromiso para con 
Ernestina era evidente y convincente. Quizs porque en su tono suave 
transmita una perseverancia de sabueso, en la que estaba claramente 
implcita la promesa de que se hara justicia con toda rapidez. O puede que 
su enorme furor contra la mera existencia de la muerte, de toda muerte, 
fuera dolorosamente evidente en su rostro, en su mirada y en su voz. 
Despus de todo, aquel furor le consuma desde haca muchos aos, desde 
aquella tarde en que haba descubierto las ratas devorando la garganta de su 
pequeo hermano y que haba aumentado lo suficiente con el transcurso del 
tiempo como para que los dems se dieran cuenta de ello.
Por el seor Hernndez, Julio y Reese se enteraron de que Ernestina haba 
salido aquella noche con su mejor amiga, Becky Klienstad, con quien 
trabajaba como camarera en el restaurante mexicano del barrio. Haban 
salido en el coche de Ernestina, un Ford Fiesta azul claro, de diez aos.
-Si mi Ernestina ha sido asesinada -dijo el seor Hernndez-, qu le habr 
ocurrido a la pobre Becky? A ella tambin debe de haberle pasado algo. 
Algo terrible.
Desde la cocina de la casa, Julio llam por telfono a la familia Klienstad 
en Orange. Becky, cuyo autntico nombre era Rebecca, no haba llegado 
todava a casa. Sus padres no estaban preocupados porque, despus de 
todo, era ya una mujer y algunos de los lugares a donde sola ir a bailar con 
Ernestina no cerraban hasta las dos de la madrugada. Pero ahora se 
quedaron muy preocupados.
1.20 de la madrugada.
En el coche sin distintivos aparcado frente a la casa de la familia 
Hernndez, Julio estaba sentado al volante, contemplando ensimismado la 
noche impregnada de aroma de magnolia.
Por las ventanas abiertas llegaba el susurro de las hojas producido por la 
suave brisa de junio. Un sonido solitario y fro.
Reese utiliz la terminal del coche para mandar una orden de busca y 
captura del coche de Ernestina, cuyo nmero de matrcula haba obtenido 
de sus padres.
-Averige si hay algn mensaje para nosotros -dijo Julio.
En aquellos momentos no se atreva a operar el teclado. Herva de furor y 
deseaba desahogarse contra algo, contra cualquier cosa, con ambos puos, 
y si el ordenador no responda adecuadamente, o si se confunda de tecla, 
podra haberlo vapuleado, simplemente porque era lo que tena a mano.
Reese obtuvo acceso al banco de datos del departamento de polica y 
solicit los mensajes que hubiera en el archivo. Una serie de suaves letras 
verdes comenzaron a aparecer en la pantalla del monitor. Se trataba del 
informe de los policas uniformados que haban ido al depsito de 
cadveres, siguiendo las instrucciones de Julio, para averiguar si el bistur y 
la bata manchada de sangre que haban hallado en el contenedor podan 
relacionarse con algn empleado del depsito. All les confirmaron que el 
bistur, una bata de laboratorio, un traje y un gorro quirrgico, y un par de 
zapatos antiestticos haban sido sustrados de un armario del depsito. Sin 
embargo, no era posible relacionar a ningn empleado con el robo de 
dichos artculos.
Levantando la mirada del monitor, para contemplar la noche, Julio dijo:
-Este asesinato est relacionado de algn modo con la desaparicin del 
cadver de Eric Leben.
-Podra ser una coincidencia -dijo Reese.
-Cree en coincidencias?
-No -suspir Reese.
Una polilla revoloteaba junto al parabrisas.
-Puede que el mismo que rob el cadver haya asesinado a Ernestina -dijo 
Julio.
-Pero, por qu?
-Eso es lo que debemos averiguar.
Julio arranc el coche y se alejaron de la casa de los Hernndez.
La polilla y el susurro de las hojas quedaron a su espalda.
Gir hacia el norte y se alejaron del centro de Santa Ana.
Sin embargo, a pesar de que conduca por la Main Street, perfectamente 
iluminada por abundantes farolas, no lograba alejarse ni un solo momento 
de la oscuridad, ya que sta proceda de su interior.
1.38 de la madrugada.
Gracias al inexistente trfico, acababan de llegar a la moderna casa de 
estilo espaol de Eric Leben. La noche en aquel opulento barrio era 
respetablemente tranquila. Sus pasos retumbaban sobre las baldosas y el 
eco del timbre pareca proceder de un profundo pozo.
Julio y Reese no tenan ninguna autoridad en Villa Park, situada dos 
ciudades ms all de su propia jurisdiccin. Sin embargo, en las dispersas 
zonas residenciales del condado de Orange, que consista realmente en una 
gran ciudad dividida en numerosas comunidades, muchos crmenes no 
quedaban convenientemente limitados a una sola jurisdiccin y no se poda 
permitir que los delincuentes ganaran tiempo simplemente cruzando una 
frontera poltica artificial entre una ciudad y otra. Cuando era necesario 
seguir una pista en otra jurisdiccin, deban pedir que los acompaaran las 
autoridades locales, o solicitar su permiso, o incluso pedirles que fueran 
ellos quienes realizaran las investigaciones, lo que se consegua de un 
modo rutinario.
Pero Julio y Reese, para no perder tiempo con los procedimientos 
establecidos, se los saltaban frecuentemente a la torera. Iban a donde tenan 
que ir, hablaban con quien fuera necesario y slo despus informaban a las 
autoridades locales, si les pareca pertinente al caso, o si sospechaban que 
la situacin poda desembocar en la violencia.
Pocos detectives actuaban con tanta audacia. Podan ser sancionados por no 
obedecer los procedimientos establecidos. La violacin sucesiva de las 
reglas poda ser interpretada como falta de respeto hacia la estructura de 
mando, conduciendo a la suspensin disciplinaria. En caso de reincidencia, 
hasta el mejor de los policas poda olvidarse de toda promocin y puede 
que incluso acabara por perder su pensin.
A Julio y a Reese les importaba poco el riesgo. Deseaban evidentemente 
ser promocionados. Y no queran perderse su pensin. Pero ms importante 
que su carrera y su seguridad econmica era resolver los casos y meter a 
los criminales en la crcel. No tena sentido ser polica si uno no estaba 
dispuesto a arriesgarse por sus ideales y a poner en peligro la propia vida, 
en cuyo caso era absurdo preocuparse de pequeeces como el salario y la 
jubilacin.
Cuando nadie acudi a su llamada, Julio intent abrir la puerta, pero estaba 
cerrada. No intent manipular la cerradura ni forzar la puerta. Al no 
disponer de una orden judicial, lo que necesitaban para entrar en la casa de 
Leben era la sospecha de que en su interior tena lugar algn tipo de 
actividad delincuencial, que algn inocente corra peligro y que la accin 
era de urgencia pblica.
Cuando dieron la vuelta a la parte posterior de la casa, hallaron lo que 
necesitaban: un cristal roto en la puerta que comunicaba el patio con la 
cocina de la casa. Habran dudado de no haber temido lo peor; que un 
intruso armado haba forzado la puerta para robar o causar algn dao a los 
legtimos residentes de la casa.
Desenfundando sus revlveres, entraron cautelosamente. El cristal roto 
cruji bajo sus zapatos.
Al ir de sala en sala, encendieron las luces, vieron lo suficiente para 
justificar una intrusin. La huella sangrienta de una mano en el sof blanco 
de la sala de estar. La destruccin en el dormitorio principal. Y en el 
garaje... el Ford azul claro de Ernestina Hernndez.
A1 inspeccionar el vehculo, Reese descubri manchas de sangre en el 
asiento trasero y en las esterillas del suelo.
-Est todava pegajosa -le dijo a Julio.
Julio prob la manecilla del maletero y descubri que no estaba cerrado 
con llave. Dentro haba ms sangre, un par de gafas y un zapato azul.
El zapato era de Ernestina y su presencia le oprimi el pecho. Que Julio 
supiera, Ernestina no llevaba gafas. Sin embargo, segn la fotografa que 
haba visto en la casa de los Hernndez, Becky Klienstad, su amiga y 
compaera de trabajo, usaba unas idnticas a las que tena delante. 
Evidentemente ambas haban sido asesinadas y sus cadveres metidos en el 
maletero del Ford. Ms adelante haban arrojado el cuerpo de Ernestina en 
el contenedor. Pero qu haba ocurrido con el otro cadver?
-Llame a la polica local -dijo Julio-. Ha llegado el momento de ajustarse al 
protocolo.
1.52 de la madrugada.
Cuando Reese Hagerstrom regres de su coche, se detuvo para abrir las 
puertas elctricas del garaje, con el fin de ventilar el aire putrefacto que 
proceda del maletero del Ford, y mir por todos los rincones de la gran 
estancia. Cuando se abrieron las puertas, vio un uniforme quirrgico y unos 
zapatos antiestticos en uno de los rincones.
-Julio, venga a ver esto.
Julio haba estado contemplando fijamente el interior del maletero, sin 
querer tocar nada para no estropear ninguna prueba, pero con la esperanza 
de descubrir alguna pequea pista con su profunda observacin. Entonces 
fue junto a Reese para examinar el nuevo hallazgo.
-Qu diablos est ocurriendo? -pregunt Reese.
Julio no respondi.
-La noche ha empezado con un cadver desaparecido -dijo Reese-. Ahora 
ya son dos: Leben y la chica Klienstad. Y nos hemos encontrado con un 
tercero, que preferiramos no haber hallado. Si alguien se dedica a recoger 
cadveres, por qu no se quedaron tambin con el de Ernestina 
Hernndez?
Perplejo ante este peculiar descubrimiento y el confuso vnculo existente 
entre el robo del cadver de Leben y el asesinato de Ernestina, Julio se 
ajust inconscientemente la corbata, tir de sus puos y se arregl los 
gemelos. Incluso en pleno verano, jams dejaba de usar corbata y camisa 
de manga larga, como lo hacan otros detectives. Al igual que el de un 
sacerdote, el trabajo del detective era algo sagrado, dedicado al servicio de 
los dioses de la justicia y de la ley, y vestir de un modo menos formal le 
habra parecido una falta de respeto, semejante a la de un cura que 
celebrase misa con tejanos y camiseta.
-Vienen los locales? -le pregunt a Reese.
-S. Y en cuanto les hayamos explicado la situacin, debemos ir a 
Placentia.
-Placentia? Por qu? -pregunt Julio, parpadeando.
-Por la terminal del coche he averiguado que haba un mensaje importante 
para nosotros en la central. La polica de Placentia ha encontrado a Becky 
Klienstad.
-Dnde? Viva?
-Muerta. En casa de Rachael Leben.
Atnito, Julio repiti la pregunta que Reese haba formulado unos minutos 
antes:
-Qu diablos est ocurriendo?
1.58 de la madrugada.
Para llegar a Placentia desde Villa Park, tuvieron que cruzar parte de 
Orange, por un sector de Anaheim y por el puente de la avenida Tustin, 
sobre el ro Santa Ana, que durante la poca seca no era ms que un cauce 
polvoriento. Pasaron junto a unos enormes pozos petrolferos semejantes a 
gigantescas mantis religiosas, removindose hacia arriba y hacia abajo, 
poco ms claras que la propia noche, formas identificables y al mismo 
tiempo misteriosas, que daban un toque ttrico a la oscuridad.
Por lo general, Placentia era uno de los barrios ms tranquilos de la zona, ni 
rico ni pobre, simplemente cmodo y relajado, sin graves problemas ni 
graves ventajas con relacin a otras reas circundantes, a excepcin quizs 
de las hermosas y enormes palmeras a lo largo de sus calles. La magnfica 
densidad de palmeras en la calle donde viva Rachael Leben y su 
exuberante vegetacin parecan estar incendiadas por las luces rojas 
intermitentes de los mltiples coches de polica aparcados delante de la 
casa.
Cuando Julio y Reese llegaron, los recibi un corpulento agente 
uniformado de la polica de Placentia, llamado Orin Mulveck. Estaba 
plido. Tena algo extrao en la mirada, como si hubiese visto algo que no 
quisiera recordar, pero que jams lograra olvidar.
-Recibimos una llamada de un vecino, que vio a un hombre salir de esta 
casa a toda prisa y le pareci que ocurra algo sospechoso. Cuando 
llegamos nos encontramos la puerta abierta y las luces encendidas.
-Estaba la seora Leben en casa?
-No.
-Se sabe dnde est?
-No -respondi Mulveck despus de quitarse la gorra, frotndose 
nerviosamente la cabeza-. Dios mo -exclam ms para s que dirigindose 
a Julio y a Reese-. No, la seora Leben no est. Pero hemos encontrado un 
cadver en su dormitorio.
-Rebeca Klienstad -dijo Julio, entrando en la acogedora casa detrs de 
Mulveck.
-Eso es.
Mulveck los condujo a travs de la encantadora sala de estar, con sus tonos 
color melocotn, blanco, toques de azul oscuro y lmparas de bronce.
-Cmo han identificado el cadver? -pregunt Julio.
-Llevaba una de esas medallas de alerta mdica -respondi Mulveck-. 
Tena varias alergias, incluida una a la penicilina. Sabe a qu medallas me 
refiero? Nombre, direccin y condicin mdica. En cuanto a cmo hemos 
llegado a ustedes con tanta rapidez ha sido despus de verificar la identidad 
de Klienstad en el banco de datos y enterarnos por el mismo que la 
buscaban con relacin al asesinato de Hernndez en Santa Ana.
El banco de datos judiciales, a travs del cual intercambiaban informacin 
diversas agencias policiales, consista en un programa organizado por el 
departamento del sheriff y las policas locales. Eso les permita ahorrar 
horas, o incluso das, y Julio estaba satisfecho de ser un polica en la era de 
los microordenadores.
-Ha sido asesinada aqu? -pregunt Julio, esquivando a un tcnico que 
buscaba huellas dactilares.
-No -respondi Mulveck-. No hay suficiente sangre -agreg, sin dejar de 
frotarse el cabello-. La han asesinado en otro lugar y la han trado aqu.
-Por qu?
-Ver el porqu, pero dudo que lo comprenda.
Con la confusin propia de su comentario crptico, Julio le sigui por el 
pasillo hasta el dormitorio principal. Suspir para coger nimos y durante 
unos instantes fue incapaz de respirar.
-Santo cielo! -exclam Reese, a su espalda.
Las dos lmparas de las mesitas de noche estaban encendidas y a pesar de 
que algunos rincones de la habitacin quedaban sumidos en la penumbra, el 
cuerpo de Rebeca Klienstad estaba perfectamente iluminado, con la boca 
abierta, y la muerte reflejada en su mirada. Estaba desnuda y clavada contra 
la pared, frente a la enorme cama. Tena cada mano atravesada por un 
clavo. Otro debajo de cada codo. Uno en cada pie. Y un enorme pincho 
atravesndole la garganta. No era exactamente la pose clsica de la 
crucifixin, ya que tena las piernas impdicamente abiertas, pero se le 
acercaba.
Un fotgrafo de la polica tomaba fotos desde todos los ngulos. Con cada 
disparo de su flash, el cadver de la mujer pareca moverse en la pared; era 
una mera ilusin, pero pareca contorsionarse con el dolor de los clavos.
Julio no haba visto jams algo tan salvaje como un cadver de mujer 
crucificado y, sin embargo, evidentemente que no era producto de un 
arrebato de locura, sino algo calculado framente. Era evidente que la mujer 
estaba ya muerta cuando la llevaron all, ya que los agujeros de sus manos 
no sangraban. La haban degollado y no caba duda de que aqulla era la 
causa de su muerte. El asesino, o asesinos, haba dedicado bastante tiempo 
y energa para encontrar los clavos y el martillo (que ahora estaba en el 
suelo, en un rincn de la habitacin), para levantar el cuerpo contra la 
pared, aguantarlo y clavar con precisin las pas que lo sostenan, a travs 
de la fra carne muerta. Al parecer la cabeza le haba cado sobre el pecho y 
el asesino deseaba que el cadver mirara hacia la puerta de la habitacin 
(una ttrica sorpresa para Rachael Leben), por lo que le haba puesto un 
cable bajo la barbilla y lo haba atado a un clavo incrustado en la pared 
sobre su crneo, para mantenerle la cabeza levantada. Finalmente, haba 
usado esparadrapo para que tuviera los ojos abiertos, mirando sin ver a 
quien la descubriera.
-Lo comprendo -dijo Julio.
-S -replic estremecindose Reese Hagerstrom.
Mulveck parpade sorprendido. Tena pequeas gotas de sudor en la frente, 
probablemente no relacionadas con el calor veraniego.
-Est usted bromeando. Comprende esta... locura? Comprende qu razn 
puede haber para ello?
-La razn principal por la que Ernestina y su compaera han sido 
asesinadas ha sido el hecho de que el asesino necesitaba un coche -dijo 
Julio- y ellas lo tenan. Pero al darse cuenta del aspecto de esta chica, se ha 
deshecho del otro cadver y ha trado a Klienstad aqu, para dejar un 
mensaje.
Mulveck segua frotndose nerviosamente la cabeza.
-Pero si lo que se propona ese psicpata era asesinar a la seora Leben, si 
ella es su verdadero objetivo, por qu no asesinarla directamente a ella? 
Para qu le deja un... mensaje?
-El asesino debe de haber tenido una buena razn para sospechar que no la 
encontrara en casa. Incluso es posible que haya llamado antes por telfono 
-respondi Julio.
Recordaba lo muy nerviosa que estaba Rachael Leben al hablar con ella por 
la tarde en el depsito de cadveres. Haba intuido que le ocultaba algo y 
que estaba muy asustada. Ahora comprenda que ella ya saba que su vida 
corra peligro.
Pero de quin tena miedo y por qu no acuda a la polica? Qu 
ocultaba?
El fotgrafo de la polica segua disparando su flash.
-El asesino saba que no podra echarle inmediatamente las manos encima 
-prosigui Julio-, pero quera que supiera que vendra a por ella. l, o ellos, 
ha querido aterrorizarla. Y al observar esa chica que acababa de matar, ha 
sabido lo que deba hacer.
-Cmo? -dijo Mulveck-. No lo entiendo.
-Rebeca Klienstad es voluptuosa -dijo Julio, sealando a la mujer 
crucificada-. Tambin lo es Rachael Leben. Tienen tipos muy similares.
-Y el cabello de la seora Leben es muy parecido al de esta chica -dijo 
Reese-. Castao bronceado.
-Caoba dorado -precis Julio-. Y a pesar de que esta chica no es tan 
hermosa como la seora Leben, tienen un lejano parecido, una estructura 
facial similar.
El fotgrafo cambi de carrete.
-Veamos si lo comprendo -dijo el agente Mulveck, moviendo la cabeza-. 
Lo que deba haber ocurrido era que, tarde o temprano, la seora Leben 
llegara a su casa, entrase en su habitacin, se encontrara con esa mujer 
crucificada y comprendiera, por su semejanza, que era a ella a quien el 
psicpata deseaba realmente crucificar.
-Efectivamente -dijo Julio-. Eso creo.
-S -dijo Reese.
-Dios mo -exclam Mulveck-, se dan cuenta de lo negro, amargo y 
profundo que debe de ser su odio? Quienquiera que sea, qu puede haberle 
hecho la seora Leben para que la odie tanto? Qu clase de enemigos 
tiene?
-Enemigos muy peligrosos -dijo Julio-. Eso es todo lo que s. Y... si no la 
encontramos rpido, no la hallaremos viva.
Volvi a dispararse el flash del fotgrafo.
El cadver pareci contorsionarse.
Flash, contorsin.
Flash, contorsin.

11.
Historia de fantasmas.

Cuando estall el neumtico delantero, Benny apenas redujo la velocidad. 
Control con esfuerzo el volante, a lo largo de otra media manzana, 
mientras el Mercedes traqueteaba y se estremeca, lisiado pero cooperativo.
Los faros de sus perseguidores no aparecieron. Le llevaban ms de dos 
manzanas de ventaja al Cadillac. Pero no tardara en aparecer, en breve.
Benny miraba desesperadamente de un lado para otro. Rachael se 
preguntaba qu tipo de escondrijo andaba buscando.
De pronto lo encontr: una casa estucada de una sola planta, con un letrero 
en el jardn que deca EN VENTA, construida en una parcela de unos 
quinientos metros, con el csped sin cortar, separada de las dems casas por 
un muro de hormign, de dos metros y medio de altura, tambin estucado 
que favoreca la intimidad. El jardn estaba adems repleto de rboles y de 
vegetacin excesivamente crecida y descuidada.
-Aleluya! -exclam Benny.
Entr por el portaln, dio la vuelta a la casa y aparc en la parte posterior, 
bajo un porche de pino. Apag los faros y desconect el motor.
Quedaron sumidos en la oscuridad.
El clido metal del coche hizo una serie de ruidos al enfriarse.
La casa estaba desocupada y por consiguiente no se interes nadie por lo 
que ocurra. Dada la altura del muro y los rboles que la separaban de las 
casas contiguas, tampoco despert el inters de los vecinos.
-Dame la pistola -dijo Benny.
Rachael se la entreg, desde su improvisado aposento.
Sarah Kiel los contemplaba, todava temblando, todava asustada, pero ya 
no en su trance de terror. La violencia de la persecucin pareca haberle 
sacudido la preocupacin del recuerdo de la violencia anterior.
Benny abri la puerta y se ape del vehculo.
-Dnde vas? -le pregunt Rachael.
-Quiero asegurarme de que pasan de largo sin detenerse. Entonces ir a 
buscar otro coche.
-Podramos cambiar la rueda...
-No. Es demasiado fcil descubrir este vehculo. Necesitamos un coche 
ordinario.
-Pero dnde vas a encontrarlo?
-Lo robar -respondi-. No os movis, regresar tan pronto como pueda.
Cerr suavemente la puerta, ech a correr por donde haban venido, dio la 
vuelta a la esquina de la casa y desapareci.
Acurrucado junto al edificio, Benny oy un coro de sirenas en la lejana. 
Los coches de polica y las ambulancias probablemente seguan circulando 
por Palm Canyon Drive, a dos o tres kilmetros de distancia, donde los 
policas acribillados a balazos haban metido su coche en el escaparate de 
una tienda.
Al llegar a la parte frontal de la casa, Benny vio que el Cadillac se acercaba 
por la calle. Se tumb entre la frondosa vegetacin de un parterre y mir 
cautelosamente entre las ramas de las descuidadas adelfas, repletas de 
flores rosas y frutos venenosos. El vehculo pas lentamente, lo que le 
permiti comprobar que en su interior haba tres ocupantes. Slo pudo ver 
con claridad al del asiento delantero, junto al conductor, que tena entradas, 
bigote, facciones toscas y unos mezquinos labios apretados.
Evidentemente buscaban el Mercedes rojo y eran lo suficientemente 
inteligentes para deducir que Benny poda haber encontrado un buen 
escondrijo, para esperar hasta que se hubieran marchado. Esperaba no 
haber dejado huellas al conducir sobre la hierba, desde el portaln hasta la 
parte lateral de la casa. Era el tipo de csped de Bermuda, muy resistente, y 
no haba sido regado con la frecuencia necesaria, por lo que haba pequeas 
zonas despobladas, que facilitaban un camuflaje natural para las marcas de 
los neumticos del Mercedes. Sin embargo aquellos individuos podan ser 
cazadores, capaces de distinguir las pistas ms sutiles de su recorrido.
Oculto entre las frondosas adelfas, todava con su inadecuado traje, 
camiseta, camisa blanca y corbata ladeada, Benny se encontraba 
perfectamente ridculo. Y lo peor era que no se senta con fuerzas para 
enfrentarse al peligro que le esperaba. Haca demasiado tiempo que se 
dedicaba al negocio inmobiliario. Ya no se senta con capacidad para 
desenvolverse en situaciones como aqulla, durante un tiempo prolongado. 
Tena treinta y siete aos y haba dejado de ser un hombre de accin a los 
veintiuno, que le pareca una edad perdida en la bruma de la era paleoltica. 
A pesar de que se haba mantenido en forma a lo largo de los aos, estaba 
algo oxidado. A Rachael le haba parecido formidable cuando atac a 
Vincent Baresco en el despacho de Newport Beach de Eric Leben y sin 
duda le haba impresionado su forma de conducir, pero saba que sus 
reflejos no eran los que haban sido. Como tambin saba que aquella 
gente, sus desconocidos enemigos, eran muy peligrosos.
Tena miedo.
Se haban cargado a los policas, como quien mata a un par de molestas 
moscas. Dios mo.
Cul era el secreto que compartan con Rachael? Qu poda ser tan 
importante como para matar a cualquiera, aunque fueran policas, con el fin 
de evitar que se divulgara? Si sobreviva la prxima hora, le obligara fuera 
como fuese a que le revelara la verdad. No le permitira que le siguiera 
dando largas.
El motor del Caddy produca entre un susurro y un rugido al avanzar 
lentamente y durante un instante el individuo del bigote mir directamente 
a Benny; o pareci hacerlo, concentrando su mirada en las ramas de adelfa 
que ste mantena ligeramente separadas. Benny quiso soltarlas, pero temi 
que, por muy suave que fuera, percibiese el movimiento y se limit a 
devolverle la mirada, convencido de que el vehculo se detendra, se 
abriran las puertas, comenzara a dispararse la metralleta y una lluvia de 
balas caera sobre los matorrales. Sin embargo, el coche sigui circulando 
lentamente a lo largo de la calle. Al ver las luces traseras que se alejaban, 
Benny lanz un suspiro y se estremeci.
Se apart de los matorrales, sali a la calle y se acerc a un enorme 
jacaranda que creca cerca de la calzada. Vigil el Cadillac hasta que se 
hubo alejado tres manzanas, subi sobre una pequea colina y desapareci 
por el otro lado.
En la lejana se oan an sirenas, pero menos que antes. Al principio 
parecan enfurecidas, ahora eran ms bien un lamento.
Con el 32 al costado, surc la noche en busca de un coche para robar.
En el 560 SL, Rachael se haba sentado en el asiento del conductor. Era 
ms cmodo que el pequeo espacio posterior y estaba mejor situada para 
hablar con Sarah Kiel. Encendi la pequea luz de navegacin, convencida 
de que estaba perfectamente protegida por la abundante vegetacin. El 
plido resplandor iluminaba parte del cuadro de mandos, el rostro de 
Rachael y la lamentable figura de Sarah.
La chica vapuleada, despus de salirse de su estado catatnico, ahora era 
capaz de responder a las preguntas que le formularan. Tena la mano 
derecha doblada, en actitud defensiva junto al pecho, lo que le daba el 
aspecto de un pajarillo herido. Sus uas quebradas haban dejado de 
sangrar, pero el dedo roto se le haba hinchado de un modo grotesco. Con 
la mano izquierda se palpaba suavemente el ojo morado, el cuello 
contusionado y el labio partido, con frecuentes muecas y pequeos quejidos 
de dolor. No deca nada, pero cuando sus asustados ojos se cruzaron con 
los de Rachael, apareci en los mismos un destello de reconocimiento.
-Dentro de unos momentos te llevaremos al hospital, querida. De acuerdo? 
-le dijo Rachael.
La chica asinti.
-Sarah, tienes alguna idea de quin soy?
La chica neg con la cabeza.
-Soy Rachael Leben, la esposa de Eric.
El miedo pareci oscurecer el azul de sus ojos.
-No, querida, no te preocupes. Estoy contigo. Te lo aseguro. Estbamos 
tramitando el divorcio. Saba lo de sus amiguitas, pero sa no fue la causa 
de que le abandonara. Estaba enfermo, querida. Retorcido, arrogante y 
enfermo. Llegu a despreciarle y a temerle. Puedes hablarme con toda 
libertad. Soy tu amiga. Me comprendes?
Sarah asinti.
Despus de mirar a su alrededor en la oscuridad, ms all del coche, hacia 
las negras ventanas y el portaln del jardn de la casa por un lado, y la 
vegetacin salvaje por el otro, Rachael ech el seguro de ambas puertas. 
Comenzaba a hacer calor dentro del coche. Saba que debera abrir las 
ventanas, pero se senta ms segura sin hacerlo.
-Dime -dijo Rachael, dirigiendo su atencin nuevamente hacia la 
muchacha-, qu te ha ocurrido, querida? Cuntamelo todo.
La chica intent hablar, pero se le quebr la voz y se estremeci 
violentamente.
-Tranquilzate -le dijo Rachael-. Ahora ests a salvo -agreg deseando que 
fuera cierto-. Ests a salvo. Quin te ha lastimado?
A la plida luz del coche, la piel de Sarah era tan blanquecina como un 
hueso. Se aclar la garganta y susurr:
-Eric. Eric me ha pegado.
A pesar de que Rachael conoca la respuesta de antemano, se estremeci 
hasta la mdula de los huesos cuando la oy y permaneci muda durante 
unos instantes.
-Cundo? -le pregunt-. Cundo te ha hecho esto?
-Ha llegado... a las doce y media.
-Dios mo, menos de una hora antes de que llegramos nosotros. Debe de 
haberse marchado poco antes de nuestra llegada.
Desde su visita al depsito de cadveres, aquella misma tarde, intentaba 
alcanzarle y deba haberse alegrado de saber que le seguan tan de cerca. 
Sin embargo, su corazn comenz a latir con enorme fuerza y se le encogi 
el pecho, al darse cuenta de que deban haberse cruzado con l en la clida 
noche del desierto.
-Ha llamado a la puerta, se la he abierto y... simplemente ha comenzado a 
golpearme -respondi Sarah, acaricindose suavemente el ojo morado, que 
estaba casi cerrado-. Me ha golpeado, me ha tirado al suelo, me ha pegado 
un par de patadas, me ha pisoteado las piernas...
Rachael record los horribles cardenales de sus muslos.
-Me ha tirado del pelo...
Rachael le cogi la mano izquierda a la chica.
-Me ha arrastrado hasta el dormitorio...
-Sigue -le dijo Rachael.
-... me ha arrancado el pijama, comprende? y... ha seguido tirndome del 
cabello, golpendome, dndome puetazos...
-Te haba pegado antes?
-No. Slo algn bofetn. Comprende?... alguna pequea pelea. Eso es 
todo. Pero esta noche... esta noche estaba loco... lleno de odio.
-Ha dicho algo?
-Poca cosa. Me ha insultado. Me ha llamado cosas horribles, comprende? 
Y su tono era extrao, peculiar, un balbuceo.
-Qu aspecto tena? -pregunt Rachael.
-Oh, Dios mo...!
-Cuntamelo.
-Le faltaban un par de dientes. Estaba lleno de cortes y cardenales. Tena 
muy mal aspecto.
-Cmo de malo?
-Gris.
-Cmo tena la cabeza, Sarah?
-Su rostro... -respondi, estrujndole la mano a Rachael-, completamente 
gris, como la ceniza, comprende?
-Y la cabeza? -insisti Rachael.
-Llevaba un gorro de lana cuando ha llegado. Muy hundido, comprende? 
Como los que usan para ir por la nieve. Pero cuando me estaba golpeando... 
cuando he intentado defenderme... se le ha cado el gorro.
Rachael esper.
El aire del coche era pesado y estaba impregnado del hedor cido del sudor 
de la chica.
-Su cabeza estaba... totalmente magullada -respondi Sarah, con la voz 
invadida por el terror, el horror y el asco.
-El costado del crneo? -pregunt Rachael-. Se lo has visto?
-Todo roto, hundido... terrible, terrible.
-Sus ojos. Cmo eran sus ojos?
Sarah intent hablar, pero se le form un nudo en la garganta. Bajo la 
cabeza y cerr momentneamente los ojos, esforzndose para recuperar el 
control de s misma.
Invadida por una sensacin irracional, aunque comprensible, de que alguien 
o algo se acercaba furtivamente al Mercedes, Rachael observ nuevamente 
la oscuridad que la rodeaba. Pareca empujar el coche, intentando entrar por 
las ventanas.
-Por favor, querida, hblame de sus ojos -dijo Rachael, cuando la pobre 
chica levant de nuevo la cabeza.
-Extraos. Como si estuviera volando, colocado, comprende? Y... 
empaados...
-Con un aspecto parecido al del barro?
-S.
-Sus movimientos. Haba algo extrao en la forma en que se mova?
-A veces... pareca moverse a sacudidas... comprende? Un poco 
espasmdico. Pero en otros momentos era rpido, demasiado para m.
-Y me has dicho que balbuceaba.
-S. A veces no se entenda lo que deca. Y en un par de ocasiones ha 
dejado de golpearme, para quedarse inmvil, balancendose de un lado 
para otro, con aspecto... confundido, comprende? Como si no supiera 
dnde estaba o quin era, olvidndose de m.
Rachael se dio cuenta de que temblaba tanto como Sarah y de que su 
contacto era tan reconfortante para ella como para la chica.
-Su tacto -dijo Rachael-. Su piel. Como era su tacto?
-No necesita preguntrmelo, no es cierto? Porque ya lo sabe, me 
equivoco? -dijo la muchacha-. De algn modo... usted ya lo sabe, no es 
cierto?
-Dmelo de todos modos.
-Fro. Excesivamente fro.
-Y hmedo? -pregunt Rachael.
-S... pero... no como el sudor.
-Grasiento -dijo Rachael.
Su recuerdo era tan vivo que sinti nuseas y se limit a asentir.
La piel ligeramente grasienta, como en la primera etapa, la primersima 
etapa, de la putrefaccin, pens Rachael, con el estmago demasiado 
revuelto y el corazn excesivamente compungido para decirlo en voz alta.
-Esta noche he visto las noticias de las once y me he enterado de que haba 
muerto -dijo Sarah-. Le haba atropellado un camin, por la maana, y me 
preguntaba cunto tiempo podra quedarme en la casa antes que alguien me 
echara. Estaba intentado decidir adnde poda ir. Pero en menos de una 
hora despus de haberme enterado de la noticia por televisin, aparece en la 
puerta de la casa y al principio he credo que deba de haber habido una 
confusin, pero entonces... vlgame Dios... he comprendido que era cierto. 
Realmente haba... muerto. Era cierto.
-S.
-Sin embargo, de algn modo... -deca la chica, lamindose 
cuidadosamente el labio partido.
-S.
-...ha regresado.
-S -dijo Rachael-. Ha regresado. En realidad an lo est haciendo. Todava 
no ha recorrido el camino completo y es probable que no lo haga jams.
-Pero cmo...
-Eso no importa. No tienes por qu saberlo.
-Y quin...
-Tampoco tienes por qu saber quin. Creme, no te conviene saberlo, no 
puedes permitrtelo. Querida, debes escucharme atentamente y quiero que 
te fijes en lo que voy a decirte. No puedes decirle a nadie lo que has visto. 
Absolutamente a nadie. Comprendes? Si lo haces... corrers un terrible 
peligro. Hay gente que te matara sin pensrselo dos veces, para impedir 
que hables de la resurreccin de Eric. Hay mucho ms en juego de lo que 
puedas imaginarte y matarn a tanta gente como sea necesario para guardar 
el secreto.
-En todo caso, a quin podra decrselo que me creyera? -dijo la chica con 
una risa negra, irnica y no del todo cuerda.
-Exactamente -dijo Rachael.
-Creeran que estoy loca. Es todo completamente absurdo, claramente 
imposible.
La voz de Sarah era fra, con un toque lgubre y era evidente que lo que 
haba visto aquella noche la haba cambiado para siempre, tal vez para 
mejorarla o quizs para empeorarla. Ya nunca volvera a ser la misma. Y 
durante mucho tiempo, tal vez durante el resto de su vida, ya no conciliara 
con la misma facilidad el sueo, ya que siempre temera aquella posible 
pesadilla.
Bien, cuando llegues al hospital pagar todas tus cuentas. Adems te dar 
un cheque por diez mil dlares -le dijo Rachael-, que confo en que no 
malgastes en drogas. Y si lo deseas, llamar a tus padres a Kansas para que 
vengan a recogerte.
-Creo... que eso me gustara.
-Bien. Me parece que eso est muy bien, querida. Estoy segura de que 
deben estar preocupados por ti.
-Sabe que... Eric me habra matado. Estoy segura de que era lo que se 
propona. Quera matarme. Puede que no a m en particular. Quizs a 
cualquiera. Senta deseos de matar a alguien, como si lo necesitara, lo 
llevaba en la sangre. Y yo estaba ah. Comprende? Me tena a mano.
-Cmo has logrado escapar de l?
-Ha quedado... como si hubiera perdido el conocimiento durante un par de 
minutos. Como le deca, a veces pareca confundido. En un momento dado, 
sus ojos han quedado todava ms turbios que de costumbre y ha 
comenzado a emitir una especie de silbidos. Me ha dado la espalda y ha 
mirado a su alrededor, como si estuviera confundido... comprende? 
Perplejo. Tambin pareca quedarse sin fuerzas, porque se ha apoyado 
contra la puerta del bao y ha dejado caer la cabeza.
Rachael record la palma sangrienta en la pared de la habitacin, junto a la 
puerta del bao.
-Y cuando estaba en ese estado -dijo Sarah-, cuando estaba distrado, yo 
estaba en el suelo del bao, malherida, casi incapaz de moverme y lo mejor 
que he podido hacer ha sido meterme a gatas en la ducha, convencida de 
que volvera a por m cuando recobrara el sentido, pero no lo ha hecho. Ha 
recobrado el sentido y no se acordaba de m o no saba dnde me haba 
metido. Entonces, al cabo de un rato, le he odo que tiraba y destrozaba 
cosas por otra parte de la casa.
-Ha destrozado prcticamente la cocina -dijo Rachael, recordando en un 
oscuro rincn de su memoria los cuchillos clavados en la pared.
-No lo entiendo... -dijo Sarah, mientras le brotaban las lgrimas en primer 
lugar del ojo sano y a continuacin del hinchado.
-Cmo? -pregunt Rachael.
-Por qu me perseguira precisamente a m?
-Lo ms probable es que no te persiguiera a ti -respondi Rachael-. Si hay 
una caja fuerte empotrada en la casa, seguramente ha querido retirar el 
dinero. Pero sobre todo creo que casi con toda seguridad est buscando un 
lugar donde instalarse, hasta que el proceso haga... su curso. Entonces, 
cuando ha perdido momentneamente el sentido y t te has ocultado, 
probablemente ha credo que habas ido en busca de ayuda y ha decidido 
irse a otro lugar.
-Apuesto a que ha ido a la cabaa.
-Qu cabaa?
-No conoce su cabaa en el lago Arrowhead?
-No -respondi Rachael.
En realidad no est junto al lago. Est ms arriba, en la montaa. Fui una 
vez con l. Tiene una hectrea de bosque con su impecable cabaa...
Alguien golpe en la ventana del coche.
Rachael y Sarah chillaron sorprendidas.
Se trataba de Benny. Abri la puerta de Rachael y dijo:
-Vmonos. He conseguido otro vehculo. Se trata de un Subaru gris, mucho 
menos llamativo que este blido.
Rachael titube, recuperando la respiracin y a la espera de que su corazn 
latiera ms lentamente. Se senta como si ella y Sarah fueran un par de 
jovenzuelas que hubieran estado sentadas junto a una hoguera en el bosque, 
contndose historias de terror con la intencin de asustarse mutuamente y 
haberlo logrado con creces. Momentneamente y aunque pareciera una 
locura, haba tenido la impresin de que los golpecitos en la ventana eran 
duros y secos; el clic clic seo del dedo de un esqueleto.

12.
Sharp.

A partir del momento en que Julio vio a Anson Sharp, le desagrad. Con el 
transcurso de los minutos, su aversin era cada vez mayor.
Sharp entr en la casa de Rachael Leben, en Placentia, bambolendose ms 
que caminando, mostrando sus credenciales de la Agencia de la Defensa de 
la Seguridad, como si todos los policas tuvieran que arrodillarse y adorar a 
un agente federal de su elevada posicin. Mir a Becky Klienstad 
crucificada en la pared, movi la cabeza y dijo:
-Lstima. Era una chica muy atractiva, no les parece?
En un tono autoritario con el que pareca querer ofenderlos 
deliberadamente, les dijo que los asesinatos de Hernndez y Klienstad 
formaban ahora parte de un caso federal extremadamente delicado, que por 
razones que no poda, o no deseaba, divulgar, no era ya de la competencia 
de las policas locales. Formul preguntas y exigi respuestas, sin dar 
informacin alguna por su parte. Era un individuo corpulento, incluso 
mayor que Reese, con un trax, unos hombros y unos brazos que parecan 
construidos en unos astilleros, y su cuello era casi tan grueso como su 
cabeza. Al contrario de Reese, le gustaba utilizar su corpulencia para 
intimidar a los dems, a quienes se acercaba demasiado, violando 
intencionadamente su espacio, mirando hacia abajo cuando hablaba con 
alguien, con una sonrisa apenas perceptible, pero sumamente molesta. Era 
apuesto, aparentemente vanidoso, con el cabello rubio cortado 
impecablemente a la navaja y unos atractivos ojos verdes con los que 
pareca decir: soy mejor que t, ms astuto que t, ms inteligente que t y 
siempre lo ser.
Sharp le dijo a Orin Mulveck y a los dems policas de Placentia que 
deban marcharse de la casa y abandonar inmediatamente sus 
investigaciones.
-Debern entregar inmediatamente a los miembros de mi equipo todas las 
pruebas que han recogido, las fotografas que han tomado y los 
documentos. Dejen un coche patrulla, con dos agentes aparcados en la 
acera y ordnenles que nos ayuden en lo que creamos necesario.
Claramente, a Orin Mulveck, Sharp no le caa mejor que a Julio y a Reese. 
Haban quedado todos reducidos a la categora de meros recaderos del 
agente federal, lo que no les gustaba a ninguno de ellos, a pesar de que se 
habran sentido considerablemente menos ofendidos si Sharp hubiera 
tratado la situacin con el ms mnimo tacto.
-Tendr que comprobar sus rdenes con mi jefe -dijo Mulveck.
-Por supuesto -respondi Sharp-. Entretanto, haga el favor de sacar a su 
gente de esta casa. Adems, se les prohbe rotundamente a todos ustedes 
decir una sola palabra de lo que han visto. Comprendido?
-Lo comprobar con mi jefe -repiti Mulveck, con el rostro sofocado y las 
arterias palpitndole en las sienes, cuando sali por la puerta.
Sharp haba llegado con dos individuos de traje oscuro, ninguno de ellos 
tan imponente como l, pero ambos elegantes y seguros de s mismos. 
Estaban uno a cada lado de la puerta del dormitorio, como los guardianes 
de un templo, observando a Julio y a Reese sin disimular su desconfianza.
Julio no se haba encontrado jams con ningn agente de la Defensa de la 
Seguridad. Eran muy diferentes a los del FBI, con los que haba trabajado 
en alguna ocasin, con una actitud menos policial. El elitismo les sala por 
los poros, como el olor punzante de la colonia.
-S quines son -les dijo Sharp a Julio y a Reese- y s que tienen la 
reputacin de ser un par de sabuesos. Cuando huelen un caso, no lo sueltan. 
Habitualmente esto es admirable. Sin embargo, en esta ocasin deben hacer 
un esfuerzo y olvidarlo. No puedo decrselo con mayor claridad. Me 
comprenden?
-El caso es bsicamente nuestro -respondi Julio, de mala gana-. Ha 
comenzado en nuestra jurisdiccin y hemos atendido a la primera llamada.
-Les estoy diciendo que se ha acabado y que ya no tiene nada que ver con 
ustedes -dijo Sharp, frunciendo el ceo-. En lo que a su departamento se 
refiere, no hay caso alguno en el que ustedes puedan trabajar. Toda la 
documentacin relacionada con Hernndez, Klienstad y Leben ha sido 
retirada de sus archivos, como si jams hubiera existido, y de ahora en 
adelante nosotros nos ocupamos de todo. En estos momentos nuestros 
propios forenses estn de camino desde Los ngeles. No necesitamos ni 
deseamos nada de lo que nos puedan ofrecer. Comprende, amigo? 
Esccheme, teniente Verdad, usted ya no trabaja en el caso. Si no me cree, 
comprubelo con sus superiores.
-No me gusta -dijo Julio.
-No tiene por qu gustarle -replic Sharp.
Julio slo condujo un par de manzanas desde la casa de Rachael Leben, 
hasta que se vio obligado a parar junto a la acera. Peg un violento frenazo, 
dio un golpe de volante y exclam:
-Maldita sea! Sharp es tan engredo que probablemente cree que alguien 
tendra que embotellar su orina y venderla como perfume.
En los diez aos que haca que Reese trabajaba con Julio, no le haba visto 
jams tan enojado. Estaba furioso. Tena la mirada dura y encendida. Un tic 
en la mejilla derecha le mova medio rostro. Los msculos de la mandbula 
se tensaban y relajaban sucesivamente, y tena el cuello agarrotado. Pareca 
estar dispuesto a destruir lo que se le pusiera por delante. A Reese se le 
ocurri la curiosa idea de que si Julio hubiera sido un personaje de dibujos 
animados, le habra salido humo de las orejas.
-No cabe duda de que es un cretino -dijo Reese-, pero un cretino con mucha 
autoridad y contactos.
-Acta como si fuera el jefe de un comando.
-Supongo que tiene que hacer su trabajo.
-Claro, pero el trabajo que est haciendo es el nuestro.
-Olvdelo -dijo Reese.
-No puedo.
-Olvdelo.
-No -replic Julio, moviendo la cabeza-. ste es un caso especial. Me 
siento obligado hacia esa chica, Hernndez. No me pida que se lo explique. 
Creera que me estoy ablandando con la madurez. De todos modos, si fuera 
un caso ordinario, un simple homicidio habitual, lo olvidara 
inmediatamente, no me preocupara, se lo aseguro, pero ste es especial.
Reese suspir.
Para Julio, casi todos los casos eran especiales. Era bajito, especialmente 
para ser detective, pero, maldita sea, estaba muy comprometido y de un 
modo u otro siempre encontraba algn pretexto para perseverar en el caso, 
cuando otro polica lo habra abandonado, cuando el sentido comn 
demostraba que no vala la pena proseguir y cuando segn la ley de la 
compensacin era perfectamente evidente que haba llegado el momento de 
dedicarse a otra cosa. En algunos casos deca:
Reese, me siento especialmente comprometido con esta vctima, porque se 
trataba de un chico tan joven que jams haba tenido ninguna oportunidad 
en su vida y no es justo, me perturba.
En otros casos le deca:  Reese, este caso es personal y especial para m 
porque la vctima era tan vieja, tan vieja e indefensa, y si no nos 
esforzamos para proteger a los viejos, somos una sociedad enferma; me 
perturba, Reese.
A veces el caso era especial para Julio porque la vctima era atractiva y le 
pareca trgico que tanta belleza se perdiera para la humanidad, y le 
perturbaba. Pero poda estar igualmente perturbado por una vctima fea, por 
consiguiente con desventaja en la vida, que adems converta su muerte en 
algo injusto e intolerable. En esta ocasin, Reese sospechaba que Julio 
haba establecido un vnculo especial con Ernestina, porque su nombre era 
tan similar al de su fallecido hermanito. No era difcil lograr que Julio 
Verdad se comprometiera profundamente. Su nico problema era que sus 
reservas de compasin y comprensin eran tan enormes, que corra el 
peligro de que le asfixiaran.
-Evidentemente -dijo Julio, sentado rgidamente detrs del volante, 
golpendose repetida y suavemente el muslo con el puo-, el robo del 
cadver de Eric Leben y los asesinatos de esas dos mujeres estn 
relacionados. Pero por qu? La misma gente que rob el cadver mat a 
Ernestina y a Becky? Y en tal caso, por qu? Y por qu han clavado a esa 
chica en la pared del dormitorio de la seora Leben? Es tan sumamente 
grotesco!
-Olvdelo -dijo Reese.
-Y dnde est la seora Leben? Qu sabe sobre este asunto? Algo sabe. 
Cuando la he interrogado he intuido que me ocultaba algo.
-Olvdelo.
-Y por qu este caso afecta la seguridad nacional, precisando que Anson 
Sharp y su Agencia de la Defensa de la Seguridad se ocupen del mismo?
-Olvdelo -dijo Reese, como si fuera un disco rayado, consciente de que era 
imposible hacerle cambiar de opinin, pero intentndolo a pesar de todo.
Era su letana habitual. Se habra sentido incompleto de no haber 
mantenido su actitud hasta el fin.
-Debe de estar relacionado con algn trabajo que la empresa de Leben 
realiza para el gobierno -dijo Julio, menos enojado y ms meditabundo-. 
Algn contrato con el departamento de defensa.
-Piensa seguir investigando, no es cierto?
-Ya se lo he dicho, Reese, me siento especialmente comprometido con esa 
pobre chica, Hernndez.
-No se preocupe, ellos descubrirn al asesino.
-Sharp? Se supone que debemos confiar en l? Es un imbcil. Se ha 
dado cuenta de cmo viste? -coment Julio, quien por supuesto vesta 
siempre impecablemente-. Las mangas de la chaqueta le quedaban un par 
de centmetros cortas y la costura posterior era demasiado estrecha. 
Adems, no se lustra los zapatos con la frecuencia necesaria, daba la 
impresin de haber estado andando por el monte. Cmo puede encontrar 
al asesino de Ernestina si es incapaz de lustrarse debidamente los zapatos?
-Tengo la sensacin, Julio, que si no abandonamos el caso se nos caer el 
pelo.
-No puedo abandonarlo -afirm obstinadamente Julio-. Todava es mo. Lo 
ser hasta que acabe. Abandnelo usted si lo desea.
-Me quedo.
-No se sienta presionado.
-Me quedo -insisti Reese.
-No tiene por qu hacer nada que no desee.
-He dicho que me quedo y me quedo.
Cinco aos antes, en un acto heroico sin precedentes, Julio Verdad haba 
salvado la vida de Esther Susanne Hagerstrom, hija nica de Reese, cuando 
era todava una criatura indefensa de cuatro aos. Para Reese Hagerstrom, 
en el mundo se sucedan las estaciones, el sol se levantaba y pona, la 
marea suba y bajaba, todo ello por una sola razn: para complacer a Esther 
Susanne. Ella era el centro, la mitad, el fin y la circunferencia de su
vida,  y haba estado a punto de perderla, pero Julio la haba salvado. Haba 
matado a un hombre y casi a otros dos para rescatarla, por lo que ahora 
Reese antes despreciara un milln de dlares que abandonar a su 
compaero.
-Puedo ocuparme solo del caso -dijo Julio-. De veras.
-No ha odo que deca que me quedaba?
-Corremos el riesgo de que nos abran un expediente disciplinario.
-Me quedo.
-Nos exponemos a perder toda posibilidad de promocin.
-Me quedo.
-Se queda, y entonces?
-Me quedo.
-Est seguro?
-Estoy seguro.
Julio volvi a poner el coche en marcha y se alejaron de Placentia.
-Los dos estamos bastante agotados y necesitamos descansar. Le dejar en 
su casa, para que duerma unas horas y le recoger a las diez de la maana.
-Y adnde piensa ir mientras duermo?
-Quizs tambin intente descansar -respondi Julio.
Reese viva con su hermana Agnes y Esther Susanne en la avenida Adams 
Este, en la ciudad de Orange, en una casa muy agradable que haba 
arreglado personalmente en sus das libres. Julio tena un apartamento en 
un atractivo complejo de estilo espaol, a una manzana de la calle 4, en el 
extremo este de Santa Ana.
Ambos iban a acostarse en camas fras y solitarias. La esposa de Julio haba 
muerto siete aos antes de un cncer. La de Reese, la madre de Esther, 
haba fallecido de un balazo en el mismo incidente en que haba estado a 
punto de perder a su hija, por lo que haca cinco aos que estaba viudo, dos 
menos que Julio.
-Y si no puede dormir? -pregunt Reese, cuando iban por la carretera 57, 
en direccin hacia Orange y Santa Ana.
-Ir a husmear al despacho, procurar enterarme de si alguien sabe algo 
sobre ese Sharp y qu hace que sea tan importante como para dirigir el 
espectculo. Puede que tambin haga alguna indagacin relacionada con el 
doctor Eric Leben.
-Qu haremos exactamente cuando me recoja a las diez de la maana?
-Todava no lo s -respondi Julio-. Pero para entonces se me habr 
ocurrido algo.


13.
Revelaciones.

Llevaron a Sarah Kiel al hospital en el Subaru gris robado. Rachael se 
comprometi a pagar la cuenta, le entreg un cheque de diez mil dlares a 
Sarah, llam a sus padres a Kansas, sali con Ben del hospital y fueron en 
busca de un lugar adecuado donde pasar el resto de la noche.
A las 3.35 de la madrugada del martes, agotados y con los ojos turbios, 
encontraron un gran hotel en Palm Canyon Drive, con un sereno en la 
recepcin. En su habitacin haba unas cortinas de color naranja y blanco, 
que a Ben le parecieron muy chillonas, y Rachael coment que el 
cubrecamas le daba asco, pero la ducha y el aire acondicionado 
funcionaban, las dos camas de tres cuartos tenan buenos colchones, y el 
cuarto estaba situado en la parte posterior del edificio, alejado de la calle, 
donde podran descansar incluso despus de que comenzara el bullicio 
matutino, por lo que no era exactamente un infierno.

Rachael se qued sola unos diez minutos, mientras Ben conduca el Subaru 
robado por la puerta trasera del hotel, hasta el aparcamiento de un 
supermercado a varias manzanas de distancia, y regresaba a pie. Tanto a la 
ida como a la vuelta, procur no pasar frente a la recepcin, con el fin de 
no despertar la curiosidad del sereno. Al da siguiente, sin prisas, se 
ocuparan de alquilar un vehculo.
En su ausencia, Rachael visit las mquinas automticas de hielo y de 
venta de bebidas. Sobre una mesilla junto a la ventana, haba un cubo lleno 
de cubitos de hielo, varias latas de coca cola, unas normales y otras light, 
cerveza A. W. Root y zumo de naranja.
-He pensado que podas estar sediento -le dijo, a su llegada.
De pronto record que estaban en medio del desierto y que durante las 
ltimas horas, mientras circulaban, no haban dejado de sudar. Se tom un 
vaso de zumo de naranja de dos tragos, sin sentarse, bebi una cerveza casi 
con la misma rapidez y entonces se sent, abriendo una lata de coca cola 
light.
-Cmo se las arreglan los camellos, a pesar de la joroba?
-Y bien? -dijo Rachael, dejando caer todo su peso al otro lado de la 
mesilla, mientras abra una lata de coca cola.
-Bien, qu?
-No vas a formularme ninguna pregunta?
Benny bostez, no de un modo perverso, ni porque quisiera enojarla, sino 
porque en aquel momento le apeteca ms dormir que enterarse finalmente 
de la verdad de sus circunstancias.
-Preguntar qu? -exclam.
-Lo mismo que me has estado preguntando toda la noche.
-Has dejado perfectamente claro que no estabas dispuesta a responder.
-Ahora lo estoy. Ya es imposible evitar involucrarte.
Tena el aspecto tan triste, que Ben sinti en su huesos el fro augurio de la 
muerte y se pregunt si en realidad no habra cometido una locura 
involucrndose en aquel asunto, aunque fuera para ayudar a la mujer que 
amaba. Ella le miraba como si contemplara un cadver, como si ambos 
estuvieran muertos.
-Si ests dispuesta a contrmelo -le dijo-, no necesito formularte ninguna 
pregunta.
-Vas a tener que prescindir de todo prejuicio. Lo que voy a contarte podr 
parecerte increble... muy extrao.
-Te refieres al hecho de que Eric haya vuelto a la vida despus de morir? 
-pregunt, tomando un sorbo de su coca cola light.
Se estremeci sorprendida y le mir fijamente. Abri la boca, pero no le 
salan las palabras.
En toda su vida jams haba provocado una reaccin semejante y le produjo 
un inmenso placer.
-Pero... cmo... cundo... qu? -balbuci finalmente.
-Cmo s lo que s? -dijo Ben-. Cundo lo he deducido? Qu me ha 
dado la pista?
Rachael asinti.
-Diablos! -exclam-, si alguien hubiera robado el cadver de Eric, con 
toda seguridad habra ido en su propio coche para transportarlo. No habra 
tenido que asesinar a una mujer para robarle el coche. Adems est lo de la 
ropa hospitalaria abandonada en el garaje de Villa Park. Por otra parte, me 
he dado cuenta de que estabas verdaderamente aterrorizada desde que he 
llegado a tu casa esta noche y no sueles asustarte con facilidad. Eres una 
mujer competente y capacitada, que no se deja vencer por la angustia. En 
realidad, jams he visto que le tuvieras miedo a nada, a excepcin 
posiblemente de... Eric.
-Realmente falleci en el accidente. No ha sido caso de diagnstico 
equivocado.
-Su trabajo y su genio estaban al servicio de la ingeniera gentica -dijo 
Ben, cuyo deseo de dormir haba decrecido un poco-. Y estaba obsesionado 
por seguir siendo joven. Por consiguiente, sospecho que descubri el 
sistema de manipular los genes relacionados con la vejez y con la muerte. 
O puede que construyera artificialmente un nuevo gen para acelerar la 
curacin, la estasis de los tejidos... la inmortalidad.
-No dejas de asombrarme -dijo Rachael.
-Soy un tipo bastante sorprendente.
Sus propias aprensiones dieron paso a la energa de sus nervios. No poda 
estarse quieta. Se levant y comenz a andar de un lado para otro.
l sigui sentado, tomando sorbos de su coca cola light. Haba estado 
inquieto toda la noche; ahora le tocaba a ella.
-Cuando Geneplan patent sus primeros microorganismos artificiales 
altamente rentables -dijo en un tono impregnado de temor y resignacin-, 
Eric quera convertir el negocio en una empresa pblica, con lo que habra 
vendido el treinta por ciento de sus acciones, con un beneficio de cien 
millones de un da para otro.
-Cien? Dios mo!
-Sus dos socios y tres investigadores asociados, tambin accionistas de la 
empresa, estaban medio decididos a que lo hiciera, porque tambin habran 
ganado mucho dinero. A todos, menos a Vincent Baresco, les atraa la 
perspectiva del dinero. Eric se neg a hacerlo.
-Baresco -dijo Ben-. El individuo que nos ha amenazado con el Magnum, 
con quien me he peleado en el despacho de Eric esta noche, es socio de la 
empresa?
-Es el doctor Vincent Baresco. Es uno de los investigadores 
meticulosamente elegidos por Eric, uno de los pocos que conocen la 
existencia del proyecto Wildcard. En realidad, slo ellos seis lo saban 
todo. Y yo. A Eric le gustaba presumir ante m. De todos modos, Baresco 
se uni con Eric, oponindose a la venta de acciones de Geneplan y logr 
convencer a los dems. Si seguan como empresa privada no tenan que dar 
explicaciones a los accionistas. Podan gastar el dinero en proyectos 
inverosmiles sin tener que justificar sus decisiones.
-Como investigar la inmortalidad o su equivalente.
-No se proponan alcanzar la inmortalidad, sino la longevidad, la 
regeneracin. Tuvieron que dedicarle muchsimo dinero al proyecto, que 
los accionistas habran querido cobrar en forma de dividendos. A pesar de 
ello, Eric y los dems se enriquecan con los modestos porcentajes de los 
beneficios corporativos que distribuan entre ellos, por lo que no 
necesitaban el capital que habran acumulado vendiendo acciones.
-Regeneracin -reflexion Ben.
Rachael se detuvo frente a la ventana, abri cuidadosamente las cortinas y 
observ el aparcamiento del hotel, sumido en el manto de la noche.
-Quin sabe -respondi-, no soy experta en ingeniera gentica. Pero... 
lograron desarrollar un virus benigno que funciona como transportador 
para trasladar el material gentico a las clulas del cuerpo y colocar los 
nuevos fragmentos con toda precisin en las cadenas de cromosomas. Es 
como si el virus fuera una especie de bistur viviente que practica la ciruga 
gentica. Al tratarse de un ser microscpico, puede realizar pequesimas 
operaciones, que seran imposibles con un bistur real. Puede ser diseado 
para que busque y se adhiera a cierta porcin de la cadena cromosmica, 
destruyendo el gen con el que se encuentra o insertando uno nuevo.
-Y lo lograron?
-S. Entonces tuvieron que identificar positivamente los genes asociados 
por el proceso de envejecimiento, para eliminarlos y desarrollar material 
gentico artificial, que el virus transportara al interior de las clulas. El 
objeto de los nuevos genes sera detener el proceso de envejecimiento y 
mejorar enormemente el sistema natural de inmunidad, estimulando el 
organismo para que produjera enormes cantidades de interferon y de otras 
sustancias curativas. Me comprendes?
-Bastante.
-Incluso creyeron que podran dotar al cuerpo humano de la habilidad de 
regenerar tejido destruido, huesos y rganos vitales.
Segua contemplando la noche y pareca haber empalidecido, no a causa de 
lo que vea, sino al pensar en lo que lentamente le revelaba.
-Gracias a sus patentes ganaban muchsimo dinero -prosigui-. Lo que les 
permiti gastar Dios sabe cuntas decenas de millones distribuyendo la 
investigacin entre especialistas en gentica fuera de la empresa, 
fragmentando el proyecto de modo que nadie pudiera comprender 
realmente lo que se proponan. Era como el equivalente privado del 
proyecto Manhattan y quizs incluso ms secreto que el desarrollo de la 
bomba atmica.
-Con el fin de poder ser ellos quienes se aprovecharan de los resultados, si 
lo conseguan?
-En parte, s -dijo soltando la cortina y alejndose de la ventana-. Adems, 
guardando el secreto, imagnate el poder que tendran, eligiendo a los que 
se beneficiaran del mismo. Esencialmente podran crear una raza superior 
de lite, que les debera la existencia. La mera amenaza de no brindarle la 
panacea, podra obligar prcticamente a cualquiera a cooperar con ellos. 
Cuando Eric me lo cont, me pareci una tontera, una quimera, a pesar de 
que saba que era un genio en su campo.
-Esos individuos del Cadillac que nos perseguan y que han disparado 
contra los policas...
-Son de Geneplan -respondi todava muy nerviosa, nuevamente 
paseando-. He reconocido el coche. Es el de Rupert Knowls. ste fue quien 
aport el primer capital, que le permiti a Eric fundar la empresa. Despus 
de Eric, es el socio principal.
-Un hombre rico... y est dispuesto a arriesgar su reputacin y su libertad 
asesinando a un par de policas?
-Para proteger el secreto, eso parece. No ha sido jams un tipo muy 
escrupuloso. Y ante esta oportunidad, supongo que sus escrpulos sern 
ms flexibles que nunca.
-De acuerdo. De modo que desarrollaron la tcnica para prolongar la vida y 
estimular la curacin con increble rapidez. Y entonces qu?
Su hermoso rostro, hasta entonces plido, qued ahora sumido en una 
inexistente penumbra.
-Entonces empezaron a experimentar con animales en el laboratorio. 
Principalmente con ratones blancos.
Ben se incorpor en su silla y dej la lata de coca cola sobre la mesa, 
porque por la actitud de Rachael tuvo la sensacin de que se acercaba al 
quid de la cuestin.
Ella se detuvo momentneamente para examinar el cerrojo de la puerta, que 
daba a un pasillo abierto frente al aparcamiento. El cerrojo estaba 
perfectamente echado, pero despus de titubear unos instantes cogi una 
silla, la inclin sobre las patas traseras y encaj el respaldo bajo la 
manecilla de la puerta, para sentirse as ms protegida.
Ben estaba seguro de que actuaba con excesiva precaucin, casi de forma 
paranoica. Sin embargo, no se opona a ello.
-Entonces inyectaron los ratones, los cambiaron -dijo sentndose 
nuevamente al borde de la cama-, utilizando naturalmente genes de ratn, 
en lugar de humanos, pero aplicando las mismas teoras y tcnicas 
diseadas para incrementar la longevidad de los seres humanos. Los 
ratones, de una variedad de vida corta, vivieron ms que de costumbre... el 
doble de lo normal, y seguan tan tranquilos. Llegaron al triple de su vida 
habitual... cuatro veces... y seguan siendo jvenes. A algunos les causaron 
diversos tipos de heridas, desde contusiones y abrasiones hasta 
perforaciones, huesos quebrados, o quemaduras, y curaron con 
sorprendente facilidad. Se recuperaron plenamente, despus de haberles 
prcticamente destruido los riones. Pulmones en estado avanzado de 
corrosin por cido, se regeneraron. Incluso recuperaron la visin despus 
de haber sido cegados. Y entonces...
Su voz fue apagndose, contempl la puerta reforzada, entonces la ventana, 
baj la cabeza y cerr los ojos.
Ben esper.
-Segn su prctica habitual -prosigui con los ojos cerrados-, mataron 
algunos ratones y los guardaron para diseccionarlos y examinar 
meticulosamente sus tejidos. La muerte de algunos se provoc con una 
inyeccin de aire, provocndoles una embolia y la de otros con una dosis 
mortal de formaldehdo. No caba la menor duda de que estaban muertos. 
Muy muertos. Pero los que no haban sido todava diseccionados... 
volvieron a la vida. A las pocas horas. En las bandejas del laboratorio... 
comenzaron a... retorcerse y estremecerse. Al principio dbiles y con la 
visin turbia... pero volvieron a la vida. Al poco rato comenzaron a 
caminar, a correr por sus jaulas y a comer como si nada. Nadie lo haba 
previsto. Por supuesto los ratones, antes de haber sido sacrificados, 
contaban con un sistema inmune inmensamente mejorado, una capacidad 
de curacin asombrosa y una vida cuya duracin era muy superior a la 
normal, pero... -continu Rachael, abriendo los ojos y mirndole-, despus 
de cruzar la lnea de la muerte... quin poda imaginar que regresaran?
A Ben comenzaron a temblarle las manos y sinti un escalofro que le suba 
por la espalda, cuando comenz a darse cuenta de la importancia y 
significado de lo que estaba en juego.
-As es -le dijo Rachael, como si viera lo que ocurra en su mente y en su 
corazn.
Le invada una extraa mezcla de terror, asombro y desmesurada alegra. El 
terror se lo produca la idea de que cualquier cosa, ratn u hombre, pudiera 
regresar del reino de los muertos; el asombro, el hecho de que el genio 
humano hubiese sido capaz de romper las terribles cadenas de la 
mortalidad, y le alegraba la idea de que la humanidad pudiera librarse para 
siempre de la prdida de los seres queridos, del temor a la enfermedad y de 
la muerte.
-Puede que un da... quizs no lejano -dijo Rachael, como si le leyera el 
pensamiento-, no tengamos que seguir temiendo la muerte. Pero an no. No 
ha llegado todava el momento. Porque el xito del proyecto Wildcard no 
es absoluto. Los ratones que volvieron a la vida eran... extraos.
-Extraos?
-Al principio los investigadores creyeron que la extraa conducta de los 
ratones se deba a algn tipo de atrofia cerebral -dijo Rachael, en lugar de 
responder directamente a su pregunta-, puede que no por causa de los 
tejidos cerebrales sino de la qumica fundamental del cerebro, que los 
ratones eran incapaces de reparar, a pesar de su extraordinaria capacidad 
curativa. Pero no era se el caso. Seguan siendo capaces de recorrer 
complejos laberintos y repetir difciles tareas, aprendidas antes de fallecer...
-De lo que se deduce que la memoria, el conocimiento y probablemente 
ciertos aspectos de la personalidad, sobreviven durante el breve perodo sin 
vida que media entre la muerte y el renacimiento.
-Lo que indicara que incluso despus de la muerte sigue existiendo durante 
algn tiempo una pequea corriente, suficiente para mantener la memoria 
intacta hasta... la resurreccin -asinti Rachael-. A1 igual que los 
ordenadores en los cortes de corriente, capaces de conservar la memoria a 
corto plazo, gracias a la poca electricidad suministrada por unas pilas.
-Bien -dijo Ben, a quien ya se le haba pasado el sueo-, los ratones eran 
capaces de correr por complejos laberintos, pero haba en ellos algo 
extrao. Qu? Cmo de extrao?
-A veces, sobre todo al principio, tenan momentos de confusin, 
golpendose contra los barrotes de la jaula o dando vueltas para alcanzar su 
propia cola. Este tipo de conducta anormal no tard en desaparecer. Sin 
embargo, la sustituy otra tendencia mucho ms preocupante... y duradera.
Lleg un coche y se detuvo en el aparcamiento del hotel.
Rachael mir con intranquilidad hacia la barricada de la puerta.
En el aire inerte del desierto, la puerta de un vehculo se abri y cerr de 
nuevo.
Ben se incorpor en su asiento, tenso.
Se oyeron suaves pasos en la negra noche. En direccin opuesta a la de su 
habitacin. En otra parte del hotel, una puerta se abri y cerr de nuevo.
-Evidentemente, los ratones son cobardes por naturaleza -dijo Rachael 
tranquilizada, relajando los hombros-. No se enfrentan jams a sus 
enemigos. No estn equipados para hacerlo. Sobreviven corriendo, 
esquivando y ocultndose. Ni siquiera se pelean entre s, por cuestiones de 
supremaca o de territorio. Son tmidos y sumisos. Pero los ratones 
resucitados no lo eran en absoluto. Se peleaban entre s, atacaban a los 
dems e incluso intentaban agredir a los investigadores, a pesar de que un 
ratn no tiene posibilidad alguna de causarle dao a un hombre y suele ser 
perfectamente consciente de ello. Tenan ataques de ira, durante los que 
araaban el suelo de la jaula, levantaban las patas delanteras como si se 
enfrentaran a enemigos imaginarios y en algunas ocasiones llegaban a 
agredirse a s mismos. A veces dichos ataques duraban menos de un 
minuto, pero con mayor frecuencia seguan hasta desplomarse de 
agotamiento.
Guardaron momentneamente silencio.
Un silencio profundo y sepulcral en la habitacin del hotel.
-A pesar de esta peculiaridad de los ratones -dijo finalmente Ben-, Eric y 
sus investigadores deban de estar emocionadsimos. Dios mo, se haban 
propuesto prolongar la duracin de la vida y haban logrado burlar la 
muerte. Por consiguiente, deban de estar impacientes por desarrollar 
mtodos similares de alteracin gentica para los seres humanos.
-Efectivamente.
-A pesar de la tendencia inexplicable de los ratones a la locura, los ataques 
de ira y la violencia indiscriminada.
-S.
-Pensando que eso no ocurrira con los seres humanos... o que lo 
solucionaran de algn modo.
-Efectivamente.
-Entonces... -prosigui Ben-, el trabajo progres paulatinamente, pero con 
excesiva lentitud para Eric. Con su inters y obsesin por la juventud, as 
como su miedo irracional a la muerte, decidi no esperar a que el 
descubrimiento fuera seguro y demostrado.
-As es.
-Eso es a lo que te referas esta noche en el despacho de Eric, cuando le has 
preguntado a Baresco si saba que Eric haba violado la regla cardinal. Para 
un investigador gentico u otros especialistas en las ciencias biolgicas, 
cul podra ser la regla cardinal? No experimentar jams con seres 
humanos, hasta haber resuelto todos los problemas y facetas inexplicables 
investigando con animales, o en etapas inferiores.
-Exactamente -respondi Rachael.
Se haba cruzado las manos sobre las rodillas, para impedir que le 
temblaran, pero no dejaban de movrsele los dedos.
-Y Vincent no saba que Eric hubiera violado la regla cardinal -prosigui 
Rachael-. Yo lo saba. Para ellos debe de haber supuesto una sorpresa muy 
desagradable enterarse de que el cuerpo de Eric haba desaparecido. Al 
saberlo han comprendido que haba cometido la ms atroz e imperdonable 
de las locuras.
-Y ahora qu? -pregunt Ben-. Se proponen ayudarle?
-No. Quieren matarle de nuevo.
-Por qu?
-Porque no podr volver por completo, ni siquiera para ser como era. El 
producto no est todava perfeccionado.
-Diablos, ser como los animales del laboratorio?
-Probablemente. Extrao, violento y peligroso.
Ben pens en la terrible destruccin que haba presenciado en la casa de 
Villa Park y en la sangre del maletero del coche.
-Recuerda que en vida era un tipo sin escrpulos -dijo Rachael- y que 
difcilmente controlaba sus impulsos violentos. Los ratones empezaron 
como seres sumisos, pero no Eric. Imagnate cmo debe ser ahora. Fjate en 
lo que le ha hecho a Sarah Kiel.
Ben no slo record a la nia apaleada, sino la cocina destrozada de la casa 
de Palm Springs y los cuchillos clavados en la pared.
-Y si Eric mata a alguien en uno de esos arrebatos de ira -dijo Rachael-, es 
ms probable que la polica se entere de que est vivo y Wildcard deje de 
ser un secreto. Por consiguiente sus socios quieren matarle de un modo 
definitivo, que excluya otra posible resurreccin. No me sorprendera que 
le descuartizaran el cuerpo, que lo incineraran, o que lo esparcieran por 
varias localidades.
Dios mo -pens Ben-, es realidad o una pelcula de terror?
-Quieren matarte porque sabes lo de Wildcard? -le pregunt.
-S, pero no es sa la nica razn por la que quieren alcanzarme. Por lo 
menos tienen otras dos. En primer lugar, probablemente creen que s dnde 
se oculta Eric.
-Lo sabes?
-Tengo cierta idea. Adems Sarah Kiel me ha dado otra. Pero no estoy 
segura.
-Has dicho que haba una tercera razn?
-Soy probablemente la heredera de Geneplan -asinti- y no confan en que 
siga financiando el proyecto Wildcard. Si logran eliminarme, tendrn 
muchas ms probabilidades de mantener el control de la empresa y seguir 
guardando el secreto de Wildcard. Si hubiera llegado a la caja fuerte de 
Eric antes que ellos y hubiese encontrado su agenda, contara con una 
prueba slida de la existencia de Wildcard y no se atreveran a tocarme. Sin 
pruebas, soy vulnerable.
Ben se levant, inquieto, y comenz a pasear por la habitacin.
En algn lugar de la noche, no muy lejos de los muros del hotel, un gato 
chill de ira o de pasin. Dur mucho rato, subiendo y bajando, un ululato 
aterrador.
-Rachael -dijo finalmente Ben-, por qu persigues a Eric? Por qu tanta 
prisa en alcanzarle antes de que lo hagan los dems? Qu piensas hacer si 
le encuentras?
-Matarle -dijo sin titubeo alguno, con una voluntad frrea reflejada en la 
frialdad de sus ojos verdes-. Matarle de un modo definitivo. Porque si no lo 
hago, se esconder hasta que est en mejores condiciones, hasta tener un 
mejor control de s mismo y entonces vendr a matarme a m. Cuando 
muri estaba furioso conmigo, tan cegado por el odio que no vio el camin 
que se acercaba y estoy segura de que an le consuma el mismo odio
cuando recuper la conciencia en el depsito de cadveres. En su mente 
ofuscada y tortuosa, soy probablemente su primera obsesin y no creo que 
descanse hasta que est muerta o hasta que lo est l de un modo definitivo.
Saba que tena razn. Ella le inspiraba un miedo profundo.
Su preferencia por el pasado era tan fuerte ahora como de costumbre y 
habra deseado encontrarse en otra poca. En qu locura se haba 
convertido el mundo moderno? Los delincuentes se apoderaban de la calle 
por la noche. Se poda destruir la totalidad del planeta en una sola hora, 
apretando simplemente unos pocos botones. Y ahora... hasta los muertos 
podan ser reanimados. Ben habra querido meterse en el tnel del tiempo y 
trasladarse a otra poca mejor, por ejemplo al principio de los aos veinte, 
cuando an exista el sentido del asombro y una fe pura e ilimitada en el 
potencial humano.
Sin embargo, tambin recordaba la alegra que haba sentido al orle decir a 
Rachael que la muerte haba sido derrotada, antes de que le contara que los 
que regresaban del ms all lo hacan horriblemente cambiados. Se haba 
emocionado. Una actitud claramente impropia de un acrrimo reaccionario. 
Tal vez contemplara el pasado con enorme sentimentalismo, pero en su 
corazn, como los dems de su poca, se senta indiscutiblemente atrado 
por la ciencia y por su potencial para crear un futuro mejor. Quizs no fuera 
un habitante tan inusual del mundo moderno como pretenda. Quizs 
aquella experiencia le estaba enseando algo sobre s mismo, que haba 
preferido no aprender.
-Podras realmente apretar el gatillo contra Eric? -le pregunt.
-S.
-No estoy seguro de que fueras capaz. Sospecho que te quedaras helada al 
enfrentarte realmente a las implicaciones morales del asesinato.
-No sera un asesinato. Ha dejado de ser un ser humano. Est ya muerto. 
Un muerto viviente. Un muerto andante. Ha dejado de ser un hombre. Es 
diferente. Cambiado. Al igual que cambiaron los ratones. Ahora es slo una 
cosa, no un hombre, una cosa peligrosa y no tendra ningn reparo en 
volarle la cabeza. Aunque las autoridades llegaran a enterarse, dudo de que 
quisieran llevarme ante los tribunales. Y no existe ningn dilema moral que 
me perturbe en mi propia mente.
-Es evidente que lo has pensado detenidamente. Pero por qu no ocultarte 
hasta que sus socios le encuentren y sean ellos quienes le maten?
-No puedo apostarlo todo a que ganen -respondi moviendo la cabeza-. 
Quizs no lo logren. Es posible que no le encuentren antes de que l d 
conmigo. Estamos hablando de mi vida y por Dios que no confo en nadie, 
ms que en m misma, para defenderla.
-Y en m -dijo Benny.
-Y en ti, s. Tambin en ti, Benny.
-Lo que estamos haciendo es perseguir a un muerto -dijo, sentndose junto 
a ella en la cama.
-S.
-Pero ahora debemos descansar.
-Estoy agotada.
-Adnde iremos maana?
-Sarah me ha hablado de una cabaa que Eric posee en las montaas, cerca 
del lago Arrowhead. Parece un lugar recluido. Justo lo que necesita ahora, 
para pasar unos das, mientras tiene lugar el proceso inicial de curacin.
-Claro -suspir Ben-. Parece probable que le encontremos en un lugar 
como se.
-No tienes por qu acompaarme.
-Lo har.
-Pero no tienes por qu hacerlo.
-Lo s. Pero lo har.
Le bes suavemente la mejilla.
A pesar de que estaba preocupada, sudorosa y agotada, con el cabello 
desordenado y los ojos irritados, segua siendo hermosa.
jams se haba sentido tan cerca de ella. Enfrentarse juntos a la muerte forja 
siempre un vnculo especial entre la gente, reforzando su unin, por muy 
fuerte que ya fuera. Lo saba, porque haba estado en la guerra del infierno 
verde.
-Descansemos un poco, Benny -le dijo con ternura.
-De acuerdo -respondi.
Sin embargo, antes de tumbarse y apagar las luces, tena que verificar el 
cargador del Smith & Wesson Combat Magnum que le haba quitado a 
Vicent Baresco unas horas antes y ver cuntas balas quedaban. Tres. 
Baresco haba descargado la mitad en el despacho de Eric, disparando a 
ciegas cuando Ben le atac. Quedaban tres. No mucho. No las suficientes 
para que Ben se sintiera seguro, aun teniendo en cuenta que Rachael tena 
su pistola del 32. Cuntas balas hacan falta para detener a un muerto
andante? Ben puso el Combat Magnum sobre la mesilla de noche, al 
alcance de la mano, por si lo necesitaba durante el resto de la noche.
Por la maana comprara una caja de balas. Dos cajas.


14.
Como un pjaro nocturno.

Despus de dejar dos guardias en la casa de Placentia de Rachael Leben, de 
cuya pared del dormitorio haba retirado finalmente el cuerpo crucificado 
de Rebecca Klienstad, de dejar tambin unos guardias en la casa de Leben 
en Villa Park y otros en las oficinas de Geneplan, Anson Sharp, de la 
Agencia de la Defensa de la Seguridad, volaba por la oscuridad del desierto 
acompaado de otros dos agentes, a poca altura y a gran velocidad, hacia la 
elegante y sin embargo esculida guarida amorosa de Eric Leben en Palm 
Springs. El piloto del helicptero aterriz en el aparcamiento de un banco, 
a menos de una manzana de Palm Canyon Drive, donde los esperaba un 
coche gubernamental sin distintivo alguno. Las palas del aparato cortaban 
el aire clido y seco del desierto, lanzando rfagas contra el rostro de Sharp 
cuando ste se diriga hacia el coche.
A los cinco minutos, llegaron a la casa donde el doctor Leben haba 
ocultado multitud de jovencitas. A Sharp no le sorprendi hallar la puerta 
entreabierta. Llam varias veces, pero no obtuvo respuesta alguna. 
Desenfund su revlver Smith & Wesson especial y fue el primero en 
entrar en la casa, en busca de Sarah Kiel, que segn su informacin, era la 
amante actual de Leben.
La Agencia de Seguridad conoca los amoros de Leben, porque saba todo 
lo relacionado con la gente que tena contratos secretos con el Pentgono. 
Eso era algo que los civiles como Leben jams acababan de comprender: 
cuando alguien acepta dinero del Pentgono y se compromete a realizar 
investigacin secreta para ellos, desaparece por completo su intimidad. 
Sharp conoca perfectamente la fascinacin de Leben por el arte moderno, 
el diseo y la arquitectura. Conoca con todo detalle los problemas 
matrimoniales de Eric Leben. Saba la comida que prefera, la msica que 
le gustaba, la marca de la ropa interior que utilizaba y, por consiguiente, 
tambin conoca todo lo referente a las jovencitas con las que alternaba, 
debido a que el potencial de chantaje que suponan estaba relacionado con 
la seguridad nacional.
Cuando Sharp entr en la cocina y vio la destruccin, en especial los 
cuchillos clavados en la pared, imagin que no encontrara a Sarah Kiel 
viva. Estara clavada contra alguna pared, o quizs enroscada en el techo, o 
tal vez descuartizada y los fragmentos colgados por separado, o algo peor. 
Era imposible imaginar lo prximo con lo que se encontraran en aquel 
caso. Todo era posible.
Espantoso.
Gosser y Peake, los dos jvenes agentes que acompaaban a Sharp, estaban 
trastornados y perturbados por lo que descubrieron en la cocina y por la 
locura sicoptica que aquello significaba. Su rango en el sistema de 
seguridad y su derecho a la informacin eran los mimos que los de Sharp y 
por consiguiente saban que estaban buscando a un muerto andante. Saban 
que Eric Leben se haba levantado de una mesa del depsito de cadveres, 
haba escapado con un uniforme robado y saban que Eric Leben medio 
muerto y enloquecido haba asesinado a Hernndez y a Klienstad para 
robarles el coche, por lo que Gosser y Peake llevaban sus revlveres tan 
firme y cuidadosamente como Sharp portaba el suyo.
Evidentemente, la Agencia de Seguridad conoca perfectamente la 
naturaleza del trabajo que Geneplan realizaba para el gobierno: 
investigacin sobre un virus mortal para la guerra biolgica. Pero la 
agencia conoca tambin los detalles de otros proyectos de la empresa, 
incluido el proyecto Wildcard, a pesar de que Leben y sus socios 
imaginaban que slo ellos conocan el secreto. No eran conscientes de la 
presencia de los agentes federales e informadores con los que se 
relacionaban. Tampoco eran conscientes de la rapidez con la que los 
ordenadores gubernamentales haban deducido sus intenciones, 
simplemente analizando la investigacin que haban contratado con otras 
empresas y extrapolando el motivo global de la misma.
Esos civiles eran incapaces de comprender que cuando se trataba con el To 
Sam, aceptando alegremente su dinero, no se poda vender slo un 
fragmento del alma, haba que entregarla en su totalidad.
Anson Sharp sola divertirse comunicndoles esa desagradable noticia a 
individuos como Eric Leben. Se crean peces muy gordos, pero olvidaban 
que incluso a los peces gordos se les comen otros todava ms gordos que 
ellos y el pez ms gordo de todos los mares era el denominado Washington. 
A Sharp le encantaba verlos digerir la noticia. Disfrutaba contemplando a 
esos engredos personajes sudar y temblar. Solan intentar sobornarle o 
razonar con l y en algunos casos le suplicaban, pero evidentemente no 
poda soltarlos del anzuelo. Y aunque hubiera podido, tampoco lo habra 
hecho, porque lo que ms le gustaba ver era cmo se rebajaban ante l.
Al doctor Eric Leben y a sus seis colegas les haban permitido que 
siguieran con su revolucionaria investigacin sobre la longevidad, sin 
ponerles problemas. Pero si hubieran resuelto todas sus dificultades y 
realizado un autntico descubrimiento til, el gobierno se les habra echado 
encima, absorbiendo de un modo u otro el proyecto, con una declaracin de 
urgencia de la defensa nacional.
Ahora Eric Leben lo haba echado todo a perder. Se haba administrado a s 
mismo un tratamiento deficiente y lo haba puesto accidentalmente a 
prueba, cruzndose con un camin de basura. Nadie poda haberlo 
anticipado, porque aquel individuo pareca demasiado inteligente para 
arriesgar su propia integridad gentica.
-Ese individuo est completamente loco -dijo Gosser frunciendo su rostro 
angelical, mientras contemplaba la vajilla por el suelo de la cocina.
-Parece obra de un animal -dijo Peake, frunciendo tambin el ceo.
Salieron de la cocina siguiendo a Sharp, para explorar el resto de la casa, 
acabando en el dormitorio principal y en el cuarto de bao, donde 
descubrieron ms destruccin y un poco de sangre, incluida la huella de 
una mano en la pared. Probablemente era de Leben, lo que demostraba que 
el muerto, de algn modo extrao, viva.
No hallaron ningn cadver en la casa, ni el de Sarah Kiel ni el de ninguna 
otra persona y Sharp estaba decepcionado. El hallazgo de la rubia desnuda 
y crucificada en Placentia haba sido inesperado y pervertido, una sorpresa 
agradable comparndola con los cadveres que estaba acostumbrado a ver. 
Vctimas de disparos, navajazos, explosivos y estrangulados con cable, 
eran lo habitual para Sharp. Haba visto tantos cadveres a lo largo de los 
aos que ya no le impresionaban. Pero aquella chica clavada en la pared le 
haba causado cierta emocin y senta cierta curiosidad por ver lo que la 
mente trastornada y corrompida de Leben sera capaz de ingeniar.
Sharp examin la caja fuerte empotrada en el armario del dormitorio y la 
hall vaca.
Dejando a Gosser para vigilar la casa en caso de que Leben regresara, 
Sharp y Peake fueron en busca del garaje, esperando encontrar all el 
cadver de Sarah Kiel, pero no lo hallaron. Entonces mand a Peake con 
una linterna para que examinara el csped y los parterres, por si descubra 
una tumba recin cavada, a pesar de que pareca improbable de que Leben, 
en su actual condicin, tuviera el deseo o estuviera en condicin de enterrar 
sus vctimas y cubrir sus huellas.
-Si no encuentra nada -le dijo Sharp a Peake-, empiece a verificar los 
hospitales. Puede que a pesar de la sangre, esa chica no est muerta. Quizs 
haya logrado huir e ir en busca de atencin mdica.
-Y si la encuentro en algn hospital?
-Comunquemelo inmediatamente -dijo Sharp, ya que tendra que evitar 
que Sarah Kiel le contara a alguien que Eric Leben haba regresado.
Procurara servirse de la razn, intimidacin y amenazas abiertas para 
asegurarse de su silencio. Si eso no funcionaba, desaparecera 
discretamente.
Rachael Leben y Ben Shadway tambin tenan que ser hallados 
rpidamente y silenciados.
Mientras Peake obedeca sus rdenes y Gosser se quedaba vigilando la 
casa, Sharp volvi a subirse al coche que estaba aparcado junto a la acera y 
le orden al conductor que le llevara al aparcamiento de Palm Canyon 
Drive, donde el helicptero segua esperndole.
De nuevo por los aires, en direccin a los laboratorios de Geneplan en 
Riverside, Anson Sharp contemplaba el paisaje nocturno que se desplazaba 
debajo del helicptero, con los ojos entornados como un pjaro nocturno en 
busca de su presa.

15.
El amor.

Los sueos de Ben eran oscuros y tormentosos, cruzados por rayos que 
iluminaban la nada de un paisaje deforme, habitado por seres invisibles 
pero temibles, que le amenazaban desde las tinieblas, donde todo era basto, 
fro y solitario. Era, sin serlo, el infierno verde donde haba pasado tres 
aos de su juventud, simultneamente familiar y desconocido, tal como lo 
haba conocido y sin embargo con los paisajes cambiados, como slo 
ocurre en los sueos.
Poco despus del alba, le despertaron unos gritos agudos como los de un 
pjaro, llenos de temor, de escalofros y descubri que Rachael estaba junto 
a l. Se haba trasladado de la otra cama y le abrazaba para confortarle. Su 
tacto clido y suave desaloj el sueo fro y solitario. El latido rtmico de 
su corazn era como un brillante faro en una costa invadida por la niebla, 
cada pulsacin repleta de seguridad.
Ben crea que lo nico que pretenda ofrecerle era el consuelo de una buena 
amiga, si bien quizs inconscientemente le brindaba el mayor regalo del 
amor, que a su vez deseaba. En el estado semiconsciente que sigue al 
sueo, cuando su visin pareca filtrada por un pao traslcido, cuando la 
invisible finura de la seda clida pareca interponerse entre sus manos y 
todo lo que tocaba, y cuando los sonidos estaban todava empaados por el 
sueo, su percepcin no era lo suficientemente clara para estar seguro de 
cmo y cundo el consuelo ofrecido (y aceptado) se haba convertido en 
amor. Slo saba que haba ocurrido y que al unirse a su cuerpo desnudo, 
sinti una rectitud que no haba experimentado jams en sus treinta y siete 
aos de vida.
Estaba finalmente dentro de ella y ella llena de l. Era refrescante y 
portentoso, sin tener que buscar los ritmos y pautas que le satisfacieran, 
porque conocan perfectamente sus gustos respectivos, como si hiciera diez 
aos que fueran amantes.
A pesar de que el suave zumbido del aire acondicionado mantena la 
habitacin refrigerada, Ben tena una percepcin casi psquica del calor del 
desierto empujando las ventanas. Aquel cuarto acondicionado era como 
una burbuja suspendida fuera de la realidad de una tierra inhspita, al igual 
que aquel momento especial de tierna copulacin era como una burbuja que 
flotaba ajena al paso normal de los segundos y los minutos.
Haba slo una ventana opaca, de cristal esmerilado, en la parte alta de la 
pared, desprovista de cortina y sobre la misma, el sol naciente construa un 
creciente fuego. En el exterior, las palmeras que se mecan lnguidamente 
en la brisa, filtraban los rayos del sol; cuales plumas, las sombras tropicales 
y la luz esmerilada acariciaba sus cuerpos desnudos, ondulndose con su 
movimiento.
Ben le vea claramente el rostro, a pesar de la inconstancia de la luz. Sus 
ojos estaban cerrados y su boca abierta. Su respiracin al principio era 
profunda y despus ms acelerada. Cada una de las lneas de su rostro era 
exquisitamente sensual, pero al mismo tiempo de una preciosidad infinita. 
La percepcin de su sublimidad supona muchsimo ms para l que su 
desbordante sensualidad, ya que su reaccin era ms emocional que fsica, 
como consecuencia de los meses que haban pasado juntos y del gran 
afecto que senta por ella. Dado lo muy especial que era para l, su 
copulacin no era un mero acto sexual sino una expresin de amor, 
inmensamente ms gratificante.
Presintiendo que la observaba, abri los ojos y los fij en los suyos, 
formando un vnculo electrificante.
La luz matutina filtrada por las palmeras adquiri rpidamente brillo, 
convirtiendo la tenue palidez en amarillo limn y despus en oro. Los 
colores baaban el rostro de Rachael, su esbelto cuello y sus generosos 
senos. Al aumentar la riqueza de la luz, tambin lo hizo su ritmo, hasta que 
ambos jadearon, hasta que ella chill y volvi a chillar, en cuyo momento 
la brisa exterior se convirti inesperadamente en un fuerte vendaval que 
agitaba las palmeras, proyectando furiosas sombras sobre la cama, a travs 
de la empaada ventana. En el preciso momento en que las sombras 
esculpidas por el viento brincaban y se contorsionaban, Ben profundiz 
estremecindose, al tiempo que descargaba una copiosa medida de s 
mismo en el interior de Rachael y en el preciso momento en que acababa 
de dar paso a la ltima semilla, amain tambin el viento, dirigindose 
hacia otros confines del mundo.
Al cabo de un rato se retir y permanecieron el uno junto al otro, 
mirndose, con las cabezas muy juntas, entremezclando el aire que 
respiraban. Pero no intercambiaron palabra ni sintieron necesidad de 
hacerlo y gradualmente cayeron de nuevo en el sueo.
Jams se haba sentido tan colmado y satisfecho como entonces. Incluso en 
los buenos tiempos de su juventud, antes del infierno verde, antes de 
Vietnam, jams se haba sentido ni remotamente tan a gusto.
Ella se durmi antes que l y durante un largo y agradable momento la 
observ mientras se le formaba una burbuja de saliva entre los labios y se 
funda. Comenzaron a cerrrsele los ojos y lo ltimo que vio antes de 
conciliar el sueo fue una cicatriz casi imperceptible, a lo largo de su 
mandbula, producida cuando Eric le haba arrojado un vaso.
Flotando hacia el oscuro reposo, Ben sinti casi compasin de Eric Leben, 
porque el cientfico jams se haba dado cuenta de que el amor era lo ms 
cercano a la inmortalidad que el ser humano poda conocer y que la nica y 
mejor respuesta a la muerte era el amor. El amor.


16.
En la zona zombi.

Durante parte de la noche permaneci tumbado en la cama, completamente 
vestido, en la cabaa que tena ms arriba del lago Arrowhead, en un estado 
ms profundo que el del sueo, ms que si estuviera en coma, con la 
temperatura corporal en descenso, slo veinte pulsaciones por minuto, la 
sangre apenas circulando, aspirando superficial e intermitentemente. De 
vez en cuando, tanto su respiracin como sus latidos se paraban por 
completo, por perodos de diez o quince minutos, durante los cuales la 
nica vida en su cuerpo era a nivel celular, que ms que vida era stasis, 
extrao crepsculo de la existencia que ningn hombre en la tierra haba 
conocido jams. Durante esos perodos de aletargamiento, en los que las 
clulas se renovaban lentamente y desempeaban sus funciones a un ritmo 
enormemente reducido, el cuerpo acumulaba energa para cuando volviera 
a estar despierto y para acelerar el proceso de curacin.
Se estaba curando con una rapidez asombrosa. Hora tras hora, de un modo 
casi visible, sus mltiples heridas y laceraciones se cerraban y sanaban. 
Bajo el morado oscuro de las contusiones sufridas en el brutal impacto con 
el camin de la basura, se perciba ya un tono amarillento, prueba de que la 
sangre derramada por los capilares lastimados era absorbida por los tejidos. 
Cuando estaba despierto, perciba los fragmentos del crneo que le 
presionaban insistentemente el cerebro, a pesar que segn la sabidura 
mdica, al carecer este rgano de terminales nerviosos, debera ser 
insensible; ms que dolor era presin, semejante a la sensacin que produce 
el taladro del dentista, en una muela anestesiada con novocana. Y perciba, 
sin comprender cmo, que su cuerpo genticamente mejorado se ocupaba 
de resolver paso a paso la herida de la cabeza, con la misma seguridad con 
que lo haca con sus dems lesiones. Durante una semana necesitara 
muchsimo descanso, pero los perodos de stasis seran ms breves, menos 
frecuentes y menos atemorizadores. Eso era lo que quera creer. En un par 
o tres de semanas, su condicin no sera peor que la de alguien que 
abandona el hospital despus de una operacin de gran envergadura. En un 
mes poda haberse recuperado por completo, a pesar de que siempre tendra 
una pequea o pronunciada depresin en la zona del temporal derecho.
Sin embargo, su recuperacin mental no se realizaba al ritmo acelerado de 
la regeneracin de sus tejidos. Incluso cuando estaba despierto, con las 
pulsaciones y la respiracin casi normales, era raro que tuviera la mente del 
todo despejada. Y durante los breves perodos en que su capacidad 
intelectual era aproximadamente la misma que antes de fallecer, era 
perfecta y lamentablemente consciente de que la mayor parte del tiempo 
funcionaba en un estado robtico, con frecuentes lapsus, en un estado de 
confusin y, a veces, autnticamente animal.
Se le ocurran extraas ideas.
En algunas ocasiones se crea joven, recin licenciado de la universidad, 
pero en otras era consciente de que tena ms de cuarenta aos. A veces no 
saba exactamente dnde estaba, en especial cuando iba por la carretera, 
conduciendo, sin puntos de vista familiares referentes a su vida anterior; 
apabullado por la confusin, con la sensacin de estar y de que siempre 
estara perdido, tena que detenerse hasta que cediera el pnico. Saba que 
tena un gran objetivo, una importante misin, pero jams era capaz de 
definir su camino o su destino. En otras ocasiones se crea muerto, 
cruzando las diferentes etapas del infierno en un viaje dantesco. Haba 
momentos en que crea haber matado a alguien, a pesar de que no poda 
recordar a quin, y cuando lo recordaba brevemente lo alejaba de su 
memoria, con el convencimiento de que no se trataba de un recuerdo sino 
de una fantasa, ya que, evidentemente, era incapaz de matar a alguien a 
sangre fra. Por supuesto. Sin embargo, en otros momentos pensaba en lo 
emocionante y satisfactorio que sera matar a alguien, a cualquiera, a todo 
el mundo, porque en el fondo de su corazn saba que todos le perseguan, 
queran cazarle, los muy cabrones que siempre haban querido deshacerse 
de l, pero que ahora estaban ms decididos que nunca. Algunas veces le 
vena al pensamiento: los ratones, los ratones, los ratones perturbados que 
se lastiman contra las paredes de la jaula. Y en ms de una ocasin, sin 
tener la ms ligera idea de lo que las palabras significaban, deca en voz 
alta:
-Recuerda los ratones, los ratones. Qu ratones, dnde, cundo?
Tambin vea cosas extraas.
En ciertas ocasiones vea a gente que no poda estar all: su madre, que 
haba fallecido haca mucho tiempo; un to odioso que le haba resultado 
muy molesto durante su infancia y un matn callejero que le amargaba la 
vida cuando iba a la escuela. De vez en cuando, como si sufriera el 
delirium tremens de un alcohlico crnico, vea bichos que se encaramaban 
por la pared, insectos, serpientes y animales ms temibles que era incapaz 
de definir.
En varias ocasiones estaba seguro de haber visto un camino de baldosas 
negras que conduca hacia la terrible oscuridad del interior de la tierra. 
Incapaz de resistir la tentacin, descubra repetidamente que se trataba de 
un camino ilusorio, producto de su imaginacin morbosa y febril.
Entre todas las apariciones e ilusiones que circulaban ante sus ojos y por su 
deteriorada mente, las ms inusuales y perturbadoras eran las hogueras 
espectrales. Saltaban inesperadamente con unos crujidos que no slo oa, 
sino que senta en sus huesos. Iba andando con cierta seguridad, caminando 
entre los vivos con bastante conviccin y funcionando mejor de lo que se 
supona capaz, cuando de pronto le apareca una hoguera en la penumbra 
de la sala, en la sombra de un rbol, o en cualquier oscuridad le 
sobresaltaban las llamas de sangre hmeda con bordes plateados. Y al 
mirarlo de cerca, comprobaba que no haba fuego alguno, que la hoguera 
haba emergido del aire y se alimentaba de la nada, como si la propia 
penumbra hubiera estado en llamas y constituyera un excelente 
combustible, a pesar de ser insustancial. Cuando las hogueras decrecan y 
se extinguan, no quedaba rastro de ellas: ni cenizas, ni rescoldos, ni 
manchas de humo.
A pesar de que jams le haba temido al fuego antes de morir, ni haba 
pensado nunca en la idea pirofbica de que pudiera estar destinado a morir 
entre las llamas, esas hogueras espectrales le tenan aterrorizado. Al 
contemplar su intermitente resplandor, intua que ms all haba un 
misterio que deba resolver, a pesar de que le causara una angustia 
inimaginable.
En sus pocos momentos de lucidez relativa, cuando su capacidad 
intelectual era casi como antes, se deca a s mismo que la ilusin de las 
llamas no era ms que la consecuencia de cruces sinpticos en su cerebro 
daado, cortocircuitos de los impulsos elctricos a travs del tejido 
deteriorado. Adems se deca que aquellas ilusiones le asustaban porque 
sobre todo haba sido un intelectual, un hombre con una vida cerebral, por 
lo que tena perfectamente derecho a asustarse de los sntomas de deterioro 
cerebral. El tejido sanara, las hogueras espectrales desapareceran para 
siempre y se recuperara por completo. Esto era tambin lo que deca. Pero 
en los momentos menos lcidos, cuando el mundo era tenebroso y 
aterrador, cuando se apoderaba de l la confusin y el miedo animal, las 
hogueras espectrales le producan un horror inconmensurable y quedaba 
paralizado por algo que crea haber vislumbrado en las llamas, o ms all 
de las mismas.
Ahora, cuando el alba acechaba persistentemente sobre la oscuridad de las 
montaas, Eric Leben ascenda de su estasis, grui suavemente durante un 
rato, despus con mayor volumen y finalmente despert. Se sent al borde 
de la cama. Tena la boca seca, con gusto a ceniza. El dolor le invada la 
cabeza. Se toc el temporal quebrado. No estaba peor; no se le desintegraba 
el crneo.
La tenue luz del alba se filtraba por las ventanas y haba una pequea 
lmpara encendida, cuya luz no bastaba para eliminar todas las penumbras 
de la sala, pero era lo suficientemente intensa para herir la sensibilidad 
extrema de sus ojos. Hmedos y clidos, sus ojos eran menos capaces de 
adaptarse al brillo de la luz desde que se haba levantado de la fra 
plataforma de acero del depsito de cadveres, como si la oscuridad se 
hubiera convertido en un medio natural, como si no perteneciera a un 
mundo iluminado por el sol o por la luz artificial.
Durante un par de minutos se concentr en la respiracin, ya que era 
irregular, unas veces demasiado lenta y profunda, y otras excesivamente 
rpida y superficial. Cogi un estetoscopio de la mesilla de noche y se 
auscult tambin el corazn. Lata con suficiente velocidad como para estar 
seguro de que no estaba a punto de caer en un estado de aletargamiento, si 
bien de un modo preocupantemente arrtmico.
Adems del estetoscopio, haba llevado all otros instrumentos para medir 
su progreso. Un esfigmomanmetro para medir la presin sangunea, y un 
oftalmoscopio que, con la ayuda de un espejo, le permita estudiar la 
condicin de sus retinas y la reaccin de las pupilas. Tena tambin una 
libreta en la que se dispona a tomar nota de sus propias observaciones, ya 
que era consciente, unas veces mucho y otras poco, de que era el primer ser 
humano que haba muerto y regresado del ms all, de que era algo 
completamente nuevo en la historia y de que sus notas tendran un valor 
incalculable cuando se hubiera recuperado por completo.
Recuerda los ratones, los ratones...
Movi la cabeza enojado, como si un mosquito le rondara por la cara. 
Recuerda los ratones, los ratones. No tena ni la ms ligera idea de lo que 
eso significaba, a pesar de que a lo largo de la noche esa extraa y urgente 
idea le haba asediado de forma persistente. Sospechaba vagamente que en 
el fondo conoca realmente el significado de los ratones y que reprima la 
informacin porque le aterrorizaba. Sin embargo, cuando intentaba 
centrarse en el tema y procurar comprenderlo, no slo no lo lograba sino 
que se senta crecientemente frustrado, agitado y confuso.
Dej el estetoscopio en la mesilla de noche, pero no cogi el 
esfigmomanmetro porque no tena la paciencia ni la destreza necesaria 
para subirse la manga, enrollarse la banda de goma en el brazo, manipular 
la bomba y aguantar simultneamente el indicador para poder leerlo. Lo 
haba intentado antes de acostarse, pero su torpeza haba acabado 
enfurecindole. Tampoco cogi el oftalmoscopio para examinarse los ojos, 
porque habra tenido que ir al cuarto de bao para usar el espejo. No poda 
soportar verse con su aspecto actual: rostro grisceo, ojos empaados, con 
un decaimiento de los msculos faciales que pareca que estaba... medio 
muerto.
Las pginas de su cuaderno estaban casi en blanco y en aquel momento no 
intent agregar ninguna observacin en su diario de recuperacin. Por una 
parte, haba descubierto que era incapaz de concentrarse intensa y 
prolongadamente, como para escribir de un modo legible e inteligente. 
Adems, su torpe escritura, que antes haba sido muy ntida y precisa, era 
algo que tambin tena el poder de enfurecerle terriblemente.
Recuerda los ratones, los ratones lastimndose contra las paredes de la 
jaula, persiguiendo su propia cola, los ratones, los ratones...
Con ambas manos en la cabeza, como para reprimir fsicamente el 
desagradable y misterioso pensamiento, Eric Leben baj de la cama y se 
puso de pie. Tena ganas de orinar y estaba hambriento. Buena seal, eso 
indicaba que estaba vivo, por lo menos ms vivo que muerto, y se alegr de 
experimentar esas simples necesidades biolgicas.
Se diriga hacia el bao, cuando de pronto se detuvo al ver una hoguera en 
la esquina de la habitacin. Las llamas no eran reales, sino espectrales. 
Lenguas de sangre roja con bordes plateados. Crujan sedientas, 
consumiendo la penumbra en que haban nacido y, no obstante, sin reducir 
la oscuridad. Entornando los ojos para protegerse de la molestia que le 
produca la luz, Eric descubri, como le haba ocurrido antes, que algo le 
obligaba a escudriar en las llamas, en las que extraas formas se 
contorsionaban y le llamaban...
A pesar de que esas hogueras le producan un terror atroz, una parte de s 
mismo, perversa ms all de su comprensin, no poda resistir la tentacin 
de entrar en las llamas, atravesarlas como quien cruza una puerta y 
averiguar lo que ocultaban.
-No!
Al sentir que el deseo se converta en necesidad inminente, quiso alejarse 
desesperadamente del fuego y se tambale con miedo, azorado, 
sentimientos que en el frgil estado en el que se encontraba no tardaron en 
transformarse en enojo y ste en furor. Todo pareca conducir al furor, 
como si ste fuera la esencia y el ltimo fin de todas las dems emociones.
Haba una lmpara de pie, de bronce y peltre con la pantalla de cristal 
esmerilado, a su alcance, junto a un silln. La levant con ambas manos, la 
alz por encima de la cabeza y la arroj al otro lado de la sala. La pantalla 
se estrell contra la pared y los crujientes fragmentos de cristal esmerilado 
cayeron sobre el suelo. La base y el pedestal metlicos se estrellaron contra 
la cmoda lacada en blanco y cayeron estruendosamente al suelo.
La emocin de la destruccin que corri por su interior estaba dotada de 
una oscura intensidad, semejante a la de un instinto sexual sdico y con una 
potencia casi tan enorme como la de un orgasmo. Antes de morir, le 
obsesionaba el xito, la construccin de imperios, la adquisicin de 
riquezas; sin embargo, despus de la muerte se haba convertido en una 
mquina de destruccin, con tanta necesidad por destruir la propiedad 
como antes haba tenido por adquirirla.
La cabaa estaba decorada en estilo ultramoderno, con toques de arte 
contemporneo, como el de la lmpara destrozada, no muy idneo para una 
cabaa de cinco habitaciones en la montaa, pero que satisfaca la 
necesidad de Eric por lo nuevo y moderno en todas las cosas. En un estado 
frentico, comenz a reducir el elegante decorado a un montn de 
escombros. Levant el silln como si slo pesara un par de kilos y lo arroj 
contra la triple luna de la pared, detrs de la cama. El espejo se rompi en 
mil pedazos y el silln cay sobre la cama, acompaado de mltiples 
pedacitos de cristal resplandeciente. Con la respiracin agitada, Eric cogi 
los restos de la lmpara del suelo, la agarr por el pedestal, descarg un 
fuerte golpe contra una estatua de bronce que haba sobre la cmoda, 
sirvindose de la base como si fuera un enorme martillo, derribando la 
escultura; asest otro gran golpe contra el espejo de la cmoda, 
destruyendo, destruyendo; la lanz contra un cuadro que colgaba de la 
pared cerca de la puerta del bao, derrib la pintura, rematndola a 
martillazos en el suelo. Se senta a gusto, muy a gusto, mejor que nunca, 
vivo. Mientras se entregaba por completo y con satisfaccin a su alocada 
furia, grua como un animal feroz o chillaba incoherentemente, a pesar de 
que haba una palabra especial que pronunciaba con inconfundible claridad: 
Rachael.
-Rachael, Rachael! -exclamaba con indiscutible odio, escupiendo las 
palabras.
Descarg la fuerza de su martillo improvisado contra una mesilla lacada en 
blanco, antes situada junto al silln, golpeando y golpeando hasta que 
qued reducida a astillas.
-Rachael, Rachael.
Golpe la lmpara de la mesilla de noche, arrojndola contra el suelo. Las 
arterias pulsaban furiosamente en su cuello y en sus sienes, la sangre 
cantaba en sus odos, sigui golpeando la mesilla hasta romper las 
manecillas de los cajones, golpe la pared.
-Rachael.
Sigui asestando golpes hasta que el pedestal estaba tan doblado que ya no 
tena uso alguno, lo arroj enojado, arranc las cortinas, destroz otro 
cuadro de la pared y lo pisote.
-Rachael, Rachael, Rachael.
Empez a tambalearse y a mover sus enormes brazos en el aire, girando en 
crculos, como un toro desbocado, y de pronto le cost respirar. Sinti que 
la fuerza de la locura le abandonaba, la sed de destruccin se alejaba 
paulatinamente y cay de rodillas al suelo, boca abajo, jadeando, con la 
cabeza ladeada y el rostro hundido parcialmente en la gruesa alfombra. Su 
mente estaba todava ms confusa que los extraos y empaados ojos que 
no se atreva a mirar al espejo, pero a pesar de que la energa demonaca le 
haba abandonado, an tena suficiente fuerza para pronunciar aquel 
nombre especial, una y otra vez, tumbado en el suelo:
-Rachael... Rachael... Rachael...
SEGUNDA PARTE
Ms oscuro

En la noche hay modelos que pueden ser descifrados menos por 
los vivos que por los muertos.
The Book of Counted Sorrows

17.
Gente en movimiento.

En helicptero desde Palm Springs, Anson Sharp haba llegado a los 
laboratorios subterrneos de investigacin, bacteriolgicamente aislados, 
de Geneplan cerca de Riverside, donde le haba recibido una fuerza de seis 
agentes de la Defensa de la Seguridad, cuatro jefes de polica federales y 
ocho ayudantes, que haban llegado unos minutos antes que l. 
Amparndose en una urgencia de la defensa nacional, armados con las 
correspondientes rdenes judiciales, se identificaron ante el personal 
nocturno de seguridad de Geneplan, entraron en el edificio, precintaron 
todos los ficheros y ordenadores, e instalaron el centro de operaciones en 
las suntuosas dependencias del doctor Vincent Barresco, jefe de personal 
de investigacin.
Mientras el alba desplazaba la noche y el da se apoderaba del mundo sobre 
los laboratorios subterrneos, Anson Sharp, instalado cmodamente en el 
enorme silln de cuero de Baresco, tomaba caf solo y reciba informes por 
telfono de sus subordinados esparcidos por el sur de California, 
confirmndole que todos los conspiradores de Eric Leben en el proyecto 
Wildcard se encontraban bajo arresto domiciliario. En el condado de 
Orange, el doctor Morgan Eugene Lewis, coordinador de investigacin de 
Wildcard, estaba detenido con su mujer en su residencia de North Tustin. 
El doctor J. Felix Geffels estaba retenido en su domicilio de Riverside. El 
doctor Vincent Baresco, jefe de investigacin de Geneplan, haba sido 
hallado por unos agentes de seguridad en la central de la empresa en 
Newport, inconsciente en el suelo del despacho de Eric Leben, con 
muestras evidentes de haber participado en un tiroteo y en una encarnizada 
pelea.
En lugar de llevar a Baresco a un hospital pblico y exponerse a no 
controlarle debidamente, los subordinados de Sharp le trasladaron a una 
base de la infantera de marina en El Toro, donde le atenda un mdico 
militar en la enfermera. Incapaz de hablar por los golpes que haba 
recibido en la garganta, Baresco se sirvi de un papel y un lpiz para 
comunicarles a los agentes que haba sido atacado por Ben Shadway, 
amante de Rachael Leben, al descubrirles vaciando la caja fuerte de Eric. 
Se sinti muy molesto cuando se negaron a creer que aqulla fuera la 
historia completa y verdaderamente sobresaltado al descubrir que conocan 
todos los detalles del proyecto Wildcard y que saban que Eric Leben haba 
resucitado. Tambin con la ayuda de papel y lpiz, Baresco exigi que se le 
trasladara a un hospital civil, que se le comunicaran los cargos que se le 
imputaban y que le permitieran hablar con su abogado. Evidentemente, 
hicieron caso omiso de sus exigencias.
Rupert Knowls y Perry Seltz, los financieros que haban aportado 
prcticamente la totalidad del capital de Geneplan, haca casi diez aos, 
estaban retenidos en la extensa finca de cuatro hectreas que Knowls tena 
en Havenhurst, en Palm Springs. Tres agentes de seguridad haban ido all 
con rdenes de detencin para Knowls y Seltz, y con una orden de registro. 
Les haban encontrado una metralleta Uzi, con modificaciones ilegales, que 
haba sido utilizada sin duda alguna para el asesinato de dos policas en 
Palm Springs, dos horas antes.
Bajo arresto indefinido en Havenhurst, Knowls y Seitz no ofrecan objecin 
alguna. Eran conscientes de la situacin. Se les ofrecera un trato poco 
atractivo para entregar al gobierno toda la investigacin, derechos y ttulos 
relacionados con el proyecto Wildcard, sin compensacin alguna, y se les 
exigira que jams hablaran de ello ni de la resurreccin de Eric Leben. 
Tambin se les impondra como condicin que firmaran una declaracin 
confesndose autores del asesinato, lo cual garantizara su lealtad durante el 
resto de sus vidas. A pesar de que la oferta no tena ninguna base ni fuerza 
legal y que la Agencia de la Defensa de la Seguridad (ADS) violara todos 
los principios de la democracia, as como innumerables leyes, Knowls y 
Seltz aceptaran sus condiciones. Tenan experiencia de la vida y saban 
que si no cooperaban, especialmente intentando hacer valer sus derechos 
constitucionales, lo nico que les esperaba era la muerte.
Esas cinco personas posean un secreto que era quizs el ms poderoso de 
la historia. Cierto que el proceso de inmortalidad era todava imperfecto, 
pero acabara por perfeccionarse. Entonces, el poseedor de los secretos de 
Wildcard controlara el mundo. Con tanto en juego, al gobierno no le 
preocupaba respetar la fina lnea divisoria entre la conducta moral e 
inmoral, y en este caso tan particular no tena ningn inters en ajustarse a 
los procedimientos establecidos.
Despus de recibir el informe sobre Seitz y Knowls, Sharp colg el 
telfono, se levant del silln de cuero y comenz a pasear por el despacho 
subterrneo carente de ventanas. Movi sus enormes hombros, se estir e 
intent relajar su grueso y musculoso cuello.
Haba empezado con ocho personas de quienes preocuparse, ocho fuentes 
potenciales de divulgacin, de las cuales cinco haban sido atajadas con 
rapidez y eficacia. Se senta bastante satisfecho de todo en general y, en 
especial, de s mismo. Era un verdadero experto en su trabajo.
En momentos como aqul deseaba tener a alguien con quien compartir su 
xito, un ayudante que le admirara, pero no poda permitirse que nadie se le 
acercara demasiado. Era subdirector de la Agencia de la Defensa de la 
Seguridad, el segundo en el mando de toda la organizacin y estaba 
decidido a ser director a los cuarenta aos. Se dispona a alcanzar su 
propsito recopilando la suficiente cantidad de material destructivo contra 
el actual director, Jarrod McClain, como para obligarle a dimitir y a que le 
recomendara para el cargo. McClain le haba tratado como a un hijo, 
hacindole partcipe de todos los secretos de la organizacin y a estas 
alturas Sharp contaba ya con lo necesario para destruirle. Pero era un 
hombre cauteloso y no estaba dispuesto a actuar hasta que no hubiera 
ninguna posibilidad de que su golpe fracasase. Cuando ocupara el puesto 
de director, no cometera el error de confiar excesivamente en ninguno de 
sus subordinados, como McClain lo haba hecho con l. La cspide sera un 
lugar solitario, tendra que serlo si quera sobrevivir mucho tiempo, por lo 
que haba comenzado ya a acostumbrarse a la soledad; si bien tena algunos 
protegidos, no contaba con amigo alguno.
Despus de relajar los hombros y el cuello, Sharp volvi a sentarse en el 
silln de cuero, cerr los ojos y pens en las tres personas que seguan 
libres, a quienes deba capturar: Eric Leben, la seora Leben y Ben 
Shadway. A ellos no les ofrecera ningn trato como a los dems. Si 
lograban capturar a Leben vivo, le encerraran para estudiarlo como un 
animal de laboratorio. A la seora Leben y a Shadway simplemente los 
eliminaran, y haran que sus muertes parecieran accidentales.
Tena varias razones para querer matarlos. Por una parte, ambos eran 
pensadores independientes, duros y honrados, lo que supona una peligrosa 
mezcla de cualidades voltiles. Seran perfectamente capaces de divulgar la 
historia de Wildcard, sin razn alguna o por puro idealismo desenfocado, 
asestndole un duro golpe a Sharp en su escalada hacia la cumbre. Los 
dems (Lewis, Geffels, Baresco, Knowls y Seitz) cederan por su propio 
inters, pero no se poda confiar en que Rachael Leben y Ben Shadway 
tambin lo hicieran. Adems, no haban cometido ningn acto criminal, ni 
haban vendido su alma al gobierno como los dems miembros de 
Geneplan, y al no pender ninguna espada de Damocles sobre sus cabezas, 
no haba ninguna amenaza verosmil que pudiera utilizar contra ellos para 
controlarlos.
Pero, sobre todo, Sharp quera que Rachael Leben muriera simplemente 
porque era la amante de Shadway, porque ste la quera. Deseaba matarla 
personalmente, delante de Ben Shadway. Y quera que Shadway muriera, 
porque haca casi diecisiete aos que le odiaba.
Solo en el despacho subterrneo, con los ojos cerrados, Sharp sonrea. Se 
preguntaba qu hara Ben Shadway si supiera que su vieja Nmesis, Anson 
Sharp, le estaba acechando. Sharp anhelaba el momento del inevitable 
encuentro, estaba ansioso por contemplar el asombro en el rostro de 
Shadway y estaba impaciente por cargarse a aquel hijo de puta.
Jerry Peake, el joven agente a quien Anson Sharp le haba encargado la 
bsqueda de Sarah Kiel, examin meticulosamente la propiedad de Eric 
Leben en Palm Springs, en busca de una fosa reciente. Con la ayuda de una 
potente linterna, diligente y concienzudo como era, Peake se adentr por 
los parterres y entre los matorrales, llenndose la parte baja del pantaln y 
los zapatos de barro, pero sin hallar nada sospechoso.
Encendi las luces de la piscina, medio a la expectativa de encontrarse con 
el cuerpo de una mujer flotando, o en el fondo con un contrapeso, mirando 
a travs del agua cristalina. Al no hallar ningn cadver en la piscina, 
Peake decidi que haba ledo demasiadas novelas policacas, en las que 
siempre aparecan cadveres ahogados, lo que jams ocurra en la vida real.
Apasionado por la literatura detectivesca desde los doce aos, Jerry Peake 
siempre haba querido ser investigador, pero no un detective ordinario sino 
algo especial, como agente de la CIA, el FBI, o la ADS, pero tampoco un 
simple agente sino un genio de la investigacin, como los personajes de 
John Le Carr, William F. Buckley, o Frederick Forsythe. Peake deseaba 
convertirse en una leyenda viviente. Haca slo cinco aos que trabajaba en 
la Agencia y su reputacin como investigador era inexistente, pero no 
estaba preocupado. Tena paciencia. Nadie poda convertirse en una 
leyenda en slo cinco aos. Al principio era necesario pasar muchas horas 
haciendo tareas secundarias, como meterse en los parterres, rasgarse sus 
mejores trajes en los arbustos espinosos y examinar piscinas en plena 
noche.
Al no hallar el cadver de Sarah Kiel en la finca de Leben, Peake visit los 
hospitales, esperando hallarla entre los pacientes o en la lista de los que 
haban recibido tratamiento ltimamente. Sus dos primeras visitas no 
tuvieron xito. Lo peor del caso era que, a pesar de que les mostraba sus 
credenciales de la ADS, en las que figuraba su fotografa, tanto las 
enfermeras como los mdicos parecan tratarle con escepticismo. 
Cooperaban, pero con reticencia, como si sospecharan de que pudiera ser 
un impostor con intenciones ocultas y poco honorables.
Saba que su aspecto era demasiado joven para un agente de la ADS, con 
un rostro excesivamente abierto y juvenil. Adems, tampoco era lo 
suficientemente agresivo cuando formulaba preguntas. Sin embargo, en 
esta ocasin estaba convencido de que el problema no lo causaba su rostro 
juvenil o su actitud ligeramente indecisa. Dudaban de l a causa del barro 
de sus zapatos, que haba limpiado con toallas de papel, pero seguan 
hechos un asco. Asimismo, despus de mojrsele los pantalones, le haban 
quedado sucios y arrugados. Uno no poda esperar que le trataran 
seriamente, con respeto, o convertirse en una leyenda, cuando tena el 
aspecto de haber estado cuidando cerdos.
Una hora despus del amanecer, en el tercer hospital, el Desert General, a 
pesar de su poco ortodoxa presencia, dio con lo que buscaba. Sarah Kiel 
haba ingresado durante la noche. Estaba todava en el hospital.
La enfermera principal, Alma Dunn, era una mujer robusta de cabello 
blanco, de unos cincuenta y cinco aos, que no se dej impresionar por las 
credenciales de Peake e incapaz de ser intimidada. Despus de comprobar 
el estado de Sarah Kiel, regres al mostrador, donde haba obligado a 
Peake a esperar y le dijo:
-La pobre chica sigue durmiendo. Hace relativamente poco que se le han 
administrado sedantes y, por consiguiente, no creo que despierte hasta 
dentro de unas horas.
-Le ruego que la despierte. Se trata de un asunto urgente de la seguridad 
nacional.
-No pienso hacerlo -le respondi la enfermera Dunn-. La chica est herida. 
Necesita descansar. Tendr que esperar.
-En tal caso, esperar en su habitacin.
-Ni lo suee -replic la enfermera, con los msculos de la mandbula 
abultados y una terrible frialdad en sus alegres ojos azules-. Se quedar en 
la sala de espera.
Peake saba que no ira muy lejos con Alma Dunn, porque tena el mismo 
aspecto que Jane Marple, la indmita detective aficionada de Agatha 
Christie, y nadie parecido a la seorita Marple es susceptible de ser 
intimidado.
-Esccheme, si no est dispuesta a cooperar, tendr que hablar con su 
superior.
-No tengo inconveniente alguno -replic mirando crticamente sus zapatos-. 
Llamar al doctor Werfell.
En el subterrneo de Riverside, Anson Sharp durmi una hora sobre el sof 
tapizado en ante del despacho de Vincent Baresco, se duch en el pequeo 
bao adjunto al mismo y se cambi de ropa, de la maleta que haba llevado 
en todo momento consigo mientras se desplazaba durante la noche por el 
sur de California. Tena la virtud de poderse dormir ineludiblemente a 
voluntad en menos de un minuto y de sentirse fresco y relajado despus de 
una pequea siesta. Era capaz de dormirse en cualquier lugar, 
independientemente del ruido ambiental. Estaba convencido de que esa 
virtud era una prueba ms de que estaba destinado a alcanzar la cumbre, 
donde perteneca, y demostraba que era superior a los dems mortales.
Perfectamente despierto, hizo unas cuantas llamadas a los agentes que 
custodiaban a los socios e investigadores de Geneplan, en diversos lugares 
de los tres condados. Tambin recibi informes de otros agentes en las 
dependencias de Geneplan en Newport Beach, en la casa de Eric Leben en 
Villa Park y en la de la seora Leben en Placentia.
Los que custodiaban a Baresco en la base naval de El Toro, le informaron 
de que Ben Shadway le haba arrebatado al cientfico un Magnum 357 
Smith & Wesson en el despacho de Geneplan la noche anterior, ya que el 
revlver no haba sido hallado en ningn lugar del edificio. Shadway no lo 
haba abandonado, ni se haba deshecho del arma en ningn contenedor de 
basura cercano, sino que al parecer haba optado por guardrselo. Por otra 
parte, los agentes de Placentia le comunicaron que una pistola 
semiautomtica del calibre 32, registrada a nombre de Rachael Leben, no 
se hallaba en ningn lugar de la casa y se supona que ella la llevaba 
consigo, a pesar de que slo tena permiso de tenencia domiciliaria.
A Sharp le encant saber que estaban armados, ya que eso facilitara la 
obtencin de una orden de detencin contra ambos. Cuando los cogieran, 
podra matarlos bajo pretexto de que haban disparado antes contra l, lo 
cual era en cierto modo plausible.
Mientras Jerry Peake esperaba en el mostrador el regreso de Alma Dunn 
con el doctor Werfell, comenz la vida diurna en el hospital. Las salas se 
llenaron de enfermeras que llevaban medicamentos a los pacientes, 
enfermeros que empujaban sillas de ruedas, camillas que se dirigan hacia 
los quirfanos y unos pocos mdicos que comenzaban a visitar temprano a 
sus pacientes. El penetrante olor a desinfectante reinante se vio superado 
por otros como el del alcohol, esencia de clavo, orina, vmito, como si el 
ajetreado personal hubiera estimulado la aparicin de diversas pestilencias 
de todos los confines de las dependencias.
A los diez minutos, la enfermera Dunn regres con un individuo alto con 
una bata blanca. Tena facciones aguileas, cabello canoso y un ntido 
bigote. Le era familiar, aunque Peake no estaba seguro del porqu. Alma 
Dunn le present como doctor Hans Werfell, supervisor del turno de la 
maana.
-El estado fsico de la seorita Kiel no reviste ninguna gravedad -le dijo a 
Peake, observando sus mugrientos zapatos y pantaln- y supongo que 
podr marcharse hoy o maana. Sin embargo ha sufrido un fuerte trauma 
emocional, por lo que es necesario permitirle que descanse. Ahora lo est 
haciendo; se encuentra profundamente dormida.
Maldita sea, deje de mirarme los zapatos, pens Peake.
-Doctor, comprendo su inters por la paciente, pero ste es un caso urgente 
de seguridad nacional -dijo.
-Qu diablos puede tener que ver una chica de diecisis aos con la 
seguridad nacional? -exclam Werfell, dejando finalmente de contemplarle 
los zapatos, con el ceo fruncido.
-Es secreto, estrictamente secreto -dijo Peake, intentando dar una expresin 
a su rostro juvenil lo suficientemente seria e impresionante, como para 
convencer al doctor Werfell de la gravedad de la situacin y lograr que 
cooperara.
-En todo caso, de nada servira despertarla -dijo Werfell-. Sigue bajo la 
influencia de los sedantes y no estar en condiciones de responder a sus 
preguntas.
-No podra darle algo para contrarrestar el efecto de las drogas?
-Seor Peake, esto es un hospital -le respondi el doctor con el ceo 
fruncido, mostrando su severa censura-. No le seramos de gran ayuda a la 
seorita Kiel si le administrramos medicamentos con el nico propsito de 
contrarrestar el efecto de otras drogas y satisfacer a un impaciente agente 
del gobierno.
-No le sugera que traicionara sus principios ticos -replic Peake 
ligeramente sofocado.
-Me alegro -dijo Werfell con el rostro y la actitud de un patricio, que no 
daba pie al debate-. En tal caso, estoy seguro de que esperar hasta que 
despierte.
-Es que creemos que puede decirnos dnde se encuentra alguien a quien 
necesitamos desesperadamente localizar -protest Peake lleno de 
frustracin, todava intentando descubrir a quin le recordaba Werfell.
-Estoy seguro de que cooperar cuando est debidamente despierta.
-Y cundo ser eso, doctor?
-Imagino que dentro de unas cuatro horas... quizs un poco ms.
-Cmo? Por qu tanto tiempo?
-El mdico de guardia por la noche le dio un sedante muy suave que no 
surti efecto alguno y, cuando se neg a administrarle algo ms fuerte, 
tom uno de los que llevaba consigo.
-Qu llevaba consigo?
-No nos dimos cuenta hasta ms tarde de que llevaba drogas en el bolso: 
unas cuantas tabletas de bencedrina envueltas en papel de aluminio...
-Bencedrina, estimulantes?
-Efectivamente. Y un paquete con tranquilizantes y otro con un par de 
sedantes. El suyo era mucho ms fuerte que el que le habamos 
administrado, por consiguiente ahora est profundamente dormida. Por 
supuesto le hemos confiscado el resto de las drogas.
-Esperar en su habitacin -dijo Peake.
-No -replic Werfell.
-En tal caso esperar junto a su puerta.
-Me temo que no.
-Entonces esperar aqu.
-Aqu molestar al personal -dijo Werfell-. Acomdese en la sala de espera 
y le avisaremos cuando la seorita Kiel despierte.
-Esperar aqu -insiti Peake, frunciendo tanto como pudo su rostro juvenil, 
para aparentar ser lo ms duro posible.
-En la sala de espera -afirm rotundamente Werfell-. Y si no va 
inmediatamente por su propio pie, llamar al personal de seguridad del 
hospital para que le acompae.
Peake titube, deseando poder ser ms agresivo.
-De acuerdo, maldita sea, pero avseme en el mismsimo momento en que 
despierte.
Furioso, dio media vuelta y se alej por el pasillo en busca de la sala de 
espera, sin atreverse a preguntar dnde se encontraba. Cuando se gir para 
mirar a Werfell y le vio ahora hablando con otro mdico, se dio cuenta de 
que era idntico a Dashiell Hammett, el formidable detective y novelista de 
Pinkerton, por cuya razn le haba resultado familiar a un lector tan asiduo 
del gnero como Peake. No era sorprendente que Werfell tuviera un aire 
tan extraordinariamente autoritario. Dashiell Hammett, vlgame Dios. 
Peake se sinti algo mejor de haber cedido ante l.

Durmieron otras dos horas, despertaron casi simultneamente y volvieron a 
hacer el amor sobre la cama del hotel. Para Rachael fue todava mejor que 
la vez anterior: ms lento, ms suave, con un ritmo an ms complaciente. 
Era sinuosa, mullida, firme y le produca un inmenso e intenso placer su 
excelente forma fsica, disfrutando cada flexin, cada suave arremetida y 
relajada friccin de su cuerpo, no limitndose al placer habitual del 
contacto de los rganos masculino y femenino, sino la emocin ms sutil 
de los msculos, tendones y huesos actuando en perfecta armona, lo que 
ms que nada haca que se sintiera joven, sana y viva.
Con su don especial para disfrutar del momento presente, recorri el cuerpo 
de Benny con sus manos, saboreando su firmeza, comprobando la dureza 
ptrea de los msculos de sus hombros y sus brazos, palpando la 
musculatura de su espalda, deleitndose con la sedosa suavidad de su piel, 
el balanceo que una sus caderas, pelvis contra pelvis, la clida caricia de 
sus manos, la fuerza abrasadora de sus labios sobre sus mejillas, su boca, su 
cuello y sus senos.
Antes de esta experiencia con Benny, haca casi quince meses que Rachael 
no haca el amor. Y jams lo haba hecho de ese modo, nunca con tanto 
gusto, tan suave y excitante, jams con tanta satisfaccin. Se senta como si 
hubiera estado medio muerta y sta fuera la hora de su resurreccin.
Por fin exhaustos, permanecieron abrazados durante un rato en silencio, 
saboreando la quietud, pero la tierna emocin del amor dio gradualmente 
paso a un curioso descontento. Al principio no estaba segura de lo que le 
molestaba, pero no tard en identificarlo como una sensacin rara y 
peculiar de que alguien haba caminado sobre su tumba, un presentimiento 
irracional pero convincentemente instintivo que le puso la carne de gallina 
y le produjo un escalofro que le subi por la mdula.
Contempl la dulce sonrisa de Benny, observ cada una de las muy 
queridas lneas de su rostro, le mir a los ojos y tuvo la asfixiante e 
ineludible sensacin de que le perdera.
Intent convencerse de que su inesperada aprensin no era ms que la 
reaccin comprensible de una mujer de treinta aos que, despus de un 
fracaso matrimonial, por fin haba encontrado milagrosamente al hombre 
de su vida. Algo que podra denominarse el sndrome de no me lo 
merezco. Cuando despus de mucho esperar, la vida nos ofrece un 
hermoso ramo de flores, es lgico que examinemos cautelosamente sus 
ptalos temiendo que en ellos se oculte una avispa. Puede que la 
supersticin, evidente especialmente en la desconfianza que merece la 
buena fortuna, constituya la misma esencia de la naturaleza humana y su 
miedo de perderle fuera perfectamente natural.
Eso era lo que intentaba decirse a s misma, aun sabiendo que su 
inesperado terror no era mera supersticin, sino algo ms oscuro. El 
escalofro le penetr por los huesos, hasta que cada vrtebra pareca 
haberse convertido en bloque de hielo. La suave brisa que le haba 
acariciado la piel le penetraba ahora hasta las entraas.
Se sent en la cama y se puso de pie, desnuda y temblando.
-Rachael! -exclam Benny.
-Vmonos -dijo ella angustiada, dirigindose hacia el bao a la luz dorada, 
con las sombras de las palmeras, que se filtraba por la ventana esmerilada.
-Qu ocurre? -pregunt Ben.
-Aqu somos muy vulnerables. Puede que estemos en peligro. Debemos 
seguir circulando. Tenemos que mantenernos a la ofensiva. Debemos 
encontrarle antes de que l, u otros, den con nosotros.
Ben salt de la cama, le cort el paso y la rode con sus brazos.
-Todo saldr bien.
-No digas eso.
-Ya lo vers.
-No desafes al destino.
-Estando juntos somos fuertes -le dijo-. No hay nada ms fuerte.
-Te lo ruego -insisti, llevndole la mano a los labios para silenciarle-. Por 
favor... no quiero perderte.
-No me perders.
Pero al mirarle tuvo la terrible sensacin de que ya le haba perdido, de que 
la muerte estaba inevitablemente cerca.
El sndrome de no me lo merezco.
O quizs un autntico presagio.
No haba forma de saber si era lo uno o lo otro.

La bsqueda del doctor Eric Leben no daba ningn resultado.
La terrible posibilidad del fracaso, para Anson Sharp, era como una enorme 
presin que se ejerca en las paredes de los laboratorios subterrneos de 
Geneplan en Riverside, comprimiendo las paredes sin ventanas, que 
parecan aplastarle lentamente. Era incapaz de asimilar el fracaso. Era un 
ganador, jams perda, superior a los dems mortales y slo as poda 
pensar en s mismo, slo de ese modo era capaz de imaginarse, como 
miembro nico de una especie superior, ya que esa visin de s mismo 
justificaba cuanto deseara hacer, fuera lo que fuese, y era un hombre 
simplemente incapaz de ajustarse a las limitaciones morales y ticas de la 
gente comn.
No hacan ms que llegar informes negativos de todos los agentes en 
relacin al difunto andante, que no haba aparecido por ninguno de los 
lugares donde habra sido lgico que lo hiciera y, con el transcurso del 
tiempo, Sharp estaba cada vez ms nervioso y furioso. Puede que la 
informacin de la que disponan sobre Eric Leben no fuera tan completa 
como suponan. Quizs anticipando esta situacin, el genicista se haba 
organizado un lugar secreto, desconocido incluso de la Agencia de la 
Seguridad. De ser as, se interpretara como un fracaso personal de Sharp, 
ya que se haba identificado excesivamente con la operacin, esperando 
atribuirse el mrito de la captura de Leben.
Entonces cambi su suerte. Jerry Peake llam para comunicar que Sarah 
Kiel, la amante juvenil de Eric Leben, haba sido localizada en un hospital 
de Palm Spring.
-Pero el personal mdico -aclar frustrado, con su habitual sinceridad- se 
niega a cooperar.
A veces Anson Sharp se preguntaba si las ventajas de rodearse de agentes 
dbiles y jvenes, que por consiguiente no suponan ninguna amenaza para 
l, no se vea superada por la desventaja de la ineficacia. Evidentemente, 
ninguno de ellos pondra en peligro su situacin cuando llegara a director, 
pero tampoco haran nada por su cuenta que demostrara positivamente lo 
que les haba enseado.
-Estar ah antes de que se le pasen los efectos del sedante -dijo Sharp.
Las investigaciones en los laboratorios de Geneplan podan proseguir algn 
tiempo sin su presencia. Los investigadores y los tcnicos haban llegado 
para empezar el da, pero se les haba mandado a su casa con la orden de no 
regresar hasta que se lo notificaran. Los expertos en informtica de la ADS 
intentaban localizar las fichas del proyecto Wildcard en los bancos de datos 
de los ordenadores de Geneplan, pero su trabajo era tan 
extraordinariamente especializado, que Sharp no era capaz de supervisarlo 
ni comprenderlo.
Hizo algunas llamadas telefnicas a diversas agencias federales en 
Washington, buscando (y obteniendo) informacin sobre el hospital Desert 
General y el doctor Hans Werfell, que podra serle til para presionarlos. 
Subi al helicptero que le esperaba y cruz nuevamente el desierto en 
direccin a Palm Spring, contento de estar nuevamente en movimiento.

Rachael y Benny cogieron un taxi hasta el aeropuerto de Palm Springs, 
alquilaron un impecable Ford en la Hertz y, cuando llegaron al centro de la 
ciudad, fueron los primeros clientes en una tienda de confeccin que abra a 
las nueve y media. Rachael se compr unos tejanos de color castao, una 
blusa amarillo plido, unos calcetines blancos de lana y unas zapatillas 
Adidas. Benny opt por los tejanos azules, camisa blanca, calcetines de 
lana, zapatillas deportivas y se cambiaron de ropa en los lavabos de una 
gasolinera, en el extremo norte de Palm Canyon Drive. Impacientes por 
seguir su camino, en parte por temor que los descubrieran, compraron caf 
y unos bocadillos en McDonald's, y desayunaron en el coche.
Rachael haba contagiado a Benny con su presentimiento de que la muerte 
los acechaba y su repentina, casi clarividente, sensacin de que el tiempo se 
les escapaba de las manos, cuyo impacto haba acusado por primera vez en 
el hotel, cuando acababan de hacer el amor por segunda vez. Benny haba 
procurado tranquilizarla, darle nimos, pero lo nico que haba logrado era 
sentirse cada vez ms intranquilo. Eran como dos animales que cada uno 
por su cuenta percibe instintivamente la proximidad de una terrible 
tormenta.
Lamentando no poder recoger su Mercedes rojo, que les habra permitido 
desplazarse con mayor rapidez que el Ford alquilado, Rachael se acomod 
en su asiento, desayunando con poco entusiasmo, mientras Ben conduca 
hacia el norte por la carretera estatal 3 y despus hacia el oeste por la 
interestatal 10. A pesar de que conduca el Ford tan rpido como 
cualquiera, manejndolo con una combinacin de riesgo y seguridad poco 
caracterstica de un vendedor de terrenos, no lograron llegar a la cabaa de 
Eric, sobre el lago Arrowhead, hasta casi la una de la tarde.
Rachael rogaba a Dios que no fuera demasiado tarde. E intentaba 
imaginarse cmo sera Eric, si le encontraban.


18.
La melancola del zombi.

Pas su oscuro furor y Eric Leben recuper el control (del que era capaz) 
de los sentidos, entre las ruinas de la habitacin de la cabaa, donde haba 
destrozado todo lo que tena a mano. Una acuciante jaqueca le retumbaba 
en la cabeza y un dolor ms apagado le recorra todos los msculos. Senta 
que sus articulaciones estaban rgidas e hinchadas, y sus ojos, turbios, 
hmedos y clidos. Le dola la dentadura y su boca saba a ceniza.
Despus de cada uno de sus frenticos ataques, el estado de nimo de Eric 
era gris, como ahora, en un mundo tambin gris, donde los colores haba 
desaparecido, los sonidos acallados, donde los bordes de los objetos eran 
indefinidos y la luz, independientemente de la potencia de su procedencia, 
era turbia e insuficiente para iluminar el ambiente. Era como si el furor le 
hubiese dejado sin energa y se viera obligado a reducir la potencia de sus 
funciones hasta reponer nuevas reservas. Se mova con ineptitud, con cierta 
torpeza y le era difcil pensar con claridad.
Cuando acabara de curarse, los perodos de coma y las fases grises 
evidentemente desapareceran. Sin embargo, dicha conviccin no le 
tranquilizaba, ya que su turbio proceso mental le impeda pensar en el 
futuro. Su condicin era preocupante, desagradable, incluso temible; tena 
la sensacin de no controlar su propio destino y de estar en realidad 
atrapado dentro de su propio cuerpo, encadenado a su carne ahora 
imperfecta y medio muerta.
Lleg con dificultad hasta el bao, se duch lentamente y se lav los 
dientes. En la cabaa guardaba un ropero completo, igual que en la casa de 
Palm Springs, para no tener que llevar equipaje consigo y se puso un 
pantaln caqui, una camisa roja a cuadros, calcetines de lana y unas botas 
de leador. Con lo turbia que tena la cabeza, aquellas labores matutinas 
duraron mucho ms de lo debido. No le fue fcil ajustar los controles de la 
ducha, para que la temperatura del agua fuera adecuada; se le cay varias 
veces el cepillo de las manos; maldijo sus anquilosados dedos que luchaban 
con los botones de la camisa; cuando intent subirse las mangas, la tela se 
le resista como si tuviera vida propia; y slo logr abrocharse las botas 
despus de realizar un enorme esfuerzo.
Volvieron a perturbarle las hogueras espectrales.
Varias veces, en la periferia de su campo de visin, la penumbra se 
convirti en llamas. No eran ms que cortocircuitos de los impulsos 
elctricos de su deteriorado cerebro, pero que sanaba. Ilusiones nacidas de 
las chispas sinpticas cerebrales entre neuronas. Eso era todo. Sin embargo, 
cuando miraba directamente a la hoguera, no se desvaneca ni esfumaba 
como lo habra hecho un espejismo, sino que su brillo incluso aumentaba.
A pesar de que no producan humo ni calor, no se nutran de combustible 
alguno ni tenan sustancia fsica, cada vez que contemplaba las llamas 
inexistentes lo haca con mayor temor, en parte porque en su interior, o 
quizs ms all de las mismas, vislumbraba algo misterioso y temible: 
figuras monstruosas envueltas en la oscuridad que le seducan a travs del 
brillo intermitente. A pesar de que saba que los fantasmas eran producto de 
su distorsionada imaginacin y de que no tena ni la ms ligera idea de lo 
que representaban o de por qu deba temerles, le aterrorizaban. Y en 
algunas ocasiones, magnetizado por las hogueras espectrales, se oa a s 
mismo gemir como un nio asustado.
Comida. Si bien su cuerpo genticamente alterado estaba capacitado para 
una regeneracin milagrosa y una rpida recuperacin, necesitaba una 
nutricin adecuada: vitaminas, minerales, hidratos de carbono, protenas, es 
decir, los elementos bsicos para la recuperacin de los tejidos 
deteriorados. Y por primera vez desde que haba despertado en el depsito 
de cadveres, tena hambre.
Lleg tambalendose hasta la cocina y examin con cierta dificultad el 
contenido del frigorfico.
De reojo le pareci ver algo que sala arrastrndose por las rendijas del 
enchufe. Algo largo y delgado, espantoso, una especie de insecto. Pero 
saba que no era real. Haba visto cosas parecidas. Era otro sntoma del 
deterioro de su cerebro. Deba ignorarlo, no permitir que le asustara, a 
pesar de que oa el tic tac de sus pies quitinosos en el suelo. Tic tac, tic tac. 
No quiso mirar. Lrgate. Se agarr con fuerza al frigorfico. Segua el 
traqueteo. Rechin los dientes. Lrgate. El ruido desapareci. Cuando 
contempl el enchufe, no haba ningn insecto extrao ni nada anormal.
Pero ahora su to Barry, que haca mucho tiempo que haba fallecido, 
estaba sentado junto a la mesa de la cocina, con una sonrisa burlona. De 
pequeo le haban dejado muchas veces con su to Barry Hampstead, que 
abusaba sexualmente de l y el miedo le haba impedido confesarlo. 
Hampstead le haba amenazado con lastimarle, con cortarle el pene, si 
hablaba de ello y sus amenazas le haban impresionado tanto, que Eric no 
las puso jams en duda. Ahora el to Barry estaba sentado junto a la mesa, 
con una mano sobre las rodillas, sonrindole burlonamente, y le deca:
-Ven aqu, querida criatura, vamos a divertirnos un rato.
Eric oa su voz con la misma claridad que haca treinta y cinco aos, a 
pesar de que saba que ni el cuerpo ni la voz eran reales, y estaba tan 
aterrorizado de Barry Hampstead como cuando era nio, a pesar de que 
saba que estaba fuera del alcance de su odioso to.
Cerr los ojos e intent alejar su imagen. Durante ms de un minuto no 
dej de temblar, sin querer abrir los ojos hasta estar seguro de que la ilusin 
haba desaparecido. Pero entonces empez a pensar que Barry estaba 
realmente all, que se le acercaba mientras tena los ojos cerrados y que de 
un momento a otro le agarrara los genitales y comenzara a estrujrselos...
De pronto abri los ojos.
El fantasma de Barry Hampstead haba desaparecido.
Respirando con mayor tranquilidad, Eric cogi del congelador un paquete 
de salchichas empanadas Farmer John y las puso a calentar en una bandeja 
en el horno, prestando mucha atencin para no quemarse. Torpe y 
pacientemente, prepar una cafetera de Maxwell House. Sentado a la mesa 
con los hombros cados y la cabeza baja, tom varias tazas de caf solo 
mientras degluta la comida.
Al principio tena un apetito voraz y el mero acto de comer haca que se 
sintiera ms autnticamente vivo que con cualquier otra actividad desde su 
renacimiento. Acciones tan simples como morder, masticar, degustar y 
tragar le acercaban ms al reino de los vivos que todo lo ocurrido desde su 
tropiezo con el camin de la basura. Durante algn tiempo, comenz a 
mejorar su nimo.
Gradualmente empez a darse cuenta de que el sabor de la salchicha no era 
lo fuerte ni agradable que haba sido cuando estaba completamente vivo y 
capaz de apreciarlo. Y aun acercando la nariz a la grasa caliente y 
aspirando profundamente, fue incapaz de percibir el aroma de las especias. 
Contempl sus manos fras, grises y viscosas, en las que tena la salchicha 
empanada y comprob que la carne humeante del cerdo pareca ms viva 
que la suya.
De pronto la situacin le pareci extraordinariamente cmica. Un difunto 
sentado a la mesa, deglutiendo salchichas Farmer John y vaciando una 
cafetera de Maxwell House, pretendiendo desesperadamente ser como los 
vivos, como si la muerte pudiera invertirse a voluntad y la vida recuperada 
limitndose a realizar actividades mundanas: ducharse, lavarse los dientes, 
comer, beber, defecar y consumir suficientes productos caseros. Deba de 
estar vivo, porque era improbable que ni en el cielo ni en el infierno 
tuvieran salchichas Farmer John o caf Maxwell House. Deba de estar 
vivo porque haba utilizado su cafetera Mister Coffee, el horno General 
Electric, sobre su cabeza oa el zumbido del refrigerador Westinghouse y a 
pesar de que saba que la red de distribucin de dichos fabricantes era muy 
amplia, no le pareca probable que sus productos hubieran llegado a la otra 
orilla del ro Estige. Deba de estar vivo.
Era un humor ciertamente negro, muy negro, pero comenz a rerse a 
carcajadas, hasta que l mismo las oy. Tenan un sonido duro, ronco, fro, 
como una parodia de la autntica risa, spera y escabrosa, como si se 
estuviera ahogando, o hubiese tragado piedras que se agitaban en su 
garganta. Aterrado por el ruido, se estremeci y comenz a sollozar. Solt 
la salchicha empanada, arroj la comida y el plato al suelo, y se dobl 
sobre la mesa, con los brazos cruzados y la cabeza hundida en los mismos. 
Lloraba desconsoladamente y durante un rato sinti una profunda pena de 
s mismo.
Los ratones, los ratones, recuerda los ratones golpendose contra los 
barrotes de sus jaulas...
Segua sin saber qu significaba eso, no recordaba nada relacionado con 
ratones, pero presenta que estaba ms cerca que nunca de comprenderlo. 
La memoria de unos ratones, de unos ratones blancos, pululaba ante l un 
poco ms all de su alcance.
Su nimo gris oscureci.
Sus sentidos ya apocados perdieron an ms sensibilidad.
Al cabo de unos instantes se dio cuenta de que entraba nuevamente en 
coma, en uno de esos perodos de aletargamiento durante los cuales los 
latidos de su corazn decrecan dramticamente y la respiracin llegaba a 
un nivel muy inferior al normal, dndole la oportunidad al cuerpo de 
proseguir con sus reparaciones y acumular nuevas reservas de energa. 
Cay al suelo y qued enroscado en posicin fetal junto al frigorfico.
Benny sali de la interestatal 10 en Redlands y sigui la estatal 30 hasta la 
330. Se encontraban a treinta y cinco kilmetros del lago Arrowhead.
La carretera de asfalto negro, de dos carriles, surcaba las montaas de San 
Bernardino. El firme era irregular y accidentado, con algunos baches, con 
un arcn que frecuentemente era de escasos centmetros, y una endeble 
barrera que los separaba del precipicio, dejando muy poco margen para 
cometer errores. Se vieron obligados a aminorar considerablemente la 
marcha, a pesar de que Benny conduca el Ford mucho ms rpido de lo 
que Rachael habra sido capaz.
La noche anterior Rachael le haba contado sus secretos a Benny, los 
detalles de Wildcard y las obsesiones de Eric, y esperaba que a cambio l le 
revelara los suyos, pero no le haba dicho nada que explicara cmo haba 
vencido tan fcilmente a Vincent Baresco, su pericia como conductor, o lo 
familiarizado que estaba con las armas. Aunque senta mucha curiosidad, 
no quiso presionarle. Presenta que los secretos de Benny eran mucho ms 
personales que los suyos y que haba pasado mucho tiempo rodendose de 
una coraza, que no le sera fcil derribar. Saba que se lo contara todo en el 
momento oportuno.
Haban recorrido slo un par de kilmetros por la 330 y se encontraban 
todava a unos treinta de Running Springs, cuando al parecer Benny 
decidi que el momento haba llegado. Cuanto ms se adentraba y 
encaramaba la carretera en las montaas, mayor era el nmero de rboles a 
ambos lados de la misma (al principio abedules y retorcidos robles, 
seguidos de una gran diversidad de pinos, alerces, e incluso algn abeto), 
que suman casi permanentemente el camino en la sombra. Incluso a pesar 
del aire acondicionado del vehculo, no era difcil darse cuenta de que 
haban dejado atrs el calor del desierto y pareca que el hecho de alejarse 
de aquella sofocante temperatura incitaba a Benny a hablar. A la sombra de 
los enormes pinos, comenz a charlar en un tono suave pero lejano.
-Cuando tena dieciocho aos me alist en los marines y me present 
voluntario para ir a Vietnam. No estaba en contra de la guerra, como tantos 
otros, pero tampoco a favor. Slo estaba a favor de mi pas, para bien o 
para mal. Result que tena ciertas aptitudes, una habilidad natural, que me 
convertan en candidato al cuerpo de lite de reconocimiento de los 
marines, cuyos equivalentes existen tambin en el ejrcito y en la marina. 
Desde el primer momento se me propuso que me entrenara, me ofrec 
voluntario y acab convirtindome en un soldado tan peligroso como 
cualquiera en el mundo. Me podan poner cualquier arma en las manos y 
saba cmo utilizarla. Incluso con las manos desnudas poda matar a 
alguien con tanta rapidez y facilidad, que no era consciente de que le 
atacaba hasta que le rompa la espina dorsal. Fui al frente como miembro 
de una unidad de reconocimiento, con la garanta de que la accin sera 
abundante, era lo que deseaba y durante unos meses, encantado de estar en 
pleno meollo, no dej de disparar mi fusil.
Benny segua conduciendo el coche con gran pericia, pero Rachael 
comprob que la velocidad disminua conforme se adentraba en las selvas 
del sudeste asitico.
Entorn los ojos cuando unos rayos de sol, que penetraban por las ramas de 
los rboles, cayeron sobre el parabrisas como una cascada luminosa.
-Pero despus de varios meses en un ambiente tan sangriento, viendo caer a 
tus compaeros, esquivando una y otra vez la muerte, observando 
repetidamente a vctimas civiles del fuego cruzado, pueblos incendiados, 
nios mutilados... es inevitable que le comiencen a entrar a uno ciertas 
dudas. A m me ocurri.
-Benny, Dios mo, cunto lo siento. Jams imagin que hubieras vivido 
algo tan horrible...
-No es de m de quien hay que apiadarse. Regres vivo y segu con mi vida. 
Es mejor que lo que les ocurri a muchos otros.
Dios mo -pens Rachael-, qu habra ocurrido si no hubieras regresado? 
Jams te habra conocido, nunca te habra amado, no habra sabido lo que 
me perda.
-En todo caso -prosigui, hablando con ternura-, comenc a dudar y 
durante el resto de aquel ao mi mente estuvo convertida en un torbellino. 
Luchaba para conservar el gobierno democrtico del Vietnam del Sur que, 
por otra parte, pareca ser irremediablemente corrupto. Luchaba para evitar 
que la cultura vietnamita fuera eliminada por el comunismo, al tiempo en 
que esa misma cultura estaba siendo destruida por decenas de millares de 
soldados norteamericanos, que con toda diligencia americanizaban el pas.
-Queramos paz y libertad para los vietnamitas -dijo Rachael-. Por lo 
menos as es como yo lo entend.
No haba cumplido an los treinta aos, es decir, tena siete menos que 
Benny, una diferencia fundamental, y aqulla no haba sido su guerra.
-No es injusto luchar por la paz y por la libertad -agreg.
-S -dijo en un tono que pareca ahora de ultratumba-, pero pareca que lo 
que nos proponamos era crear la paz matando a todo el mundo y arrasando 
la totalidad de ese maldito pas, sin dejar a nadie para disfrutar de la 
libertad. Tuve que reflexionar... Estaba mi pas desenfocado, claramente 
equivocado? No era incluso posiblemente... malvado? O es que yo era 
demasiado joven y excesivamente ingenuo, a pesar de mi entrenamiento 
con los marines, para comprender lo que ocurra?
Guard unos momentos de silencio mientras tomaba una curva muy 
cerrada a la derecha, seguida de otra a la izquierda, por la carretera que 
serpenteaba por la montaa.
-Cuando acab mi turno de servicio, no haba hallado ninguna respuesta 
satisfactoria a mis preguntas... y me ofrec voluntario para otro turno.
-Te quedaste en Vietman cuando podas haber regresado a casa? -le 
pregunt asombrada-. A pesar de tus terribles dudas?
-Deba resolverlas -respondi-, tena que hacerlo. Haba matado a gente, a 
mucha gente, creyendo que lo haca por una causa justa y deba averiguar si 
estaba en lo cierto o me haba equivocado. No poda volverle la espalda, 
olvidarlo, alejarlo de mi vida como si jams hubiera ocurrido. Diablos, era 
imposible. Tena que averiguarlo, decidir si era un buen hombre o un 
asesino y descubrir mi relacin con la vida, con mi propia conciencia. No 
haba mejor lugar para estudiarlo, para analizar el problema, que en su 
propio seno. Adems, para comprender la razn de que me hiciera 
voluntario por segunda vez, hay que conocerme, tal como era en aquel 
momento: muy joven, idealista, con el patriotismo tan arraigado como el 
color de mis propios ojos. Quera a mi pas, crea en l, de un modo 
incondicional y era incapaz de deshacerme de mis creencias... como una 
serpiente desecha su vieja piel.
Pasaron junto a una seal en la que se informaba que se encontraban a 
veinticuatro kilmetros de Running Springs y treinta y tres del lago 
Arrowhead.
-Entonces te quedaste otro ao en Vietnam? -pregunt Rachael.
-A fin de cuentas... resultaron ser dos -suspir con hasto.

En su cabaa por encima del lago Arrowhead, durante un perodo que no 
era capaz de cuantificar, Eric Leben entr en un peculiar estado de 
flotacin, ni despierto ni dormido, ni vivo ni muerto, mientras sus clulas 
genticamente alteradas aumentaban la produccin de encimas, protenas y 
otras sustancias que contribuan a su proceso de recuperacin. Su mente se 
vea invadida por breves sueos y disociadas pesadillas, como odiosas 
sombras que brincaban a la luz sangrienta de unas velas.
Cuando finalmente sali de su especie de trance, lleno nuevamente de 
energa, era claramente consciente de que tena necesidad de armarse y 
prepararse para un ataque. La claridad de su mente no era absoluta y en su 
memoria haba lagunas, por lo que no saba exactamente quin le acechaba, 
pero su instinto le indicaba que alguien le persegua.
No cabe duda de que alguien hallar este escondrijo a travs de Sarah 
Kiel, se dijo a s mismo.
La idea le sobresalt, porque no recordaba quin era Sarah Kiel. Estaba de 
pie con una mano sobre la mesa de la cocina, tambalendose, esforzndose 
por recordar el rostro y la identidad que acompaaban a aquel nombre.
Sarah Kiel...
De pronto la record y se maldijo a s mismo por haberla llevado a la 
cabaa. Aqulla deba haber sido su guarida secreta. jams deba habrselo 
revelado a nadie. Uno de sus problemas consista en necesitar chicas 
jvenes para sentirse tambin l joven, y siempre intentaba impresionarlas. 
Con Sarah lo haba logrado al mostrarle la cabaa de cinco habitaciones, 
equipada como estaba con todas las comodidades, varias hectreas de 
bosque y una vista espectacular del lago. Haban disfrutado haciendo el 
amor al aire libre, sobre una manta, bajo las enormes copas de los pinos y 
se haba sentido maravillosamente joven. Pero ahora Sarah saba dnde 
estaba su guarida secreta y a travs de ella podan conocerla otros, los 
perseguidores cuyas identidades era incapaz de descifrar, lo que les 
permitira llegar hasta l.
Con una nueva sensacin de urgencia, Eric se dirigi hacia la puerta que 
iba de la cocina al garaje. Se mova con menor dificultad que antes, con 
ms energa, la luz ya no le molestaba tanto a los ojos y no le apareci 
ningn fantasma ni insectos arrastrndose por las esquinas. A1 parecer, el 
perodo de coma le haba sentado bien. Pero cuando puso la mano en la 
manecilla de la puerta, se detuvo, sobresaltado por otra idea. Sarah no 
podra revelarle a nadie el paradero de la cabaa porque estaba muerta, l 
mismo la haba matado unas horas antes...
Eric se sinti invadido por una ola de terror y se agarr con fuerza a la 
manecilla de la puerta, como para impedir que le arrastrara 
permanentemente a la oscuridad, a la locura. De pronto record su visita a 
la casa de Palm Springs, los golpes que le haba asestado a la chica, 
desnuda, sin ninguna compasin y con los puos cerrados. En su 
deteriorada memoria aparecan destellos distorsionados de su rostro 
lacerado y ensangrentado, contorsionado por el terror. Pero la haba 
realmente matado? No, claro que no. Le gustaba tratar a las mujeres en plan 
duro, cierto, no poda negarlo, le gustaba maltratarlas, le encantaba ver 
cmo se acobardaban delante de l, pero nunca llegara a matar a nadie, 
jams lo haba hecho ni lo hara, por supuesto que no, era un ciudadano 
respetuoso de la ley, un vencedor en la sociedad y en las finanzas, no era un 
delincuente o un psicpata. Entonces le sobresalt inesperadamente el 
recuerdo confuso, pero temible, de haber clavado a Sarah en la pared de la 
casa de Rachael en Placentia, su cuerpo desnudo frente a la cama, en el 
dormitorio, y se estremeci al tiempo que recordaba que no haba sido 
Sarah sino otra persona a la que haba clavado en la pared, alguien que ni 
siquiera saba cmo se llamaba, una desconocida parecida lejanamente a 
Rachael; pero eso era absurdo, no haba podido matar a dos mujeres, ni 
siquiera a una; sin embargo, tambin record un contenedor de basura, un 
callejn asqueroso y todava otra mujer, la tercera, una atractiva latina, 
degollada por un bistur, cuyo cuerpo haba arrojado en el contenedor...
No. Dios mo, en qu me he convertido? -se pregunt, con el estmago 
revuelto-. Soy al mismo tiempo investigador y objeto, creador y creacin, y 
esto debe haber sido un terrible error. Es posible que me haya 
convertido... en mi propio monstruo de Frankenstein?
Durante un temible instante se le aclar la mente y la verdad le ilumin 
como un rayo de sol matutino que cruza el impecable cristal de una 
ventana.
Movi violentamente la cabeza, como si pretendiera deshacerse de los 
ltimos resquicios de niebla que haban ofuscado su mente, cuando en 
realidad lo que quera desesperadamente era alejar la desagradable e 
intolerable claridad. Gracias al mal estado de su cerebro y a su precaria 
condicin fsica, no le fue difcil desterrar la verdad. El movimiento 
violento de la cabeza bast para que se mareara, se ofuscase su visin y 
volvieran a su memoria los mantos de niebla, entorpeciendo su 
pensamiento y sumindole nuevamente en la confusin y el desconcierto.
Las mujeres muertas eran un falso recuerdo, por supuesto, no podan ser 
reales, ya que era incapaz de matar a nadie a sangre fra. Eran tan irreales 
como su to Barry y los insectos que vea de vez en cuando.
Recuerda los ratones, los ratones, los ratones frenticos, mordiendo, 
furiosos...
Qu ratones? Qu tienen que ver los furiosos ratones con todo esto? 
Olvidemos los malditos ratones.
Lo importante era que no poda haber matado a una sola persona, ni hablar 
de tres. l, no. No Eric Leben. En la confusin de su turbulenta memoria 
parcial, esas pesadillas no podan ser ms que ilusorias, al igual que las 
hogueras espectrales que aparecan de la nada. Eran el simple resultado de 
los cortocircuitos de los impulsos elctricos en su deteriorado tejido 
cerebral y no dejaran de atormentarle hasta que dicho tejido sanara por 
completo. Entretanto no se atreva a profundizar en las mismas, ya que 
comenzara a dudar de s mismo y de su percepcin, as como de su frgil 
condicin mental, y no tena suficiente energa para dudar de s mismo.
Temblando, sudando, abri la puerta del garaje y encendi la luz. Su 
Mercedes negro 560 SEL estaba aparcado donde lo haba dejado la noche 
anterior.
Al contemplar el coche, repentinamente le vino a la memoria otro vehculo, 
ms viejo y menos elegante, en cuyo maletero haba metido el cadver de 
una mujer...
No. Volva a traicionarle la memoria. Ilusiones. Quimeras.
Se apoy cuidadosamente contra la pared con la mano abierta, descans 
unos segundos, recuperando fuerzas y procurando aclarar la cabeza. 
Cuando por fin levant sta, no recordaba por qu estaba en el garaje.
Sin embargo, volvi gradualmente a presentir que le acechaban, que 
alguien iba a por l y que deba armarse. En su mente confusa era incapaz 
de tener una imagen clara de quines podan ser sus perseguidores, pero 
saba que estaba en peligro. Se apart de la pared, pas junto al coche, al 
banco de trabajo y se acerc a una estantera repleta de herramientas.
Lamentaba no haber tenido la precaucin de guardar un arma de fuego en 
la cabaa. Ahora tendra que contentarse con un hacha, que descolg de la 
pared, rompiendo una telaraa anclada en la misma. Estaba bastante 
afilada; era una buena arma.
A pesar de ser incapaz de matar a sangre fra, saba que poda hacerlo, si 
era necesario, para defenderse. No haba mal alguno en defenderse. La 
autodefensa no era lo mismo que el asesinato. Era justificable.
Levant el hacha para comprobar su peso. Justificable.
Dio un hachazo en el aire a guisa de prueba. La herramienta se desplaz 
cortando el viento. justificable.

A unos diez kilmetros de Runnings Spnngs y a veinticuatro del lago 
Arrowhead, Benny sali de la carretera y aparc en un mirador, donde 
haba un par de mesas, un cubo de basura y abundante sombra de los pinos. 
Par el motor y abri la ventana. El aire de la montaa era bastante ms 
fresco que el del desierto de donde procedan, todava caluroso pero no 
agobiante, y a Rachael le result muy agradable la suave brisa que entr 
por la ventana, impregnada con el aroma de las flores silvestres y la resina 
de los pinos.
No le pregunt por qu se detena, ya que su razn era evidente. Era de 
vital importancia para l que comprendiera las conclusiones a las que haba 
llegado en Vietnam, que supiera el tipo de hombre en que la guerra le haba 
convertido y no se crea capaz de explicrselo adecuadamente, al mismo 
tiempo que conduca por las mltiples curvas de aquel camino montaoso.
Le habl de su segundo ao en la guerra. Haba comenzado de un modo 
confuso y desesperado, con la terrible comprensin de que no estaba 
participando en una guerra limpia, como lo haba sido la segunda guerra 
mundial, con unas elecciones morales claramente delimitadas. Mes tras 
mes su unidad de reconocimiento se adentr ms profundamente en la zona 
blica. Cruzaron frecuentemente las lneas enemigas para llevar a cabo 
misiones clandestinas. Su misin no consista solamente en buscar y 
enfrentarse al enemigo, sino en establecer contacto pacfico con los civiles, 
para ganarse sus simpatas. Esos contactos le permitieron comprobar la 
brutalidad despiadada del enemigo y lleg finalmente a la conclusin de 
que aquella sucia guerra obligaba a los participantes a elegir entre diversos 
grados de inmoralidad. Por una parte, era inmoral quedarse y seguir 
luchando, ser agente de la muerte y de la destruccin; por otra, era todava 
ms inmoral darle la espalda, ya que la matanza poltica masiva que se 
producira a la cada del Vietnam del Sur y de Camboya, sera con toda 
seguridad mil veces peor que las bajas que produca la guerra.
En un tono de voz que le record a Rachael los oscuros confesionarios en 
los que se haba arrodillado de jovencita, Benny dijo:
-En cierto sentido, comprend que por muy mala que fuera nuestra 
actuacin en Vietnam, lo que vendra a continuacin slo poda ser mucho 
peor. Despus de nosotros, la aniquilacin. Millones seran ejecutados o 
moriran en los campos de trabajo. Despus de nosotros... la hecatombe.
En lugar de mirarla a ella, contempl las montaas de San Bernardino a 
travs del parabrisas.
Rachael esper.
-No haba hroes -prosigui finalmente-. No haba cumplido an los 
veintin aos y fue muy duro para m comprender que no era ningn hroe, 
sino simplemente un mal menor. A los veintin aos se supone que uno 
debe ser idealista y optimista, pero me di cuenta de que quizs gran parte 
de la vida se elabora a base de esas elecciones, escogiendo entre males y 
procurando elegir el menor.
Benny se llen los pulmones con el aire de la montaa que entraba por la 
ventana abierta, lo expuls con fuerza como si se sintiera sucio por el mero 
hecho de hablar de la guerra y como si aquel aire de las alturas, aspirado en 
cantidad suficiente, pudiera purificarle el alma.
Rachael no dijo nada, en parte porque no quera romper el encanto antes de 
que se sincerara plenamente con ella. Pero estaba tambin atnita por el 
descubrimiento de que haba sido un luchador profesional, ya que ahora se 
senta obligada a reevaluarle por completo.
Siempre se lo haba imaginado como un hombre maravilloso, sin 
complicaciones, un simple vendedor de propiedades inmobiliarias, cuya 
mera sencillez le atraa. Dios era testigo de que ya haba tenido suficiente 
color y exuberancia con Eric. La imagen sencilla que Benny proyectaba era 
tranquilizadora, infunda equilibrio, confianza, dependencia. Era como un 
riachuelo profundo, plcido y refrescante, que avanzaba lenta y 
relajadamente. Hasta estos momentos, el inters de Benny por los trenes, 
las novelas antiguas y la msica de los aos cuarenta le haba parecido que 
confirmaba que en su vida no haba habido ningn trauma grave, ya que 
pareca imposible que un hombre que hubiera tenido una vida complicada y 
con dificultades pudiese deleitarse con placeres tan simples. Cuando se 
dedicaba a sus pasatiempos, lo haca con una pureza tan infantil e ingenua, 
que haca difcil pensar que jams hubiera conocido la desilusin o la 
angustia.
-Mis compaeros murieron -agreg-. No todos, pero, maldita sea, 
demasiados. Cayeron en la lucha, destrozados por las minas, vctimas de 
los francotiradores y algunos regresaron lisiados y mutilados, con el rostro 
desfigurado, con cicatrices permanentes en el cuerpo y en la mente. Fue un 
precio muy alto si no luchbamos por una causa justa, si lo nico que 
defendamos era un mal menor, un maldito precio. Pero me pareci la nica 
alternativa posible. Darle la espalda habra equivalido a cerrar los ojos al 
hecho de que existen diferentes grados de maldad.
-Entonces volviste a hacerte voluntario -dijo Rachael.
-Efectivamente. Me qued y sobreviv. Sin ser feliz, ni sentirme orgulloso. 
Simplemente haciendo lo que deba. Fuimos muchos los que nos 
comprometimos y no fue nada fcil. Aquel fue el ao en que se retiraron las 
tropas, que jams perdonar ni olvidar, porque no slo se abandonaba a 
los vietnamitas, sino tambin a m. Comprenda los trminos y segua 
dispuesto a sacrificarme. Pero entonces mi pas, en el que tanto crea, me 
oblig a retirarme, a permitir que triunfara el mayor de los males, como si 
pudiese negar fcilmente la complejidad de los aspectos morales que 
estaban en juego, despus de haber llegado a comprender su complicada 
naturaleza, como si todo hubiera sido una especie de jodido juego o algo 
por el estilo.
Jams haba odo tanto furor en su voz, un furor duro como el acero y fro 
como el hielo, del que nunca le haba credo capaz. Era un furor sosegado y 
perfectamente controlado, pero profundo y algo atemorizante.
-Fue muy duro para un chico de veintin aos descubrir que se le negaba la 
oportunidad de ser un autntico hroe, pero todava fue peor descubrir que 
su propio pas le obligaba a ser injusto. Cuando nos marchamos, los 
comunistas aniquilaron a tres o cuatro millones de personas en Camboya y 
Vietnam, y otro medio milln falleci intentando escapar en pequeas 
embarcaciones. De algn modo que no soy capaz de explicar, siento que 
esas muertes pesan sobre mi conciencia, sobre nuestra conciencia, y en 
algunos momentos su peso llega a ser tan enorme que no s si ser capaz de 
soportarlo.
-Te juzgas con excesiva dureza.
-No. Nunca se es excesivamente duro.
-Nadie puede llevar el mundo a cuestas -dijo Rachael.
-Supongo que sa es la razn por la que miro ms all -coment Benny, 
evidentemente decidido a no renunciar, ni parcialmente, a dicha 
responsabilidad-. He comprendido que el mundo en el que me toca vivir, 
tanto el presente como el futuro, no es un mundo limpio, nunca lo ser y no 
nos permite elegir entre el blanco y el negro. Pero siempre nos queda la 
ilusin de que las cosas fueron mejor en otra poca.
Rachael siempre haba admirado su sentido de la responsabilidad y su 
inquebrantable honradez, pero ahora se daba cuenta de que esas cualidades 
estaban mucho ms profundamente arraigadas de lo que supona, quizs 
con exceso. Incluso las virtudes como la responsabilidad y la honradez 
podan ser obsesivas. Pero qu obsesiones tan maravillosas, comparadas 
con las de otros hombres que haba conocido.
Por fin la mir directamente, con unos ojos llenos de tristeza, casi de 
melancola, que Rachael nunca haba visto. Pero tambin haba otras 
emociones evidentes en su mirada: un calor muy especial, ternura, un 
enorme afecto y amor.
-Anoche y esta maana... -dijo Benny-, despus de haber hecho el amor... 
he visto la posibilidad de elegir entre blanco y negro, por primera vez desde 
antes de la guerra, sin grises y con una especie de... salvacin que cre que 
nunca hallara.
-Qu eleccin? -pregunt Rachael.
-La de pasar o no la vida contigo -respondi-. Pasarla contigo supone elegir 
correctamente, sin compromisos ni ambigedades. Y separarme de ti sera 
errneo. No me cabe la menor duda.
Desde haca semanas, quizs meses, Rachael saba que estaba enamorada 
de Benny. Pero haba mantenido sus sentimientos bajo control, sin hablar 
de la profundidad de los mismos y no haba querido pensar en un 
compromiso a largo plazo. Su infancia y adolescencia se haban 
caracterizado por la soledad y la terrible sensacin de no ser querida, lo que 
haba generado en ella una enorme capacidad afectiva. Ese deseo, esa 
necesidad de ser querida y amada, era lo que la haba convertido en presa 
fcil para Eric Leben y la haba conducido a un desastroso matrimonio. La 
obsesin de Eric por la juventud en general y en particular por la suya, le 
haba parecido a Rachael amor, ya que deseaba desesperadamente ser 
amada. Haba pasado los siete aos siguientes comprendiendo y asimilando 
la triste y dolorosa verdad, de la ausencia de amor en sus relaciones. Ahora, 
para evitar el sufrimiento, era sumamente cautelosa.
-Te quiero, Rachael.
Con fuertes latidos de su corazn, deseando creer que poda ser amada por 
un hombre tan bueno y tierno como Benny, pero temiendo que no fuera 
cierto, intent no mirarle a los ojos, aunque cuanto ms se esforzaba ms 
cerca estaba de perder el control y la serenidad que aparentaba. Pero no 
pudo alejar la mirada. Intent no decir nada que la convirtiera en 
vulnerable, pero con una mezcla de consternacin, alegra y enorme 
regocijo, dijo:
-Es eso lo que parece?
-A ti qu te parece?
-Una propuesta.
-No es el lugar ni el momento adecuado para una propuesta, no es cierto? 
-dijo Benny.
-Efectivamente.
-Sin embargo... eso es lo que es. Ojal las circunstancias fueran ms 
romnticas.
-Bien...
-Champn, velas, violines...
Rachael sonri.
-Lo que ms me preocup anoche cuando Baresco nos encaonaba con el 
revlver y cuando nos perseguan por Palm Canyon Drive, no fue el miedo 
a perder la vida, sino la posibilidad de morir antes de decirte lo que senta 
por ti. Ahora ya lo sabes. Quiero estar contigo, Rachael, para siempre.
-Yo tambin quiero pasar toda mi vida contigo, Benny -dijo con mayor 
facilidad de lo que supona.
Benny le acarici el rostro, ella se le acerc y le dio un suave beso.
-Te quiero -le dijo.
-Dios mo, yo tambin te quiero.
-Si salimos con vida, querrs casarte conmigo?
-S -respondi Rachael, con un inesperado escalofro-. Pero maldita sea, 
Benny, por qu has tenido que introducir el si?
-Olvdalo.
Pero no pudo. Aquella misma maana, en la habitacin del hotel de Palm 
Springs, cuando acababan de hacer el amor por segunda vez, el 
presentimiento de la muerte la haba conmocionado y la haba instigado a 
ponerse en movimiento, como si un peso mortal estuviera a punto de caer 
sobre ellos si no se marchaban. Ahora volva a tener el mismo 
presentimiento. El paisaje de las montaas, que haba sido sereno y 
fascinante, adquiri entonces un aspecto sombro y amenazador que le 
produca escalofros, a pesar de que saba que el cambio era enteramente 
subjetivo. Los rboles parecan convertirse en formas mutantes, sus ramas 
en extremidades seas y su sombra ms oscura.
-Marchmonos -le dijo a Benny.
Asinti, al parecer comprendiendo lo que pensaba y compartiendo su nueva 
percepcin.
Puso el motor en marcha y entr de nuevo en la carretera. Despus de la 
prxima curva, vieron un letrero que deca: LAGO ARROWHEAD 24 
KILMETROS.

Eric sigui examinando las herramientas del garaje, en busca de otro 
instrumento para su arsenal. No vio nada til.
Volvi a entrar en la casa, dej el hacha sobre la mesa de la cocina y abri 
varios cajones, en busca de un juego de cuchillos. Eligi dos: uno de 
carnicero y otro pequeo, puntiagudo y afilado.
Con un hacha y dos cuchillos estaba preparado para cualquier tipo de lucha. 
Habra preferido tener un arma de fuego, pero por lo menos no estaba 
indefenso. Si alguien iba a por l podra defenderse. Les causara algunos 
daos antes de que le alcanzaran, de lo cual se alegraba y, ante su propio 
asombro, le produjo una inesperada sonrisa.
Los ratones, los ratones, mordiendo, frenticos, los ratones...
Maldita sea. Movi la cabeza.
Los ratones, los ratones, los ratones, enfurecidos, atacando con las garras, 
escupiendo...
Aquella perturbadora idea le daba vueltas por la mente, como si se tratara 
de un fragmento de una demente nana, aterrorizndole, y cuando intentaba 
concentrarse en ella, procuraba comprenderla, su pensamiento volva a 
ofuscarse y no alcanzaba a comprender el significado de los ratones.
Los ratones, los ratones, con sus ojos enrojecidos, golpendose contra las 
paredes de la jaula...
Al intentar alcanzar el esquivo recuerdo de los ratones, un fuerte dolor le 
llen la cabeza desde la coronilla hasta los temporales, con sensacin de 
ardor en el puente de la nariz, pero cuando dej de intentarlo, procurando 
alejar la idea de los ratones, en lugar de disminuir el dolor aument, 
golpendose rtmicamente como un martillo detrs de los ojos. Tuvo que 
rechinar los dientes para soportarlo, comenz a sudar y con el sudor lleg 
el frenes, ms apagado que el dolor, pero creciendo con l, al principio 
disperso, pero luego concentrado.
-Rachael, Rachael -exclam agarrando fuertemente el cuchillo de 
carnicero-. Rachael...

19.
Sharp y La Roca.

Al llegar al hospital de Palm Springs, Anson Sharp logr con facilidad lo 
que a Jerry Peake le haba resultado imposible, a pesar de sus esfuerzos. En 
diez minutos redujo a cenizas a la enfermera Alma Dunn y destruy la 
relajada autoridad del doctor Werfell, convirtindolos en un par de 
ciudadanos nerviosos, desconcertados, respetuosos y cooperativos. 
Cooperaban a regaadientes, pero lo hacan de todos modos y Peake estaba 
profundamente impresionado. A pesar de que Sarah Kiel segua bajo la 
influencia de los sedantes que haba tomado durante la noche, Werfell 
accedi a despertarla por los medios que fueran necesarios.
Como de costumbre, Peake observaba atentamente a Sharp, procurando 
aprender cmo el subdirector lograba lo que quera, del mismo modo en 
que un joven mago estudia cada uno de los movimientos de un maestro 
prestidigitador en el escenario. Por una parte, Sharp se serva de su enorme 
corpulencia para intimidar, situndose muy cerca de sus adversarios y 
mirndolos ominosamente, con la espalda erguida, repleto de violencia 
implcita y la impresin de que era un individuo voltil. Sin embargo, 
jams llegaba a amenazar abiertamente y, en realidad, sonrea con 
frecuencia. Evidentemente su sonrisa era tambin un arma, ya que lo haca 
con la boca muy abierta, mostrando una enorme dentadura, extraa y 
desprovista de todo sentido del humor.
Ms importante que su corpulencia eran los trucos que un agente 
gubernamental de su rango tena a su disposicin. 
Antes de salir de los laboratorios de Geneplan en Riverside, escudndose 
en la autoridad de la ADS, haba hecho varias llamadas telefnicas a 
diversas agencias federales, de cuyos bancos de datos haba obtenido la 
informacin disponible sobre el hospital Desert General y el doctor Hans 
Werfell, que utilizara para presionarlos.
El historial del Desert General era prcticamente impecable. El nivel del 
personal mdico, enfermeras y tcnico era muy alto, haban transcurrido 
nueve aos desde la ltima queja formulada contra dicho establecimiento y 
nunca haban perdido ningn pleito. Su promedio de recuperacin de 
enfermos y operados era superior a la media de los Estados Unidos. En 
veinte aos, la nica mancha negra en el historial del Desert General, haba 
sido el caso de las pldoras robadas. Eso fue a lo que Peake denomin el 
asunto, cuando Sharp le inform brevemente a su llegada, antes de 
enfrentarse a Dunn y a Werfell. Peake no le revel a Sharp el calificativo 
que haba elegido, ya que este ltimo no era lector de novelas policacas y 
no comparta su sentido aventurero. Lo que haba ocurrido era que el ao 
anterior haban descubierto a tres enfermeras del Desert General, que 
falsificaban recetas y los libros de la farmacia, y al investigar se averigu 
que haban estado robando medicamentos desde haca varios aos. Por 
despecho, haban acusado en falso a seis superiores, entre los que se 
encontraba la enfermera Dunn, si bien la polica no hall prueba alguna 
contra ninguno de ellos. A raz de dicho incidente, la Agencia de Control 
de Drogas coloc al Desert General en la lista de vigilancia de 
instituciones mdicas y a pesar de que Alma Dunn sali libre de todo 
cargo, la experiencia supuso un trauma para ella y todava consideraba que 
peligraba su reputacin.
Sharp se aprovech de este punto dbil. En una sesin discreta con Alma 
Dunn en la sala de enfermeras, con Peake como nico testigo, le amenaz 
con una revisin muy pblica de la investigacin original, ahora a nivel 
federal y no slo le pidi su cooperacin sino que la redujo a un estado casi 
de llanto, lo que a Peake, que la comparaba con la indmita seorita Jane 
Marple de Agatha Christie, le haba parecido imposible.
Al principio pareca que el doctor Werfell sera un hueso ms duro de roer. 
Su historial mdico era impecable. Gozaba de una inmejorable reputacin 
en la comunidad mdica, se le haba otorgado el premio al mejor mdico 
del ao, contribua gratuitamente seis horas semanales a una clnica de 
desvalidos y desde cualquier punto de vista pareca un santo. Desde todos, 
menos uno: haca cinco aos que se le haba acusado de evasin de 
impuestos y haba perdido el caso por razones tcnicas. La forma de llevar 
su contabilidad personal no se ajustaba exactamente a las normas de 
Hacienda y a pesar de que no lo haba hecho deliberadamente, la ignorancia 
de la ley no exime de su cumplimiento.
En una habitacin de dos camas, en aquel momento desocupada, Sharp 
tard cinco minutos en doblegarle, con la amenaza de abrir de nuevo la 
investigacin de Hacienda. Werfell estaba seguro de que sus libros eran 
ahora correctos y de que no hallaran fallo alguno, pero tambin saba lo 
caro y engorroso que era defenderse ante una acusacin de Hacienda y que 
aunque no le condenaran su reputacin se vera afectada. Mir a Peake en 
varias ocasiones en busca de compasin, sabiendo que no la hallara en 
Sharp, pero Peake se esforz en imitar a su jefe con una actitud slida e 
indiferente como el granito. Inteligente como era, Werfell no tard en 
decidir que lo mejor era seguirle la corriente a Sharp, con el fin de evitar la 
pesadilla de los impuestos, aunque eso significaba sacrificar sus principios 
con relacin a Sarah Kiel.
-No tiene por qu culparse ni perder el sueo sobre su equvoca tica 
profesional, doctor -le dijo Sharp, colocndole una de sus enormes manos 
sobre el hombro para darle confianza, con actitud inesperadamente 
amigable y comprensiva, ahora que Werfell haba accedido a cooperar-. La 
salud del pas se antepone a todo lo dems. Nadie lo discutira, ni pensara 
que ha tomado una decisin equivocada.
El doctor Werfell no se ech atrs, pero se sinti evidentemente molesto 
por el contacto fsico de Sharp. Mir a Jerry Peake sin cambiar de 
expresin.
Peake retrocedi.
Salieron juntos de la habitacin y Werfell los condujo por un pasillo, 
pasando junto a la sala donde se encontraba Alma Dunn, que los mir 
pretendiendo que no lo haca, hasta la habitacin privada donde Sarah Kiel 
permaneca bajo el efecto de los sedantes. Al entrar, Peake se dio cuenta de 
que Werfell, que antes le haba recordado a Dashiell Hammett con un 
aspecto tremendamente imponente, ahora pareca haberse encogido, 
disminuido. Su rostro era gris y pareca mayor que antes.
A pesar de que admiraba la capacidad de mando de Anson Sharp y su 
eficacia, no se crea capaz de adoptar los mtodos de su jefe. Peake no se 
contentaba con ser un agente eficaz sino que quera convertirse en una 
leyenda, lo que slo era posible combinando la eficacia con la 
ecuanimidad. Ser famoso no era lo mismo que legendario y, en realidad, 
era imposible que ambos aspectos coexistieran. Tal vez no haba aprendido 
gran cosa de las cinco mil novelas policacas que haba ledo, pero esto lo 
tena claro.
La habitacin de Sarah Kiel estaba silenciosa, a excepcin del pequeo 
ronquido de su respiracin, iluminada slo por una tenue lmpara junto a la 
cama y unos pocos rayos del sol del desierto, que se filtraban por la gruesa 
cortina que cubra la ventana.
Los tres individuos se colocaron junto a la cama, el doctor Werfell y Sharp 
a un lado, y Peake al otro.
-Sarah -dijo suavemente Werfell-. Sarah?
Puesto que la paciente no reaccion, el mdico repiti su nombre y le 
sacudi suavemente el hombro. Ella ronc, susurr, pero no despert.
Werfell le levant un prpado, estudi su pupila, le cogi la mueca y le 
comprob el pulso.
-Seguramente tardar ms o menos una hora en despertarse por cuenta 
propia.
-Entonces haga lo necesario para que despierte ahora -orden Anson Sharp 
con impaciencia-. Ya lo hemos hablado.
-Le pondr una inyeccin -dijo Werfell, dirigindose hacia la puerta.
-Qudese aqu -exclam Sharp, indicando el timbre sujeto a los barrotes de 
la cama-. Ordene que se la traiga una enfermera.
-El tratamiento es cuestionable -replico Werfell- y no quiero involucrar a 
ninguna enfermera -agreg saliendo por la puerta, que se cerr suavemente 
a su espalda.
-Deliciosa -exclam Sharp, contemplando la nia que dorma.
Peake parpade sorprendido.
-Muy apetecible -agreg Sharp, sin alejar la mirada de la chiquilla.
Peake observ la jovencita, intentando ver algo delicioso y apetecible en 
ella, pero no era fcil. Su cabello rubio estaba enmaraado y grasiento, sus 
rizos revueltos y pegados sin atractivo alguno a la frente, mejillas y 
sudoroso cuello. Su ojo derecho hinchado y morado, con varios regueros de 
sangre coagulada. La mejilla derecha cubierta por un moretn que se 
extenda desde su ojo hinchado hasta la mandbula y el labio superior 
partido e hinchado. Las sbanas la cubran prcticamente hasta el cuello, a
excepcin del brazo derecho, en cuya mano tena un dedo escayolado, dos 
uas prcticamente arrancadas y con un aspecto parecido al de la garra de 
un pjaro.
-Tena quince aos cuando fue a vivir con Leben -dijo Sharp en voz baja-. 
Ahora tiene poco ms de diecisis.
Jerry Peake desvi la vista de la chica para concentrarse en Sharp, mientras 
ste segua observando a Sarah Kiel y lo que comprendi no slo le pareci 
increble, sino que tuvo que hacer un esfuerzo para no caerse de espaldas. 
Anson Sharp, subdirector de la ADS, era un pervertido y un sdico.
Su perversin se reflejaba en sus duros ojos verdes y en su expresin 
depredadora. Evidentemente pensaba que Sarah era deliciosa y apetecible 
no porque su aspecto en aquellos momentos fuera maravilloso, sino porque 
slo tena diecisis aos y haba recibido una soberana paliza. Pase su 
lasciva mirada por su ojo hinchado y por los moretones, que evidentemente 
le producan el mismo efecto ertico que los senos y los glteos a los 
hombres normales. S, era un sdico perfectamente controlado y un 
pervertido que no daba rienda suelta a su lbido, que diriga su perversin y 
tortuosas necesidades por canales perfectamente aceptables, 
convirtindolas en la agresividad y ambicin que le haban permitido llegar 
casi a la cima de su organizacin, pero era sdico y pervertido.
Peake estaba tan asombrado como aterrado. Su asombro se deba no slo a 
su descubrimiento, sino al hecho de haberlo realizado. A pesar de que 
quera convertirse en una leyenda, Jerry Peake saba que a sus veintisiete 
aos, especialmente para ser un agente de la ADS, era bastante ingenuo y 
que sola contentarse con una visin superficial de la gente y de los hechos. 
A veces, a pesar de la importancia de su trabajo y de su formacin, se 
senta como un nio, o por lo menos como si su faceta infantil fuera 
demasiado dominante en su carcter. Ahora, contemplando el apetito que 
Sarah Kiel haba despertado en Anson Sharp, totalmente sobrecogido por 
su descubrimiento, Jerry Peake estaba emocionado. Se preguntaba si 
finalmente lograra madurar, incluso a los veintisiete aos.
Anson Sharp contemplaba la mano lastimada de la nia, con sus radiantes 
ojos verdes y una ligera sonrisa en los labios.
Con un ruido inesperado que sobresalt a Peake, se abri la puerta de la 
habitacin y apareci el doctor Werfell. Sharp parpade e hizo un esfuerzo 
para salir de lo que pareca un pequeo trance, retrocedi y observ como 
Werfell levantaba la sbana, coga el brazo izquierdo de Sarah y le 
administraba una inyeccin para contrarrestar los efectos de los sedantes.
En un par de minutos la nia despert, relativamente consciente, pero 
confundida. No recordaba dnde estaba, cmo haba llegado all, o que 
hubiera recibido una paliza y por qu estaba dolorida. Les preguntaba a 
Werfell, Sharp y a Peake quines eran, y mientras el mdico responda 
pacientemente a sus preguntas, le tomaba el pulso, auscultaba su corazn y 
le examinaba los ojos.
-Le ha dado una dosis lo suficientemente fuerte como para contrarrestar 
los sedantes, doctor, o estamos perdiendo el tiempo? -pregunt Anson 
Sharp con impaciencia, ante la lenta recuperacin de la chica.
-Hay que tener paciencia -dijo framente Werfell.
-No tenemos tiempo -replic Sharp.
-iEric! -exclam Sarah Kiel al cabo de un momento, dejando de hacer 
preguntas y recuperando de pronto su memoria.
Peake no crea que su rostro pudiera an empalidecer, pero lo hizo. 
Comenz a temblar.
-Eso es todo, doctor -dijo decididamente Sharp.
-Qu quiere decir? -pregunt Werfell, frunciendo el ceo.
-Me refiero a que ahora ha despertado y ya podemos interrogarla. Usted 
puede marcharse y dejar que hagamos nuestro trabajo. Comprendido?
El doctor Werfell insisti en que deba quedarse, en caso de que la 
inyeccin le produjera alguna reaccin. Sharp insisti, apelando a su 
autoridad federal. Werfell titube, pero se dirigi hacia la ventana para 
abrir las cortinas. Sharp le dijo que no las tocara y entonces Werfell intent 
encender la luz fluorescente, pero Sharp tambin le orden que no lo 
hiciera.
-La luz potente le molestar a los ojos a esta pobre chica -dijo Sharp, 
inesperadamente preocupado por Sarah, con una carencia transparente de 
sinceridad.
Peake presinti que Sharp se propona ser duro con la chica, 
atemorizndola aunque no fuese necesario. Aunque les dijera todo lo que 
queran saber, el subdirector la asustara por puro placer. Probablemente 
para l el abuso mental y emocional era parcialmente satisfactorio y una 
alternativa socialmente aceptable a lo que le hubiera gustado hacer, que 
habra sido pegarla y acostarse con ella. Aquel cabrn quera que la 
habitacin estuviera lo ms oscura posible, porque las sombras contribuan 
al ambiente amenazador que se propona crear.
Cuando Werfell sali de la habitacin, Sharp se acerc a la cama de la 
chica, baj la baranda lateral y se sent sobre el colchn. Le cogi la mano 
sana con las suyas, se la estruj ligeramente, le sonri, despus de 
presentarse le dijo que deseaba hablar con ella y comenz a acariciarle el 
brazo con una de sus enormes manos, metindola incluso por debajo de la 
manga del camisn, lentamente de un extremo al otro del brazo, lo que ms 
que reconfortante era provocativo.
Peake retrocedi hasta un rincn de la habitacin, al cobijo de la penumbra, 
en parte porque saba que no tendra que intervenir en el interrogatorio, 
pero tambin para que Sharp no viera la expresin de su rostro. A pesar de 
que por primera vez en su vida haba logrado ver ms all y que a partir de 
entonces ya no volvera a ser el mismo, no haba cambiado lo suficiente 
como para controlar u ocultar su asco.
-No puedo hablar de ello -le dijo Sarah Kiel a Sharp, observndole con 
recelo y alejndose tanto como poda de l-. La seora Leben me ha dicho 
que no se lo diga a nadie.
Sin soltarle la mano, Sharp levant su mano derecha y le acarici 
suavemente la mejilla izquierda con los nudillos. Pareca casi un gesto de 
compasin o afecto, pero no lo era.
-La seora Leben es una delincuente buscada por la polica, Sarah -le dijo-. 
Hay una orden de detencin contra ella. La he cursado personalmente. Se la 
acusa de graves violaciones de la Ley de la Defensa de la Seguridad. Puede 
que haya robado secretos importantes, incluso es posible que se los haya 
pasado a los soviticos. No querrs proteger a una delincuente?
-Se ha portado muy bien conmigo -respondi Sarah, temblando.
Peake se dio cuenta de que la chica intentaba alejarse de la mano que la 
acariciaba el rostro, pero tena demasiado miedo de ofender a Sharp. 
Evidentemente no estaba todava segura de que la estuviera amenazando. 
Pronto lo sabra.
-La seora Leben me paga la cuenta del hospital, me ha dado dinero y ha 
llamado a mis padres -prosigui-. Ha sido... muy amable y me ha dicho que 
no hablara de esto con nadie, por lo tanto no quiero romper mi promesa.
-Qu interesante -dijo Sharp, colocndole la mano bajo la barbilla y 
levantndole la cabeza para obligarla a mirarle, con su ojo sano-. Es 
interesante que una putita como t tenga principios.
-No soy ninguna puta. Nunca... -exclam atnita.
-S que lo eres -dijo Sharp, agarrndole la barbilla e impidindole que 
moviera la cabeza-. Puede que seas demasiado estpida para comprender la 
verdad sobre ti misma, o que ests demasiado drogada, pero eso es lo que 
eres, una putita, una aprendiza de prostituta, una gorrinita que se convertir 
en una gran guarra.
-No puede hablarme de ese modo.
-Encanto, hablo con las putas como me da la gana.
-Usted es un polica, algn tipo de polica, un servidor pblico -dijo-, no 
puede tratarme as...
-Cllate, encanto -interrumpi Sharp.
La luz de la nica lmpara se proyectaba lateralmente sobre su rostro, 
distorsionando parte de sus facciones y sumiendo otras en la penumbra, con 
lo que su deformado rostro adquira un aspecto demonaco. Al sonrer, 
caus todava peor efecto.
-Cierra esa asquerosa boca y brela slo cuando ests dispuesta a decirme 
lo que deseo saber.
La chica emiti un pequeo y lamentable quejido de dolor, al tiempo que se 
le llenaban los ojos de lgrimas. Peake se dio cuenta de que Sharp le 
estrujaba los dedos con su enorme mano.
Durante un rato, la chica habl para evitarse la tortura. Les habl de la 
visita de Leben la noche anterior, de la depresin que tena en el crneo, de 
lo gris que estaba y de lo fra que tena la piel.
Pero cuando Sharp le pregunt si tena alguna idea de adnde se haba 
dirigido Eric Leben, despus de abandonar la casa, volvi a encerrarse en s 
misma.
-Ah, lo sabes -dijo Sharp, comenzndole a estrujar de nuevo la mano.
A Peake le daba asco y habra querido hacer algo para ayudar a la chica, 
pero era imposible.
-Se lo ruego -dijo en el momento en que Sharp dej de estrujarle la mano-, 
eso era precisamente... lo que la seora Leben me pidi a toda costa que no 
revelara.
-Vamos, encanto -exclam Sharp-, es absurdo que una putita como t 
pretenda tener escrpulos. Yo no lo creo posible y t sabes que no los 
tienes, por tanto deja de hacer teatro. Ahrranos un poco de tiempo y te 
evitars muchos problemas.
Comenz a estrujarle nuevamente la mano y a acariciarle la garganta y los 
senos con la otra, a travs de la fina tela del camisn.
En la oscuridad de su rincn, Peake estaba casi demasiado atnito para 
respirar y lo que deseaba era marcharse. No quera ver a Sarah Kiel objeto 
de abuso y humillada, pero tampoco poda cerrar los ojos, porque la 
inesperada conducta de Sharp era lo ms morboso y horriblemente 
fascinante que haba visto en su vida.
No haba logrado an asimilar su primer descubrimiento y estaba ya 
experimentando otra gran revelacin. Siempre haba pensado en los 
policas, entre los que inclua a los agentes de la ADS, como buena gente, 
con sombrero blanco, los hombres de los caballos blancos, caballerosos 
defensores de la ley, pero de pronto aquella imagen dejaba de ser posible si 
se poda considerar a alguien como Sharp miembro ejemplar de la noble 
fraternidad. Por supuesto, Peake saba que haba malos policas, malos 
agentes, pero siempre haba supuesto que a stos los descubran al principio 
de su carrera, que les impedan llegar a ocupar cargos importantes, que se 
autodestruan, que esa basura reciba lo que se mereca y, adems, con 
rapidez. Crea que slo la virtud era recompensada. Adems, siempre se 
haba credo capaz de oler la corrupcin en otro polica, que se manifestara 
a partir del momento en que le echara los ojos encima. Jams haba 
imaginado que un completo pervertido pudiera ocultar su depravacin y 
hacer carrera en la polica. Puede que la mayora de los hombres hubieran 
dejado de ser tan ingenuos antes de llegar a los veintisiete aos, pero Jerry 
Peake, slo cuando vio que el subdirector se comportaba como un 
verdadero delincuente, como un maldito brbaro, comenz a comprender 
que el mundo consista en difererentes tonalidades de gris, en lugar de 
blanco y negro, y esa revelacin fue tan poderosa para l que no poda 
apartar la mirada del repugnante comportamiento de Sharp, como tampoco 
habra podido hacerlo si hubiera visto a Jesucristo regresando al mundo en 
un carro de fuego, escoltado por los ngeles en el firmamento.
Sharp segua estrujando la mano de la chica con una de las suyas, lo que la 
haca llorar de dolor, y con la otra sobre su pecho la empujaba contra la 
cama, dicindole que se callara. Ella intentaba cooperar, aguantndose las 
lgrimas, pero Sharp segua estrujndole la mano y Peake estaba a punto de 
entrar en accin. Al diablo con su carrera, al diablo con su futuro en la 
ADS, era incapaz de seguir aguantando tanta brutalidad e incluso dio un 
paso hacia la cama...
Entonces fue cuando se abri la puerta de par en par y, como nacido del 
fajo de luz procedente del pasillo, apareci La Roca. Eso fue lo que Jerry 
Peake pens de aquel hombre desde el momento en que le vio: La Roca.
-Qu est ocurriendo aqu? -pregunt La Roca, con una voz suave, tierna 
y profunda, aunque implcitamente autoritaria.
El individuo no llegaba al metro ochenta y cinco, puede que ni al metro 
ochenta y dos, meda quizs metro ochenta, por lo que Anson Sharp le 
llevaba varios centmetros de ventaja y unos veinte kilos. Sin embargo, 
desde el momento en que cruz la puerta, pareca el ms robusto de los 
presentes y sigui parecindolo despus de que Sharp soltara a la chica y se 
pusiera de pie para decirle:
-Quin diablos es usted?
La Roca encendi la luz fluorescente y entr hacia el centro de la 
habitacin, dejando que la puerta se cerrara a su espalda. Peake dedujo que 
aquel individuo deba de tener unos cuarenta aos, a pesar de que pareca 
mayor porque su rostro estaba lleno de sabidura. Tena el cabello corto y 
oscuro, la tez curtida por los elementos y unas facciones que parecan 
esculpidas en granito. Sus intensos ojos azules eran del mismo tono que los 
de la chica de la cama, aunque ms claros, directos y penetrantes. Cuando 
los dirigi brevemente hacia Jerry Peake, ste habra querido ocultarse 
debajo de la cama. La Roca era compacta y poderosa, y aunque su estatura 
era realmente menor que la de Sharp, pareca infinitamente ms fuerte, ms 
impresionante, como si su peso fuese el mismo pero condensado en una 
densidad fuera de lo natural.
-Le ruego que salgan de la habitacin y esperen en el vestbulo -dijo La 
Roca, sin levantar la voz.
-Le he preguntado quin diablos era -repiti Sharp, perplejo, acercndosele 
para mirarle desde arriba.
Las manos y muecas de La Roca eran desproporcionadamente grandes 
para el resto de su cuerpo, con unos dedos largos y gruesos, enormes 
nudillos, tendones y venas abultados, como esculpidos exageradamente en 
mrmol para apreciar cada uno de sus detalles. Peake intuy que no eran 
las manos con las que La Roca haba nacido, sino que se haban forjado da 
tras da, con el duro y largo trabajo. La Roca tena el aspecto de estar en su 
elemento con el duro trabajo de unos altos hornos o de una cantera, aunque 
dado el bronceado de su piel, trabajaba probablemente en el campo. Pero 
no en una de esas granjas modernas de gran tamao, fcil manejo, con 
centenares de mquinas y abundantes peones. No; si era granjero, haba 
empezado con poco dinero, en una tierra agreste donde haba estado 
sometido a las inclemencias del tiempo y a las catstrofes de la naturaleza, 
para sacarle provecho a un suelo difcil, alcanzando el xito despus de 
mucho sudor, sangre, tiempo, esperanzas y sueos, porque la fuerza de esas 
empresas victoriosas haba quedado grabada en su rostro y en sus manos.
-Soy su padre, Felsen Kiel -le dijo La Roca a Sharp.
-Pap... -exclam Sarah, con una voz suave, desprovista de temor y llena de 
asombro.
La Roca intent pasar junto a Sharp, para dirigirse hacia su hija, que se 
haba incorporado en la cama y le tenda la mano.
-Podr verla cuando terminemos de interrogarla -dijo Sharp cortndole el 
paso y mirndole desde arriba.
La Roca le mir con una expresin plcida, ecunime e imperturbable, y 
Peake no slo se alegraba sino que estaba emocionado de comprobar que 
Sharp no lograra intimidar a ese individuo.
-Interrogar? Qu derecho tienen ustedes para hacerlo?
Sharp se sac la cartera del bolsillo de la chaqueta y le mostr sus 
credenciales de la ADS.
-Soy agente federal y estoy investigando un caso urgente que afecta a la 
seguridad nacional. Su hija tiene informacin que necesito cuanto antes y 
no se est mostrando nada cooperativa.
-Si tiene la amabilidad de salir al vestbulo -le dijo La Roca con toda 
tranquilidad-, hablar con ella. Estoy seguro de que no le crea dificultades 
deliberadamente. Es cierto que est algo perturbada y que ha sido mal 
aconsejada, pero jams ha sido perversa ni rencorosa. Hablar con ella, 
averiguar lo que desean saber y se lo dir.
-No -replic Sharp-. Ser usted quien espere en el vestbulo.
-Le ruego que se aparte de mi camino -le contest La Roca.
-Esccheme, amigo -dijo Sharp acercndosele y mirndole fijamente-, si lo 
que busca son problemas, tendr ms de los que sea capaz de digerir. 
Obstruir a un agente federal equivale a darle pie a que haga lo que le d la 
gana.
-Seor Sharp -dijo La Roca, que haba ledo su nombre en su documento de 
identidad-, anoche me despert una llamada de la seora Leben, 
dicindome que mi hija me necesitaba. Hace mucho tiempo que esperaba 
recibir ese mensaje. Estamos en primavera y tenemos mucho trabajo en el 
campo...
Dios mo, el individuo era granjero, lo que hizo que Peake se sintiera ms 
seguro de sus nuevos poderes de observacin. Con sus zapatos lustrados, 
pantaln polister y camisa blanca almidonada, La Roca tena el aspecto 
incmodo de un hombre de campo, que se ha visto obligado por las 
circunstancias a cambiar su ropa de trabajo por la de ciudad.
-Mucho trabajo -prosigui-. Pero me vest en el momento en que colgu el 
telfono, conduje mi camioneta ciento sesenta kilmetros hasta Kansas 
City en plena noche, cog el primer avin a Los ngeles, otro vuelo hasta 
Palm Springs, un taxi...
-Los detalles de su viaje no me importan un comino -interrumpi Sharp, sin 
dejar de cortarle el paso.
-Seor Sharp, lo que intento es que comprenda que estoy muy agotado, que 
tengo muchas ganas de ver a mi hija y que a juzgar por su aspecto ha 
estado llorando, lo que me entristece profundamente. Si bien no suelo 
perder los estribos ni me gusta causar problemas, no s de lo que ser capaz 
si sigue tratndome de ese modo e impidindome que averige por qu mi 
hija est llorando.
A Sharp se le encendi el rostro de furor. Dio un paso atrs, para poder 
extender el brazo y colocar una de sus enormes manos sobre el pecho de La 
Roca.
Peake no saba si lo que se propona era dirigirle hacia la puerta o pegarle 
un soberano empujn contra la pared. Nunca lo averiguara, porque La 
Roca le cogi por la mueca y, al parecer sin esfuerzo alguno, le retir la 
mano. En realidad debi de aplicarle tanta presin en la mueca, como 
Sharp lo haba hecho en los dedos de Sarah, ya que el rostro iracundo del 
subdirector se torn plido y se reflej una extraa sensacin en su mirada.
-S que usted es un agente federal -agreg La Roca soltndole la mano-, y 
siento un gran respeto por la ley. Soy consciente de que pueden interpretar 
esto como una obstruccin, utilizndolo como pretexto para detenerme y 
esposarme. Pero no creo que maltratarme fuera til para su organizacin, 
especialmente cuando ya le he dicho que procurar que mi hija coopere. 
Qu opina?
Peake quera aplaudir, pero no lo hizo.
Sharp se qued con la respiracin acelerada, temblando, pero gradualmente 
desapareci el furor de su mirada y se estremeci, del modo que a veces lo 
hacen los toros, despus de embestir la capa del torero.
-De acuerdo. Lo nico que deseo es obtener la informacin cuanto antes. 
La forma no me importa. Puede que usted la consiga con mayor rapidez 
que yo.
-Gracias, seor Sharp. Concdame media hora...
-Cinco minutos! -exclam Sharp.
-Tenga en cuenta -dijo La Roca, sin levantar la voz- que necesito tiempo 
para saludar a mi hija y darle un abrazo. Hace casi dieciocho meses que no 
nos vemos. Necesito tiempo para que me cuente toda su historia, para 
averiguar qu tipo de problemas tiene. Ah es por donde hay que empezar, 
antes de formularle preguntas.
-Media hora es demasiado tiempo -replic Sharp-. Estamos persiguiendo a 
un hombre, a un hombre muy peligroso y...
-Si llamo a un abogado para que aconseje a mi hija, que es su derecho 
constitucional, tardar horas en venir...
-Media hora -le dijo Sharp a La Roca- y ni un minuto ms. Estar en el 
vestbulo.
Antes Peake haba descubierto que el subdirector era un sdico y un 
pervertido, que era algo importante de saber. Ahora acababa de hacer otro 
descubrimiento sobre Sharp; en el fondo el hijo de puta era un cobarde. 
Poda dispararle a uno por la espalda o acercrsele cautelosamente y 
degollarle, de eso era perfectamente capaz, pero en un enfrentamiento cara 
a cara, se acobardaba si lo que estaba en juego le superaba. Y ese 
descubrimiento era todava ms importante.
Peake permaneci inmvil durante unos instantes, paralizado, mientras 
Sharp sala por la puerta. No poda dejar de mirar a La Roca.
-Peake! -grit Sharp en el momento en que abra la puerta.
Por fin Peake le sigui, pero sin dejar de mirar a Felsen Kiel, La Roca. 
Dios mo, eso s que era una leyenda.

20.
La enfermedad de los polis.

El detective Reese Hagerstrom se acost a las cuatro de la madrugada del 
martes, despus de regresar de la casa de la seora Leben en Placentia, y se 
despert a las diez y media, agotado, despus de una noche llena de 
pesadillas. Vio cadveres con la mirada empaada en contenedores de 
basura, mujeres clavadas en las paredes y muchas pesadillas relacionadas 
con Janet, su difunta esposa. En el sueo estaba siempre agarrada a la 
puerta de la furgoneta Chevy azul, la maldita furgoneta, y chillaba:
-Han cogido a Esther, han cogido a Esther!
Cada vez que se repeta el sueo, uno de los individuos le disparaba, al 
igual que haba ocurrido en la realidad, a quemarropa y la bala de gran 
calibre le destrozaba su hermoso rostro, lo pulverizaba...
Reese se levant y se duch con agua muy caliente. Le habra gustado 
poderse abrir el crneo y retirar esas horrendas imgenes que persistan de 
la pesadilla.
Agnes, su hermana, le haba dejado una nota pegada al frigorfico de la 
cocina. Se haba llevado a Esther al dentista para una revisin.
Junto al lavaplatos, contemplando un enorme bucare que haba en el jardn, 
Reese tomaba caf solo y coma un buuelo bastante seco. A Agnes le 
habra disgustado ver lo que coma para desayunar. Pero despus de sus 
pesadillas se senta nauseabundo y no tena apetito. Incluso el buuelo era 
difcil de tragar.
-Caf solo y buuelos grasientos -habra dicho Agnes, de saberlo-. Lo uno 
te produce lceras y lo otro colesterol en las arterias. Dos mtodos lentos 
de suicidarte. Si deseas hacerlo, puedo recomendarte un centenar de formas 
ms rpidas y menos dolorosas.
A pesar de la tendencia de Agnes, como hermana mayor, a regaarle por un 
montn de cosas, desde su forma de comer hasta las corbatas que elega, le 
daba gracias a Dios por tenerla. Puede que sin ella no hubiera sobrevivido 
despus de la muerte de Janet.
Agnes era lamentablemente corpulenta, robusta, poco agraciada, con una 
deformacin en la mano izquierda, destinada a quedarse para vestir santos, 
pero tena un corazn y un instinto maternal como no haba otro en el 
mundo. Despus de la muerte de Janet, haba llegado con una maleta y su 
libro de cocina predilecto, anunciando que cuidara de Reese y de la 
pequea Esther slo durante el verano, hasta que pudieran arreglrselas 
solos. Como maestra de segunda etapa en Anaheim, dispona de todo el 
verano para dedicarse pacientemente a reconstruir el hogar de los 
Hagerstrom. Haban transcurrido cinco aos desde entonces y estaran 
completamente perdidos sin ella.
A Reese incluso le gustaba su forma cariosa de regaarlos. Cuando 
insista en que su comida fuera equilibrada, se senta protegido y querido.
Mientras se serva la segunda taza de caf solo, decidi que por la noche le 
traera a Agnes una docena de rosas y una caja de bombones. Puesto que no 
era uno de esos individuos que expresara sus sentimientos de un modo 
espontneo, de vez en cuando lo compensaba sorprendiendo a sus seres 
queridos con algn regalo. A Agnes le emocionaban las sorpresas ms 
insignificantes, aun procediendo de su hermano. Las mujeres corpulentas, 
robustas y poco agraciadas no estaban acostumbradas a recibir regalos en 
ocasiones que no fueran muy especiales.
La vida no slo era injusta, sino que a veces decididamente cruel. Esto no 
era nada nuevo para Reese. Ni siquiera se lo haba inspirado la muerte 
brutal e inesperada de Janet, o el hecho de que el espritu clido, amoroso y 
generoso de Agnes estuviera permanentemente atrapado en un cuerpo que 
la mayora de los hombres, centrados excesivamente en las apariencias, 
jams podran amar. Como polica, que se enfrentaba frecuentemente a lo 
peor de la humanidad, haca mucho tiempo que haba aprendido que la 
crueldad era caracterstica del mundo y que la nica defensa contra la 
misma era querer a la propia familia y a los pocos amigos ntimos.
El ms ntimo de stos, Julio Verdad, lleg en el momento en que se serva 
una tercera taza de caf. Cogi otra taza del armario, la llen para Julio y se 
sentaron junto a la mesa de la cocina.
Julio no aparentaba haber dormido poco y, en realidad, probablemente slo 
Reese era capaz de detectar sus sntomas sutiles de agotamiento. Como de 
costumbre, Julio iba muy elegante, con un traje azul oscuro a medida, una 
impecable camisa blanca, corbata azul con un nudo perfecto y una cadena 
de oro, pauelo de bolsillo castao y mocasines granates Bally. Estaba tan 
elegante y perspicaz como siempre, pero tena unas pequeas ojeras y su 
voz era algo ms suave que de costumbre.
-Toda la noche sin dormir? -pregunt Reese.
-He dormido.
-Cunto tiempo? Una hora o dos? Eso me ha parecido. Usted me 
preocupa -le dijo-. Acabar slo con la piel y el hueso.
-Este caso es especial.
-Para usted todos lo son.
-Me siento especialmente obligado hacia la vctima, Ernestina.
-Ya son miles las vctimas por las que se ha sentido especialmente obligado 
-coment Reese.
-Sharp no menta -dijo Julio encogindose de hombros, mientras saboreaba 
su caf.
-Sobre qu?
-En lo de quitarnos el caso de las manos. Los nombres de las vctimas 
(Ernestina Hernndez y Rebecca Mienstad) estn todava en nuestro 
fichero, pero slo los nombres. Adems hay una nota indicando que las 
autoridades federales han solicitado que el caso pase a su jurisdiccin, por 
razones de seguridad nacional. Esta maana, cuando le he pedido a 
Folbeck que nos permitiera colaborar con los federales, se ha puesto 
frentico. Santo Dios, Julio, no meta las narices en el caso. Es una orden. 
stas han sido sus palabras.
Folbeck, jefe de la seccin de detectives, era un devoto mormn capaz de 
enfrentarse a cualquiera, pero que jams llegaba a blasfemar. Ah era donde 
estableca sus lmites. A pesar de su iracundo temperamento, Nicholas 
Folbeck era perfectamente capaz de echarle un sermn a cualquier 
detective a quien hubiera odo susurrar una blasfemia. En una ocasin, 
haba llegado a decirle a Reese: Hagerstrom, se lo ruego, no diga Dios 
mo o Vlgame Dios, ni nada por el estilo en mi presencia. Me repugnan 
las blasfemias y no estoy dispuesto a tolerarlas. El hecho de que Folbeck 
hubiera llegado a hablar de aquella manera con Julio, significaba que la 
presin que se ejerca sobre el departamento proceda de autoridades 
superiores a la de Anson Sharp. 
-Y la ficha del cadver desaparecido de Eric Leben? -pregunt Reese.
-Ha ocurrido otro tanto -respondi Julio-. La han eliminado de nuestra 
jurisdiccin.
Al hablar de trabajo, las pesadillas se alejaron de la mente de Reese e 
incluso recuper un poco el apetito. Cogi otro buuelo del armario y le 
ofreci uno a Julio, pero ste no lo acept.
-Qu otras cosas ha estado haciendo? -le pregunt Reese.
-Por una parte... he ido a la biblioteca a primera hora, para leer todo lo que 
pudiera encontrar sobre el doctor Eric Leber.
-Rico, cientfico genial, gran negociante, sin escrpulos, fro, demasiado 
estpido para darse cuenta de que tena una mujer maravillosa... ya 
conocemos su vida.
-Tambin estaba obsesionado -agreg Julio.
-Supongo que los genios suelen estarlo, con una cosa u otra.
-Lo que le obsesionaba era la inmortalidad.
-Cmo? -pregunt Reese, frunciendo el ceo.
-Cuando estaba todava en la universidad, poco despus de obtener su 
doctorado y cuando era ya uno de los mejores especialistas en ingeniera 
gentica en el mundo entero, escribi para un montn de revistas y public 
artculos sobre diversos aspectos de la prolongacin de la vida humana. 
Muchsimos artculos; tiene mucho mpetu.
-Tena. Recuerde el camin de la basura -dijo Reese.
-Incluso los ms pesados de sus artculos, los de mayor contenido tcnico, 
tienen una... fuerza, una pasin que uno detecta -explic Julio, sacndose 
una hoja de papel del bolsillo de la chaqueta y desdoblndola-. Aqu hay 
algo que public en una revista de divulgacin cientfica, ms amena que 
las publicaciones especializadas: ...puede que algn da sea posible 
reformar al hombre genticamente y de ese modo burlar la muerte, 
prolongando la vida ms all de la de Matusaln, convirtindose incluso 
en Jesucristo y Lzaro simultneamente, pudiendo llegar a levantarse de la 
mesa del depsito de cadveres, desafiando abiertamente a la muerte.
-Curioso, no le parece? Su cadver ha sido robado del depsito, que en 
cierto modo es como si se hubiera levantado, aunque no en el sentido en 
el que l lo dijo -coment Reese, parpadeando.
-Puede que no sea tan curioso -dijo Julio, con un brillo extrao en la 
mirada-. Quizs no ha sido robado.
Reese experiment una sensacin extraa en sus propios ojos.
-No querr decir que... No, por supuesto que no.
-Era un genio de recursos ilimitados, quizs el investigador ms brillante en 
el campo de la ingeniera gentica, obsesionado por seguir joven y burlar la 
muerte. Por consiguiente, cuando todo indica que se levant del depsito y 
sali caminando... Es imposible imaginar que realmente lo hiciera?
Reese percibi que se le formaba un nudo en el pecho y le sorprendi 
sentirse azotado por una rfaga de miedo.
-Pero sera eso posible despus de las heridas que sufri?
-Hace algunos aos, habra sido definitivamente imposible. Pero ahora 
vivimos en la poca de los milagros, o por lo menos en la de las 
posibilidades infinitas.
-Pero, cmo?
-Eso es lo que tendremos que averiguar. He llamado a la universidad y me 
he puesto en contacto con el doctor Easton Solberg, cuyo trabajo sobre el 
envejecimiento se menciona en los artculos de Leben. Resulta que Leben 
conoca a Solberg, senta un gran respeto por l y durante algn tiempo 
tuvieron bastante intimidad. Solberg habla de Leben con gran admiracin, 
dice que no le sorprende en absoluto que haya ganado una fortuna con la 
ingeniera gentica, pero tambin dice que hay un lado oscuro en el 
temperamento de Eric Leben. Y est dispuesto a hablarnos de ello.
-Qu lado oscuro?
-No ha querido decrmelo por telfono. Pero me ha citado en la universidad 
para la una.
-Cmo nos las arreglaremos para seguir investigando, sin meternos en 
ningn lo con Nick Folbeck? -pregunt Reese, en el momento en que Julio 
separaba la silla de la mesa para levantarse.
-Estoy de baja por enfermedad -respondi Julio-. Mientras siga enfermo, 
oficialmente no investigo nada. Llammosle curiosidad personal.
-Eso no servir de gran cosa si nos descubren. Se supone que los policas 
no deben sentir curiosidad personal en una situacin como sta.
-No, pero si estoy de baja por enfermedad, a Folbeck no le preocupar lo 
que est haciendo. Es ms improbable que me controlen. En realidad, le he 
dicho que no quera saber nada de este asunto porque era demasiado 
peligroso. Le he dicho que, dada la importancia del caso, lo mejor sera que 
desapareciera unos cuantos das, por si llegaba a odos de la prensa y 
decidan formularme preguntas. Folbeck ha estado de acuerdo.
-Lo mejor ser que yo tambin llame para decirles que estoy enfermo -dijo 
Reese, levantndose.
-Ya se lo he dicho -dijo Julio.
-De acuerdo. Entonces, vamos.
-Me he tomado la libertad de hacerlo, pero si prefiere no comprometerse...
-Julio, me quedo.
-Slo si est seguro.
-Me quedo! -exclam desesperadamente Reese.
Y pens sin decirlo: Salvaste a mi Esther, mi hijita, perseguiste a aquellos 
individuos de la furgoneta y la rescataste con vida, actuabas como un 
posedo, debieron de creer que les persegua el diablo, te jugaste la vida 
para salvar a Esther y yo, que ya antes te quera por ser mi mejor 
compaero, despus de lo ocurrido te quise mucho ms, pequeo cabrn 
que ests como una cabra, y mientras viva estar donde me necesites, 
ocurra lo que ocurra.
A pesar de su dificultad natural para expresar sus sentimientos ms 
profundos, Reese quera sincerarse con Julio, pero no lo hizo porque ste 
no quera su gratitud y se habra sentido avergonzado. Lo nico que Julio 
deseaba era el compromiso de amistad y compaerismo. La gratitud, si se 
expresaba abiertamente, creara una barrera entre ellos colocando a Julio en 
una posicin superior y jams podran volver a relacionarse con la misma 
desenvoltura.
Evidentemente, en su relacin cotidiana, Julio haba ocupado siempre un 
cargo superior, decidiendo cmo proceder en casi todas las etapas de una 
investigacin criminal, pero era importantsimo el hecho de que jams 
ejerca un control evidente de la situacin. A Reese no le habra importado 
que lo hiciera, se someta gustoso a Julio, a quien consideraba ms rpido e 
inteligente.
Sin embargo, Julio, habiendo nacido y crecido en Mxico, antes de 
instalarse e integrarse en los Estados Unidos, senta reverencia y pasin por 
la democracia, no slo en el campo poltico sino en todas las cosas, 
incluidas las relaciones personales. Era capaz de dirigir y dominar la 
relacin, siempre y cuando no se hablara de ello, pero si hubiera tenido que 
desempear abiertamente su papel, no habra sido capaz de hacerlo y su 
relacin se habra deteriorado.
-Me quedo -repiti Reese, mientras enjugaba las tazas en el fregadero-. No 
somos ms que un par de policas, de baja por enfermedad. Vayamos juntos 
a recuperarnos.

21.
Arrowhead.

La tienda de objetos deportivos se encontraba cerca del lago. Estaba en una 
cabaa grande, construida de madera rstica, con un letrero que deca: 
PESCA, CEPOS, ALQUILER DE BARCAS, MATERIAL 
DEPORTIVO. En una ventana haba un anuncio de cerveza Coors y en 
otra, uno de Miller Lite. Haba tres coches, dos furgonetas y un jeep en la 
parte descubierta del aparcamiento, con el sol de la tarde reflejndose en 
sus cromados y ventanas. 
-Armas -dijo Ben al verlo-. Puede que vendan armas.
-Tenemos armas -respondi Rachael.
Ben condujo hacia la parte trasera, sali de la carretera asfaltada, cruz una 
zona de gravilla donde crujan los neumticos, pas sobre una espesa capa 
de hojas de pino y aparc finalmente a la sombra de uno de los enormes 
rboles de hoja perenne que rodeaban la propiedad. Ms all de los rboles 
se vea parte del lago con algunas embarcaciones y al fondo las montaas 
que se elevaban.
-Tu 32 no es exactamente un juguete, pero tampoco es nada impresionante 
-coment Ben, parando el motor-. El 357 que le he cogido a Baresco no 
est tan mal, en realidad es lo mejor despus de un can, pero lo perfecto 
sera una escopeta.
-Una escopeta? Me parece una exageracin.
-Prefiero exagerar tratndose de cazar a un muerto andante -dijo Ben 
intentando ser gracioso, sin lograrlo.
La mirada ya turbada de Rachael se vio invadida por un nuevo presagio y 
se estremeci.
-Vamos -le dijo-, todo saldr bien.
Salieron del coche alquilado y durante unos instantes se dedicaron a 
respirar el aire puro y agradable de la montaa. Haca calor y el ambiente 
no estaba turbado ni por la ms mnima brisa. Los rboles permanecan 
inmviles y silenciosos, como si sus copas hubiesen adquirido una 
consistencia ptrea. No haba ningn coche en la carretera ni nadie a la 
vista. Ningn pjaro volaba ni cantaba. La quietud era profunda, perfecta, 
sobrenatural.
La inmovilidad le infundi a Ben un presagio. Pareca casi un augurio, una 
advertencia para que se alejaran de las vastas montaas y regresaran a un 
lugar ms civilizado, con el ruido y movimiento de otra gente a quien, si 
era necesario, podran acudir en busca de ayuda.
-Esto es una locura -dijo Rachael, invadida al parecer por el mismo 
presentimiento-. Puede que lo mejor fuera marcharnos e irnos a otro lugar.
-Y esperar a que Eric se recupere?
-Puede que jams vuelva a funcionar debidamente.
-Pero si lo logra, vendr a por ti.
Suspir y asinti.
Cruzaron el aparcamiento y entraron en la tienda, con la esperanza de 
comprar una escopeta y municiones.

A Eric le ocurra algo extrao, ms que su regreso de la muerte. Comenz 
con otro dolor de cabeza, una de esas intensas jaquecas que haba sufrido 
desde su resurreccin y al principio no se dio cuenta de que sa era 
diferente, peculiar. Entorn los ojos para eludir la luz que le molestaba, 
negndose a sucumbir a las persistentes y debilitantes pulsaciones que le 
llenaban el crneo.
Coloc un silln frente a una de las ventanas de la sala de estar y se puso a 
vigilar, observando el camino que serpenteaba por el frondoso bosque. Si 
llegaba algn enemigo, tendra que hacerlo, por lo menos en parte, por 
aquel camino, antes de adentrarse en el bosque. En el momento en que 
viera dnde abandonaba el camino, saldra de la cabaa por la puerta 
trasera, se ocultara entre los rboles hasta colocarse a su espalda y lo 
atacara por sorpresa.
Esperaba que la jaqueca cediera al sentarse cmodamente en el silln. Sin 
embargo, se estaba convirtiendo en algo peor de lo experimentado hasta 
entonces. Su sensacin era casi la de que su crneo estaba compuesto de 
arcilla blanda y cada pulsacin era como un martillazo con el que se le 
daba forma. Cerr con fuerza la mandbula, dispuesto a enfrentarse a su 
nuevo adversario.
Quizs la concentracin con que observaba el camino sumido en la sombra, 
para descubrir la llegada de enemigos al acecho, empeoraba su jaqueca. 
Lleg a convertirse en algo insoportable, tendra que acostarse, pero se 
resista a abandonar su puesto de observacin. Presenta que se acercaba 
algn peligro.
Tena el hacha y los dos cuchillos en el suelo, junto al silln. Cada vez que 
contemplaba sus hojas, no slo se senta seguro, sino curiosamente 
emocionado. Al tocar el mango del hacha con la punta de los dedos, sinti 
que una emocin oscura y casi ertica le recorra el cuerpo.
Dejmosles que vengan -pens-. Les demostrar que Eric Leben es 
alguien a quien todava hay que tener en cuenta. Que vengan.
A pesar de que an tena dificultad en comprender quin poda perseguirle, 
en el fondo saba que su temor era razonable. De pronto le vinieron unos 
nombres a la mente: Baresco, Seltz, Geffels, Knowls, Lewis. Claro, por 
supuesto, sus socios de Geneplan. Ellos sabran lo que haba hecho. 
Decidiran que deban encontrarle rpidamente y eliminarle para proteger el 
secreto de Wildcard. Pero no eran los nicos a quienes deba temer. Haba 
otros... personajes sombros a quienes no recordaba, individuos ms 
poderosos que sus socios de Geneplan.
En un momento dado tuvo la sensacin de que estaba a punto de salir de las 
tinieblas para entrar en una zona claramente iluminada. Iba a alcanzar la 
claridad mental y plenitud de memoria que no haba conocido desde el 
momento de levantarse de la camilla en el depsito de cadveres. Con la 
emocin de dicha perspectiva, se aguant la respiracin y se incorpor en 
su silln. Casi lo tena todo al alcance de la mano: la identidad de los 
dems perseguidores, el significado de los ratones, el terrible recuerdo que 
le persegua de la mujer crucificada...
Entonces el dolor irresistible de su jaqueca volvi a alejarle de la claridad, 
sumiendo una vez ms su mente en las tinieblas. La claridad del ro de sus 
pensamientos se vio nuevamente ofuscada por turbias corrientes y en unos 
instantes su mente volvi a estar tan confusa como antes. Lanz un agudo 
chillido de frustracin.
Un movimiento en el bosque llam su atencin. Entornando sus ojos 
clidos y hmedos, Eric se incorpor en el silln acercndose a la enorme 
ventana, escudri la arboleda y el serpenteante camino. No haba nadie. El 
sonido era el de la brisa, que finalmente haba interrumpido la quietud 
veraniega. Se movan los matorrales y las copas de los pinos, que subiendo 
y bajando sus ramas parecan abanicarse.
Estaba a punto de acomodarse en su silln, cuando percibi un dolor muy 
agudo en la frente, que le oblig literalmente a desplomarse. Durante unos 
instantes la agona fue tan horrenda, que no pudo moverse, chillar ni 
respirar. Cuando por fin logr llenar sus pulmones de aire, lanz un grito, 
entonces ya ms de furor que de dolor, ya que ste haba desaparecido tan 
inesperadamente como haba llegado.
Temeroso de que la explosin de dolor indicara un empeoramiento de su 
condicin, quizs incluso de que el crneo se le estaba abriendo, Eric se 
llev una mano temblorosa a la cabeza. Se toc en primer lugar la oreja 
derecha, que el da anterior por la maana estaba prcticamente arrancada, 
pero descubri que estaba perfectamente unida y, aunque algo abultada y 
rugosa al tacto, ya no estaba desprendida ni descarnada.
Cmo poda estar curado tan rpidamente? El proceso deba durar varias 
semanas, no unas pocas horas.
Subi lenta y temblorosamente los dedos, para explorar la depresin de su 
crneo, producida por el impacto del camin de la basura. Segua ah, pero 
no tan profunda como la recordaba y la concavidad era slida. Antes era 
ligeramente mullida, como una fruta cuando est a punto de pudrirse, pero 
no ahora. Tampoco sinti que le doliera la piel. Revestido de valor, 
presion con los dedos dentro de la herida, palp, explor la depresin de 
un lado a otro y por todas partes hall que el hueso estaba duro y cubierto 
de una sana capa de piel. Las mltiples fracturas del crneo haban sanado 
en menos de un da y se haban rellenado los huecos con nuevo tejido seo, 
algo completamente imposible, pero que haba ocurrido. La herida haba 
sanado y su tejido cerebral estaba nuevamente protegido por una coraza 
sea intacta.
Estaba estupefacto, incapaz de comprenderlo. Recordaba que sus genes 
haban sido manipulados para mejorar el proceso de curacin y estimular el 
de rejuvenecimiento de las clulas, pero no recordaba que debiera ocurrir 
con tanta rapidez. ,Heridas mortales que sanaran en pocas horas? 
Msculos, arterias y venas reconstituidas casi visiblemente? La 
reconstitucin del tejido seo en menos de un da? Dios mo, ni las clulas 
del cncer ms maligno, en sus peores momentos, eran capaces de 
reproducirse con semejante rapidez!
Inicialmente se sinti emocionado, seguro de que su experimento haba 
tenido mucho ms xito del previsto. Entonces se dio cuenta de que su 
mente estaba todava confusa, con lagunas en la memoria, a pesar de que su 
tejido cerebral deba haber sanado con la misma perfeccin que sus huesos. 
Significaba eso que jams recobrara la claridad en su mente de un modo 
completo, aunque el tejido estuviera reparado? La perspectiva le aterroriz, 
especialmente porque entonces volvi a ver a su difunto to Barry 
Hampstead, en un rincn de la sala, junto a una crujiente hoguera espectral.
Tal vez, a pesar de que haba regresado del reino de los muertos, siempre 
seguira siendo parcialmente un difunto, aunque su estructura gentica 
estuviera milagrosamente reconstituida.
No. Se negaba a creerlo, porque eso significara que todos sus esfuerzos, 
planes y riesgos haban sido en vano.
-Ven a darme un beso, Eric -le deca el to Barry desde el rincn-. 
Demustrame que me quieres.
Quizs la muerte fuera algo ms que el cese de la actividad fsica y mental. 
Tal vez se perda otra cualidad... una cualidad espiritual que no se 
recuperaba con el mismo xito que la de la carne, la sangre y la actividad 
cerebral.
De un modo casi involuntario, desplaz su mano exploradora hacia la 
frente, donde se haba centrado su reciente explosin de dolor. Percibi 
algo extrao. Algo fuera de lugar. Su frente haba dejado de ser lisa. Estaba 
llena de bultos y protuberancias. Estaba cubierta de extraos 
abombamientos aparentemente colocados al azar.
Oy un aullido aterrador y al principio no se dio cuenta de que proceda de 
su propia garganta.
La zona sea sobre los ojos era mucho ms espesa de lo que corresponda.
Un par de centmetros sobre su temporal derecho, haba aparecido una 
protuberancia sea.
Cmo? Dios mo, cmo?
Al explorarse la parte superior del rostro, del modo en que lo hara un ciego 
para formarse una idea del aspecto de su interlocutor, se sinti imbuido por 
un profundo terror.
Se le haba formado un puente seo en el centro de la frente, como 
continuacin de la nariz.
Junto al cuero cabelludo, percibi arterias que pulsaban, donde 
normalmente no deba haberlas.
Incapaz de dejar de explorar, se le llenaron los ojos de clidas lgrimas.
Incluso en su mente confusa, la horrible verdad de la situacin era evidente. 
Tcnicamente, su cuerpo modificado genticamente haba fallecido a raz 
de su colisin con el camin de basura, pero haba algn tipo de vida a 
nivel celular y sus genes manipulados funcionando de manera muy inferior 
a la normal haban mandado seales urgentes a los tejidos ya fros, 
ordenndoles la rapidsima reproduccin de todas las sustancias necesarias 
para la regeneracin y el rejuvenecimiento. Y ahora, realizadas las 
reparaciones necesarias, sus genes alterados no cesaban su crecimiento 
frentico. Algo fallaba. Los interruptores genticos permanecan abiertos. 
A pesar de que los nuevos tejidos eran, con toda probabilidad, 
perfectamente sanos, el cuerpo segua construyendo furiosamente hueso, 
msculo y sangre, a un ritmo parecido al de un cncer, pero 
reproducindose a una velocidad infinitamente superior a la de las clulas 
ms virulentas.
Su cuerpo se estaba reformando.
Pero en qu se converta?
El corazn le lata con fuerza y sinti un sudor fro por todo el cuerpo.
Se levant y fue en busca de un espejo. Tena que ver su rostro.
No quera verlo, le repela la idea de lo que descubrira, le aterrorizaba 
contemplar en el espejo a un grotesco desconocido, pero al mismo tiempo 
senta la urgente necesidad de averiguar en qu se estaba convirtiendo.

En la tienda de deportes junto al lago, Ben eligi una escopeta Remington 
semiautomtica del calibre 12, con un cargador de cinco cartuchos. En 
manos expertas, como las suyas, era un arma devastadora. Compr dos 
cajas de municiones para la escopeta, una para el Combat Magnum 357 
Smith & Wesson que le haba arrebatado a Baresco y otra del calibre 32 
para la pistola de Rachael.
Pareca que se estuvieran preparando para una guerra.
Aunque no se necesitaba permiso alguno para comprar una escopeta, o un 
arma corta, Ben tuvo que rellenar un formulario con su nombre, direccin, 
nmero de la seguridad social, y mostrar alguna prueba de su identidad, 
preferiblemente el permiso de conducir californiano, con la fotografa 
plastificada. Mientras Ben rellenaba el formulario en el mostrador, junto a 
Rachael, el empleado que los atenda, que les haba dicho que se llamaba 
Sam, se disculp para hablar con un grupo de pescadores en el otro 
extremo del mostrador, que deseaban que los informara sobre unas caas.
El otro empleado estaba con otro cliente en el extremo de la sala, 
explicndole cuidadosamente las diferencias entre diversos sacos de 
dormir.
En una estantera detrs del mostrador, junto a un montn de latas de carne 
en conserva, haba una radio sintonizada en una emisora de onda media de 
Los ngeles. Mientras elegan la escopeta y las municiones, lo nico que la 
radio transmita era msica popular y anuncios. Pero ahora transmita las 
noticias de las doce y media y de pronto Ben oy su propio nombre y el de 
Rachael por las ondas:
... Shadway y Rachael Leben por orden de las autoridades federales. La 
seora Leben es la esposa de un potentado hombre de negocios, Eric 
Leben, fallecido ayer en accidente de trfico. Segn un portavoz del 
departamento de justicia, se busca a Shadway y a la seora Leben en 
conexin con el robo de documentos secretos de varias dependencias de la 
corporacin Geneplan, relacionados con proyectos financiados por el 
departamento de defensa, considerados adems como sospechosos del 
asesinato de dos agentes de polica, anoche en Palm Springs, en un ataque 
brutal con metralletas.
-Es absurdo! -exclam Rachael.
Cogindola del brazo para que guardara silencio, Ben mir, nervioso a los 
dos empleados, que seguan hablando con sus clientes en otros lugares de la 
tienda. Lo ltimo que deseaba era que prestaran atencin a las noticias de la 
radio. El dependiente llamado Sam haba visto su permiso de conducir 
antes de entregarle el formulario. Haba visto su nombre y si lo oa por la 
radio casi con toda seguridad lo reconocera.
De nada servira decirles que eran inocentes. Sam llamara a la polica. 
Puede que incluso tuviera un arma detrs del mostrador, junto a la caja 
registradora, e intentara usarla para retenerlos hasta la llegada de la polica, 
y Ben no quera tener que arrebatrsela, probablemente vindose obligado a 
herirle.
...Jarrod McClain, director de la Agencia de la Defensa de la Seguridad, 
coordinador de la investigacin y de la bsqueda de Shadway y de la 
seora Leben, hace menos de una hora ha declarado en Washington que 
consideraba el caso de suma gravedad y que era razonable considerarlo 
como una crisis de la seguridad nacional.
Sam, rodeado de aparejos de pesca, se ri de algo que dijo un cliente y 
comenz a dirigirse hacia la caja registradora. Le acompaaba uno de los 
pescadores. Charlaban alegremente, por lo que si oan las noticias, slo 
podan hacerlo a nivel subconsciente. Pero si dejaban de hablar antes de 
que acabara la informacin...
...A pesar de haber afirmado que tanto Shadway como la seora Leben 
estaban ocasionando un grave perjuicio a la seguridad nacional, ni 
McClain ni el portavoz del departamento de justicia han querido 
especificar la naturaleza del proyecto de investigacin que Geneplan 
llevaba a cabo para el Pentgono.
Los dos individuos que se acercaban estaban todava a unos siete metros y 
seguan hablando de diferentes tipos de caas y carretes.
Rachael los observaba con aprensin, mientras Ben le daba unos golpecitos 
para distraerla, con el fin de que su expresin no despertara el inters de los 
individuos por las noticias.
...ADN recombinado, como nica ocupacin de Geneplan...
Sam concluy su venta al otro extremo del mostrador. Ambos siguieron 
hablando, mientras caminaban uno por cada lado hacia el lugar donde 
Rachael y Ben se encontraban.
...Se han distribuido fotografas y descripciones de Benjamin Shadway y 
Rachael Leben por todos los departamentos de polica de California y la 
mayora del sudoeste, as como un aviso de las autoridades federales de 
que los fugitivos estn armados y son peligrosos.
Sam y el pescador llegaron a la caja registradora, junto a la cual Ben se 
concentraba en el formulario.
El locutor hablaba ahora de otras noticias.
A Ben le sorprendi alegremente comprobar que Rachael comenzaba a 
charlar con el pescador de temas eminentemente superficiales. Era un tipo 
alto, robusto, de unos cincuenta aos, con una camiseta negra que dejaba al 
descubierto sus musculosos brazos, con tatuajes azules y rojos. Rachael le 
dijo que le fascinaban los tatuajes y el pescador, como cualquier hombre, se 
sinti halagado por la atencin que le dispensaba una joven hermosa. 
Cualquiera que oyese su charla alegre y desenfrenada, con esa actitud tan 
tpica de las chicas en las playas californianas, jams imaginara que 
acababa de or una noticia por la radio, en la que se la describa como 
fugitiva acusada de asesinato.
El mismo locutor hablaba ahora, en un tono ligeramente ostentoso, de un 
atentado terrorista en el Oriente Medio y Sam extendi la mano, para 
dejarle con la palabra en la boca.
-Estoy hasta las narices de or hablar de esos malditos rabes -le dijo a Ben.
-Quin no lo est? -coment Ben, acabando de rellenar el formulario.
-En lo que a m se refiere -agreg Sam-, si siguen causndonos problemas, 
tendramos que eliminarlos del mapa, exterminarlos.
-Exterminarlos -asinti Ben-. Volver a la Edad de Piedra.
-Habra que retroceder ms all de la Edad de Piedra -dijo Sam, mientras 
conectaba el magnetfono-. sos ya existan en la maldita Edad de Piedra.
-Quizs habra que retroceder hasta la era de los dinosaurios -agreg Ben, 
en el momento en que comenzaba a sonar una cancin de los Dak Ridge 
Boys.
Rachael lanzaba expresiones de asombro y aprensin, mientras el pescador 
de los tatuajes le contaba cmo las agujas que inyectaron la tinta penetraron 
bajo las tres capas de piel.
-La era de los dinosaurios -asinti Sam-. Me gustara verlos practicar esa 
basura terrorista con los tiranosaurios, no le parece?
Ben solt una carcajada y le entreg el formulario rellenado.
Haba pagado ya la cuenta con su tarjeta Visa, por lo que lo nico que 
quedaba por hacer era unir el formulario a la factura, junto a la informacin 
del arma y meter las copias en la bolsa que contena las cajas de 
municiones.
-No olvide visitarnos de nuevo.
-Lo har -dijo Ben.
Rachael se despidi del pescador tatuado, Ben le dijo hola y adis, y ambos 
se despidieron de Sam. Ben con la escopeta y Rachael con la bolsa de 
municiones, se dirigieron a sus anchas hacia la puerta, pasando junto a unos 
cubos con forro de plstico llenos de cepos metlicos, una hilera de redes 
que parecan raquetas deterioradas, armarios llenos de cubos de hielo, 
termos y pintorescos sombreros.
A su espalda, en un tono que crea ms suave de lo que era en realidad, el 
pescador tatuado le dijo a Sam:
-Vaya mujer.
No conoces de la historia ni la mitad, pens Ben mientras le abra a 
Rachael la puerta.

A tres escasos metros, el ayudante del sheriff del condado de Riverside se 
apeaba de su coche patrulla.
La luz fluorescente se reflejaba en la baldosa verde y blanca con el 
suficiente brillo para poner de relieve cada uno de los detalles de su 
horrible diseo, demasiado brillo.
El espejo del bao, con marco de bronce, no estaba manchado ni 
deteriorado por la edad y el reflejo que presentaba era bien delineado, 
preciso y claro en todo detalle, excesivamente claro.
A Eric Leben no le sorprendi lo que vi, ya que sentado en su silln de la 
sala de estar haba explorado tctilmente los sorprendentes cambios 
experimentados en la parte superior de su rostro. Sin embargo la 
confirmacin visual de lo que sus manos incrdulas haban descubierto le 
dej atnito, asustado, deprimido y ms fascinado que todo lo que le haba 
ocurrido en la vida.
Haca un ao que se haba sometido al tratamiento imperfecto del programa 
Wildcard, de manipulacin y crecimiento gentico. Desde entonces, no 
haba cogido ningn resfriado, gripe, ninguna lcera en la boca, jaquecas, 
ni siquiera acidez de estmago. Semana tras semana haba ido acumulando 
pruebas de que el tratamiento le haba aportado cambios beneficiosos, sin 
efectos secundarios indeseables.
Efectos secundarios.
Casi se ro. Casi.
Mirndose horrorizado al espejo, como si fuera una ventana que se abra al 
infierno, levant una mano temblorosa para acariciarse de nuevo la frente, 
el espinazo seo que le haba crecido desde el puente de la nariz hasta el 
cuero cabelludo.
Las heridas catastrficas sufridas el da anterior haban estimulado su 
capacidad de curacin de un modo y en un grado muy superior al de los 
resfriados y gripes. La haban acelerado de tal forma que sus clulas haban 
comenzado a producir interferon, una amplia gama de anticuerpos 
antiinfecciosos y especialmente hormonas y protenas de crecimiento, a un 
ritmo asombroso. Por alguna razn desconocida, dichas sustancias seguan 
inundndole el sistema cuando la curacin era ya completa, y su presencia 
ya no era necesaria. Su cuerpo ya no se dedicaba a reemplazar tejido 
daado, sino que le crecan nuevos tejidos, sin ninguna funcin aparente, a 
un ritmo alarmante.
-No -dijo en voz baja-, no -repiti, intentando negar lo que vea.
Pero era cierto y lo comprob palpndose la parte superior de la cabeza. El 
espinazo seo era ms abultado en la frente, pero continuaba por la parte 
superior del crneo y crey detectar tambin su crecimiento en la parte 
posterior.
Su cuerpo se estaba transformando de un modo azaroso, o con un fin que 
era incapaz de dilucidar y era imposible saber cundo se detendra 
finalmente el proceso. Era posible que jams lo hiciera. Quizs seguira 
creciendo, cambiando, adquiriendo un sinfn de nuevas formas, a 
perpetuidad. Estaba experimentando una metamorfosis que le converta en 
un monstruo... quizs, finalmente, en un ser tan diferente que ya no se le 
podra considerar como componente de la especie humana.
El espinazo se disolva al llegar a la zona de la nuca. Movi la mano para 
palparse el grueso hueso que se le haba formado sobre los ojos. Tena el 
ligero aspecto de un hombre de Neandertal, si bien ellos carecan de la 
cresta sea que le haba crecido en la cabeza. Tampoco tenan el montculo 
que le haba salido en uno de los temporales. El hombre de Neandertal, ni 
ninguno de los antepasados humanos, tampoco estaba dotado de esos 
enormes vasos sanguneos oscuros y repugnantes que le pulsaban en la 
sien.
A pesar de su precaria condicin mental, de lo impreciso y turbio de su 
memoria, Eric asimil plenamente el horrible significado de lo que le 
ocurra. Jams podra incorporarse a la sociedad humana en una forma 
aceptable. Se haba convertido sin duda en su propio monstruo de 
Frankenstein y segua transformndose inevitablemente en un desecho.
Su futuro era tan oscuro, que el trmino adquira un nuevo significado. 
Caba la posibilidad de que le capturaran y sobreviviera en algn 
laboratorio, sujeto a las miradas y observacin de infinidad de cientficos 
fascinados, que sin duda disearan multitud de experimentos vlidos para 
ellos, pero que para l supondran una simple tortura. O tena la alternativa 
de refugiarse en la selva y vivir miserablemente, dando origen a leyendas 
de un nuevo monstruo, hasta que algn da se tropezara accidentalmente 
con un cazador que le abatira. Sin embargo, fuera cual fuese el terrible 
destino que le esperaba, estara dotado de dos caractersticas ineludibles: un 
miedo implacable, no tanto de lo que le pudieran hacer los dems, sino de 
lo que le estaba haciendo su propio cuerpo; y una soledad profunda y 
singular, como jams la haba experimentado ningn hombre, ya que sera 
el nico de su especie en la capa de la tierra.
No obstante, su curiosidad mitigaba aunque slo parcialmente su 
desesperacin y su terror, esa misma curiosidad tan poderosa que le haba 
convertido en un gran cientfico. Al estudiar su horrible reflejo, la 
catstrofe gentica que se fraguaba, estaba fascinado, consciente de que 
presenciaba lo que jams ningn hombre haba visto. Ms importante 
todava; lo que el hombre no estaba destinado a ver. Era una sensacin 
emocionante. Era el objeto vital de hombres como l. Hasta cierto punto, 
todo cientfico desea vislumbrar los aspectos oscuros subyacentes en la 
vida y espera comprenderlos si jams se le presenta la oportunidad de 
hacerlo. Esto no era un simple vislumbre. Se trataba de una observacin 
lenta y prolongada del enigma del crecimiento y desarrollo humano, cuya 
intensidad de contemplacin dependa de su propia voluntad y de la 
capacidad de su valor.
La idea del suicidio cruz de forma brusca por su mente, pero la desterr, 
ya que la oportunidad que se le presentaba era ms importante que la 
inevitable angustia fsica, mental y emocional que experimentara ms 
adelante. Su futuro sera un paisaje desconocido, ensombrecido por el 
miedo, iluminado por el dolor, pero por el que se senta forzado a viajar 
hacia un horizonte desconocido.
Tena que averiguar en qu se convertira.
Por otra parte, su miedo a la muerte no haba disminuido a raz de sus 
increbles cambios. Si de algn modo le haban afectado, ahora que pareca 
estar ms cerca de la tumba que en cualquier otro momento de su vida, 
haba sido para que la necrofobia se apoderara plenamente de l. 
Independientemente de lo que el futuro le deparara, tena que seguir 
viviendo. Aunque su metamorfosis era muy deprimente y aterradora, la 
alternativa a seguir viviendo le resultaba todava ms horrible.
Mientras se miraba al espejo volvi a dolerle la cabeza.
Crey descubrir algo nuevo en sus ojos.
Se acerc al espejo.
Haba algo definitivamente extrao, diferente en su mirada, que no era 
capaz de identificar.
La jaqueca empeor rpidamente. La luz fluorescente le molestaba y 
entorn los ojos para protegerse del resplandor.
Dej de mirarse a los ojos, para contemplar el resto de su imagen. De 
pronto crey percibir ciertos cambios de su temporal derecho, as como en 
el hueso cigomtico y alrededor del ojo derecho.
Se sinti invadido por un miedo ms profundo del que jams hubiera 
experimentado hasta entonces y se le aceler el corazn.
Su jaqueca le llenaba ahora el crneo y alcanzaba una buena parte de su 
rostro.
Se alej repentinamente del espejo. Aunque difcil, era posible contemplar 
los cambios monstruosos despus de que hubieran ocurrido, pero observar 
con sus propios ojos la transformacin de su carne y de sus huesos era una 
labor mucho ms dura, para la que no se senta con fuerzas.
En su locura pens en aquella vieja pelcula, El hombre lobo, en la que Lon 
Chaney estaba tan horrorizado por su metamorfosis, que acababa dominado 
por el terror y la compasin de s mismo. Eric contempl sus enormes 
manos, parcialmente convencido de que vera cmo se le cubran de vello. 
Esto le provoc la risa, aunque al igual que antes, una risa spera, fra y 
entrecortada, desprovista de humor, que se transform rpidamente en 
sollozos desconsolados.
El dolor se haba esparcido ahora por la totalidad de su cabeza y rostro, 
incluso los labios, y al salir del bao, tropezando primero con el lavabo, y a 
continuacin con el marco de la puerta, emiti un gemido agudo que, en 
una sola nota, configuraba una sinfona de temor y sufrimiento.

El ayudante del sheriff del condado de Riverside usaba gafas oscuras que le 
ocultaban los ojos y, por consiguiente, sus intenciones. Sin embargo, 
cuando se ape de su vehculo, Ben no detect ninguna tensin inusual en 
su cuerpo, ninguna indicacin de que los hubiera reconocido como los 
traidores a la Verdad, justicia y estilo de vida norteamericano de los que 
acababan de hablar por la radio.
Ben cogi a Rachael del brazo y siguieron andando.
En las ltimas horas, su descripcin y fotografa haba sido transmitida a 
todos los departamentos de polica de California y del sudoeste, pero ello 
no significaba que se hubieran convertido en la mxima prioridad de todos 
los agentes.
El polica pareca mirarlos fijamente.
Sin embargo, no todos los agentes eran lo suficientemente conscientes 
como para estudiar los ltimos boletines antes de salir a la calle y los que 
haban entrado de guardia por la maana, como poda ser el caso del que 
tenan delante, habran salido antes de que se recibieran sus fotografas.
-Ustedes perdonen -dijo el ayudante del sheriff.
Ben se detuvo. Por la mano con la que coga a Rachael del brazo, percibi 
que se haba puesto tensa.
-Dgame -le respondi al polica, procurando mantenerse relajado.
-Es suya esa furgoneta Chevy?
-No, no es ma -respondi Ben, parpadeando.
-Tiene rota una de las luces traseras -agreg el polica, quitndose las gafas 
oscuras y mostrando unos ojos libres de toda sospecha.
-Nosotros vamos en aquel Ford.
-Saben a quin pertenece la furgoneta?
-No. Seguramente a alguno de los clientes que hay ah dentro.
-Bien, amigos, que pasen un buen da, disfruten de nuestras maravillosas 
montaas -les dijo el agente, mientras se diriga hacia la tienda.
Ben tuvo que hacer un esfuerzo para no echar a correr hacia el coche y 
presinti que a Rachael le ocurra otro tanto. Caminaban de un modo casi 
excesivamente indiferente.
La inmensa quietud que imperaba a su llegada haba desaparecido y el da 
se haba llenado de actividad. En el lago, un fueraborda zumbaba como un 
enjambre de avispas. Se haba levantado la brisa, procedente de las azules 
aguas del lago, moviendo los rboles y acariciando la hierba, los matorrales 
y las flores silvestres. Pasaban varios coches por la carretera y desde uno de 
ellos, con las ventanas abiertas, se oa a todo volumen msica de rock and 
roll.
Llegaron a su Ford alquilado, aparcado a la sombra de los pinos.
Rachael se instal en su asiento y parpade al cerrar la puerta, como si el 
ruido pudiese atraer la atencin del polica. Sus ojos verdes estaban llenos 
de aprensin.
-Largumonos de aqu.
-Inmediatamente -respondi Ben, poniendo el motor en marcha.
-Podemos detenernos en otro lugar, ms reservado, para desenvolver la 
escopeta y cargarla.
Cogieron el camino asfaltado de dos carriles que daba la vuelta al lago, en 
direccin norte. Ben no dejaba de mirar por el retrovisor. Nadie los segua. 
El miedo de que sus perseguidores les estuvieran pisando los talones era 
irracional, paranoico. A pesar de ello, sigui mirando por el retrovisor.
El lago, con sus aguas resplandecientes, estaba a su izquierda y a su 
derecha se levantaban las montaas. En el bosque se vea alguna que otra 
casa entre los rboles. Algunas eran magnficas, verdaderas mansiones, 
mientras que otras, aunque bien conservadas, eran ms modestas. Haba 
lugares en los que el terreno era propiedad del gobierno, o demasiado 
empinado para la construccin, donde imperaba la vegetacin salvaje de 
matorrales y zarzas entremezclados con los rboles. Haba tambin muchas 
ramas secas y carteles advirtiendo del peligro de incendio, amenaza 
permanente durante los veranos y otoos en el sur de California. El camino 
giraba y se retorca, suba y caa, alternando la sombra con el sol radiante.
-No es posible que crean que hemos robado secretos del estado -dijo 
Rachael, al cabo de un par de minutos.
-No -afirm Ben.
-Ni saba que Geneplan tuviera contratos con el gobierno.
-Eso no es lo que les preocupa. Es una cortina de humo.
-Entonces por qu estn tan ansiosos de echarnos las manos encima?
-Porque sabemos que Eric... ha regresado.
-Y crees que el gobierno tambin lo sabe? -pregunt Rachael.
-Me has dicho que el proyecto Wildcard era estrictamente secreto. Los 
nicos que conocan su existencia eran Eric, sus socios de Geneplan y t.
-As es.
-El caso es que si reciban dinero del Pentgono para otros proyectos, 
puedes estar completamente segura de que el Pentgono saba todo lo 
necesario sobre los propietarios de Geneplan y acerca de lo que hacan. Es 
imposible mantener un lucrativo contrato de investigacin con ellos y al 
mismo tiempo la intimidad.
-Parece lgico -coment Rachael-. Pero quizs Eric no se diera cuenta de 
ello. Crea que poda aprovecharse de todo el mundo y en cualquier 
momento.
Un cartel en la carretera adverta de la presencia de un badn. Ben fren y 
el Ford dio un salto, chirriando y traqueteando.
-Por consiguiente el Pentgono saba lo suficiente sobre el proyecto 
Wildcard, para darse cuenta de lo que Eric haba hecho cuando su cadver 
desapareci del depsito -prosigui Ben, al entrar de nuevo en la carretera 
asfaltada-. Y ahora se proponen acallar la historia, guardar el secreto, 
porque ellos lo ven como un arma, o por lo menos como una enorme fuente 
de poder.
-Poder?
-Una vez perfeccionado, el proceso Wildcard puede suponer la 
inmortalidad para quienes se somentan al tratamiento. De ese modo, los 
que controlen Wildcard podrn decidir quin vive para siempre y quin no 
lo hace. Se te ocurre alguna arma mejor, o herramienta ms eficaz para 
establecer un control poltico de la totalidad de este maldito mundo?
-Vlgame Dios -susurr Rachael, despus de unos momentos de silencio-. 
Me he concentrado tanto en los aspectos personales, en lo que esto significa 
para m, que no lo he pesando desde una perspectiva ms amplia.
-Por consiguiente, tienen que capturarnos -agreg Ben.
-No querrn que divulguemos el secreto de Wildcard hasta que est 
perfeccionado. Si llegara a conocerse antes, no podran proseguir la 
investigacin sin trabas.
-Exactamente. Puesto que t heredars la mayor parte de las acciones de 
Geneplan, el gobierno debe pensar que podr convencerte para que 
cooperes por el bien de tu pas y por tu beneficio.
-No lograrn persuadirme -replic Rachael, moviendo la cabeza-. No en lo 
concerniente a este tema. En primer lugar, si hay alguna esperanza de 
prolongar dramticamente la vida humana y estimular genticamente la 
curacin, la investigacin debe ser pblica y sus beneficios accesibles a 
todo el mundo. Es inmoral enfocarlo de cualquier otro modo.
-Imaginaba que diras eso -dijo Ben, tomando una curva a la derecha y otra 
muy cerrada a la izquierda.
-Adems, no tolerara que la investigacin prosiguiera por los mismos 
derroteros elegidos por el grupo de Wildcard, porque estoy segura de que 
es el camino equivocado.
-Tambin saba que diras eso -asinti Ben.
-Confieso que s muy poco sobre gentica, pero me doy cuenta de que el 
camino que han elegido es demasiado peligroso. Recuerda los ratones de 
los que te habl. Y recuerda... la sangre en el maletero del coche en la casa 
de Villa Park.
Ben lo recordaba y sa era una de las razones por las que quera la 
escopeta.
-Si llego a controlar Geneplan -prosigui Rachael-, puede que est 
dispuesta a seguir financiando la investigacin sobre la longevidad, pero 
insistir en la abolicin de Wildcard y en un nuevo comienzo con otro 
enfoque.
-Tambin estaba convencido de que diras eso -coment Ben-, e imagino 
que el gobierno est asimismo bastante seguro de que sa es tu opinin. Por 
lo tanto, no confo en que simplemente deseen persuadirte. Si conocen algo 
sobre ti, y siendo esposa de Eric debes de estar en sus ficheros, saben que 
no lograrn sobornarte y amenazarte para que hagas algo que t consideres 
errneo, que no podrn corromperte. De modo que probablemente ni 
siquiera lo intenten.
-Es mi influencia catlica -dijo con cierta irona-. Ten en cuenta que mi 
familia era muy religiosa, rgida y estricta.
Ben no lo saba. Era la primera vez que hablaba de ello.
-De muy nia -sigui diciendo, con una voz muy suave- me mandaron a un 
internado de monjas. Llegu a odiarlo... las misas interminables... la 
humillacin del confesonario revelando mis insignificantes pecados. Pero 
puede que a la larga me haya beneficiado, no te parece? Tal vez no fuera 
tan incorruptible de no haber pasado tantos aos con las hermanas.
Tuvo la impresin de que aquellas revelaciones no eran ms que un 
pequeo resquicio de un inmenso arsenal, quizs muy desagradable, de 
tristes experiencias.
Dej de fijarse momentneamente en el camino, para ver su expresin. 
Pero en su intento se vio frustrado por un mosaico de sombras y luces que 
bombardeaban el parabrisas y ocultaban su rostro. Daban la impresin de 
una hoguera, en la que su cara slo apareca parcialmente, medio cubierta 
por la centelleante cortina de llamas imaginarias.
-De acuerdo -suspir Rachael-, si el gobierno sabe que no lograr 
persuadirme, por qu se molesta en extender rdenes para mi detencin, 
con acusaciones imaginarias y dedica tantos esfuerzos a mi busca y 
captura?
-Quieren matarte -dijo escuetamente Ben.
-Cmo?
-Prefieren eliminarte y tratar con los socios de Eric: Knowls, Seltz y los 
dems; porque ya saben que ellos son corruptibles.
Rachael qued atnita y a Ben no le sorprendi su reaccin. No era 
recatada ni excesivamente ingenua. Sin embargo, por eleccin personal, era 
una persona que se centraba en el presente y que no se preocupaba 
demasiado en pensar en las complejidades del mundo que cambiaba a su 
alrededor, excepto cuando ste obstaculizaba su deseo de obtener el mayor 
placer posible del momento presente. Aceptaba una serie de mitos por pura 
conveniencia, con el fin de simplificar su vida y uno de esos mitos era el de 
que, en el fondo, el gobierno se preocupaba siempre de sus mejores 
intereses, tanto si se trataba de una guerra, una reforma del sistema jurdico, 
un aumento de los impuestos, o cualquier otro tema. Era apoltica y no vea 
ninguna razn para preocuparse por quin ganara, o usurpara, unas 
elecciones, puesto que no era difcil creer en las intenciones benignas de 
aquellos que con tanto ardor deseaban servir al pueblo.
Le contempl boquiabierta. Aun sin ver su rostro, todava parcialmente 
oculto por la luz y las sombras centelleantes, era consciente de su expresin 
por el cambio de su respiracin y por la tensin que la oblig a 
incorporarse repentinamente en su asiento.
-Matarme? No, no puede ser, Benny. El gobierno de los Estados Unidos 
ejecutando ciudadanos como si estuviramos en una repblica bananera? 
No, imposible.
-No es necesariamente cosa del gobierno en pleno, Rachael. La Casa 
Blanca, el Senado, el Presidente y los ministros no se han reunido para 
hablar del obstculo que supones, no ha habido una confabulacin masiva 
para eliminarte. Pero alguien en el Pentgono, la ADS, o la CIA, ha 
decidido que eres un obstculo para el inters nacional, que supones una 
amenaza para el bienestar de millones de habitantes. Cuando comparan el 
bienestar de varios millones de habitantes, con la posibilidad de cometer un 
par de asesinatos, para ellos la eleccin es clara, como siempre lo es para 
los pensadores colectivistas. Un par de asesinatos, o millares de muertes, 
son siempre justificables cuando est en juego el bienestar de las masas. 
Por lo menos as es como ellos lo entienden, aunque pretendan creer en los 
derechos individuales. Eso les permite ordenar un par de asesinatos e 
incluso sentirse virtuosos por ello.
-Dios mo! -exclam Rachael, desde el fondo de su corazn-. En qu te 
he metido, Ben?
-No me has metido en nada -replic Ben-. Me he metido solo. No podas 
impedrmelo. Y no lo lamento.
Pareca incapaz de hablar.
Delante de ellos, a la izquierda, haba un camino que se diriga hacia el 
lago, con un cartel que deca: AL LAGO. EMBARCADERO.
Ben entr en el camino secundario de gravilla, que circulaba entre una 
inmensa arboleda. A medio kilmetro sali del bosque y se encontr en una 
zona de dos metros de anchura, por cien de longitud, junto al lago. 
Manchas resplandecientes decoraban algunas zonas de la superficie del 
agua, con corrientes serpenteantes en otras que reflejaban la luz del sol, y 
las crestas brillantes de las olas agredan la mirada.
Haba ms de una docena de coches, furgonetas y caravanas aparcadas al 
fondo, as como varios remolques sin sus correspondientes embarcaciones. 
Una furgoneta negra y roja, con rayas grises, baada por el sol, que se 
reflejaba en su reluciente superficie, estaba junto a la orilla, mientras tres 
individuos empujaban un Water King, de doble motor, hacia el agua. Haba 
varias personas que coman en mesas junto a la orilla, un perro irlands 
deambulaba en busca de desperdicios, un par de chiquillos jugaban con una 
pelota y haba una decena de pescadores vigilando sus caas, junto al 
embarcadero.
Todos parecan divertirse. Si alguno de los presentes era consciente de que 
el mundo se estaba volviendo lgubre y loco, lo disimulaba.
Benny se dirigi hacia el aparcamiento, pero dej el Ford oculto entre los 
rboles, tan lejos como pudo de los dems vehculos. Par el motor y abri 
la ventana. Tumb el respaldo al mximo, para disponer del mayor espacio 
posible, cogi la funda de la escopeta, la abri, retir el arma y dejo la 
funda en el asiento trasero.
-Vigila -le dijo a Rachael-. Si ves que alguien se acerca, avsame. Saldr a 
recibirle. No quiero que nadie vea la escopeta y se asuste. Qu duda cabe 
de que no es temporada de caza.
-Benny, qu vamos a hacer?
-Lo que habamos decidido -respondi, mientras rompa la envoltura de 
plstico de la escopeta con una de las llaves del coche-. Seguir las 
indicaciones que te dio Sarah Kiel, encontrar la cabaa de Eric y ver si est 
ah.
-Pero las rdenes de detencin... la gente que intenta matarnos... no 
cambia eso las cosas?
-No mucho -dijo arrancando el plstico y examinando la escopeta, que 
estaba ya perfectamente montada y caa bien en sus expertas manos-. 
Inicialmente nos proponamos encontrar a Eric para liquidarle por 
completo, antes de que viniera l para liquidarte a ti. Seguramente lo que 
ahora tendremos que hacer, en lugar de matarle, ser capturarle...
-Capturarle vivo? -pregunt Rachael, alarmada ante tal sugerencia.
-No es que est exactamente vivo, no te parece? Pero creo que tendremos 
que capturarle sea cual sea su condicin, atarle y llevarle a algn lugar 
como... quizs la redaccin de Los Angeles Time. Entonces podremos dar 
una conferencia de prensa realmente sorprendente.
-No. Benny, no, no podemos -dijo moviendo categricamente la cabeza-. 
Es una locura. Ser violento, sumamente violento. Ya te he contado lo de 
los ratones. Por Dios santo, viste la sangre del maletero con tus propios 
ojos. Ha ido sembrando la destruccin por todas partes, los cuchillos en la 
pared de la casa de Palm Springs, la paliza que le peg a Sarah. No 
podemos arriesgarnos a acercarnos a l. No sentir respeto alguno por la 
escopeta, si es eso lo que piensas. No le tendr miedo alguno. Si te acercas 
lo suficiente como para capturarle, te arrancar la cabeza a pesar del arma. 
Puede que incluso est armado. Si le vemos tenemos que destruirle 
inmediatamente, dispararle sin ningn titubeo, dispararle una y otra vez, 
causarle tanto dao que no pueda volver a regresar.
Se perciba una nota de pnico en su voz y hablaba cada vez con mayor 
rapidez, intentando convencer a Ben. Tena la piel blanca como la cera y 
los labios ligeramente azulados. Estaba temblando.
Aun considerando lo muy precaria que era su situacin y admitiendo que se 
hallaban en una encrucijada, a Ben le pareci que estaba demasiado 
asustada y se pregunt hasta qu punto su reaccin ante la resurreccin de 
Eric se vea afectada por su infancia ultrarreligiosa, que haba forjado su 
personalidad. Sin comprender plenamente sus propios sentimientos, puede 
que no slo le temiera a Eric por su posible violencia y por el hecho de ser 
un muerto andante, sino porque haba osado desafiar el poder divino, 
derrotando a la muerte y convirtindose, no en un simple zombie, sino en 
una criatura infernal procedente del reino de las tinieblas.
-Rachael, cario -le dijo, soltando la escopeta y cogindole las manos-, soy 
perfectamente capaz de vencerle; he vencido a individuos mucho peores 
que l.
-No te sientas tan seguro. As es como logrars que te maten.
-Estoy entrenado para la guerra, muy preparado para la lucha.
-Te lo ruego.
-Me he mantenido en forma a lo largo de estos aos, porque en Vietnam 
aprend que el mundo puede cambiar de la noche a la maana, y que uno 
slo puede confiar en s mismo y en los amigos ntimos. sta era una 
leccin sobre el mundo moderno que no quera admitir que haba 
aprendido, por cuya razn he pasado tanto tiempo inmerso en el pasado. 
Pero el hecho de haberme mantenido en forma demuestra que la aprend. 
Estoy en forma, Rachael y bien armado -dijo, rogndole que se callara, 
cuando intent protestar-. No tenemos otra alternativa, Rachael. Y sa es, a 
fin de cuentas, nuestra nica salida. Si le matamos, si le llenamos el cuerpo 
de perdigones, le disparamos de tal modo que quede definitivamente 
muerto, no habr ninguna prueba de lo que ha hecho consigo mismo. Lo 
nico que tendremos ser un cadver. Quin podr demostrar que haba 
resucitado? Parecer que hemos robado el cadver del depsito, lo hemos 
llenado de plomo y hemos inventado esta estpida historia, quizs para 
ocultar los crmenes de los que el gobierno nos acusa.
Bastara con analizar su estructura celular en el laboratorio -dijo Rachael-. 
Su material gentico demostrara...
-Eso tardara semanas. Antes, el gobierno se las arreglara para reclamar su 
cadver, eliminarnos a nosotros y falsificar el resultado de los anlisis, de 
modo que no mostrarn nada extraordinario.
Rachael comenz a hablar, titube y se detuvo, porque comprendi que 
Ben tena evidentemente razn. Jams haba visto a una mujer tan 
desesperada en toda su vida.
-Nuestra nica esperanza para librarnos de la amenaza del gobierno 
consiste en obtener pruebas de Wildcard y mostrrselas a la prensa -dijo 
Ben-. La sola razn por la que quieren matarnos es para guardar el secreto, 
de modo que si se divulga, estaremos a salvo. Puesto que no conseguimos 
los documentos de Wildcard en la caja fuerte de Eric, l constituye ahora la 
nica prueba que podemos obtener. Y le necesitamos vivo. Tienen que ver 
cmo respira y cmo funciona, a pesar de su cabeza magullada. Deben 
poder comprobar el cambio que en tu opinin tiene que haber 
experimentado, su furor irracional, la cualidad ttrica de un muerto 
viviente.
-De acuerdo, pero tengo mucho miedo -asinti Rachael, tragando saliva.
-Debes ser fuerte. Tienes capacidad para serlo.
-Lo s, lo s, pero...
Ben se le acerc y le dio un beso.
Sus labios estaban helados.

Eric gru y abri los ojos.
Evidentemente haba pasado nuevamente un breve perodo en estado de 
letargo, un pequeo coma, ya que al recobrar lentamente el conocimiento 
estaba en el suelo de la sala de estar, tendido entre por lo menos un 
centenar de hojas de papel. Su acuciante jaqueca haba desaparecido, a 
pesar de que tena una sensacin de ardor que, desde la coronilla hasta la 
barbilla, le recorra todo el rostro, as como la mayora de sus msculos y 
articulaciones, en los hombros, brazos y piernas. La sensacin no era 
desagradable, pero tampoco placentera, simplemente algo neutral que 
jams haba experimentado.
Se senta como si estuviera hecho de azcar, de chocolate, sobre una 
superficie baada por el sol, derritindose, derritindose desde el interior.
Durante un rato pens en la procedencia de esa curiosa idea. Estaba 
desorientado, mareado. Su mente era como un pantano, en la que aparecan 
ideas inconexas como burbujas punzantes en la superficie acuosa. 
Gradualmente el agua adquiri mayor claridad y el lodo pastoso del 
pantano mayor firmeza.
Haciendo un esfuerzo para sentarse, examin los papeles que tena a su 
alrededor, cuyo contenido no recordaba. Cogi unas hojas en las manos e 
intent leerlas. A1 principio con aquellas letras borrosas no lograba formar 
palabras; a continuacin stas no se ordenaban en frases coherentes. 
Cuando por fin logr leer un poco, slo descifr un fragmento, pero le 
bast para comprender que se trataba de la tercera copia del proyecto 
Wildcard.
Adems de los datos del proyecto archivados en los ordenadores de 
Geneplan, haba guardado una copia escrita en Riverside, otra en la caja 
fuerte de la central en Newport Beach y la tercera all. La cabaa era su 
guarida secreta, conocida slo por l y le haba parecido prudente guardar 
una copia actualizada en la caja fuerte del stano, en anticipacin del da en 
que Seltz y Knowls, los capitalistas de la empresa, intentaran hacerse con el 
control de la corporacin, con astutas manipulaciones financieras. Era 
improbable que le traicionaran porque le necesitaban, precisaban de su 
genio y con toda probabilidad seguiran necesitndolo, incluso cuando 
Wildcard estuviera perfeccionado. Pero l no se arriesgaba. (Slo lo haba 
hecho al inyectarse con el suero diablico que estaba convirtiendo su 
cuerpo en arcilla moldeable.) No haba querido exponerse a que le echaran 
de Geneplan y quedara aislado de la informacin esencial necesaria para la 
produccin del suero de la inmortalidad.
Evidentemente, despus de salir a tropezones del bao, haba bajado al 
stano, haba abierto la caja fuerte y haba subido los documentos para 
examinarlos. Qu estaba buscando? Una explicacin para lo que le 
ocurra? La forma de contrarrestar los cambios que haba experimentado y 
que segua experimentando?
Era intil. Esas monstruosas transformaciones no haban sido anticipadas. 
No haba nada en los documentos que hiciera referencia a la posibilidad de 
un crecimiento descontrolado o que indicara la forma de contrarrestarlo. 
Debi de sufrir los efectos de un delirio, ya que slo en ese estado se le 
habra ocurrido buscar una cura mgica en las hojas fotocopiadas.
Permaneci un par de minutos arrodillado entre los papeles, preocupado 
por la extraa sensacin de ardor, aunque no dolorosa, que le recorra el 
cuerpo, procurando comprender su origen y significado. En algunas partes 
del cuerpo, principalmente en la espina dorsal, la parte superior del crneo, 
la base de la garganta y los testculos, el ardor estaba acompaado de un 
terrible hormigueo. Era casi como si millares de hormigas le hubieran 
invadido el cuerpo, circulando por sus venas, arterias y un laberinto de 
tneles excavados en la carne y en los huesos.
Finalmente se puso de pie y, sin razn alguna ni objetivo especfico, se 
sinti invadido por un terrible furor. Patale frenticamente, despidiendo 
una nube de papeles por toda la sala.
El horripilante furor se hundi bajo la superficie del pantano de su mente y 
su percepcin lleg a discernir que de algn modo era diferente a su ira 
anterior, a la que haba sucumbido. En este caso la sensacin era ms... 
primaria, menos concentrada, menos parecida a la ira humana, semejante al 
furor irracional de un animal. Sinti como si se impusiera un recuerdo 
racial profundamente arraigado, algo que se escabulla de su pozo gentico, 
donde haba estado desde haca diez millones de aos, en la lejana de los 
tiempos cuando los hombres eran slo simios, o de una poca todava 
anterior, cuando los seres humanos eran an criaturas anfibias, 
arrastrndose penosamente a la orilla volcnica y respirando aire por 
primera vez. Su furor en esta ocasin, al contrario de las anteriores, era fro 
como el corazn del rtico, mil millones de aos de frialdad... mesozoico. 
Efectivamente, una frialdad de la era mesozoica, y cuando comenz a 
asimilar su naturaleza, procur dejar de pensar en ello, con la ferviente 
esperanza de poderlo controlar.
El espejo.
Estaba seguro de haber experimentado algunos cambios mientras estaba 
inconsciente en el suelo de la sala de estar y saba que deba ir al bao para 
observarse al espejo. Pero de pronto volvi a horrorizarse ante la 
perspectiva de lo que le estaba ocurriendo y no logr dar un solo paso.
Opt por examinarse palpndose, como lo haba hecho anteriormente. Si 
descubra las diferencias antes de verlas, no se sentira tan aterrado por su 
apariencia. Levant titubeando las manos para llevrselas al rostro, pero al 
hacerlo descubri que stas estaban cambiando y se detuvo para 
examinarlas.
No eran radicalmente diferentes de antes, pero indiscutiblemente haban 
dejado de ser las mismas que haba utilizado a lo largo de su vida. Los 
dedos eran ms largos y delgados, puede que un par de centmetros, con 
abultaciones carnosas en el extremo de los mismos. Las uas eran tambin 
diferentes: ms gruesas, ms duras, amarillentas y ms puntiagudas que las 
normales. Qu duda caba, eran garras incipientes y si la metamorfosis 
prosegua, se haran probablemente ms puntiagudas, curvadas y afiladas 
como las navajas. Sus nudillos tambin se transformaban; eran ms 
voluminosos, ms seos y con cierto aspecto artrtico.
Suposo que las tendra entumecidas y ms torpes que antes, pero le 
sorprendi descubrir que sus nudillos transformados se movan con 
facilidad, fluidez y mayor destreza que los anteriores. Movi 
experimentalmente las manos y se dio cuenta de que eran increblemente 
diestras, con una nueva plasticidad y asombrosa flexibilidad en sus 
prolongados dedos.
Adems sinti que los cambios continuaban, aunque no con la suficiente 
rapidez como para ver crecer los huesos y comprobar cmo se moldeaba la 
nueva carne. Pero en el transcurso de un da sus manos cambiaran sin duda 
radicalmente.
Esto era electrificantemente diferente a la protuberancia sea y carnosa que 
se le haba formado en la frente. Sus manos no eran el simple resultado de 
un exceso hormonal y protenico. Su crecimiento tena un objeto, una 
direccin. En realidad, de pronto se dio cuenta de que en ambas manos, 
entre el pulgar y el ndice, a partir del primer nudillo, una membrana 
transparente haba comenzado a llenar el espacio vaco.
Mesozoico. Al igual que el fro furor que, si se lo permita, desembocara 
en una sed de destruccin frentica. Mesozoico.
Baj las manos, temeroso de seguir observndolas.
No le quedaba valor para examinar el contorno de su rostro, ni siquiera 
para tocarlo. La mera idea de mirarse al espejo le aterrorizaba.
El corazn le lata con enorme fuerza y con cada poderoso latido pareca 
lanzar destellos de terror y soledad.
Durante unos instantes se sinti perdido, confuso y desconcertado. Dio un 
paso a la izquierda, otro a la derecha, gir en una direccin, despus en la 
otra y los papeles de Wildcard crujan bajo sus pies como las hojas muertas 
de los rboles. No estaba seguro de lo que deba hacer, ni a dnde deba 
dirigirse, se detuvo con la cabeza y los hombros cados, con el peso de la 
desesperacin a cuestas... hasta que de pronto al extrao ardor de su carne y 
aterrador hormigueo de su columna, se uni una nueva sensacin: hambre. 
Le sonaron las tripas, sinti debilidad en las rodillas y comenz a temblar 
de hambre. Su boca empez a masticar y tragar por cuenta propia, 
involuntariamente, con tanta fuerza que casi le dola, como si su cuerpo 
exigiera que se le alimentara. Se dirigi hacia la cocina, temblando cada 
vez con mayor violencia, las rodillas debilitndose con cada paso. El sudor 
de la necesidad le brotaba en abundancia, a torrentes. Jams haba conocido 
tanto hambre. Un hambre voraz. Dolorosa. Un hambre que lo 
descuartizaba. Se le ofusc la visin y su mente se concentr en una sola 
idea: comida. Los cambios macabros que tenan lugar en su cuerpo 
requeran una cantidad muy superior a la habitual de combustible, energa 
para destruir el viejo tejido y construir nuevas molculas. Evidentemente su 
metabolismo haba enloquecido, como unos altos hornos descontrolados, 
un fuego implacable que, habiendo asimilado los bocadillos y salchichas 
que haba comido antes, ahora necesitaba ms, mucho ms, de modo que 
cuando abri las puertas del armario y comenz a coger latas de sopa y de 
cocido de las estanteras, siseaba y jadeaba, susurraba sin palabras, 
gruendo como un animal salvaje, con asco y nuseas por su prdida de 
control, pero demasiado hambriento para preocuparse, aterrorizado pero 
hambriento, desesperado pero tan hambriento, hambriento, hambriento...

Siguiendo las indicaciones que Sarah Kiel le haba dado a Rachael, Ben 
gir por un camino vecinal asfaltado, en muy malas condiciones, que suba 
por la montaa. El camino se adentraba en el bosque, donde los rboles 
caducos daban paso a los perennes, en su mayora antiguos y gigantescos. 
Recorrieron un kilmetro, a lo largo del cual se encontraron con unos pocos 
caminos que conducan a casas y residencias veraniegas. Haba un par de 
estructuras perfectamente visibles, si bien la mayora estaban parcialmente 
ocultas detrs de los rboles y algunas totalmente tapadas por la 
vegetacin.
Cuanto ms se adentraban, menor era la luz del sol que llegaba al suelo del 
bosque y el humor de Rachael se oscureca al mismo ritmo que el paisaje. 
Llevaba la pistola sobre la falda y miraba con ansia a su alrededor.
Llegaron al final del camino asfaltado, pero siguieron medio kilmetro por 
otro de gravilla. Pasaron junto a otros dos caminos particulares, ms un par 
de furgonetas Dodge y una pequea caravana motorizada aparcada junto al 
camino, antes de llegar a un portaln cerrado. Estaba construido de tubo 
metlico, pintado de color azul claro, cerrado con un candado y no estaba 
sujeto a ninguna verja, por lo que su nica funcin era impedir el trfico 
rodado por el camino al otro lado del portaln, cuya superficie era todava 
peor que la del que haban circulado hasta entonces.
Firmemente sujeto en el centro del mismo, haba un letrero en blanco y 
negro que deca:
PROHIBIDA LA ENTRADA. PROPIEDAD PARTICULAR.
-Exactamente como te lo cont Sarah -dijo Ben.
Al otro lado del portaln se encontraba la propiedad de Eric Leben, su 
guarida secreta. La cabaa no era visible, ya que se hallaba otro medio 
kilmetro ms all, totalmente protegida por una espesa arboleda.
-No es demasiado tarde para dar la vuelta -dijo Rachael.
-S, lo es -replic Ben.
Se mordi el labio y asinti con tristeza. Quit cuidadosamente el doble 
seguro de su pistola.

Con el abridor elctrico, Eric cort la tapa de una enorme lata de potaje de 
verduras, se dio cuenta de que necesitaba una olla para calentarlo, pero 
estaba temblando demasiado para seguir esperando, por lo que decidi 
tomarse el potaje fro directamente de la lata, la arroj al suelo y se limpi 
despreocupadamente el caldo que le caa por la barbilla. No tena comida 
fresca en la cabaa, slo algunas cosas congeladas, sobre todo conservas, y 
decidi abrir una lata de tamao familiar de carne guisada, que comi 
tambin fra, con tanta rapidez que no dejaba de atragantarse.
Mastic la carne con una especie de jbilo manaco, rasgndola y 
desgarrndola entre los dientes con un extrao e intenso placer. Un placer 
como jams haba experimentado, primario, salvaje, que le deleitaba y 
asustaba simultneamente.
A pesar de que el guiso estaba perfectamente cocido y lo nico que deba 
hacer era calentarlo, e incluso a pesar de las especias y conservantes, Eric 
era capaz de oler los residuos de sangre que haba en la carne. Si bien el 
contenido de sangre era minsculo y perfectamente cocido, Eric lo 
perciba, no como un mero aroma lejano, sino como un olor avasallador, 
fuerte, un emocionante y perfectamente delicioso incienso orgnico, que 
haca que se estremeciera de emocin. Al respirar hondo, la fragancia de la 
sangre estuvo a punto de hacerle perder el conocimiento y era un nctar 
sobre su lengua.
Cuando acab con el guiso de carne fra, transcurridos apenas un par de 
minutos, abri una lata de alubias que comi todava con mayor rapidez, 
seguida de otra sopa, en esta ocasin de pollo con pasta y por fin comenz 
a aplacar ligeramente el hambre. Destap un bote de manteca de cacahuete, 
cogi una buena cantidad con los dedos y se la comi. No le gust tanto 
como la carne, pero saba que le convena, porque era rica en alimentos 
nutritivos que su acelerado metabolismo necesitaba. Sigui comiendo hasta 
vaciar prcticamente el bote y agotado de comer, jadeando, lo arroj en 
cualquier parte.
Senta an en su interior aquel ardor no doloroso, pero haba logrado 
mitigar considerablemente el hambre.
Vio de reojo a su to Barry Hampstead, sentado en una silla junto a la mesa 
de la cocina, que le sonrea. En esta ocasin, en lugar de ignorar al 
fantasma, Eric se le acerc.
-Qu quieres hijo de puta? -le pregunt con una voz grave, muy diferente 
a la de antes-. De qu te res, maldito depravado? Lrgate de aqu.
El to Barry comenz realmente a esfumarse, lo cual no le sorprendi, ya 
que se trataba de una mera ilusin de sus clulas cerebrales degeneradas.
Unas llamas irreales, que se alimentaban de las sombras, danzaban en la 
oscuridad ms all de la puerta del stano, que Eric haba dejado 
evidentemente abierta al regresar con el documento de Wildcard. Observ 
la hoguera especial. Como antes, presinti que auguraba algn misterio y 
sinti miedo. Sin embargo, con el valor infundido por su xito con el 
fantasma de Barry Hampstead, contempl fijamente las llamas rojas de 
bordes plateados, pensando que las ahuyentara o que por fin vera lo que 
ocultaban.
Entonces se acord del silln de la sala, junto a la ventana, desde donde 
haba estado vigilando. Una cadena de sucesos le haban distrado de su 
importante misin: una jaqueca inhabitualmente brutal, los cambios que 
haba experimentado en su rostro, el reflejo macabro del espejo, los 
documentos de Wildcard, su hambre atroz, la aparicin del to Barry y por 
ltimo el fuego fantasmagrico en la puerta del stano. Era incapaz de 
concentrarse en una sola cosa durante un tiempo prolongado y esta ltima 
prueba de disfuncin mental le oblig a lanzar un grito de frustracin.
Cruz la cocina, dndole una patada a una lata vaca de guiso de carne y a 
un par de latas de potaje, en direccin a la sala de estar, a su puesto de 
guardia abandonado.

Riiii, riiii, riiii, La nota nica del canto de las cigarras, montono al odo 
humano, pero seguramente lleno de significado para otros insectos, 
impregnaba el ambiente del bosque con su tono agudo y penetrante.
Detrs del coche alquilado, observando el bosque con mucha precaucin, 
Ben se llen los bolsillos de cartuchos para la escopeta y balas para el 
Combat Magnum. Rachael vaci el bolso y lo llen con el resto de las 
municiones. Evidentemente la cantidad de municin era excesiva, pero Ben 
no se opuso.
Llevaba la escopeta bajo el brazo, de modo que a la menor provocacin 
poda levantarla y dispararla en menos de un segundo.
Rachael llevaba su propia pistola y el Combat Magnum, uno en cada mano. 
Quera que Ben llevara el 357, adems de la Remington, pero no poda 
manejar ambas armas con eficacia y prefiri quedarse con la escopeta.
Entraron en la maleza slo para pasar al otro lado del portaln y volvieron 
al camino.
El sendero, cubierto por las copas de los rboles, tena cunetas a ambos 
lados, llenas de hierbajos secos crecidos durante la poca de las lluvias y 
marchitos por la aridez de la primavera y del verano. A unos doscientos 
metros de donde se encontraban, el sendero giraba hacia la derecha y 
desapareca. Segn Sarah Kiel, despus de la curva conduca directamente 
a la cabaa, que se encontraba a otros doscientos metros aproximadamente.
-Crees que es prudente acercarse por el camino? susurr Rachael, aunque 
a la distancia a que se encontraban, era imposible que sus voces se oyeran 
desde la cabaa.
-Creo que podemos seguirlo hasta la curva -respondi Ben, tambin en un 
susurro-. Mientras no podamos verle, l tampoco podr vernos a nosotros.
Rachael segua preocupada.
-Suponiendo que est en la cabaa -agreg Ben.
-Est ah -dijo Rachael.
-Tal vez.
-Est ah -insisti Rachael, sealando unas tenues huellas de neumtico en 
el sendero.
Ben asinti. Tambin las haba visto.
-A la espera -declar Rachael.
-No necesariamente.
-A la espera.
-Podra estar recuperndose.
-No.
-Incapacitado.
-No. Est listo para recibirnos.
Probablemente estaba tambin en lo cierto. Ben tena la misma sensacin 
que ella, la de un peligro inminente.
Curiosamente, aun a la sombra de los rboles, la cicatriz casi imperceptible 
de su mandbula, donde Eric la haba lastimado con un vaso, era visible, 
ms visible que a la luz normal. En realidad, a Ben le dio la impresin de 
que brillaba ligeramente, como si la cicatriz reaccionara ante la proximidad 
de su autor, del mismo modo en que las articulaciones de un artrtico se 
sensibilizan ante la proximidad de una tormenta.
Evidentemente era fruto de su imaginacin. La cicatriz no era ms 
conspicua que haca una hora. Aquella fantasa no era ms que una 
indicacin de lo mucho que tema perderla.
En el coche, de camino desde el lago, haba intentado convencerla de que 
se quedara atrs y le permitiese ocuparse solo de Eric. Rachael se haba 
opuesto a la idea, quizs porque tena tanto miedo de perderle a l, como l 
de perderla a ella.
Comenzaron a subir por el sendero.
Mientras avanzaban, Ben miraba intranquilo de un lado para otro, 
lamentablemente consciente de que la ladera de la montaa, densamente 
poblada de rboles, tenebrosa incluso en pleno da, estaba repleta de 
lugares en los que ocultarse (donde tenderles una trampa), a ambos lados 
del camino.
El aire estaba fuertemente impregnado de olor a resina, de la fragancia 
vigorosa y apetecible de las hojas secas de los pinos, y del perfume rancio 
de madera podrida.
Riii, riii, riii,

Haba regresado a su silln, con unos prismticos que record que 
guardaba en el armario del dormitorio. A los pocos minutos de instalarse 
junto a la ventana, antes de que su enfermiza mente se saliera por otra 
tangente, logr discernir cierto movimiento a unos doscientos metros, en la 
curva del sendero. Ajust el enfoque de los prismticos y, a pesar de las 
sombras del camino, logr distinguir a dos personas con toda perfeccin: 
Rachael y aquel cabrn de Shadway con el que se haba estado acostando.
No saba quin vendra a por l, aparte de Seitz, Knowls y los dems de 
Geneplan, pero la llegada de Rachael y Shadway era ciertamente 
inesperada. Qued atnito, incapaz de comprender cmo haban 
descubierto su paradero, aunque saba que la respuesta sera evidente si su 
mente funcionara con normalidad.
Estaban agachados junto al camino, bastante bien escondidos. Pero tenan 
que asomar un poco la cabeza para poder ver la cabaa y eso le bastaba a 
Eric para identificarlos con la ayuda de sus prismticos.
La presencia de Rachael le enfureci porque le haba rechazado. Era la 
nica mujer que lo haba hecho en su vida de adulto. La puta, la muy puta 
desagradecida! Adems, haba despreciado su dinero. Aun peor, en el 
confuso pantano de su tortuosa mente la consideraba responsable de su 
muerte, ya que prcticamente le haba asesinado al enfurecerle hasta el 
punto de distraerle y obligarle a cruzar la calle, sin percibir el camin que 
se acercaba. La crea incluso capaz de haber organizado su muerte, con el 
fin de heredar la fortuna que deca no interesarle. Claro, por supuesto, por 
qu no? Ahora ah estaba con su amante, con el individuo con quien se 
acostaba a su espalda, claramente dispuesta a rematar la obra del camin de 
basura.
Retrocedieron ms all de la curva, pero a los pocos segundos vio 
movimiento en la maleza, a la izquierda del sendero y comprob que se 
ocultaban entre los rboles. Se acercaran indirectamente y con mucha 
precaucin.
Eric dej caer los prismticos y se puso de pie, tambalendose, con un furor 
tan intenso que casi le aplastaba. Unos crculos de acero le compriman los 
pulmones y durante unos instantes fue incapaz de respirar. Entonces se 
rompieron y respir hondo.
-Oh, Rachael, Rchale! -exclam una voz que pareca de ultratumba-. 
Rachael, Rachael...!, -repiti encandilado.
Cogi el hacha que haba dejado en el suelo, junto al silln.
Se dio cuenta de que no poda utilizar el hacha y los dos cuchillos, por lo 
que eligi el de carnicero y dej el otro en el suelo.
Saldra por la puerta trasera, dara un rodeo y los sorprendera por la 
espalda. Era lo suficientemente astuto para lograrlo. Se senta como si 
hubiera nacido para cazar y matar.
Al cruzar apresuradamente la sala en direccin a la cocina, Eric vio una 
imagen en su ojo mental: le hunda el cuchillo en el abdomen, 
levantndolo, destripando su joven vientre. Lanz un chillido de emocin y 
estuvo a punto de caerse al tropezar con las latas vacas que haba en el 
suelo de la cocina, al apresurarse hacia la puerta trasera. Le hundira el 
cuchillo, una y otra vez. Y cuando se desplomara, con el cuchillo clavado 
en el vientre, se le acercara con el hacha, golpendola primero con el 
reverso de la misma, machacndole los huesos, rompindole los brazos y 
las piernas, y entonces le dara la vuelta a aquel asombroso instrumento, en 
sus manos extraas y poderosas, para descuartizarla con la hoja.
Cuando lleg a la puerta trasera, la abri de par en par y sali de la casa; se 
senta imbuido por aquel furor mesozoico que tanto le haba asustado antes, 
un furor fro y calculador, reminiscente de la memoria gentica de unos 
antepasados inhumanos. Despus de someterse por fin a ese furor 
primitivo, descubri sorprendido que la sensacin era agradable.

22.
A la espera de La Roca.

Jerry Peake, que no haba dormido en toda la noche, deba estar agotado, 
pero el hecho de ver a Anson Sharp humillado, le haba revitalizado ms 
que ocho horas entre las sbanas. Se senta maravillosamente.
Estaba de pie con su jefe, en el pasillo del hospital, junto a la habitacin de 
Sarah Kiel, a la espera de que Felsen Kiel saliera y les facilitara la 
informacin que necesitaban. Peake tena que hacer un esfuerzo 
considerable para no rerse de los rencorosos comentarios de su jefe, con 
relacin al granjero de Kansas.
-Si no fuera un campesino ignorante, le aplicara tanta presin que en 
Navidad no habran dejado de temblarle los dientes -deca Sharp-. Pero de 
qu servira? No es ms que un simple paleto de Kansas, que no sabe lo 
que se pesca. Sera como dar cabezazos contra un muro. De nada sirve 
enojarse con las paredes.
-As es -dijo Peake.
-Esas familias de campesinos, Peake -dijo Sharp pasendose por el pasillo, 
frente a la puerta cerrada de la habitacin de Sarah, mientras miraba 
fijamente a las enfermeras que pasaban-, all en las llanuras, se vuelven 
extraas porque se casan entre ellos, primo con prima, lo que los convierte 
en ms estpidos de generacin en generacin. Pero no slo estpidos, 
Peake; debido a ese sistema de reproduccin son tercos como mulas.
-No cabe duda de que el seor Kiel es muy obstinado -dijo Peake.
-Qu sentido tendra romperle la cara a ese paleto ignorante? Seguira sin 
enterarse de nada.
Peake no se atrevi a responderle. Necesitaba una voluntad sobrehumana, 
para evitar que se le dibujara una sonrisa en el rostro.
-Adems -repiti Sharp siete u ocho veces durante el transcurso de la 
prxima media hora-, es ms rpido dejar que se ocupe l de obtener la 
informacin de la chica. No es ms que una putita drogadicta con la 
mentalidad de una pulga, que probablemente ha tenido sfilis y purgaciones 
tantas veces, que su cerebro es como una papilla. Me parece que 
tardaramos muchas horas en sacarle algo. Pero cuando ese paleto ha 
entrado en la habitacin y he odo esa vocecita temblorosa con que le 
llamaba pap, he comprendido que le sonsacara la informacin con 
mucha ms rapidez que nosotros. He pensado que es mejor dejarle que nos 
facilite la labor.
Jerry Peake estaba maravillado de la audacia del subdirector para 
tergiversar lo que realmente haba ocurrido en la habitacin de Sarah. 
Tambin era posible que Sharp se estuviera convenciendo a s mismo de 
que no se haba retractado y de que haba manipulado con astucia a La 
Roca, para utilizarle en beneficio propio. Estaba lo suficientemente loco 
como para creer en sus propias mentiras.
En una ocasin, Sharp puso la mano sobre el hombro de Peake, no en plan 
de compaerismo, sino para asegurarse la atencin de su subordinado.
-Esccheme, Peake, no vaya a confundirse por mi modo de tratar a esa 
putita. El lenguaje soez que he utilizado, las amenazas, el pequeo dolor 
que le he causado al estrujarle la mano... mi	forma de manosearla... no 
significan absolutamente nada. Es slo una tcnica, comprende? Un buen 
mtodo para obtener respuestas rpidas. Si no se tratara de una crisis de la 
seguridad nacional, no lo habra hecho. Pero en algunas ocasiones, en 
situaciones como sta, tenemos que hacer cosas por nuestro pas que no 
merecen nuestra aprobacin, ni la de la patria. Nos comprendemos?
-S, seor, por supuesto -respondi Peake, sorprendido de su propia 
capacidad para simular convincentemente ingenuidad y admiracin-. Me 
asombra que tema que no lo hubiera comprendido. Personalmente, jams se 
me habra ocurrido enfocarlo de ese modo. Pero en el momento en que ha 
comenzado a trabajarla... he comprendido lo que estaba haciendo y he 
sentido admiracin por su pericia interrogatoria. Para m ha sido una gran 
oportunidad, seor. Me refiero a la de trabajar con usted, que tal como 
supona me ha permitido aprender muchsimo, ms all de mis 
expectativas.
Durante unos instantes Sharp le mir fijamente con sus verdes ojos de 
consistencia ptrea, con evidente suspicacia. A continuacin se relaj y 
decidi seguirle la corriente.
-Bien, me alegro de que as sea, Peake. A veces este trabajo puede ser 
desagradable. De vez en cuando, lo que uno se ve obligado a hacer puede 
hacerle sentirse sucio, pero jams debemos olvidar que lo hacemos por 
nuestra patria.
-S, seor, jams lo olvido.
Sharp asinti y volvi a pasear, murmurando.
Sin embargo, Peake saba que Sharp haba disfrutado intimidando y 
lastimando a Sarah Kiel, y que se haba regocijado inmensamente 
manosendola. Saba que Sharp era un sdico y un depravado, porque haba 
visto claramente sus sombros impulsos en la habitacin del hospital. Por 
muchas mentiras que le contara, Jerry Peake jams olvidara lo que haba 
visto. Lo aprendido sobre el subdirector colocara a Peake en una situacin 
muy ventajosa, a pesar de que an no tena ni la ms ligera idea de cmo 
utilizarlo.
Tambin haba descubierto que Sharp, en el fondo, era un cobarde. A pesar 
de su agresiva actitud y de lo imponente de su aspecto fsico, en un 
momento crucial el subdirector se acobardaba, incluso ante alguien menos 
corpulento que l, como La Roca, si el adversario se le enfrentaba con 
conviccin. Sharp no tena reparos en recurrir a la violencia siempre que 
estuviera claramente protegido por su posicin oficial, o cuando su 
adversario era lo suficientemente dbil y sumiso, pero se retractaba ante la 
ms mnima posibilidad de salir personalmente perjudicado. Esa 
informacin le otorgaba a Peake otra gran ventaja, pero tampoco saba an 
cmo utilizarla.
No obstante, estaba seguro de que llegara el da en que le sera til. La 
utilizacin reflexionada, ecunime y eficaz, de tales conocimientos era 
precisamente lo ms propio de un ser legendario.
Inconsciente de las dos armas que acababa de entregarle a Peake, Sharp se 
paseaba por el pasillo, con la impaciencia de un csar.
La Roca haba exigido media hora a solas con su hija. Transcurridos los 
treinta minutos, Sharp comenz a consultar el reloj con impaciencia.
-Maldita sea, concedmosle unos minutos ms. No creo que sea fcil 
sacarle nada coherente a esa putita drogada.
Peake asinti en un susurro.
Las miradas que Sharp diriga a la puerta eran cada vez ms furibundas. 
Por fin, cuarenta minutos despus de haber abandonado la habitacin, a 
instancias de La Roca, Sharp intent superar el miedo de una confrontacin 
con el granjero, diciendo:
-Tengo que hacer unas llamadas importantes. Estar en las cabinas del 
vestbulo.
-S, seor.
-Cuando ese paleto salga de la habitacin -dijo dndose la vuelta, despus 
de alejarse unos pasos-, tendr que esperarme tarde lo que tarde y no me 
importa que le moleste.
-S, seor.
-Le har bien tranquilizarse -agreg Sharp, alejndose por el pasillo, con la 
cabeza erguida, moviendo los hombros con aire de superioridad y 
evidentemente convencido de que su dignidad permaneca intacta.
Jerry Peake se apoy contra la pared del pasillo y se dedic a observar a las 
atractivas enfermeras, sonrindoles y charlando un poco con ellas cuando 
no tenan una prisa excesiva.
Sharp tard veinte minutos en regresar, otorgndole a La Roca una hora 
entera con Sarah, pero cuando acab con sus importantes llamadas, 
probablemente imaginarias, La Roca an no haba aparecido. Incluso un 
cobarde habra estallado en esas circunstancias y Sharp estaba furioso.
-Ese asqueroso removedor de estircol. Cmo se atreve a venir apestando 
a cuadra y entorpecer mi investigacin?
Le dio la espalda a Peake y se dirigi hacia la puerta de la habitacin de 
Sarah.
Haba dado un par de pasos cuando sali La Roca.
Peake se haba preguntado si Felsen Kiel tendra el aspecto tan 
impresionante al verle por segunda vez, como al entrar dramticamente en 
la habitacin de Sarah y sorprender a Anson Sharp en un acto de 
depravacin. Le produjo una enorme satisfaccin comprobar que el aspecto 
de La Roca era todava ms impresionante que antes. Tena un rostro 
fuerte, surcado, curtido por los elementos, unas enormes manos con 
nudillos gigantescos, un aire sereno y de inquebrantable seguridad en s 
mismo. Peake le observ con admiracin, corno si se tratara de un bloque 
de granito que haba cobrado vida.
-Caballeros, siento haberles hecho esperar. Pero estoy seguro de que 
comprendern que mi hija y yo tenamos mucho de que hablar.
-Confo en que usted tambin comprenda -le dijo Sharp, en un tono ms 
sosegado que antes- que el asunto que nos ocupa es de urgencia para la 
seguridad nacional.
-Mi hija dice que lo que quieren saber -dijo impasible La Roca- es si tiene 
alguna idea de dnde se oculta ese individuo llamado Leben.
-As es -afirm escuetamente Sharp.
-Me ha dicho algo sobre un muerto andante, que no he acabado de 
comprender, pero supongo que se debe al efecto de las drogas. No les 
parece?
-Son las drogas -asinti Sharp.
-El caso es que conoce un lugar donde es posible que se encuentre 
-prosigui La Roca-. Dice que ese individuo tiene una cabaa sobre el lago 
Arrowhead. Una especie de lugar secreto donde se refugia de vez en 
cuando -agreg sacndose un papel del bolsillo de la camisa-. He escrito 
estas indicaciones -aadi entregndole el papel a Peake, en lugar de 
drselo a Anson Sharp.
Peake le ech una ojeada al papel, comprob que la escritura de La Roca 
era muy meticulosa y se lo entreg a Sharp.
-Sepan que mi hija -dijo La Roca- era muy buena chica hasta hace tres 
aos, una hija excelente en todos los sentidos. Pero cay bajo el influjo de 
algn enfermo que comenz a suministrarle drogas y a llenarle la cabeza de 
tonteras. Entonces, con slo treces aos, era fcilmente impresionable, 
vulnerable, accesible.
-Seor Kiel, no tenemos tiempo de...
-Mi esposa y yo procuramos descubrir al responsable de su embrujo 
-prosigui La Roca, haciendo caso omiso a Sharp, a pesar de que le miraba 
fijamente-, pensando que deba de tratarse de algn alumno de la escuela 
mayor que ella, pero no logrbamos identificarle. Un buen da, despus de 
un ao infernal, Sarah huy de casa para irse a California, a vivir la buena 
vida. Eso fue lo que nos escribi en un papel; dijo que quera vivir la 
buena vida y que nosotros ramos campesinos anticuados, que no sabamos 
nada sobre el mundo, con la cabeza llena de ideas extraas. Supongo que se 
refera a la honradez, la sobriedad y al respeto. Hoy en da hay mucha gente 
que cree que eso son ideas extraas.
-Seor Kiel...
-En todo caso -continu La Roca-, al poco tiempo acab por enterarme de 
quin la haba corrompido. Era un profesor. No es increble? Un profesor, 
que se supone debe ser una figura de respeto. Un nuevo profesor de 
historia, joven. Les ped a las autoridades que le investigaran. La mayora 
de los dems profesores salieron en su defensa, oponindose a la 
investigacin, porque en la actualidad al parecer mucha gente cree que no 
tenemos derecho a protestar y que debemos limitarnos a pagarles el sueldo, 
mientras llenan de basura la cabeza de nuestros hijos. Dos terceras partes 
de los profesores...
-Seor Kiel -interrumpi Sharp, levantando un poco la voz-, lo que nos 
cuenta no tiene ningn inters para nosotros y...
-Lo tendr cuando hayan odo la historia completa -dijo La Roca-, se lo 
aseguro.
Peake saba que La Roca no divagaba, que hablaba con algn propsito y 
estaba ansioso por descubrirlo.
-Como le iba diciendo -prosigui La Roca-, dos terceras partes de los 
profesores y la mitad de la poblacin se pusieron contra m, como si fuera 
culpa ma. Pero acabaron descubriendo cosas mucho peores sobre el 
profesor de historia, ms graves que la distribucin y venta de drogas entre 
los estudiantes, y a fin de cuentas se alegraron de librarse de l. Entonces, 
despus de que le echaran, vino a verme a la granja, para tratar el asunto de 
hombre a hombre. Era un tipo corpulento, pero incluso en aquella ocasin 
estaba intoxicado, con marihuana o quizs algo peor, y no me result difcil 
darle su merecido. Lamento confesar que le romp ambos brazos, que no 
era lo que me propona.
Santo cielo! pens Peake.
-Pero aqu no acab todava la historia, porque result que su to era el 
presidente del mayor banco de nuestro condado, el mismo que nos concede 
los crditos en la granja. Todo hombre que permita que su rencor personal 
entorpezca su criterio comercial, es un imbcil, pero ese banquero 
evidentemente lo era, porque intent hacerme una mala jugada para darme 
una leccin, reinterpretando una de las clusulas del mayor de mis crditos, 
con la esperanza de anularlo y poner en riesgo mis tierras. A lo largo de un 
ao mi esposa y yo nos defendimos, llegando hasta los tribunales, y slo 
hace una semana que el banco se vio obligado a claudicar, aceptando un 
trato que me ha permitido pagar la mitad de mis crditos.
La Roca haba terminado y Peake comprenda su mensaje.
-Y bien? Todava no comprendo qu tiene que ver todo esto conmigo -dijo 
impacientemente Sharp.
-Creo que lo comprende perfectamente -le dijo La Roca sin levantar la voz, 
mirndole con tanta intensidad, que oblig al subdirector a dar un paso 
atrs.
Sharp baj la mirada, contempl el papel y se aclar la garganta.
-Eso es todo lo que necesitamos -dijo-. No creo que tengamos necesidad de 
volver a hablar con usted o con su hija.
-No sabe cunto me alegro de orselo decir. Maana regresar a Kansas y 
no me gustara que esto tuviera secuelas en nuestro condado.
Entonces La Roca mir a Peake, no a Sharp, y le sonri.
El subdirector se dio rpidamente la vuelta y se dirigi a toda prisa hacia el 
vestbulo. Peake le devolvi la sonrisa y sigui a su jefe.

23.
En la oscuridad del bosque.

Riiii, riii, riii, riii... Al principio a Rachael le resultaba agradable el canto de 
las cigarras, que le recordaban las salidas y excursiones de la escuela, as 
como los paseos por el monte en su poca universitaria. Sin embargo, el 
ruido penetrante pronto comenz a irritarla. Ni los matorrales ni las copas 
de los enormes rboles mitigaban el escndalo de los insectos. Cada una de 
las molculas del aire seco y fresco pareca vibrar con aquel sonido 
rasposo, que no tard en penetrar tambin hasta sus dientes y sus huesos.
Su reaccin se deba tambin en parte al hecho de que Benny, de pronto, 
estaba convencido de haber odo algn ruido en los matorrales, que no 
formaba parte del sonido natural del bosque. Maldijo a los insectos en 
silencio, deseando que se callaran, para poder or algn ruido fuera de lo 
normal, tal como el crujido de ramas o el movimiento de los matorrales, 
provocado por el paso de algo ms slido que el viento.
El Combat Magnum estaba en su bolso y en la mano llevaba slo la pistola 
del 32. Haba descubierto que necesitaba una mano para abrirse camino 
entre los matorrales y agarrarse a alguna rama para avanzar por el terreno 
difcil y empinado. Pens en sacar el 357 de su bolso, pero el ruido de la 
cremallera habra delatado su posicin si haba alguien al acecho.
Alguien. Qu forma tan cobarde de evadir la realidad. Con toda seguridad, 
slo poda haber una persona al acecho: Eric.
Ella y Benny se haban desplazado en direccin sur por la ladera de la 
montaa, vislumbrando de vez en cuando la cabaa a unos doscientos 
metros, procurando interponer rboles, matorrales y rocas entre ellos y las 
enormes ventanas de la casa, que le recordaban a unos gigantescos ojos 
rectangulares. Treinta metros ms all de la cabaa, haban girado hacia el 
este, montaa arriba, por un camino tan empinado que se vieron obligados 
a desplazarse con mucha mayor lentitud que antes. La intencin de Benny 
era rodear la cabaa y acercarse por detrs. Despus de ascender slo cien 
metros y encontrarse todava treinta metros al sur de la cabaa, Benny oy 
un ruido, se detuvo, se coloc al abrigo del tronco de un abeto de casi un 
metro de dimetro, lade la cabeza y levant la escopeta.
Riiii, riiii, riiii...
Adems del canto incesante de las cigarras, que haba continuado a pesar 
de ellos y evidentemente no cesara por la presencia de otra persona, se oa 
el molesto ruido del viento. La brisa que se haba levantado cuando salan 
de la tienda junto al lago, haca menos de tres cuartos de hora, ahora era 
evidentemente ms fuerte. Sin embargo, era apenas perceptible a ras de 
suelo en el bosque. Pero las altas copas de los rboles se movan inquietas y 
se oa una especie de aullido quejumbroso, producido por el viento que se 
filtraba entre las ramas ms altas.
Rachael se qued muy cerca de Benny, pegada al tronco del abeto. Su 
corteza spera le lastimaba la piel, incluso a travs de la blusa.
Tena la impresin de que haban quedado paralizados, escuchando 
atentamente y escudriando el bosque, durante por lo menos un cuarto de 
hora, aunque saba que no poda haber transcurrido ms de un minuto. 
Entonces, cautelosamente, Benny sigui escalando, desvindose 
ligeramente hacia la derecha, para seguir un camino prcticamente 
desprovisto de hojarasca. Rachael le segua muy de cerca. Unos hierbajos 
secos como el papel les acariciaban de vez en cuando las piernas. Tenan 
que andar con cuidado para no pisar las piedras sueltas, que haban cado al 
fundirse las ltimas nieves, pero avanzaban con mayor rapidez que antes.
El nico problema con el nuevo camino era la maleza a ambos lados del 
mismo. La vegetacin, parte seca y parte verde, era espesa y apiada a 
ambos lados del camino, con muy pocas brechas por las que Benny y 
Rachael pudieran observar el bosque. Tema que Eric saltara entre los 
matorrales y los atacase. La tranquilizaban la abundancia de zarzas y los 
enormes espinos de algunos de los matorrales, que obligaran a cualquiera a 
pensrselo dos veces antes de cruzarlos.
Por otra parte, habiendo regresado ya de la muerte, le preocupara a Eric 
un obstculo tan insignificante como los espinos?
Slo haban avanzado otros diez o quince metros cuando Benny qued de 
nuevo inmvil, parcialmente agachado para presentar un blanco ms 
reducido y levant lentamente la escopeta.
En esta ocasin Rachael tambin oy un movimiento de piedrecitas.
Riiii, riiii...
Un suave paso de un zapato de cuero caminando sobre piedra.
Mir de un lado para otro, hacia arriba y hacia abajo, pero no vio 
movimiento alguno relacionado con el ruido.
La insinuacin de algo que se mova entre los matorrales, con mayor 
decisin que el viento.
Eso era todo.
Transcurrieron diez segundos sin que ocurriera absolutamente nada.
Veinte.
Escudriando la vegetacin del bosque, Benny ya no conservaba vestigio 
alguno de la imagen que sola proyectar, como simple vendedor de 
propiedades inmobiliarias. Sus agradables y excepcionales facciones eran 
ahora dignas de contemplacin. La intensidad de la concentracin pareca 
agudizarle el ceo, las mejillas y la mandbula; el sentido instintivo del 
peligro y la determinacin animal de supervivencia eran evidentes en su 
mirada con los ojos entornados, en la apertura de las ventanas de su nariz y 
en la posicin de los labios, dibujando una sonrisa carente de humor, 
salvaje. Estaba perfectamente concentrado, consciente de todas y cada una 
de las sutilezas del bosque, y slo de mirarle, Rachael comprendi que sus 
reflejos eran instantneos. ste era el trabajo para el que haba sido 
formado: cazar y no ser cazado. El hecho de que pretendiera centrarse en el 
pasado, pareca una fantasa o un engao, ya que no caba la menor duda de 
que estaba perfectamente capacitado para concentrarse plena y 
poderosamente en el presente, como lo haca ahora.
Las cigarras.
El viento en la parte alta del bosque.
El canto ocasional de algn pjaro en la lejana.
Nada ms.
Treinta segundos.
Se suponan que ellos deban ser los cazadores en el bosque, pero de pronto 
parecan haberse convertido en presa y dicha inversin frustraba y 
aterrorizaba a Rachael. La necesidad de guardar silencio le resultaba 
inaguantable, deseaba chillar, insultar a Eric, desafiarle. Quera gritar.
Cuarenta segundos.
Con suma cautela, Benny y Rachael siguieron caminando montaa arriba.
Rodearon la enorme cabaa, hasta el borde del bosque en la parte posterior 
de la misma, sin dejar de ser, o creer ser, acechados a cada paso. Se 
detuvieron otra media docena de veces, incluso despus de haberse alejado 
del camino para seguir andando por el bosque, reaccionando ante algn 
ruido anormal. Algunas veces era la fractura de alguna ramita, o alguna 
friccin inidentificable, tan cerca, lo que le haca pensar que su perseguidor 
deba estar a pocos pasos y ser fcilmente visible, pero no distinguieron 
nada.
Por fin, doce metros detrs de la cabaa, cerca del borde de la arboleda 
donde an los protega la penumbra del bosque, se agacharon tras un 
bloque de granito incrustrado en la tierra que recordaba una dentadura 
desgastada y corroda por la caries.
-Debe de haber muchos animales en estos bosques -susurr Benny-. Eso es 
probablemente lo que hemos odo.
-Qu clase de animales? -pregunt Rachael, en un susurro.
-Ardillas, zorros -respondi Benny, con una voz tan suave que apenas era 
audible-. A estas alturas... puede que haya incluso algn lobo. No puede 
haber sido Eric. De ningn modo. No ha recibido la preparacin ni el 
entrenamiento necesarios para permanecer silencioso y oculto con tanta 
eficacia y durante tanto rato. De haber sido l, le habramos visto. Adems, 
si est tan enloquecido como crees, habra intentado atacarnos por el 
camino.
-Animales -dijo poco convencida.
-Animales.
Con la espalda contra la dentadura de granito, Rachael escudri el bosque 
que acababa de cruzar, fijndose en cada sombra y forma extraa.
Animales. Nadie al acecho. Slo el ruido de diversos animales con cuyos 
caminos se haban cruzado. Animales.
En ese caso, por qu tena an la sensacin de que desde aquel bosque 
algo la observaba y la reclamaba?
-Animales -repiti Benny.
Satisfecho con su propia explicacin, dej de observar el bosque, se 
incorpor ligeramente y asom la cabeza por encima de la formacin 
grantica cubierta de lquenes, para observar la parte posterior de la guarida 
secreta de Eric.
Rachael, no demasiado convencida de que el nico peligro poda proceder 
de la cabaa, se incorpor, apoyando una cadera y un hombro contra la 
roca, y adopt una posicin que le permita concentrarse alternativamente 
en el edificio rstico que tenan delante y en el bosque que quedaba a su 
espalda.
Detrs de la casa, construida en una amplia terraza entre pendientes, haba 
una zona de doce metros de anchura diseada como jardn, iluminada en su 
mayor parte por el sol estival. El csped slo haba crecido en algunas 
reas, porque el terreno era rocoso. Adems, al parecer Eric no haba 
instalado ningn sistema de riego, por lo que el escaso csped slo crecera 
despus de que se fundieran las nieves y antes del rido verano. Despus de 
un par de semanas de muerto, lo haban segado dejndolo corto, seco y de 
color castao. Sin embargo, los parterres, evidentemente irrigados por un 
sistema de gota a gota, llenaban el porche de madera barnizada, que se 
extenda a lo largo de la fachada posterior de la casa, con un enjambre de 
flores amarillas, naranjas, rojas como el fuego, color vino tinto, rosas, 
blancas y azules, que se mecan y estremecan en la racheada brisa, adems 
de rascamoos, geranios, margaritas, crisantemos y muchas flores ms.
La cabaa estaba construida con troncos entrelazados y hormign, pero no 
era una estructura barata, sino muy sofisticada. El acabado pareca perfecto, 
como si Eric hubiera gastado una fortuna en su construccin. Se elevaba 
sobre cimientos invisibles de piedra y hormign, con unos enormes 
ventales en la fachada, dos de los cuales estaban abiertos para facilitar la 
ventilacin. El techo de pizarra negra mantena alejadas a las polillas y a 
las ardillas, atradas por las tejas, y haba incluso una antena parablica 
para garantizar una buena recepcin televisiva.
La puerta trasera, abierta de par en par y rodeada de hermosas flores, deba 
haberle dado a la casa un aspecto autnticamente acogedor. Sin embargo, a 
Rachael le pareca ms bien una invitacin a una trampa, tendida para 
desarmar a la vctima que se dejara llevar por las apariencias.
Por supuesto entraran de todos modos. sa era la razn de su viaje: entrar 
y hallar a Eric. Pero no tena por qu gustarle.
-Es imposible acercarse cautelosamente, no hay dnde ocultarse -susurr 
Benny, despus de examinar la cabaa-. Lo mejor, dadas las circunstancias, 
es acercarse corriendo y agacharse junto a la baranda del porche.
-De acuerdo.
-Probablemente lo ms inteligente ser que t te quedes aqu, mientras yo 
me acerco a la casa y comprobemos si tiene un arma y comienza a 
dispararme. Si no hay disparos, me sigues.
-Quedarme sola?
-No me alejar demasiado.
-Hasta un metro es demasiado.
-Slo nos separaremos un minuto.
-Eso es exactamente sesenta veces lo que soy capaz de soportar sola aqu 
-dijo Rachael examinando el bosque, repleto de sombras y formas no 
identificables, que parecan haberse acercado mientras estraba distrada-. 
De ningn modo, vamos juntos.
-Me lo imaginaba.
Una racha de viento tempestuoso barri el patio, levantando el polvo, 
azotando las flores y Rachael sinti su presin en el rostro y en el permetro 
del bosque.
Benny se acerc al borde de la formacin grantica, con la escopeta en 
ambas manos, mirando por la esquina, echndole una ltima ojeada a las 
ventanas de la casa para asegurarse de que no haba nadie tras ellas.
Las cigarras haban dejado de cantar.
Qu significaba su inesperado silencio?
Antes de podrselo comentar a Benny, ste sali disparado, alejndose de 
la proporcin del bosque. Cruz el escaso y seco csped del patio con la 
rapidez de una centella.
Impulsada por la sensacin electrificante de que en el bosque a su espalda 
le acechaba una fuerza asesina, a punto de agarrarla del cabello y arrastrarla 
hacia la maleza, Rachael se lanz tras su compaero, abandonando las 
rocas y los rboles, para salir a campo abierto. Alcanz la baranda del 
porche en el momento en que l se agachaba junto a los escalones.
Sin respiracin, se inclin junto a l, para mirar el bosque. Le cost creerlo, 
pero nadie la segua.
Con rapidez y agilidad, Benny subi los escalones, se coloc junto a la 
puerta, de espaldas contra los troncos de la pared, y escuch por si oa 
algn ruido en el interior del edificio. Evidentemente no oy nada, porque 
abri la puerta mosquitera y entr agachado, apuntando siempre con la 
escopeta.
Rachael le sigui hasta la cocina, mayor y mejor equipada de lo que 
supona. Sobre la mesa haba un plato con restos de salchichas y galletas. 
Tiradas por el suelo haba varias latas vacas y un tarro, tambin vaco, de 
manteca de cacahuete.
La puerta del stano estaba abierta. Benny la cerr cautelosamente, 
ocultando los escalones que descendan hacia un tenebroso ms all.
Sin que nadie se lo dijera, Rachael cogi una silla de la cocina con una 
mano, la acerc a la puerta, inclin el respaldo contra la manecilla y la 
encaj, creando una eficaz barricada. No podan ir al stano antes de 
examinar debidamente la cabaa, ya que si Eric se encontraba en alguna de 
las salas de la planta baja, podra entrar en la cocina en el momento en que 
bajaran, cerrar la puerta y encerrarles en el oscuro stano. Por el contrario, 
si era l quien se encontraba all, podra subir mientras le buscaban por 
otras partes del edificio y acercrseles por la espalda, posibilidad que 
acababan de excluir cerrando la puerta.
Se dio cuenta de que Benny se alegraba de la percepcin que haba 
mostrado al atrancar la puerta. Formaban un buen equipo.
Con la ayuda de otra silla, atranc otra puerta que conduca probablemente 
al garaje. Si Eric estaba ah, evidentemente podra escapar por la puerta 
levadiza, pero le oiran desde cualquier lugar de la cabaa y sabran dnde 
se encontraba.
Se quedaron un momento en la cocina, escuchando. Lo nico que Rachael 
poda or era el susurro del viento que se filtraba por la mosquitera de la 
ventana abierta de la cocina, acariciando con un suspiro los aleros del 
profundo tejado de pizarra.
Agachado y con rapidez, Benny cruz la puerta que daba a la sala de estar, 
sin dejar de mirar a su alrededor. Le hizo una sea a Rachael de que el 
campo estaba libre y ella le sigui.
En la sala ultramoderna, la puerta principal de la cabaa estaba abierta, 
aunque no de par en par como la posterior. Unas doscientas hojas de papel, 
una par de cuadernos con su cubierta negra de plstico y diversas carpetas 
estaban esparcidas por el suelo, algunas arrugadas y rasgadas.
Tambin en el suelo, junto a un silln frente a una enorme ventana, haba 
un cuchillo dentado de tamao medio, muy puntiagudo. Un par de rayos 
que se filtraban por los rboles del bosque entraban por la ventana y uno de 
ellos rozaba la hoja de acero del cuchillo, con un brillo ondulado a lo largo 
de su filo.
Benny lo contempl preocupado, antes de dirigirse hacia una de las tres 
puertas que haba en la sala, adems de la de la cocina.
Rachael iba a coger unas hojas para examinarlas, pero cuando Benny se 
movi, le sigui.
Dos de las puertas estaban cerradas, pero la que Benny eligi se encontraba 
entreabierta. La empuj con el can de la escopeta y entr con su 
precaucin habitual.
Protegiendo la retaguardia, Rachael se qued junto a la puerta, desde donde 
poda vigilar la puerta final abierta, las dos puertas cerradas, la puerta 
abovedada que daba a la cocina y tambin el interior de la habitacin donde 
Benny haba entrado. Se trataba de un dormitorio, destrozado como el de la 
mansin de Villa Park y la cocina de Palm Springs, lo que demostraba que 
Eric haba estado all y que haba sufrido otro ataque frentico de ira.
En el dormitorio, Benny hizo girar cuidadosamente una de las enormes 
lunas del armario, mir con precaucin en su interior, pero aparentemente 
no vio nada de inters. A1 dirigirse hacia el bao, sali del campo de visin 
de Rachael.
Ella mir nerviosamente hacia la puerta principal, el porche de la entrada, 
el arco de la cocina y cada una de las puertas cerradas.
En el interior de la cabaa, el profundo silencio era todava ms 
sobrecogedor. Curiosamente, aquella quietud le produca a Rachael el 
mismo efecto que el crescendo de una sinfona, aumentando su tensin, 
convencida de que con su crecimiento se acercaba el momento cumbre de 
la obra.
Maldita sea, Eric, dnde ests? Dnde ests, Eric?
Pareca que haca siglos que Benny haba desaparecido. Imbuda por el 
pnico, estaba a punto de llamarle, cuando finalmente reapareci, sano y 
salvo, moviendo la cabeza para indicar que no haba hallado a Eric ni nada 
de inters.
Descubrieron que las otras puertas daban a dos habitaciones, con un bao 
compartido entre ambas, aunque Eric no haba instalado camas en ninguna 
de ellas. Benny las examin, mir en los armarios y en el bao compartido, 
mientras Rachael vigilaba primero desde una puerta y despus desde la 
otra. Comprob que en la primera haba unas estanteras llenas de libros, un 
escritorio y un ordenador, mientras que la segunda estaba completamente 
vaca.
Cuando comprendi que Benny no iba a encontrar a Eric en esta parte de la 
cabaa, Rachael se agach para coger unas hojas del suelo, que vio que 
eran fotocopias y les ech una rpida ojeada. Cuando Benny regres, saba 
lo que haba hallado y tena el pulso muy acelerado.
-Es la documentacin de Wildcard -le dijo en voz baja-. Deba de tener una 
copia guardada aqu.
Rachael comenz a recoger papeles, pero Benny la interrumpi.
-Antes tenemos que encontrar a Eric -le susurr.
Asinti y volvi a dejarlos con cierta reticencia.
Benny se acerc a la puerta principal, abri la crujiente mosquitera tan 
silenciosamente como pudo y examin el porche de la entrada para 
asegurarse de que estaba desierto. Entonces Rachael le sigui de nuevo a la 
cocina.
Retir la silla que haba colocado contra la puerta, la abri y se retir 
mientras Benny apuntaba hacia el agujero con la escopeta.
Eric no apareci gruendo de la oscuridad.
Con gotitas de sudor en la frente, Benny se acerc, busc el interruptor, 
encendi las luces y se ilumin el stano.
Rachael tambin sudaba. A1 igual que Benny, su transpiracin no tena 
nada que ver con el calor veraniego.
Segua sin ser recomendable que le acompaara al stano, desprovisto de 
ventanas. Eric poda estar en el exterior, observando la casa, dispuesto a 
entrar en el momento oportuno, lo que le permitira llegar a la cocina y 
atacarlos en el momento ms vulnerable, en medio de las escaleras. Se 
qued en el umbral, desde donde poda mirar hacia el stano sin perder de 
vista la totalidad de la cocina, incluido el arco que daba a la sala de estar y 
la puerta posterior abierta.
Benny descendi por la escalera de madera, con menor ruido del que 
pareca humanamente posible, sin poder evitar, no obstante, algn que otro 
crujido. Al principio Rachael vea su sombra proyectada contra la pared, 
distorsionada y magnificada por el ngulo de la luz, pero al adentrarse le 
perdi de vista.
Mir hacia el arco y la parte de la sala que vislumbraba segua desierta y 
silenciosa.
En direccin opuesta, junto a la puerta trasera, una enorme mariposa 
amarilla mova lentamente las alas, junto a la tela mosquitera.
Se oy un ruido en el stano, nada espectacular, como si Benny hubiera 
tropezado con algo.
Mir hacia abajo. No vio a Benny ni ninguna sombra.
Hacia el arco: nada.
En la puerta posterior, slo la mariposa.
Ms ruido en el stano, ahora ms suave.
-Benny? -dijo en un suspiro.
No respondi. Probablemente no la haba odo. Haba hablado en un tono 
apenas perceptible.
El arco, la puerta trasera...
La escalera. Benny segua sin dar seales de vida.
-Benny -repiti un momento antes de ver una sombra.
Inicialmente el corazn le dio un vuelco, porque la sombra pareca extraa, 
pero Benny apareci, se le acerc y ella suspir de alivio.
-Lo nico que hay ah abajo es una caja fuerte abierta, detrs del calentador 
de agua -explic Benny al llegar a la cocina-. Est vaca, o sea, que 
seguramente era ah donde guardaba la documentacin desparramada por la 
sala.
Rachael quera bajar el arma, echarle los brazos al cuello, abrazarle y darle 
infinidad de besos, por el solo hecho de haber regresado vivo del stano. 
Quera que supiera lo feliz que se senta de verle, pero todava tenan que 
explorar el garaje.
Una vez ms, sin necesidad de hablarse, Rachael retir la silla atrancada 
contra la puerta y la abri, mientras Benny la cubra con la escopeta. Eric 
segua brillando por su ausencia.
Benny se qued en el umbral, palp en busca del interruptor, lo hall, pero 
la iluminacin del garaje era muy tenue. Incluso con una pequea ventana 
que haba en la pared, estaba bastante oscuro. Hall otro interruptor, que 
abra la puerta levadiza. Se levant con mucho traqueteo y la luz brillante 
del sol inund la estancia.
-Eso est mejor -dijo Benny, entrando en el garaje.
Rachael le sigui y vio su Mercedes negro 560 SEL, lo que constitua una 
prueba adicional de que Eric haba estado all.
Al abrirse la puerta se haban levantado partculas de polvo que flotaban en 
el aire. Entre las vigas del techo, las laboriosas araas haban tejido 
infinidad de telas que parecan de seda.
Rachael y Benny dieron cautelosamente la vuelta al coche, mirando por las 
ventanas, vieron las llaves en el contacto, e incluso miraron debajo del 
vehculo. Pero Eric brillaba por su ausencia.
Un sofisticado banco de trabajo se extenda de un extremo al otro de la 
pared posterior del garaje. Sobre el mismo estaban colgadas las 
herramientas, cada una sobre su dibujo correspondiente. Rachael se dio 
cuenta de que el hacha no estaba en su lugar, pero no le dio importancia 
porque a quien buscaban era a Eric y no estaban all para hacer un 
inventario.
En el garaje no haba suficiente espacio para ocultarse.
-Estoy empezando a pensar -dijo Benny, sin preocuparse ya de hablar en 
voz baja- que ha estado aqu, pero ha vuelto a marcharse.
-Sin embargo, ste es su Mercedes.
-En este garaje hay espacio para dos vehculos. Puede que siempre tenga 
aqu otro coche, como un jeep o una furgoneta con traccin en las cuatro 
ruedas, para circular por el bosque. Tal vez sepa que es posible que los 
federales le busquen y, puesto que conocen su coche, haya decidido utilizar 
el jeep o lo que sea.
Rachael observ el Mercedes negro, que estaba all como un animal 
descansando. Observ las telaraas del techo. Mir hacia el sendero que 
conduca al garaje. La quietud de las montaas que los rodeaban no era tan 
imponente como a su llegada. No tenan un aspecto sereno, tranquilo, ni 
por supuesto acogedor, pero no eran tan amenazadoras como antes.
-Hacia dnde se dirigira? -pregunto Rachael.
-No lo s -respondi Benny, encogindose de hombros-. Pero si registro 
meticulosamente la cabaa, puede que halle algo que me lo indique.
-Tenemos tiempo para un registro? Anoche, cuando dej a Sarah Kiel en 
el hospital, no saba que los federales seguiran esta misma pista. Le dije 
que no hablara con nadie de lo ocurrido y que no revelara el paradero de 
este lugar. Pens que en el peor de los casos, seran los socios de Eric 
quienes andaran husmeando, intentando sonsacarle algo e imagin que 
sabra cmo tratarlos. Pero no lograr detener al gobierno. Y si cree que 
somos unos traidores, incluso pensar que hace lo ms correcto al 
revelrselo. Por lo tanto, tarde o temprano llegarn.
-Estoy de acuerdo -dijo Benny, contemplando pensativo el Mercedes.
-Entonces no tenemos tiempo de preocuparnos del paradero de Eric. 
Adems, lo que hay en el suelo de la sala es una copia de la documentacin 
de Wildcard. Lo nico que tenemos que hacer es recogerla, largarnos y 
tendremos la prueba que necesitamos.
-La documentacin es importante -respondi Benny, moviendo la cabeza-, 
puede que incluso sea crucial, pero no estoy seguro de que nos baste.
Rachael se paseaba agitada, con su pistola del 32 apuntando hacia el techo, 
por si se le disparaba accidentalmente, para que no rebotara la bala contra 
el suelo de hormign.
-Escchame, ah tenemos la historia completa en blanco y negro. Lo nico 
que debemos hacer es mostrrsela a la prensa...
-En primer lugar -objet Benny-, sospecho que esta documentacin est 
repleta de lenguaje tcnico, resultados de laboratorio, frmulas e 
informacin que un periodista ser incapaz de comprender. Tendr que 
recurrir a un buen genetista para que se la traduzca.
-Y bien?
-Puede que el genetista sea incompetente o simplemente demasiado 
conservador para dar crdito a sus ojos y, en ambos casos, le diga al 
periodista que se trata de un engao.
-Eso podemos superarlo. Seguiremos buscando hasta encontrar un genetista 
que...
-Hay algo peor -interrumpi Benny-. Puede que el periodista acuda a un 
genetista que tambin investigue para el Pentgono. No te parece lgico 
suponer que los agentes federales se habrn puesto en contacto con muchos 
cientficos especializados en ingeniera gentica, para advertirles de que es 
posible que alguien les muestre la documentacin robada de un proyecto 
muy secreto, con el fin de que analicen su contenido?
-Los federales no pueden saber cul es mi intencin.
-Si te tienen fichada, y no te quepa duda de que as es, te conocen lo 
suficiente para suponer cules pueden ser tus planes.
-De acuerdo -reconoci a regaadientes.
-Por consiguiente, cualquier cientfico que reciba dinero del Pentgono, 
estar ansioso por complacer al gobierno, con el fin de que no interrumpan 
su subvencin y con toda seguridad se lo comunicar en el momento en que 
la documentacin llegue a sus manos. Qu duda cabe de que no se 
arriesgar a perder su dinero, o a que le demanden ante los tribunales por 
violar secretos de estado, por lo que en el mejor de los casos mandar al 
periodista a frer esprragos, con la documentacin, y mantendr la boca 
cerrada. Eso es lo mejor que puede ocurrir. Lo ms probable es que 
entregue al periodista a los federales y que el periodista nos entregue a 
nosotros. La documentacin ser destruida y nosotros probablemente 
tambin.
Rachael no quera dar crdito a sus odos, pero saba que haba parte de 
verdad en ello.
En el bosque, las cigarras haban empezando nuevamente a cantar.
-Entonces, qu haremos ahora? -pregunt.
Evidentemente Benny haba estado pensando en lo mismo, mientras iba de 
una habitacin a la otra de la cabaa sin encontrar a Eric, ya que le 
respondi inmediatamente:
-Con Eric y la documentacin en nuestras manos, nuestra posicin ser 
mucho ms slida. No tendremos slo un puado de papeles con 
informacin crptica, que apenas un puado de personas son capaces de 
descifrar. Tendremos tambin a un muerto andante, con el crneo 
magullado, lo que es lo suficientemente espectacular como para garantizar 
el inters de cualquier peridico o cadena de televisin, que se ocuparn de 
la historia antes de que los expertos expresen su opinin sobre la 
documentacin. Entonces ya no habr ninguna razn para que el gobierno 
intente hacernos callar. Cuando Eric haya aparecido en las pantallas de 
televisin, su fotografa haya sido publicada en la portada de Time y 
Newsweek, el National Enquirer tenga material para una dcada y David 
Letterman se dedique a hacer chistes sobre zombis todas las noches, ya no 
tendr sentido silenciarnos a nosotros.
Benny respir hondo y Rachael tuvo el presentimiento de que iba a 
proponerle algo que no le gustara en absoluto.
Cuando ste prosigui, se confirm su corazonada.
-Como ya te he dicho, necesito registrar meticulosamente la cabaa, en 
busca de alguna pista que nos indique dnde se ha metido Eric. Pero las 
autoridades pueden aparecer de un momento a otro. Ahora que tenemos 
una copia de la documentacin de Wildcard, no podemos arriesgarnos a 
perderla, por consiguiente t debes marcharte con los papeles mientras yo...
-Ests sugiriendo que nos separemos? -pregunt Rachael-. De ningn 
modo.
-Es nuestra nica salida, Rachael. Debemos...
-No.
La idea de dejarle solo la aterrorizaba.
Slo de pensar que ella tambin estara sola, le resultaba insoportable y se 
dio cuenta de lo estrechos que haban llegado a ser los lazos que los unan 
en las ltimas veinticuatro horas.
Le quera. Slo Dios saba cunto le quera.
La mir tierna y confiadamente con sus ojos castaos, y le habl en un tono 
que, sin ser paternalista ni agresivo, rebosaba autoridad y razn, no daba 
pie al debate, probablemente aprendido en Vietnam, en momentos de crisis, 
para hablar con soldados.
-Llvate la documentacin de Wildcard, haz varias copias, manda unas 
cuantas a amigos dispersos por diversos lugares y esconde otras donde 
puedas hacerte con ellas rpidamente. Entonces ya no tendremos que 
preocuparnos de perder la nica copia o de que alguien nos la quite. 
Estaremos bien asegurados. Entretanto, registrar meticulosamente la 
cabaa, para ver lo que descubro. Si encuentro algo que indique el paradero 
de Eric, me reunir contigo en un lugar convenido e iremos juntos a por l. 
Si no descubro ninguna pista, me reunir de todos modos contigo y nos 
esconderemos juntos, hasta que decidamos cul ser nuestro prximo paso.
Rachael no quera marcharse y dejarle solo. Eric poda merodear todava 
por los alrededores. O podan aparecer los federales. En cualquier caso 
Benny poda perder la vida. Sin embargo su razn para separarse era 
convincente. Maldita sea, tena razn.
-Si me marcho sola y cojo el coche, cmo te las arreglars para salir de 
aqu? -le pregunt de todos modos.
Benny consult el reloj, no porque quisiera saber la hora, sino para 
recordarle que el tiempo transcurra.
-Deja el Ford para m -le dijo-. Hay que deshacerse pronto de l, porque es 
posible que la polica lo haya identificado. T cogers el Mercedes y yo 
utilizar el coche alquilado, slo para llegar a algn lugar donde pueda 
cambiar de vehculo.
-El Mercedes tambin lo estarn buscando.
-Por supuesto. Pero en la orden de busca se especifica un 560 SEL negro, 
con un nmero de matrcula determinado, conducido por un hombre cuya 
descripcin se ajuste a la de Eric. La conductora sers t, no l y 
cambiaremos la matrcula por una de los coches aparcados en el sendero de 
gravilla, en la ladera de la montaa, solucionando as el problema.
-No estoy segura.
-Yo s lo estoy.
Acurrucndose como si en lugar de junio fuera noviembre, Rachael dijo:
-Y dnde nos encontraremos?
-En Las Vegas -respondi Benny.
-Por qu all? -pregunt sorprendida.
-El sur de California est que arde para nosotros. No me sentira seguro si 
nos escondiramos por aqu. Pero si vamos a Las Vegas, all dispongo de 
un lugar.
-Qu lugar?
-Soy propietario de un motel, en el bulevar Tropicana, al oeste de la 
avenida.
-T operas en Las Vegas? El anticuado y observador Benny Shadway 
operador de Las Vegas?
-Mi empresa inmobiliaria ha realizado varias transacciones en Las Vegas, 
pero no creo que se me pueda definir como un operador. Mis operaciones 
son una insignificancia. En esta ocasin se trata de un viejo motel, con slo 
veintiocho habitaciones y una piscina. Adems no est en muy buenas 
condiciones. En realidad, actualmente est cerrado. Hace slo un par de 
semanas que se cerr el trato y vamos a derribarlo el mes prximo para 
construir un nuevo edificio de sesenta unidades, con un restaurante. 
Todava tiene electricidad. Las dependencias del director estn bastante 
deterioradas, pero tienen cuarto de bao en funcionamiento, algunos 
muebles, telfono... por tanto, si es necesario, podemos escondernos all 
mientras hacemos nuestros planes. O simplemente a la espera de que Eric 
aparezca en algn lugar muy pblico y provoque algn escndalo que los 
federales no sean capaces de acallar. De todos modos, si no hallamos 
ninguna pista, lo nico que podemos hacer es escondernos.
-Y debo conducir hasta Las Vegas? -pregunt Rachael.
-Ser lo mejor. Segn las ganas que los federales tengan de echarnos la 
mano encima, que deben ser muchas a juzgar por lo que est en juego, 
probablemente estarn controlando todos los principales aeropuertos. 
Puedes ir por la carretera estatal hasta el lago Silverwood y a continuacin 
por la interestatal 15, para llegar a Las Vegas esta noche. Yo te seguir en 
un par de horas.
-Y si la polica aparece...?
-Estando solo, sin tener que preocuparme de ti, puedo escabullirme 
fcilmente.
-Crees que son unos incompetentes? -pregunt Rachael, a regaadientes.
-No. Slo s que soy ms competente que ellos.
-Por el hecho de haberte entrenado para ello. Pero de eso hace ms de una 
dcada y media.
-Tengo la misma sensacin que si hubiera regresado ayer de la guerra 
-sonri.
Y le constaba que se haba mantenido en forma. Qu era eso que haba 
dicho de que en Vietnam haba aprendido a estar preparado, porque el 
mundo poda convertirse en oscuro y mezquino en el momento ms 
inesperado?
-Rachael! -exclam mirando nuevamente el reloj.
Ella comprendi que su mejor oportunidad de supervivencia, de poder 
compartir el futuro, consista en hacer lo que Ben deseaba.
-De acuerdo -dijo-. De acuerdo, nos separaremos. Pero me da mucho 
miedo, Benny. Supongo que me faltan agallas para estas cosas. Lo siento, 
pero estoy muy asustada.
-Tener miedo no es nada vergonzoso -dijo acercndose y dndole un beso-. 
Slo los locos no tienen miedo.


24.
Un miedo particular del infierno.

El doctor Easton Solberg haba llegado con ms de quince minutos de 
retraso a su cita de la una con Julio Verdad y Reese Hagerstrom. Le haban 
esperado junto a la puerta cerrada de su despacho y finalmente haba 
llegado corriendo por el amplio vestbulo, con un montn de libros y 
carpetas bajo el brazo, semblante atareado y el aspecto de un estudiante 
veinteaero que llega tarde a clase, ms que el de un profesor de sesenta 
aos, con retraso para una cita.
Llevaba un traje castao excesivamente holgado, camisa azul y una, 
corbata a rayas verdes y naranjas, que a Julio le dio la impresin de que 
slo se venda en las tiendas de disfraces. Aun siendo extremadamente 
amable, no se poda calificar a Solberg de atractivo, ni siquiera de 
ordinario. Era bajo y robusto. En el centro de su cara alunada tena una 
pequea nariz, que en algunos casos se habra calificado de chata, pero que 
en el suyo era ms bien porcina, unos ojos grises pequeos, muy cerca el 
uno del otro, hmedos y miopes, tras unas sucias gafas, una extraa boca 
curiosamente ancha, considerando la estructura del resto de su rostro y la 
barbilla hundida.
En la puerta de su despacho, sin dejar de disculparse, insisti en 
estrecharles la mano a los detectives, a pesar de la carga que llevaba bajo el 
brazo, por lo que no dejaban de caerse libros, que Julio y Reese recogieron.
El despacho de Solberg era catico. Los libros y las publicaciones 
cientficas llenaban todas las estanteras, cubran buena parte del suelo 
formando montones en las esquinas, y pilas sobre todos los muebles. Sobre 
su enorme escritorio haba carpetas, fichas y pldoras amarillas, 
aparentemente en un gran desorden. El catedrtico retir montones de 
papeles de un par de sillas y se las ofreci a Julio y a Reese.
-Fjense en el hermoso paisaje -dijo inesperadamente Solberg, mirando por 
la ventana despus de dar la vuelta al escritorio, como si lo viera por 
primera vez.
El colegio Irvine de la Universidad de California tena la suerte de estar 
rodeado de muchos rboles, colinas cubiertas de csped y parterres llenos 
de flores, ya que estaba construido en una considerable extensin de 
terreno frtil del condado de Orange. Bajo el despacho del segundo piso del 
doctor Solberg, serpenteaba un camino de csped impecable, flanqueado 
por millares de hermosas flores color coral, rojo, rosado y prpura, que se 
perdan bajo las ramas de los jacarandas y los eucaliptos.
-Caballeros, por el hecho de estar aqu nos encontramos entre la gente ms 
afortunada del mundo, en esta hermosa tierra, bajo ese templado 
firmamento, en el pas de la abundancia y de la tolerancia -dijo acercndose 
a la ventana y abriendo sus rechonchos brazos, como si pretendiera abrazar 
todo el sur de California-. Y los rboles, especialmente los rboles. Aqu 
tenemos algunas especies hermosas. Realmente me encantan los rboles. Es 
mi debilidad: los rboles, el estudio de los rboles y el cultivo de especies 
poco conocidas. Supone un cambio agradable con relacin a la biologa 
humana y a la gentica. Son tan majestuosos, tan nobles. Los rboles dan 
incesantemente (fruta, nueces, belleza, sombra, calor, oxgeno) sin coger 
nada a cambio. Si creyera en la reencarnacin, rezara para regresar en 
forma de rbol -agreg mirando a Julio y a Reese-. Qu opinan ustedes? 
No les parece que sera magnfico regresar como rbol, disfrutando de la 
larga y majestuosa vida de un roble o de un pino gigantesco, dando de s 
mismo como lo hace un naranjo o un manzano, y desarrollando fuertes 
extremidades en las que puedan encaramarse los nios? -parpade, 
sorprendido por su propio monlogo-. Pero ustedes, por supuesto, no han 
venido para hablar de rboles ni de la reencarnacin, no es cierto? Les 
ruego que me perdonen... pero es que este paisaje... Lo comprenden? 
Momentneamente se ha apoderado de m...
A pesar de su rostro lamentablemente porcino, de su andrajosa apariencia, 
de su desorganizacin y de su evidente tendencia a llegar tarde, el doctor 
Easton Solberg tena por lo menos tres virtudes recomendables: una aguda 
inteligencia, entusiasmo por la vida y optimismo. En el mundo de la 
hecatombe, donde la mitad de los intelectuales esperaban casi con ansia el 
da del juicio final, Solberg le produjo a Julio un efecto refrescante. De un 
modo casi inmediato, se sinti atrado por el catedrtico.
En el momento en que Solberg se instal detrs de su escritorio, sentndose 
en un enorme silln de cuero y casi desapareciendo detrs de los inmensos 
montones de papel, Julio le dijo:
-Por telfono me ha dicho que haba un lado oscuro de la personalidad de 
Eric Leben, del que slo poda hablar en privado...
-Y de un modo estrictamente confidencial -agreg Solberg-. La 
informacin, si es pertinente al caso que les ocupa, tendrn que archivarla 
en algn lugar, por supuesto, pero si no lo es, espero discrecin.
-Le doy mi palabra -dijo Julio-. Pero como ya le he dicho, se trata de una 
investigacin de suma importancia, en la que ha habido ya dos muertes y 
una posible fuga de documentos altamente secretos.
-Se refiere a que la muerte de Eric puede no haber sido accidental?
-No -respondi Julio-. Eso fue definitivamente un accidente. Pero han 
habido otras muertes... los detalles de las cuales no estoy autorizado a 
revelar. Y puede que haya ms muertes antes de que se cierre el caso. Por 
lo cual, el detective Hagerstrom y yo confiamos en que nos brinde su 
cooperacin plena e inmediata.
-Por supuesto, por supuesto! -exclam Easton Solberg, moviendo una de 
sus regordetas manos, indicando que era impensable que no cooperara-. Y a 
pesar de no tener una certeza absoluta de que los problemas emocionales de 
Eric estn relacionados con su caso, supongo (y temo) que probablemente 
lo estn. Como le dije... hay un lado oscuro en su personalidad.
Sin embargo, antes de hablarles del lado oscuro de Leben, Solberg pas un 
cuarto de hora alabando al genetista fallecido, al parecer incapaz de hablar 
mal de alguien, antes de enumerar sus virtudes. Eric era un genio. Eric era 
un trabajador infatigable. Eric colaboraba generosamente con sus colegas. 
Eric tena un gran sentido del humor, capacidad para apreciar el arte, buen 
gusto en la mayora de las cosas y le gustaban los perros.
Julio comenzaba a pensar que tendran que organizar un comit para 
solicitar contribuciones, con el fin de construirle un monumento a Leben, 
que se erigira en la impresionante entrada del edificio principal. Mir a 
Reese de reojo y comprob que su compaero se diverta con la charla de 
Solberg.
-Pero, lamentablemente, era un hombre perturbado -dijo finalmente el 
catedrtico-. Profundamente perturbado. En una poca fui su profesor, 
aunque pronto me di cuenta de que el estudiante superara al maestro. 
Cuando dej de ser alumno mo, seguimos siendo amigos. ramos amigos, 
pero no ntimos, porque Eric mantena siempre cierta distancia en sus 
relaciones. As, pues, a pesar de nuestra estrecha colaboracin profesional, 
tard muchos aos en enterarme de su... obsesin para con las jovencitas.
-De qu edad? -pregunt Reese.
-Me siento como si le estuviera traicionando -titube Solberg.
-Puede que ya sepamos bastante sobre lo que nos va a contar -dijo Julio-. 
Es probable que slo confirme lo que ya sabemos.
-En serio?... Conoc a una que slo tena catorce aos. Por aquellos 
entonces, Eric contaba treinta y uno.
-Esto era antes de Geneplan?
-S. Eric estaba entonces en la universidad. Todava no era rico, pero todos 
sabamos que un buen da abandonara la vida acadmica para entrar en el 
mundo como un huracn.
-Un profesor respetable no ira presumiendo de acostarse con nias de 
catorce aos -dijo Julio-. Cmo se enter?
-Fue un fin de semana -respondi el doctor Solberg-, cuando su abogado 
haba salido de la ciudad necesitaba a alguien para que depositara una 
fianza. Yo era el nico en quien confiaba que no revelara las terribles 
circunstancias de su detencin. Eso me produca tambin cierto 
resentimiento. l saba que me sentira moralmente obligado a apoyar 
cualquier medida de censura contra un colega involucrado en un asunto tan 
srdido, pero tambin saba que me sentira obligado a corresponder a la 
confianza que haba depositado en m y confiaba en que mi segunda 
obligacin superara a la primera. Puede que para vergenza ma, as fue.
Easton Solberg se iba hundiendo gradualmente en su silln mientras 
hablaba, como si pretendiera ocultarse tras los papeles amontonados sobre 
el escritorio, avergonzado por la historia escabrosa que les revelaba. Aquel 
sbado, del que ya haban transcurrido once aos, despus de recibir la 
llamada de Leben, el doctor Solberg fue a una comisara de polica de 
Hollywood, donde se encontr a Eric Leben con un aspecto muy diferente 
del hombre a quien conoca: nervioso, inseguro de s mismo, avergonzado 
y perdido. La noche anterior, Eric haba sido detenido por la brigada 
antivicio en un hotel de Hollywood, a donde las prostitutas callejeras, 
muchas de ellas jovencitas que haban huido del hogar paterno y con 
problemas de drogas, llevaban a sus clientes. Le haban cogido con una 
nia de catorce aos y segn la ley, al tratarse de una menor de edad, 
tuvieron que acusarle de violacin, aunque fuera la chica quien hubiese 
solicitado el acto sexual y recibiera dinero a cambio.
Al principio, Leben le dijo a Easton Solberg que la chica pareca 
considerablemente mayor y que no haba forma de saber que fuera menor 
de edad. Sin embargo, ms adelante, quizs conmovido por la amabilidad y 
consideracin de Solberg, Leben se desahog hablando de su obsesin por 
las jovencitas. Solberg habra preferido que no se lo contara, pero tampoco 
quiso negarse a escucharle. Intuy que Eric, que era un tipo solitario y 
autosuficiente, incapaz de agobiar a los dems con sus problemas, en 
aquella encrucijada de su vida necesitaba desesperadamente confiar sus 
sentimientos ms ntimos a alguien. Y Easton Solberg le escuch, con una 
mezcla de asco y compasin.
-No era simplemente que le gustaran las jovencitas -les dijo Solberg a Julio 
y Reese-. Era una obsesin, una compulsin, una terrible necesidad que le 
roa las entraas.
Cuando tena slo treinta y un aos, Leben senta ya un miedo atroz a 
envejecer y a la muerte. La investigacin sobre la longevidad era ya el tema 
central de su carrera. Pero el tema del envejecimiento no le preocupaba 
slo desde un punto de vista cientfico; en privado, en su vida personal, lo 
trataba de un modo emocional e irracional. Por una parte, crea que de 
algn modo absorba la energa vital de las jovencitas con las que se 
acostaba. A pesar de que saba que la idea era absurda, casi supersticiosa, 
se senta obligado a perseguirlas. No abusaba realmente de las menores en 
el sentido clsico, no las forzaba contra su voluntad. Slo persegua a las 
que estaban dispuestas a cooperar, generalmente chicas que haban huido 
del hogar y se dedicaban a la prostitucin.
-Y a veces -prosigui Easton Solberg, ligeramente acongojado-, le 
gustaba... darles algunas bofetadas. No exactamente pegarles una paliza, 
sino maltratarlas. Cuando me lo cont, tuve la sensacin de que se lo 
explicaba a s mismo por primera vez. Esas chicas eran tan jvenes, que 
estaban llenas de esa arrogancia especial propia de la juventud, la 
arrogancia que se desprende de la certeza de que vivirn eternamente y a 
Eric le pareca que lastimndolas las despojaba de dicha arrogancia, 
ensendolas a temer la muerte. Utilizando sus propias palabras, las 
desposea de su ingenuidad, de la energa de su inocencia juvenil y senta 
que de algn modo eso le rejuveneca a l, que la inocencia y juventud que 
les arrebataba se converta en suya propia.
-Un vampiro psquico -coment Julio, de mala gana.
-Efectivamente -afirm Solberg-. Exactamente. Un vampiro psquico capaz 
de mantenerse joven eternamente, desposeyendo a esas chicas de su 
juventud. Sin embargo, al mismo tiempo tambin saba que no era ms que 
una fantasa, que las chicas no podan mantenerle joven, pero el saberlo y 
reconocerlo no le libr de su fantasa. Y a pesar de que era consciente que 
estaba enfermo, hasta el punto de rerse de s mismo, de autodenominarse 
degenerado, era incapaz de librarse de su obsesin.
-Qu ocurri con su acusacin de violacin? -pregunt Reese-. No hay 
constancia de ningn juicio ni condena contra l. No est fichado.
-La chica pas al tribunal tutelar de menores -respondi Solberg- y se la 
puso bajo vigilancia mnima. Escap y huy de la ciudad. No llevaba 
identificacin alguna cuando la detuvieron y el nombre que dio result ser 
falso, por lo que no hubo manera de localizarla. Sin la chica no haba caso 
contra l y fue sobresedo.
-Le sugiri tratamiento psiquitrico? -pregunt Julio.
-S. Pero no quiso escucharme. Era un hombre sumamente inteligente, 
introspectivo y l mismo ya se haba analizado. Conoca la causa, o al 
menos as lo crea, de su condicin mental.
-Y cul era, segn l, la causa? -pregunt Julio, incorporndose en su silla.
Solberg se aclar la garganta, comenz a hablar y movi la cabeza como 
para indicar que necesitaba un momento antes de decidir cmo proseguir. 
La conversacin le resultaba evidentemente embarazosa y le preocupaba 
tambin traicionar la confianza de Eric Leben, a pesar de que estuviera 
muerto. Los montones de papeles sobre el escritorio no le servan para 
ocultarse debidamente, por lo que Solberg se levant y se dirigi hacia la 
ventana, con el fin de poderles volver la espalda a Julio y a Reese, 
ocultando su rostro.
La preocupacin y autorreproche de Solberg por el hecho de revelar 
informacin confidencial acerca de un muerto, con quien slo haba tenido 
una amistad relativamene superficial, podan parecer excesivos, pero para 
Julio era motivo de admiracin. En una poca en que pocos crean en una 
moralidad absoluta, mucha gente traicionara a un amigo sin pensrselo dos 
veces y un dilema moral de esta naturaleza les sera incomprensible. La 
anticuada angustia moral de Solberg slo pareca excesiva segn los 
decadentes criterios actuales.
-Eric me cont que de nio tena un to que abusaba sexualmente de l -dijo 
Solberg, hablndole al cristal de la ventana-. Se llamaba Hampstead. Los 
abusos comenzaron cuando Eric tena cuatro aos y continuaron hasta los 
nueve. Su to le tena aterrorizado, pero estaba demasiado avergonzado 
para confesar lo que ocurra. Avergonzado porque su familia era muy 
religiosa. Como podrn comprobar, esto es muy importante. La familia 
Leben era muy devota y fervorosa. Nazarenos. Muy rigurosos. Nada de 
msica ni de baile. Una de esas religiones fras y ceidas que convierten la 
vida en algo tenebroso. Evidentemente, Eric se senta como un pecador por 
lo que haba hecho con su to, a pesar de haberlo realizado contra su 
voluntad y tena demasiado miedo para contrselo a sus padres.
-Es una pauta comn -afirm Julio-, incluso en las familias que no son 
religiosas. El nio se acusa a s mismo de los pecados del adulto.
-El terror que senta por Barry Hampstead -prosigui Solberg-, que as era 
como se llamaba, si mal no recuerdo, creci mes tras mes y semana tras 
semana. Finalmente, cuando Eric cumpli los nueve aos, asesin a 
Hampstead a pualadas.
-Nueve? -pregunt Reese, horrorizado-. Vlgame Dios.
-Hampstead estaba dormido sobre el sof -sigui diciendo Solberg- y Eric 
le mat con un cuchillo de la cocina.
Julio reflexion sobre los efectos de aquel trauma en un nio de nueve 
aos, trastornado ya emocionalmente por el sufrimiento del prolongado 
abuso fsico. Mentalmente, vio el cuchillo agarrado por las manos 
infantiles, subiendo y bajando, con su hoja reluciente cubierta de sangre y 
la mirada horrorizada del nio ante su obra macabra, lleno de repugnancia 
por lo que haca y al mismo tiempo sintindose obligado a completarlo.
Julio se estremeci.
-A pesar de que entonces todo el mundo supo lo que haba estado 
ocurriendo -dijo Solberg-, los padres de Eric, en su tortuosa mente, le 
consideraron de algn modo un fornicador y un asesino, y desencadenaron 
una siniestra campaa psicolgica para salvar su alma del infierno, rezando 
por l da y noche, con una rigurosa disciplina, obligndole a leer 
fragmentos de la Biblia en voz alta, hasta que perda la voz y le dola la 
garganta. Incluso despus de alejarse de aquella nefasta casa, de pagarse los 
estudios trabajando y ganndose becas, e incluso despus de haber 
conseguido un montn de ttulos y de haberse convertido en un cientfico 
respetable, Eric segua creyendo parcialmente en el infierno y en su 
inevitable condena. Puede incluso que su creencia no fuera slo parcial.
De pronto Julio intuy lo que vena y sinti el peor escalofro de su vida 
que le suba por la espalda. Mir a su compaero y vio que el rostro de 
Reese reflejaba un horror tan profundo como el suyo.
Sin dejar de contemplar el hermoso paisaje, que a pesar del radiante sol 
pareca haber oscurecido, Easton Solberg prosigui:
-Ya saben lo comprometido que estaba Eric con la investigacin 
encaminada a la longevidad y su sueo por alcanzar la inmortalidad a 
travs de la ingeniera gentica. Pero ahora puede que comprendan su 
obsesin por alcanzar esa meta irreal, que algunos calificaran de irracional 
e imposible. A pesar de su educacin y de su capacidad de raciocinio, en 
esta nica cuestin segua siendo ilgico: en lo ms profundo de su corazn 
crea que cuando muriera ira al infierno, no slo por haber pecado con su 
to, sino tambin por haberle matado, lo que le converta en un fornicador y 
en un asesino. En una ocasin me dijo que tema encontrarse de nuevo con 
su to en el infierno y que la eternidad significara para l una sumisin 
total a la lujuria de Barry Hampstead.
-Dios mo! -exclam Julio tembloroso, santigundose, que era algo que no 
haba hecho fuera de la iglesia desde su niez.
-Por consiguiente -sigui diciendo el catedrtico, alejndose de la ventana y 
mirando finalmente a los detectives-, para Eric Leben la inmortalidad en la 
tierra no era slo una meta que se propusiera por lo mucho que amaba la 
vida, sino por el miedo que le produca el infierno. Imagino que 
comprendern que con una motivacin tan fuerte, estaba destinado a ser un 
hombre de mucho empuje, obsesionado.
-Inevitablemente -dijo Julio.
-Obsesionado por las chicas, obsesionado por prolongar la vida, 
obsesionado por vencer al diablo -dijo Solberg-. Ao tras ao fue 
empeorando. Se alej de m a la semana siguiente de habrmelo confesado, 
probablemente porque lamentaba haberme hecho partcipe de sus secretos. 
Dudo que le contara lo de su to a su esposa, cuando se cas unos aos ms 
tarde. Seguramente yo fui el nico. Pero a pesar de estar cada vez ms 
alejados el uno del otro, vea al pobre Eric con la frecuencia suficiente para 
darme cuenta de que su miedo por la muerte y por la condena eterna 
empeoraban con el transcurso del tiempo. En realidad, despus de los 
cuarenta aos, estaba realmente frentico. Lamento que haya fallecido. Era 
un hombre brillante, capacitado para contribuir muchsimo en beneficio de 
la humanidad. Por otra parte, la suya no era una vida feliz. Y puede que 
incluso su muerte haya sido indirectamente una bendicin, porque...
-S? -pregunt Julio.
Solberg suspir y se pas una mano por su rostro alunado, ligeramente 
hundido por el cansancio.
-Algunas veces llegu a preocuparme por lo que Eric hara si realizaba 
algn descubrimiento importante en el campo de la investigacin al que se 
dedicaba. Si crea disponer de los medios para manipular su estructura 
gentica, con el fin de prolongar espectacularmente su vida, puede que 
cometiera el disparate de experimentar personalmente un proceso todava 
no demostrado. Sera consciente del terrible riesgo que corra alterando su 
propia estructura gentica, pero comparado con el miedo a la muerte, al 
ms all, puede que dicho riesgo tuviera poca importancia. Y quin sabe lo 
que poda ocurrirle, de haberse utilizado a s mismo como conejillo de 
indias.
Qu opinara si supiera que su cuerpo haba desaparecido del depsito de 
cadveres anoche?, pens Julio.

25.
Sola.

No se preocuparon de ordenar las fotocopias de la documentacin de 
Wildcard que estaban esparcidas por el suelo del comedor y se limitaron a 
meterlas en una bolsa de plstico, de las diseadas para la basura, que 
Benny encontr en un cajn de la cocina. Despus de atarla con un cable, la 
coloc en el suelo del mercedes, detrs del asiento del conductor.
Bajaron por el sendero hasta el portaln, al otro lado del cual estaba 
aparcado el Ford. Tal como esperaban, en el llavero del coche haba una 
llave que abra el candado del portaln.
Benny entr el coche en el sendero y Rachael condujo el Mercedes y lo 
aparc al otro lado del portaln.
Esperaba intranquila en el 560 SEL, con la pistola del 32 en la mano y sin 
dejar de vigilar el bosque a su alrededor.
Benny descendi caminando, hasta perderse de vista, hacia el lugar del 
camino donde antes haba visto tres vehculos aparcados junto a un 
sendero. Llevaba consigo las dos placas de la matrcula del Mercedes, un 
destornillador y unos alicates. A1 poco rato regres con las de una de las 
furgonetas Dodge, que fij al Mercedes.
-Cuando llegues a Las Vegas -le dijo a Rachael, sentada junto a l en el 
coche-, mira en el listn telefnico de cualquier cabina y busca el nmero 
de un individuo llamado Whitney Gavis.
-Quin es?
-Un viejo amigo. Adems trabaja para m. Cuida de ese viejo motel del que 
te he hablado: el Golden Sand Inn. En realidad, fue l quien lo descubri y 
me convenci de su potencial. Tiene las llaves y te dejar entrar. Dile que 
tienes que instalarte en las dependencias del director y que me reunir 
contigo esta noche. Puedes decirle todo lo que desees, sabe tener la boca 
cerrada y si va a verse involucrado, es conveniente que conozca la 
gravedad del asunto.
-Qu ocurrir si ha odo hablar de nosotros por la radio o la televisin?
-A Whitney no le importar. No creer que seamos asesinos o agentes 
soviticos. Tiene un buen cerebro, un excelente detector de mentiras y no 
hay nadie con mayor sentido de la lealtad que l. Puedes depositarle toda tu 
confianza.
-Si t lo dices...
-Hay un garaje doble detrs de la recepcin del motel. Asegrate de 
guardar el Mercedes, para que nadie lo vea, tan pronto como llegues.
-No me gusta.
-A m tampoco me encanta -dijo Ben-. Pero es lo que debemos hacer. Ya 
hemos hablado de ello -agreg acercndosele, colocndole una mano en el 
rostro y besndola.
-Saldrs inmediatamente despus de registrar la cabaa? -pregunt 
Rachael, despus de besarle con ternura-. Aunque no encuentres ninguna 
pista relacionada con el paradero de Eric?
-S. Pienso desaparecer antes de que lleguen los federales.
-Y en el caso de que encuentres alguna pista, no irs a perseguirle solo?
-Qu te he prometido?
-Quiero que me lo repitas.
-Antes vendr a buscarte -repiti Benny-. No me ocupar de Eric solo, lo 
haremos juntos.
Rachael le observ los ojos, sin poder decidir si le hablaba con absoluta 
sinceridad. Pero aunque le mintiera, no poda hacer nada para evitarlo, 
porque el tiempo segua transcurriendo. No podan seguir esperando.
-Te quiero -dijo l.
-Te quiero, Benny. Y si dejas que te maten, jams te lo perdonar.
-Eres una mujer extraordinaria, Rachael -sonri-. Seras capaz de hacer latir 
el corazn de una roca y para m eres un motivo lo suficientemente 
poderoso como para que necesite volver vivo. No te preocupes. Y ahora 
cierra las puertas cuando yo salga, de acuerdo?
Volvi a besarla, ahora con mayor suavidad. Sali del coche, cerr la 
puerta, esper hasta comprobar que bajaba el seguro y se despidi con la 
mano.
Baj por el camino de gravilla, sin dejar de mirar repetidamente por el 
retrovisor, para seguir viendo a Benny hasta el ltimo momento, pero por 
fin en una curva del camino le perdi de vista entre los rboles.
Benny subi por el sendero con el Ford alquilado y lo aparc frente a la 
cabaa. En el cielo haban aparecido algunas nubes blancas y una de ellas 
proyectaba su sombra sobre la estructura de troncos.
Con la escopeta en una mano y el Combat Magnum en la otra, ya que 
Rachael se haba llevado slo su 32, subi por la escalera de la entrada, 
preguntndose si Eric le estara observando.
Le haba dicho a Rachael que Eric se haba marchado para esconderse en 
otro lugar. Puede que fuera cierto. Haba bastantes posibilidades de que as 
fuese. Pero exista tambin la posibilidad, aunque remota, de que el muerto 
siguiera ah, quizs observndole escondido en el bosque.
Riiii, riiii...
Se meti el revlver bajo el cinturn, a la espalda y entr cautelosamente 
en la cabaa por la puerta principal, con la escopeta lista para disparar. 
Volvi a registrar las habitaciones, con la esperanza de encontrar algo que 
le indicara si Eric dispona de otro lugar parecido donde esconderse.
No le haba mentido a Rachael. Era realmente necesario llevar a cabo el 
registro, pero no dispona de una hora para hacerlo, como haba dicho. Si 
no encontraba nada til en quince minutos, abandonara la cabaa y 
examinara los alrededores, en busca de alguna huella que indicara el lugar 
por donde Eric haba entrado en el bosque, como hierbas pisoteadas, o la 
marca de los zapatos. Si hallaba lo que buscaba, seguira su presa por el 
bosque.
No le haba revelado esta parte de su plan a Rachael, porque de haberlo 
hecho se habra negado a irse a Las Vegas. Pero no poda haber entrado en 
el bosque en busca de ese individuo acompaado de Rachael. Se haba 
dado cuenta de ello al caminar juntos por el bosque, cuando iban por 
primera vez hacia la cabaa. No estaba tan segura de s misma como Ben, 
ni era tan rpida. De haber ido juntos se habra preocupado por ella, le 
habra distrado, con la consiguiente ventaja para Eric, en el supuesto de 
que estuviera realmente en el bosque.
Antes le haba dicho a Rachael que los ruidos que haban odo en el bosque 
eran de animales. Tal vez. Pero al encontrarse con la cabaa abandonada, 
haba escuchado nuevamente esos ruidos en su memoria y comenz a 
presentir que se haba precipitado al negar la posibilidad de que Eric los 
estuviera acechando entre los rboles y los matorrales.

A lo largo del estrecho sendero de gravilla y despus asfaltado, hasta llegar 
a la carretera estatal que rodeaba el lago, Rachael estaba prcticamente 
convencida de que Eric aparecera entre los rboles, se arrojara contra el 
coche y con una fuerza sobrehumana propia de un furor demonaco, puede 
que incluso introdujera un puo por la ventana. Pero no apareci.
En la carretera estatal, dando la vuelta al lago, se preocup menos de Eric y 
ms de la polica y de los agentes federales. Todos los vehculos que vea, a 
primera vista le parecan de la polica.
Las Vegas pareca estar a mil kilmetros de distancia.
Adems, tena la sensacin de haber abandonado a Benny.

Cuando Peake y Sharp llegaron al aeropuerto de Palm Springs, 
inmediatamente despus de su encuentro con La Roca, descubrieron que el 
helicptero, un Bell jet Ranger, tena el motor averiado. El subdirector, con 
toda la ira acumulada que no haba podido descargar sobre La Roca, estuvo 
a punto de decapitar al piloto, como si el pobre hombre no slo lo pilotara, 
sino que fuera responsable de su diseo, construccin y mantenimiento.
Peake le gui un ojo al piloto, cuando Sharp se volvi de espaldas.
No haba otro helicptero para alquilar y los dos pertenecientes al 
departamento del sheriff estaban siendo utilizados. Sharp decidi a 
regaadientes que no les quedaba otra alternativa ms que ir en coche 
desde Palm Springs al lago Arrowhead. El sedn verde oscuro 
gubernamental tena una luz roja intermitente, normalmente guardada en el 
maletero, que poda instalarse sobre el techo en menos de un minuto. 
Dispona tambin de una sirena. Se sirvieron de ambas para controlar el 
trfico en la autopista 111 y a continuacin casi volaron hacia el oeste por 
la interestatal 10, en direccin a la salida de Redland. Durante todo el 
camino, mientras el motor del Chevy ronroneaba y el chasis temblaba bajo 
sus asientos, no bajaron en ningn momento de los ciento cincuenta 
kilmetros por hora. A Jerry, que conduca, le preocupaba la posibilidad de 
que estallara un neumtico, porque si lo haca a esa velocidad, eran 
hombres muertos.
A Sharp pareca no preocuparle la posibilidad de un reventn, pero se 
quejaba de la falta de aire acondicionado y del viento clido que le 
acariciaba el rostro, procedente de las ventanas abiertas. Era como si, 
conocedor de su destino, fuera incapaz de imaginar la posibilidad de 
fallecer en aquel momento, en un accidente de automvil y como si, 
independientemente de las circunstancias, al igual que un prncipe, tuviera 
derecho a todas las comodidades. En realidad, Peake se dio cuenta de que 
con toda probabilidad as era como Sharp lo vea exactamente.
Ahora se encontraban en las montaas de San Bernardino, en la carretera 
estatal 330, a pocos kilmetros de Running Springs, obligados por las 
curvas a desplazarse a una velocidad ms moderada. Sharp guardaba 
silencio, meditaba, como lo haba estado haciendo desde que haban dejado 
la interestatal 10, en Redland. Su furor se haba apaciguado. Ahora estaba 
calculando, planificando. Peake era casi capaz de or el traqueteo, el 
chirrido, el tic tac y el zumbido del mecanismo maquiavlico que era la 
mente de Anson Sharp.
Por fin, con un ambiente de movimiento fantasmagrico en el interior del 
vehculo, producido por los rayos y sombras del bosque intermitentes que 
azotaban el parabrisas, Sharp dijo:
-Peake, puede que se pregunte por qu hemos venido solos, sin avisar a la 
polica ni traer a otros agentes de nuestra organizacin.
-S, seor, me lo estaba preguntando -replic Peake.
Jerry, es usted ambicioso? -le pregunt Sharp, despus de observarle unos 
instantes.
ndate con cuidado, Jerry!, pens Peake cuando oy que le llamaba por 
su nombre, ya que Sharp no sola tomarse confianzas con sus subordinados.
-Bien, seor, quiero progresar, ser un buen agente, si es eso a lo que se 
refiere -respondi.
-Me refiero a algo ms que eso. Desea ascender, tener ms autoridad, 
contar con la posibilidad de dirigir las investigaciones?
Peake sospechaba que Sharp desconfiara de un agente tan joven que fuera 
excesivamente ambicioso, por lo que decidi no mencionarle su sueo de 
convertirse en un agente legendario.
-Aspiro a convertirme algn da en subdirector de la oficina de la agencia 
de California, donde podr ejercer cierto control en las operaciones -le 
respondi con picarda-. Pero todava me queda mucho por aprender.
-Eso es todo? -pregunto Sharp-. Me da la impresin de que usted es un 
joven inteligente y muy capacitado. Me parecera lgico que tuviera 
mayores ambiciones.
-Gracias, seor, pero hay bastantes jvenes de mi edad inteligentes en la 
agencia y con tanta competencia; me contentara con llegar a subdirector de 
la oficina del distrito.
Sharp guard unos minutos de silencio, pero Peake saba que la 
conversacin no haba terminado. Tuvieron que reducir la velocidad para 
tomar una curva muy cerrada a la derecha y apareci un mapache en medio 
de la carretera, que los oblig a reducir an ms la velocidad, para no 
atropellar al animal.
-Jerry, he estado observndole cuidadosamente -dijo finalmente el 
subdirector- y me gusta lo que veo. Tiene todo lo necesario para progresar 
en la empresa. Si tiene inters en ir a Washington, estoy seguro de que hay 
varios cargos en la central donde no se desperdiciara su talento.
De pronto Jerry Peake se sinti asustado. Los halagos de Sharp eran 
excesivos y su patrocinio implcito demasiado generoso. El subdirector 
quera algo de Peake y a cambio deseaba que ste le comprara algo a l, 
algo con un precio muy elevado, quizs excesivo para Peake. Pero si no le 
aceptaba el trato que estaba a punto de proponerle, se convertira en 
enemigo del subdirector para el resto de su vida.
-Lo que voy a decirle no es del conocimiento pblico, Jerry, y le ruego que 
no se lo revele a nadie -dijo Sharp-, pero en un par de aos el director se 
retirar y me recomendar para que ocupe su cargo en la agencia.
Peake crea que Sharp era sincero, pero tena tambin la sensacin de que 
Jarrod McClain, director de la ADS, le sorprendera enterarse de su 
inminente jubilacin.
-Cuando eso ocurra -prosigui Sharp-, echar a muchos de los individuos 
que Jarrod ha colocado en altos cargos. No pretendo faltarle al respeto al 
director, pero est demasiado vinculado con la vieja escuela y los 
individuos que ha ascendido son ms burcratas que agentes. Me rodear 
de hombres ms jvenes y agresivos, como usted.
-Seor, no s qu decirle -le respondi Peake, con una sincera evasiva.
Con tanta atencin como Peake se fijaba en la carretera, Sharp le observaba 
a l.
-Pero los hombres de los que me rodee, deben ser de absoluta confianza, 
plenamente comprometidos con mi visin de la agencia -prosigui el 
subdirector-. Deben estar dispuestos a exponerse a cualquier riesgo, hacer 
cualquier sacrificio, hacer lo que sea necesario por el bien de la agencia y, 
por supuesto, de la patria. Habr momentos, poco frecuentes pero 
inevitables, en los que las circunstancias los obligarn a no observar 
escrupulosamente la ley, o incluso a violarla totalmente, por el bien de la 
patria y de la agencia. Cuando a lo que uno se enfrenta es basura y tiene 
que tratar con terroristas o agentes soviticos, no siempre es posible 
observar meticulosamente las reglas, no si uno quiere ganar, y nuestro 
gobierno, Jerry, ha creado la agencia para que gane. Usted es joven, pero 
estoy seguro de que tiene la suficiente experiencia para saber de qu le 
estoy hablando. No me cabe duda de que en algunas ocasiones usted 
tambin se habr saltado la ley a la torera.
-S, seor, puede que un poco -respondi cautelosamente Peake, que 
comenzaba a sudar bajo el cuello blanco de su camisa.
Pasaron un cartel que deca: LAGO ARROWHEAD. DIECISIS 
KILMETROS.
-Muy bien, Jerry, voy a hablarle con toda sinceridad y espero que tenga la 
integridad y merezca la confianza que le deposito. No he trado a otros 
agentes porque me han ordenado desde Washington que la seora Leben y 
Benjamin Shadway deben desaparecer. Y si vamos a ocuparnos de ellos, 
necesitamos que la fiesta sea pequea, tranquila y discreta.
-Ocuparnos de ellos?
-Deben ser eliminados, Jerry. Si los hallamos en la cabaa con Eric Leben, 
procuraremos coger a Leben prisionero para que le estudien en el 
laboratorio, pero Shadway y la mujer deben ser eliminados sin ningn 
prejuicio. Eso sera prcticamente imposible si hubiera muchos policas 
presentes, tendramos que postergar la eliminacin hasta que Shadway y la 
seora Leben estuvieran bajo nuestra sola custodia, pretendiendo que 
haban intentado escapar. Y con demasiados agentes como testigos, 
aumentara la posibilidad de que el hecho llegara a odos de la prensa. En 
cierto modo, tenemos suerte de que usted y yo podamos ocuparnos solos de 
este asunto, porque esto nos permitir hacerlo a nuestra manera, antes de 
que aparezcan la polica y los periodistas.
Eliminar? La agencia no tena permiso para eliminar civiles. Era una 
locura.
-Por qu hay que eliminar a Shadway y a la seora Leben? -pregunt 
Peake.
-Me temo que eso es confidencial, Jerry.
-Pero la orden de captura los cita como sospechosos de espionaje y del 
asesinato de unos policas en Palm Springs..., debe de ser slo una cortina 
de humo, no es cierto? Slo una estratagema para que la polica local nos 
ayude en su bsqueda.
-Efectivamente -afirm Sharp-, pero hay mucho sobre este caso que usted 
no sabe, Jerry. Informacin muy secreta que no puedo compartir con usted, 
a pesar de que le pido que me ayude en algo que puede parecerle ilegal e 
incluso probablemente inmoral. Pero como subdirector le doy mi palabra 
de que Shadway y la seora Leben suponen un peligro mortal para este 
pas, de tanta gravedad que no podemos permitirles que hablen con la 
prensa o con las autoridades locales.
Pamplinas, pens Peake sin decirlo, ni dejar de conducir bajo el verdor 
de los rboles, cuyas copas cubran la carretera.
-La decisin de aniquilarlos no es slo ma -agreg Sharp-. Procede de 
Washington, Jerry. Y no slo de Jarrod McClain, Jerry, sino de mucho ms 
alto. Mucho ms arriba. De la cumbre.
Pamplinas, pens Peake. Crees que voy a tragarme que el presidente 
haya ordenado el asesinato a sangre fra de dos ciudadanos indefensos, que 
se han visto metidos en este asunto accidentalmente contra su voluntad?
Entonces se dio cuenta de que, antes de los descubrimientos que haba 
realizado haca poco en el hospital de Palm Springs, tal vez habra sido lo 
suficientemente ingenuo como para creer palabra por palabra lo que Sharp 
le contaba. El nuevo Jerry, con lo que haba aprendido del modo de tratar a 
Sarah Kiel de su jefe y de su reaccin frente a La Roca, ya no era tan 
ingenuo como antes, pero Sharp no tena forma de saberlo.
-De la misma cumbre, Jerry.
De algn modo, Peake saba que Anson Sharp tena sus propias razones 
para desear la muerte de Shadway y de Rachael Leben, y que en 
Washington nadie tena idea alguna de sus planes. No saba por qu estaba 
seguro, pero era as. Llammosle un presentimiento. Los seres legendarios, 
y los que lo eran en potencia, tenan que confiar en sus corazonadas.
-Estn armados, Jerry, y son peligrosos, se lo aseguro. A pesar de que no 
son culpables de los delitos que se les imputan, lo son de crmenes mucho 
ms graves, de los que no puedo hablarle porque por su rango no tiene 
derecho a cierta informacin. Pero le aseguro que las personas a quienes 
vamos a ejecutar no son exactamente un par de ciudadanos perfectamente 
respetables.
Peake estaba asombrado de lo mucho que haba aumentado la sensibilidad 
de su detector de pamplinas. Slo el da anterior, cuando se quedaba con la 
boca abierta ante un agente de rango superior, seguramente no habra 
percibido el inconfundible aroma de la obsequiosa actitud de Sharp, pero 
ahora apestaba ineludiblemente.
-Pero, seor -dijo Peake-, en el caso de que se rindan y de que entreguen las 
armas, tambin los aniquilaremos... sin prejuicio alguno?
-S.
-Somos juez, jurado y verdugo?
-Maldita sea, Jerry! -exclam Sharp, con cierta impaciencia-, cree que a 
m me gusta? Mat en Vietnam cuando mi patria me deca que era 
necesario y no me gust mucho hacerlo, a pesar de que el enemigo era 
claramente identificable, por lo tanto ahora no puedo decir que rebose de 
alegra ante la perspectiva de matar a Shadway y a la seora Leben, que 
superficialmente parecen merecer la muerte mucho menos que los soldados 
del Vietcong. Sin embargo, me hallo en posesin de informacin altamente 
secreta que me ha convencido de que suponen un peligro terrible para 
nuestro pas y he recibido rdenes de la autoridad mxima de que hay que 
aniquilarlos, y s cul es mi obligacin. No me gusta tener que matarlos. Si 
quiere que le diga la verdad, me da nuseas. Nadie quiere tener que 
enfrentarse al hecho de que en algunas ocasiones, lo que uno debe hacer es 
cometer un acto inmoral, que la moralidad del mundo no se plantea en 
blanco y negro, sino que est llena de tonalidades grises. No me gusta, pero 
conozco mi obligacin.
S que te encanta -pens Peake-. Ests tan emocionado ante la perspectiva 
de coserlos a balazos, que casi te meas en los pantalones.
-Jerry? Sabe usted tambin cul es su obligacin? Puedo confiar en 
usted?

En la sala de estar de la cabaa, Ben descubri algo que antes les haba 
pasado desapercibido: un par de prismticos junto al silln, situado frente a 
la ventana. Al llevrselos a los ojos y mirar por la ventana, vio claramente 
la curva en el camino donde l y Rachael se haban agachado para 
examinar la cabaa. Habra estado Eric en el silln, observndolos con los 
prismticos?
En menos de quince minutos, Ben haba acabado de registrar la sala y las 
tres habitaciones. Desde la ventana del ltimo cuarto, vio unos matorrales 
pisoteados al fondo del patio, en el extremo opuesto al lugar por donde l y 
Rachael haban salido del bosque. Sospechaba que aqul haba sido el lugar 
por donde Eric se haba ocultado entre los rboles, despus de verlos a 
travs de los prismticos. Cuanto ms pensaba en ello ms convencido 
estaba de que los ruidos que haba odo en el bosque eran los de Eric al 
acecho.
Probablemente segua ah, observando.
Haba llegado el momento de ir a por l.
Sali de la habitacin y cruz la sala. En la cocina, al empujar la puerta 
mosquitera, vio el hacha de reojo, que estaba apoyada contra el frigorfico.
Hacha?
Retrocedi con el ceo fruncido, confuso y observ su afilada hoja. Estaba 
seguro de no haberla visto al entrar con Rachael por esa misma puerta.
Una sensacin muy fra le subi por la columna vertebral.
Despus de su primera vuelta por la casa, haban acabado en el garaje, 
donde haban hablado de sus planes. Despus haban vuelto a entrar, 
cruzando la cocina y dirigindose a la sala para recoger la documentacin 
de Wildcard. Hecho esto, haban regresado al garaje, haban cogido el 
Mercedes y haban bajado hacia el portaln. En ninguna de dichas 
ocasiones haban pasado por este lado del frigorfico. Estaba el hacha ah 
entonces?
La sensacin de frialdad le lleg hasta el crneo.
Para Ben, lo del hacha slo tena dos explicaciones. La primera era que 
Eric estuviera en la cocina, mientras ellos se encontraban en el garaje 
haciendo planes. Poda haber estado con el arma en la mano, a la espera de 
sorprenderlos cuando regresaran a la casa. Sin darse cuenta, haban estado a 
pocos pasos de Eric, a escasos momentos del corte veloz y agonizante del 
hacha. Entonces Eric pudo haberlos odo, por alguna razn cambiar de 
estrategia, decidir que no era el momento de atacarlos y abandonar el 
hacha.O puede que Eric no estuviera entonces en la cabaa, que slo 
entrara ms tarde, despus de comprobar que se alejaban con el Mercedes. 
Poda haber abandonado el hacha pensando que no regresaran y haber 
huido al or que Benny regresaba en el Ford.
Lo uno o lo otro.
Cul? La necesidad de responder a aquella pregunta pareca urgente y 
sumamente importante. Cul?
Si Eric estaba en la cabaa en la primera ocasin, cuando Rachael y Ben se 
encontraban en el garaje, por qu no haba atacado entonces? Qu le 
haba hecho cambiar de opinin?
La cabaa estaba tan silenciosa como el propio vaco. Benny escuch, 
intentando decidir si se trataba de un silencio de expectativa, compartido 
por l y otra presencia acechante, o un silencio de solitud.
No tard en decidir que era de solitud. Era esa quietud vaca e inerte que 
uno slo experimenta cuando est completa e incuestionablemente solo. 
Eric no estaba en la casa.
Ben mir al bosque a travs de la puerta mosquitera, que empezaba ms 
all del csped marchito. Estaba perfectamente tranquilo y tuvo la extraa 
sensacin de que Eric tampoco estaba all y de que no le hallara por mucho 
que buscara entre los rboles.
-Eric? -pregunt en voz alta, sin esperar ni recibir respuesta-. Dnde 
diablos te has metido, Eric?
Baj la escopeta, porque en su interior estaba convencido de que no hallara 
a Eric en esa montaa.
Ms silencio.
Un silencio pesado, opresor y profundo.
Tena la sensacin de estar al borde de comprender algo horrible. Haba 
cometido un error. Un error fatal. Algo irreparable. Pero de qu se trataba? 
Qu error? En qu se haba equivocado? Mir fijamente el hacha 
abandonada, esforzndose por comprender.
De pronto se le paraliz la respiracin.
-Dios mo -suspir-. Rachael.

LAGO ARROWHEAD. CINCO KILMETROS.
Peake tena una caravana delante, en una zona donde no se poda adelantar, 
pero a Sharp no le preocupaba la lentitud, porque lo que quera era 
asegurarse de que contaba con su apoyo para el doble asesinato de 
Shadway y la seora Leben.
-Por supuesto, Jerry, si tiene alguna duda en cuanto a su participacin en 
este asunto, djelo todo en mis manos. Evidentemente cuento con cierta 
colaboracin por su parte, en eso consiste despus de todo su trabajo, pero 
si logramos desarmar a Shadway y a esa mujer sin problemas, me ocupar 
personalmente de aniquilarlos.
Seguir siendo cmplice de un asesinato, pens Peake, pero dijo:
-No tengo intencin de defraudarle, seor.
-Me alegro de orselo decir, Jerry. Me decepcionara comprobar que le 
faltaban agallas. Estaba convencido de su lealtad y de su valor cuando he 
decidido que me acompaara solo en esta misin. Y no tengo palabras para 
expresarle el agradecimiento de la patria y de la agencia por su 
incondicional colaboracin.
Eres un psicpata repugnante, un saco de mierda hipcrita, pens Peake.
-No quiero hacer nada que vaya contra los mejores intereses de mi pas 
-dijo, en lugar de lo que pensaba-, o que supusiera una mala referencia en 
mi historial de la agencia.
Sharp sonri, interpretando sus palabras como una capitulacin total.

Ben se pase con lentitud por la cocina, examinando cuidadosamente el 
suelo, donde restos de cocido y de potaje embadurnaban las baldosas. 
Tanto l como Rachael se haban preocupado de no pisar la porquera al 
cruzar la cocina y estaba seguro de que antes no haba visto las huellas de 
Eric, que ahora distingua con toda claridad.
Descubri lo que antes no haba visto: la huella casi completa de un zapato 
en la salsa de una lata de cocido desechada y la de un tacn en la manteca 
de cacahuete. Eran las de unas botas masculinas, de gran tamao.
Haba otras dos huellas claramente distinguibles junto al frigorfico, que 
Eric haba dejado al acercarse para dejar el hacha y, evidentemente, para 
ocultarse. Ocultarse. Vlgame Dios. Cuando Ben y Rachael cruzaron la 
cocina procedentes del garaje y se dirigieron hacia la sala para recoger las 
hojas esparcidas por el suelo de la documentacin de Wildcard, Eric se 
ocultaba agachado tras el frigorfico.
Se le aceler el pulso, dej de contemplar las huellas y se dirigi a toda 
prisa hacia la puerta del garaje.

LAGO ARROWHEAD
Haban llegado.
La lenta caravana entr en el aparcamiento de la tienda junto al lago y 
Peake aceler.
Despus de consultar las direcciones que La Roca le haba anotado en un 
papel, Sharp dijo:
-Vamos por buen camino. Siga la carretera estatal hacia el norte, junto al 
lago. A unos seis kilmetros hay una bifurcacin a la derecha con diez 
buzones de correos, sobre uno de los cuales hay un gallo rojo y blanco.
Mientras Peake conduca, vio que Sharp se colocaba una cartera negra 
sobre las rodillas y la abra. En su interior haba dos pistolas del 38. Coloc 
una entre ambos, sobre el asiento.
-Qu es eso? -pregunt Peake.
-Su arma para la operacin.
-Ya llevo mi revlver reglamentario.
-No es temporada de caza. No debemos hacer mucho ruido, Jerry. Eso 
podra alarmar a los vecinos, o incluso atraer la atencin de algn ayudante 
del sheriff que est por los alrededores -dijo Sharp, mientras sacaba un 
silenciador de la cartera y comenzaba a colocrselo a su propia pistola-. 
Con el revlver no se pueden utilizar silenciadores y no queremos que 
nadie nos interrumpa hasta que la operacin est acabada y hayamos 
colocado los cuerpos de forma que el escenario parezca perfectamente 
normal.
Qu diablos voy a hacer?, se preguntaba Peake mientras conduca el 
coche a lo largo del lago, a la espera de encontrarse con un gallo rojo y 
blanco sobre un buzn.

Por otra carretera, la estatal 138, Rachael haba dejado el lago Arrowhead a 
su espalda. Se acercaba al lago Silverwood, donde el paisaje de las altas 
montaas de San Bernardino era todava ms sobrecogedor, a pesar de que 
su estado actual de nimo no era exactamente contemplativo.
Desde Silverwood, la 138 sala de las montaas y se diriga hacia el oeste 
para conectar con la interestatal 15. All intentaba llenar el depsito y 
seguir por la 15 hacia el noreste, atravesando el desierto hasta llegar a Las 
Vegas. Se trataba de un recorrido de ms de trescientos kilmetros, a travs 
de uno de los territorios ms desolados y de mayor belleza del continente, 
durante el cual, incluso en las mejores circunstancias, uno poda sentirse 
extraordinariamente solo.
Benny, -pens-, ojal estuvieras conmigo.
Pas junto a un enorme rbol que haba sido alcanzado por un rayo, con sus 
enormes ramas negras erguidas hacia el cielo.
Las nubes blancas que haban comenzado a aparecer eran cada vez ms 
espesas. Algunas no eran blancas.

En el desierto garaje, Ben vio la huella grasienta de una bota sobre el suelo 
de hormign, brillando a la luz del sol que se filtraba por la puerta. Se 
agach para olerla. Estaba seguro de que el aroma de salsa de ternera no era 
imaginario.
La huella deba haber estado all cuando haba regresado con Rachael al 
coche, con la documentacin de Wildcard, pero le haba pasado 
desapercibida.
Se puso de pie y sigui examinando cuidadosamente el suelo del garaje, 
hasta descubrir una pequea mancha hmeda de color castao, de la mitad 
del tamao de un guisante. Era manteca de cacahuete, que Eric Leben haba 
transportado en sus botas, mientras l estaba con Rachael en la sala, 
metiendo los papeles de Wildcard en la bolsa de plstico.
Al volver con Rachael y con la documentacin, Ben tena prisa porque le 
pareca que lo ms importante en aquel momento era que Rachael 
abandonara la cabaa y la montaa, antes de que Eric o las autoridades 
hicieran acto de presencia. Por ello le haban pasado desapercibidas la 
huella y la mancha. Adems, no consideraba que fuera necesario buscar 
huellas en un lugar que acababa de examinar haca slo unos minutos. No 
haba anticipado que un muerto andante, con el cerebro gravemente 
lastimado, fuese capaz de actuar con tanta astucia, ya que si segua la 
misma pauta que los ratones del laboratorio, tendra que estar desorientado, 
enloquecido, mental y emocionalmente inestable.
Por consiguiente Ben no poda culparse a s mismo. Haba tomado la 
decisin adecuada al mandar a Rachael con el Mercedes, pensando que se 
iba sola, sin darse cuenta de que haba alguien en el coche. Cmo poda 
haberse dado cuenta? Era lo nico que poda hacer. Lo ocurrido no era 
culpa suya, no poda haberlo anticipado, era imprevisible, pero no por ello 
dejaba de maldecirse a s mismo.
Mientras esperaba en la cocina con el hacha, escuchando cmo formulaban 
sus planes en el garaje, Eric debi de darse cuenta de que tena la 
oportunidad de encontrarse con Rachael a solas y evidentemente la 
perspectiva le result tan atractiva, que opt por no atacar a Ben. Se haba 
escondido junto al frigorfico hasta que llegaron a la sala, entonces se haba 
dirigido sigilosamente al garaje, haba cogido las llaves del contacto, haba 
abierto silenciosamente el maletero, haba vuelto a dejar las llaves en el 
contacto, se haba metido dentro del maletero y lo haba cerrado desde el 
interior.
Si Rachael tena un pinchazo y abra el maletero...
O si en algn lugar tranquilo del desierto Eric decida pegarle una patada al 
respaldo del asiento trasero y salir del maletero...
Su corazn lata con tanta fuerza, que le temblaba todo el cuerpo. Sali 
corriendo del garaje y se dirigi hacia el Ford alquilado que estaba frente a 
la cabaa.

Jerry vio el gallo rojo y blanco encima de un buzn y gir hacia la derecha, 
por un camino estrecho y empinado que pasaba junto a algunas casas 
parcialmente ocultas por la vegetacin.
Sharp haba acabado de instalar los silenciadores en ambas pistolas. 
Entonces sac dos cargadores completamente llenos de su cartera, se qued 
con uno y dej el otro junto a la pistola que haba preparado para Peake.
-Me alegro de contar con usted para este asunto, Jerry.
Peake no le haba dicho exactamente que pudiera contar con l y en 
realidad no se crea capaz de participar en un asesinato a sangre fra y 
seguir viviendo consigo mismo. Evidentemente eso destrozara su sueo 
legendario.
Por otra parte, si no cooperaba con Sharp destruira su carrera en la ADS.
-El camino pronto tendra que dejar de ser asfaltado -dijo Sharp, 
consultando el papel que La Roca le haba entregado.
A pesar de los recientes descubrimientos y de la ventaja que stos le 
proporcionaban, Jerry Peake no saba qu hacer. No se le ocurra ninguna 
salida que le permitiera conservar su dignidad y su carrera. Al seguir por el 
camino que se empinaba por el bosque cada vez ms frondoso, comenz a 
sentir pnico y por primera vez en muchas horas se sinti inseguro.
-Gravilla -coment Anson Sharp, en el momento de dejar atrs el camino 
asfaltado.
De pronto Peake se dio cuenta de que su encrucijada era todava peor de lo 
que haba supuesto, porque era probable que Sharp le matara tambin a l. 
Si intentaba impedirle que acabara con Shadway y con esa mujer llamada 
Leben, Sharp se limitara a matarle primero a l y despus organizarlo para 
que pareciera que le haban disparado los fugitivos. Eso le brindara el 
pretexto necesario para matar a Shadway y a la seora Leben: Despus de 
que asesinaran al pobre Peake, no tuve ms remedio que dispararles. 
Puede que incluso se convirtiera en un hroe. Por otra parte, Peake 
tampoco poda echarse a un lado y dejar que el subdirector los abatiera, ya 
que a Sharp eso no le satisfara. Si Peake no participaba en la matanza con 
entusiasmo, Sharp jams confiara en l y con toda probabilidad le matara 
despus de cargarse a Shadway y a la seora Leben, pretendiendo que 
haba sido uno de ellos quien le haba abatido. Dios mo. A Peake (cuya 
mente no haba funcionado con tanta rapidez en toda su vida) le pareca que 
slo tena dos elecciones: participar en la matanza para ganarse la 
confianza plena de Sharp, o acabar con el subdirector antes de que ste 
pudiera matar a nadie. No, esto tampoco era posible...
-Ya falta poco -dijo Sharp, incorporndose en su asiento y mirando 
atentamente a travs del parabrisas-. Siga muy despacio.
No, eso tampoco era ninguna solucin, porque si mataba a Sharp nadie 
creera que el subdirector hubiera estado dispuesto a abatir a Shadway y a 
la seora Leben. Despus de todo, qu motivo poda tener para ello? 
Peake acabara en el juzgado, acusado de asesinar a su superior. Los 
tribunales no eran nunca condescendientes con asesinos de policas, aunque 
se tratara de otro polica, por lo que acabara indudablemente en la crcel, 
donde un sinfn de delincuentes de ms de dos metros se deleitaran en 
violar a un ex agente del gobierno. Qu alternativa le quedaba? Slo una y 
horrible: participar en la matanza, descender al nivel de Sharp, olvidar lo de 
ser legendario y aceptar que no era ms que un maldito verdugo. Era una 
locura verse atrapado en una situacin sin respuestas correctas, slo con 
soluciones errneas, una locura y una injusticia, maldita sea, y Peake tena 
la sensacin de que estaba a punto de estallarle la tapa de los sesos, de tanto 
esforzarse en busca de una solucin mejor.
-ste es el portaln que ha descrito -dijo Sharp-. Adems, est abierto. 
Aparque aqu.
Jerry Peake detuvo el coche y par el motor.
En lugar de la esperada quietud del bosque, oyeron otro sonido por las 
ventanas abiertas del coche, en el momento de parar el motor: el de otro 
vehculo que ronroneaba entre los rboles.
-Alguien viene -dijo Sharp, cogiendo la pistola con el silenciador y 
abriendo la puerta del coche, en el momento en que vislumbraron un Ford 
azul que bajaba a toda velocidad por el sendero.

Mientras el empleado de la gasolinera llenaba el depsito del Mercedes con 
carburante sin plomo, Rachael compr unas chocolatinas y una lata de 
Coca-Cola en las mquinas automticas. Se apoy en el maletero, dando 
alternativamente mordiscos a una chocolatina y bebiendo sorbos de 
Coca-Cola, con la esperanza de que el azcar refinado le elevara el espritu 
y el largo viaje que le esperaba le resultara menos solitario.
-Se dirige a Las Vegas? -pregunt el empleado.
-As es.
-Lo supona. Suelo acertar en mis corazonadas. Hay algo en su aspecto que 
encaja con Las Vegas. A lo primero que debe jugar cuando llegue es a la 
ruleta. A1 nmero veinticuatro, porque al verla tengo el presentimiento de 
que se es su nmero. De acuerdo?
-De acuerdo. Veinticuatro.
El empleado le sostuvo la lata de Coca-Cola mientras sacaba el dinero del 
bolso para pagarle.
-Si gana una fortuna, no olvide que la mitad es ma. Pero si pierde, ser 
obra del diablo y no tendr nada que ver conmigo. Adems tenga cuidado 
en el desierto -le dijo el empleado, agachndose y hablndole por la 
ventana abierta del coche-. Puede ser peligroso.
-Lo s -respondi Rachael.
Cogi la interestatal 15 en direccin nordeste, hacia el lejano Barstow, 
sintindose terriblemente sola.

26.
Un tipo podrido.

Al girar la curva con el Ford, Ben comenz a acelerar, pero entonces vio el 
sedn verde oscuro junto al portaln. Fren y las ruedas traseras del coche 
resbalaron, el volante dio una sacudida, pero no perdi el control ni cay en 
ninguna de las cunetas laterales, logrando detener el vehculo a cincuenta 
metros del portaln, despus de levantar una enorme polvareda.
Abajo, dos individuos de traje oscuro se haban apeado ya del coche. Uno 
de ellos se haba quedado atrs, pero el otro, el ms corpulento, corra por 
el sendero acercndose con rapidez, como un corredor de maratn que 
hubiera olvidado ponerse pantaln corto y zapatillas. El polvo amarillento 
creaba la ilusin de la solidez del mrmol, al desplazarse por los rayos del 
sol que se filtraban entre las ramas de los rboles. Pero a pesar del polvo y 
de los treinta metros que los separaban del individuo que se le acercaba, 
Ben se dio cuenta de que llevaba una pistola en la mano. Tambin vio el 
silenciador y le sorprendi.
Ni la polica ni los agentes federales utilizaban silenciadores. Por otra parte, 
los socios de Eric haban disparado contra los policas de Palm Springs con 
una metralleta, por lo que pareca improbable que ahora actuaran con tanta 
discrecin.
Entonces, slo una fraccin de segundo despus de que Ben viera el 
silenciador, distingui el rostro sonriente del individuo que se le acercaba y 
qued simultneamente atnito, confuso y asustado. Anson Sharp. Haba 
transcurrido diecisis aos desde la ltima vez que le haba visto en 
Vietnam, en 1972.
Sin embargo, no le caba ninguna duda en cuanto a su identidad. Con el 
tiempo haba cambiado, pero no excesivamente. Durante la primavera y el 
verano de 1972, Ben tema que aquel cabrn gigantesco le disparara por la 
espalda o contratase a algn delincuente de Saign para que lo hiciera 
(Sharp era capaz de cualquier cosa), pero Ben se haba andado con mucha 
cautela y no le haba dado la ms mnima oportunidad. Ahora volva a 
tenerle delante, como si se hubiera desplazado por el tnel del tiempo.
Qu diablos le haba llevado all ahora, despus de ms de una dcada y 
media? Ben tuvo la extraa sensacin de que Sharp le haba estado 
buscando incesantemente, ansioso por saldar una vieja cuenta y el sino 
haba querido que le hallara ahora, en medio de todos sus problemas. Pero 
evidentemente eso era improbable, imposible, por lo que Sharp deba de 
estar de algn modo involucrado en el asunto de Wildcard.
A menos de veinte metros, Sharp se abri de piernas en el sendero y 
dispar su pistola. Con el ruido tpico del cristal al romperse, una bala 
penetr por el parabrisas, treinta centmetros a la derecha del rostro de Ben.
Puso la marcha atrs, gir la cabeza para mirar por la ventana trasera y, 
conduciendo con una mano, retrocedi tan de prisa como pudo. Oy otra 
bala que rebotaba de la carrocera del coche y le dio la impresin de tenerla 
muy cerca. Entonces gir la curva y desapareci del campo de visin de 
Sharp.
Sigui retrocediendo hasta la cabaa, antes de detenerse. Entonces dej el 
Ford en punto muerto, con el motor en marcha y el freno de mano echado, 
que era lo nico que impeda que el coche bajara por la pendiente. Se ape 
rpidamente del vehculo y dej la escopeta y el Combat Magnum en el 
suelo. Agachado junto a la puerta del vehculo, agarr el freno de mano y 
vigil el sendero.
Doscientos metros ms abajo apareci el Chevy por la curva, a toda 
velocidad, y sigui hacia la cabaa. Al verle redujeron la velocidad, pero 
no se detuvieron y Ben esper un par de segundos antes de soltar el freno 
de mano y echarse atrs.
Con la fuerza de la gravedad, el Ford comenz a descender por el camino, 
que era demasiado estrecho para que el Chevy pudiera eludirlo. El Ford se 
encontr con un pequeo montculo, salt y comenz a dirigirse hacia una 
de las cunetas. Durante unos instantes Ben crey que el vehculo iba a 
salirse inofensivamente del camino, pero dio con unas races que 
corrigieron su rumbo.
El conductor del Chevy se detuvo, comenz a retroceder, pero el Ford 
ganaba velocidad y se les acercaba con demasiada rapidez para eludirlo. El 
Ford se encontr con otro montculo, que lo desvi hacia la izquierda y en 
el ltimo momento el Chevy gir a la derecha, metindose casi en la 
cuneta. Ello no impidi que los vehculos chocaran, con un crujido 
metlico, a pesar de que el impacto no fue tan directo ni devastador como 
Ben esperaba. El guardabarros de la derecha del Ford choc contra el del 
Chevy y pareca que iba a describir un semicrculo hasta detenerse junto al 
Chevy, con ambos vehculos mirando hacia la cabaa, pero al cruzarse en 
el camino, las ruedas traseras del Ford cayeron en la cuneta y se detuvo con 
una sacudida perpendicular al sendero y por consiguiente bloqueando el 
camino.
El Chevy sigui retrocediendo de un modo errtico otros treinta metros, 
salvndose por los pelos de caer en la otra cuneta, hasta detenerse. Las dos 
puertas delanteras se abrieron inmediatamente. Anson Sharp sali por una, 
el conductor por la otra y ninguno de los dos pareca estar herido, que era 
lo que Ben sospechaba al no haber chocado de frente.
Cogi la escopeta y el Combat Magnum, dio media vuelta y ech a correr 
junto a la cabaa. Cruz a toda prisa el patio de csped marchito, hacia la 
roca de granito desde donde Rachael y l haban observado antes la cabaa. 
Se detuvo un momento para echar un rpido vistazo al bosque, en busca del 
lugar ms cercano donde ponerse a cubierto y entonces entr en el bosque, 
dirigindose hacia el mismo sendero por donde haba subido antes con 
Rachael.
A su espalda, en la lejana, Sharp le llamaba por su nombre.
Todava atrapado en su terrible dilema, Jerry Peake se mantena a cierta 
distancia de su jefe.
El subdirector haba perdido la cabeza en el momento de ver a Shadway en 
el Ford azul. Haba comenzado a correr por el sendero, disparando 
precariamente, cuando las posibilidades de alcanzar su objetivo eran 
mnimas o nulas. Adems, haba podido comprobar que la mujer no estaba 
en el coche con Shadway y si le mataban antes de interrogarle, tal vez no 
podran averiguar dnde se encontraba. Era una forma muy chapucera de 
proceder y Peake estaba aterrado.
Ahora Sharp observaba el permetro posterior del patio de la cabaa, 
respirando como un toro furioso, en un estado de excitacin y furor tan 
peculiar que pareca olvidar el peligro al que se expona mostrndose de 
cuerpo entero. En varios lugares se adentr en los matorrales que le 
llegaban hasta la rodilla, para mirar entre los rboles.
Por tres costados del patio, el bosque descenda repleto de rocas y estrechos 
desfiladeros, con infinidad de lugares donde ocultarse. Haban perdido 
momentneamente a Shadway. A Peake le pareca evidente. Aqul era el 
momento de pedir ayuda, porque de no hacerlo se les escabullira por el 
bosque y no podran encontrarle.
Pero Sharp estaba decidido a matar a Shadway y los mejores razonamientos 
no podan convencerle.
Peake se limitaba a observar, esperar y guardar silencio.
-El gobierno de los Estados Unidos, Shadway -chill Sharp, dirigindose 
hacia el bosque-. Agencia de la Defensa de la Seguridad. Me oyes? ADS. 
Queremos charlar contigo, Shadway.
Ahora el hecho de apelar a la autoridad no servira absolutamente de nada, 
especialmente despus de que Sharp comenzara a dispararle en el momento 
de darse cuenta de que era Ben Shadway.
Peake se pregunt si el subdirector se estara volviendo loco, lo que 
explicara su conducta con Sarah Kiel, su deseo de matar a Shadway y el 
ataque impropio e irresponsable que haba llevado a cabo haca slo un par 
de minutos.
Acercndose nuevamente al borde del bosque y dando un par de pasos por 
los matorrales, Sharp volvi a chillar:
-iShadway! Soy yo, Shadway, Anson Sharp. Te acuerdas de m, 
Shadway? Te acuerdas?
Jerry Peake retrocedi, como si acabara de recibir un bofetn. Vlgame 
Dios, Sharp y Shadway se conocan, no slo de un modo abstracto como el 
cazador y su presa, sino personalmente. Y a juzgar por el desdn que Sharp 
manifestaba, su rostro encarnado, lo abultado de sus ojos y su estentrea 
respiracin, estaba claro que eran fieros adversarios. Haba entre ellos 
algn tipo de rencoroso duelo, lo que eliminaba cualquier pequea duda 
que Peake pudiera tener con respecto a la posibilidad de que algn superior 
de Sharp en la ADS hubiese ordenado la aniquilacin de Shadway y de la 
seora Leben. l y slo l era quien haba decidido eliminar a los fugitivos. 
A Peake no le haban traicionado sus instintos, pero tampoco le haba 
servido de nada saber que estaba en lo cierto, con relacin al engao de 
Sharp. Estuviera o no equivocado, segua teniendo que decidir si cooperar 
con el subdirector o apuntarle con un arma y en ambos casos tanto su 
carrera como su dignidad no permaneceran intactas.
Sharp se adentr en el bosque y comenz a descender por un tenebroso 
sendero donde las copas de los pinos se entrelazaban con las de los abetos. 
Se dio la vuelta para ordenarle a Peake que le ayudara en la cacera, sigui 
avanzando entre los matorrales, ech otro vistazo atrs y llam a Peake con 
mayor insistencia, al darse cuenta de que no se haba movido.
Peake le sigui a contrapelo. Los hierbajos estaban tan altos y secos que le 
pinchaban a travs de los calcetines. Los cardos y las asclepias se le 
adheran a los pantalones. Cuando se apoy en el tronco de un rbol, la 
mano le qued pegajosa de resina. Tropezaba con los matorrales y las 
zarzas le rasgaban el traje. Sus zapatos de suela de cuero resbalaban 
peligrosamente sobre las piedras, las hojas secas de los pinos, el musgo y 
todo lo dems. Al subirse sobre el tronco de un rbol cado pis un nido de 
hormigas y, a pesar de que salt rpidamente y se sacudi los insectos del 
zapato, algunas le subieron por la pierna, vindose obligado finalmente a 
detenerse, subirse el pantaln y sacudir los insectos que le mordan el 
tobillo.
-No llevamos la ropa adecuada para este trabajo -le dijo a Sharp cuando le 
alcanz.
-Silencio -replic Sharp, escabullindose bajo la rama de un pino.
Peake resbal y estuvo a punto de caerse, lo que evit precariamente 
agarrndose a una rama.
-Vamos a rompernos la crisma! -exclam.
-Silencio! -susurr furiosamente Sharp.
Le mir enojado por encima del hombro. Su rostro era desalentador: ojos 
muy abiertos y feroces, piel enrojecida, las ventanas de la nariz muy 
abiertas, la dentadura descubierta, la mandbula apretada, las arterias 
pulsando en los temporales. Su feroz expresin confirmaba la sospecha de 
Peake de que desde el momento de ver a Shadway, el subdirector haba 
perdido el control, empujado por un odio casi manaco y por una mera sed 
de venganza.
Pasaron por una apertura de un denso muro de vegetacin espinosa, 
decorada con unos frutos color naranja de aspecto venenoso. Salieron a un 
estrecho sendero y vieron a Shadway. El fugitivo descenda por el sendero 
y les llevaba una ventaja de unos quince metros. Avanzaba de prisa y 
agachado, con una escopeta en la mano.
Peake se agach a un lado, para no ofrecerle un buen blanco.
Sin embargo, Sharp se puso en medio del camino, como si se creyera 
Superman, llamando a Shadway por su nombre y disparndole con su 
pistola. A1 disparar con silenciador, se pierde alcance y precisin a cambio 
de hacer menos ruido, por lo que considerando la distancia que los 
separaba, prcticamente se limit a disparar en vano. O bien Sharp no 
conoca el alcance eficaz de su pistola, lo que pareca improbable, o estaba 
tan completamente dominado por el odio que ya no era capaz de actuar 
racionalmente. El primer disparo lastim la corteza de un rbol, a dos 
metros a la izquierda de Shadway y el segundo rebot con un silbido de 
una roca. Entonces Shadway gir hacia la derecha y desapareci de su 
campo de visin, pero Sharp realiz otros tres disparos, a pesar de no poder 
ver su objetivo.
Incluso los mejores silenciadores se deterioran rpidamente con el uso y el 
ruido de la pistola de Sharp aumentaba considerablemente con cada disparo 
que realizaba. El quinto y ltimo son como una maza que golpeara sobre 
una superficie dura aunque flexible, sin producir un gran estruendo, pero lo 
suficientemente alto como para que durante unos instantes se oyera el eco 
en el bosque.
Cuando se hizo el silencio, Sharp escuch atentamente durante unos 
segundos y entonces retrocedi por el mismo camino por donde haban 
venido.
-Vmonos, Peake. Ahora le cogeremos a ese cabrn.
-No podemos perseguirle por el bosque. Est mejor equipado que nosotros 
-replic Peake, frunciendo el ceo.
-Maldita sea, vamos a salir del bosque -dijo Sharp, dirigindose 
efectivamente hacia el patio de la cabaa que se encontraba a su espalda-. 
Lo nico que me propona era obligarle a que se moviera, para que no se 
quedase a la espera y pudiera tendernos una trampa. Ahora le hemos puesto 
en movimiento y lo que har ser bajar de la montaa, para dirigirse a la 
carretera junto al lago. Intentar robar algn coche y con un poco de suerte 
le sorprenderemos cuando est haciendo un puente en el vehculo de algn 
pobre pescador. Vamos.
El aspecto de Sharp segua siendo feroz, frentico y poco cuerdo, pero 
Peake comprendi que el subdirector no estaba, despus de todo, tan 
dominado por el odio incontrolable como al principio haba credo. Estaba 
indudablemente furioso y no del todo racional, pero no haba perdido su 
astucia. Segua siendo peligroso.
Ben corra para salvar su propia vida, pero senta tambin pnico por 
Rachael. Iba hacia Nevada en el Mercedes, sin saber que Eric la 
acompaaba oculto en el maletero. De algn modo tena que alcanzarla, a 
pesar de que con cada minuto aumentaba la ventaja que le llevaba, 
disminuyendo sus esperanzas de reducir la distancia que los separaba. 
Deba llegar como mnimo a un telfono y llamar a Whitney Gavis, su 
hombre en Las Vegas, de modo que cuando Rachael llegara y le llamase 
para pedirle las llaves del motel, ste pudiera advertirle de la presencia de 
Eric. Evidentemente, caba la posibilidad de que ste se saliera solo del 
maletero, o de que alguien se lo abriera, pero esa alternativa era demasiado 
horrible para pensar en ella.
Rachael cruzando sola el desierto al caer de la noche..., un ruido extrao en 
el maletero..., su marido fro y difunto saliendo de pronto de su encierro, 
derribando a patadas el respaldo del asiento trasero..., introducindose en el 
coche.
Esa monstruosa imagen le conmocion hasta tal punto que no quiso seguir 
pensando en ello. Si no lo alejaba de su mente, poda convertirse en el 
escenario inevitable y sera incapaz de seguir adelante.
Se neg decididamente a pensar en lo impensable y abandon el sendero 
para seguir un camino abierto por los ciervos, por el que descendi unos 
treinta metros antes de girar a la derecha entre dos pinos, en una direccin 
que habra preferido no seguir. De all en adelante, el camino se hizo ms 
difcil y el terreno ms peligroso, con abundantes zarzas y arbustos 
espinosos, que le obligaron a dar un rodeo de cincuenta metros, por un 
sendero de hojarasca podrida que tuvo que salvar zigzagueando, con el fin 
de no precipitarse de cabeza hasta el fondo de la pendiente. Abundantes 
troncos cados y matorrales le obligaron a dar rodeos o encaramarse, 
arriesgndose a torcerse un tobillo o romperse una pierna. En ms de una 
ocasin lament no llevar botas, en lugar de sus zapatillas Adidas, si bien 
los vaqueros y la camisa de manga larga le protegan considerablemente de 
los espinos y de las ramas. A pesar de las dificultades, sigui avanzando 
porque saba que finalmente llegara a la parte inferior de la ladera, donde 
podra avanzar con mayor facilidad, porque el terreno de alrededor de las 
casas situadas debajo de la cabaa de Eric Leben era menos peligrosa. 
Adems, no le quedaba otra alternativa ms que seguir adelante, porque no 
saba si Anson Sharp an le persegua.
Anson Sharp.
Era difcil creerlo.
Durante su segundo ao en Vietnam, Ben era teniente al mando de su 
propio grupo de reconocimiento, a las rdenes del capitn Olin Ashborn, 
organizando y ejecutando con xito una serie de redadas en territorio 
enemigo. Su sargento, George Mendoza, haba sido abatido por el fuego de 
una ametralladora cuando intentaba liberar a cuatro prisioneros 
norteamericanos detenidos en un campo provisional antes de su traslado a 
Hanoi.
Anson Sharp era el sargento a quien mandaron para reemplazar a Mendoza.
Desde el momento en que conoci a Sharp, Ben no sinti ningn aprecio 
por l. Se trataba slo de una reaccin instintiva, ya que inicialmente no le 
haba descubierto ningn defecto grave. No era un gran sargento, 
incomparable a Mendoza, pero era competente y no tomaba drogas ni 
alcohol, lo cual le distingua de muchos otros soldados en esa miserable 
guerra. Tal vez abusara un poco de su autoridad y se ensaara 
excesivamente con sus inferiores. Quiz su forma de hablar de las mujeres 
denotaba cierta falta de respeto hacia ellas, pero al principio pareca tratarse 
de la habitualmente aburrida y no del todo seria misoginia que algunos 
hombres suelen manifestar cuando estn en grupo. Ben no descubri nada 
pernicioso, hasta ms adelante. Puede que tuviera una tendencia excesiva a 
evitar el contacto con el enemigo y a ordenar la retirada en los 
enfrentamientos, pero al principio no le poda tildar claramente de cobarde. 
Sin embargo, Ben le observaba con cierta desconfianza, por lo que se senta 
hasta cierto punto culpable, ya que no tena ninguna prueba contra su nuevo 
sargento.
Una de las facetas de Sharp que le disgustaba era su aparente carencia de 
conviccin. Pareca no tener opinin alguna sobre la poltica, la religin, la 
pena de muerte, el aborto, ni ninguno de los otros temas que interesaban a 
sus contemporneos. Tampoco tena ningn sentimiento acerca de la 
guerra, ni a favor ni en contra. No le importaba quin la ganara y para l la 
casi democracia del sur y el totalitarismo del norte eran moralmente 
equivalentes, si es que llegaba a pensar en trminos morales. Se haba 
alistado voluntario en los marines para evitar su reclutamiento en el ejrcito 
y no senta el orgullo propio del cuerpo, que caracterizaba a los dems 
soldados. Se propona seguir la carrera militar, a pesar de que lo que le 
haba atrado no era su voluntad de servicio ni el orgullo, sino la esperanza 
de alcanzar una graduacin de autntica autoridad, retirarse despus de 
veinte aos de servicio y disfrutar de una buena jubilacin. Hablaba 
incesantemente de las pensiones y beneficios del ejrcito.
No senta ninguna pasin especial por la msica, el arte, los libros, el 
deporte, la caza, la pesca, ni ninguna otra cosa; slo por s mismo. l 
constitua, en s mismo, su nica pasin. Sin llegar a hipocondraco, estaba 
permanentemente obsesionado con el estado de su salud y hablaba 
incesantemente de su digestin, su restreimiento o carencia del mismo y 
del aspecto de su evacuacin de vientre matutina. Otro cualquiera se habra 
limitado a decir: tengo un terrible dolor de cabeza, pero Anson Sharp, 
cuando esto le ocurra, utilizaba ms de doscientas palabras para describir 
el grado y la naturaleza de su agona, con sumo detalle e indicando con el 
dedo el lugar exacto donde el dolor se concentraba a lo largo de su frente. 
Pasaba mucho tiempo peinndose, siempre se las arreglaba para ir bien 
afeitado incluso en las batallas, senta una atraccin narcisista hacia los 
espejos y otras superficies brillantes, y no escaseaba esfuerzo alguno para 
disfrutar de todas las comodidades accesibles a un soldado en una zona 
blica.
Era difcil que a uno pudiera gustarle alguien que slo se gustaba a s 
mismo.
Pero si Anson Sharp no era bueno ni malo al llegar al Vietnam, sino slo 
egocentrista, la guerra transform la esencia maleable de su personalidad y 
le convirti gradualmente en un autntico monstruo. Cuando los rumores 
detallados y convincentes de la participacin de Sharp en el mercado negro 
llegaron a odos de Ben, una investigacin demostr su sorprendente 
carrera delictiva. Estaba involucrado en el robo de mercancas destinadas a 
diversos destacamentos y cantinas, cuya venta negociaba a continuacin 
con compradores de los bajos fondos de Saign. Tambin aparecieron 
pruebas de que, si bien Sharp no utilizaba ni venda directamente drogas, 
facilitaba el comercio de sustancias ilegales entre la mafia vietnamita y los 
soldados estadounidenses. Lo ms grave que Ben logr averiguar fue que 
Sharp haba utilizado parte de sus beneficios de sus actividades delictivas 
para afianzarse en el distrito ms depravado de Saign, donde, con la ayuda 
de un maleante vietnamita extremadamente peligroso que cumpla a la vez 
la funcin de guardin y carcelero, Sharp tena una nia de once aos 
llamada Mal Van Trang prcticamente como esclava, de quien abusaba 
sexualmente cuando tena oportunidad de hacerlo, dejndola a merced del 
maleante el resto del tiempo.
El inevitable consejo de guerra no procedi como Ben supona. Quera que 
Sharp acabara en una crcel militar con una condena de veinte aos. Pero 
antes del juicio, los testigos potenciales comenzaron a morir o desaparecer 
a un ritmo alarmante. Dos soldados que trabajaban como camellos y que 
haban accedido a declarar contra Sharp a cambio de un trato de 
condescendencia, aparecieron degollados en un callejn de Saign. A un 
teniente le volaron los sesos mientras dorma. El maleante con cara de
comadreja y la pobre Mal Van Trang desaparecieron, y Ben estaba seguro 
de que el primero estaba vivo en algn lugar, mientras que la nia estaba 
ciertamente muerta y enterrada en una fosa sin identificar, nada difcil en 
un pas atormentado por la guerra y repleto de cadveres desconocidos. En 
la crcel y a la espera de juicio, Sharp poda declararse claramente inocente 
de toda participacin en aquella serie de convenientes asesinatos y 
desapariciones, aunque fue con toda seguridad gracias a su influencia en 
los bajos fondos vietnamitas por lo que todo se desarroll de un modo tan 
favorable para l. Cuando lleg el momento del consejo de guerra, todos 
los testigos contra Sharp haban desaparecido y las nicas pruebas 
consistan esencialmente en la palabra de Ben y en la de sus investigadores, 
contra lo que Sharp protest, declarndose inocente. No haba suficientes 
pruebas concretas para mandarle a la crcel, pero exista una excesiva 
cantidad de pruebas circunstanciales para dejarle completamente libre. Por 
consiguiente fue degradado al rango de soldado y expulsado del ejrcito.
Incluso una sentencia tan relativamente suave, supuso un grave 
contratiempo para Sharp, cuyo profundo engreimiento no le haba 
permitido pensar en la posibilidad de castigo alguno. Su comodidad y 
bienestar personal constituan su principal (y probablemente nica) 
preocupacin y pareca dar por sentado que, como hijo predilecto del 
universo, jams dejara de sonrerle la fortuna. Antes de su deshonrosa 
salida de Vietnam, Sharp se haba servido de los contactos que todava le 
quedaban para obsequiar a Ben con una breve visita, demasiado breve para 
perjudicarle, pero suficiente para amenazarle.
-Escchame, imbcil, no olvides que cuando te licencies te estar 
esperando. Sabr cundo regresas y estar ah, esperndote. Te preparar 
una sorpresa -le haba dicho.
Ben no se haba tomado en serio la amenaza. Por una parte, antes del 
consejo de guerra, la indecisin de Sharp en el campo de batalla haba ido 
en aumento, llegando casi a desobedecer rdenes, antes de poner en peligro 
su amado cuerpo. De no habrsele acusado de robo, actividades 
clandestinas en el mercado negro, trfico de drogas y violacin, 
probablemente se le habran imputado cargos de desercin entre otros, 
relacionados con su creciente cobarda. Una cosa era que hablara de 
venganza y otra que tuviese agallas para llevarla a cabo. Por otra parte, a 
Ben no le preocupaba lo que pudiera ocurrir cuando regresase, porque en 
aquellos momentos, para bien o para mal, se haba comprometido con la 
guerra hasta las ltimas consecuencias, a lo que acompaaba el 
convencimiento absoluto de que slo volvera en un atad y por 
consiguiente no estara en condiciones de preocuparse de que Anson Sharp 
le esperara.
Ahora, al descender por el bosque sombro, hasta las fincas semiocultas 
entre los rboles, Ben se preguntaba cmo se las haba arreglado Anson 
Sharp, despus de haber sido deshonrosamente expulsado del ejrcito, para 
que le aceptaran como agente de la ADS. Los tipos quemados como Sharp 
solan seguir hundindose una vez haban empezado a descender. Ahora 
tendra que estar cumpliendo su segundo o tercer perodo de crcel, por 
delitos en la vida civil. A lo sumo, lo mejor que se poda esperar de l era 
que se hubiese convertido en un audaz delincuente que se ganaba 
deshonestamente la vida, a un nivel tan bajo que sus actividades les pasaran 
desapercibidas a las autoridades. Aunque se hubiera regenerado, no poda 
haber borrado lo de la expulsin del ejrcito de su ficha. Y con esa mancha, 
no le habran aceptado en ninguna organizacin dedicada a la ejecucin de 
la ley, especialmente una institucin tan rigurosa como la Agencia de la 
Defensa de la Seguridad.
Cmo diablos se las haba arreglado? , pensaba Ben.
Pensaba en ello mientras saltaba una verja parcialmente derrumbada, 
rodeando cautelosamente un edificio de ladrillos de dos plantas, avanzando 
de rbol en rbol y matorral en matorral, procurando mantenerse lo ms 
oculto posible. Si alguien miraba por la ventana y vea a un individuo con 
una escopeta en la mano y un enorme revlver al cinto, llamara 
indudablemente al sheriff del condado.
Si Sharp no le haba mentido al identificarse como agente de la Defensa de 
la Seguridad, que no tena por qu hacerlo, Ben se preguntaba qu rango 
poda haber alcanzado en la ADS. Despus de todo, pareca una casualidad 
excesiva que hubieran asignado a Sharp a una investigacin relacionada 
con Ben. Lo ms probable era que Sharp, despus de leer la ficha del caso 
Leben y descubrir que Ben, su antigua y probablemente casi olvidada 
nmesis, tena relaciones con Rachael, se las haba arreglado para ocuparse 
personalmente del caso. Vio la posibilidad de llevar a cabo la venganza que 
tena pendiente desde haca tanto tiempo y la aprovech. Pero 
evidentemente un simple agente no poda elegir los casos en los que 
trabajaba, lo que significaba que Sharp deba ocupar un cargo lo 
suficientemente importante como para organizar su propio trabajo. Otra 
prueba ms clara de su alto rango era el hecho de que le hubiera disparado 
sin provocacin alguna, con la seguridad de que poda encubrir un 
asesinato cometido delante de otro agente de la ADS.
Con la amenaza de Anson Sharp, aparte de todas las dems que ya pesaban 
sobre su cabeza y la de Rachael, Ben comenz a sentirse como si estuviera 
de nuevo en la guerra. En el campo de batalla, los disparos solan empezar 
cuando uno menos los esperaba y de la fuente y direccin ms 
insospechadas. Que era exactamente lo que la presencia de Anson Sharp 
supona: fuego inesperado de una fuente insospechada.
Al llegar a la tercera casa, Ben estuvo a punto de tropezarse con cuatro 
chiquillos que jugaban a batallas, a los que descubri en el ltimo 
momento, cuando uno de ellos sali de su escondrijo para disparar con una 
metralleta de juguete. Por primera vez en su vida, Ben experiment 
retrospectiva y claramente la vivencia de la guerra, uno de esos traumas 
mentales que la prensa atribuye a todos los veteranos. Se ech al suelo y se 
ocult rodando tras unos sanguiuelos, donde permaneci medio minuto 
con el pulso acelerado y ahogando un chillido, hasta que super la 
pesadilla.
Ninguno de los chiquillos le haba visto y cuando reemprendi la marcha lo 
hizo acurrucado y arrastrndose, de un escondrijo a otro. De los matorrales 
a las azaleas. De stas hastas unas rocas, donde el cuerpo disecado de una 
ardilla yaca como un presagio. A continuacin salv un pequeo 
montculo, repleto de arbustos espinosos que le araaron el rostro, 
cruzando otra verja casi derrumbada.
Despus de otros cinco minutos, a los casi cuarenta desde que haba 
abandonado la cabaa, baj por una frondosa pendiente hasta acabar en la 
cuneta de la carretera estatal que daba la vuelta al lago.
Dios santo, cuarenta minutos.
Qu distancia habra recorrido ya Rachael por el solitario desierto en 
cuarenta minutos?
No pienses en ello. Sigue adelante.
Durante unos instantes permaneci agachado tras unos matorrales, 
recuperando el aliento antes de levantarse y mirar de un lado para otro. No 
se vea a nadie. No haba ningn coche en la carretera asfaltada de dos 
carriles.
Considerando que no tena intencin de desprenderse de la escopeta ni del 
Combat Magnum, que le convertan en sumamente sospechoso, tena suerte 
de que fuera martes y a aquella hora. En cualquier otro momento la 
carretera no habra estado tan desierta. A primera hora de la maana 
transitaban los navegantes, los pescadores y los que se dirigan a acampar 
junto al lago, y ms tarde muchos de ellos regresaban. Pero eran las tres 
menos cinco de la tarde, momento en el que estaban todos ocupados en sus 
respectivas tareas. Tambin tena suerte de que no fuera un fin de semana, 
ya que entonces el trfico sera intenso a cualquier hora del da.
Convencido de que si vena algn coche le oira antes de entrar en su 
campo de visin y de que, por consiguiente, tendra tiempo de ocultarse, 
sali de la cuneta y comenz a caminar hacia el norte, en busca de un coche 
para robar.


27.
De nuevo en la carretera.

A las tres menos cinco, Rachael acababa de cruzar el puerto de El Cajn, 
todava diecisis kilmetros al sur de Victorville y a sesenta y cuatro de 
Barstow.
ste era el ltimo tramo de la interestatal donde an se vislumbraban 
frecuentes indicios de civilizacin. Incluso all, a excepcin de Victorville 
y de algunas casas y comercios aislados entre Hesperia y Apple Valley, el 
paisaje consista esencialmente en una gran extensin de arena blanca, 
rocas estriadas, matorrales rados, yucas y cactus. En los doscientos 
cincuenta kilmetros que separan Barstow de Las Vegas, slo se 
encuentran Calico, el pueblo fantasma con unos cuantos restaurantes, 
gasolineras y un par de moteles, y Baker, puerta de entrada al monumento 
nacional denominado Valle de la Muerte y que se cruzaba con tanta 
rapidez, que pareca casi un espejismo. Tambin haba unos lugares 
llamados Halloran Springs, Cal Neva y Stateline, que ni merecan llamarse 
pueblos, y uno de ellos tena menos de cincuenta habitantes. All, donde 
comenzaba el gran desierto del Mojave, los seres humanos haban intentado 
el dominio del territorio, pero ms all de Barstow su supremaca segua 
siendo absoluta.
De no haber estado tan preocupada por Benny, Rachael poda haber 
disfrutado del maravilloso paisaje, la potencia y prestaciones del Mercedes, 
y de la sensacin de libertad que siempre haba experimentado al cruzar el 
Mojave. Pero no poda dejar de pensar en l y deseaba no haberle dejado 
slo, a pesar de que le haba dado razones muy convincentes de que su plan 
era el mejor y no le haba dejado prcticamente otra alternativa. Pens en 
dar la vuelta y regresar, pero seguramente ya se habra marchado cuando 
llegara a la cabaa. Puede que incluso acabara en manos de la polica si 
regresaba a Arrowhead, por lo que sigui con el Mercedes a cien 
kilmetros por hora, en direccin a Barstow.
Ocho kilmetros al sur de Victorville le sorprendi un extrao traqueteo 
que pareca proceder de la parte inferior del vehculo, unos cuatro o cinco 
golpecitos, seguidos de silencio. Ech una maldicin entre dientes, 
pensando en la posibilidad de que se le averiara el coche. Descendi a 
ochenta kilmetros por hora y luego a setenta, escuchando cuidadosamente 
a lo largo de un kilmetro.
El ruido de los neumticos sobre el asfalto.
El susurro del motor.
El lejano murmullo del aire acondicionado.
Ningn traqueteo.
Al no or nada extrao, aceler de nuevo hasta los cien kilmetros por hora 
y sigui escuchando atentamente, pensando que el desconocido problema 
slo se manifestaba a altas velocidades. Sin embargo, transcurridos otros 
dos kilmetros sin or ningn ruido extrao, pens que probablemente se 
haba encontrado con algn bache en la carretera. No lo haba visto, ni 
recordaba que el coche se hubiera movido en el momento de or el ruido, 
pero no se le ocurra otra explicacin. La suspensin y los amortiguadores 
del Mercedes eran excelentes, por lo que habran absorbido gran parte de 
un pequeo traqueteo, y puede que al concentrarse en el sonido le pasara 
desapercibida alguna vibracin mnima.
Durante algunos kilmetros Rachael condujo intranquila, no porque 
esperara que se le rompiese la direccin o que le estallara el motor, pero 
con cierto temor de tener algn problema que la retrasara. Sin embargo, 
cuando el coche sigui funcionando con su habitual perfeccin, se relaj y 
volvi a pensar en Benny.

El Chevy sedn verde haba sufrido algunos daos en su colisin con el 
Ford azul (rejilla doblada, faro roto y guardabarros abollado), pero segua 
funcionando perfectamente. Peake lo haba conducido por el sendero de 
gravilla, hasta el camino asfaltado y la carretera que daba la vuelta al lago, 
con Sharp sentado junto a l, observando el bosque a su alrededor, con la 
pistola con silenciador sobre las rodillas. Sharp estaba seguro, segn deca, 
de que Shadway haba ido en otra direccin, alejado del camino, pero se 
mantuvo atento de todos modos.
Peake tema que en cualquier momento recibira una perdigonada por la 
ventana lateral y no lo contara, pero lleg vivo a la carretera estatal.
Fueron de un lado para el otro de la carretera, hasta encontrar seis 
vehculos aparcados juntos en el arcn. Probablemente pertenecan a 
pescadores que haban ido por el bosque a otro lago cercano, ideal para la 
pesca, pero de difcil acceso. Sharp decidi que Shadway saldra de la 
montaa por la parte sur y, quizs recordando aquellos coches que haba 
visto de camino hacia la cabaa, se dirigira hacia el norte por la carretera, 
quizs por la cuneta o tal vez sin salir del bosque, con la intencin de robar 
uno de los vehculos. Peake haba aparcado el Chevy detrs del sexto 
coche, una furgoneta Dodge sucia y destartalada, metindose un poco ms 
que los dems vehculos, con el fin de que Shadway no los viera cuando 
llegara procedente del sur.
Peake y Sharp estaban hundidos en sus asientos respectivos, asomando slo 
un poco la cabeza para ver a travs del parabrisas y de las ventanas de la 
furgoneta que tenan delante. Estaban listos para entrar en accin, en el 
momento en que oyeran a alguien tocando algn vehculo. O por lo menos 
Sharp lo estaba. Peake segua confuso.
Los rboles se estremecieron en la brisa racheada.
Una curiosa liblula pas volando frente al parabrisas, con sus alas 
tornasoladas.
Se oa el suave tic tac del reloj del coche y Peake tena la extraa, aunque 
quizs comprensible, sensacin de que estaban sobre una bomba de 
relojera.
-Aparecer en los prximos quince minutos -dijo Sharp.
Espero que no, pens Peake.
-No le quepa duda de que nos cargaremos a ese cabrn -agreg Sharp.
Yo no, pens Peake.
-Supondr que estamos circulando, buscndole. No pensar que nos hemos 
anticipado a sus movimientos y le estamos esperando. Caer en nuestras 
manos por su propio pie.
Dios mo, espero que no -pens Peake-. Ojal se dirija al sur, en lugar del 
norte. O quizs escale la montaa y baje por el otro lado, sin acercarse a 
donde estamos. Oh, Dios mo, te lo ruego, por qu no dejarle que cruce la 
carretera, se acerque al lago, camine sobre las aguas y llegue a la otra 
orilla?
-Me parece que va mejor armado que nosotros -dijo Peake-. Me refiero a 
que he visto una escopeta. Esto es algo a tener en cuenta.
-No la utilizar contra nosotros -respondi Sharp.
-Por qu no?
-Porque es un mojigato moralista. Un individuo de principios. Se preocupa 
demasiado de su maldita alma. Los tipos como l slo son capaces de matar 
en una guerra, en la que adems deben creer, o en una situacin en la que 
no tengan ms alternativa que hacerlo, para salvarse.
-S, pero si le disparamos a l, no tendr ms alternativa que devolver los 
disparos. No es cierto?
-Usted no le comprende. En una situacin como sta, que no es la de una 
maldita guerra, si tiene espacio para correr, que no se vea acorralado, huir 
en lugar de pelearse. Desde un punto de vista moral, es la mejor eleccin, 
comprende? Y l se considera moralmente superior. En estos bosques 
tiene mucho espacio para correr. Por lo tanto, si le disparamos y le 
alcanzamos, todo habr terminado. Pero si no le alcanzamos, no nos 
devolver los disparos, no, ese hipcrita con cara de conejo, se limitar a 
correr y nos brindar la oportunidad de volver a perseguirle e intentarlo de 
nuevo, y seguir dndonos oportunidades hasta que, tarde o temprano, se 
nos escapar o le abatiremos. Por lo que ms quiera, no le acorrale jams, 
djele siempre una salida.  Mientras corra, tendremos la oportunidad de 
dispararle por la espalda, que sera lo ms sensato, porque ese individuo 
estaba en el grupo de reconocimiento de los marines y es muy bueno, mejor 
que la mayora, eso hay que reconocrselo, es el mejor. Y parece haberse 
mantenido en forma. Si se ve obligado a hacerlo, le arrancar la cabeza sin 
ningun arma en las manos.
Peake era incapaz de decidir cul de las nuevas revelaciones era ms 
aterradora: el hecho de que por la sed de venganza de Sharp se propusieran 
matar a un inocente con un cdigo moral inusualmente completo y 
meticulosamente observado; o que le iban a disparar por la espalda si se 
presentaba la oportunidad; o que su objetivo arriesgara extremadamente su 
propia vida antes de matarlos innecesariamente, a pesar de que ellos 
estaban dispuestos a liquidarle a l; o que, si no tena otra alternativa, ese 
individuo era capaz de liquidarlos a ambos sin el menor esfuerzo. Haca 
ms de veintids horas que Peake no dorma y estaba verdaderamente 
agotado, pero mantena los ojos muy abiertos y la mente muy despierta, 
pensando en la abundancia de malas noticias que acababa de recibir.
De pronto Sharp se incorpor, como si acabara de vislumbrar a Shadway 
procedente del sur, pero debi de ser una falsa alarma, porque volvi a 
acomodarse en su asiento y vaci el aire atrapado en sus pulmones.
Est tan asustado como enojado pens Peake.
-Le conoce usted, seor? -se atrevi a preguntarle a Sharp, sabiendo que 
se enfurecera, o por lo menos irritara.
-S -respondi escuetamente, sin entrar en detalles.
-De dnde?
-De otro lugar.
-Cundo?
-Hace mucho tiempo -respondi Sharp en un tono que no dejaba lugar a 
dudas en cuanto a que no deba seguir formulando preguntas.
Desde el principio de la investigacin el da anterior, a Peake le haba 
sorprendido que alguien de un rango tan elevado como el de subdirector se 
dedicara al trabajo de campo, junto a los agentes ms novatos, en lugar de 
coordinar la operacin desde un despacho. Se trataba de un caso 
importante, pero Peake haba trabajado en otros que tambin lo eran y 
Jams haba visto a ningn oficial de la agencia de alto rango ensucindose 
las manos. Ahora lo comprenda. Sharp haba decidido inmiscuirse en el 
asunto al descubrir que su viejo enemigo, Shadway, estaba involucrado en 
el caso y porque slo en el campo tendra oportunidad de matarle y 
organizarlo de tal manera que pareciera legtimo.
-Hace mucho tiempo -repiti Sharp, hablando ms consigo mismo que 
respondiendo a Jerry Peake-. Hace mucho tiempo.

El interior del espacioso maletero del Mercedes-Benz estaba caliente 
porque lo calentaba el sol. Pero Eric Leben, acurrucado en la oscuridad, 
senta otro calor todava ms fuerte, el fuego peculiar y casi agradable que 
le arda en la sangre, la carne y los huesos, que pareca que le derrita y... le 
converta en otro hombre.
Entre el calor interior y el exterior, la oscuridad, el movimiento del 
vehculo y el susurro hipntico de los neumticos, haba entrado en una 
especie de trance. Durante algn tiempo se olvid de quin era, de dnde 
estaba y de por qu se haba metido en aquel lugar. Las ideas pululaban 
aletargadas por su mente, como capas opalescentes de aceite flotando, 
rizndose, entremezclndose y formando torbellinos en cmara lenta, sobre 
la superficie de un lago. A veces sus pensamientos eran dulces y 
agradables: las suaves curvas y texturas de la piel de Rachael, Sarah y otras 
mujeres con las que se haba acostado; el osito predilecto que se llevaba a 
la cama cuando era nio; fragmentos de pelculas que haba visto; y 
estrofas de canciones favoritas. Pero a veces las imgenes mentales eran 
oscuras y aterradoras: el to Barry sonriendo y llamndole; el cadver de 
una desconocida en un contenedor de basura; otra mujer desnuda, muerta, 
mirndole, clavada en la pared; la imagen de la muerte encapuchada entre 
las tinieblas; un rostro deformado en el espejo; unas manos extraas y 
monstruosas unidas a sus propias muecas...
En un momento dado el coche se detuvo y al cesar el movimiento despert 
de su trance. No tard en orientarse y se sinti rpidamente invadido por 
aquel fro furor mesozoico. Movi repetidamente sus poderosas y crecidas 
manos, dotadas de afiladas uas, ansioso por estrangular a Rachael; la 
mujer que le haba rechazado, que le haba impulsado hacia la muerte. 
Estaba a punto de salir del maletero, cuando oy una voz masculina y 
titube. A juzgar por los fragmentos de conversacin superficial que oa y 
el ruido de la boca de la manga de gasolina en el depsito de combustible, 
Eric comprendi que Rachael se haba parado en una gasolinera, donde con 
toda seguridad habra algunas personas y quizs muchas. Deba esperar otra 
oportunidad mejor.
En la cabaa, al abrir el maletero, se haba dado cuenta inmediatamente de 
que entre ste y el interior del coche haba una pared metlica, que no le 
permitira pasar al interior del vehculo derribando el respaldo del asiento 
trasero. Adems, el mecanismo del cerrojo era inaccesible desde el interior, 
porque estaba cubierto por una plancha sujeta por varios tornillos de 
estrella. Afortunadamente, mientras Rachael y Shadway se ocupaban de 
recoger la documentacin de Wildcard, Eric haba tenido tiempo de coger 
un destornillador del banco de trabajo, eliminar la plancha protectora, 
introducirse en el maletero y cerrarlo. Incluso en la oscuridad era capaz de 
hallar el cerrojo, meter el destornillador en el mecanismo y abrirlo sin 
dificultad.
Si no oa voces la prxima vez que se detuvieran, tardara menos de dos 
segundos en salir del maletero y echarle mano a Rachael antes de que se 
diera cuenta de lo que ocurra.
En la gasolinera, mientras esperaba silenciosa y pacientemente en el 
interior del maletero, se llev las manos al rostro y crey detectar cambios 
adicionales a los descubiertos en la cabaa. Asimismo, cuando se explor 
el cuello, los hombros y la mayor parte del cuerpo, no pareca estar 
formado exactamente como corresponda.
Crey detectar una capa de... escamas.
El asco le hizo rechinar los dientes.
Dej rpidamente de examinarse a s mismo.
Quera saber en qu se estaba convirtiendo.
Sin embargo, prefera no saberlo.
Necesitaba saberlo.
Y no se atreva a averiguarlo.
Tena la lejana sospecha de que, habiendo modificado intencionalmente 
una pequea parte de su material gentico, haba creado un desequilibrio 
qumico y de las fuerzas vitales, desconocido y quizs imposible de 
conocer. El desequilibrio no haba sido severo hasta que, a su muerte, sus 
clulas alteradas haban comenzado a actuar de un modo distinto al 
habitual, curando a un ritmo y con un alcance antinaturales. Dicha 
actividad, el enorme influjo de hormonas y protenas de crecimiento, de 
algn modo liberaba los vnculos de estabilidad gentica, y desequilibraba 
el gobierno no biolgico que garantizaba un ritmo de evolucin lento y 
lgico. Ahora evolucionaba a un ritmo alarmante. Para ser ms preciso, 
quizs devolucionaba y su cuerpo intentaba recrear formas de la 
antigedad, todava archivadas entre las decenas de millones de aos de 
experiencia racial en sus genes. Saba que mentalmente fluctuaba entre la 
moderna familiaridad de Eric Leben y la conciencia lejana de diversos 
estados primitivos de la raya humana y tema ser objeto de una regresin 
tanto mental como fsica, que le convirtiera en una forma tan remota de la 
experiencia humana que dejara de existir como Eric Leben, con su 
personalidad dispersa para siempre en una prehistoria de los simios o en la 
conciencia mesozoica.
Ella era la responsable de lo que le ocurra. Le haba matado, 
desencadenando as la reaccin incontrolada de sus clulas genticamente 
alteradas. Tanta era su sed de venganza, que le dola. Quera destripar a 
aquella puta y arrancarle sus clidos intestinos, deseaba vaciarle los ojos y 
abrirle el crneo, quera desgarrarle su atractivo rostro, aquel rostro 
relamido y odioso, masticarle la lengua, acercar la boca a sus arterias y 
beber, beber...
Volvi a estremecerse, pero en esta ocasin impulsado por una necesidad 
primaria, un temblor de placer y excitacin inhumanos.
Despus de llenar el depsito, Rachael reemprendi el camino y Eric 
volvi a caer en un estado de semitrance. En esta ocasin sus pensamientos 
eran ms extraos y difusos que la vez anterior. Se vio a s mismo 
galopando a travs de un tenebroso paisaje, apenas medio erecto, con 
lejanas montaas humeantes en el horizonte y el cielo de una pureza y un 
azul oscuro que jams haba visto, pero que sin embargo le era familiar, al 
igual que la brillante vegetacin, tambin diferente a todas las plantas con 
las que Eric Leben se haba encontrado, aunque conocida de otro ser que 
yaca en lo ms profundo de su interior. A continuacin, en su 
semisomnolencia, ya no estaba ni parcialmente erecto, no era el mismo ser 
el que se arrastraba por la tierra hmeda y clida, se acercaba a un tronco 
podrido y esponjoso, lo araaba con sus garras desmenuzando la corteza y 
la mullida madera, revelando un inmenso nido de larvas retorcindose, 
sobre las que lanz una hambrienta boca...
Transportado por su tenebrosa emocin salvaje, patale con fuerza contra 
la pared lateral del maletero, despertando brevemente de su lbrego sueo 
y alejando momentneamente los pensamientos que llenaban su mente. 
Comprendi que los golpes podan advertir a Rachael de su presencia y se 
detuvo, despus de lo que esperaba hubieran sido slo unas cuantas 
patadas.
El vehculo redujo la velocidad y se apresur a buscar el destornillador en 
la oscuridad, por si tena que abrir el cerrojo y salir con rapidez. Pero 
entonces el coche volvi a acelerar, ya que Rachael evidentemente no haba 
sabido interpretar lo que haba odo y cay de nuevo en el sueo de sus 
recuerdos y deseos primarios.
Ahora, trasladndose mentalmente a algn lugar lejano, segua cambiando 
fsicamente. El oscuro maletero era como un tero en el que un ser 
inimaginablemente mutante se formaba, se reformaba y de nuevo se 
transformaba. Era a la vez viejo y nuevo en el mundo. Su tiempo haba 
pasado y, sin embargo, estaba por llegar.

Ben calcul que esperaran que recordara la lnea de coches aparcados en la 
ladera oeste de la carretera estatal y estaran esperando que fuera a robar 
uno de ellos. Adems, probablemente contaran con que se dirigiera hacia 
el norte por la carretera, utilizando la cuneta de la parte este para ponerse a 
cubierto cuando oyera algn coche. O puede que creyeran que se quedara 
en la ladera este de la montaa, siguiendo cautelosamente la carretera y 
utilizando la cobertura de los rboles y los matorrales. Sin embargo, no 
crea que contaran con que atravesara la carretera, entrase en el bosque del 
lado oeste, el del lago, utilizando la cobertura de esos rboles y llegando 
finalmente por detrs a los coches aparcados.
Sus clculos eran correctos. Despus de recorrer cierta distancia en 
direccin norte, con la carretera a su derecha y el lago a la izquierda, subi 
cautelosamente para acercarse al asfaltado, mir de un lado para otro y 
observ los coches aparcados al sur de donde se encontraba. Vio a dos 
individuos acurrucados en los asientos delanteros del Chevy verde. Se 
haban aparcado detrs de la furgoneta Dodge, de modo que no los habra 
visto de haber llegado por el norte, en lugar de dar un rodeo. Miraban en 
direccin contraria, observando fragmentos geomtricos de la carretera, a 
travs de las ventanas del vehculo que tenan delante.
Descendiendo un poco por la pendiente, Ben permaneci durante un 
minuto tumbado de espaldas. Su colchn lo constituan hojas de pino, 
hierbajos marchitos y plantas para l desconocidas, de hoja jaspeada 
parecida a la del caladio, que con la presin de su cuerpo supuraban un 
lquido fresco que se impregnaba en la tela de su camisa y de sus vaqueros. 
Estaba tan sucio y manchado despus de su frentico descenso por la ladera 
de la montaa, desde la cabaa de Eric, que no le preocupaba la suciedad 
adicional de dichas plantas.
El Combat Magnum, metido en la parte trasera del cinturn, se le clavaba 
dolorosamente en la espalda y se gir un poco para aliviar la presin del 
mismo. Por incmodo que fuera, el Magnum haca tambin que se sintiera 
seguro.
Al ver a los individuos que le esperaban en la carretera, pens en dirigirse 
ms hacia el norte en busca de otro vehculo. Tal vez podra robar un coche 
en otro lugar y abandonar la zona antes de que se dieran cuenta de que lo 
haba hecho.
Por otra parte, quizs tendra que caminar varios kilmetros antes de 
encontrarse con algn coche que no estuviera aparcado a la vista de su 
propietario.
Era improbable que Sharp y su compaero permanecieran ah mucho 
tiempo. Si Ben no apareca pronto, creeran que se haban equivocado. 
Empezaran a circular, tal vez detenindose de vez en cuando para echar un 
vistazo en el bosque y a pesar de que era ms experto que ellos, no poda 
estar seguro de que en un momento dado no le sorprendieran.
En aquel momento contaba con la ventaja de la sorpresa, ya que saba 
dnde estaban ellos, mientras que ellos no saban dnde estaba l. Decidid 
aprovecharse de dicha ventaja.
En primer lugar, busc una piedra lisa del tamao de un puo, la encontr y 
comprob su peso. Pareca correcta. Se desabroch parcialmente la camisa, 
la meti en el interior de la misma y volvi a abrochrsela.
Con la Remington semiautomtica del calibre 12 en la mano derecha, se 
desplaz cautelosamente a lo largo del terrapln, hasta que calcul que 
deba estar bajo la parte trasera del Chevrolet. A1 acercarse a la superficie 
de la carretera, descubri que haba calculado perfectamente la distancia. El 
parachoques trasero del sedn estaba a pocos centmetros de su rostro.
Sharp tena la ventana abierta, ya que los coches del gobierno raramente 
estn equipados con aire acondicionado y Ben saba que deba cubrir la 
ltima etapa de su recorrido en el silencio ms absoluto. Si Sharp oa 
cualquier ruido sospechoso y miraba por la ventana, o por el retrovisor 
exterior, vera a Ben detrs del vehculo.
Lo ideal habra sido algn ruido natural que ocultara el suyo y Ben deseaba 
que se levantara el viento. Una buena rfaga que sacudiera los rboles, 
encubrira...
Le sonri la suerte, ya que en aquel momento se oy el ruido de un motor 
que se acercaba por el norte, ms all del Chevy. Ben se mantuvo 
atentamente a la espera y apareci un Pontiac Firebird de color gris. Al 
acercarse, aument tambin el volumen de la msica rock. En el interior 
del vehculo, una pareja de jvenes, con las ventanas abiertas, escuchaban a 
Bruce Springsteen que cantaba con entusiasmo sobre el amor, los coches y 
los obreros de los altos hornos. Perfecto.
En el momento preciso en el que el Firebird trucado pasaba junto al Chevy, 
cuando el ruido del motor y de la msica de Springsteen alcanzaron el 
mximo volumen y cuando Sharp estaba casi con toda seguridad mirando 
en direccin opuesta, Ben remont apresuradamente el terrapln y se 
acurruc detrs del sedn. Se mantuvo agachado, por debajo de la ventana 
trasera del coche, para no ser visto si al otro agente se le ocurra mirar por 
el retrovisor.
Cuando el Firebird y Springsteen desaparecieron, Ben se acerc 
cautelosamente a la esquina posterior izquierda del Chevy, respir hondo, 
se puso de pie y dispar un tiro contra la rueda trasera del vehculo. El 
ruido que impregn el tranquilo aire de la montaa fue tan ensordecedor, 
que Ben se asust a pesar de que se lo esperaba y los dos individuos del 
interior del vehculo chillaron alarmados. Uno le orden al otro que se 
mantuviera agachado. El coche se lade del costado del conductor. Con las 
manos todava doloridas del retroceso del primer disparo, Ben volvi a 
disparar, con el solo propsito de asustarles, de modo que los perdigones 
rebotaran sobre el techo del vehculo, cuyo efecto para los ocupantes sera 
el de que haban disparado en el interior del vehculo. Estaban ambos 
agachados en el asiento delantero, procurando mantenerse por debajo de la 
lnea de fuego, lo que les impeda ver a Ben o dispararle.
Realiz otro disparo contra el suelo mientras corra, se detuvo para disparar 
contra la rueda delantera del lado del conductor y el coche se inclin 
todava ms en dicha direccin. Realiz otro disparo por puro efecto 
dramtico, cuyo ruido fue horripilante incluso para l, por lo que debi 
paralizar a Sharp y a su compaero, mir hacia el parabrisas para 
asegurarse de que no se asomaban. No los vio y dispar su sexto y ltimo 
cartucho contra el parabrisas, convencido de que no herira gravemente a 
nadie, pero que estaran lo suficientemente asustados como para 
permanecer agachados otro medio minuto.
Cuando los perdigones se estaban todava incrustando en el asiento trasero 
del Chevy y no haba acabado de caer el cristal del parabrisas, Ben dio tres 
zancadas, se ech al suelo y se escondi debajo de la furgoneta Dodge. 
Cuando tuvieran el valor de levantar la cabeza, supondran que se haba 
refugiado en el bosque, a un lado u otro de la carretera, cargando la 
escopeta a la espera de que hicieran su aparicin. Jams esperaran 
encontrarle debajo del coche adjunto al suyo.
Sus pulmones intentaron respirar con violencia, pero se oblig a hacerlo 
lenta, fcil, rtmica y silenciosamente.
Quera frotarse las manos y los brazos, que le dolan despus de disparar la 
escopeta con tanta rapidez y en posiciones tan inusuales. Pero no lo hizo, se 
aguant, convencido de que el dolor y el calambre desapareceran por s 
solos.
A1 poco rato los oy que hablaban y que se abra una puerta del coche.
-Maldita sea, Peake, vamos! -exclam Sharp.
Se oyeron pasos.
Ben gir la cabeza hacia la derecha, mirando por debajo de la furgoneta y 
vio los zapatos negros Freeman de Sharp aparecer junto al vehculo. Ben 
tena un par idntico. Los de Sharp estaban rasgados y llenos de cadillos.
Por la izquierda no apareci zapato alguno.
-Vamos ya, Peake! -dijo Sharp en un ronco susurro, con tanta fuerza como 
un grito.
Se abri otra puerta, seguida de pasos titubeantes y aparecieron otros 
zapatos, tambin a la izquierda de la furgoneta. Los de Peake eran tambin 
negros, pero ms modestos y en peor estado que los de Anson Sharp. Tanto 
la superficie como los tacones y las suelas estaban cubiertas de barro, y 
muchos ms cadillos en los cordones.
Estaban uno a cada extremo de la furgoneta, sin hablar, slo escuchando y 
mirando.
Ben tuvo la absurda sensacin de que oiran los latidos de su corazn, ya 
que a l le sonaban como un tmpano.
-Puede que est ms adelante, entre los coches, a la espera de echrsenos 
encima -susurr Peake.
-Ha vuelto a refugiarse en el bosque -replic Sharp en un tono tan suave 
como el de Peake, pero con sorna-. Probablemente nos est observando en 
estos momentos, haciendo un esfuerzo para no rerse.
La piedra que Ben se haba metido bajo la camisa se le hunda en la 
barriga, pero no quiso cambiar de posicin porque tema que el menor 
ruido le delatara.
Por fin Sharp y Peake avanzaron en paralelo y los perdi de vista. 
Probablemente miraban en el interior y alrededor de los coches.
Sin embargo, era improbable que se agacharan para mirar debajo de los 
mismos, ya que era absurdo que Ben se hubiera escondido ah, tumbado en 
el suelo, casi indefenso, sin poder escapar con rapidez y donde si le 
descubran era hombre muerto. Si su estratagema funcionaba, lograra que 
se alejaran, que buscaran en otra direccin y tendra oportunidad de hacerse 
con un vehculo. Sin embargo, si sospechaban que era lo suficientemente 
estpido (o inteligente) como para ocultarse debajo de la furgoneta, era 
hombre muerto.
Ben rezaba para que no se le ocurriera al propietario regresar en aquel 
momento tan inoportuno y llevarse el vehculo, dejndole al descubierto.
Sharp y Peake llegaron hasta el ltimo coche, no habiendo descubierto al 
enemigo, regresaron caminando todava uno por cada lado de los coches. 
Ahora hablaban algo ms fuerte.
-Usted me haba dicho que no disparara contra nosotros -coment Peake, 
de mala gana.
-No lo ha hecho.
-Yo estoy seguro de que ha disparado contra m -dijo Peake, levantando el 
tono de la voz.
-Ha disparado contra el coche.
-Cul es la diferencia? Dentro del coche estbamos nosotros.
Volvieron a detenerse junto a la furgoneta.
Ben mir a la izquierda y despus a la derecha hacia sus zapatos, esperando 
que no tuviera que estornudar o toser.
-Ha disparado contra los neumticos -dijo Sharp-. No lo ve? No se 
molestara en destruirnos el coche si se propusiera matarnos.
-Ha disparado por el parabrisas -replic Peake.
-S, pero estbamos agachados, por debajo de la lnea de fuego y l saba 
que no nos alcanzara. Ya le he dicho que es un mojigato, un maldito 
puritano, que se imagina a s mismo con un sombrero blanco. Slo nos 
disparar si no le dejamos otra eleccin y nunca ser el primero en hacerlo. 
La accin tendremos que empezarla nosotros. Esccheme, Peake, si 
hubiera querido matarnos, habra metido el can de esa escopeta por una 
de las ventanas laterales y nos habra liquidado en menos de dos segundos. 
Pinselo.
Ambos guardaron silencio.
Peake probablemente reflexionaba.
Ben se pregunt en qu estara pensando Sharp. Esperaba que no recordara 
La carta envenenada, de Edgar Allan Poe. Pero le pareci que era 
improbable que lo hubiera ledo, porque Sharp slo lea revistas ilustradas.
-Est en el bosque -dijo finalmente Sharp, dndole la espalda a la furgoneta 
y mostrndole a Ben sus tacones-. En direccin hacia el lago. Apuesto a 
que ahora nos est observando. Dejar que tomemos la iniciativa.
-Debemos procurarnos otro vehculo -dijo Peake.
-Antes tendr que meterse en el bosque, echar un vistazo e intentar 
obligarle a que se muestre.
-Yo?
-Usted -afirm Sharp.
-Tenga en cuenta, seor, que no voy vestido de un modo adecuado para 
este trabajo. Mis zapatos...
-Aqu la vegetacin no es tan espesa como alrededor de la cabaa de Leben 
-dijo Sharp-. Se las arreglar.
-Qu piensa hacer usted mientras yo merodeo por el bosque? -pregunt 
finalmente Peake, despus de unos momentos de indecisin.
-Desde aqu -respondi Sharp- puedo ver casi todo el bosque a travs de los 
rboles. Si se le acerca por el bosque, es posible que se mantenga oculto de 
usted al amparo de las rocas y de los matorrales. Pero desde aqu, lo ms 
probable es que le vea si se mueve. Y si le veo, ir inmediatamente a por 
ese cabrn.
Ben oy un ruido extrao, parecido al de un tapn de un tarro de mayonesa. 
De momento no sospech de qu se trataba, pero entonces comprendi que 
Sharp le estaba quitando el silenciador a su pistola.
-Puede que con la escopeta goce todava de cierta ventaja con relacin a 
nosotros... -comenz a decir Sharp, confirmando sus sospechas.
-Puede? -pregunt Peake asombrado.
-...pero nosotros somos dos, con dos pistolas y sin los silenciadores 
mejorar nuestro alcance. Adelante, Peake. Entre en el bosque y oblguele a 
que se manifieste.
Peake pareca estar a punto de sublevarse, pero obedeci.
Ben esper.
Pasaron un par de coches por la carretera.
Ben permaneca inmvil, observando los zapatos de Anson Sharp. Al cabo 
de un rato Sharp se alej un paso del coche y no poda seguir avanzando, 
porque de haberlo hecho habra cado por el terrapln hacia el interior del 
bosque.
Cuando pas el prximo coche, Ben aprovech el ruido del motor para salir 
de debajo de la furgoneta, por el lado del conductor, agachndose junto a la 
puerta delantera, por debajo del nivel de la ventana. l y Sharp estaban uno 
a cada lado del vehculo.
Con la escopeta en la mano, se desabroch algunos botones de la camisa y 
cogi la piedra que haba recogido en el bosque.
Al otro lado del Dodge, Sharp se movi.
Ben permaneci inmvil, escuchando.
Era evidente que Sharp slo se haba desplazado un poco lateralmente, para 
no perder de vista a Peake.
Ben saba que tena que actuar con rapidez. Si pasaba algn coche, los 
ocupantes veran a un individuo con la ropa sucia, con una piedra en una 
mano, una escopeta en la otra y un revlver en el cinto, lo cual era todo un 
espectculo. Con un simple bocinazo, cualquier conductor podra advertir a 
Sharp de la presencia de aquel loco a su espalda.
Incorporndose, Ben mir a travs de las ventanas de la furgoneta y vio la 
nuca de Sharp. Si se daba la vuelta en aquel momento, no tendran ms 
remedio que dispararse mutuamente.
Ben esper con mucha tensin, hasta estar seguro de que Sharp estaba 
plenamente concentrado en la porcin nordeste del bosque. Entonces tir la 
piedra tan fuerte como pudo, por encima de la furgoneta, a mucha altura, y 
muy lejos de la cabeza de Sharp, para que no percibiera el viento de la 
piedra. Confiaba en que Sharp no la viera volando y que no golpeara la 
copa de ningn rbol cercano, sino que cayera lo ms lejos posible.
Era mucho en lo que confiaba.
Sin esperar el desenlace, volvi a agacharse junto a la furgoneta y oy el 
ruido de su misil en la copa de algn pino o en los matorrales y por fin su 
impacto hueco y resonante.
-Peake! -esclam Sharp-. A su espalda, a su espalda. Por all. Se ha 
movido algo en esos matorrales, junto al desage.
Ben oy raspaduras, ruidos y crujidos, probablemente obra de Anson 
Sharp, que bajaba por el terrapln para adentrarse en el bosque. Temiendo 
que no fuera ms que un sueo, se levant con suma cautela.
Sorprendentemente, Sharp haba desaparecido.
Con la carretera para l solo, se apresur a ir de coche en coche probando 
las manecillas. Encontr un Chevette de cuatro aos que no estaba cerrado. 
Era de un color amarillo asqueroso, con la tapicera de un verde violento, 
pero las circunstancias no le permitan preocuparse de la esttica.
Entr en el vehculo y cerr cuidadosamente la puerta. Se sac el Combat 
Magnum del cinto y lo coloc sobre el asiento, al alcance de la mano. 
Golpe el interruptor del contacto con la culata de la escopeta, hasta que se 
desprendi de la direccin.
Se pregunt si el ruido habra llegado hasta el bosque, donde Sharp y Peake 
se encontraban.
Dejando la Remington a un lado, tir a toda prisa de los cables, los cruz y 
apret el acelerador. El motor tosi y se aceler.
A pesar de que Sharp probablemente no haba odo los golpes, oy sin duda 
el coche que arrancaba, supo exactamente lo que ocurra y sin duda suba 
frentico por el terrapln que acababa de bajar.
Ben solt el freno de mano, puso la primera y sali a la carretera. Se dirigi 
hacia el sur porque aqulla era la direccin en la que estaba enfocado el 
coche y no tena tiempo para dar la vuelta.
A su espalda, oy el sonido duro y apagado del disparo de una pistola. 
Experiment un ligero sobresalto, lade la cabeza, mir por el retrovisor y 
vio a Sharp entre el Dodge y el sedn, en medio de la carretera, para poder 
apuntar mejor.
-Demasiado tarde, imbcil! -exclam Ben, acelerando a fondo.
El Chevette tosi como un viejo jamelgo tuberculoso, al que obligaran a 
correr en el derby de Kentucky.
Una bala pas rozando por el parachoques, o quizs el guardabarros, con 
un ruido agudo que pareca el balido sorprendido y doloroso del Chevette.
El vehculo dej de toser y estremecerse, saliendo finalmente disparando, 
mientras escupa una nube de humo azulado.
Por el retrovisor, vio que Anson Sharp se esfumaba tras la nube, como si de 
un demonio se tratara de regreso a los infiernos. Puede que le disparara de 
nuevo, pero Ben slo oa el ruido del motor del Chevette.
Subi una cuesta, comenz a bajar, gir a la derecha, sigui bajando y Ben 
redujo un poco la velocidad. Se acord del ayudante del sheriff en la tienda 
de deportes. Era posible que el polica siguiera en la zona. Ben calcul que 
despus de la racha de buena suerte que le haba permitido escapar de 
Sharp sera absurdo desafiar el destino excediendo el lmite de velocidad, 
en su afn por alejarse de Arrowhead. Despus de todo, la ropa que llevaba 
estaba hecha un asco, conduca un coche robado, llevaba consigo una 
escopeta y un Combat Magnum, y si le detenan por exceso de velocidad, 
no se librara slo con una multa.
Estaba de nuevo en la carretera. Esto era ahora lo ms importante, seguir en 
la carretera hasta alcanzar a Rachael, en la interestatal 15 o en Las Vegas.
Rachael estara a salvo.
Ben estaba seguro de que no le ocurrira nada.
Unas nubes blancas haban aparecido en el cielo azul veraniego. Ganaban 
espesor. Los bordes de algunas de ellas parecan de plomo. A ambos lados 
de la carretera, el bosque se aposentaba en la oscuridad.

28.
El calor del desierto.

Rachael lleg a Barstow a las tres y cuarenta del martes por la tarde. Pens 
en detenerse a comer un bocadillo, ya que para de sayunar slo haba 
comido un huevo y un par de chocolatinas en la gasolinera donde se haba 
detenido antes de entrar en la carretera interestatal. Adems, el caf y la 
Coca-Cola que se haba tomado por la maana comenzaban a surtir su 
efecto en el organismo y senta cierta necesidad de ir al lavabo, pero 
decidi seguir en la carretera. Barstow era lo suficientemente grande como 
para tener su propia polica, adems de una delegacin de las patrullas de 
trfico de California. A pesar de que la probabilidad de encontrarse con 
algn polica y de que se la identificara como a la infame traidora de la que 
haba hablado la radio era mnima, su apetito y sus necesidades biolgicas 
eran lo suficientemente leves como para no arriesgarse.
Entre Barstow y Las Vegas estara relativamente a salvo, ya que la polica 
de trfico raramente patrullaba por aquella solitaria carretera. En realidad, 
el peligro de ser detenida por exceso de velocidad era tan mnimo (y tan 
ampliamente comprendido) que la mayora del trfico circulaba entre 
ciento cuarenta y ciento cincuenta kilmetros por hora. Lanz el Mercedes 
a ciento treinta y comprob que otros coches la adelantaban, lo que le hizo 
confiar en que, aunque apareciera un coche de la polica, no la pararan.
Entonces record que a unos cincuenta kilmetros haba un aparcamiento 
con unos lavabos pblicos. Decidi que esperara y se detendra all. En 
cuanto a la comida, no corra peligro de desnutricin por el simple hecho 
de esperar hasta cenar en Las Vegas.
Desde que haba cruzado el paso de El Cajn, comprob que las nubes 
aumentaban en cantidad y tamao, y que cuanto ms se adentraba en el 
Mojave, ms tenebroso se pona el cielo. Al principio las nubes eran 
blancas, despus comenzaron a tener los bordes grises y ahora eran 
predominantemente grises con rayas negras como el carbn. Las 
precipitaciones eran escasas en el desierto, pero en verano los cielos podan 
abrirse como en una repeticin del diluvio bblico, descargando una 
cantidad de agua que el rido terreno era incapaz de absorber. Casi la 
totalidad del recorrido de la carretera se encontraba por encima de las vas 
de desage, pero de vez en cuando se vean carteles que advertan del 
peligro de inundacin. Eso no le preocupaba particularmente. Sin embargo, 
lo que la molestaba era que si llova mucho tendra que reducir 
considerablemente la velocidad y estaba ansiosa por llegar a Las Vegas 
entre las seis y cuarto y las seis y media.
No se sentira segura hasta que estuviera instalada en el motel de Benny. 
En realidad, no se sentira completamente segura hasta que l hubiera 
llegado, con las cortinas corridas y la puerta cerrada con llave.
A los pocos minutos de salir de Barstow, pas junto a la salida de Calico. 
Despus de dejar atrs las gasolineras, moteles y restaurantes que haba 
junto al cruce, a lo largo de los cien kilmetros que tena delante hasta 
llegar al pequeo poblado de Baker, le esperaba un vaco prcticamente 
absoluto. La carretera y el poco trfico que circulaba por la misma 
constituan las nicas pruebas de que el planeta no estaba deshabitado y de 
que no era una simple masa rocosa, estril y sin vida, que se desplazara 
silenciosamente por el espacio vaco.
Siendo martes, haba muy poco trfico y en su mayora camiones. De 
jueves a lunes, decenas de millares de personas iban y venan de Las 
Vegas. Frecuentemente, los viernes y los domingos, el trfico era tan 
intenso que pareca sorprendentemente anacrnico en el desierto, como si 
todos los conductores de la gran ciudad hubieran sido transportados 
simultneamente en el tiempo, a una era anterior a la poca mesozoica. 
Pero ahora, en diversas ocasiones, el vehculo de Rachael era el nico que 
circulaba por la carretera.
Conduca por un paisaje esqueltico de colinas despellejadas y llanuras 
seas, donde las rocas blancas, grises y pardas sobresalan como costillas, o 
a veces como clavculas y omoplatos, cbitos y radios, aqu un leon, all 
un fmur, de este lado un peron y del otro un montn de tarsos y 
metatarsos, como si se tratara de un gigantesco cementerio de otra era, con 
las tumbas expuestas por los vientos a lo largo de los siglos. Las yucas de 
mltiples ramas, que recordaban las estatuas de Siva y otras especies de 
cactus comunes en desiertos ms elevados brillaban por su ausencia en 
aquellas regiones ms bajas y calurosas. La vegetacin se limitaba a 
escasos matorrales y algn que otro montn de hierbajos secos. La mayor 
parte del Mojave era arena, roca, llanuras alcalinas y capas de lava 
solidificada. A lo lejos, hacia el norte, se encontraban las montaas de 
Calico, todava ms all se levantaban majestuosas en el horizonte las 
montaas de granito y en la lejana, hacia el sudeste, la cordillera del Cady. 
Todos los montes tenan el aspecto monoltico, duro y abrupto de 
inaccesibles rocas.
A las tres y diez lleg al aparcamiento en el que haba pensado cuando 
decidi no detenerse en Barstow. Redujo la velocidad, sali de la carretera 
y entr en un amplio aparcamiento completamente vaco. Se detuvo frente 
a un pequeo edificio de hormign, donde se encontraban los lavabos. A la 
derecha, bajo un slido toldo de tela metlica, sostenido por ocho postes 
tambin metlicos, haba tres mesas a la sombra para merendar. El rea 
estaba libre de hierbajos y matorrales, dejando slo arena pura y papeleras 
azules con unos carteles que solicitaban en letras muy grandes que no se 
tirara basura.
Sali del Mercedes, llevndose slo las llaves y el bolso, y dejando la 
pistola y la municin bajo el asiento, donde la haba colocado al detenerse 
en la gasolinera. Cerr la puerta con llave, ms por costumbre que por 
necesidad.
Durante unos instantes contempl el firmamento, que estaba cubierto en un 
noventa por ciento por nubes grises como el plomo, como si se preparase 
para una batalla. Segua haciendo muchsimo calor, a pesar de que en las 
ltimas dos horas la temperatura haba descendido probablemente en unos 
diez o quince grados.
Por la carretera pasaron dos enormes camiones de dieciocho ruedas, en 
direccin este, rompiendo el gran silencio del desierto, pero sumindolo en 
una tranquilidad todava ms absoluta al desaparecer.
En los lavabos, cuya nica ventilacin era una ventana de celosa en la 
parte alta de la pared, haca mucho calor, pero por lo menos estaban 
limpios. Olan a desinfectante de pino. Tambin se perciba el olor de la 
cal, expuesta permanentemente al sol del desierto.

Eric despert lentamente de un sueo intenso y realista, o quizs de un 
inimaginable antiguo recuerdo racial, en el que era algo inhumano. Se 
arrastraba por una madriguera de rugosas paredes, no la suya sino la de otra 
bestia, deslizndose hacia abajo, atrado por el olor almizcleo de lo que 
con toda seguridad seran unos suculentos huevos, que devorara en la 
tenebrosa profundidad de la madriguera. La aparicin de unos ojos 
amarillentos que brillaban en la oscuridad era indicacin de que algo se 
interpona en sus planes. Una bestia peluda de sangre caliente, bien 
protegida de dientes y garras, se le ech encima para proteger su nido 
subterrneo y de pronto se vio envuelto en una feroz batalla, que era al 
mismo tiempo horripilante y excitante. El fro furor mesozoico que le 
imbua le hizo olvidar el hambre que le haba impulsado a buscar los 
huevos. En la oscuridad, l y su adversario se mordan, rasgaban y 
golpeaban mutuamente. Eric siseaba, la otra bestia berreaba y escupa, y 
logr causar ms heridas que las que recibi, hasta que la madriguera 
qued impregnada del exquisito aroma de sangre, heces y orina...
A1 recuperar la conciencia humana, Eric se dio cuenta de que el coche no 
se mova. No saba cunto haca que estaba parado; podan ser slo un par 
de minutos o quizs varias horas. Esforzndose por abandonar el mundo 
hipntico del que acababa de emerger, que quera trasladarle de nuevo a la 
emocin violenta y reconfortante de las necesidades y placeres primitivos, 
se mordi el labio inferior y le asombr, aunque pensndolo bien no le 
sorprendi, descubrir que sus dientes estaban ms afilados que antes.
Durante unos instantes escuch, pero no oy voces ni ruido alguno en el 
exterior. Se pregunt si habran llegado hasta Las Vegas y si el coche 
estara aparcado en el garaje del motel del que Shadway le haba hablado a 
Rachael.
El furor fro e inhumano que haba sentido en el sueo no le haba 
abandonado todava, pero ahora ya no se diriga contra el mamfero de ojos 
amarillentos que moraba en la cueva, sino contra Rachael. El odio que 
senta hacia ella era descomunal y la necesidad de echarle las manos 
encima, destrozarle la garganta y destriparla estaba adquiriendo un mpetu 
frentico.
Palp en el negro maletero en busca del destornillador. A pesar de que 
haba tan poca luz como antes, pareca estar menos ciego. Si bien no 
alcanzaba a ver las dimensiones de su celda infernal, las intua por medio 
de una especie de sexto sentido recin hallado, ya que tena por lo menos 
un lejano conocimiento de la posicin de cada una de las paredes metlicas. 
Tambin intuy el lugar donde se encontraba el destornillador, junto a la 
pared, cerca de sus rodillas, y cuando acerc la mano para poner a prueba 
su percepcin, toc inmediatamente la empuadura de la herramienta.
Abri la tapa del maletero.
Entr la luz y de momento le dolieron los ojos, pero pronto se 
acostumbraron.
Levant la tapa.
Le sorprendi ver el desierto.
Sali del maletero.
Rachael se lav las manos en un lavabo donde haba agua caliente pero no 
jabn y utiliz el secador elctrico que sustitua a las toallas de papel.
A1 salir, cuando la pesada puerta se cerr a su espalda, comprob que no 
haba ninguna serpiente de cascabel en el pasillo. Haba dado slo tres 
pasos, cuando vio que el maletero del Mercedes estaba completamente 
abierto.
Se detuvo con el ceo fruncido. Aunque no hubiera estado cerrado con 
llave, la tapa no se habra abierto espontneamente.
De pronto lo comprendi: Eric.
En aquel mismo momento apareci por la esquina del edificio, escasamente 
a cinco metros de donde ella se encontraba. Se detuvo y la contempl con 
admiracin, mientras Rachael quedaba paralizada ante su presencia.
Era Eric y sin embargo no lo era.
Rachael le contemplaba con horror e incredulidad, sin poder comprender 
inmediatamente su extraa metamorfosis, pero con la sensacin de que la 
manipulacin de su estructura gentica haba provocado de algn modo 
aquellos cambios monstruosos. Pareca tener el cuerpo deformado. Sin 
embargo, a travs de la ropa, era difcil saber exactamente lo que le haba 
ocurrido. Algo haba cambiado en sus rodillas y en sus caderas. Adems 
tena una joroba; su camisa roja a cuadros le cubra con dificultad la 
protuberancia que le haba salido entre los hombros. Los brazos le haban 
crecido varios centmetros, lo cual habra sido evidente aunque sus 
abultadas y extraas muecas no le hubieran salido tanto de los puos de la 
camisa. Sus manos, deformadas desde un punto de vista humano, tenan el 
aspecto de ser horriblemente poderosas, pero diestras y flexibles; tenan 
manchas amarillas, castaas y grises, sus enormemente nudosos y 
prolongados dedos acababan en forma de garra, y en algunas zonas en lugar 
de piel tena escamas de aspecto ptreo.
Su rostro extraamente alterado era lo peor. Todos los aspectos de sus 
apuestas facciones haban cambiado y sin embargo se conservaba lo 
suficiente para ser reconocible. Los huesos se le haban reestructurado, 
convirtindose en ms anchos y planos en algunos lugares, ms estrechos y 
redondos en otros, ms voluminosos alrededor de sus ojos hundidos y en su 
prognata mandbula. Se le haba formado un horrible puente seo con 
protuberancias intermitentes en el entrecejo, que se extenda difuminndose 
por el centro del crneo.
-Rachael -dijo.
El tono de su voz era bajo, rasposo y ronco. Ella crey distinguir una nota 
de lamento, incluso de melancola.
En su abultada frente haba dos protuberancias cnicas que parecan estar 
slo parcialmente formadas, aparentemente destinadas a convertirse en 
cuernos del tamao de un pulgar. Los cuernos no habran tenido ningn 
sentido, a no ser porque al igual que en las manos tena algunas escamas en 
el rostro y zonas de piel muy curtida debajo de la mandbula y en el cuello, 
parecidas a los de ciertos reptiles, y aunque eran pocos los lagartos con 
cuernos, puede que en algn momento lejano de la evolucin, los anfibios 
hubieran tenido semejantes protuberancias, aunque pareca improbable. 
Algunos elementos de su torturado rostro seguan siendo humanos, 
mientras que otros tenan aspecto de simio. Se insinuaban lejanamente las 
decenas de millones de aos de herencia gentica que se haban 
desencadenado en l, as como la lucha que cada etapa de la evolucin 
libraba para hacerse con el control simultneamente, incluidas algunas 
formas abandonadas, con multitud de posibilidades, que se esforzaban por 
establecerse como si los tejidos fueran de arcilla.
-Rachael -repiti sin moverse-. Quiero... quiero...
Pareca no hallar las palabras para expresar su deseo o quizs simplemente 
no supiera lo que quera.
Ella tampoco era capaz de moverse, en parte porque estaba paralizada por 
el terror y en parte porque deseaba desesperadamente comprender lo que le 
haba ocurrido. Si en realidad estaba siendo arrastrado en direcciones 
opuestas por los numerosos recuerdos raciales de sus genes, si era objeto de 
una involucin hacia un estado subhumano al tiempo en que su forma e 
intelecto modernos luchaban para mantener el dominio de sus tejidos, en tal 
caso todos los cambios que experimentaba deban ser funcionales, de 
acuerdo con algn criterio evidentemente prehumano. Sin embargo, se no 
pareca ser el caso. En su rostro tena arterias que pulsaban, abultadas 
venas, protuberancias seas y diversas concavidades que parecan no tener 
razn de ser, sin vnculo alguno con los animales conocidos de la escala 
evolutiva. Otro tanto ocurra con su joroba. Sospechaba que, adems de 
afirmar diversas formas de la herencia biolgica humana, sus genes 
transformados le provocaban cambios azarosos o, quizs, le empujaban 
hacia una forma ajena, totalmente diferente a la especie humana.
-Rachael...
Tena los dientes muy afilados.
-Rachael...
La pupila azul griscea de sus ojos ya no era perfectamente redonda, sino 
que se extenda en sentido vertical, como en los ojos de las serpientes. Sin 
embargo, todava le quedaba camino por recorrer. Pareca estar en plena 
metamorfosis. Pero sus ojos ya no eran los de un ser humano.
-Rachael...
La nariz pareca habrsele hundido parcialmente en el rostro, con las 
ventanas ms abiertas que antes.
-Rachael... por favor... por favor... -dijo tendindole tristemente una 
monstruosa mano, en un tono ronco que inspiraba tristeza y compasin.
Pero en su voz haba tambin una nota evidente de amor y de deseo, que 
pareca sorprenderle tanto a l como a ella.
-Por favor... por favor... quiero...
-Eric -dijo Rachael, en un tono casi tan extrao como el suyo, caracterizado 
por el miedo y afectado por la tristeza-. Qu quieres?
-Quiero... quiero... no tener...
-S?
-... miedo...
No saba qu decirle.
Eric dio un paso hacia ella.
Rachael retrocedi inmediatamente.
Dio otro paso y Rachael comprob que tena cierta dificultad para andar, 
como si sus pies se hubieran transformado dentro de sus botas y ya no se 
sintieran cmodos en el espacio limitado de las mismas.
De nuevo retrocedi para contrarrestar su avance.
-Lo que quiero... eres t... -dijo con un esfuerzo agonizante. 
-Eric -replic Rachael en un tono suave y triste.
-... t... t...
Dio tres saltos al frente y ella retrocedi.
-No... no me rechaces... no... Rachael, no lo hagas... -dijo en una voz que 
pareca proceder de ultratumba.
-Eric, no puedo ayudarte.
-No me rechaces.
-No se te puede ayudar, Eric.
-No me rechaces... una vez ms.
No iba armada. Llevaba el bolso en una mano, las llaves en la otra y se 
maldijo por haber dejado la pistola en el Mercedes. Retrocedi un poco 
ms.
Con un grito salvaje que dej a Rachael helada en pleno verano, Eric se 
lanz hacia ella.
Rachael le arroj el bolso a la cabeza, dio media vuelta y ech a correr 
hacia el desierto, detrs de los lavabos. Sus pies se hundan en la arena 
blanda y en un par de ocasiones estuvo a punto de torcerse el tobillo y de 
caerse. Los escasos matorrales le azotaban las piernas y casi tropez con 
ellos, pero no se cay y sigui corriendo rpida como el viento, con la 
cabeza agachada y los codos pegados al cuerpo. Corri y corri para salvar 
la vida.
Al encontrarse con Rachael junto a los lavabos, a Eric le haba sorprendido 
su reaccin inicial. Al ver su hermoso rostro, su cabello color caoba y el 
cuerpo encantador junto al que en otro tiempo se haba acostado, Eric sinti 
inesperadamente remordimiento por el modo en que la haba tratado y se 
sinti imbudo por un profundo vaco. El furor primario que le atormentaba 
cedi inesperadamente y se sinti dominado por emociones ms humanas, 
aunque slo tenuemente. Se le llenaron los ojos de lgrimas. Le era difcil 
hablar, no slo por la dificultad que presentaban los cambios que haban 
tenido lugar en su garganta, sino por el peso del remordimiento, la tristeza 
y la profunda soledad que senta.
Pero volvi a rechazarle, confirmando sus peores sospechas y alejando la 
angustia y compasin que senta de s mismo. Como una oscura ola repleta 
de hielo en movimiento, volvi a sentirse invadido por el furor fro de 
aquella conciencia arcaica. El deseo de tocarle el cabello, de acariciar 
tiernamente su piel suave, de cogerla en sus brazos, se esfum 
inmediatamente y se vio reemplazado por otro anhelo mucho ms fuerte: el 
deseo profundo de matarla. Quera destriparla, hundir la cabeza en su carne 
todava caliente y proclamar finalmente su victoria orinando sobre los 
restos inanimados. Se lanz hacia ella, todava querindola, pero con otro 
fin.
Ella corri y l la persigui.
El recuerdo instintivo y racial de incontables persecuciones, no slo en los 
recovecos de su mente sino circulando por su sangre, le colocaba en una 
situacin ventajosa. La alcanzara; slo era cuestin de tiempo.
Aquel animal arrogante corra con rapidez, pero siempre lo hacan cuando 
les impulsaba el terror y el instinto de supervivencia, mucha rapidez al 
principio, pero no duradera. Adems, por el miedo, la presa no era nunca 
tan astuta como el depredador. La experiencia se lo confirmaba.
Deseaba haberse quitado las botas, porque ahora le molestaban. Sin 
embargo, su propio nivel de adrenalina era tan alto que le permita superar 
el dolor de los apretujados dedos de los pies y de los tacones. En aquel 
momento la incomodidad no le importaba.
La presa se dirigi hacia el sur, a pesar de que en aquella direccin no se 
vislumbraba lugar alguno donde pudiera refugiarse. Hasta las lejanas 
montaas los nicos habitantes de aquel inhspito territorio eran slo cosas 
que se arrastraban, gateaban y se deslizaban, cosas que mordan, picaban y 
que en algunos casos se coman a sus propios retoos para sobrevivir.
Despus de correr apenas doscientos metros, a Rachael le faltaba oxgeno y 
sus piernas parecan de plomo.
No es que no estuviera en forma, lo que ocurra era que el calor del desierto 
era tan intenso, que pareca tener cuerpo y correr por l era casi tan difcil 
como hacerlo por el agua. En su mayor parte, no proceda del cielo, cuya 
casi totalidad estaba cubierta de nubes. Se elevaba de la clida arena, donde 
el sol ahora oculto lo haba acumulado, desde el amanecer hasta la llegada 
de las nubes haca aproximadamente una hora. El calor era todava muy 
intenso, ms de treinta y cinco grados, pero el aire que se levantaba de la 
arena deba de estar por lo menos a cuarenta. Tena la impresin de estar 
corriendo sobre la rejilla de un horno.
Mir hacia atrs.
Eric la segua a unos veinte metros de distancia.
Mir hacia adelante y forz el paso, estimulando sus piernas al mximo, 
con el mayor esfuerzo del que era capaz, empujando el muro de calor, 
seguido de infinidad de muros semejantes, aspirando el aire clido hasta 
que la boca le qued seca, la lengua pegada al paladar, la garganta comenz 
a dolerle y le ardan los pulmones. Delante tena una lnea natural de 
mezquites enanos, que se extenda veinte o treinta metros hacia la izquierda 
y una distancia parecida hacia la derecha. No quiso rodearla, porque tema 
perder la ventaja que le llevaba a Eric. El mezquite slo le llegaba a la 
altura de la rodilla y, por lo que poda ver, no era demasiado slido ni 
profundo, por lo que avanz decididamente, descubriendo que se extenda 
ms all de lo que pareca, de cinco a siete metros y era ms espeso de lo 
que aparentaba. Las plantas espinosas y aceitosas le rasgaban las piernas y 
reducan su marcha con tal tenacidad, que parecan estar conscientemente 
aliadas con Eric. Su corazn ya acelerado comenz a latir con mayor 
fuerza, excesiva, golpeando contra el esternn. Cuando finalmente acab 
de cruzarlas, tena infinidad de fragmentos de hojas y de corteza pegados a 
los vaqueros y a los calcetines. Empapada de sudor, parpadeando para que 
ste no le turbara la vista, y con el sabor salado del mismo en las esquinas 
de la boca, aceler el paso. Si segua sudando de aquel modo, corra un 
verdadero peligro de deshidratarse. Comenzaba ya a ver colores en la 
periferia de su campo de visin, a sentir ligeras nuseas en el estmago y 
estaba un poco mareada. Pero sigui forzando las piernas, avanzando sobre 
el terreno rido, porque era lo nico que poda hacer.
Volvi a echar un vistazo atrs.
Eric estaba ms cerca. Escasamente a unos quince metros.
Con un enorme esfuerzo, Rachael logr sacar ms fuerzas de su interior, un 
poco ms de energa y algo de vigor adicional.
El terreno era ahora rocoso y menos peligrosamente mullido que antes. La 
roca haba sido erosionada por la arena transportada por el viento a lo largo 
de los siglos, en forma de redondeles ensortijados: las huellas del viento. 
Constitua una superficie ideal para correr y gan velocidad. Sin embargo, 
pronto agotara sus energas y comenzara a sentir los efectos de la 
deshidratacin, aunque prefera no pensar en ello. La clave consista en 
pensar positivamente y lo hizo a lo largo de otras cincuenta zancadas, con 
la seguridad de que aumentara la distancia de su perseguidor.
Cuando se volvi para mirar por tercera vez, solt un grito involuntario de 
desesperacin.
Eric estaba ms cerca. Diez metros.
Entonces fue cuando tropez y se cay.
Haba acabado la roca y el suelo volva a ser de arena. A1 no mirar, no se 
haba dado cuenta del cambio y se dobl el tobillo. Procur mantenerse en 
pie, intent seguir corriendo, pero la torcedura le impeda mantener un 
buen ritmo. Volvi a torcerse el mismo tobillo al apoyarlo contra el suelo. 
Lanz un grito y rod hacia la izquierda sobre unos matorrales, unas 
piedras y algunos hierbajos secos.
Acab al borde de un arroyo, muy caudaloso cuando llova, pero ahora, 
como la mayor parte del tiempo, completamente seco. Tena unos diecisiete 
metros de anchura y aproximadamente diez de profundidad, con las paredes 
laterales casi verticales. A1 detenerse comprendi inmediatamente la 
situacin, supo lo que deba hacer y lo hizo. Se dej caer rodando por la 
empinada pendiente, con la esperanza de no lastimarse con ninguna roca ni 
encontrarse con ninguna serpiente de cascabel.
Fue un duro descenso y cuando lleg al fondo haba perdido la mitad de sus 
fuerzas. No obstante, se levant, mir hacia arriba y vio a Eric, o a esa cosa 
en la que Eric se haba convertido, contemplndola desde la parte superior 
de la pared del arroyo. Estaba slo a diez o doce metros, pero la distancia 
en sentido vertical no era lo mismo que horizontal y pareca que se 
encontraba en la calle de una ciudad, con Eric observndola desde un 
cuarto piso. La audacia de Rachael y la vacilacin de Eric le permitieron 
ganar un poco de tiempo. De haberse lanzado tras ella, probablemente la 
habra alcanzado en seguida.
Le haba ganado un poco de terreno y deba aprovecharse de ello. Girando 
hacia la derecha, comenz a correr por el cauce del arroyo, sin apoyarse 
excesivamente en el tobillo torcido. No saba hacia dnde se diriga, pero 
sigui avanzando con los ojos muy abiertos, esperando ver algo que 
pudiera favorecerla, algo que la salvara, algo...
Algo.
Cualquier cosa.
Lo que necesitaba era un milagro.
Supona que Eric descendera cuando comenzara a correr, pero no lo hizo. 
Se qued en la parte superior, corriendo a su altura, observndola y 
guardando paso por paso el mismo ritmo que ella.
Supuso que l tambin estaba a la espera de algo que le beneficiara.

29.
Hombre recompuesto.

Con la ayuda del departamento del sheriff del condado de Riverside, que 
les facilit un coche y un ayudante para conducirlo, Sharp y Peake estaban 
de regreso de Palm Springs a las cuatro y media de la tarde del martes. 
Cogieron dos habitaciones en un motel de Palm Canyon Drive.
Sharp llam a Nelson Gosser, el agente que se haba quedado vigilando la 
casa de Eric Leben en Palm Springs. ste compr un par de albornoces 
para Peake y para Sharp, llev su ropa a una tintorera y lavandera rpida, 
y les trajo dos raciones de pollo de Kentucky Fried Chicken, con ensalada 
de col, patatas fritas y galletas.
Mientras Sharp y Peake estaban en el lago Arrowhead, el Mercedes rojo 
560 SL de Rachael Leben haba sido hallado, con una rueda reventada, 
detrs de una casa desocupada, a pocas manzanas de Palm Canyon Drive. 
Averiguaron tambin que el Ford azul que Shadway conduca en 
Arrowhead perteneca a una agencia de alquiler del aeropuerto. 
Evidentemente, ninguno de los coches les ofreca pista alguna.
Sharp llam al aeropuerto para hablar con el piloto del Bell jet Ranger. El 
helicptero estaba ya casi completamente reparado. Estara cargado de 
combustible y a disposicin del subdirector al cabo de una hora.
Sin probar las patatas porque crea que causaban problemas cardacos, 
dejando la ensalada de col porque haca meses que estaba agria y separando 
meticulosamente la piel y la grasa del pollo, comi slo la carne, mientras 
haca una serie de llamadas telefnicas a sus subordinados en los 
laboratorios de Geneplan en Riverside y en otro lugares del condado de 
Orange. Ms de sesenta agentes participaban en el caso. No pudo 
contactarlos a todos, pero hablando con seis de ellos se form una idea 
detallada del progreso de la investigacin.
Era nulo.
Muchas preguntas sin respuesta. Dnde estaba Eric Leben? Dnde estaba 
Ben Shadway? Por qu no estaba Rachael Leben con Shadway en la 
cabaa sobre el lago Arrowhead? Adnde haba ido? Dnde estaba 
ahora? Lograran Shadway y la seora Leben hacerse con las pruebas 
necesarias para divulgar la informacin relacionada con el proyecto 
Wildcard?
Considerando la urgencia de tantas preguntas sin respuesta y el fracaso 
humillante de la expedicin de Arrowhead, la mayora de la gente habra 
tenido poco apetito, pero Anson Sharp acab de devorar gustoso el pollo y 
las galletas. Adems, considerando que haba puesto todo su futuro en 
riesgo, subordinando en este caso los objetivos de la agencia a su venganza 
personal contra Ben Shadway, pareca improbable que pudiera acostarse y 
disfrutar tranquilamente del sueo profundo propio de un nio inocente. 
Pero al meterse en la enorme cama del motel, no tuvo dificultad alguna en 
hacerlo. Era siempre capaz de dormirse en el momento de apoyar la cabeza 
sobre la almohada, independientemente de las circunstancias.
Era, despus de todo, un hombre cuya nica pasin la constitua l mismo, 
cuyo nico compromiso era hacia s mismo y cuyo nico inters se 
centraba en las cosas que le afectaban directamente. Por consiguiente, el 
hecho de cuidarse, de comer bien, dormir, mantenerse en forma y cuidar de 
su apariencia eran de una importancia primordial. Adems, plenamente 
convencido de que era superior a los dems hombres y favorecido por el 
destino, no se dejaba abatir por ningn contratiempo, ya que estaba 
convencido de que la mala suerte y la decepcin eran condiciones 
transitorias, anomalas insignificantes en un camino que, en lneas 
generales, era suave y permanentemente ascendente hacia la grandeza y la 
fama.
Antes de meterse en la cama, Sharp mand a Nelson Gosser con 
instrucciones para Peake. A continuacin dio rdenes en la recepcin para 
que no le pasaran ninguna llamada, corri las cortinas, se quit el albornoz, 
arregl la almohada y se tumb sobre el colchn.
Mirando al techo oscuro, pens en Shadway y se ri.
El pobre Shadway se preguntara cmo diablos se las haba arreglado un 
individuo que haba sido sometido a un consejo de guerra y expulsado 
deshonrosamente de los marines, para convertirse en agente de la ADS. se 
era el problema fundamental del puritano de Ben. Crea equivocadamente 
que ciertas formas de conducta eran morales y otras inmorales, que las 
buenas acciones eran premiadas y que, tarde o temprano, el autor de las 
malas acababa pagando por las mismas.
Pero Anson Sharp saba que la justicia en abstracto no exista, que slo se 
deba temer la retribucin de los dems si uno les permita que 
contraatacaran y que el altruismo y la honradez no eran automticamente 
recompensados. Saba que los conceptos de moralidad e inmoralidad no 
tenan sentido alguno, y que en la vida uno no elega entre el bien y el mal, 
sino entre lo que aportaba beneficio y lo que no lo aportaba. Slo un 
imbcil hara algo que no le aportara beneficio, o que beneficiara a otro 
ms que a l. Ocuparse de s mismo era lo nico que importaba y toda 
decisin que le beneficiara a uno era buena, independientemente del efecto 
que causara en los dems.
Con sus actos limitados slo por esa filosofa extremadamente flexible, le 
haba resultado relativamente fcil eliminar lo de la expulsin deshonrosa 
de su ficha. Su respeto por la informtica y el conocimiento de sus 
capacidades haban sido tambin de un valor incalculable.
En Vietnam, Sharp haba logrado robar con mucho xito grandes 
cantidades de suministros destinados a las tropas, gracias a la colaboracin 
de un cabo llamado Eugene Dalmet, operador de ordenador en el 
departamento de intendencia. Gracias a la informtica, saban exactamente 
dnde se encontraban los suministros en cualquier momento dado y podan 
elegir el lugar y momento ideal para interceptarlos. A continuacin, Dalmet 
casi siempre lograba eliminar la informacin relacionada con dichos 
suministros del ordenador y mandar una orden a travs del mismo, para que 
algn funcionario inocente destruyera la documentacin escrita, de modo 
que nadie podra demostrar que haba habido un robo, porque no quedaba 
constancia de que hubiera nada para robar. En este nuevo mundo feliz de 
burcratas y alta tecnologa, pareca que nada era efectivamente real sino 
haba una documentacin y gran cantidad de datos en un ordenador que 
demostraran su existencia. Todo funcionaba a pedir de boca, hasta que Ben 
Shadway comenz a meter las narices en sus asuntos.
Repatriado a los Estados Unidos deshonrosamente, Sharp no estaba 
desesperado porque conservaba el alentador conocimiento del talento 
maravilloso de los ordenadores para modificar la informacin y cambiar la 
historia. Estaba seguro de que podra utilizarlo para rehacer su reputacin.
Durante seis meses, trabajando da y noche y con una dedicacin exclusiva, 
hizo cursos de informtica hasta convertirse no slo en un operador de 
primer rango, sino en un hacker de singular pericia y astucia. Eso ocurra 
en una poca en que la palabra hacker no haba sido an inventada.
Logr que le aceptaran en Oxelbine Placement, una agencia de empleo para 
ejecutivos lo suficientemente grande para necesitar un programador de 
ordenadores, pero bastante pequea y discreta como para no preocuparse 
por el historial de uno de sus empleados. Lo nico que a Oxelbine le 
interesaba era que no tuviera antecedentes penales en la vida civil y que 
estuviera bien preparado en su campo, en una poca en que no se haba 
desencadenado todava la fiebre de la informtica, con mucha demanda en 
el mundo comercial de personas que tuvieran conocimientos avanzados en 
el procesamiento de datos.
Oxelbine tena lnea directa con el ordenador principal de la TRW, la 
empresa ms importante dedicada a la investigacin de crdito y solvencia. 
Los ficheros de la TRW constituan la fuente de informacin ms 
importante, tanto a nivel local como nacional, para las agencias dedicadas a 
determinar la solvencia de los individuos. Oxelbine compraba a la TRW la 
informacin relacionada con ejecutivos que solicitaban empleo a travs de 
ellos y, de vez en cuando, reduca los costos vendindoles informacin que 
no posean. Adems de realizar su trabajo en Oxelbine, Sharp hurg 
secretamente en el ordenador de la TRW, intentando descubrir su sistema 
de codificacin de datos. Se dedic laboriosamente a tantear, como lo 
haran tantos aficionados una dcada ms tarde, si bien en aquella poca el 
sistema era ms lento, porque tambin lo eran los ordenadores. Sin 
embargo, con el transcurso del tiempo, logr tener acceso a todas las fichas 
de la TRW y, todava ms importante, descubri cmo agregar y eliminar 
datos. El proceso era ms simple de lo que sera en una poca posterior, ya 
que entonces an no se haba reconocido la necesidad de proteger la 
informacin informatizada. Cuando logr acceder a su propia ficha, cambi 
lo de expulsado deshonrosamente de los marines por honrosamente 
licenciado, se otorg incluso algunas condecoraciones, se ascendi de 
sargento a teniente y elimin un par de manchas de menor importancia. 
Entonces introdujo la orden en el ordenador de la TRW de que se 
destruyera la documentacin existente y se sustituyera por otra ficha que 
coincidiera con la informacin del ordenador.
Libre de la mancha negra en su historial, consigui trabajo en una empresa 
que trabajaba para el departamento de defensa: la General Dynamics. 
Tratndose de un empleo administrativo que no requera el visto bueno de 
los servicios de seguridad, sus antecedentes no fueron investigados por el 
FBI ni por la GAO, cuyos ordenadores estaban conectados con los del 
departamento de defensa y habran delatado su autntico historial militar. 
Utilizando los terminales de su nueva empresa, conectados tambin con los 
de los sistemas del departamento de defensa, Sharp acab por tener acceso 
a su ficha informtica en la oficina de personal del cuerpo de marines y la 
modific al igual que haba hecho con la de la TRW. A partir de entonces, 
ya slo fue cosa de que el computador de los marines diera la orden de que 
se destruyera la documentacin escrita y se reemplazara por una copia 
actualizada de la ficha.
El FBI tena su propio fichero de individuos que haban delinquido en el 
servicio militar. Los utilizaba para investigar civiles a quienes se 
sospechaba haban cometido crmenes y tambin a los candidatos a 
empleos federales, para los que se exiga el visto bueno de los servicios de 
seguridad. Rectificado el fichero del cuerpo de marines, Sharp le orden 
que mandara una copia de su ficha actualizada al FBI, acompaada de una 
nota en la que deca que su antigua ficha contena graves errores 
difamatorios y que deba ser destruida inmediatamente. En aquella poca, 
antes de que nadie hubiera odo hablar de hackers, o se hubiera dado cuenta 
de la vulnerabilidad de los archivos electrnicos, la gente crea lo que les 
decan los ordenadores; incluso los agentes del FBI, entrenados para 
desconfiar, crean en ellos. Sharp estaba bastante convencido de que se 
saldra con la suya.
A los pocos meses solicit ser admitido en un programa de formacin de la 
Agencia de la Defensa de la Seguridad y qued a la espera de comprobar si 
su campaa destinada a rehacer su reputacin haba tenido xito. Lo haba 
tenido. Despus de una investigacin por parte del FBI con relacin a su 
pasado y a su carcter, le aceptaron en la ADS. A partir de entonces, con la 
dedicacin de alguien autnticamente sediento de poder y la astucia de un 
maquiavelo innato, comenz a ascender como una centella por los rangos 
de la ADS. No le entorpeci el hecho de saber cmo utilizar el ordenador 
para mejorar su historial en la agencia, introduciendo recomendaciones y 
mritos especiales de agentes de rango superior, despus de que stos 
hubieran fallecido en accin o por causas naturales y, por consiguiente, no 
pudieran contradecirle.
Sharp decidi que haba slo un puado de individuos que podan delatarle, 
con los que haba servido en Vietnam y que haban intervenido en su 
consejo de guerra. Desde la ADS, se dedic a localizar a todos aquellos que 
podan suponer un peligro para l. Tres de ellos haban fallecido en 
Vietnam despus de su regreso. Otro haba fallecido unos aos despus de 
la poca de Jimmy Carter, en el intento fallido de rescatar a unos rehenes 
en Irn. Otro lo hizo de muerte natural. Otro fue abatido de un tiro en 
Teanek, New jersey, donde al licenciarse en los marines haba instalado 
una tienda que estaba abierta por la noche y tuvo la mala suerte de 
enfrentarse a un joven drogadicto que pretenda atracarle. Otros tres 
individuos, capaces de revelar su pasado y destruir su carrera, haban 
regresado a Washington despus de la guerra y haban entrado en el 
departamento de estado, el FBI y el departamento de justicia. Con suma 
cautela, pero sin prdida de tiempo antes de que descubrieran que estaba en 
la ADS, organiz su asesinato y lo ejecut sin el menor contratiempo.
Otros cuatro que le conocan, incluido Shadway, seguan con vida, pero 
ninguno de ellos trabajaba para el gobierno o pareca probable que le 
descubrieran en la ADS. Evidentemente, si alcanzaba el puesto de director, 
su nombre aparecera con mayor frecuencia en las noticias y podra llegar a 
odos de enemigos como Shadway, que intentaran derrocarle. Desde haca 
algn tiempo saba que esos cuatro deban morir tarde o temprano. Al 
descubrir que Shadway estaba vinculado en el caso Leben, a Sharp le 
pareci que era como un don del cielo, prueba adicional de que estaba 
destinado a llegar tan lejos como deseara.
Dada su propia historia, a Sharp no le sorprendi enterarse de la 
autoexperimentacin de Eric Leben. Otros parecan asombrados o atnitos 
ante la arrogancia de Leben, intentando violar la ley de Dios y de la 
Naturaleza, burlando la muerte. Sin embargo, haca tiempo que Sharp haba 
descubierto que absolutos tales como la verdad, lo bueno y lo malo, la 
justicia o incluso la muerte, haban dejado de ser valores absolutos en esta 
poca de tecnologa avanzada. Sharp haba reformado su reputacin 
manipulando electrones y Eric Leben haba intentado reconstituirse a partir 
de un cadver, convirtindose nuevamente en un hombre vivo con la 
manipulacin de sus propios genes. Para Sharp todo formaba parte del 
mismo proceso mgico de la ciencia del siglo.
Ahora, tumbado sobre la cama de su habitacin, Anson Sharp disfrutaba 
del sueo del amoral, mucho ms profundo y relajante que el del justo, el 
virtuoso y el inocente.
Jerry Peake tard un buen rato en dormirse. Haca veinticuatro horas que 
no se acostaba, haba subido y bajado montaas, haba obtenido un par de 
asombrosas introspecciones y estaba agotado cuando llegaron a Palm 
Springs, demasiado cansado para probar la comida que Nelson Gosser 
haba llevado. Segua estando agotado, pero no poda dormir.
Por una parte, Gosser le haba entregado un mensaje de Sharp dicindole 
que descansara durante un par de horas y estuviera listo para entrar de 
nuevo en accin a las siete y media, lo que le permitira disponer de media 
hora para ducharse y afeitarse cuando despertara. Dos horas! Necesitaba 
diez. Le pareca que no vala la pena acostarse si tena que volver a 
levantarse tan pronto.
Adems, segua sin vislumbrar la solucin del difcil dilema moral que le 
haba atormentado todo el da: convertirse en cmplice de asesinato a las 
rdenes de Sharp y hacer mritos profesionales a costa de su alma, o 
encaonar a Sharp con un arma si era necesario, arruinando su carrera pero 
salvando su alma. Le pareca que su eleccin evidente deba ser la segunda, 
slo que si encaonaba a Sharp con un arma puede que ste le disparase y 
le matara. Sharp era ms astuto y rpido que l, Peake lo saba. Haba 
pensado que por el hecho de no dispararle a Shadway, el subdirector se 
haba molestado y le echara del caso, expulsado con hasto, lo que no 
habra mejorado las perspectivas de su carrera, pero habra resuelto su 
dilema. Pero Sharp le tena ahora fuertemente atrapado y Peake reconoci 
que no tena ninguna salida fcil.
Lo que ms le preocupaba era la certeza de que alguien ms inteligente que 
l, a estas alturas habra hallado ya una solucin para beneficiarse 
enormemente de la situacin. No habiendo conocido a su madre, con poco 
afecto en su infancia por parte de su padre viudo y malhumorado, poco 
popular en la escuela por tmido e introvertido, haca tiempo que Jerry 
Peake soaba en dejar de ser un perdedor para convertirse en ganador, de 
un don nadie en un ser legendario, y ahora se le haba presentado la 
oportunidad de comenzar a ascender, pero no saba cmo utilizarla.
Se revolc en la cama. Dio vueltas y ms vueltas.
Maquin, planific y se devan los sesos contra Sharp y pensando en su 
propio xito, pero sus planes, proyectos y confabulaciones se 
desmoronaban uno tras otro, bajo el peso de la pobreza de su propia 
concepcin e ingenuidad. Senta un profundo deseo de ser como George 
Smiley, Sherlock Holmes, o James Bond, pero se senta como el gato 
silvestre, intentando con muy poca astucia capturar y devorar al ratn, 
mucho ms inteligente que l.
Tuvo un montn de pesadillas en las que se caa de escaleras, de tejados y 
de rboles, persiguiendo a un macabro canario con el rostro de Anson 
Sharp.

Ben haba perdido tiempo en el lago Silverwood, desprendindose del 
Chevette robado y buscando otro coche que pudiera robar. Habra sido 
suicida quedarse con el mismo vehculo, sabiendo que Sharp tena su 
descripcin y la matrcula. Por fin localiz un Merkur negro y nuevo, 
aparcado junto a un largo camino que conduca al lago, fuera del campo 
visual de su propietario que estaba pescando. Estaba cerrado con llave, pero 
tena las ventanas un poco abiertas para que se aireara. En el maletero del 
Chevette, entre un montn de porquera, haba encontrado un colgador de 
alambre y lo haba cogido por si se encontraba en semejante situacin. Lo 
utiliz para sacar el seguro, hizo un puente y se dirigi hacia la interestatal 
15.
No lleg a Barstow hasta las cuatro cuarenta y cinco. Haba llegado ya a la 
triste conclusin de que no alcanzara a Rachael por la carretera. Por culpa 
de Sharp haba perdido demasiado tiempo. Cuando el cielo se oscureci y 
comenzaron a caer algunas gotas, comprendi que la tormenta disminuira 
la velocidad del Merkur ms que la del Mercedes con su extraordinaria 
maniobrabilidad, aumentando la distancia que le separaba de Rachael. 
Entonces decidi salirse de la poco transitada carretera, entrar en el centro 
de Barstow y llamar por telfono a Whitney Gavis en Las Vegas.
Le avisara a Whitney de que Eric Leben estaba escondido en el maletero 
del coche de Rachael. Con un poco de suerte, Rachael no se detendra por 
el camino y no le brindara a Eric la oportunidad de atacarla, lo que 
obligara al difunto a permanecer en su escondrijo hasta que llegaran a Las 
Vegas. All, previamente advertido, Whit Gavis podra propinarle seis 
disparos con una buena escopeta, en el momento en que Eric abriera el 
maletero y Rachael, sin haberse dado cuenta en ningn momento del 
peligro que corra, estara a salvo.
Todo saldra a pedir de boca.
Whit se ocupara de todo.
Ben acab de marcar el nmero, sirvindose de su tarjeta de la ATT, y al 
cabo de un momento comenz a sonar el telfono de Whit, a doscientos 
kilmetros de distancia.
La tormenta no haba llegado an. Slo caan unas gotas, que se estrellaban 
contra las paredes del cristal de la cabina.
El telfono son y son.
Las nubes anteriormente algodonadas se haban convertido en inmensos 
cmulos de un gris oscuro, que seguan transformndose en masas todava 
ms negras y malignas, desplazndose a gran velocidad hacia el sudeste.
El telfono segua sonando y sonando.
Contstalo, maldita sea, pens Ben.
Pero Whit no estaba en casa y su deseo no cambiara la situacin. Despus 
de veinte llamadas, Ben colg el telfono.
Permaneci unos momentos en la cabina, desesperado, sin saber qu hacer.
En otra poca haba sido un hombre de accin, sin una sola duda en un 
momento de crisis. Pero como reaccin ante ciertos descubrimientos 
intranquilizantes acerca del mundo en que viva, haba intentado 
convertirse en otro hombre, estudioso del pasado, aficionado a los trenes. 
Haba fracasado en su intento, como lo haban demostrado sobradamente 
los acontecimientos recientes. No poda dejar de ser el mismo de antes. 
Ahora lo reconoca. Tambin crea no haber perdido su pericia. Pero se 
daba cuenta de que todos esos aos pretendiendo ser otro, le haban 
aplacado. El hecho de no haber verificado el maletero del Mercedes antes 
de dejar que Rachael se marchara, su actual desesperacin, su confusin y 
su inesperada indecisin, demostraban que la pretensin excesiva tiene sus 
efectos perniciosos.
Apareci un relmpago en el cielo ennegrecido, sin que por ello estallara la 
tormenta.
Decidi que lo nico que poda hacer era lanzarse a la carretera, en 
direccin hacia Las Vegas, confiando en que todo saldra bien, aunque 
dadas las circunstancias la confianza pareca ahora futil. Poda detenerse en 
Baker, cien kilmetros ms adelante, o intentar llamar nuevamente a Whit.
Tal vez su suerte cambiara.
Tena que cambiar.
Abri la puerta de la cabina y se dirigi a toda prisa hacia el Merkur 
robado.
Otro relmpago cruz el firmamento.
Un enorme trueno retumb entre las nubes y la tierra.
El aire apestaba a ozono.
Entr en el coche, cerr la puerta, puso en marcha el motor y por fin se 
desencaden la tormenta, dejando caer un milln de toneladas de agua en el 
desierto, en forma de diluvio.

30.
Serpientes de cascabel.

Rachael tena la sensacin de haberse desplazado por el cauce del arroyo a 
lo largo de varios kilmetros, aunque probablemente slo haban sido unos 
centenares de metros. La fantasa de la distancia la provocaba el intenso 
dolor de su tobillo dislocado, que mejoraba aunque levemente.
Se senta atrapada en un laberinto en el que poda pasar la vida buscando la 
salida inexistente. Haba numerosos cauces laterales, de menor anchura, 
todos a la derecha. Pens en ir por uno de ellos, pero debido al ngulo de 
interseccin, no poda ver hasta dnde se extendan y tema que, en el caso 
de seguirlo, se encontrara al poco rato en un callejn sin salida.
A la izquierda, a tres pisos de altura, Eric corra al borde del terrapln, al 
ritmo de su cojera, como si fuera el maestro del laberinto de un juego de 
Dragones y Mazmorras. Si se decida a bajar por la pared del arroyo, ella 
tendra que intentar escalar inmediatamente el muro opuesto, ya que ahora 
se haba dado perfecta cuenta de que no podra dejarle atrs. Su nica 
esperanza de supervivencia consista en escalar el muro y encontrar algunas 
piedras que tirarle cuando la persiguiera. Esperaba que tardara todava 
algunos minutos en descender, porque necesitaba recuperarse del dolor de 
su tobillo, antes de intentar la escalada.
Se oyeron truenos lejanos procedentes del oeste, de la direccin de 
Barstow. A1 primero le sigui otro y todava un tercero, ms sonoro que 
los dos anteriores. El cielo en aquella parte del desierto estaba gris y negro 
como el holln, como si hubiera habido un incendio en el firmamento, 
dejando la ceniza y los rescoldos apagados. Haba perdido tambin altura, 
convirtindose en una especie de tapa que amenazaba con cubrir el arroyo. 
Un viento clido sopl como un lamento, produciendo un quejido en la 
superficie del Mojave y algunas rfagas llegaron hasta el fondo del cauce, 
levantando arena en el rostro de Rachael. La tormenta que avanzaba por el 
oeste no haba llegado an, pero no tardara en hacerlo. Un aroma 
pretormentoso se ola en el aire y en el ambiente haba esa sensacin de 
carga elctrica que precede a la lluvia intensa.
Al entrar en una curva, a Rachael la sobresalt un montn de arbustos 
secos que haban cado de la superficie del desierto. Impulsados por una 
rfaga, se le acercaron rpidamente con un ruido rasposo, casi un chirrido, 
como si fueran entes vivientes. Intent apartarse del camino de los 
arbustos, tropez y cay tendida sobre el polvo seco sedimentario que 
cubra el cauce. Temi haberse lastimado nuevamente el tobillo, pero 
afortunadamente no fue as.
En el momento de caer, oy un ruido a su espalda. Al principio crey que 
deba tratarse de los arbustos frotando entre s, en su progreso por el arroyo, 
pero no tard en comprender la verdadera naturaleza del sonido que oa. 
Cuando volvi la cabeza, comprob que Eric haba comenzado a descender 
por la pendiente. Haba estado esperando que se cayera o que se encontrara 
con algn obstculo y, ahora que estaba en el suelo, haba decidido 
aprovecharse de su mala suerte. Haba bajado ya por un tercio del terrapln 
y estaba todava de pie, ya que la pendiente no era tan acentuada como en 
el lugar por donde haba bajado Rachael. Al descender, provoc un 
pequeo alud de polvo y piedras, pero el muro no cedi por completo. En 
un minuto llegara al fondo y en diez pasos la alcanzara.
Rachael se levant y sali corriendo hacia el muro opuesto, pero se dio 
cuenta de que se le haban cado las llaves del coche. Puede que jams 
encontrara el camino de regreso y, en realidad, lo ms probable era que 
Eric la alcanzara o que se perdera en el desierto, pero si milagrosamente 
lograra regresar junto al Mercedes, necesitaba tener las llaves.
Eric estaba ya a medio camino de la pendiente, rodeado de una nube de 
polvo que levantaba en su descenso.
Buscando frenticamente las llaves, regres al lugar donde se haba cado y 
al principio no pudo verlas. Entonces vio algo que brillaba, casi enterrado 
en el polvo. Evidentemente se haba cado sobre las llaves, empujndolas 
con su cuerpo contra el suelo. Las cogi.
Eric haba recorrido ya ms de la mitad del camino.
Se le acercaba emitiendo un sonido extrao: un grito agudo y escalofriante, 
entre susurro y chillido.
Un trueno, ahora ms cercano, retumb en el firmamento.
Empapada todava de sudor, jadeando, con la boca seca y los pulmones 
doloridos por el clido aire, corri hacia el muro opuesto mientras se meta 
las llaves en el bolsillo de los vaqueros. El grado de inclinacin era 
semejante al del terrapln por el que descenda Eric, pero Rachael 
descubri que no era tan fcil subir como bajar, y que el ngulo que 
facilitaba el descenso dificultaba la subida. Despus de tres metros de 
escalada, se vio obligada a echarse de cuerpo entero contra el muro, 
utilizando desesperadamente las manos, las rodillas y los pies para seguir 
escalando el terrapln.
El chillido escalofriante de Eric creca a su espalda.
No se atreva a mirar atrs.
Otros cinco metros para llegar a la superficie.
Su progreso era lamentablemente lento, debido a la blandura del terreno 
que pisaba. En algunos lugares se desmoronaba, al intentar apoyar las 
manos o los pies. Necesitaba la tenacidad de una araa para no perder 
terreno y le horrorizaba la perspectiva de resbalar nuevamente hasta el 
fondo del arroyo.
Le faltaban unos cuatro metros para alcanzar la superficie, por la que deba 
estar a un par de pisos del fondo.
-Rachael -dijo esa especie de Eric a su espalda, con una voz rasposa que a 
ella le produjo el mismo efecto que una lima en la mdula.
El muro estaba surcado por canales de desage verticales, algunos de unos 
pocos centmetros de anchura y profundidad, y otros de varios palmos. 
Deba mantenerse alejada de ellos, ya que a su alrededor la tierra era 
excesivamente blanda y se desmoronaba con gran facilidad.
Afortunadamente, en algunos lugares haba rocas estriadas, con franjas 
rosas, grises, castaas y blanquecinas como el cuarzo. Eran las puntas de 
los estratos rocosos que la erosin slo haba comenzado a descubrir y 
ofrecan buenos puntos de apoyo.
-Rachael...
Se agarr a un saliente rocoso de ms de un palmo que tena sobre la 
cabeza, esperando que no cediera, pero antes de poder ponerlo a prueba, 
algo le agarr el tacn derecho. No pudo evitarlo, en esta ocasin tuvo que 
mirar y ah estaba, santo cielo, esa especie de Eric, en el muro del arroyo, 
detrs de ella, aguantndose con una mano e intentando alcanzarla con la 
otra, procurando cogerle el zapato, sin acabar de lograrlo por pocos 
centmetros.
Con una agilidad asombrosa, ms propia de un animal que de un ser 
humano, se lanz hacia arriba. Sus manos, rodillas y pies se pegaban al 
muro con una facilidad horripilante. Intent agarrarla de nuevo. Estaba ya 
lo suficientemente cerca como para cogerla del tobillo.
Pero ella tampoco se dorma. Sigui avanzando al tiempo que l lo haca. 
Con los reflejos agudizados por el flujo de la adrenalina, apart los pies y 
las rodillas del muro, agarrndose slo con las manos de la roca que tena 
sobre la cabeza. Cuando l intent agarrarla, dobl las rodillas y le golpe 
con ambos pies en la mano sea de dedos mutantes con que intentaba 
agarrarla.
Peg un aullido inhumano.
Volvi a golpearle.
En lugar de deslizarse por el muro, como Rachael esperaba, Eric se 
mantuvo agarrado, sigui avanzando, con un chillido triunfal e intent 
cogerla de nuevo.
Rachael volvi a sacudirle con los pies, golpendole con uno en el brazo y 
con el otro en pleno rostro.
Sinti que se le rasgaban los vaqueros y percibi un dolor en la pantorrilla, 
comprendiendo que la haba araado con sus garras en el momento en que 
le golpeaba.
Aull de dolor, perdiendo finalmente el equilibrio y durante unos instantes 
se mantuvo precariamente agarrado de sus vaqueros. Entonces se le 
rompieron las uas, se rasg la tela y comenz a descender por el muro.
Rachael no quiso volverse para observar su cada, sino que prefiri 
concentrarse en su ascenso a la roca a la que se agarraba precariamente. 
Unas pulsaciones de dolor con cada latido de su corazn le recorran los 
brazos, las muecas y los hombros. Sus msculos entumecidos se 
contorsionaban, negndose a obedecerla. Apret los dientes, respirando por 
la nariz con tanta fuerza que pareca que rebuznaba, y se esforz hacia 
arriba propulsndose con los pies en la medida de lo posible. Con pura 
perseverancia y determinacin, condimentadas con una generosa medida de 
terror, logr alcanzar finalmente la plataforma rocosa.
A pesar de estar agotada y dolorida, no quiso detenerse. Agarrndose como 
pudo en los agujeros del muro del arroyo, en las rocas erosionadas y a las 
races de mezquite del borde de la superficie, salv los ltimos tres metros. 
Estaba en la superficie, abrindose paso entre el mezquite y por fin rodando 
sobre la arena.
Cay un rayo que pareca abrir el camino para que algn Dios descendiera 
del firmamento y los matorrales del desierto proyectaron 
momentneamente sombras gigantescas.
A continuacin retumb un enorme trueno, que Rachael oy a su espalda.
Se cerc al borde del arroyo, con la esperanza de ver a esa especie de Eric 
en el fondo del mismo, inmvil, muerto por segunda vez. Tal vez se habra 
golpeado con alguna roca. Haba unas cuantas en el cauce. Era posible. 
Poda haber cado sobre una de ellas y romperse la columna vertebral.
Mir hacia abajo.
Volva a estar ya a medio camino del muro.
Otro rayo ilumin su rostro deformado, sus plateados ojos inhumanos y 
cre un reflejo horripilante en su dentadura excesivamente afilada.
Incorporndose, Rachael comenz a darle patadas a la tierra del borde que 
se desmoronaba, de modo que le cayera encima. Estaba agarrado a una roca 
con venas de cuarzo, protegiendo la cabeza bajo la misma, de modo que el 
pequeo alud no le perjudicaba en absoluto. Rachael dej de patalear la 
tierra, busc piedras, hall unas cuantas del tamao de un huevo y se las 
lanz contra las manos. Cuando le golpearon sus grotescos dedos, solt la 
roca refugindose bajo la misma, agarrado slo a la tierra del muro, donde 
ella no poda alcanzarle.
Poda esperar a que reapareciera y lanzarle nuevamente piedras. Podra 
mantenerle muchas horas acorralado. Pero de nada servira. Sera una 
empresa tensa, agotadora y futil. Cuando se le acabaran las piedras y slo 
pudiera lanzarle tierra, subira con la rapidez de una ardilla, haciendo caso 
omiso de su irrisorio bombardeo y acabara con ella.
El clido caldero celestial se volc de nuevo, lanzando un tercer destello de 
energa. Golpe el suelo mucho ms cerca que los anteriores, a menos de 
medio kilmetro, acompaado simultneamente de una descarga digna de 
Armaguedn y con un sonido sibilante que era el lenguaje elctrico de la 
muerte.
En el muro, impertrrito ante los rayos, envalentonado al cesar el ataque 
que Rachael le haba lanzado, esa especie de Eric se agarr con una mano 
monstruosa a la plataforma rocosa.
Le lanz montones de tierra. Retir la mano y volvi a protegerse bajo la 
roca, pero ella sigui pataleando al borde del terrapln. De pronto se 
produjo un desprendimiento bajo sus pies y estuvo a punto de caerse de 
nuevo en el arroyo. En el momento en que la tierra comenz a ceder, se 
ech atrs evitando por los pelos una catstrofe y cay sobre los glteos.
Despus del desprendimiento, quizs dudara en salir de su escondrijo. Tal 
vez su precaucin le permitira ganar un par de minutos. Se puso en pie y 
comenz a correr por la superficie inhspita del desierto.
Senta numerosos calambres y pinchazos en sus entumecidos msculos. 
Segua dolindole el tobillo derecho y la pantorrilla donde le haba clavado 
sus garras.
Tena la boca ms seca que nunca y le arda la garganta. Los pulmones le 
dolan con cada bocanada entrecortada del clido aire del desierto.
No cedi ante el agotamiento, no poda permitrselo, sigui corriendo, no 
con la misma velocidad de antes, pero s tan rpido como poda.
El terreno que tena delante, cubierto de suaves colinas y hondonadas, no 
era tan llano como el anterior. Subi y baj una tras otra, con la esperanza 
de que Eric no pudiera verla cuando llegase finalmente a la superficie. Por 
fin, detenindose en una hondonada, gir hacia lo que supona el norte, a 
pesar de que en la persecucin poda haber perdido su sentido direccional, 
ya que crea que tena que dirigirse primero hacia el norte y a continuacin 
hacia el este, para dar un rodeo que le condujera de nuevo al Mercedes, que 
se encontraba seguramente a un par de kilmetros, o quizs ms lejos 
todava.
Rayos... rayos.
En esta ocasin, un rayo increblemente largo surc el firmamento a lo 
largo de unos diez segundos, zigzagueando de norte a sur, hasta alcanzar el 
suelo como una gigantesca aguja que quisiera coser para siempre el cielo y 
la tierra.
El destello y el descomunal trueno que le sigui bastaron para precipitar 
finalmente la lluvia. Comenz a caer en abundancia pegndole a Rachael el 
cabello al crneo y golpendole el rostro. Era fresca y agradable. Se lami 
los labios, agradeciendo la humedad.
En varias ocasiones mir hacia atrs, con gran aprensin, pero no vio a 
Eric.
Le haba despistado. Aunque hubiera dejado huellas de su trayectoria, la 
lluvia no tardara en borrarlas. En su extraa encarnacin, puede que fuera 
capaz de seguirla por el olfato, pero la lluvia tambin la protegera de ello, 
borrando su olor de la tierra y del ambiente. Incluso aunque sus extraos 
ojos le permitieran ver mejor que los de los humanos, con la abundante y 
tenebrosa lluvia la visibilidad era muy mala.
Has escapado -se dijo a s misma, apresurndose hacia el norte-. Estars 
pronto a salvo.
Era probablemente cierto.
Pero ella no lo crea.

Cuando Ben Shadway haba conducido apenas unos kilmetros al este de 
Barstow, la lluvia no slo llen el mundo sino que se convirti en el 
mismo. A excepcin de los golpes metronmicos del limpiaparabrisas, el 
nico ruido que se oa era el del agua, precipitndose incesantemente sobre 
el coche, golpeando con sus enormes gotas el parabrisas y saliendo 
despedida de la superficie por el impulso de los neumticos. Ms all de la 
comodidad, aunque algo hmeda, del interior del coche, la mayor parte de 
la luz haba desaparecido del cielo amoratado y malherido, y prcticamente 
lo nico que se vea era la lluvia omnipresente, precipitndose en millones 
de lneas oblicuas. De vez en cuando alguna rfaga la empujaba como las 
cortinas en una ventana abierta, propulsndola por la superficie del desierto 
en graciosas pautas ondulantes, capa tras capa, gris sobre gris. Cuando caa 
un rayo, lo que ocurra con cierta frecuencia, millones de gotitas se 
tornaban plateadas y durante un par de segundos pareca que estuviera 
nevando sobre el Mojave. En otras ocasiones, la lluvia transformada por los 
rayos adquira un brillo reluciente.
El diluvio fue en aumento, hasta que los limpiaparabrisas fueron incapaces 
de eliminar la cantidad de agua que caa. Inclinado sobre el volante con los 
ojos entornados, Ben contemplaba la tormenta. La carretera era apenas 
visible. Haba encendido los faros, que no mejoraban la visibilidad. Sin 
embargo los de los coches que venan en direccin contraria, al reflejarse 
en la lluvia, le molestaban a la vista.
Descendi a sesenta y despus a cuarenta. Por fin, puesto que la prxima 
rea de aparcamiento se encontraba a ms de treinta kilmetros, decidi 
detenerse en el arcn, sin parar el motor y encendi los intermitentes de 
emergencia del vehculo. No habiendo logrado ponerse en contacto con 
Whitney Gavis, estaba ms preocupado que nunca por Rachael y cuando 
ms avanzaba el tiempo ms intil se senta, pero habra sido una locura 
proseguir antes de que amainara la tormenta. No le sera de ninguna 
utilidad a Rachael si perda el control del coche en la resbaladiza superficie 
de la carretera, chocando con uno de esos gigantescos camiones de 
dieciocho ruedas que constituan el poco trfico que circulaba por la misma 
y acababa medio muerto.
Despus de esperar diez minutos en la lluvia ms intensa que haba visto en 
su vida, cuando comenzaba a preguntarse si jams amainara, vio que un 
torrente se haba desbordado junto a la carretera. Dado que sta haba sido 
construida a varios palmos de altura sobre el terreno circundante, no corra 
peligro de que el agua llegara al asfalto, pero se esparca por el desierto. 
Mirando por la ventana lateral del Merkur, vio algo oscuro y sinuoso que se 
desplazaba por la superficie del agua marroncea del torrente, seguido de 
otra forma similar, de una tercera y de una cuarta. Al principio lo 
contempl perplejo, hasta que se dio cuenta de que eran serpientes de 
cascabel, cuyos nidos deban de haberse inundado en la tormenta. Deban 
de ser numerosos los nidos de dichos reptiles en aquella zona, ya que en 
pocos momentos aparecieron unas cuatro decenas de serpientes. Se 
desplazaban hasta alcanzar la parte ms seca del terreno, donde 
amontonaban sus alargados cuerpos enroscndose y entrelazndose, 
configurando la masa movediza de un solo animal, desmoronado por la 
tormenta y ahora reconstituyndose.
Cay un rayo.
Las retorcidas serpientes, que recordaban los tentculos de una medusa, 
parecan estremecerse con mayor mpetu a la luz de la tormenta que las 
pona intermitentemente de relieve.
Contemplndolas, Ben sinti un escalofro en la mdula de sus huesos. 
Dej de observarlas, para mirar por el parabrisas hacia la carretera. Minuto 
tras minuto su optimismo se desmoronaba, aumentaba su desesperacin, el 
temor que senta por Rachael haba alcanzado tal profundidad que comenz 
a temblar violentamente en el interior del coche, en pleno diluvio, bajo el 
sombro cielo tormentoso del desierto.

La lluvia haba borrado toda huella que Rachael pudiera haber dejado, lo 
cual era positivo, pero la tormenta tena tambin sus efectos negativos. A 
pesar de que el diluvio haba hecho descender ligeramente la temperatura, 
aunque segua haciendo calor y a pesar de que no senta fro en absoluto, 
estaba sin embargo empapada hasta los huesos. Peor an, segua lloviendo 
a cntaros, lo cual unido a la oscuridad del ambiente entorpeca 
enormemente su sentido de la orientacin, e incluso cuando se arriesg a 
salir de la hondonada para subir sobre una colina, con el fin de orientarse, 
la visibilidad era tan precaria que no poda estar segura de que se estuviera 
dirigiendo hacia la zona donde haba aparcado el Mercedes. Todava ms 
preocupante eran los malvolos rayos que caan cada vez con mayor 
frecuencia, lo que le hizo pensar que tarde o temprano acabara carbonizada 
por uno de esos destellos.
Sin embargo, lo peor de todo era que el enorme y persistente ruido de la 
lluvia, con su siseo, cloqueo, sonido sibilante, crepitacin, gorgoteo, 
efervescencia y profundo martilleo, ocultara cualquier ruido que esa 
especie de Eric pudiera hacer al perseguirla, por lo que corra el terrible 
peligro de que la sorprendiera. Miraba frecuentemente a su espalda y 
observaba preocupada las cimas de las colinas que rodeaban las 
hondonadas por las que se desplazaba. Reduca la velocidad cada vez que 
llegaba a una curva, temiendo tropezarse con l, salido de la tormenta, con 
su extraa mirada procedente de las tinieblas, dispuesto a echarle sus 
horribles garras encima.
Cuando, inesperadamente, se lo encontr, l no la vio. Al doblar una de 
esas curvas que tanto la preocupaban, vio a Eric a siete u ocho metros, 
arrodillado en medio de una hondonada, concentrndose en algo que al 
principio Rachael no pudo comprender. Junto a ella haba una formacin 
rocosa erosionada por el viento y se puso rpidamente a cubierto y fuera de 
su campo de visin. Estuvo a punto de volver por donde haba venido, pero 
su postura y actitud le intrigaban. De pronto le pareci importante saber 
qu estaba haciendo, porque observndole en secreto quizs aprendera 
algo que le permitiera escapar o incluso que le diese cierta ventaja cuando 
volvieran a enfrentarse en algn tiempo futuro. Se desliz por la roca 
mirando por diversas concavidades y agujeros, hasta que hall una 
perforacin de unos cinco centmetros de dimetro, a travs de la cual 
poda observar a Eric.
Segua arrodillado en el suelo, con su enorme joroba contra la lluvia. 
Pareca haber... cambiado. Ya no tena el mismo aspecto que cuando le 
haba visto junto a los lavabos. Su aspecto segua siendo monstruoso, pero 
ligeramente diferente. Una diferencia sutil, pero importante... qu era 
exactamente? Mirando por el orificio de la roca, con el viento que circulaba 
por el mismo azotndole el rostro, Rachael forz los ojos para verle con 
mayor claridad. La lluvia y la oscuridad del ambiente entorpecan la 
visibilidad, pero le pareci que su aspecto era ahora ms similar al de un 
simio. Encorvado, con los hombros cados y los brazos algo ms largos. 
Puede que tampoco fuera tan mesozoico como antes, pero segua siendo 
grotesco, con los huesos muy abultados, largos y unas horribles garras en 
lugar de manos.
Evidentemente los cambios que perciba deban de ser imaginarios, ya que 
la estructura de sus huesos y de su carne no poda haber cambiado 
visiblemente en menos de un cuarto de hora. Poda? Por otra parte... Por 
qu no? Si su estructura gentica se haba colapsado por completo desde 
que le peg la paliza a Sarah Kiel la noche anterior, cuando su aspecto era 
todava humano, si su cuerpo y extremidades haban cambiado tan 
radicalmente en las ltimas doce horas, el ritmo de la metamorfosis era 
evidentemente muy acelerado y quizs podan apreciarse las diferencias en 
un solo cuarto de hora.
El descubrimiento era inquietante.
Lo que descubri a continuacin fue todava peor. Eric tena una enorme 
serpiente que se contorsionaba en sus manos, agarrndola con una cerca de 
la cabeza y con otra cerca de la cola, y se la estaba comiendo viva. Rachael 
vio cmo el animal abra y cerraba la boca, con sus dientes reflejados por la 
luz de los rayos, intentando intilmente volver la cabeza para morder la 
mano del animal que la devoraba. Eric le daba enormes mordiscos en 
medio del cuerpo con sus dientes inhumanos, arrancando bocados de carne 
que masticaba con entusiasmo. Dado que su mandbula era mucho mayor 
que la de cualquier ser humano, sus obscenos movimientos al masticar la 
serpiente se distinguan incluso a lo lejos.
Aturdida y asqueada, Rachael quera alejar la mirada, pero no lo hizo, ni 
lleg a vomitar, porque a las nuseas y a la repulsin le superaba su 
desconcierto y su necesidad de comprender a Eric.
Considerando lo mucho que anhelaba echarle la mano encima, por qu 
haba abandonado la persecucin? Se haba olvidado de ella? Le haba 
mordido la serpiente y en su furor salvaje la recompensaba con la misma 
moneda?
Pero lo que haca no era simplemente morderla, sino comrsela con deleite, 
consumiendo bocado tras bocado. En una ocasin, cuando Eric mir hacia 
el cielo, Rachael vio sus contorsionadas y aterradoras facciones en 
expresin de xtasis inhumano. Con cada mordisco, se estremeca con 
evidente deleite. Su hambre pareca tan urgente e insaciable como 
incomprensible.
Caa la lluvia, aullaba el viento, retumbaban los truenos, zigzagueaban los 
rayos y Rachael se senta como si estuviera mirando por una rendija del 
muro del infierno, contemplando a un demonio que devoraba las almas de 
los condenados. Su corazn lata con una fuerza comparable a la de la 
lluvia golpeando el suelo. Saba que deba echar a correr, pero estaba como 
hipnotizada por el paisaje infernal que se le ofreca a travs del orificio.
Vio una y otra serpiente, seguida de una tercera, una cuarta y una quinta, 
emerger en el charco en el que estaba arrodillado Eric. Estaba frente a un 
nido, que al parecer se estaba inundando. Las serpientes avanzaban y al 
encontrarse con una especie de hombre en su camino, inmediatamente le 
mordan una y otra vez en las pantorrillas y en los brazos. A pesar de que 
Eric permaneca imperturbable, Rachael se sinti muy aliviada, convencida 
de que pronto sucumbira a causa del veneno.
Tir la serpiente medio devorada y cogi otra. Sin indicacin alguna de que 
se hubiera amainado su hambre feroz, hinc sus afilados dientes en la carne 
viva del animal, arrancndole bocado tras bocado. Quiz su metabolismo 
alterado fuera capaz de contrarrestar al potente veneno de las serpientes de 
cascabel, tal vez convirtindolo qumicamente en elementos inofensivos, o 
reparando los tejidos tan rpidamente como el veneno los destrua.
Se sucedieron varios relmpagos en el malvolo firmamento, iluminado 
con su incandescencia la afilada dentadura de Eric, como si de espejos se 
tratara. En sus ojos curiosamente brillantes, se reflejaba el fuego celestial. 
En su cabello hmedo y ensortijado se reflejaban fugaces destellos 
plateados, mientras la lluvia le cubra el rostro cual plata fundida y a su 
alrededor el agua pareca efervescente, como en una gigantesca sartn.
Por fin, Rachael despert de su trance, dej de mirar por el orificio y ech a 
correr por donde haba llegado. Busc otra hondonada entre las colinas, un 
camino alternativo que la condujera al lugar donde estaba aparcado el 
Mercedes.
Al abandonar la zona ondulada para entrar en la de arena, su altura era 
generalmente muy superior a la de la escasa vegetacin. Una vez ms temi 
que la alcanzara un rayo. A la escalofriante luz estroboscpica, el rido 
terreno pareca ascender y descender, como si numerosos eones de 
actividad geolgica estuvieran comprimidos en unos pocos y frenticos 
segundos.
Quiso entrar en otro arroyo para sentirse ms a salvo de los rayos, pero su 
profundo cauce se haba convertido en un torrente de agua y barro. En el 
mismo flotaban numerosos hierbajos secos y fragmentos de mezquite, que 
rodaban con la corriente.
Se vio obligada a rodear el torrente. Sin embargo, al cabo de un rato, lleg 
a los lavabos donde se haba encontrado con Eric. El bolso segua donde lo 
haba arrojado y lo recogi. El Mercedes estaba tambin en el mismo lugar.
A los pocos pasos se detuvo repentinamente, porque vio que el maletero, 
antes abierto, estaba ahora cerrado. Tuvo la terrible sensacin de que Eric, 
o esa cosa en la que se haba convertido, haba llegado antes que ella, se 
haba metido nuevamente en el maletero y lo haba cerrado desde el 
interior.
Temblorosa, indecisa y asustada, Rachael se qued parada en la lluvia, sin 
atreverse a acercarse al coche. El rea de aparcamiento, al no disponer de 
desages apropiados, se estaba convirtiendo en un pequeo estanque. El 
agua le cubra las zapatillas.
Su pistola del 32 estaba bajo el asiento. Si pudiera alcanzarla antes de que 
Eric abriera de nuevo el maletero...
A su espalda, el martilleo del agua sobre la mesa recordaba el ruido de las 
ratas al escabullirse. El agua caa tambin del tejado de los servicios, 
precipitndose contra el suelo. Por todas partes salpicaba el agua en los 
innumerables charcos, con un crepitar que creca segundo a segundo.
Dio un paso hacia el coche, otro, y se detuvo.
Puede que no estuviera en el maletero, sino dentro del vehculo. Tal vez 
despus de cerrar el maletero se haba introducido en el asiento trasero, o 
incluso en el delantero, donde poda estar agachado, silencioso, inmvil, 
oculto, a la espera de que se abriera la puerta. Deseoso de hincarle el diente 
como lo haba hecho con las serpientes...
La lluvia que cubra las ventanas del vehculo impeda ver con claridad el 
oscuro interior del mismo.
Temerosa de acercarse al coche, pero tambin con miedo de alejarse del 
mismo, Rachael dio por fin otro paso al frente.
Cay otro rayo. La forma enorme y siniestra del Mercedes negro a la luz 
celeste, de pronto le record a un coche funerario.
Por la carretera pas un enorme camin, con el motor ronroneando y sus 
enormes ruedas esparciendo el agua por la superficie.
Rachael lleg hasta el Mercedes, abri de un tirn la puerta del conductor y 
no vio a nadie en el interior. Meti la mano bajo el asiento en busca de la 
pistola y la hall. Cuando todava le quedaba valor para actuar, se dirigi a 
la parte trasera del vehculo, titube slo unos instantes, agarr la manecilla 
y abri el maletero, dispuesta a vaciar el cargador de su pistola si all 
agachada estaba aquella cosa en la que Eric se haba convertido.
El maletero estaba vaco. La alfombra estaba empapada de agua y en el 
centro haba un charco, por lo que dedujo que haba estado abierto hasta 
que una rfaga lo haba cerrado.
Lo cerr con llave y se sent al volante. Dej la pistola sobre el asiento 
adjunto, al alcance de la mano.
El coche arranc inmediatamente y se puso en funcionamiento el 
limpiaparabrisas.
En el exterior, el desierto ms all de los servicios estaba sumido por 
completo en tonos oscuros de gris, negro, castao y rojo. El nico 
movimiento era el de la lluvia y el de los hierbajos azotados por el viento.
Eric no la haba seguido.
Puede que, despus de todo, las serpientes hubieran acabado con l. Era 
inconcebible que sobreviviera a tantas mordeduras de tantas serpientes. Tal 
vez su cuerpo genticamente alterado, aunque capaz de reparar el tejido 
destruido, no pudiera contrarrestar los efectos txicos de un veneno tan 
potente.
Sali del aparcamiento, para entrar de nuevo en la carretera, en direccin 
hacia Las Vegas, agradecida de seguir con vida. La lluvia era 
excesivamente copiosa para conducir con seguridad a ms de setenta u 
ochenta kilmetros por hora, por lo que se qued en el carril de la derecha, 
dejando que la adelantaran los motoristas ms audaces. Kilmetro tras 
kilmetro intentaba convencerse de que lo peor ya haba pasado, pero no lo 
lograba.
Ben puso una marcha y entr de nuevo en la carretera.
La tormenta se desplazaba rpidamente hacia el este, en direccin a Las 
Vegas. Los truenos eran ahora ms lejanos que antes, retumbando en la 
lejana en lugar de estallar como si fueran a destruir el mundo. Los rayos, 
que antes caan peligrosamente cerca, se vean ahora a lo lejos, cerca del 
horizonte del este. La lluvia era todava abundante, pero ya no tan intensa 
como antes y permita seguir conduciendo.
El reloj del tablero le confirm a Ben que eran las cinco y cuarto.
Sin embargo, era mucho ms oscuro de lo normal para la poca. El cielo 
encapotado haba precipitado el atardecer y en el paisaje se perciba la 
cada gradual del ocaso.
A la velocidad a la que circulaba, no llegara a Las Vegas hasta las ocho y 
media de la noche, probablemente dos o tres horas despus de Rachael. 
Tendra que detenerse en Baker, nico lugar civilizado en aquella parte del 
Mojave e intentar comunicarse nuevamente con Whitney Gavis. Pero tena 
la sensacin de que no le hallara. Una sensacin de que quizs su buena 
suerte y la de Rachael haban llegado a su fin.

31.
Hambre frentica.

Eric tena slo un recuerdo lejano de las serpientes de cascabel. Le haban 
mordido en las manos, los brazos y los tobillos, pero los pequeos agujeros 
ya haban sanado y la lluvia haba lavado las manchas de sangre de su ropa 
empapada. Su carne mutante arda con el fuego desprovisto de dolor propio 
de los cambios que experimentaba, ocultando plenamente los efectos 
insignificantes del veneno. En algunos momentos se le debilitaban las 
rodillas, se le revolva el estmago, se le turbaba la vista, o senta pequeos 
mareos, pero esos sntomas de envenenamiento disminuan claramente 
minuto a minuto. Mientras cruzaba el desierto oscurecido por la tormenta, 
le venan a la mente recuerdos de las serpientes (formas retorcidas que le 
rodeaban como el humo, susurrando en un idioma que era casi capaz de 
comprender), pero le resultaba difcil pensar que fueran reales. En algunos 
momentos recordaba que, posedo de un hambre frentica, morda, 
masticaba y tragaba bocados de serpiente. Una parte de l reaccionaba ante 
dichos recuerdos sangrientos con emocin y satisfaccin. Pero otra parte, la 
que todava era Eric Leben, los rechazaba con asco y repulsin, consciente 
de que perdera el tenue vnculo que mantena con la cordura si se extasiaba 
con ellos.
Avanz con rapidez hacia un lugar desconocido, impulsado por el instinto. 
Corra casi siempre erecto, ms o menos como un hombre, pero a veces se 
doblaba, con los hombros cados y el cuerpo arqueado en una postura 
semejante a la de un simio. Ocasionalmente senta el deseo de caminar a 
cuatro patas y arrastrarse por la hmeda arena, pero dicha compulsin le 
asustaba y logr resistirla.
De vez en cuando aparecan hogueras espectrales en el suelo del desierto, 
pero ya no le atraan como antes. Haban perdido el misterio y la intriga de 
antao, ya que ahora supona que eran las puertas del infierno. Al principio, 
al ver aquellas llamas fantasmas, vea tambin a su difunto to Barry, lo que 
probablemente significaba que el to Barry haba salido de la hoguera. Eric 
estaba seguro de que Barry Hampstead resida en el infierno, por lo que 
supuso que aqullas eran las puertas de acceso a la condena eterna. A1 
fallecer Eric, el da anterior en Santa Ana, se haba convertido en propiedad 
de Satn, condenado a pasar la eternidad junto a Barry Hampstead, pero en 
el penltimo momento le haba negado el triunfo a la tumba y haba 
rescatado su alma de las profundidades. Ahora Satans le abra las puertas a 
su alrededor, con la esperanza de que la curiosidad le inducira a meterse en 
una de ellas y al hacerlo caera en la celda sulfurosa que le haba reservado. 
Sus padres le haban advertido que corra peligro de ir al infierno, ya que 
por haber accedido a los deseos de su to y, ms adelante, por asesinarle, su 
alma estaba condenada. Ahora saba que tenan razn. El infierno estaba 
cerca. No se atreva a mirar a las llamas, donde algo le sonrea y le atraa.
Corri a toda prisa entre los matorrales del desierto. La tormenta, cual 
despiadada batalla, bombardeaba el da con rfagas deslumbrantes y 
sonoros caonazos.
Su destino desconocido result ser el aparcamiento de los lavabos donde se 
haba encontrado con Rachael. Activados por solenoides que haban 
confundido la tormenta con el anochecer, una serie de luces fluorescentes 
se haban iluminado en la fachada de la estructura y sobre ambas puertas 
laterales. En el aparcamiento, varias lmparas de vapor de mercurio 
proyectaban una luz azulada sobre la humedad del suelo.
Cuando vio el edificio de hormign entre las tinieblas de la tormenta, a Eric 
se le aclar su turbia mente y de pronto record todo lo que Rachael le 
haba hecho. Su encuentro con el camin de la basura en la calle Main 
haba sido cosa de ella. Y dado que el violento encuentro con la muerte era 
lo que haba desencadenado su desarrollo maligno, la culpaba tambin a 
ella por su monstruosa mutacin. Haba estado a punto de echarle la mano 
encima, casi haba logrado despedazarla, pero se le haba escapado al 
sucumbir a un ataque de hambre, para satisfacer las enormes necesidades 
de combustible de su metabolismo descontrolado. Ahora, al pensar en ella, 
se senta nuevamente imbuido por aquel furor mesozoico y emiti un agudo 
y feroz balido, que se perdi en el ruido de la tormenta.
Al rodear el edificio, presinti una presencia cercana. La emocin le 
recorri todo el cuerpo. Se puso a cuatro patas, agachado junto a la pared, 
en un lugar oscuro donde no alcanzaba la luz del tubo fluorescente ms 
cercano.
Escuch con la cabeza ladeada y reteniendo la respiracin. Ms arriba, en 
la pared de los lavabos de los hombres, haba una pequea ventana abierta. 
Se oan ruidos en el interior. Un hombre tosi. Entonces Eric oy que 
silbaba la cancin de los Cats solo a la luz de la luna. Oy pasos sobre el 
suelo de hormign. Se abri la puerta que daba al exterior, a unos tres 
metros de donde Eric estaba agachado y apareci un individuo.
Tena cerca de treinta aos, era corpulento, robusto y llevaba botas, 
pantalones y camisa vaqueros y un ancho sombrero castao. Se detuvo 
unos momentos en el umbral, contemplando la lluvia. De pronto se dio 
cuenta de la presencia de Eric, se dio la vuelta, dej de silbar y le 
contempl con horror e incredulidad.
Al acercrsele, Eric se movi con tanta rapidez que pareca el reflejo de los 
rayos del firmamento. Con su altura y sus msculos, el vaquero habra sido 
un adversario peligroso luchando con cualquier hombre normal, pero Eric 
Leben ya no lo era, ni siquiera poda considerrsele completamente 
humano. La sorpresa que el agresor supuso para el vaquero constituy una 
enorme desventaja para l, ya que qued paralizado. Eric se lanz sobre su 
presa, hincndole profundamente una garra en el vientre. Al mismo tiempo, 
le cogi la garganta con la otra, abrindosela de un zarpazo y destrozndole 
las cuerdas vocales, con lo que le silenci inmediatamente. La sangre 
brotaba de las cartidas partidas. La muerte se reflejaba ya en la mirada del 
vaquero, antes de que Eric le abriera las entraas. Los intestinos humeantes 
cayeron como una cascada sobre el hormign hmedo y el individuo, ya 
muerto, se desplom sobre sus propias entraas calientes.
Con una sensacin feroz, libre y poderosa, Eric se sent sobre el cadver 
caliente. Curiosamente, el hecho de matar ya no le resultaba repulsivo ni 
aterrador. Se estaba convirtiendo en un animal primario que hallaba una 
salvaje satisfaccin en la matanza. Pero incluso la parte de l que segua 
siendo civilizada, la faceta Eric Leben, se excitaba incuestionablemente 
ante la violencia, as como ante el enorme poder y rapidez felina de su 
cuerpo mutante. Saba que deba estar horrorizado, asqueado, pero no lo 
estaba. A lo largo de toda su vida haba sentido la necesidad de dominar a 
los dems, de destruir a sus adversarios y ahora esa necesidad hallaba su 
forma de expresin ms pura: el asesinato cruel, despiadado y violento.
Por vez primera, tambin logr recordar con toda claridad el asesinato de 
dos jvenes cuyo coche haba robado en Santa Ana el martes por la noche. 
No senta ninguna responsabilidad por su muerte, ni culpa alguna, sino tan 
slo una dulce satisfaccin tenebrosa y una especie de jbilo salvaje. En 
realidad, el recuerdo de la sangre derramada, de aquella mujer desnuda que 
haba clavado en la pared, slo contribuan a su alborozo por el asesinato 
del vaquero y su corazn lata al ritmo de una alegra congelada.
Entonces, durante unos minutos, echndose sobre el cadver en la puerta de 
los lavabos, perdi toda conciencia de s mismo como ser inteligente, como 
ente con un pasado y un futuro. Descendi a un estado de ensueo en el 
que las nicas sensaciones eran el olor y el gusto de la sangre. Tambin 
seguan oyendo el repiqueteo efervescente de la lluvia, pero ms que un 
ruido externo pareca que proceda de su interior, tal vez el sonido del 
cambio que flua por sus arterias, venas, huesos y tejidos.
Un grito le despert de su trance. Levant la cabeza de la garganta 
destrozada de su presa, donde haba hundido el hocico. En la esquina del 
edificio haba una mujer, con los ojos muy abiertos y un brazo cruzado 
sobre el pecho en actitud defensiva. A juzgar por sus botas, pantalones y 
camisa vaqueros, se trataba de la compaera del hombre a quien Eric 
acababa de matar.
Eric se dio cuenta de que haba estado alimentndose de su presa, pero el 
descubrimiento no le asombr ni le horroriz. A un len no le sorprendera 
ni le disgustara su propia ferocidad.
Su acelerado metabolismo generaba un hambre como jams haba tenido en 
su vida y deba nutrirse en abundancia para alimentar los cambios. En la 
carne de su presa hall lo que necesitaba, al igual que un len satisface sus 
necesidades con la carne de una gacela.
La mujer intent chillar de nuevo, pero fue incapaz de hacerlo.
Eric se incorpor y se lami la sangre de los labios.
La mujer corri bajo la lluvia, perdiendo su sombrero y con su rubia 
cabellera hondeando al viento, nico toque de brillo en la oscuridad del 
ambiente.
Eric la persigui. La sensacin de correr por el hormign y a continuacin 
por la arena inundada le produca un placer indescriptible. Cruz el 
aparcamiento asfaltado, acortando la distancia con cada segundo que 
transcurra.
Se diriga hacia una furgoneta de un color rojo apagado. Mir a su espalda 
y vio que se le acercaba. Debi de darse cuenta de que no tendra tiempo de 
meterse en el vehculo y alejarse conduciendo, por lo que ech a correr 
hacia la carretera, evidentemente con la esperanza de encontrarse con uno 
de los pocos coches o camiones que pasaban.
La persecucin fue breve. La alcanz junto al aparcamiento, rodaron por el 
suelo inundado y ella intent golpearle y araarle. Eric le clav sus 
horribles y afiladas uas en los brazos, unindoselos al cuerpo, y ella lanz 
un terrible grito de dolor. Luchando furiosamente, rodaron una vez ms 
hasta caer en la cuneta inundada, fra a pesar del calor ambiental.
Momentneamente le sorprendi descubrir que disminua su ferocidad 
sanguinaria, reemplazada por el deseo carnal al ver a aquella mujer 
indefensa. Pero se someti a dicha necesidad como lo haba hecho con la 
anterior. La mujer, intuyendo lo que se propona, intent desesperadamente 
sacrselo de encima. Sus gritos de dolor se transformaron en puros aullidos 
de terror. Soltndole los brazos, le arranc la blusa y coloc sus garras 
inhumanas sobre sus pechos desnudos.
Dej de chillar y le contempl con la mirada vaca, silenciosa, temblando, 
paralizada de terror.
A1 cabo de un momento, habindole arrancado los pantalones, abri 
anhelante sus propios vaqueros para sacar su miembro. A pesar del afn 
con que deseaba violarla, se dio cuenta de que el rgano erecto en su mano 
no era humano; era grande, extrao, horrible. Cuando la mujer lo vio, 
comenz a sollozar. Debi de pensar que se haban abierto las puertas del 
infierno y haban comenzado a llegar los demonios. El horror y miedo de la 
mujer acrecentaron su lujuria.
La tormenta, que haba ido amainando, empeor momentneamente, como 
acompaamiento malvolo al acto brutal que estaba a punto de tener lugar.
Copul con ella.
La lluvia les caa encima.
El agua salpicaba a su alrededor.
Pocos minutos despus, la mat.
A la luz de un rayo que ilumin el aparcamiento inundado, la sangre de la 
mujer que se diseminaba pareca una pelcula de aceite opalescente sobre el 
agua.
Despus de matarla, comi.
Una vez saciado, decrecieron sus instintos primarios y la parte inteligente 
de su ser pas a dominar a la bestia salvaje. Gradualmente comenz a darse 
cuenta del peligro que corra de que le vieran. Haba poco trfico en la 
carretera, pero si uno de los coches o camiones que pasaban decida 
detenerse en los servicios, le descubriran. Arrastr apresuradamente el 
cadver de la mujer hasta el edificio de los lavabos y, junto con el del 
hombre, lo escondi entre el mezquite que creca detrs del mismo.
Hall las llaves en el contacto de la furgoneta. El motor arranc al segundo 
intento.
Se haba quedado con el sombrero del vaquero y se lo puso en la cabeza, 
con el ala bastante baja, esperando disimular el extrao aspecto de su 
rostro. Segn el indicador, el depsito de gasolina estaba lleno, por lo que 
no tendra necesidad de detenerse hasta llegar a Las Vegas. Pero si se 
cruzaba con algn conductor que le viera el rostro... Deba concentrarse, 
conducir correctamente, no llamar la atencin, resistirse a la llamada de la 
evolucin retrgrada que le arrastraba a la perspectiva negligente de la 
bestia. Tena que acordarse de ocultar su rostro grotesco de los vehculos 
con los que se cruzara y de los que le adelantaran. Con esas precauciones, 
el sombrero y el ocaso precipitado por la tormenta tal vez bastaran para 
que nadie le descubriera.
Mir en el retrovisor y vio dos ojos distintos. Uno era de un verde 
luminoso, una pupila anaranjada y ovalada en sentido vertical, que 
resplandeca como el carbn encendido. El otro era mayor, oscuro y... 
polidrico.
Esto fue lo que ms le haba afectado ltimamente y alej rpidamente la 
mirada del espejo. Polidrico? Era demasiado remoto para someterlo a 
consideracin. No se haba conocido nada semejante en la evolucin 
humana, ni siquiera en las eras antiqusimas cuando los anfibios jadeantes 
haban salido arrastrndose de los mares para explorar la tierra. Eso 
demostraba que lo suyo no era una mera regresin, que su cuerpo no se 
limitaba a luchar para expresar la totalidad del potencial en la herencia 
gentica de la humanidad, sino que constitua una prueba irrefutable de que 
su estructura gentica se haba descontrolado y le conduca hacia una forma 
y una conciencia que no tena nada que ver con la raza humana. Se estaba 
convirtiendo en algo distinto, algo diferente a los seres mesozoicos, simios, 
neandertales, de croman o a los europeos modernos, algo tan extrao que 
no tena valor ni curiosidad para enfrentarse a ello.
A partir de entonces, cada vez que mir al retrovisor, slo se fij en la 
carretera, asegurndose de no ver ni el ms mnimo resquicio de sus 
facciones transformadas.
Encendi los faros, sali del aparcamiento y entr en la carretera.
No le resultaba fcil conducir con sus manos monstruosamente 
modificadas. Algo que deba ser tan familiar para l como el andar, pareca 
haberse convertido en un acto singularmente extico, adems de difcil, 
casi superior a sus capacidades. Se agarr al volante y se concentr en la 
hmeda carretera que tena delante.
El susurro de los neumticos y los golpes metronmicos de los 
limpiaparabrisas parecan conducirle por la tormenta y por la oscuridad 
creciente, hacia un destino especial. En un momento dado, cuando recuper 
brevemente sus plenas facultades mentales, pens en William Butler Yeats 
y record un significativo fragmento de aquel ilustre poeta:

Y qu ruda bestia, llegada finalmente su hora, avanza cabizbaja hacia 
Beln para ser nacida? 

32.
Rosa flamenco.

El mircoles por la tarde, despus de su reunin con el doctor Easton 
Solberg en la universidad, los detectives Julio Verdad y Reese Hagerstrom, 
todava de baja por enfermedad, fueron a Tustin, donde estaba situada la 
oficina de la Inmobiliaria Shadway, en unas dependencias de la planta baja 
de un edificio de estilo espaol de tres pisos, con el tejado azul. Al pasar 
por primera vez, Julio se dio cuenta de que haba un coche de vigilancia. Se 
trataba de un Ford sin distintivos de un color verde asqueroso, aparcado a 
media manzana de la Inmobiliaria Shadway desde donde sus ocupantes 
controlaban perfectamente la entrada a la oficina y el camino adjunto que 
conduca al aparcamiento adjunto. En el Ford haba dos individuos de traje 
azul, uno de los cuales lea el peridico, mientras el otro vigilaba.
-Federales -dijo Julio, al pasar junto a ellos.
-Subordinados de Sharp? Agentes de la ADS? -se pregunt Reese.
-Probablemente.
-Muy visibles, no le parece?
-Supongo que no esperan realmente que Shadway aparezca por aqu 
-respondi Julio-. Pero deben cumplir su cometido.
Julio se aparc otra media manzana detrs del coche de vigilancia, con 
varios vehculos de por medio, lo que les permita ver a los observadores 
sin ser advertidos.
Reese haba participado muchas veces en operaciones similares con Julio y 
jams le haban resultado insoportables, como podan haberlo sido con otro 
compaero. Julio era un individuo complejo, cuya conversacin era 
siempre interesante. Pero cuando a uno de ellos, o a ambos, no les apeteca 
charlar, podan permanecer mucho rato en silencio, con toda comodidad, 
sin tensin alguna, lo que supona una prueba indiscutible de amistad.
El mircoles por la tarde, mientras observaban a los vigilantes as como las 
oficinas de la Inmobiliaria Shadway, hablaron de Eric Leben, de la 
ingenieria gentica y del sueo de la inmortalidad. Aquel sueo no era, ni 
mucho menos, una obsesin privada de Leben. El deseo de inmortalidad y 
de conmutar la pena de muerte, haba estado indudablemente presente en la 
mente de los humanos desde el momento en que los primeros miembros de 
la especie haban adquirido el primer resquicio de autoconcienciamiento y 
de inteligencia bsica. El tema era particularmente significativo tanto para 
Reese como para Julio, testigos de la muerte de sus queridas esposas, que 
jams se haban recuperado plenamente de su prdida.
A Reese no le resultaba difcil simpatizar con el sueo de Leben e incluso 
comprender las razones por las que el cientfico se haba sometido a un 
experimento gentico tan peligroso. Evidentemente haba fracasado. Los 
dos asesinatos y la horrible crucifixin del cadver de aquella chica 
demostraban que Leben haba regresado de la tumba como algo 
infrahumano y era preciso detenerle. Sin embargo, la locura y 
consecuencias funestas de sus experimentos, no borraban por completo su 
atractivo. Ante el hambre despiadada de la tumba, todos los hombres y 
mujeres estaban unidos, en una gran fraternidad.
Cuando el tiempo soleado de aquel da veraniego comenz a tornarse gris, 
a causa de unas nubes oscuras procedentes del ocano, Reese sinti que un 
manto de melancola se posaba sobre l. De no haber estado trabajando, 
quizs le habra dominado, pero a pesar de estar de baja por enfermedad, 
estaba desempeando una misin.
Al igual que los agentes de la ADS en el otro vehculo, no esperaban que 
Shadway apareciera por la oficina, pero confiaban en identificar a alguno 
de sus agentes. Con el transcurso de la tarde, vieron a varias personas que 
entraban y salan del edificio, pero la ms notable era una mujer alta y 
delgada, con un moo negro al estilo de Betty Boop, y un vestido rosa 
flamenco, que pona de relieve la estructura angular de su cuerpo, parecido 
al de una cigea. Entr y sali un par de veces, acompaando en ambas 
ocasiones a parejas maduras que haban llegado a la oficina en su propio 
coche, evidentemente clientes para quienes buscaba la casa idnea. Su 
propio coche, con matrcula personalizada (REIN, que probablemente 
significaba Reina de la Inmobiliaria), era un Cadillac Seville nuevo color 
amarillo canario, con ruedas de radios, tan memorable como ella misma.
-sa -dijo Julio, cuando regres a la oficina con la segunda pareja.
-No ser fcil que la perdamos en el trfico -coment Reese.
A las cuatro cincuenta volvi a salir por la puerta de la Inmobiliaria 
Shadway y se dirigi a toda prisa hacia su coche, escabullindose como un 
pjaro. Julio y Reese decidieron que probablemente haba terminado de 
trabajar y se iba a su casa. Dejando a los agentes de la ADS a la intil 
espera de que apareciera Benjamin Shadway, siguieron el Cadillac amarillo 
por la calle uno, hasta la avenida de Newport y hacia el norte hasta Cowan 
Heights. Viva en una casa estucada de dos plantas con tejado de bardas, 
con numerosos balcones de baranda de pino y construida en uno de los 
lugares ms empinados de la colina.
Julio aparc delante de la casa, en el momento en que el Cadillac de la 
dama rosa desapareca tras la puerta del garaje que se cerraba. Se ape del 
coche para examinar el contenido de su buzn (un delito federal), con la 
esperanza de averiguar el nombre de la mujer. Al cabo de un momento 
regres al coche y dijo:
 -Theodora Bertlesman. Al parecer utiliza el nombre de Teddy, porque as 
aparece en una de las cartas.
Esperaron un par de minutos y se dirigieron hacia la casa, donde Reese 
llam a la puerta. El viento, clido a pesar del cielo gris de donde proceda, 
estaba impregnado del aroma de la buganvilla, las flores rojas del hibiscus 
y la fragancia del jazmn. La calle estaba tranquila, pacfica, protegida de 
los ruidos del mundo exterior por el filtro ms eficaz conocido por el 
hombre: el dinero.
-Deba haberme metido en el negocio inmobiliario -dijo Reese-. Por qu 
diablos se me ocurrira ser polica?
-Probablemente fue usted polica en su vida anterior -le respondi 
framente Julio-, en otro siglo cuando ser polica era mejor negocio que 
vender terrenos. En esta ocasin ha cado en la misma pauta, sin darse 
cuenta de que las cosas haban cambiado.
-Atrapado en un bucle de Karma, no?
Al cabo de un momento se abri la puerta. La mujer alta como una cigea, 
con su vestido rosa flamenco, baj la cabeza para mirar a Julio, la levant 
slo un poco para echarle un vistazo a Reese y vista de cerca no era tan 
parecida a un pjaro y se la vea ms impresionante que a lo lejos. Antes, 
observndola desde el coche, Reese no haba podido apreciar la cualidad de 
porcelana de su piel, sus asombrosos ojos grises, o la elegancia escultrica 
de sus facciones. Su moo a lo Betty Boop, que a lo lejos pareca de laca, 
casi de cermica, ahora resultaba ser suave y espeso. No era menos alta, 
menos delgada ni menos extravagante que antes, pero ciertamente no tena 
el pecho plano y sus piernas eran encantadoras.
-En qu puedo servirles? -pregunt Teddy Bertlesman, con una voz 
profunda y sedosa.
Proyectaba tanta seguridad en s misma, que si Julio y Reese hubieran sido 
malhechores en lugar de policas, probablemente no se habran atrevido a 
intentar nada con ella.
Mostrndole su documento de identidad y su placa, Julio se present a s 
mismo y a su compaero.
-Mi compaero, el detective Hagerstrom -le dijo, explicndole a 
continuacin que deseaban formularle algunas preguntas sobre Ben 
Shadway-. Puede que mi informacin no sea correcta, pero tengo entendido 
que trabaja usted como agente de ventas en su empresa.
-Evidentemente, usted sabe perfectamente a lo que me dedico -respondi 
con cierta jovialidad y sin sorpresa alguna-. Entre, por favor.
Los hizo pasar a la sala de estar, tan audaz en su decoracin como su 
vestido, pero de un estilo y buen gusto indiscutibles. Haba una enorme 
mesilla de mrmol blanco, sofs contemporneos tapizados con una gruesa 
tela verde, sillones tapizados en seda melocotn tornasolado, con brazos y 
patas artsticamente labrados. En unas vasijas verde esmeralda de casi 
metro y medio de altura haba unos plumeros blancos de hierba de las 
pampas. Unos enormes y dramticos cuadros de arte moderno llenaban las 
altas paredes de la sala de altura catedralicia, aportando una escala 
reconfortantemente humana a una estancia que poda haber sido 
desagradable. A travs de una pared de cristal se poda contemplar una 
panormica del condado de Orange. Teddy Bertlesman se sent en el sof 
verde, con la ventana a su espalda, una plida aureola alrededor de la 
cabeza y Julio y Reese se instalaron en los sillones tornasolados, separados 
por la enorme mesilla de mrmol que pareca un altar.
-Seora Bertlesman... -comenz a decir Julio.
-No, se lo ruego -le interrumpi ella, quitndose los zapatos, doblando sus 
largas piernas y sentndose sobre los pies-. Llmeme Teddy, o si lo 
prefiere, seorita Bertlesman. No me gusta que me traten con excesiva 
formalidad, me recuerda el Sur antes de la guerra civil, con esas elegantes 
damas con sus miriaques, sorbiendo julepes de menta, bajo las magnolias, 
mientras las criadas negras atendan a sus necesidades.
-Seorita Bertlesman -prosigui Julio-, tenemos que hablar urgentemente 
con el seor Shadway y confiamos en que usted pueda darnos razn de su 
paradero. Por ejemplo, hemos pensado que, dedicndose no slo a la 
promocin como inversor en propiedades, puede que alguna de las fincas 
destinadas al alquiler est vaca en estos momentos y cabe la posibilidad de 
que la utilice...
-Disclpeme, pero no comprendo cmo esto cae en su Jurisdiccin. Segn 
su documento de identidad, ustedes son policas de Santa Ana. Ben tiene 
oficinas en Tustin, Costa Mesa, Orange, Newport Beach, Laguna Beach y 
Laguna Niquel, pero ninguna en Santa Ana. Y vive en Orange Park Acres.
Julio le asegur que parte del caso Shadway-Leben caa en la jurisdiccin 
del departamento de polica de Santa Ana y le explic que la cooperacin 
interjurisdiccional no era inhabitual, pero Teddy Bertlesman mantuvo una 
actitud, aunque educada, escptica y sutilmente poco cooperativa. Reese 
admiraba la diplomacia, el ingenio y el aplomo con que eluda las 
preguntas incisivas y responda sin decir nada til. Su respeto por su jefe y 
su determinacin en protegerle eran crecientemente evidentes, sin que por 
otra parte dijera nada que permitiera acusarla de mentir o de proteger a un 
forajido.
Reconociendo finalmente la futilidad del enfoque autoritario, con la 
esperanza al parecer de que si le revelaba sus verdaderos motivos y 
solicitaba abiertamente su cooperacin, conseguira lo que con autoridad no 
haba logrado, Julio suspir, se acomod en un silln y dijo:
-Esccheme, seorita Bertlesman, le hemos mentido. Para ser exactos, no 
estamos aqu de forma estrictamente oficial. En realidad, se supone que 
estamos ambos de baja por enfermedad. Nuestro capitn se enfurecera si 
supiera que nos ocupamos todava del caso, porque las agencias federales 
se han hecho cargo del mismo y nos han dicho que lo abandonemos. Pero 
por muchas razones no podemos hacerlo sin sacrificar nuestra dignidad.
-No lo comprendo... -dijo Teddy Bertlesman frunciendo el ceo, en opinin 
de Reese con mucho atractivo.
-Espere -interrumpi Julio, levantando una de sus delgadas manos-. 
Esccheme un momento.
En un tono suave, sincero e ntimo, muy diferente al que sola utilizar en su 
capacidad oficial, le habl del asesinato brutal de Ernestina Hernndez y de 
Becky Klienstad, uno de cuyos cadveres haban hallado en el contenedor 
de basura y el otro clavado en una pared. Le habl tambin de su hermano 
pequeo, Ernesto, devorado por las ratas en un lugar lejano haca ya mucho 
tiempo. Le explic cmo dicha tragedia haba contribuido a su obsesin 
con las muertes injustas y cmo la semejanza entre los nombres de Ernesto 
y Ernestina era uno de los factores que converta el asesinato de aquella 
chica en algo especial y en una cruzada muy personal para l.
-Sin embargo, debo admitir -sigui diciendo Julio- que, aunque los 
nombres no fueran semejantes ni otros factores fueran los mismos, 
hallaran otras razones para convertirlo en una cruzada. Porque casi 
siempre convierto los casos en una cruzada. Es una mala costumbre por mi 
parte.
-Una costumbre maravillosa -dijo Reese.
Julio se encogi de hombros.
A Reese le sorprendi que Julio fuera tan plenamente consciente de sus 
propias motivaciones. A1 observar a su compaero y considerar el grado de 
introspeccin y autoconcienciamiento que manifestaba en sus 
observaciones, Reese adquiri todava un mayor respeto por l.
-El caso es -le dijo Julio a Teddy Bertlesman- que no creo que su jefe ni 
Rachael Leben sean culpables de nada, que no son ms que simples peones 
en un juego que ellos no acaban de comprender. Creo que les estn 
utilizando y que cabe la posibilidad de que los maten como chivos 
expiatorios para favorecer los intereses de otros, incluso posiblemente los 
del gobierno. Necesitan ayuda y supongo que lo que estoy intentado decirle 
es que se han convertido en otra especie de cruzada para m. Aydeme para 
que pueda ayudarlos a ellos, Teddy.
La actuacin de Julio fue asombrosa y, de haber sido otro, habra parecido 
una mera representacin. Sin embargo, no caba duda en cuanto a su 
sinceridad, ni a la autenticidad de su preocupacin. A pesar de la atencin 
con que miraba y de la perspicacia reflejada en su rostro, su dedicacin a la 
justicia y su enorme calor humano eran inconfundiblemente verdaderos.
Teddy Bertlesman era lo suficientemente inteligente como para darse 
cuenta de que Julio no le estaba tomando el pelo y se dej convencer. 
Despleg sus enormes piernas, se sent al borde del sof y en un susurro 
sedoso, que pas sobre Reese acaricindole como la brisa, ponindole los 
pelos de las manos de punta y provocndole un agradable escalofro, dijo:
-Saba perfectamente que Ben Shadway no supone ninguna amenaza para 
la seguridad nacional. Eso es lo que me han dicho esos agentes federales 
que han venido a husmear y he tenido que hacer un verdadero esfuerzo para 
no rerme en sus narices. No, en realidad, lo que me ha costado ha sido no 
escupirles en la cara.
-Adnde pueden haberse dirigido Ben Shadway y Rachael Leben? 
-pregunt Julio-. Tarde o temprano los hallarn los federales y creo que les 
conviene que Reese y yo los encontremos antes. Tiene alguna idea de 
dnde podemos buscarlos?
Levantndose del sof en un brillante y clido torbellino rosa, caminando 
majestuosamente de un lado para otro con aquellas largas piernas que eran 
la misma esencia de la elegancia, altsima comparada con Reese que segua 
sentado en el silln tornasolado, detenindose provocativamente con la 
cadera ladeada en actitud pensativa, y volviendo a pasear, Teddy 
Bertlesman consider las posibilidades y las enumer:
-Tiene propiedades, sobre todo casas pequeas, repartidas por todo el pas. 
En estos momentos... las nicas que no estn alquiladas... djeme pensar... 
hay una casa pequea en Orange, en Pine Street, pero no creo que est all 
porque la estn reformando: bao nuevo y obras en la cocina. No se 
ocultara en un lugar donde los obreros entran y salen constantemente. Hay 
tambin un dplex en Yorba Linda...
Reese la escuchaba, sin importarle lo que dijera, que dejaba en manos de 
Julio. Lo nico para lo que se senta con fuerzas era para contemplar su 
belleza, su movimiento y el sonido de su voz, que llenaban por completo su 
capacidad de percepcin, sin dejar espacio para otra cosa. A lo lejos sus 
formas parecan angulares y pajariles, pero de cerca era como una gacela, 
delgada, diligente y con suaves contornos redondeados. Su tamao era 
menos impresionante que su fluidez, reminiscente de la de una bailarina 
profesional, y su fluidez menos impresionante que su flexibilidad, y sta 
menos impresionante que su belleza, y su belleza menos impresionante que 
su inteligencia, su energa y su talento.
Incluso cuando se alejaba de la ventana, segua estando rodeada de una 
aureola. A Reese le daba la impresin de que reluca.
No haba sentido nada parecido en los ltimos cinco aos, desde que Janet 
haba sido asesinada por los individuos de la furgoneta, que intentaban 
secuestrar a su pequea Esther aquel da en el parque. Se preguntaba si 
Teddy Bertlesman se haba fijado tambin en l, o si para ella no era ms 
que un simple poli. Se preguntaba cmo entablar conversacin con ella sin 
ponerse en ridculo ni ofenderla. Se preguntaba si algn tipo de relacin era 
posible entre una mujer como ella y un hombre como l. Se preguntaba si 
poda vivir sin ella. Se preguntaba cundo podra volver a respirar. Se 
preguntaba si sus sentimientos eran transparentes. No le importaba que lo 
fueran.
-... el motel! -exclam Teddy dejando de pasear, con expresin 
inicialmente de asombro y a continuacin sonriendo de un modo 
extraordinariamente atractivo-. Claro, por supuesto, se debe de ser el lugar 
ms probable.
-Es propietario de un motel? -pregunt Julio.
-Un edificio destartalado, en Las Vegas -respondi Teddy-. Acaba de 
comprarlo. Ha fundado una nueva empresa para este negocio. Por tratarse 
de una adquisicin tan reciente y estar en otro estado, seguramente los 
federales tardarn algn tiempo en descubrirlo. Estaba vaco, cerrado al 
pblico, pero lo ha comprado amueblado. Creo que incluso las 
dependencias del director estn amuebladas, lo que les permitira a Ben y a 
Rachael ocultarse all cmodamente.
-Qu opina? -pregunt Julio, mirando a Reese.
ste tuvo que desviar la mirada de Teddy para poder respirar y hablar.
-Parece correcto -susurr en una especie de suspiro.
-S que es correcto -dijo Teddy, paseando con la seda rosa flamenco 
arremolinada alrededor de sus rodillas-. El socio de Ben en ese proyecto es 
Whitney Gavis y ste es probablemente el nico hombre en el mundo en 
quien Ben confa plenamente.
-Quin es Gavis? -pregunt Julio.
-Sirvieron juntos en Vietnam -respondi Teddy-. Son muy ntimos. Como 
hermanos. Tal vez ms que hermanos. Ben es un individuo verdaderamente 
encantador, uno de los mejores, nadie le dir otra cosa. Es tierno, sincero, 
tan honrado y honorable que al principio a la gente le cuesta creerlo, hasta 
que le conocen mejor. Sin embargo, es curioso, mantiene a todo el mundo a 
cierta distancia, sin llegar nunca a abrirse por completo. El nico con quien 
lo hace, que yo sepa, es Whit Gavis. Se dira que las experiencias de la 
guerra le han convertido en alguien diferente a los dems, que le impiden 
intimar a fondo con otra persona que no haya pasado por lo mismo que l y 
haya salido con la mente intacta. Como Whit.
-Tiene el mismo tipo de intimidad con la seora Leben? -pregunt Julio.
-S, creo que s. Creo que la quiere -respondi Teddy-, lo que la convierte 
en la mujer ms afortunada que conozco.
Reese intuy los celos en el tono de Teddy y se le cay el alma a los pies.
-Disclpeme, Teddy -dijo Julio, que al parecer tambin lo haba detectado-, 
siendo polica, soy curioso por naturaleza y me ha dado la impresin que 
no le importara que se hubiera enamorado de usted.
-Ben y yo? -parpade sorprendida, soltando una carcajada-. No, no. Para 
empezar, soy bastante ms alta que l y con tacones tengo que mirar hacia 
abajo para verle. Adems, l es un tipo hogareo, tranquilo, pacfico, 
aficionado a la lectura de novelas policacas y a coleccionar trenes. No, Ben 
es un gran tipo, pero soy demasiado extravagante para l y l es demasiado 
discreto para m.
El alma de Reese comenz nuevamente a ascender.
-La nica razn por la que me siento celosa de Rachael, es el hecho de que 
haya encontrado a un buen hombre y yo no -dijo Teddy-. Con mi altura, 
una ya sabe que no va a verse acosada por los pretendientes, a excepcin de 
los jugadores de baloncesto y yo detesto a los atletas. Adems, cuando se 
llega a los treinta y dos, es difcil no sentir un poco de amargura cuando 
alguien consigue una buena presa, aun desendoles la mayor felicidad del 
mundo.
A Reese se le remont el alma.
Despus de que Julio formulara unas cuantas preguntas ms sobre el motel 
de Las Vegas y se asegurara de su ubicacin, se levantaron y Teddy les 
acompa a la puerta. Paso por paso, Reese se devanaba los sesos en busca 
de una forma de entablar conversacin, de romper el hielo. En el momento 
en que Julio abri la puerta, Reese se dio la vuelta y le dijo a Teddy:
-Disclpeme, seorita Bertlesman, usted comprender que siendo polica 
mi oficio consiste en formular preguntas y me preguntaba si usted... -se 
interrumpi sin saber cmo continuar-, si quizs usted... sala con alguien 
en particular.
Al orse a s mismo, a Reese le asombraba y le desesperaba que Julio 
hablara de un modo tan educado, mientras que l, intentando imitar a su 
compaero, era tan brusco y evidente.
-Tiene eso algo que ver con su investigacin? -pregunt Teddy, 
sonrindole.
-Bien... slo pensaba... a lo que me refiero... que preferira que no le 
mencionara esta conversacin a nadie. No slo por el hecho de que 
podramos tener problemas con nuestro capitn... pero si le menciona el 
motel a alguien, puede que ponga en peligro al seor Shadway y a la seora 
Leben y... bien...
Habra querido pegarse un tiro para poner fin al ridculo que estaba 
haciendo.
-No salgo con nadie en especial, a quien le cuente secretos -respondi.
-Ah, muy bien, me parece excelente -dijo Reese aclarndose la garganta.
-Usted es muy alto, no es cierto? -dijo Teddy, en el momento en que 
Reese se daba la vuelta, para dirigirse junto a Julio, que le miraba 
asombrado.
-Cmo ha dicho? -le pregunt, mirndola de nuevo.
-Que usted es un tipo muy corpulento. Lstima que no abunden los 
hombres como usted. Una chica como yo parecera casi pequea a su lado.
Qu habr querido decir? -se pregunt-. Habr querido decir algo en 
concreto? Lo habr dicho simplemente por decir algo? Me estar 
brindando una oportunidad? Si es eso, qu debera responderle?
-Sera muy agradable sentirse pequea -agreg Teddy.
Reese intent hablar, pero no pudo.
Se senta tan estpido, torpe y tmido como cuando tena diecisis aos.
De pronto le salieron las palabras, pero habl como si tuviera realmente 
diecisis aos:
-Seorita Bertlesman, le gustara salir conmigo?
-S -le respondi con una sonrisa.
-En serio?
-S.
-El sbado por la noche? Cena? A las siete?
-Me parece perfecto.
-En serio? -le pregunt, mirndola asombrado.
-En serio -ri.
-Caramba, qu sorpresa -dijo Reese en el coche, al cabo de un minuto.
-No saba que fuera usted un conquistador tan sofisticado -le dijo Julio, 
tomndole cariosamente el pelo.
-Dios mo, la vida es extraa, no le parece? -dijo Reese ruborizndose-. 
Uno nunca sabe cundo se le abrirn nuevas perspectivas.
-Tranquilcese -le dijo Julio, conectando el motor y poniendo el coche en 
marcha-. Slo se trata de una cita.
-S, probablemente, pero... tengo el presentimiento de que ser algo ms 
que eso.
-No slo es un conquistador sofisticado sino un loco romntico -dijo Julio 
mientras conduca cuesta abajo, en direccin a la avenida Newport.
-Sabe lo que olvid Eric Leben? -coment Reese, despus de unos 
instantes de reflexin-. Estaba tan obsesionado por vivir eternamente, que 
se olvid disfrutar la vida que tena. Puede que la vida sea corta, pero est 
llena de alicientes, Leben estaba tan preocupado pensando en la eternidad, 
que olvid el momento presente.
-Esccheme -le interrumpi Julio-, si el amor va a convertirle en un 
filsofo, puede que tenga que buscarme otro compaero.
Durante algunos minutos Reese permaneci en silencio, inmerso en los 
recuerdos de unas piernas bronceadas y de una seda rosa flamenco. Cuando 
emergi de su sueo, se dio cuenta de que Julio conduca con mucha 
decisin.
-Adnde vamos? -le pregunt.
-Al aeropuerto John Wayne.
-Las Vegas?
-Tiene algn inconveniente? -le pregunt Julio.
-A1 parecer es lo nico que podemos hacer.
-Tendremos que pagarnos los billetes de nuestro propio bolsillo.
-Lo s.
-Si prefiere quedarse aqu, puede hacerlo.
-Voy con usted -respondi Reese.
-Puedo hacerlo solo.
-Voy con usted.
-Puede que de ahora en adelante corramos peligro y usted tiene que pensar 
en Esther -dijo Julio.
En mi pequea Esther y puede que en adelante tambin en Theodora 
Teddy Bertlesman -pens Reese-. Y cuando uno encuentra a alguien de 
quien ocuparse, cuando se atreve a ocuparse de alguien, es cuando la vida 
se torna cruel, cuando le arrebatan a uno los seres queridos, cuando uno lo 
pierde todo. La premonicin de la muerte le produjo un escalofro.
-Voy con usted -dijo a pesar de todo-. No me ha odo? Santo Dios, Julio, 
voy con usted.

33.
Viva las vegas.

Siguiendo la tormenta a travs del desierto, Ben Shadway lleg a Baker, 
California, puerta del Valle de la Muerte, a las seis y veinte.
El viento soplaba con mucha mayor fuerza que en Barstow. Millares de 
gotas azotaban el parabrisas como si fueran balas. Los letreros de las 
gasolineras, restaurantes y moteles ondeaban como si quisieran echar a 
volar. Una seal de stop, impulsada por las rfagas del viento, se mova de 
un lado para otro y pareca que estaba a punto de soltarse de su soporte. En 
una gasolinera Shell, dos empleados con impermeables amarillos 
circulaban con la cabeza agachada y los hombros encorvados. La parte 
inferior del impermeable les golpeaba las piernas y la espalda. Una 
veintena de arbustos espinosos, algunos de ms de un metro de dimetro, 
procedentes de los ridos parajes del sur, rodaban sueltos por la nica 
callejuela de Baker en direccin este oeste.
Ben intent llamar por telfono a Whitney Gavis desde una cabina que 
haba en el interior de una pequea tienda. No logr comunicarse con Las 
Vegas. Escuch tres veces una grabacin, en la que se deca que el servicio 
haba sido interrumpido temporalmente. El viento aullaba contra la puerta 
de cristal de la tienda, y la lluvia golpeaba furiosamente el tejado, con lo 
que se explicaban perfectamente los problemas del servicio telefnico.
Estaba asustado. La preocupacin no le haba abandonado desde que haba 
descubierto el hacha apoyada en el frigorfico de la cocina de Eric, en la 
cabaa de la montaa. Pero ahora su miedo se intensificaba, porque 
comenzaba a creer que todo le sala mal y que la suerte se haba vuelto 
contra l. Su encuentro con Sharp, el desastroso cambio de tiempo, el no 
haber podido comunicarse con Whit Gavis cuando el telfono todava 
funcionaba, y ahora el problema con las lneas telefnicas, daban realmente 
la impresin de que el universo no era accidental, sino una mquina con un 
propsito tenebroso y aterrador, cuyos omnipotentes dioses conspiraban 
para que no volviera a ver jams a Rachael con vida.
A pesar de su miedo, frustracin y prisa por volver a la carretera, se tom el 
tiempo necesario para comprar un poco de comida.
No haba comido nada desde el desayuno en Palm Springs y estaba muerto 
de hambre.
La dependienta detrs del mostrador, una mujer madura vestida con 
vaqueros, con el cabello quemado por el sol y la piel curtida por aos 
excesivos de estancia en el desierto, le vendi tres chocolatinas, varias 
bolsas de cacahuetes y seis latas de Pepsi. Cuando Ben le pregunt por el 
telfono, ella le respondi:
-He odo decir que ha habido inundaciones al este de aqu, cerca de Cal 
Neva y todava peores alrededor de Stateline. La tormenta ha derribado 
algunos postes y ha roto unas cuantas lneas. Dicen que lo repararn en un 
par de horas.
-No saba que lloviera tanto en el desierto -coment Ben, mientras recoga 
el cambio.
-En realidad no suele llover, lo hace slo unas tres veces por ao. Pero 
cuando nos cae una tormenta, a veces parece que Dios ha olvidado su 
promesa de que la prxima vez nos mandara el fuego y ha decidido 
castigarnos con otro diluvio.
El Merkur robado estaba aparcado a slo seis pasos de la puerta, pero Ben 
qued empapado en los pocos segundos que tard en llegar al coche. En el 
interior del vehculo, abri una lata de Pepsi, tom un largo trago, se coloc 
la lata entre los muslos, abri una chocolatina, puso en marcha el motor y 
entr de nuevo en la carretera.
A pesar de las inclemencias del tiempo, tena que dirigirse hacia Las Vegas 
a la mxima velocidad posible, entre ciento veinte y ciento treinta, o ms 
rpido si poda, aunque las probabilidades de que el coche resbalara en la 
superficie grasienta de la carretera eran bastante altas. El no haber 
localizado a Whit Gavis no le dejaba otra alternativa.
Al entrar en la carretera, el coche tosi y se estremeci, pero sigui sin 
mayores problemas. Durante un minuto, mientras se desplazaba hacia el 
nordeste en direccin a Nevada, Ben escuch atentamente el motor y mir 
repetidamente el cuadro de mandos, temiendo detectar alguna seal de 
peligro. Pero el motor ronroneaba, no se encendi ninguna luz y todos los 
indicadores parecan perfectamente normales, lo que hizo que se relajara un 
poco. Mientras morda la chocolatina, aument gradualmente la velocidad 
hasta los ciento veinte, poniendo cautelosamente a prueba la reaccin del 
vehculo en la peligrosa carretera mojada.

Anson Sharp estaba despierto y alerta a las siete y diez del martes por la 
tarde. Desde su habitacin en el motel de Palm Springs, con el ruido de la 
abundante lluvia en el tejado y el gorgoteo del agua de un canal de desage 
junto a su ventana, llam a diversos subordinados en varios lugares del sur 
de California.
Dirk Cringer, encargado de operaciones en el cuartel general del condado 
de Orange, le comunic que Julio Verdad y Reese Hagerstrom no haban 
abandonado la investigacin del caso Leben, como se supona que deban 
hacerlo. Dada su merecida reputacin de sabuesos, reacios a abandonar 
hasta los casos ms desesperados, anoche Sharp haba ordenado que 
instalaran transmisores ocultos en sus coches respectivos y haba dado 
rdenes para que se les siguiera electrnicamente, a suficiente distancia 
como para que no se dieran cuenta de ello. Su precaucin se haba visto 
recompensada, ya que aquella misma tarde haban estado en la universidad, 
entrevistndose con el doctor Easton Solberg, un ex colega de Leben, y 
ms tarde haban pasado un par de horas vigilando la oficina principal de la 
Inmobiliaria Shadway, en Tustin.
-Han descubierto nuestro coche y se han instalado media manzana detrs de 
l -dijo Cringer-, desde donde nos vigilaban a nosotros y la oficina.
-Deben de haber credo que eran muy astutos -dijo Sharp-, cuando en 
realidad les estbamos vigilando a ellos, mientras ellos nos vigilaban a 
nosotros.
-Entonces han seguido a una empleada de la empresa a su casa, una mujer 
llamada Theodora Bertlesman.
-Ya la hemos interrogado con relacin a Shadway, verdad?
-S, hemos hablado con todos los empleados. Y esa mujer, Bertlesman, no 
era ms cooperativa que ninguno de los dems, puede que incluso menos.
-Cunto tiempo han pasado Verdad y Hagerstrom en su casa?
-Ms de veinte minutos.
Es probable que a ellos les haya hablado con mayor sinceridad. Tenemos 
alguna idea de lo que les ha dicho?
-No -respondi Cringer-. Su casa est sobre una colina y es difcil enfocar 
el micrfono direccional a ninguna de sus ventanas. Adems, en el tiempo 
en que habramos tardado en instalarlo, Verdad y Hagerstrom ya se 
marchaban. Han ido directamente de su casa al aeropuerto.
-Cmo? -exclam Sharp sorprendido-. LAX?
-No, al aeropuerto John Wayne, en el condado de Orange. Ah es donde se 
encuentran ahora, a la espera de un vuelo.
-Qu vuelo? Hacia dnde?
-Las Vegas. Han comprado billetes para el primer vuelo a Las Vegas. Sale 
a las ocho.
-Por qu Las Vegas? -pregunt Sharp, hablando ms consigo mismo que 
con Cringer.
-Puede que hayan decidido finalmente obedecer y abandonar el caso. Tal 
vez han decidido tomarse unas pequeas vacaciones.
-Uno no va de vacaciones sin maleta. Acaba de decirme que han ido 
directamente al aeropuerto, lo que a mi entender significa que no se 
detuvieron en su casa para recoger ropa.
-Directamente al aeropuerto -confirm Cringer.
-De acuerdo! -exclam Sharp de pronto excitado-. Eso probablemente 
significa que intentan localizar a Shadway y a la seora Leben antes de que 
los encontremos nosotros, y algo les hace suponer que estn en algn lugar 
de Las Vegas -agreg, pensando en que se le abra la oportunidad de 
echarle la mano encima a Shadway, despus de todo, y que en esta ocasin 
aquel cabrn no se le escapara-. Si quedan plazas en el avin de las ocho, 
quiero que mande a un par de agentes en el mismo vuelo.
-S, seor.
-Tengo algunos agentes aqu en Palm Springs y nos dirigiremos tambin a 
Las Vegas cuanto antes. Quiero estar en el aeropuerto y listo para seguirlos, 
cuando Verdad y Hagerstrom lleguen.
Sharp colg y llam inmediatamente a la habitacin de Jerry Peake.
En el exterior, los truenos retumbaban del norte y su ruido se haca sordo al 
desplazarse hacia el sur, por el valle de Coachella.
Peake estaba todava medio dormido cuando contest.
-Son casi las siete y media -le dijo Sharp-. Preprese para salir en quince 
minutos.
-Qu ocurre?
-Vamos a Las Vegas en busca de Shadway y en esta ocasin la suerte est 
de nuestro lado.

Uno de los muchos problemas de conducir un coche robado es que no se 
sabe si est en buen estado. No se le puede pedir al propietario un 
certificado de garanta y el historial del vehculo, antes de robrselo.
Cincuenta kilmetros al este de Baker, el Merkur dej de funcionar. 
Comenz a toser, jadear y estremecerse, como lo haba hecho al entrar en la 
carretera, pero en esta ocasin no dej de toser hasta que se par el motor. 
Ben lo condujo al arcn e intent ponerlo de nuevo en marcha, pero el 
motor no reaccionaba. Lo nico que consegua era descargar la batera, por 
lo que esper un momento, abatido, mientras la lluvia caa a cntaros sobre 
el vehculo.
Sin embargo, lo suyo no era dejarse llevar por el abatimiento. A los pocos 
segundos haba formulado un plan y se dispuso a ponerlo en prctica, 
aunque no fuera el ms adecuado.
Se meti el Combat Magnum 357 bajo el cinturn, en la espalda, y se puso 
la camisa sobre los vaqueros, para ocultarlo. Lamentndolo mucho, no 
podra llevarse la escopeta.
Encendi los intermitentes de emergencia del Merkur y sali del vehculo. 
Afortunadamente, los rayos se haban desplazado hacia el este. A la luz 
tenebrosa de la tormenta griscea, junto al coche, se protegi los ojos de la 
lluvia con una mano y mir hacia el oeste, de donde provenan unos faros 
lejanos.
El trfico segua siendo escaso en la interestatal 15. Unos pocos jugadores 
empedernidos se dirigan hacia su meca y probablemente ni la lucha del fin 
del mundo los habra detenido, si bien la mayora de los vehculos eran 
camiones. Movi los brazos pidiendo ayuda, pero pasaron dos coches y tres 
camiones sin detenerse. Al pasar, sus ruedas lanzaron enormes chorros de 
agua, parte de la cual cay sobre Ben, acrecentando todava su depresin.
Despus de un par de minutos, apareci otro enorme camin. Llevaba 
tantas luces, que pareca un rbol de navidad. A Ben le encant comprobar 
que disminua la velocidad y se detuvo en el arcn detrs del Merkur.
Se acerc a la ventana abierta del conductor, donde un individuo con el 
rostro surcado y bigote cado le miraba con ojos entornados desde su 
cabina seca y caliente.
-Tengo el coche averiado -chill Ben por encima del ruido del viento y de 
la lluvia.
-El taller ms prximo est en Baker -le respondi el camionero-. Ms le 
valdr irse al otro lado de la carretera e intentar que alguien le lleve en 
direccin contraria.
-No tengo tiempo de buscar a un mecnico y de hacer reparar el coche! 
-exclam Ben-. Tengo que llegar a Las Vegas cuanto antes -prosigui con 
la coartada que haba preparado por si alguien se detena-. Mi esposa est 
en el hospital, malherida, quizs moribunda.
-Vlgame Dios! -exclam el coductor-, entonces suba, le llevar.
Ben se apresur a subir a la cabina, con la esperanza de que a su benefactor 
le gustara conducir de prisa y mantuviera el acelerador apretado, a pesar del 
mal tiempo, para llegar a Las Vegas lo ms rpidamente posible.

En la ltima etapa de su viaje por el desierto inundado en direccin a Las 
Vegas, cuando la oscuridad de la tormenta comenzaba a dar paso 
lentamente a la de la noche, Rachael, muy acostumbrada a la soledad, se 
senta ms sola que nunca. La intensa lluvia no haba cedido en las ltimas 
dos horas, debido en gran parte a que ella se desplazaba a una velocidad 
superior a la de la tormenta, adentrndose en la misma. El sonido hueco de 
los limpiaparabrisas y el zumbido de los neumticos sobre el asfalto 
mojado eran como las lanzaderas de un telar que en lugar de tela teja 
aislamiento.
Gran parte de su vida haba transcurrido en la soledad y en el aislamiento, 
si no siempre fsico, s emocional. Ya cuando naci, sus padres no sentan 
ningn inters el uno por el otro, pero por razones religiosas decidieron no 
divorciarse. Por consiguiente, los primeros aos en la vida de Rachael 
haban transcurrido en una casa desprovista de amor, donde no se ocultaba 
el resentimiento mutuo de los padres. Y lo peor era que cada uno la 
consideraba hija del otro, por cuya razn era tambin objeto de su 
resentimiento. Slo le expresaban el afecto indispensable.
Cuando fue lo suficientemente mayor, la mandaron interna a un colegio 
catlico, donde a excepcin de las vacaciones, pas los siguientes once 
aos de su vida. En la escuela de monjas hizo pocas amistades, ninguna 
ntima, en parte porque tena un concepto muy bajo de s misma y no crea 
que nadie pudiera desear ser amiga suya.
A los pocos das de haber acabado la secundaria, el verano antes de 
ingresar en la universidad, sus padres fallecieron en un accidente de 
aviacin, a su regreso de un viaje de negocios. Rachael tena la impresin 
de que su padre haba ganado una pequea fortuna en la industria textil, 
invirtiendo el dinero que su madre haba heredado el da de su boda. Pero 
cuando se evaluaron los bienes y se cerr el testamento, Rachael descubri 
que desde haca aos la familia estaba al borde de la quiebra y que con su 
elegante estilo de vida haban consumido prcticamente hasta el ltimo 
dlar. Realmente sin un centavo, tuvo que abandonar sus planes de ir a la 
universidad de Brown, buscarse un trabajo de camarera mientras viva en 
una pensin y ahorrar para una educacin ms modesta en el sistema 
universitario californiano subvencionado por el gobierno.
Un ao ms tarde, cuando comenz finalmente a estudiar en la universidad, 
no hizo realmente amistades porque se vio obligada a seguir trabajando de 
camarera y no tena tiempo de participar en actividades sociales con los 
dems estudiantes, donde se forjaban las relaciones. Cuando se licenci, 
haba pasado por lo menos ocho mil noches de soledad.
Fue presa fcil para Eric, que necesitaba su juventud igual que un vampiro 
precisa la sangre, cuando ste decidi casarse con ella. Le llevaba doce 
aos, por lo que era mucho ms experto en el arte de la conquista que los 
chicos de su edad y logr que se sintiera especial y deseada por primera vez 
en su vida. Considerando la diferencia de edad; puede que tambin 
representase para ella una figura paterna, capaz de ofrecerle no slo el amor
propio de un marido, sino el de un padre que jams haba recibido.
Evidentemente, los resultados fueron muy inferiores a los esperados. 
Descubri que lo que Eric quera era lo que ella simbolizaba, es decir, el 
vigor, la salud y la energa de la juventud. Su matrimonio pronto result tan 
carente de amor como el de sus padres.
Entonces conoci a Benny. Y por primera vez en su vida no se sinti sola.
Pero Benny no estaba con ella y no saba si jams volvera a verle.
Los limpiaparabrisas del Mercedes marcaban un ritmo montono y los 
neumticos entonaban una meloda de una sola nota, una cancin del vaco, 
de la desesperacin y de la soledad.
Intent consolarse pensando en que por lo menos Eric ya no supona 
ningn peligro para ella ni para Ben. Con toda seguridad deba haber 
fallecido despus de tantas mordeduras de serpientes venenosas. Aunque su 
cuerpo genticamente alterado lograra metabolizar una dosis tan masiva de 
un veneno tan virulento, y aunque Eric pudiera regresar de la muerte por 
segunda vez, era evidente que degeneraba, no slo fsica sino tambin 
mentalmente. (Tena un vivo recuerdo de su imagen arrodillado en la tierra 
encharcada, comiendo una serpiente viva, tan aterrador y elemental como 
los rayos del firmamento). Si sobreviva despus de las mordeduras de las 
serpientes, probablemente se quedara en el desierto, ya no como un ser 
humano sino como una cosa, trotando encorvado o arrastrndose por las 
dunas, deslizndose entre los arroyos, devorando otros habitantes del 
desierto, peligroso para las bestias que se cruzaran en su camino, pero ya 
no para ella. Y aunque le quedara algn resquicio de conciencia e 
inteligencia humana, y sintiera todava la necesidad de vengarse de 
Rachael, le sera difcil, si no imposible, salir del desierto para integrarse y 
moverse libremente por los lugares civilizados. Si lo intentaba fuera donde 
fuese cundira el pnico, el terror y probablemente se le perseguira y 
acabara cautivo o muerto a balazos.
Sin embargo... segua tenindole miedo.
Le recordaba desde abajo cuando la persegua por el arroyo, mirndole 
desde arriba cuando escal tras ella, y el aspecto que tena la ltima vez que 
le haba visto peleando con las serpientes de cascabel. En todos aquellos 
recuerdos haba algo... algo que pareca casi mtico, que se extenda ms 
all de lo natural, que pareca poderosamente sobrenatural, inmortal e 
imparable.
De pronto sinti un escalofro que le empez en la mdula y se extendi 
por todo el cuerpo.
A1 cabo de un momento, despus de subir una cuesta en la carretera, 
comprob que estaba a punto de finalizar el viaje. En un ancho valle que 
tena delante a un nivel inferior, Las Vegas, resplandeca como una visin 
milagrosa en medio de la lluvia. La ciudad estaba tan iluminada que pareca 
mayor que Nueva York, a pesar de que en realidad era veinte veces ms 
pequea. Incluso a aquella distancia, por lo menos veinticuatro kilmetros, 
distingua el paseo con sus resplandecientes hoteles y el centro donde se 
encontraban los casinos, que algunos denominaban quebrada del 
resplandor, ya que en dichas reas haba muchas ms luces que en 
cualquier otro lugar, que parecan parpadear, pulsar y centellear.
Despus de veinte minutos, dej a la espalda el vaco inmenso del 
tenebroso Mojave, para entrar en el bulevar del sur de Las Vegas, donde los 
anuncios luminosos se reflejaban en el hmedo asfalto, formando olas 
purpreas, rosas, rojas, verdes y doradas. Al detenerse frente a las puertas 
del Bally's Grand, estuvo a punto de llorar de alegra cuando vio al botones, 
al portero encargado de aparcar los vehculos y a varios huspedes del hotel 
que se resguardaban de la lluvia bajo la marquesina. Durante horas en la 
carretera, los coches con los que se cruzaba en la oscuridad de la tormenta 
y de la noche parecan estar desocupados, por lo que ahora le alegraba ver 
gente, aunque fueran desconocidos.
Al principio, Rachael titube antes de entregarle el Mercedes al portero 
para que lo aparcara, debido a que en una bolsa de basura detrs del asiento 
se encontraba la documentacin de Wildcard. Pero decidi que a nadie se le 
ocurrira robar una bolsa de basura, especialmente al verla llena de papeles 
arrugados. Adems, el vehculo estara ms seguro bajo la custodia del 
hotel que en un aparcamiento pblico. Le entreg el vehculo al portero y 
ste le dio un recibo.
Se haba casi recuperado del tobillo que se haba torcido cuando escapaba 
de Eric. Los rasguos de sus garras en la pantorrilla an le dolan, pero 
tambin haban mejorado. Al entrar en el hotel, apenas cojeaba.
Al principio, el contraste entre la noche tormentosa que haba dejado atrs 
y la emocin del casino, casi la conmocion. Era un mundo fastuoso de 
candelabros de cristal, terciopelo, brocado, alfombras lujosas, mrmol, 
bronce y tapetes verdes, donde el vocero que exhortaba la buena suerte, el 
taido de las mquinas tragaperras y la msica de un conjunto de pop-rock 
que tocaba en el saln, ocultaban el ruido del viento y de la lluvia.
Gradualmente Rachael empez a sentirse incmoda, al darse cuenta de que 
su aspecto la converta en objeto de curiosidad en aquel ambiente. 
Evidentemente no todo el mundo, ni siquiera una mayora, vesta con 
elegancia para salir a tomar unas copas, ir a ver algn espectculo o a jugar. 
Haba bastantes mujeres que vestan de largo y hombres con trajes 
impecables, pero otros lo hacan con menos formalidad: trajes deportivos 
de polister, vaqueros y camisas deportivas. Sin embargo, nadie llevaba 
una blusa rota y manchada (como ella), nadie usaba vaqueros con el 
aspecto de haber participado en un rodeo (como ella), nadie calzaba 
zapatillas con los cordones hechos un asco y una suela medio arrancada a 
causa de la escalada por las paredes del arroyo (como ella), ni nadie tena la 
cara sucia y el cabello enmaraado (como ella). Deba suponer que incluso 
en un lugar como Las Vegas, donde imperaba la fantasa, la gente vea las 
noticias por la televisin y podran reconocerla como a la traidora infame y 
forajida buscada por todo el sudoeste. Lo que menos falta le haca era 
llamar la atencin. Afortunadamente, los jugadores son gente 
unidireccional, ms preocupados por el tapete verde que por respirar y 
fueron muy pocos los que levantaron la cabeza para mirarla, sin que nadie 
lo hiciera dos veces.
Se apresur a dar la vuelta al permetro del casino, para alcanzar unas 
cabinas telefnicas situadas en una sala donde el ruido del casino se 
converta en un suave murmullo. Llam a informacin para obtener el 
nmero de Whitney Gavis y ste le contest a la primera llamada. 
Hablando casi sin respirar, le dijo:
-Disclpame, no me conoces, me llamo Rachael...
-La Rachael de Ben? -le interrumpi Whitney.
-S -respondi sorprendida.
-Te conozco, lo s todo sobre ti -le dijo en un tono tranquilo, mesurado y 
reconfortante, sorprendentemente parecido al de Benny-. Hace una hora me 
he enterado de las noticias, de esa absurda historia sobre los secretos de 
estado. Qu estupidez. Cualquiera que conozca a Benny sabra que es falso. 
No s lo que ocurre, pero supona que vendrais por aqu si necesitabais 
ocultaron durante algn tiempo.
-l no est conmigo, pero me ha dicho que te llamara -explic Rachael.
-No hablemos ms del asunto. Slo dime dnde ests.
-En el Grand.
-Son las ocho. Estar ah a las ocho y diez. No empieces a dar vueltas. Hay 
tanta vigilancia en esos casinos, que si te paseases te veran por algn 
monitor y es muy posible que los vigilantes que estn de guardia hayan 
visto las noticias. Me comprendes?
-Puedo ir al lavabo? Estoy hecha un asco. No me vendra mal lavarme un 
poco.
-Por supuesto. Pero no entres en la sala de juego. Y vuelve al telfono 
dentro de diez minutos, porque ah es donde te recoger. No hay ninguna 
cmara cerca de los telfonos. Tranquila, muchacha.
-Espera!
-Qu ocurre? -pregunt.
-Qu aspecto tienes? Cmo te reconocer?
-No te preocupes, muchacha -le respondi-. Yo te reconocer a ti. Benny 
me ha mostrado tantas veces tu fotografa, que todos los detalles de tu 
rostro estn grabados en mi cerebro. No lo olvides, qudate tranquila.
La lnea se cort y colg el telfono.

Jerry Peake ya no estaba seguro de querer ser legendario. Ni siquiera estaba 
seguro de querer continuar como agente de la ADS, legendario o no. Era 
demasiado lo que haba ocurrido con excesiva rapidez. Era incapaz de 
asimilarlo debidamente. Se senta como si caminara por uno de esos tneles 
movedizos que a veces hay en las ferias, slo que en este caso un operador 
sdico lo haca girar con mucha mayor rapidez y adems pareca tratarse de 
un tnel inacabable del que jams lograra salir. Se Preguntaba si algn da 
sus pies volveran a estar firmes en el suelo y recuperara el equilibrio.
Cuando Anson Sharp le llam, Peake dorma tan profundamente que ni una 
ducha fra logr despertarle por completo. Su desplazamiento por las calles 
de Palm Springs, en direccin al aeropuerto, con sirena y luces de 
emergencia, le haba parecido una pesadilla. A las ocho y diez lleg al 
aeropuerto un bimotor de la base de entrenamiento de los marines en 
Twentynine Palms, facilitado a la Agencia de Defensa de la Seguridad 
como servicio de cortesa en un caso de urgencia, poco despus de media 
hora de que Sharp lo solicitara. Subieron a bordo y despeg 
inmediatamente hacia la tormenta. El audaz despegue casi vertical del 
piloto militar, combinado con los aullidos del viento y la intensa lluvia, 
acabaron por borrar sus ltimos resquicios de sueo. Peake estaba 
completamente despierto, agarrado con tanta fuerza a los brazos del 
asiento, que pareca que sus blancos nudillos iban a despegrsele de las 
manos.
-Con un poco de suerte -les dijo Sharp a Jerry Peake y a Nelson Gosser, 
que tambin los acompaaba-, estaremos en el aeropuerto internacional de 
McCarran, en Las Vegas, unos diez o quince minutos antes que el vuelo 
regular. Cuando Verdad y Hagerstrom lleguen a la terminal, estaremos 
listos para seguirlos.
A las ocho y diez, el vuelo de Las Vegas an no haba despegado del 
aeropuerto de John Wayne en el condado de Orange, pero el piloto les 
asegur a los pasajeros que no tardaran en hacerlo. Entretanto, les ofrecan 
bebidas, almendras garrapiadas y galletas con sabor a menta, para 
ayudarlos a pasar el rato de un modo ms agradable.
-Me encantan estas galletas -dijo Reese-, pero hay algo que no me gusta en 
absoluto.
-De qu se trata? -pregunt Julio.
-De volar.
-Es un vuelo muy corto.
-Se supone que uno no tendr que dedicarse a volar cuando elige ser 
polica.
-A lo sumo slo son cuarenta y cinco o cincuenta minutos de vuelo -le dijo 
Julio, para tranquilizarle.
-Voy con usted -se apresur a responderle Reese, antes de que se forjara 
una idea equivocada-. Estar con usted hasta que resolvamos el caso, pero 
preferira que se pudiera ir a Las Vegas en barco.
A las ocho y doce minutos el avin se dirigi hacia la pista y despeg.

Conduciendo hacia el este en la furgoneta roja, Eric se esforzaba kilmetro 
tras kilmetro para mantener la suficiente conciencia humana como para 
manejar el vehculo. De vez en cuando se senta imbuido por extraas ideas 
y sensaciones: un fuerte deseo de abandonar el coche y echar a correr 
desnudo por las oscuras llanuras del desierto, con el cabello acariciado por 
el viento y la lluvia sobre la piel; una inquietante y urgente necesidad de 
excavar una madriguera y ocultarse en un lugar oscuro y hmedo; un 
impulso sexual clido y feroz, no de tipo humano, sino ms bien una fiebre 
animal. Tena tambin recuerdos, imgenes claras en el ojo de su mente, 
que no eran propiamente suyos sino que parecan proceder del archivo 
gentico del recuerdo racial: una bsqueda desesperada de insectos en un 
tronco podrido; copulando con un animal almizclero en una madriguera 
oscura y pestilente... Si permita que aquellos pensamientos, necesidades o 
recuerdos se apoderaran de l, descendera al estado mental subhumano que 
haba experimentado en ambas ocasiones cuando haba asesinado junto a 
los lavabos e indudablemente perdera el control del vehculo. Por 
consiguiente, intent reprimir aquellas ideas y necesidades que con tanta 
fuerza le atraan, procurando concentrarse en la hmeda carretera. En 
general lo lograba, aunque a veces se le nublaba la vista, comenzaba a 
respirar con excesiva rapidez y le resultaba tremendamente difcil resistir la 
llamada de otros estados de la conciencia.
Durante mucho tiempo, no sinti que fsicamente le ocurriera nada inusual. 
Pero de vez en cuando era consciente de que algn cambio tena lugar y 
entonces se senta como si su cuerpo estuviera formado por millares de 
gusanos, que despus de un perodo de aletargamiento e impasibilidad, 
comenzaban de pronto a retorcerse frenticamente. Despus de haber visto 
sus ojos inhumanos en el retrovisor al entrar en la carretera, uno verde y 
naranja con la pupila vertical, y el otro polidrico y an ms extrao, no se 
atreva a mirarse al espejo, puesto que saba que su cordura era ya precaria. 
Sin embargo, vea sus manos sobre el volante y era consciente de los 
cambios que tenan lugar en las mismas. En un momento dado, sus largos 
dedos se hicieron ms cortos y gruesos, sus largas uas encorvadas se 
redujeron de tamao, y la membrana que le una el pulgar con el ndice 
prcticamente desapareci. A continuacin el proceso se invirti y 
comenzaron a crecerle nuevamente las manos, abultrsele los nudillos, con 
uas ms puntiagudas y afiladas que antes. En aquel momento, sus manos 
eran tan horribles (oscuras, jaspeadas, con un aguijn curvado en la base de 
cada una de sus monstruosas uas y una articulacin adicional en cada 
dedo) que mantena los ojos fijos en la carretera, procurando no mirarlas.
Su incapacidad para enfrentarse a su apariencia no era slo consecuencia 
del miedo de lo que le ocurra. Estaba indudablemente asustado, pero 
adems experimentaba un placer enfermizo y demente en su 
transformacin. Por lo menos ahora era inmensamente fuerte, rpido como 
una centella y fulminante. A excepcin de su aspecto inhumano, era la 
personificacin del sueo machista del poder absoluto y ferocidad 
imparable propio de todos los jvenes, que ningn hombre acababa de 
superar por completo. No poda permitirse el lujo de extasiarse en aquellos 
pensamientos, ya que las poderosas fantasas le arrastraran al estado 
animal.
Aquel ardor peculiar que no tena nada de desagradable en su carne, sangre 
y huesos estaba presente en todo momento, sin pausa alguna y en realidad 
aumentaba con el transcurso del tiempo. Antes haba tenido la sensacin de 
que era un hombre que se funda hacia nuevas formas, pero ahora perciba 
ms bien que estaba en llamas, como si el fuego estuviera a punto de salirle 
por la punta de los dedos. Decidi denominarlo fuego transformador.
Afortunadamente, los intensos y debilitadores espasmos de dolor que 
haban caracterizado el principio de su metamorfosis ya no formaban parte 
de sus cambios. De vez en cuando senta alguna molestia, o algn que otro 
pinchazo, pero nunca tan intenso como al principio y sin que durara ms de 
uno o dos minutos. Al parecer, durante las ltimas diez horas, el amorfismo 
se haba convertido en una condicin genticamente programada en su 
cuerpo, como algo natural y por consiguiente tan desprovisto de dolor 
como la respiracin, el pulso, la digestin y la excrecin.
El nico dolor que senta era el que le producan unos ataques peridicos de 
hambre atroz. Sin embargo, el dolor de los mismos, que en nada se 
parecan al hambre que haba sentido en su vida anterior, era sumamente 
fuerte. Dado que su cuerpo destrua clulas antiguas para sustituirlas por 
otras nuevas a un ritmo frentico, necesitaba cantidades descomunales de 
combustible. Se vea tambin obligado a orinar con mucha mayor 
frecuencia que antes y cada vez que se detena junto a la carretera descubra 
que su orina apestaba fuertemente a amonaco y a otros productos 
qumicos.
Ahora, en el momento en que la furgoneta lleg a la cima de una colina y 
vio ante s el espectculo resplandeciente que ofreca la ciudad de Las 
Vegas, experiment un nuevo ataque de hambre que le retorci el estmago 
y se lo estruj como un tornillo. Comenz a sudar y a temblar 
incontrolablemente.
Entr en el arcn, se detuvo y palp en busca del freno de mano.
Comenz a sollozar con los primeros sntomas. Oy que un gruido le 
suba por la garganta y sinti que perda rpidamente el control ante unas 
necesidades animales ms exigentes y menos resistibles.
Tena miedo de lo que era capaz de hacer. Tal vez abandonar el vehculo e 
ir de caza por el desierto. Podra fcilmente perderse en aquella extensin 
rida desprovista de caminos, incluso a pocos kilmetros de Las Vegas. 
Peor todava; desprovisto de todo el intelecto, guiado slo por el instinto, 
poda meterse en la carretera y despus de lograr de algn modo que un 
coche parara, agarrar al aterrorizado conductor del vehculo y 
descuartizarlo. Alguien le vera y no podra proseguir con su viaje secreto 
al motel cerrado de Las Vegas, donde Rachael se ocultaba.
Nada deba impedirle llegar hasta Rachael. Slo de pensar en ella, una 
visin sanguinaria le enturbi la mirada y emiti un feroz chillido 
involuntario, que rebot con estridencia del hmedo parabrisas del 
vehculo. El deseo de vengarse de ella, de matarla, le haba dado fuerzas 
para resistir la regresin durante el largo viaje a travs del desierto. La 
perspectiva de la venganza le haba mantenido cuerdo, le haba permitido 
seguir adelante.
Reprimiendo desesperadamente la conciencia primaria que el hambre 
acuciante haba despertado, se dirigi apresuradamente a la nevera de 
estiroleno que haba en la cabina, detrs del asiento del conductor. La haba 
visto al entrar en el vehculo, pero no haba explorado su contenido. Al 
abrirla comprob con alivio que el vaquero y su compaera iban 
preparados para merendar por el camino. En la caja haba media docena de 
bocadillos en bolsas de plstico, dos manzanas y seis latas de cerveza.
Con sus manos de dragn, Eric rasg los plsticos y se trag los bocadillos 
apenas metrselos en la boca. Se atragant varias veces, escupiendo carne y 
pan medio masticados, y tuvo que concentrarse para poder masticarlos 
mejor.
Cuatro de los bocadillos eran de ternera asada poco hecha. El gusto y el 
olor de la carne casi cruda le excitaba enormemente. Habra preferido que 
la ternera fuera completamente cruda y sangrienta. Deseaba haberle podido 
hincar el diente al animal vivo y arrancarle pedazos de carne todava 
palpitante.
Los otros dos bocadillos eran de queso suizo con mostaza, sin carne, pero 
tambin se los comi porque necesitaba mucho combustible, aunque no le 
gustaron, ya que carecan del delicioso y estimulante aroma de la sangre. 
Recordaba el gusto de la sangre del vaquero. Todava mejor, el aroma 
intenso de la sangre de la mujer, extrada de su garganta y de sus pechos... 
Comenz a sisear y retorcerse en el asiento, estimulado por el recuerdo. Su 
hambre era tan atroz, que incluso se comi las manzanas, a pesar de que su 
enorme mandbula, su lengua curiosamente reformada y sus afilados 
dientes, no estaban diseados para consumir fruta.
Bebi toda la cerveza, atragantndose y escupiendo mientras lo haca. No 
tema intoxicarse, porque saba que su acelerado metabolismo consumira 
el alcohol antes que le hiciera efecto alguno.
Durante un rato, despus de devorar el contenido de la nevera, se acurruc 
en el asiento, jadeando. Miraba ensimismado la capa de agua sobre las 
ventanas, con el animal que llevaba dentro temporalmente apaciguado. 
Recuerdos lejanos de ciertos asesinatos y del coito con la mujer del 
vaquero acariciaban como cirros de humo el fondo de su mente.
En el exterior, en la oscuridad nocturna del desierto, flameaban hogueras 
espectrales.
Las puertas del infierno? Llamadas de la condena eterna que el destino le 
haba reservado, pero que haba eludido derrotando a la muerte?
O meras alucinaciones? Tal vez su torturado subconsciente, horrorizado 
por los cambios que tenan lugar en el cuerpo que ocupaba, intentaba 
desesperadamente exteriorizar el fuego transformador, trasladando el calor 
de la metamorfosis de su carne y de su sangre y convirtindolo en vivas 
ilusiones.
Aqul haba sido el pensamiento ms intelectual que haba logrado elaborar 
en muchas horas y momentneamente se sinti en posesin de los poderes 
cognoscitivos gracias a los cuales se haba ganado la reputacin de genio 
en su campo. Pero slo por un momento fugaz. Entonces volvi el recuerdo 
de la sangre, sinti que un estremecimiento salvaje de placer le recorra el 
cuerpo y emiti un profundo sonido gutural desde lo ms hondo de su 
garganta.
Varios coches y camiones pasaron por la carretera, a su izquierda. Se 
dirigan al este, hacia Las Vegas. Las Vegas...
Lentamente record que l tambin se diriga a Las Vegas, al Golden Sand 
Inn, para asistir a una cita con la venganza.

34.
Convergencia.

Despus de lavarse la cara y arreglarse el cabello lo mejor que pudo, 
Rachael volvi junto a las cabinas telefnicas y se sent en un banco 
tapizado en cuero rojo, desde donde vea a todo el mundo que se acercaba 
por la puerta del vestbulo del hotel y por la escalera de la sala de juegos 
subterrnea. La mayora de la gente se quedaba cerca de las bulliciosas 
ruletas, pero el vestbulo estaba tambin muy transitado.
Se fijaba en todos los hombres con la mayor discrecin posible. No lo haca 
para localizar a Whitney Gavis, ya que no tena ni idea de cul era su 
aspecto, pero le preocupaba que la reconociera alguien que pudiera haber 
visto su fotografa en la televisin. Tena la sensacin de que estaba 
rodeada de enemigos por todas partes, que la acechaban, y que si bien 
poda ser pura paranoia, tambin poda no serlo.
Si en algn momento de su vida se haba sentido ms miserable y 
deprimida, no lo recordaba. Las pocas horas que haba dormido la noche 
anterior en Palm Springs, no la haban preparado para la actividad frentica 
de aquel da. Le dolan las piernas de lo mucho que haba corrido y 
escalado, y tena los brazos duros y pesados. Le dola desde la nuca hasta la 
base de la columna vertebral. Tena los ojos irritados, turbios y doloridos. 
A pesar de las seis latas de bebida que haba comprado en Baker y 
consumido por el camino hacia Las Vegas, tena la boca seca y amarga.
-Pareces estar agotada, muchacha -le dijo Whitney Gavis sobresaltndola, 
al acercarse al banco donde estaba sentada.
Le haba visto que se acercaba por la puerta del vestbulo, pero convencida 
de que no poda ser l, haba trasladado su atencin a otros hombres. Meda 
aproximadamente metro ochenta, un par de centmetros menos que Benny, 
quizs algo ms robusto, con hombros ms anchos y pecho ms salido. 
Llevaba un ancho pantaln blanco y una camisa de algodn azulada, al 
estilo de Corrupcin en Miami, sin la chaqueta blanca. Sin embargo, el lado 
izquierdo de su rostro estaba desfigurado por una serie de cicatrices rojas y 
castaas, como si hubiera recibido cortes profundos, quemaduras, o ambas 
cosas. Tena la oreja izquierda abultada, nudosa. Caminaba con un aire 
rgido y torpe, forzando la cadera izquierda de un modo que pareca indicar 
que su pierna estaba paralizada o, probablemente, que se trataba de una 
pierna artificial. Le haban amputado el brazo izquierdo entre el codo y la 
mueca, y el mun le sala de la manga corta de la camisa.
-Evidentemente Benny no te lo haba advertido -dijo rindose de su 
sorpresa-. Como caballero que acude en tu rescate, dejo bastante que 
desear.
-No, no, me alegro mucho de estar aqu -replic, parpadeando-. Me alegro 
de tener un amigo aunque... es decir, no quiero decir que... estoy segura de 
que t... diablos, no hay razn para que...
Comenz a levantarse, entonces se le ocurri que quizs l estara ms 
cmodo sentado, pero se dio cuenta de que aqulla era una idea paternalista 
y no lograba librarse de su embarazosa decisin.
-Reljate, muchacha -le dijo Whitney nuevamente rindose, mientras la 
coga del brazo con su nica mano-. No me has ofendido. Jams he 
conocido a nadie que se preocupe menos de las apariencias que Benny. 
Juzga a la gente por lo que son y por lo que ofrecen, no por su aspecto o 
por sus limitaciones fsicas, por lo que me parece tpico que no te haya 
hablado de mis... llammosle peculiaridades? Me niego a denominarlo 
impedimentos. En todo caso, no me sorprende que ests desconcertada, 
muchacha.
-Supongo que no ha tenido tiempo de mencionrmelo, aunque haya 
pensado en ello -dijo, decidiendo seguir de pie-. Nos hemos despedido con 
muchas prisas.
Se haba sorprendido porque saba que Benny y Whitney haban estado 
juntos en Vietnam, y a primera vista no comprendi como alguien con 
aquellas limitaciones fsicas poda haber sido soldado. Evidentemente, 
entonces se dio cuenta de que no las padeca antes de ir al sudeste asitico y 
de que haba perdido el brazo y la pierna en el combate.
-Ben est a salvo? -pregunt Whitney.
-No lo s.
-Dnde est?
-Espero que de camino para reunirse conmigo, pero no lo s con seguridad.
De pronto le produjo un horrible sobresalto darse cuenta de que poda 
haber sido fcilmente Benny quien hubiera regresado de la guerra con 
cicatrices en el rostro, habiendo perdido una mano y una pierna, y la idea le 
horroriz. Desde el lunes por la noche, cuando Benny le haba arrebatado el 
Magnum 357 a Vincent Baresco, Rachael haba pensado en l como 
alguien de recursos prcticamente ilimitados, indmito y casi invencible. 
En algunos momentos haba temido por l y desde que le haba dejado solo 
en la montaa junto al lago Arrowhead, no haba dejado de preocuparse. 
Pero en el fondo deseaba creer que era demasiado duro y rpido para que 
pudiera ocurrirle cualquier percance. Ahora, al comprobar cmo haba 
regresado Whitney Gavis de la guerra y sabiendo que haban servido 
juntos, Rachael comprendi, sinti y finalmente supo que Benny era un 
mortal, tan frgil como los dems, sujeto a la vida por un hilo tan 
tristemente fino como el de cualquiera, suspendido del vaco.
-Oye, ests bien? -le pregunt Whitney.
-Lo estar en un momento -respondi temblorosa-. Slo estoy agotada y... 
preocupada.
-Quiero saberlo todo, la verdad, no lo que han dicho las noticias.
-Hay mucho que contar -respondi Rachael-. Pero no aqu.
-No -dijo Whitney mirando a su alrededor-. No aqu.
-Benny se reunir conmigo en el Golden Sand.
-El motel? Claro, por supuesto, supongo que es un buen lugar para 
ocultarse. No es un lugar exactamente lujoso...
-No estoy en condiciones de elegir.
Whitney haba dejado tambin su coche en manos del portero y le entreg 
su recibo y el de Rachael al salir del hotel.
Ms all de la enorme marquesina, la lluvia impulsada por el viento llenaba 
la noche. Haban cesado los relmpagos, pero la lluvia no era gris, 
melanclica y oscura, por lo menos no en las inmediaciones del hotel. 
Millares de gotitas reflejaban el amarillo y anaranjado de las luces que 
rodeaban la entrada del Grand, como un ejrcito celestial que descenda del 
firmamento con armaduras de oro.
El primero en llegar fue el coche de Whitney, un Karmann Ghia 
prcticamente nuevo, seguido muy de cerca del Mercedes negro. A pesar 
de que saba que llamaba la atencin delante del portero, Rachael insisti 
en mirar cuidadosamente el interior del vehculo y en el maletero antes de 
sentarse al volante. La bolsa de basura con la documentacin de Wildcard 
segua donde la haba dejado, si bien eso no era lo que buscaba. Su 
comportamiento era absurdo y ella lo saba. Eric estaba muerto, o reducido 
a una forma subhumana, arrastrndose por el desierto a ms de ciento 
cincuenta kilmetros de donde se encontraba. No habra podido seguirla de 
ningn modo hasta el Grand, ni meterse en el vehculo durante el breve 
perodo que haba pasado en el aparcamiento subterrneo del hotel. No 
obstante, examin el maletero con aprensin y sinti mucho alivio al 
comprobar que estaba vaco.
Sigui al Karmann Ghia de Whitney por el bulevar Flamingo, hacia el este 
por el Paradise, a continuacin hacia el sur por el Tropicana y finalmente 
llegaron al Golden Sand Inn.
Eric no se atrevi a conducir por el bulevar del sur de Las Vegas, esa calle 
barroca y deslumbrante conocida como la Avenida, ni siquiera de noche y 
bajo la oscura lluvia. La noche pareca incendiada por edificios de ocho y 
diez pisos con las fachadas repletas de luces parpadeantes, pulsantes, 
lanzando destellos, y por centenares de kilmetros de tubos fluorescentes 
doblados sobre s mismos como intestinos luminosos de peces 
transparentes. El agua y la ancha ala del sombrero del vaquero, no bastaban 
para ocultar su horrible rostro de los dems conductores. Por consiguiente 
decidi salirse de la avenida mucho antes de llegar a los hoteles, en la 
primera calle que encontr que se diriga hacia el este, inmediatamente 
despus del aeropuerto internacional de McCarran. En esa calle no haba 
hoteles, ni luces carnavalescas y el trfico era escaso. Dando un rodeo, se 
dirigi hacia el bulevar Tropicana.
Haba odo a Shadway que le hablaba a Rachael del Golden Sand Inn y no 
le fue difcil encontrarlo en una zona relativamente poco urbanizada y 
ligeramente lgubre de Tropicana. El edificio, de una sola planta en forma 
de U, estaba construido alrededor de una piscina, visible desde la calle. La 
estructura de madera, quemada por el sol, necesitaba una capa de pintura. 
El estucado estaba manchado y agrietado. El tejado de alquitrn y gravilla, 
comn en el desierto, estaba pelado en algunas zonas y necesitaba un 
repaso. Algunas ventanas estaban rotas y tapiadas. El jardn estaba 
invadido de hierbajos. Contra una de las paredes se haban acumulado 
montones de papeles y hojas muertas. El enorme letrero de nen, que 
colgaba de unos postes metlicos de siete metros junto a la entrada, 
empujado por el viento de poniente, estaba roto y apagado.
A doscientos metros a cada lado del Golden Sand Inn slo haba maleza. 
A1 otro lado del bulevar se estaba construyendo actualmente una 
urbanizacin en la que slo haba estructuras esquelticas de futuras casas 
azotadas por la lluvia. Aparte de los pocos coches que pasaban por 
Tropicana, el motel estaba en un lugar relativamente aislado del sudeste de 
la ciudad.
A juzgar por la ausencia de luces, Rachael no haba llegado an. Dnde 
estara? Haba conducido muy deprisa, pero no crea haberla adelantado por 
la carretera.
Pensando en ella, el corazn comenz a latirle vigorosamente. Su visin 
adquiri un tinte rojizo. Con el recuerdo de la sangre se le haca la boca 
agua. Aquel furor fro familiar se esparci por el cuerpo como cristales de 
hielo, pero apret sus feroces dientes de tiburn y se esforz en mantenerse 
por lo menos funcionalmente racional.
Aparc la furgoneta en el arcn de gravilla, cien metros ms all del 
Golden Sand, dejando caer las ruedas delanteras en la cuneta, para dar la 
impresin de que haba salido de la carretera y su conductor haba 
abandonado el vehculo hasta el da siguiente. Apag las luces y el motor. 
A1 cesar el ruido del motor, el de la lluvia aument de volumen. Esper 
hasta no ver ningn coche en una direccin ni en la otra, abri la puerta y 
entr en la tormenta.
Avanzando por la cuneta, llena de agua de color castao, comenz a cruzar 
el descampado que le separaba del motel. Ech a correr, ya que si vena 
algn coche por el bulevar, no tena donde esconderse, a excepcin de unos 
matorrales espinosos todava anclados en la arena y sacudidos por el 
viento.
Expuesto a los elementos, quiso nuevamente desnudarse y sucumbir a su 
profundo deseo de correr libre por el viento y por la noche, alejado de las 
luces de la ciudad, hacia lugares salvajes. Pero la mayor necesidad de 
vengarse le hizo conservar la ropa y concentrarse en su objetivo.
El rea de recepcin del hotel se encontraba en la esquina noreste de la 
estructura. A travs de sus enormes ventanales slo poda ver una parte de 
la oscura sala: la forma difuminada de un sof, un silln, un exhibidor de 
postales vaco, una mesa, una lmpara y el mostrador de la recepcin. Las 
dependencias del director, donde Shadway le haba dicho a Rachael que se 
refugiara, estaban probablemente junto a la recepcin. Eric intent abrir la 
puerta, cuya manecilla pareca diminuta en su gigantesca y spera mano, y 
descubri, tal como supona, que estaba cerrada con llave.
De pronto vio un vago reflejo de s mismo en el cristal hmedo, un rostro 
demonaco con cuernos, una descomunal dentadura y distorsionado por 
abundantes protuberancias seas. Alej rpidamente la mirada, sofocando 
el chillido que quiso escapar.
Se dirigi hacia el patio, donde por tres costados haba puertas de acceso a 
las habitaciones. Estaba todo a oscuras, pero poda ver sorprendentemente 
bien todos los detalles, incluido el tono azul oscuro de la pintura de las 
puertas. Sin saber en lo que se estaba convirtiendo, su visin nocturna 
pareca ser mejor que la de los seres humanos.
El marco retorcido de una marquesina de aluminio colgaba a lo largo de un 
pasadizo de acceso a las tres alas, configurando un depauperado paseo.
La lluvia se filtraba por la marquesina, cayendo sobre el suelo de hormign 
acumulndose en una franja de csped, repleta ahora de hierbajos. El agua 
salpicaba bajo sus botas, al acercarse a la piscina.
La haban vaciado, pero con el agua de la lluvia volva a estar medio llena. 
En la parte honda se haba acumulado ya ms de medio metro de agua. 
Bajo la misma, parpadeaba una hoguera espectral evasiva y quizs ilusoria, 
con unas llamas carmneas y plateadas distorsionadas por el lquido bajo el 
cual flameaban.
Algo en aquella hoguera, ms que en las que haba visto anteriormente, le 
hizo estremecerse de miedo. Al mirar hacia el agujero negro de la piscina 
casi vaca, se sinti imbuido por el impulso instintivo de echar a correr, de 
alejarse cuanto pudiera de aquel lugar.
Se apart rpidamente de la piscina.
Entr bajo la marquesina, donde el ruido de la lluvia le produca 
claustrofobia, como si estuviera encerrado en una lata. Se dirigi hacia la 
habitacin nmero 15, en medio del bloque central e intent abrir la puerta. 
Estaba tambin cerrada con llave, pero el cerrojo pareca viejo y fcilmente 
quebradizo. Se ech atrs y comenz a pegarle patadas. A la tercera, estaba 
tan excitado por el acto de destruir, que comenz a pegar gemidos 
incontrolables. A la cuarta cedi el cerrojo y la puerta se abri hacia 
adentro, con el quejido del metal torturado.
Entr.
Record que Shadway le haba dicho a Rachael que la electricidad todava 
funcionaba, pero no quiso encender la luz. Por una parte, no quera delatar 
su presencia cuando Rachael finalmente llegara. Adems, gracias a su 
visin nocturna enormemente mejorada, era capaz de discernir las 
dimensiones de la oscura habitacin y los contornos de los muebles con el 
suficiente detalle como para circular sin tropezar.
Cerr cuidadosamente la puerta.
Se acerc a la ventana que daba al patio, abri las radas y polvorientas 
cortinas un par de centmetros, y mir hacia la menor oscuridad de la 
noche. Desde ah poda ver la parte frontal del motel y la puerta de la 
recepcin.
La vera a su llegada.
Cuando estuviera instalada, ira a por ella.
Se mova con impaciencia, trasladando el peso de su cuerpo de un pie al 
otro.
Emiti un anhelante chillido agudo.
Tena afn de sangre.

Amos Zachariah Tate, el camionero de rostro rugoso, ojos rasgados y 
enorme bigote cado meticulosamente cuidado, pareca una reencarnacin 
de alguien que haba merodeado por el Mojave en la poca del salvaje 
oeste, asaltando diligencias y a los jinetes del Pony-express. Sin embargo 
sus modales eran ms propios de un predicador itinerante de la misma 
poca, suaves, corteses, generosos y al mismo tiempo profundamente 
convencido de la redencin del alma a travs del amor a Jesucristo.
No slo le facilit a Ben un viaje gratis a Las Vegas, sino que le ofreci 
una manta para que se protegiera del fro y del aire acondicionado en su 
cuerpo empapado por la lluvia, caf de uno de los enormes termos que 
llevaba, una chocolatina para comer y consejos espirituales. Estaba 
realmente interesado por la comodidad y el bienestar fsico de Ben. Era un 
buen samaritano innato, a quien le avergonzaba que le dieran las gracias y 
desprovisto de todo moralismo, gracias a lo cual su sincero entusiasmo por 
Jesucristo careca de todo elemento potencialmente ofensivo.
Adems, Amos crea lo que Ben le haba contado sobre su esposa 
gravemente enferma, posiblemente moribunda, en el hospital Sunrise de 
Las Vegas. A pesar de que dijo que normalmente tena un profundo respeto 
por la ley, incluso en lo referente al cdigo de la circulacin, en este caso 
hizo una excepcin y aceler el monstruo que conduca hasta los ciento 
veinte o ciento treinta kilmetros por hora, que era la mxima velocidad 
que consideraba prudente dadas las condiciones meteorolgicas.
Envuelto en su manta de lana, sorbiendo caf, mientras mordisqueaba una 
chocolatina y pensaba en la vida y la muerte, Ben le estaba agradecido a 
Amos Tate, pero habra preferido ir ms de prisa. Si el amor era lo ms 
cercano que los seres humanos podan estar de la inmortalidad, que era lo 
que haba pensado cuando estaba en la cama con Rachael, se le haba 
abierto una puerta hacia la vida eterna al encontrarla. Ahora, en las puertas 
del paraso, pareca que le arrebataban la llave de la mano. Al pensar en lo 
lgubre que sera la vida sin ella, deseaba apoderarse del camin, empujar a 
Amos a un lado, colocarse al volante y lanzar el vehculo a toda velocidad 
hacia Las Vegas.
Pero lo nico que poda hacer era acurrucarse en su manta y observar con 
creciente impaciencia el transcurso de los kilmetros.

Haca probablemente ms de un mes que no se utilizaba el apartamento del 
director en el Golden Sand Inn y el aire estaba viciado. A pesar de que el 
olor no era excesivamente fuerte, Rachael no dejaba de arrugar la nariz de 
asco. Haba un deje de putrefaccin en el ambiente que a la larga le 
producira nuseas.
La sala de estar era grande, el dormitorio pequeo y el bao minsculo. La 
diminuta cocina estaba abarrotada y deteriorada, pero perfectamente 
equipada. Las paredes daban la impresin de no haber sido pintadas en una 
dcada. Las alfombras estaban gastadas y el linleo de la cocina rasgado y 
descolorido. Los muebles estaban pelados, medio desarmados y pandeaban, 
y casi todos los utensilios de la cocina estaban abollados, raspados y 
amarillentos por la edad.
-No es lo que uno se encontrara en una revista de diseo arquitectnico 
-dijo Whitney Gavis, apoyndose con el mun de su brazo izquierdo 
contra la nevera y extendiendo la mano derecha para enchufarla a la 
corriente, con lo que el motor se puso inmediatamente en funcionamiento-. 
Pero todo funciona bastante bien y es improbable que a nadie se le ocurra 
buscarte aqu.
Mientras circulaban por el apartamento encendiendo las luces, Rachael 
comenz a contarle la historia real sobre las rdenes de detencin que haba 
contra ella y contra Benny. Se sentaron junto a la mesa de superficie de 
formica, cubierta de polvo y de quemaduras de cigarrillos, y acab de 
contarle brevemente la historia.
En el exterior, los gemidos del viento parecan los de una bestia salvaje, 
que quisiera acercarse a las ventanas para participar en el relato y agregar 
sus propios detalles.
Junto a la ventana de la habitacin 15, a la espera de la llegada de Rachael, 
Eric haba percibido que el ardor del fuego transformador creca dentro de 
s. Comenz a sudar copiosamente, con autnticos regueros que descendan 
por la cara desde las cejas, brotando de todos los poros, como si intentara 
igualar la lluvia del exterior. Tena la sensacin de estar en un horno y cada 
bocanada de aire le abrasaba los pulmones. A su alrededor, en todas las 
esquinas, la habitacin estaba llena de esas llamas fantasmagricas de las 
hogueras espectrales a las que no se atreva a mirar. Sus huesos parecan 
estar fundidos y senta tanto calor en la carne, que no le habra sorprendido 
que de la punta de sus dedos aparecieran llamas.
-Fundir... -dijo en una voz profunda y gutural, totalmente inhumana- el... 
hombre que se funde.
De pronto mut su rostro. Un terrible crujir y un astilleo le llen 
momentneamente los odos, procedente del interior de su crneo, que se 
convirti casi inmediatamente en un sonido lquido nauseabundo, 
balbuciente y cenagoso. El proceso se aceleraba frenticamente. 
Horrorizado, aterrorizado, pero provisto tambin de una oscura excitacin y 
de una feroz alegra demonaca, percibi que su rostro estaba cambiando de 
forma. Al principio sinti que se le formaba una protuberancia en las cejas, 
que entorpeca su visin perifrica, pero a continuacin desapareci, con el 
nuevo hueso fundindose como si fuera mantequilla. La corriente de la 
transformacin se traslad a su nariz, boca y mandbula, extendiendo sus 
facciones nominalmente humanas para formar un rudimentario y 
distorsionado hocico. Comenzaron a doblrsele las rodillas, por lo que se 
alej vacilante de la ventana y se desplom. Algo le estall en el pecho. 
Para acomodarse a la forma del hocico, se le abrieron los labios a lo largo 
de las mejillas. Se arrastr hasta la cama, se tumb de espaldas, 
entregndose por completo al devastador proceso revolucionario de 
transformacin, que esencialmente no le resultaba desagradable y desde la 
lejana se oy a s mismo emitir sonidos extraos: un gruido parecido al 
de un perro, el siseo de un reptil y exclamaciones no verbales, pero 
inconfundiblemente las de un hombre en estado orgsmico.
Durante un rato qued sumido en las tinieblas.
Cuando a los pocos minutos recuper parcialmente el sentido, descubri 
que haba cado de la cama y haba rodado hasta la ventana, desde la que 
haba estado vigilando a la espera de la llegada de Rachael. A pesar de que 
el fuego transformador segua ardiendo en su interior y de que senta que 
sus tejidos exploraban nuevas formas en todas partes de su cuerpo, abri 
decididamente las cortinas y se levant para mirar por la ventana. Con la 
poca luz, sus manos parecan enormes y quitinosas, como las de un 
cangrejo o una langosta, que en lugar de pinzas tuviera dedos. Se agarr de 
la repisa para levantarse del suelo. Al acercarse a la ventana, el aire le sala 
de los pulmones a grandes bocanadas que empaaban el cristal.
Las luces estaban encendidas tras las ventanas de la recepcin.
Rachael deba de haber llegado.
Se sinti inmediatamente imbuido por el odio. El recuerdo de olor a sangre 
que impregnaba su olfato le estimulaba.
Pero tambin tena una inmensa y extrasima ereccin. Quera copular con 
ella antes de matarla, como lo haba hecho con la mujer del vaquero. En su 
estado degenerado y mutante, le tranquiliz descubrir que le resultaba 
difcil mantener cierta comprensin de su identidad. Segundo tras segundo 
dejaba de importarle de quin se tratara y lo nico que le preocupaba era 
que fuera hembra y... presa.
Intent alejarse de la ventana para dirigirse hacia la puerta, pero sus piernas 
transformadas cedieron bajo le peso de su cuerpo. Una vez ms volvi a 
retorcerse y contorsionarse en el suelo de la habitacin del motel, con el 
fuego transformador ms clido que nunca dentro de s.
Sus genes y cromosomas, que haban sido los reguladores indiscutibles (los 
directores) de su forma y de su funcin, haban adquirido ellos mismos 
plasticidad. Haban dejado de recrear primordialmente estados anteriores de 
la evolucin humana, para dedicarse a la exploracin de formas totalmente 
ajenas que nada tenan que ver con la historia de la fisiologa de la especie 
humana. Mutaban al azar, o en respuesta a fuerzas y pautas inexplicables 
que no poda percibir. Mientras mutaban, dirigan su cuerpo hacia la 
produccin masiva de hormonas y protenas con las que se moldeaba su 
carne.
Se estaba convirtiendo en algo que jams haba pisado la superficie de la 
tierra, ni estaba previsto que lo hiciera.

El bimotor de los marines de Twentynine Palms aterriz en el aeropuerto 
internacional de McCarran, en Las Vegas, a las nueve y tres del martes. 
Faltaban slo diez minutos para la supuesta hora de llegada del vuelo 
regular del condado de Orange, en el que viajaban Julio Verdad y Reese 
Hagerstrom.
Harold Ince, agente de la ADS en la oficina de Nevada, esperaba a Anson 
Sharp, Jerry Peake y Nelson Gosser en la puerta de desembarque.
Gosser se dirigi inmediatamente a otra puerta, por donde desembarcara el 
vuelo del condado de Orange. Su misin consistira en seguir discretamente 
a Verdad y a Hagerstrom hasta que salieran de la terminal, a partir de 
donde seran responsabilidad del equipo de vigilancia que los estara 
esperando fuera.
-Seor Sharp, vamos muy justos de tiempo -dijo Ince.
-Dgame algo que no sepa -replic Sharp, cruzando a toda prisa el vestbulo 
y dirigindose hacia el largo pasillo que conduca a la puerta frontal de la 
terminal.
Peake caminaba a toda prisa para mantener el ritmo de su jefe, pero Ince, 
mucho ms bajo que Sharp, tena dificultad para seguirlos.
-Su coche le espera frente a la terminal, en un lugar discreto, detrs de una 
lnea de taxis, de acuerdo con sus instrucciones.
-Bien. Pero qu ocurrir si no cogen un taxi?
-Hay un mostrador de alquiler de coches que est todava abierto. Si se 
detienen para alquilar un vehculo, se lo comunicar inmediatamente.
-Bien.
Llegaron al pasillo y subieron sobre la cinta transportadora. No haba 
llegado ningn otro vuelo ltimamente ni haba ninguna salida prevista, por 
lo que el pasillo estaba desierto. Por los altavoces repartidos por la terminal 
se oan mensajes de artistas que actuaban en aquellos momentos en Las 
Vegas (Loan Rivers, Paul Anka, Rodney Dangerfield, Tom Dreesen, Bill 
Crosby y otros) con chistes de poca gracia y, sobre todo, consejos para los 
pasajeros: Les rogamos que no suelten la barandilla mvil de la cinta 
transportadora, circulen por la derecha, adelanten por la izquierda y 
procuren no tropezar al llegar al fondo de la cinta.
Insatisfecho con la lentitud de la cinta, Sharp avanzaba a grandes zancadas 
y en un momento dado volvi la cabeza para preguntarle a Ince:
-Cul es su relacin con la polica de Las Vegas?
-Cooperan, seor.
-Eso es todo?
-Quizs algo ms que eso -agreg Ince-. Son buenos muchachos. Tienen un 
trabajo muy duro en esta ciudad, con tantos maleantes y gente de paso, pero 
lo manejan bien. Hay que reconocerlo. No son blandos y puesto que saben 
lo difcil que es mantener el orden, sienten mucho respeto hacia los dems 
policas.
-Cmo nosotros?
-Como nosotros.
-Si se producen disparos -prosigui Sharp-, alguien los denuncia y llega la 
polica uniformada antes de que tengamos oportunidad de limpiar el 
terreno, podemos confiar en que sus informes se ajusten a nuestras 
necesidades?
-Quizs... -respondi Ince, parpadeando sorprendido.
-Comprendo -replic framente Sharp, en el momento en que llegaban al 
final del pasillo y comenzaban a cruzar el vestbulo de la terminal-. Ince, le 
aconsejo que en los prximos das estreche sus lazos de amistad con la 
polica local. La prxima vez no quiero or quizs.
-S, seor. Pero...
-Usted qudese por aqu, tal vez cerca del quiosco de los peridicos. Intente 
pasar desapercibido tanto como le sea posible.
-sa es la razn por la que voy vestido as -respondi Ince, que llevaba un 
traje deportivo de polister verde y una camisa Banlon naranja.
Dejando a Ince en la terminal, Sharp sali al exterior por la doble puerta de 
cristal, donde la lluvia salpicaba el techo de la marquesina.
Jerry Peake logr finalmente alcanzarle.
-De cunto tiempo disponemos, Jerry?
-Aterrizarn dentro de cinco minutos -respondi Peake, consultando su 
reloj.
A aquella hora en la lnea de taxis haba slo cuatro vehculos. Su coche 
estaba aparcado junto a la acera, en un lugar donde haba un letrero que 
deca LLEGADAS-SLO DESCARGA, a unos quince metros detrs del 
ltimo taxi. Se trataba de uno de esos Ford castao oscuro que utilizaba la 
agencia, sobre el que podan haber escrito perfectamente: COCHE 
OFICIAL SIN DISTINTIVOS. Afortunadamente, la lluvia disimulara la 
naturaleza institucional del vehculo y les permitira seguir a Verdad y a 
Hagerstrom con menor probabilidad de que stos los vieran.
Peake se sent al volante y Sharp en el asiento del pasajero, con el maletn 
sobre las rodillas.
-Si cogen un taxi, acrquese lo suficiente como para leer la matrcula y 
vuelva a retirarse -dijo Sharp-. Entonces si les perdemos, sabremos adnde 
se han dirigido por la empresa de taxis.
Peake asinti.
Su coche estaba slo parcialmente protegido por la marquesina y en parte 
expuesto a la tormenta. La lluvia caa sobre el costado de Sharp y slo sus 
ventanas estaban cubiertas por una capa de agua.
Abri el maletn y sac las dos pistolas, cuyos nmeros no podan 
relacionarse con l ni con la ADS. Uno de los silenciadores estaba nuevo y 
el otro excesivamente gastado por los disparos realizados contra Shadway 
en el lago Arrowhead. Instal el nuevo en una de las pistolas, que se qued 
para l. Le entreg la otra a Peake, que pareci aceptar a contrapelo.
-Algn problema? -le pregut Sharp.
-Sigue dispuesto a matar a Shadway, seor? -pregunt Peake.
-No se trata de lo que yo desee, Jerry -respondi Sharp, mirndole con los 
ojos entornados-. stas son mis rdenes: liquidarle. Cuando las rdenes 
proceden de tan alto, maldita sea, no puedo ponerlas en cuestin.
-Pero...
-Qu ocurre?
-Si Verdad y Hagerstrom nos conducen a Shadway y a la seora Leben, si 
estn ellos presentes, no podr eliminarlos delante de ellos. Esos detectives 
no mantendrn la boca cerrada, seor. Estoy seguro de ello.
-No le quepa duda de que los obligar a retirarse -afirm Sharp, mientras 
sacaba el cargador de la pistola para asegurarse de que estaba lleno de 
balas-. Esos cabrones tendran que mantenerse al margen de este asunto y 
lo saben perfectamente. Cuando los encuentre con las manos en la masa, 
comprendern que sus carreras y sus pensiones corren peligro. Se retirarn. 
Y cuando lo hagan, nos ocuparemos de Shadway y de la mujer.
-Y si no se retiran?
-En tal caso nos ocuparemos tambin de ellos -dijo Sharp, metiendo de 
nuevo el cargador con la palma de la mano.

El frigorfico zumbaba ruidosamente.
El aire segua siendo viciado, con un deje de putrefaccin.
Estaban inclinados sobre la mesa de la cocina, como un par de 
conspiradores en una de esas pelculas antiguas sobre el movimiento 
antinazi en Europa. La pistola del 32 de Rachael estaba sobre la mesa, al 
alcance de la mano, a pesar de que no crea necesitarla, por lo menos 
aquella noche.
Whitney Gavis asimil la versin sintetizada de su relato, con poqusimo 
asombro y sin escepticismo, lo cual sorprendi a Rachael. No pareca un 
tipo ingenuo. No creera cualquier historia absurda que le contaran. Sin 
embargo, haba credo su disparatado relato. Tal vez la crea implcitamente 
porque Benny la quera.
-Te ha mostrado Benny alguna fotografa ma? -le pregunt.
-S, muchacha, en los ltimos dos meses t eres lo nico de lo que habla 
-respondi Whitney.
-Eso significa que saba que lo que haba entre nosotros era especial, 
incluso antes de que yo lo descubriera.
-No. Me dijo que t tambin sabas que la relacin era especial, pero que 
tenas miedo de admitrtelo a ti misma. Dijo que ya lo descubriras y tena 
razn.
-Si a ti te ense fotografas mas, por qu no me ense a m ninguna 
tuya, o poda por lo menos haber hablado de ti, siendo su mejor amigo?
-Benny y yo tenemos un compromiso mutuo, desde Vietnam, como si 
furamos hermanos, mejor que hermanos, por lo tanto lo compartimos 
todo. Pero hasta hace poco, muchacha, t no te habas comprometido con l 
y hasta que lo hiciste no quiso compartirlo todo contigo. No se lo 
reproches. Es como es a causa de Vietnam.
sta era probablemente tambin la razn por la que Whitney Gavis haba 
credo su inverosmil relato, incluida la persecucin por parte de una bestia 
mutante en el desierto del Mojave.
Habiendo vivido en la locura de Vietnam, puede que ya nada fuera 
imposible.
-Pero no ests segura de que las serpientes le mataran -dijo Whitney.
-No -admiti Rachael.
-Si resucit despus de ser atropellado por un camin, no es posible que lo 
haga despus de haber sido mordido por las serpientes?
-S, supongo que s.
-Y si no sigue muerto, no puedes estar completamente segura de que 
degenerar en algo que permanecer en el desierto, viviendo como un 
animal.
-No -respondi-, por supuesto, tampoco puedo estar segura de ello.
Frunci el ceo y al hacerlo las cicatrices de su rostro, por otra parte muy 
atractivo, se arrugaron como un pedazo de papel.
En el exterior, la noche estaba llena de ruidos siniestros, todos ellos 
relacionados con la tormenta; las hojas de las palmeras frotaban contra el 
tejado; el letrero del motel, impulsado por el viento, cruja suspendido de 
unas bisagras oxidadas; y un sector del canal de desage que se haba 
desprendido de la pared, golpeaba y traqueteaba contra los soportes. 
Rachael escuchaba atentamente por si oa algn ruido que no se relacionara 
con el viento y con la lluvia, no oy ninguno, pero sigui escuchando.
-Lo ms preocupante es que Eric debi de orle a Benny cuando te hablaba 
de este lugar -dijo Whitney.
-Tal vez -admiti Rachael, un tanto inquieta.
-Casi con toda seguridad, muchacha.
-De acuerdo. Pero considerando su aspecto la ltima vez que le vi, no podr 
ir a la carretera y limitarse a hacer autostop. Adems, pareca estar 
experimentando una regresin mental y emocional, no slo fsica. Si le 
hubieras visto, Whitney, con esas serpientes, comprenderas que es 
improbable que tenga la capacidad mental necesaria para salir del desierto 
y llegar de algn modo hasta Las Vegas.
-Puede que sea improbable, pero no imposible -replic Whitney-. No hay 
nada imposible, muchacha. Cuando tropec con una mina en Vietnam, le 
dijeron a mi familia que no sobrevivira, pero lo hice. Tambin me dijeron 
que no recuperara el control muscular necesario, en mi deteriorado rostro, 
para hablar sin dificultad, pero se equivocaron. Diablos, tenan una larga 
lista de cosas que eran imposibles, pero que resultaron no serlo. Y no 
contaba con la ventaja de tu marido: ese asunto gentico.
-No se si se le puede llamar una ventaja -dijo Rachael, recordando la 
protuberancia sea en la frente de Eric, sus cuernos incipientes, aquellos 
ojos inhumanos, sus temibles manos...
-Creo que debo buscarte otro lugar.
-No -respondi inmediatamente-. Aqu es donde vendr Benny a buscarme. 
Si no me encuentra...
-No te preocupes, muchacha. Te encontrar a travs mo.
-No. Si aparece, quiero estar aqu.
-Pero...
-Quiero estar aqu -insisti decididamente, dispuesta a no dejarse 
convencer-. En el momento en que llegue, quiero... debo... verle. Tengo 
que verle.
Whitney Gavis la observ unos momentos. Su mirada era 
desconcertantemente intensa.
-Vlgame Dios, cunto le quieres, verdad? -dijo finalmente.
-S -respondi con la voz temblorosa.
-Le quieres realmente muchsimo.
-S -repiti haciendo un esfuerzo para que la emocin no le impidiera 
hablar-. Y estoy muy preocupada por l... preocupadsima.
-No le ocurrir nada. Es un superviviente.
-Si le ocurriera algo...
-No le ocurrir nada -repiti Whitney-. Pero supongo que no corres 
demasiado peligro quedndote aqu por lo menos esta noche. Incluso 
aunque tu marido... aunque Eric llegue a Las Vegas, parece que tendr que 
ocultarse y hacer el viaje lenta y cautelosamente. Es probable que tarde 
varios das.
-Si lo consigue.
-Por lo tanto podemos esperar hasta maana para encontrarte otro lugar. 
Puedes quedarte aqu y esperar a Benny esta noche. Vendr. S que vendr, 
Rachael.
Se le humedecieron los ojos. Sin fuerzas para hablar, se limit a asentir.
Whitney tuvo la delicadeza de no hacer ningn comentario referente a sus 
lgrimas y el buen sentido de no consolarla.
-Claro que si vas a pasar la noche aqu ser necesario ordenar un poco este 
lugar -dijo ponindose de pie-. Para empezar, aunque puede que haya 
toallas y sbanas en el ropero, es probable que estn sucias, enmohecidas y 
probablemente infectadas. Por consiguiente lo que har ser ir a comprar 
unas toallas, unas sbanas... Y que te parecera un poco de comida?
-Tengo mucho hambre -respondi Rachael-. Slo he comido un huevo para 
desayunar y un par de barras de chocolate durante el da, pero he quemado 
sobradamente las caloras. Me he parado un momento en Baker, despus de 
mi encuentro con Eric y entonces no tena mucho apetito. Slo he 
comprado media docena de latas de bebida, para contrarrestar la 
deshidratacin.
-Traer tambin algo de comer. Quieres algo especial o lo dejas a mi 
eleccin?
-Como casi de todo a excepcin de remolacha y calamares -dijo 
levantndose, mientras se pasaba una mano temblorosa por el cuello.
-Tienes suerte de que estemos en Las Vegas -sonri Whitney-. En cualquier 
otra ciudad, las nicas tiendas abiertas a esta hora seran las que venden 
remolacha y calamares. Sin embargo, aqu las tiendas no cierran casi 
nunca. Quieres venir conmigo?
-Ser mejor que no me muestre en pblico.
-Tienes razn -asinti-. Tardar ms o menos una hora. Estars bien aqu?
-Por supuesto. Es el lugar ms seguro en el que he estado desde ayer por la 
maana.

En la oscuridad aterciopelada de la habitacin 15, Eric se arrastraba sin 
rumbo fijo por el suelo, primero en una direccin y luego en la otra, 
retorcindose, pataleando espasmdicamente, dando sacudidas, 
estremecindose y serpenteando como una cucaracha con la espalda 
partida.
-Rachael...
Se oa a s mismo repetir una y otra vez esa misma palabra, cada vez con 
una entonacin diferente, como si constituyera la totalidad de su 
vocabulario. A pesar de que su voz era espesa como el barro, pronunciaba 
esas dos slabas con toda claridad. Algunas veces saba lo que significaba, 
recordaba quin era, pero en otras ocasiones no tena ningn sentido para 
l. Sin embargo, supiera o no lo que significaba, aquel nombre le 
provocaba siempre la misma reaccin previsible: un furor fro y demente.
-Rachael...
Impotentemente atrapado en las olas del cambio, grua, siseaba, se 
agarrotaba, gema y en algunos casos soltaba una risa de lo ms profundo 
de su garganta. Tosa, se atragantaba y haca esfuerzos para respirar. Estaba 
tumbado de espaldas, temblando y revolvindose mientras los cambios le 
recorran el cuerpo, araando el aire con unas manos cuyo tamao era el 
doble del de las de su vida anterior.
Se le rompieron los botones de su camisa roja a cuadros. Una de las 
costuras de sus hombros se abri, al tiempo que se abultaba su cuerpo y 
adoptaba nuevas formas grotescas.
-Rachael...
A lo largo de las ltimas horas, cuando sus pies le haban crecido y 
disminuido, vuelto a crecer y vuelto a disminuir, sus botas le apretaban 
peridicamente. Ahora le dolan y le resultaban insoportablemente 
pequeas. Las despedaz literalmente, arrancando ferozmente las suelas y 
los tacones con sus poderosas manos, hasta rasgar las costuras, sirvindose 
de sus afiladas uas para destrozar el cuero.
Descubri que sus pies descalzos haban cambiado tanto como sus manos. 
Eran ms anchos, planos, con protuberancias seas y unos dedos tan largos 
como los de las manos, acabados tambin en uas sumamente afiladas.
-Rachael...
Los cambios se sucedan en su interior con la fuerza de un rayo contra un 
rbol, comenzando por el punto ms elevado de su cuerpo y desplazndose 
por todos los conductos, hasta alcanzar lo ms profundo de sus races.
Se contorsionaba espasmdicamente.
Golpeaba repetidamente el suelo con los tacones.
Se le llenaban los ojos de clidas lgrimas y regueros de saliva le brotaban 
de la boca.
A pesar de que sudaba copiosamente y de que arda en su interior el fuego 
transformador, en el fondo tena fro. Tanto su corazn como su mente 
estaban helados.
Se arrastr hasta una esquina, se incorpor y se rode a s mismo con sus 
propios brazos. Se le abri el esternn, se estremeci, creci y adopt una 
nueva forma. La columna vertebral le cruja y sinti que se mova en su 
interior para acomodarse a las alteraciones de su forma.
A los pocos segundos, se alej de la esquina desplazndose como un 
cangrejo. Se detuvo en medio de la habitacin y se incorpor hasta quedar 
arrodillado. Jadeando, emitiendo quejidos en la garganta, permaneci 
arrodillado unos momentos con la cabeza cada, a la espera de que el mareo 
le abandonara junto con el sudor rancio.
El fuego transformador haba comenzado finalmente a ceder. Su forma 
haba quedado momentneamente estabilizada.
Se puso de pie, tambalendose.
-Rachael...
Abri los ojos para mirar a su alrededor en la habitacin del motel y no le 
sorprendi descubrir que su visin era prcticamente tan buena en la 
oscuridad, como lo haba sido a la luz del da. Adems, su campo de visin 
haba aumentado enormemente, ya que cuando miraba hacia adelante vea 
los objetos que tena a la derecha y a la izquierda tan claramente definidos 
como los tena delante.
Se dirigi hacia la puerta. Algunas partes de su cuerpo transformado 
parecan disformes y poco prcticas, obligndole a avanzar como una 
especie de crustceo que acabara de desarrollar la habilidad de caminar 
erecto. Sin embargo, no era como si estuviera lisiado; se mova rpida y 
silenciosamente, y se senta posedo de una fuerza extraordinaria, muy 
superior a todo lo que haba conocido en la vida.
Con un suave siseo que se perdi en el viento y en la lluvia, abri la puerta 
y entr en la noche, que le recibi con los brazos abiertos.

35.
Algo que ama la oscuridad.

Whitney sali del apartamento del director del Golden Sand Inn por la 
puerta trasera de la cocina. Daba a un garaje polvoriento, donde antes 
haban aparcado el Mercedes negro. Ahora el 560 SEL estaba aparcado en 
un charco de agua de la lluvia que haba goteado del mismo. Su coche 
estaba aparcado fuera, detrs del motel.
-Echa el cerrojo y no te muevas -le dijo a Rachael, que estaba en el umbral 
de la puerta entre la cocina y el garaje-. Regresar cuanto antes.
-No te preocupes. No me ocurrir nada -dijo Rachael-. Tengo que ordenar 
los papeles de Wildcard. Eso me mantendr ocupada.
No le resultaba difcil comprender que Ben estuviera tan profundamente 
enamorado de ella. Aun con lo desgreada que estaba, y la palidez del 
cansancio y de la preocupacin, Rachael era encantadora. Pero la belleza 
no era su nico atributo. Era clida, perceptiva, inteligente y dura; una 
combinacin poco comn de cualidades.
-Es probable que Ben llegue antes que yo -le dijo para darle nimos.
Le brind una pequea sonrisa de agradecimiento y asinti mordindose el 
labio inferior, pero no dijo nada porque, evidentemente, todava estaba 
medio convencida de que no volvera a ver a Ben con vida.
Whitney le indic que se retirara y que cerrase la puerta. Esper hasta que 
oy que se corra el pestillo. Entonces cruz el suelo de hormign del 
garaje, manchado de grasa y de aceite, pasando frente al Mercedes y en 
lugar de abrir la puerta grande, se dirigi hacia la lateral.
El garaje de tres plazas, iluminado por una sola bombilla que colgaba de 
una viga del techo, estaba sucio y enmohecido, repleto de aparatos medio 
rotos y de otros que eran simplemente basura: cubos oxidados, escobas con 
el palo roto, fregonas comidas por las polillas, un aspirador averiado, varias 
sillas con las patas rotas o la tapicera desgarrada, que los propietarios 
anteriores se haban propuesto arreglar, lea, bobinas de cable y de 
manguera, un lavabo, recambios de espersor en una caja de cartn, un 
guante de jardinera de algodn que pareca una mano amputada, y botes de 
pintura y de laca cuyo contenido estaba seguramente tan seco que no era ya 
utilizable. La porquera estaba amontonada contra las paredes, esparcida 
por el suelo y apilada precariamente en el desvn.
En el momento de abrir el pestillo de la puerta lateral, Whitney oy un 
ruido a su espalda en el garaje. Dur slo un breve instante y en realidad 
cuando se volvi no se oa absolutamente nada.
Frunciendo el ceo, pas la mirada por los montones de porquera, el 
Mercedes, la caldera de gas que haba en la esquina, el banco de 
herramientas medio cado y el calentador de agua. No vio nada fuera de lo 
normal.
Escuch.
El nico sonido era el de las mltiples voces del viento en el socarrn y el 
de la lluvia sobre el tejado.
Se acerc al coche y dio la vuelta lentamente a su alrededor, pero no vio 
nada que pudiera haber causado el ruido.
Puede que algunos de los montones hubieran cedido ante su propio peso, o 
que hubiera alguna rata. No le habra sorprendido que aquel decrpito 
edificio estuviera invadido por los roedores, a pesar de que en sus visitas 
anteriores no haba visto indicacin alguna de ello. La porquera estaba 
esparcida de un modo tan azaroso, que era incapaz de discernir si haba 
habido algn cambio de posicin desde haca un momento.
Volvi a dirigirse hacia la puerta, ech un ltimo vistazo y sali al exterior.
En el mismo momento en que la lluvia arrastrada por el viento comenz a 
golpearle el rostro, comprendi que el ruido que haba odo en el garaje era 
el de alguien que intentaba abrir la puerta grande desde el exterior. Pero se 
trataba de una puerta con mecanismo de apertura elctrico, que no se poda 
abrir manualmente cuando estaba en la posicin automtica y ofreca por 
consiguiente una buena proteccin contra los ladrones. El que la haba 
tocado debi de darse cuenta inmeditamente de que no podra entrar por 
aquella puerta, lo que explicaba el hecho de que el ruido hubiera durado 
solamente un momento.
Whitney se acerc cautelosamente a la esquina del garaje, para ver si 
alguien segua ah. La lluvia era todava muy copiosa, produciendo un 
ruido crujiente sobre el camino, salpicaduras en la tierra y brotando a 
chorro del canal de desage partida. Todos estos ruidos disimulaban el de 
sus pasos, como habran ocultado el de alguien que intentara abrir la puerta 
del garaje y a pesar de que escuchaba atentamente, no oy nada fuera de lo 
normal. Dio unos seis o siete pasos, detenindose para escuchar, antes de 
que un ruido aterrador, a su espalda, irrumpiera en el susurro acompasado 
de la lluvia. Era en parte como el siseo de una mquina de vapor, como el 
gemido propio de un gato, y como un gruido profundo y amenazador, que 
hizo que los pelos del cuello se le pusieran de punta.
Se dio rpidamente la vuelta, chill y retrocedi al ver esa cosa que le 
miraba desde arriba en las tinieblas. Unos extraos ojos incomprensibles le 
miraban por lo menos desde una altura de dos metros. Eran unos ojos 
abultados, dispares, cada uno del tamao de un huevo, uno verde plido y 
el otro de color naranja, tornasolados como los de algunos animales, uno 
bastante parecido al de un gato hipertiroideo, el otro con una pupila rasgada 
parecida a la de las serpientes, ambos cnicos y polidricos, como los ojos 
de un insecto.
Whit qued momentneamente paralizado. De pronto un poderoso brazo le 
golpe el rostro con el reverso de la mano y cay de espaldas sobre el suelo 
de hormign, lastimndose el coxis y rodando entre el barro y los hierbajos.
El brazo de la bestia, que Whit saba que deba de ser Eric Leben 
transformado irreconociblemente, pareca no estar articulado como el de un 
ser humano. Tena segmentos, con tres o cuatro articulaciones que le 
permitan girar en direcciones diversas y lo dotaban de una flexibilidad 
extraordinaria. Ahora, al contemplarle aturdido por el duro golpe recibido, 
medio paralizado por el terror, al mirar a la bestia que se le acercaba, 
comprob que a pesar de tener los hombros cados y de ser jorobado, se 
mova con cierta gracia, quiz debido a que sus piernas, parcialmente 
ocultas por unos vaqueros rasgados, eran de un diseo similar al de sus 
fragmentados y poderosos brazos.
Whit se dio cuenta de que estaba chillando. En realidad slo lo haba hecho 
una vez en su vida, en Vietnam, despus de que una mina estallara bajo sus 
pies, tumbado en el suelo de la jungla y viendo que la parte inferior de su 
pierna estaba a cinco metros de distancia, con los dedos del pie 
ensangrentados entre una bota destrozada. Ahora chillaba de nuevo y no 
poda dejar de hacerlo. Por encima de sus gritos, su adversario emiti un 
quejido agudo, que poda ser un grito de victoria.
La cabeza se le mova y giraba de un modo extrao, y momentneamente 
Whit logr ver unos terribles dientes curvados.
Intent arrastrarse por la tierra mojada, propulsndose con el brazo derecho 
y el mun del izquierdo, pero no poda avanzar con rapidez. No tuvo 
tiempo de levantarse. Slo haba logrado cubrir un par de metros cuando 
Leben le alcanz, se agach agarrndole del pie izquierdo, afortunadamente 
de la pierna ortopdica y comenz a arrastrarle hacia la puerta del garaje.
A pesar de la lluvia y de la oscuridad, Whit vea la mano del hombre-cosa 
con suficiente claridad como para darse cuenta de que era tan inhumana 
como el resto de la bestia. Adems de enorme y poderosa.
Whit Gavis pataleaba frenticamente con todas sus fuerzas y logr alcanzar 
la pierna de Leben. El hombre-cosa lanz un chillido, aparentemente no de 
dolor sino de furor. En respuesta, tir con tanta fuerza de su pierna 
artificial, que arranc las correas con que se sujetaba al cuerpo. Con un 
dolor intenssimo que dej a Whit momentneamente sin respiracin, le 
arranc la pierna ortopdica, incrementando an ms su desventaja.
En la abarrotada cocina del apartamento del director, Rachael acababa de 
abrir la bolsa de plstico y haba sacado un puado de hojas de papel 
arrugadas, fotocopias de la documentacin de Wildcard, cuando oy el 
primer grito. Inmediatamente supo que se trataba de Whitney y tambin 
supo instintivamente que la nica causa poda ser Eric.
Abandon inmediatamente los papeles y cogi la pistola del 32 que tena 
sobre la mesa. Se acerc a la puerta trasera, titube y entonces la abri.
Entr en el garaje y se detuvo, porque haba movimiento a todo su 
alrededor. El fuerte viento que entraba por la puerta lateral abierta haca 
que se moviera la nica bombilla colgada de un cordn del centro de la 
estancia. Con el movimiento de la luz, las sombras aparecan y 
desaparecan en todos los rincones. Mir con cautela a los montones de 
basura tenebrosamente iluminados y a los viejos muebles, que parecan 
tener vida con el movimiento de las sombras.
Los gritos de Whitney procedan del exterior, por lo que supuso que Eric 
tambin estaba all y no en el garaje. Armndose de valor, pas junto al 
Mercedes negro, salt sobre un par de botes de pintura y alrededor de un 
montn de mangueras enroscadas.
Se oy un penetrante y escalofriante chillido por encima de los gritos de 
Whitney, y Rachael supo que se trataba de Eric, porque el ruido era 
semejante al que haba producido por la tarde cuando la persegua por el 
desierto. Pero ste haba sido ms feroz y salvaje que el que recordaba, ms 
poderoso, menos humano y ms remoto que antes. Al or aquella voz 
monstruosa, estuvo a punto de dar la vuelta y echar a correr. Pero no lo 
hizo porque era incapaz de abandonar a Whitney Gavis.
Sali por la puerta abierta para entrar en la tormenta, con la pistola por 
delante. El hombre-cosa estaba slo a unos pocos metros, de espaldas a 
ella. Rachael chill horrorizada, porque vio que tena la pierna de Whitney 
en la mano, que pareca haberle arrancado. Al cabo de un momento se dio 
cuenta de que se trataba de la pierna artificial, pero entonces ya haba 
llamado la atencin de la bestia. Dej caer la extremidad ortopdica y se 
dirigi hacia ella, con brillo en sus inverosmiles ojos.
Su aspecto era tan horriblemente espantoso, que al contrario de Whitney, 
Rachael fue incapaz de chillar. Quiso hacerlo, pero no le respondieron las 
cuerdas vocales. La lluvia y la oscuridad afortunadamente ocultaban 
muchos detalles de la forma mutante, pero tuvo la impresin de que su 
cabeza era enorme y deformada, con una mandbula que pareca mitad lobo 
y mitad cocodrilo, y gran abundancia de mortferos dientes. Sin camisa ni 
zapatos, slo con unos vaqueros, era unos cuantos centmetros ms alto de 
lo que Eric haba sido y su espalda formaba una joroba que acababa en 
unos hombros encorvados y deformes. Su esternn era enorme y pareca 
estar cubierto de cuernos o espinas de algn tipo, adems de unas 
excrecencias abultadas y redondeadas. Las manos eran con toda seguridad 
como las de un demonio, que en el abismo de los infiernos arranca las 
almas de los mortales y devora su carne.
-Rachael... Rachael... he venido a por ti... Rachael -deca el hombre-cosa en 
un vil suspiro, formando cuidadosamente cada palabra, como si el 
conocimiento y el uso del lenguaje estuvieran casi olvidados.
Sus labios ya no estaban formados para producir sonidos humanos. La 
estructuracin de cada slaba le exiga evidentemente un enorme esfuerzo y 
tal vez cierto dolor.
-He venido... a... por ti...
Avanz hacia ella, moviendo los brazos con un ruido rasposo, seco y 
quitinoso.
Eso.
Ya no poda pensar en l como Eric, su marido. Ahora no era ms que una 
cosa, una abominacin, que con su mera existencia converta en burla todo 
cuanto Dios haba creado.
Le dispar contra el pecho a quemarropa.
Ni siquiera se inmut con el impacto de la bala. Emiti un chillido agudo 
que ms pareca una expresin de deleite que de dolor y sigui avanzando.
Dispar de nuevo, por tercera y cuarta vez.
El impacto de las balas oblig a la bestia a tambalearse ligeramente, pero 
no cay.
-Rachael... Rachael...
-Dispara, mtalo! -exclamaba Whitney.
Haba diez balas en el cargador de la pistola. Dispar las ltimas seis tan 
rpido como pudo, con la certeza de haberle dado con cada una de ellas en 
el pecho, en el vientre e incluso en la cara.
Finalmente gru de dolor, cay de rodillas y a continuacin boca abajo en 
el barro.
-Gracias a Dios! -exclam Rachael temblorosa-, gracias a Dios -repiti 
sintindose tan dbil, que tuvo que apoyarse contra la pared del garaje.
El hombre-cosa se arque, contorsion, estremeci y se levant sobre las 
manos y las rodillas.
-No! -exclam Rachael, sin poder creer lo que vea.
Levant su pavoroso rostro y la mir fra y ferozmente con sus luminosos 
ojos desiguales. Lentamente se le cerraron los prpados, se abrieron de 
nuevo y al volver a verle los ojos, esos valos radiantes parecan ms 
brillantes que antes.
Aunque su estructura gentica alterada le permitiera curar con increble 
rapidez y resucitar despus de la muerte, pareca imposible que se 
recuperara a esa velocidad. Si era capaz de reparar el dao sufrido por diez 
balazos en pocos segundos, no slo curaba con increble rapidez y era 
potencialmente inmortal, sino prcticamente invencible.
-Muere, maldita sea! -exclam Rachael.
Se estremeci y escupi algo en el barro, antes de comenzar a levantarse y 
ponerse de pie.
-Corre! -grit Whitney-. Santo Dios, Rachael, corre!
No poda de ningn modo salvar a Whitney y no tena sentido quedarse a 
morir con l.
-Rachael -susurr la bestia en un tono grave y espeso, impregnado de furor, 
hambre, odio y una oscura necesidad.
No le quedaba ninguna bala en la pistola. Haba cajas de municiones en el 
Mercedes, pero no tena tiempo de cogerlas y cargar el arma, por lo que la 
arroj al suelo.
-Corre! -grit nuevamente Whit Gavis.
Con el corazn muy acelerado, Rachael corri a travs del garaje, saltando 
sobre los botes de pintura y las mangueras. Sinti un dolor en el tobillo que 
se haba dislocado y los rasguos de la pantorrilla le dolieron como si 
fueran recin hechos.
El demonio chill a su espalda.
Al correr, Rachael derrib deliberadamente unas estanteras metlicas 
llenas de herramientas y cajas de clavos, con la esperanza de retrasar al 
monstruo si la persegua inmediatamente, en lugar de acabar antes con 
Whitney Gavis. Las estanteras cayeron con un gran estruendo y al llegar a 
la puerta de la cocina oy que la bestia caminaba entre las herramientas. 
Tal era el empeo que tena por echarle la mano encima, que haba dejado 
realmente a Whitney con vida.
Se apresur a cruzar la puerta, la cerr, pero antes de poder echar el 
pestillo, se abri con una fuerza tremenda. Con el empuje cruz la cocina, 
estuvo a punto de caerse, logr de algn modo evitarlo, pero se golpe la 
cadera contra la esquina de la repisa y cay de espaldas contra el 
frigorfico, sintiendo un dolor que se desplazaba desde los riones hasta la 
nuca.
Entr el monstruo por la puerta del garaje. A la luz de la cocina pareca 
inmenso y ms horripilante de lo que haba podido imaginar.
Durante unos instantes se qued en el umbral de la puerta, examinando la 
pequea y polvorienta cocina. Levant la cabeza e hinch el pecho, como 
para brindarle la oportunidad de que le admirara. En la piel tena manchas 
castaas, grises, verdes y negras, con zonas ms plidas que parecan casi 
humanas, si bien de una textura ms rasposa, como la de un elefante, y con 
escamas en algunos lugares. La cabeza tena forma de pera, ladeada sobre 
un ancho y musculoso cuello, con la parte redondeada hacia arriba y la fina 
en la parte inferior del rostro. La totalidad de la parte inferior de la pera 
consista en una especie de hocico y mandbulas. Cuando abra su enorme 
boca para sisear, sus dientes, tanto por su filo como por su abundancia, 
parecan los de un tiburn. Su lengua de serpiente era oscura, veloz y 
totalmente inhumana. Tena el rostro lleno de protuberancias. Adems de 
un par de montculos en la frente, parecidos a unos cuernos, haba extraas 
convexidades y concavidades que no parecan cumplir ninguna funcin 
biolgica, adems de quistes seos o de otro tejido. En la frente y en las 
mejillas a partir de los ojos, le pulsaban unas gruesas arterias y venas bajo 
la piel.
Cuando le haba visto en el Mojave, haba credo que Eric era objeto de una 
evolucin regresiva, que su cuerpo genticamente alterado se estaba 
convirtiendo en un mosaico de antiguas formas raciales. Pero aquel 
monstruo no tena nada que ver con la historia fisiolgica de la humanidad. 
Era una pesadilla del caos gentico, un ente que no iba hacia adelante ni 
hacia atrs en la cadena de la evolucin humana. Haba emprendido un 
camino horizontal en la evolucin, o quizs sera ms apropiado 
denominarlo revolucin biolgica lateral, y haba roto todos, o casi todos, 
los vnculos con la semilla humana de la que proceda. Parte de la 
conciencia de Eric sobreviva evidentemente en aquella horripilante masa, a 
pesar de que Rachael sospechaba que slo le quedaba un resquicio lejano 
de su personalidad y de su intelecto, y que ese pequeo destello de Eric no 
tardara en desaparecer permanentemente.
-Mira... me... -le dijo, corroborando su sensacin de que se exhiba ante 
ella.
Se alej del frigorfico, para acercarse a la puerta que daba de la cocina a la 
sala de estar.
Levant una mano asesina, mostrndole la palma, como para ordenarle que 
dejara de huir. El brazo segmentado pareca poder doblarse hacia adelante o 
hacia atrs en cuatro lugares y en cada uno de ellos las articulaciones 
estaban protegidas por unas placas de tejido castao oscuro, que pareca 
similar a la coraza de los escarabajos. Los largos dedos con sus afiladas 
uas eran aterradores, pero haba algo peor en el centro de la palma de la 
mano: un orificio redondo con forma de ventosa, del tamao de medio 
dlar. Mientras contemplaba horrorizada esa aparicin dantesca, el orificio 
de la mano se abra y cerraba lentamente, se abra y cerraba como una 
herida reciente, se abra y cerraba. La funcin de la boca en la mano era en 
parte misteriosa, pero en parte horripilantemente obvia. Mientras la 
observaba se torn roja y hmeda con un hambre obscena.
Presa del pnico, corri hacia la puerta cercana y oy el repiqueteo de las 
pezuas de la bestia sobre el linleo, que se lanzaba en su persecucin. 
Despus de dar cinco o seis pasos por la sala, en direccin a la puerta que 
daba a la recepcin, todava a nueve o diez pasos, vio a la bestia a su 
derecha.
Se mova con mucha rapidez.
Chillando, se arroj al suelo y rod para evitar que la cogiera. Choc contra 
un silln, se incorpor de un brinco y empuj el mueble entre ella y el 
enemigo.
Al cambiar de direccin, el monstruo no la haba seguido inmediatamente. 
Estaba en el centro de la sala, observndola, aparentemente consciente de 
que deba cortarle la nica retirada y de que dispona de tiempo para 
disfrutar de su terror, antes de liquidarla.
Rachael comenz a retirarse hacia el dormitorio.
-Rachl, Rachiil! -exclamaba, ya incapaz de pronunciar claramente su 
nombre.
Los quistes del rostro de la bestia se movan y reformaban. Ante sus 
propios ojos, uno de los pequeos cuernos que el monstruo tena en el 
rostro desapareci, mientras era objeto de otra ola de cambio y otra vena le 
surc el rostro, como si de una lenta fisura en la tierra se tratara.
Sigui retrocediendo.
El monstruo se le acerc caminando lenta y gilmente.
-Rachiil...

Convencido de que en el hospital le esperaba su esposa moribunda, Amos 
Tate quera llevar a Ben hasta la puerta del mismo, con lo que se habra 
alejado excesivamente del Golden Sand Inn. Se vio obligado a insistir 
muchsimo para que le dejara en la esquina de los bulevares de Las Vegas y 
Tropicana. Puesto que no haba ninguna buena razn para rechazar su 
generosa oferta, Ben tuvo que admitir que le haba mentido con lo de su 
mujer, sin ofrecerle ninguna explicacin. Le devolvi la manta, abri la 
puerta de la cabina, descendi a la calle y ech a correr por Tropicana, 
pasando frente al hotel del mismo nombre y dejando al perplejo camionero 
que le contemplaba asombrado.
El Golden Sand Inn estaba a una distancia de dos kilmetros 
aproximadamente, que normalmente tardara menos de seis minutos en 
recorrer. Pero bajo la lluvia tan intensa, no quera arriesgarse a correr 
demasiado, ya que en el caso de caerse y romperse un brazo o una pierna, 
no le sera de gran ayuda a Rachael, si en realidad la necesitaba. (Dios mo, 
ojal est cmoda y a salvo y no necesite ayuda alguna Corra por el arcn 
del ancho bulevar, con el revlver que se le clavaba en la espalda donde lo 
llevaba metido debajo del cinturn. Cruzaba abundantes charcos que haba 
en las depresiones del asfalto. Slo pasaron unos pocos coches y algunos 
redujeron la velocidad para mirarle, pero nadie se ofreci a llevarle. 
Tampoco intent conseguirlo, ya que tena la sensacin de que, no poda 
perder el tiempo.
Un par de kilmetros no era una gran distancia, pero aquella noche pareca 
un viaje al fin del mundo.

A Julio y a Reese se les haba permitido subir a bordo del avin con sus 
revlveres reglamentarios en la sobaquera, despus de identificarse como 
policas ante el funcionario de la puerta de seguridad. A1 llegar al 
aeropuerto internacional de McCarra, en Las Vegas, volvieron a mostrar 
sus documentos a la empleada de la agencia de alquiler de coches, una 
morena muy atractiva llamada Ruth. En lugar de entregarles las llaves y 
dejar que fueran ellos en busca del vehculo, llam por telfono al 
mecnico de servicio para que lo trajera a la puerta de la terminal.
Puesto que no iban equipados para la lluvia, esperaron en el interior hasta 
que apareci el Dodge junto a la acera y entonces salieron para enfrentarse 
con la tormenta. El mecnico, con un impermeable y una capucha de 
plstico, verific rpidamente los documentos y les entreg el coche.
A pesar de que el cielo estaba cubierto de nubes en el condado de Orange, 
Reese no se haba dado cuenta de que el tiempo sera an peor hacia el este 
y no esperaba aterrizar en plena tormenta. Aunque el descenso y el 
aterrizaje se haban realizado con toda suavidad, se haba agarrado con 
tanta fuerza a los brazos del asiento, que todava le dolan las manos.
Al llegar a tierra firme, deba sentirse aliviado, pero no poda olvidar a 
Teddy Bertlesman, la esbelta dama rosa, ni a su pequea Esther que le 
esperaba en casa. Hasta aquella maana, lo nico que tena en el mundo era 
su Esther, esa pequea bendicin del cielo, que no le bastaba para desafiar 
la crueldad del destino. Pero ahora contaba adems con la hermosa 
vendedora de fincas y Reese era perfectamente consciente de que cuantas 
ms razones tiene uno para vivir, mayor es el peligro de perder la vida.
Puede que fuera una supersticin absurda.
Pero la lluvia, en el desierto donde esperaba encontrarse con un firmamento 
estrellado, pareca un mal agero y estaba intranquilo.
-Qu me dice de los anuncios sobre Las Vegas que nos muestran por 
televisin en Los ngeles? -pregunt Reese secndose la cara, mientras se 
alejaban de la terminal con Julio al volante.
-Qu pasa con los anuncios?
-Dnde est el sol? Dnde estn todas las chicas con sus minsculos 
biquinis?
-Qu le importan a usted las chicas con biquinis, cuando el sbado tiene 
una cita con Teddy Bertlesman?
Mejor no hablar de ello, pens supersticiosamente Reese.
-Diablos, esto no parece Las Vegas -dijo-. Se dira que estamos en Seattle.

Rachael cerr la habitacin de un portazo y corri apresuradamente el 
pestillo de su frgil cerrojo. Corri hacia la nica ventana, abri sus 
decrpitas cortinas, descubri que se trataba de cristales de celosa y 
comprendi que con las barras metlicas horizontales no le sera fcil salir 
por all.
Mir a su alrededor en busca de algo que pudiera servirle para defenderse, 
pero slo vio la cama, dos mesillas de noche, una lmpara y una silla.
Tema que la puerta se derrumbara, pero no lo hizo.
No oa ruido alguno en la sala adjunta, de lo que se alegraba, pero al mismo 
tiempo la intranquilizaba. Qu estara haciendo el monstruo?
Abri apresuradamente las puertas del armario y mir en su interior. No 
haba nada til. Una serie de estanteras vacas a un lado y una barra con 
colgantes al otro. Nada que pudiera serle til para defenderse.
Comenz a moverse la manecilla.
-Rachiil... -sise la bestia.
El mutante conservaba evidentemente un fragmento de la conciencia de 
Eric, ya que era l quien quera atormentarla, dndole mucho tiempo para 
que se diera cuenta de lo que iba a hacer con ella.
Morira all y su muerte sera lenta y horrorosa.
Llena de frustracin, iba a alejarse del armario cuando descubri una 
portezuela en el techo que conduca al desvn.
-Rachiil...! -exclamaba la bestia, dando repetidos golpes contra la puerta.
Rachael entr en el armario y comprob la solidez de las estanteras. La 
tranquiliz descubrir que estaban empotradas, lo que le permiti subir por 
ellas como si fuera una escalera. De pie sobre la cuarta estantera, a poco 
ms de un palmo del techo, se agarr con una mano de la barra transversal 
y con la otra empuj silenciosamente la portezuela.
-Rachiil, Rachiil -canturreaba el monstruo, rasgando con sus garras la 
puerta del dormitorio y empujando suavemente la barrera para 
atormentarla.
En el armario, Rachael se agarr con ambas manos de los costados de la 
apertura, se mantuvo un momento colgada con el pecho contra la barra y 
entonces se subi al desvn a fuerza de brazos. No haba suelo, slo vigas 
cada treinta y cinco centmetros, con aislamiento de fibra de vidrio entre 
una y otra. Con la poca luz amarillenta que se filtraba por la portezuela, 
comprob que el techo del desvn era muy bajo, dejando un espacio de 
poco ms de un metro de altura, con abundantes clavos en las vigas 
superiores, que sujetaban el tejado. Le sorprendi descubrir que el rea del 
desvn no se limitaba a la recepcin y al apartamento del director, sino que 
se extenda sobre las habitaciones.
En la habitacin, se oy un estruendo que hizo temblar las vigas sobre las 
que estaba arrodillada. Con el siguiente golpe se oy el ruido de madera 
que se parta y de metal quebrado.
Cerr rpidamente la portezuela, sumiendo el desvn en la oscuridad total. 
Avanz a gatas, tan silenciosamente como pudo, por un par de vigas 
paralelas, con una mano y una rodilla en cada una de ellas, hasta alejarse 
unos tres metros de la portezuela. Entonces se detuvo, en la alta y oscura 
estancia.
Escuchaba con ansiedad los ruidos que procedan de la habitacin inferior. 
Con la portezuela cerrada, no poda or fcilmente lo que ocurra, ya que la 
lluvia se precipitaba contra el tejado a slo pocos centmetros de su cabeza.
Rogaba para que en su estado degenerado, con un coeficiente intelectual 
ms prximo al de un animal que al de un hombre, el hombre-cosa fuera 
incapaz de deducir por dnde haba escapado.

Con slo un brazo y una pierna, Whitney Gavis se haba arrastrado hacia la 
puerta del garaje, en persecucin del monstruo que le haba arrancado la 
pierna artificial. Al llegar a la puerta abierta, supo que se estaba engaando 
a s mismo. Con sus limitaciones fsicas no poda hacer nada para ayudar a 
Rachael. Limitaciones fsicas; eso es lo que eran. Antes haba bromeado 
llamndolas peculiaridades y le haba dicho a Rachael que se negaba a 
considerarlas limitaciones fsicas. Sin embargo, en su situacin actual, 
no caba el engao. Tena que enfrentarse a la dura realidad. Limitaciones 
fsicas. Estaba furioso consigo mismo por dichas limitaciones, furioso con 
la vieja guerra, con el Vietcong, con la vida en general y, por un momento, 
estuvo a punto de echarse a llorar.
Pero el furor no serva de nada y Whit Gavis no perda tiempo ni energa en 
actividades futiles ni en compadecerse a s mismo.
-Ya basta, Whit -se dijo a s mismo en voz alta.
Se alej del garaje y se arrastr penosamente por el barro hacia la calle, 
pocurando alcanzar Tropicana, con la intencin de llegar hasta el centro de 
la calle, esperando que algn conductor se detuviera por poca compasin 
que sintiera.
Haba recorrido slo unos siete u ocho metros, cuando comenz a dolerle y 
sentir pinchazos en la cara, donde la bestia le haba golpeado. Se tumb de 
espaldas, con la lluvia en el rostro y se llev la mano al rostro para palpar la 
herida. Descubri profundos cortes entre las heridas heredadas de Vietnam.
Estaba seguro de que Leben no le haba araado, ya que le haba golpeado 
con el reverso de la mano sea. Pero era indiscutible que tena cuatro o 
cinco cortes que sangraban abundantemente, en especial uno que le llegaba 
hasta el temporal izquierdo. Tendra aquel maldito fugitivo espinos en los 
nudillos? Al tocarse con la mano senta pinchazos de dolor y la baj 
inmediatamente.
Volvi a colocarse boca abajo y sigui arrastrndose hacia la calle.
-No importa -dijo-. ste es el lado de mi cara con el que jams ganar un 
concurso de belleza.
No quiso pensar en el chorro de sangre que le brotaba del temporal.

Agachada en el oscuro desvn, Rachael comenzaba a pensar que haba 
engaado al hombre-cosa. Su degeneracin era al parecer tanto mental 
como fsica; tal como lo supona, no posea la suficiente capacidad 
intelectual para calcular dnde haba ido. El corazn segua latindole con 
fuerza y estaba temblorosa, pero tambin esperanzada.
Entonces se abri la portezuela y la luz de la habitacin ilumin el desvn. 
Aparecieron las horribles manos del mutante por la apertura. Entonces 
apareci su cabeza y entr en la estancia, mirndola mientras lo haca.
Se alej tan rpidamente como pudo. Era perfectamente consciente de los 
clavos que salan de la parte superior de las vigas, a pocos centmetros de 
su cabeza. Tambin saba que no deba apoyarse en los espacios vacos 
entre las vigas, ya que de hacerlo se caera por el techo hacia una de las 
salas inferiores. Aunque no se encontrara con ningn cable ni instalacin 
elctrica, evitando electrocutarse, al caerse podra romperse una pierna, un 
brazo o la columna vertebral. En tal caso quedara inmvil a merced del 
monstruo.
Avanz unos diez metros, con otros cincuenta todava por delante, antes de 
mirar atrs. El monstruo haba entrado en el desvn y la miraba fijamente:
-Rachiil! -exclamaba cada vez con mayor dificultad.
Cerr la portezuela, sumiendo la estancia en la ms absoluta oscuridad, 
donde l tena todas las de ganar.

Las zapatillas de Ben estaban tan mojadas que comenzaban a resbalarle los 
pies. Tambin empezaba a molestarle una ampolla que se le formaba en el 
tacn izquierdo.
Cuando finalmente lleg a ver el Golden Sand Inn, con la luz que se 
filtraba por las ventanas de la recepcin, redujo la marcha, se llev la mano 
a la espalda y sac el Combat Magnum que llevaba debajo del cinturn.
Habra deseado tener consigo la escopeta Remington que haba abandonado 
en el Merkur averiado.
A1 llegar junto a la entrada del motel, vio que alguien se arrastraba hacia la 
calle. Al cabo de un momento se dio cuenta de que se trataba de Whit 
Gavis, sin su pierna artificial y aparentemente herido.

Se haba convertido en algo que amaba la oscuridad. No saba lo que era, 
no recordaba claramente qu, o quin haba sido, no saba tampoco cul era 
el propsito de su existencia, pero saba que su lugar era la oscuridad, 
donde no slo se senta agusto sino que as controlaba la situacin.
Delante de l, su presa avanzaba cautelosamente en la oscuridad, 
prcticamente a ciegas y con demasiada lentitud para evitar que la 
alcanzara. A l, por el contrario, no le molestaba la falta de luz. Poda ver 
con toda claridad y distinguir prcticamente todos los detalles de sus 
alrededores.
Sin embargo, estaba ligeramente confundido con relacin a su paradero. 
Saba que se haba encaramado a un largo tnel y por el olor discerna que 
las paredes eran de madera, pero le pareca que debera encontrarse en un 
lugar bajo tierra. El lugar era parecido a las madrigueras oscuras y hmedas 
que recordaba vagamente de otra poca y que le atraan por razones que no 
comprenda con claridad.
A su alrededor aparecan hogueras espectrales, que brillaban 
momentneamente y volvan a desaparecer. Saba que las haba temido, 
pero no recordaba por qu razn. Ahora las llamas fantasmagricas le 
parecan inconsecuentes, inofensivas siempre y cuando las ignorara.
El olor de su presa femenina era intenso y le excitaba. Senta que la lujuria 
le dominaba y tena que esforzarse para no apresurarse y echarse sobre ella. 
Intua que el suelo era peligroso, pero la precaucin tena menos inters 
para l que la perspectiva del coito.
De algn modo saba que era peligroso dejar de apoyarse en las vigas y 
hacerlo en los espacios vacos, aunque no comprenda exactamente el 
porqu. Mantenerse sobre las mismas le era ms fcil que a su presa, 
porque a pesar de su tamao se mova con mayor agilidad que ella. 
Adems, l vea por dnde andaba, pero ella no.
Cada vez que ella miraba atrs, entornaba los ojos para que no pudiera ver 
su posicin por el brillo de los mismos.
Cuando se detena para escuchar, indudablemente le oa que se acercaba, 
pero deba de estar inevitablemente aterrorizada al no poder verle.
El hedor de su terror era tan potente como el de su sexo, pero ms amargo. 
El primero excitaba su anhelo de sangre, tanto como el segundo su instinto 
sexual. Deseaba sentir su sangre burbujeante en sus labios, lamerla, hurgar 
con el hocico en su abdomen en busca de la deliciosa carne de su hgado.
Estaba a menos de siete metros.
Cinco.
Tres.

Ben ayud a Whit a incorporarse contra un muro de contencin de metro y 
medio, tras el cual haba habido un parterre de flores, ahora repleto de 
hierbajos. Sobre sus cabezas, el letrero del hotel raspaba y cruja en el 
viento.
-No te preocupes por m -le dijo Whit, empujndole.
-Tu cara...
-Aydala. Ayuda a Rachael.
-Ests sangrando.
-Vivir, vivir. Pero ese monstruo est persiguiendo a Rachael -dijo Whit 
en un tono intranquilizadoramente familiar de puro horror y desesperacin, 
que Ben no haba odo desde Vietnam-. Me ha dejado a m para seguirla a 
ella.
-Monstruo?
-Vas armado? Bien. Un Magnum. Bien.
-Monstruo? -repiti Ben.
De pronto el viento comenz a soplar con mayor fuerza y la lluvia cay 
como si acabara de romperse el dique de un pantano, y Whit levant la voz 
sobre el ruido de la tormenta.
-Leben. Se trata de Leben, pero ha cambiado. Dios mo, cunto ha 
cambiado. Ya no es precisamente Leben. Ella lo llama caos gentico. 
Evolucin regresiva, devolucin, segn ella. Mutaciones masivas. Date 
prisa, Ben. En el apartamento del director.
Sin llegar a comprender lo que Whit le contaba, Ben presinti que Rachael 
corra un grave peligro, superior al que imaginaba, dej a su viejo amigo 
junto al muro y corri hacia la entrada del motel.

A ciegas, ensordecida por el ruido de la tormenta sobre el tejado, Rachael 
avanzaba tan rpidamente como poda. A pesar de que tema ir demasiado 
despacio para escapar de la bestia, lleg al fondo del desvn antes de lo 
esperado, tropezando con el muro.
Por absurdo que parezca, no haba pensado lo que hara al llegar al fondo. 
Se haba concentrado tanto en mantenerse alejada de aquel hombre-cosa, 
que haba seguido como si el desvn fuera inacabable.
Al sentirse acorralada, lanz un grito de frustracin. Se dirigi hacia la 
derecha, con la esperanza de que el desvn continuara hacia el ala contigua. 
Probablemente as haba sido, pero haban construido un muro de 
hormign, separando ambas alas, seguramente como medida contra el 
fuego. Buscando desesperadamente en la oscuridad, comprob que el muro 
era impenetrable y que constitua una barrera que no podra cruzar.
A su espalda, el hombre-cosa emiti un obsceno chillido victorioso y de 
hambre que se impuso sobre el ruido de la tormenta y que pareca proceder 
de pocos centmetros de su odo.
Sacudi la cabeza jadeando, aturdida por la proximidad de la voz 
demonaca. Supona que dispondra de un minuto, o por lo menos de treinta 
segundos, para formular un plan. Pero por primera vez desde que se haba 
cerrado la portezuela del desvn, Rachael vio sus ojos asesinos. La radiante 
rbita verde plido estaba experimentando cambios, para convertirse 
indudablemente en otro ojo anaranjado de serpiente. Estaba tan cerca, que 
perciba el profundo odio en su mirada. El monstruo estaba a menos de dos 
metros.
Le apestaba el aliento.
De algn modo saba que poda verla perfectamente.
Intentaba agarrarla en la oscuridad.
Sinti que su grotesca mano se le acercaba.
Se apoy contra el muro de hormign.
Piensa, piensa.
Acorralada como estaba, lo nico que poda hacer era exponerse al riesgo 
que hasta entonces haba evitado, y en lugar de quedarse sobre las vigas, se 
ech a un lado, con lo que el techo cedi bajo su peso. Cay del desvn, en 
una de las habitaciones inferiores, esperando no golpearse con ningn 
mueble, no romperse ningn hueso, ni quedar a merced de aquel 
monstruo... y cay en medio de una cama con el colchn roto y 
enmohecido. El olor y textura hmeda de la podredumbre eran 
inmensamente ofensivos, pero se alegraba de estar viva y de no haberse 
roto ningn hueso.
En el desvn, el hombre-cosa comenz a descender de un modo ms 
ortodoxo del que ella haba elegido, agarrndose a las vigas y pataleando 
para abrirse paso.
Baj de la cama y busc apresuradamente la puerta de la habitacin en la 
oscuridad.

En el apartamento del director, Ben descubri la puerta derribada, pero no 
haba nadie en la habitacin, ni tampoco en la sala de estar ni en la cocina. 
Mir tambin en el garaje, pero tampoco vio a Rachael ni a Eric. No 
encontrar nada era mejor que hallar un charco de sangre o un cuerpo 
mutilado, pero no mucho mejor.
Con las urgentes advertencias de Whitney todava presentes en su mente, 
Ben volvi a salir del apartamento, en direccin al patio y de reojo vio que 
algo se mova en el fondo de la primera ala.
Rachael. Era inconfundible incluso en la oscuridad.
Sala a toda prisa de una habitacin y Ben la llam, inmensamente aliviado. 
Ella levant la cabeza y ech a correr hacia l. Al principio crey que 
estaba emocionada de verle, pero pronto comprendi que lo que la 
impulsaba era el terror.
-Corre, Benny! -le chill, acercndose-. Corre, por Dios santo, corre!
Evidentemente, Ben no estaba dispuesto a echar a correr, porque eso 
supondra abandonar a Whit junto al muro donde estaba apoyado y no 
poda llevarle consigo, por lo que decidi defender el territorio. Sin 
embargo, cuando vio el monstruo que sali de la habitacin en persecucin 
de Rachael, indudablemente habra deseado escapar, sinti que le 
abandonaban las fuerzas, a pesar de que en la oscuridad slo vea 
parcialmente aquella pesadilla.
Whit le haba hablado de caos gentico, de devolucin. Hasta haca poco, 
aquellas palabras no haban significado gran cosa para l. Pero ahora, al ver 
en lo que Eric Leben se haba convertido, comprendi todo lo que 
necesitaba saber por el momento. Leben era al mismo tiempo el doctor 
Frankenstein y su propio monstruo, experimentador y lamentable 
experimento, genio y maldicin.
-Vmonos, vmonos, date prisa -dijo Rachael cuando lleg a l, cogindole 
del brazo.
-No puedo abandonar a Whit -le respondi-. chate atrs. Djame campo 
para dispararle.
-No! No servir de nada. Dios mo, le he disparado diez veces y se ha 
levantado como si nada.
-Esta arma es mucho ms poderosa que la tuya -insisti Ben.
La horripilante figura dantesca se les acercaba a toda prisa, galopando con 
elegancia, bajo la marquesina, no con la torpeza que Ben haba supuesto al 
verle por primera vez, sino con una rapidez asombrosa e inquietante. 
Incluso a la plida luz reinante, algunas partes de su cuerpo parecan brillar 
como las de una armadura metlica, reminiscentes de las corazas de 
algunos insectos, mientras que otras emitan destellos plateados semejantes 
a las escamas.
Ben apenas tuvo tiempo de abrir las piernas, levantar su Combat Magnum 
con ambas manos y apretar el gatillo. El revlver retumb y sali un 
fogonazo por el can del mismo.
A cinco metros, el monstruo se detuvo por el impacto de la bala, se 
tambale, pero no cay. Diablos, no le detuvo: sigui avanzando ms 
lentamente, pero todava con excesiva rapidez.
Le dispar por segunda y tercera vez.
La bestia lanz un grito, que no se pareca a nada que Ben hubiera odo en 
su vida, ni que quisiera or, y por fin se detuvo. Cay contra uno de los 
postes metlicos que servan de soporte a la marquesina y se agarr a l.
Ben volvi a dispararle, dndole ahora en la garganta.
El impacto del Magnum 357 le oblig a soltar el poste y a retroceder.
Por fin el quinto disparo le oblig a caerse, pero slo de rodillas. Se llev 
una mano a la garganta y la otra, doblando el brazo de un modo 
inverosmil, a la parte posterior del cuello.
-Otra vez, otra vez! -exclamaba Rachael.
Le dispar la sexta y ltima bala y el monstruo cay de espaldas, gir sobre 
un costado, y permaneci silencioso e inmvil.
El Combat Magnum produca un estruendo slo ligeramente inferior al de 
un can. En el silencio relativo que sigui a los disparos, la lluvia pareca 
un mero susurro.
-Tienes ms balas? -pregunt Rachael, todava aterrorizada.
-No te preocupes -respondi Ben, estremecindose-. Est muerto, est 
muerto.
-Si tienes ms municin, carga el revlver! -exclam.
No le conmovi su tono porque sintiera pnico en su voz, sino porque se 
dio cuenta de que no estaba realmente histrica. Estaba sin duda 
aterrorizada, muy aterrorizada, pero no fuera de control. Saba de lo que 
estaba hablando. Estaba aterrorizada, pero no irracionalmente y crea que le 
convena cargar de nuevo el revlver.
Por la maana, haca una eternidad, de camino hacia la cabaa de Eric 
sobre el lago Arrowhead, Ben se haba metido unas cuantas balas en los 
bolsillos, junto con algunos cartuchos para la escopeta. Haba abandonado 
los cartuchos, junto con la escopeta, en el Merkur en la interestatal 15. 
Ahora, al buscar en los bolsillos, slo encontr dos balas para el revlver, 
cuando en realidad esperaba tener media docena y supuso que se le haban 
cado al desprenderse de los cartuchos.
Pero no importaba, estaba a salvo, no tenan nada que temer, el monstruo 
no se haba movido, ni tampoco lo hara.
-Date prisa -insisti Rachael.
A Ben le temblaban las manos. Abri el cilindro del revlver e introdujo 
una bala.
-Benny -le advirti Rachael.
Levant la mirada y vio que la bestia se mova. Se apoyaba en el suelo de 
hormign con las manos e intentaba levantarse.
-Vlgame Dios! -exclam Ben, introduciendo la segunda bala y cerrando 
el cilindro.
Increblemente, la bestia haba logrado arrodillarse y se agarraba a otro 
poste metlico.
Ben apunt cuidadosamente y apret el gatillo. El Combat Magnum 
retumb de nuevo.
El monstruo se tambale con el impacto de la bala, pero sigui agarrarado 
al poste y emiti un chillido estridente. Mir a Ben con sus ojos luminosos 
y en ellos crey ver un reto y un odio indestructible.
A Ben le temblaban tanto las manos, que tema fallar el prximo y ltimo 
disparo. Nunca haba estado tan nervioso, desde su primer combate en 
Vietnam.
Agarrndose fuertemente al poste, se puso de pie.
Con la confianza por los suelos, pero resistindose a admitir que un arma 
tan extraordinariamente poderosa como el Magnum 357 no fuera adecuada, 
Ben dispar la ltima bala.
La bestia volvi a caerse, pero en esta ocasin slo estuvo unos segundos 
en el suelo. Se contorsionaba, chillaba y pataleaba de agona, con las partes 
duras de su cuerpo raspando y golpeando el hormign.
A Ben le habra gustado creer que eran los ruidos de un moribundo, pero 
ahora estaba convencido de que no se le abatira con un arma normal, a no 
ser con una Uzi automtica, o quizs con un rifle AK-91, o algo por el 
estilo.
Rachael le tir del brazo, procurando alejarle antes de que se levantara 
nuevamente la bestia, pero an tena el problema de Whit Gavis. Ben y 
Rachael podan ponerse a salvo corriendo, pero para salvar a Whit tena 
que quedarse y seguir luchando, hasta que l o el mutante fallecieran.
Quizs porque se senta como si estuviera de nuevo en una guerra, pens en 
Vietnam y en una de las armas particularmente crueles que se utilizaban en 
aquel infame y brutal conflicto: napalm. El napalm era gasolina en forma 
gelatinosa y por lo general destrua lo que tocaba, destruyendo la carne 
hasta el hueso, desintegrando el hueso hasta la mdula. En Vietnam se le 
tena pnico, porque una vez lanzado la muerte era ineludible. Con el 
tiempo necesario, saba cmo fabricar una versin casera de napalm, pero 
evidentemente no dispona del tiempo preciso, aunque saba que poda 
conseguir gasolina en su estado normal. A pesar de que la versin 
gelatinosa era preferible, el lquido tena tambin su eficacia.
-Dnde est el Mercedes? -le pregunt Ben a Rachael, cogindola del 
hombro, en el momento en que el mutante comenzaba a incorporarse de 
nuevo, despus de chillar y contorsionarse.
En el garaje.
Mir hacia la calle y comprob que Whit se haba arrastrado hacia el otro 
lado del muro de retencin, donde no se le vea desde el motel. Segn la 
sabidura de Vietnam, uno ayuda a sus compaeros hasta el ltimo 
momento y entonces procura ponerse a salvo. Los iniciados no olvidarn 
jams las lecciones que la guerra les haba enseado. Mientras Leben 
creyera que Ben y Rachael estaba en el motel, no era probable que fuera 
hacia Tropicana y se encontrara accidentalmente con un individuo 
indefenso junto al muro. Por lo menos durante algunos minutos, Whit 
estaba a salvo donde se encontraba.
-Vmonos! -le dijo Ben a Rachael, cogindola de la mano y 
desprendindose del intil revlver.
Corrieron por el lado de la recepcin, hacia la parte trasera del motel, 
donde el viento golpeaba incesantemente la puerta abierta del garaje.

36.
Las muchas formas del fuego.

Apoyado contra el muro de retencin, de cara al bulevar Tropicana, 
Whitney Gavis tena la impresin de que la lluvia le estaba enjuagando la 
vida. Era como si estuviera hecho de barro y la lluvia le disolviera. Con 
cada momento que transcurra se senta ms dbil, demasiado para levantar 
la mano y comprobar la hemorragia de su mejilla y de su frente, demasiado 
para intentar llamar la atencin de los pocos coches que pasaban por la 
calle. Estaba en un lugar sumido en la sombra, a diez metros de la calzada, 
donde los faros de los vehculos no le iluminaban y supona que ningn 
conductor le haba visto.
Haba observado cmo Ben descargaba su Combat Magnum contra la masa 
mutante de Leben y cmo el monstruo volva a levantarse. Puesto que no 
poda hacer nada para ayudar, haba concentrado sus esfuerzos en dar la 
vuelta a la esquina del muro, procurando hacerse ms visible a los 
conductores del bulevar, con la esperanza de que alguno le viera y se 
detuviera. Incluso tuvo la esperanza de que pasara algn coche de la 
polica, con un par de agentes bien armados, pero no le bastara con la 
simple esperanza.
A su espalda, haba odo otros dos disparos, a Ben que hablaba 
apresuradamente con Rachael y que salan corriendo. Saba que Ben jams 
le abandonara, por lo que supona que haba elaborado algn plan para 
detener a Leben. El problema estribaba en que con lo dbil que se senta, 
no saba si durara lo suficiente para averiguar si la estrategia haba tenido 
xito.
Vio otro coche que se acercaba por el oeste a lo largo de Tropicana. Intent 
llamar su atencin, pero no lo logr. Procur levantar la mano, pero pareca 
tenerla pegada al muslo.
Se dio cuenta de que aquel coche avanzaba mucho ms lentamente que el 
resto del trfico y que se acercaba circulando parcialmente por el arcn. 
Cuando ms se acercaba, menor era su velocidad.
Medevac, pens. La idea le sobresalt un poco, porque no estaban en 
Vietnam, vlgame Dios, sino en Las Vegas, donde no haba unidades de 
Medevac. Adems, lo que se acercaba era un coche y no un helicptero.
Sacudi la cabeza para despejar la mente y volvi a fijarse en el coche que 
se acercaba.
Le dio la impresin de que iban a entrar en el motel y la perspectiva le 
habra emocionado, de no haber sido porque de pronto no le quedaba ni 
energa para ello. Adems, la noche ya muy negra, pareca oscurecer an 
ms.

Despus de entrar en el garaje, Ben y Rachael cerraron la puerta exterior 
con llave. Rachael no tena la llave de la puerta que daba a la cocina y no 
tena pestillo por la parte del garaje, por lo que tuvieron que dejarla abierta 
y confiar en que Leben vendra por la otra direccin.
-De todos modos, ninguna puerta le detendr -dijo Rachael-. Si sabe que 
estamos aqu, entrar.
Ben recordaba que entre los escombros que los antiguos propietarios 
haban denominado material de suministro, herramientas, materiales y 
utilidades varias, haba algunas mangueras. Cogi unas tijeras oxidadas con 
las que intentaba cortar un trozo de manguera, para hacer un sifn, cuando 
vio un trozo de tubo flexible enrollado que colgaba de la pared, todava 
ms idneo para su propsito.
Lo cogi apresuradamente y meti uno de los extremos en el depsito de 
gasolina del Mercedes. A1 chupar por el otro, estuvo a punto de llenarse la 
boca de gasolina.
-Nunca me haba dado cuenta de que el vapor de la gasolina fuera tan 
agradable -dijo metiendo el lquido dorado en un cubo.
-Puede que ni esto le detenga -dijo Rachael preocupada.
-Si se lo echamos encima, la destruccin del fuego ser mucho ms extensa 
que...
-Tienes cerillas? -interrumpi Rachael.
-No -respondi Ben.
-Yo tampoco.
-Maldita sea.
-Habr cerillas por aqu? -dijo Rachael, mirando alrededor del garaje.
Antes de que Ben pudiera responderle, comenz a moverse violentamente 
la manecilla de la puerta. Evidentemente el monstruo haba visto que se 
dirigan a la parte trasera del motel, o los haba seguido por el olfato. Slo 
Dios conoca sus capacidades y puede que en este caso ni Dios lo supiera.
-En la cocina! -exclam Ben-. No se molestaron en llevarse nada ni en 
limpiar los cajones. Puede que all encuentres cerillas.
Rachael corri al fondo del garaje y desapareci hacia el interior del 
apartamento.
La bestia se arroj contra la puerta exterior, que no era contrachapada como 
la que haba derribado fcilmente en el dormitorio. Esta barrera ms slida 
no cedera inmediatamente, pero temblaba en su marco mal ajustado. El 
mutante volvi a golpearla, se oy el ruido que produce la madera seca al 
astillarse pero no cedi y volvi a golpearla por tercera vez.
Medio minuto -pens Ben, despus de mirar hacia la puerta y contemplar 
la gasolina que se iba acumulando en el cubo-. Dios mo, te lo ruego, que 
aguante otro medio minuto.
La bestia volvi a arrojarse contra la puerta.

Whit Gavis no saba quines eran aquellos hombres. Se haban detenido en 
el bulevar y se le haban acercado corriendo. El alto le comprobaba el pulso 
y el ms bajo, de aspecto mexicano, le examinaba las heridas del rostro con 
una linterna. Sus trajes oscuros haban oscurecido an ms con el agua de 
la lluvia.
Puede que fueran agentes federales que perseguan a Ben y a Rachael, pero 
en aquellos momentos a Whitney no le importaba que fueran tenientes del 
propio diablo, porque nada poda ser tan peligroso como aquella bestia 
maligna que merodeaba por los alrededores. Contra aquel enemigo, todos 
los hombres tendran que unirse en una causa comn. Aunque fueran 
agentes federales, o de la ADS, seran bienvenidos como aliados en aquella 
batalla. Tendran que olvidarse de guardar el secreto del proyecto Wildcard, 
ya que comprenderan que no haba modo alguno de proseguir con 
seguridad con aquella investigacin y Ben y Rachael dejaran de 
preocuparles. Sin duda ayudaran a detener a aquella cosa en la que Leben 
se haba convertido, Whitney estaba seguro de ello, por lo que les dijo lo 
que estaba ocurriendo, les pidi que fueran a ayudar a Ben y a Rachael, y 
les advirti del peligro que corran...
-De qu est hablando? -pregunt el ms alto.
-No acabo de entenderle -dijo el ms bajo, elegantemente vestido, de 
aspecto mexicano.
Haba dejado de examinarle las heridas y le haba sacado la cartera del 
bolsillo del pantaln.
-Estas cicatrices no son recientes -dijo el ms alto, palpndole 
cuidadosamente el mun de la pierna izquierda-. Hace mucho tiempo que 
perdi la pierna. Supongo que al mismo tiempo en que perdi el brazo.
Whitney se dio cuenta de que su voz no era ms que un susurro, ahogado 
por el ruido de la lluvia y quiso intentarlo de nuevo.
-Est delirando -dijo el ms alto.
Maldita sea, no estoy delirando, estoy slo dbil, intent decir Whitney. 
Pero en esta ocasin no logr emitir sonido alguno, lo que le asust 
enormemente.
-Es Gavis -dijo el ms bajo, examinando su permiso de conducir-. El amigo 
de Shadway. El individuo de quien nos ha hablado Teddy Bertlesman.
-Est bastante mal, Julio.
-Tiene que meterlo en el coche y llevarlo al hospital.
-Yo? -pregunt el ms alto-. Qu piensa hacer usted?
-Me quedar aqu.
-No puede ir solo -dijo el grandote, con el rostro fruncido y acariciado por 
la lluvia.
-Reese, aqu no ocurrir nada -dijo el ms bajo-. Slo estn Shadway y la 
seora Leben. No suponen ningn peligro para m.
-Mierda! -exclam el mayor-. Julio, hay alguien ms. Ni Shadway ni la 
seora Leben le han hecho esto a Gavis.
-Leben! -logr decir Whitney, lo suficientemente fuerte como para que se 
le oyera por encima del ruido de la lluvia.
Ambos le miraron perplejos.
-Leben -repiti.
-Eric Leben? -pregunt Julio.
-S -susurr Whitney-. Caos... caos... gentico... mutaciones... armas... 
armas...
-Qu pasa con las armas? -pregunt Reese, el ms alto. 
-no logran... detenerle -logr decir Whitney, agotado.
-Llveselo al coche, Reese -dijo Julio-. Si no est en un hospital en diez o 
quince minutos no se salvar.
-Qu quiere decir con lo de que las armas no detendrn a Leben? 
-pregunt Reese.
-Est delirando -dijo Julio-. Muvase!
Con el ceo fruncido, Reese levant a Whitney con la misma facilidad que 
un padre coge a un nio en brazos.
El bajito llamado Julio se apresur a abrir la puerta trasera del vehculo.
-Vyase -le dijo Julio.
-He jurado no abandonarle jams y estar siempre a su lado cuando me 
necesite, sea lo que sea y donde sea.
-En estos momentos -insisti Julio en tono autoritario- le necesito para que 
lleve a este hombre al hospital -concluy cerrando la puerta trasera del 
vehculo.
-Volver cuanto antes -dijo Reese al cabo de un momento, abriendo la 
puerta delantera y sentndose al volante.
-Caos... caos... caos... caos -deca Whitney tumbado en el asiento trasero.
Intentaba decir muchas otras cosas, para advertirles especficamente del 
peligro que corran, pero slo lograba pronunciar una palabra.
El coche se puso en movimiento.

Peake haba aparcado en el bulevar Tropicana y haba apagado los faros, 
cuando Hagerstrom y Verdad se haban detenido en el arcn, medio 
kilmetro ms adelante.
Sharp frot varias veces el parabrisas empaado por la condensacin, 
intentando ver lo que ocurra a travs de la lluvia y finalmente dijo:
-Parece que han encontrado a alguien tumbado frente a ese lugar. Qu es?
-Parece un motel cerrado -respondi Peake-. No puedo acabar de distinguir 
el letrero desde aqu. Golden... algo.
-Qu estn haciendo all? -se pregunt Sharp.
Qu estoy haciendo yo aqu?, pens silenciosamente Peake.
-Podra ser ste el lugar donde Shadway y esa puta de Leben estn 
escondidos? -pregunt Sharp.
Dios mo, espero que no -pens Peake-. Ojal no los hallemos jams. 
Espero que estn en alguna playa de Tahit.
-A quien sea que esos cabrones hayan encontrado -dijo Sharp-, le estn 
metiendo en el coche.
Peake haba abandonado toda esperanza de convertirse en un ser 
legendario. Tampoco esperaba llegar a ser uno de los agentes predilectos de 
Anson Sharp. Lo nico que deseaba era salir aquella noche con vida, 
intentar evitar cualquier asesinato y procurar no ponerse en ridculo.

La puerta del garaje cruji de nuevo, ahora de arriba abajo, comenz a 
astillarse el marco, cedi finalmente el cerrojo, todo cay hacia adentro y 
ah estaba Leben, la bestia, avanzando como si acabara de salir de una 
pesadilla para entrar en el mundo real.
Ben agarr el cubo, que estaba algo ms de medio lleno y se dirigi hacia 
la puerta de la cocina, procurando ir a toda prisa, sin derramar la valiosa 
gasolina.
Al verle, el monstruo lanz un grito con tanto odio y furor que pareci 
penetrarle hasta los huesos y vibrar en su interior. Peg una patada al 
aspirador y comenz a cruzar el montn de herrambre, incluidas las 
estanteras metlicas, con una agilidad arcnida, como si se tratara de una 
enorme araa.
A1 entrar en la cocina, Ben le oa bastante cerca a su espalda. No quiso 
mirar atrs. Casi todos los cajones y armarios estaban abiertos, y en el 
momento de entrar Rachael exclam:
-Aqu estn! -dijo cogiendo una caja de fsforos.
-Corre! -exclam Ben-. Al exterior!
Tenan necesidad de aumentar la distancia entre ellos y la bestia, ganarle 
tiempo y espacio para poder poner en prctica el plan que haban 
elaborado.
Ben la sigui hacia la sala de estar y se le derram un poco de gasolina 
sobre la alfombra y sobre los zapatos.
A su espalda, el mutante pas por la cocina, golpeando puertas y cajones, 
derribando la mesa y las sillas aunque no estaban en su camino, gruendo y 
chillando, al parecer con afn de destruccin.
Ben tena la impresin de que se mova en cmara lenta, avanzando por un 
aire espeso como la jaela. La sala de estar pareca tan larga como un campo 
de ftbol. Finalmente, al llegar hacia el fondo de la sala, de pronto temi 
que la puerta que daba al exterior estuviera cerrada con llave, que se veran 
atrapados sin poder incendiar la bestia, o por lo menos sin exponerse a 
perecer tambin ellos. Entonces Rachael abri la puerta y Ben estuvo a 
punto de chillar de alegra. Salieron a la recepcin, cruzaron la puerta 
basculante que haba junto al mostrador, atravesaron el vestbulo, salieron 
por la puerta de cristal, llegaron al exterior bajo la marquesina y se 
encontraron con el detective Verdad, a quien haban visto por ltima vez el 
lunes por la noche, en el depsito de cadveres de Santa Ana.
-Qu diablos! -exclam Verdad al ver la bestia que chillaba a su espalda, 
en la recepcin del motel.
Ben se dio cuenta de que el polica empapado por la lluvia tena un 
revlver en la mano.
-Retrese y disprele cuando salga por la puerta -le dijo-. No le matar, pero 
puede que le retrase un poco.
Quera apoderarse de su presa femenina, quera sangre, estaba lleno de 
furor, flagraba con un ardiente deseo y nada le detendra, ni las armas ni las 
puertas, nada, no antes de apoderarse de la hembra, de penetrarla con su 
anhelante miembro, no antes de matarlos a ambos y de alimentarse de ellos, 
deseaba comer sus tiernos ojos, hundir su hocico en sus gargantas, quera 
alimentarse con la sangre que pulsaba en sus corazones, quera penetrar en 
sus descuartizados cuerpos en busca de sus hgados y riones, se senta 
nuevamente invadido por un hambre atroz, el fuego transformador en su 
interior necesitaba ms combustible, un hambre todava moderado, pero 
que iba en aumento, como antes, un hambre que todo lo consuma y a la 
que nada poda negarse, necesitaba carne y empuj la puerta de cristal, 
saliendo al viento y a la lluvia, y se encontr con otro hombre, ms 
pequeo, y sali un fogonazo de algo que tena en la mano, sinti un 
pequeo dolor en el pecho, vio otro fogonazo, sinti otro dolor, y gru 
desafiando a su insignificante rival...

Por la maana, cuando estaba en la biblioteca informndose para la 
investigacin extraoficial que se propona llevar a cabo con Reese, Julio 
haba ledo varios artculos escritos por Eric Leben sobre ingeniera 
gentica y sobre la perspectiva de prolongar la vida por medio de la 
manipulacin gentica. A continuacin haba hablado con el doctor Easton 
Solberg en la Universidad de California, haba meditado bastante y acababa 
de or los comentarios de Whitney Gavis sobre el caos gentico y la 
mutacin. No tena un pelo de imbcil y, por consiguiente, cuando vio a 
aquel monstruo infernal que segua a Shadway y a la seora Leben por la 
recepcin del motel, se dio cuenta de que algo haba ido muy mal con el 
experimento de Eric Leben y de que aquella monstruosidad era en efecto el 
propio cientfico.
Mientras le disparaba decididamente al monstruo, la seora Leben y 
Shadway, que a juzgar por el olor llevaban un cubo lleno de gasolina, 
salieron corriendo por el patio, bajo la lluvia. Los dos primeros disparos no 
le afectaron al mutante, a pesar de que se detuvo un momento, confuso ante 
la aparicin inesperada de Julio. Perplejo, se dio cuenta de que quiz no le 
detendra con el revlver.
Avanzaba siseando y extendiendo un brazo de mltiples articulaciones, 
como si quisiera arrancarle la cabeza.
Julio logr agacharse, sintiendo el aire que le rozaba la cabeza y le dispar 
contra el pecho, cubierto de una especie de espinas y extraas 
protuberancias. La posibilidad de que le abrazara y le empujase contra 
aquellos horribles pinchos le produjo tanto horror, que sigui apretando 
repetidamente el gatillo.
Los tres ltimos disparos obligaron finalmente a la bestia a retroceder, que 
cay de espaldas contra la puerta de la recepcin, donde permaneci unos 
momentos araando el aire.
Julio dispar la sexta y ltima bala de su revlver, alcanzando una vez ms 
el objetivo, pero ste permaneci de pie, puede que herido y aturdido, pero 
sin caerse. Siempre llevaba algunas balas de repuesto en el bolsillo de la 
chaqueta, a pesar de que jams haba tenido que utilizarlas y ahora las 
buscaba apresuradamente.
El monstruo se alejaba ya de la pared, al parecer recuperado de los seis 
disparos. Lanz un grito tan salvaje y feroz, que Julio dio media vuelta y 
ech a correr por el patio, hacia donde Shadway y la seora Leben se 
encontraban, junto a la piscina.

Peake esperaba que Sharp le mandara a seguir a Hagerstrom y al 
desconocido que llevaba en el asiento trasero del coche alquilado. En tal 
caso, si hubiera habido disparos en el motel abandonado, habra sido 
responsabilidad exclusiva de Sharp.
-Deje que Hagerstrom se vaya -le dijo Sharp-. Me da la impresin de que 
lleva a alguien al mdico. En todo caso, Verdad es el cerebro del equipo. Si 
Verdad se ha quedado es porque aqu es donde est la accin, aqu es donde 
hallaremos a Shadway y a esa mujer.
Cuando vio que el teniente Verdad se diriga hacia la recepcin del motel, 
Sharp le dijo a Peake que avanzara y se detuviese frente al edificio. En el 
momento en que detuvieron el coche frente al deteriorado letrero del 
Golden Sand Inn, oyeron los primeros disparos.
Maldita sea, pens Peake.

El teniente Verdad se coloc junto a Benny, cargando apresuradamente su 
revlver.
Rachael estaba al otro lado, protegiendo los fsforos de la incesante lluvia. 
Haba sacado una cerilla de la caja y la cubra cuidadosamente con las 
manos para que no se mojara, maldiciendo silenciosamente el viento y la 
lluvia que intentara extinguirla cuando la encendiera.
Desde la entrada del motel, iluminado por la luz amarillenta que proceda 
de la recepcin, el hombre-cosa se acercaba a una velocidad aterradora, a 
grandes zancadas que no parecan estar en consonancia con su abultado 
tamao. Lanz un grito agudo y estrepitoso al acercarse. Era evidente que 
no tena miedo.
Rachael tema que estuviera justificado al no tenerlo, que el fuego no le 
causara mayor dao que las balas.
Estaba ya a medio camino de la piscina de trece metros. Cuando llegara al 
final, slo tendra que girar, recorrer otros cinco metros y le tendran 
encima.
El teniente no haba acabado de cargar su revlver, pero cerr el cilindro, al 
parecer convencido de que no dispona de tiempo para meter las dos 
ltimas balas.
La bestia lleg al fondo de la piscina.
Benny cogi el cubo de gasolina con ambas manos, una por el borde y otra 
por debajo. Lo ech un poco atrs y arroj su contenido sobre el rostro y 
pecho del mutante, en el momento en que cubra los ltimos cinco metros 
de su recorrido.

Corriendo, Peake sigui a Sharp por el patio del motel, llegando en el 
momento en que Shadway le arrojaba un cubo de algo al rostro de...
De qu? Dios mo, qu era aquello?
Sharp tambin se detuvo asombrado.
El monstruo chill enfurecido y retrocedi unos pasos. Mientras se frotaba 
el rostro, Peake vio un par de ojos de color naranja que brillaban como el 
carbn encendido y se golpeaba el pecho, intentando desprenderse de lo 
que Shadway le haba arrojado.
-Leben! -exclam Sharp-. Maldita sea, debe tratarse de Leben.
Jerry Peake lo comprendi inmediatamente, a pesar de que habra preferido 
no hacerlo, no quera saber nada del asunto, porque se trataba de un secreto 
peligroso, no slo desde el punto de vista fsico, sino para su cordura.

La gasolina pareca dificultar su respiracin y haberle cegado 
temporalmente, pero Rachael saba que se recuperara con la misma rapidez 
con que lo haba hecho de las balas. Por lo que en el momento en que 
Benny acab de arrojar el cubo y se apart del camino, encendi el fsforo 
y dese haber dispuesto de un soplete, para podrselo echar al monstruo. 
Ahora no le quedaba ms remedio que acercarse con la cerilla.
El hombre-cosa haba dejado de chillar, afectado temporalmente por los 
gases de la gasolina, agachado, respirando con dificultad y aspirando 
grandes bocanadas de aire.
Slo haba logrado dar tres pasos, cuando el viento o la lluvia, o ambos, 
apagaron la cerilla.
Con un extrao quejido que no logr reprimir, abri nuevamente la caja, 
sac otro fsforo y lo encendi. En esta ocasin dio un solo paso antes de 
que se apagara.
El mutante demonaco pareca respirar con mayor facilidad y comenzaba a 
erguirse, levantando nuevamente su monstruosa cabeza.
Rachael se dio cuenta de que la lluvia le estaba limpiando la gasolina del 
cuerpo.
-Aqu! -exclam Benny cuando sacaba el tercer fsforo de la caja, 
colocando el cubo boca abajo en el suelo.
Rachael lo comprendi. Intent encender el tercer fsforo, pero no lo 
lograba.
El monstruo respir hondo. Evidentemente recuperndose, lanz un grito.
Rachael volvi a intentar encender el fsforo y chill de alegra cuando lo 
logr. La dej caer directamente en el cubo e inmediatamente se encendi 
la gasolina que quedaba en el mismo.
El teniente Verdad, que estaba esperando su turno, intervino con toda 
rapidez y le peg una patada al cubo en direccin al hombre-cosa.
El cubo le golpe en un tobillo, hasta donde haba llegado parte de la 
gasolina que Benny le haba arrojado. El fuego le subi rpidamente por el 
pecho, envolviendo su distorsionada cabeza.
No le detuvo.
Chillando de dolor, como una columna en llamas, el monstruo avanz con 
una rapidez que a Rachael le pareca imposible. A la luz anaranjada de las 
llamas vio sus manos que se extendan, aquella especie de bocas que tena 
en las palmas de las mismas y la agarr. El infierno no poda ser peor que 
estar en aquellas manos. Estuvo a punto de morir en aquel mismo instante 
del horror que le producan. El monstruo la cogi por un brazo y por el 
cuello, y ella sinti que los orificios de sus manos le mordan la carne, que 
el fuego se le acercaba, vio los pinchos en el pecho del mutante donde 
poda acabar fcilmente clavada, multitud de muertes posibles, y en el 
momento en que la levant del suelo, supo que todo haba acabado, que su 
muerte era inevitable, pero Verdad le dispar dos tiros en la cabeza y antes 
de que pudiera apretar el gatillo por tercera vez, Benny dio un salto 
increble, en un especie de movimiento de karate y con ambos pies le 
propin un enorme golpe en el hombro a la bestia, que le oblig a soltar 
una de las manos con las que sostena a Rachael, mientras sta pataleaba 
contra su pecho y de pronto logr liberarse, en el momento en que el 
monstruo caa en la parte seca de la piscina. Rachael estaba en el suelo, 
libre, libre... pero tena las zapatillas incendiadas.
Despus de asestarle el golpe, Ben se ech a la izquierda, cay al suelo, 
rod y se incorpor inmediatamente, en el momento en que el monstruo 
caa a la piscina. Tambin se dio cuenta de que a Rachael se le haban 
incendiado los zapatos y se le ech encima de los pies para apagar las 
llamas.
Ella le abraz con fuerza y l tambin lo hizo, reconfortndose 
mutuamente. Nunca haba sentido nada tan agradable como el latir de su 
corazn que le llegaba a travs del pecho.
-Ests bien?
-Bastante bien -respondi temblorosa.
Volvi a abrazarla, antes de examinarla. Tena sangre en el brazo y en el 
cuello, donde la haban atacado las bocas manuales del mutante, pero las 
heridas no parecan graves.
En la piscina, el monstruo chillaba como no lo haba hecho antes y Ben 
estaba seguro de que deban ser los gritos de la muerte, a pesar de que no 
habra apostado su vida.
Juntos, cogidos ambos por la cintura, se acercaron al borde de la piscina, 
donde ya se encontraba el teniente Verdad.
Ardiendo como una vela de puro sebo, la bestia se tambaleaba en el fondo 
de la piscina, quizs intentando llegar a la parte honda donde se haba 
acumulado el agua de la lluvia. Sin embargo, la lluvia no mitigaba las 
llamas y Ben sospech que el agua tampoco lo hara. El fuego era 
inexplicablemente intenso, como si la gasolina no fuera el nico 
combustible, como si algn producto qumico del mutante alimentara 
tambin las llamas. Al llegar a media piscina, el monstruo cay de rodillas, 
araando el aire y el hmedo hormign. Prosigui hacia la parte honda 
caminando a gatas, despus arrastrndose y finalmente contorsionndose 
laboriosamente hacia la esperada salvacin.
Las hogueras espectrales ardan dentro del agua, debajo de la superficie y 
se senta atrado hacia ellas, no slo para extinguir las llamas que le 
consuman el cuerpo, sino para amainar el fuego transformador en su 
interior. El dolor insoportable de la inmolacin despert lo que quedaba en 
l de conciencia humana, sacudindole del trance en el que haba cado 
bajo el dominio de su parte salvaje. De pronto supo quin era, en lo que se 
haba convertido y lo que le haba ocurrido. Pero tambin saba que su 
conocimiento era tenue, que su conciencia se diluira, que aquella pequea 
reminiscencia de intelecto y personalidad acabara por destruirse por 
completo en el proceso de cambio y crecimiento, y que su nica esperanza 
era la muerte.
La muerte.
Haba luchado ferozmente para eludir la muerte, se haba expuesto a 
terribles riesgos para engaar a la tumba, pero ahora le daba la bienvenida a 
Caronte.
Consumido vivo por el fuego, sigui arrastrndose hacia el fondo, hacia las 
hogueras espectrales que ardan debajo del agua, extrao fuego de una 
lejana orilla.
Dej de chillar. Haba viajado ms all del dolor y del terror, hasta una 
enorme soledad tranquila.
Saba que la gasolina no acabara con l, no por s sola. El fuego 
transformador en su interior era peor que el externo. El fuego 
transformador arda ahora con mucho brillo, en cada una de sus clulas, 
voraz, y experiment un hambre atroz, mil veces ms aguda y exigente que 
cualquiera que hubiera conocido en la vida. Necesitaba desesperadamente 
combustible, hidratos de carbono, protenas, vitaminas y minerales para 
alimentar su incrontrolado metabolismo. Pero como no estaba en 
condiciones de cazar, matar y alimentarse, no poda facilitarle a su sistema 
lo que necesitaba. Por consiguiente, su cuerpo comenz a devorarse a s 
mismo. El fuego transformador, en lugar de apaciguarse, comenz a 
destruir sus propios tejidos, con el fin de obtener la energa masiva que 
necesitaba para transformar los tejidos que no consuma. Segundo tras 
segundo, el peso de su cuerpo comenz a reducirse, no porque lo 
destruyera el fuego de la gasolina, sino porque se estaba consumiendo a s 
mismo, devorndose desde el interior. Sinti que la cabeza le cambiaba de 
forma, que sus brazos se empequeecan y que le salan otros brazos de las 
costillas. Con cada cambio aumentaba el consumo de s mismo, pero el 
fuego de la mutacin no se apacigu.
Por fin no pudo seguir acercndose a las hogueras espectrales que ardan 
bajo el agua. Se detuvo y las contempl, asfixindose y contorsionndose.
Pero vio sorprendentemente que stas salan del agua y se le acercaban. 
Llegaron hasta l, rodendole, hasta que todo su mundo era el fuego, tanto 
por dentro como por fuera.
En sus ltimos momentos de agona, Eric finalmente comprendi que las 
misteriosas hogueras espectrales no eran las puertas del infierno, ni 
ilusiones carentes de significado, generadas por cruces sinpticos del 
cerebro. Efectivamente eran ilusiones. O para ser ms precisos, 
alucinaciones procedentes del subconsciente, cuyo fin era el de prevenirle 
de su terrible destino desde que se haba levantado de la mesa del depsito 
de cadveres. Su cerebro deteriorado no haba funcionado con la suficiente 
agilidad para comprender la progresin lgica de su destino, por lo menos a 
nivel consciente. Su mente inconsciente saba la verdad e intentaba 
facilitarle pistas con las hogueras espectrales. El fuego, que haba estado 
convirtiendo su subconsciente, era su destino, el insaciable fuego interno de 
un metabolismo superacelerado y tarde o temprano perecera en sus llamas.
El cuello le fue desapareciendo hasta que la cabeza le qued prcticamente 
pegada a los hombros.
Sinti que se le prolongaba la espina dorsal en forma de cola.
Se le hundieron los ojos bajo unas cejas todava ms abultadas.
Tuvo la sensacin de tener ms de dos piernas.
Entonces, mientras el fuego transformador segua consumindole, ya no 
sinti nada. Descendi hacia las formas mltiples de fuego.

Ante sus propios ojos, Ben comprob que en menos de un minuto el 
monstruo ardi, con enormes llamas que se levantaban por los aires, hasta 
que lo nico que quedaba de su cuerpo era un montoncito de cenizas, con 
pequeas llamas que se entrometan en la oscuridad de la piscina vaca. 
Ben permaneci silencioso, incapaz de hablar, atnito. El teniente Verdad y 
Rachael parecan igualmente sorprendidos, ya que tampoco interrumpieron 
el silencio.
Fue Anson Sharp quien lo hizo. Estaba dando lentamente la vuelta a la 
piscina, con una pistola en la mano que pareca dispuesto a utilizar.
-Qu diablos le ha ocurrido? Qu diablos?
-Lo mismo que te suceder a ti, Sharp -dijo Ben sorprendido al ver a su 
enemigo, que hasta entonces no se haba dado cuenta de la presencia de los 
agentes de ADS-. Ha hecho consigo mismo lo que tarde o temprano t 
haras contigo, aunque de un modo diferente.
-De qu ests hablando? -pregunt Sharp.
-No le gustaba el mundo tal como era -le respondi Ben, procurando 
colocarse entre l y Rachael-, e hizo todo lo posible para adaptarlo a sus 
tortuosas expectativas. Pero en lugar de fabricarse un paraso, lo que hizo 
fue construirse un infierno. Lo mismo que, con el tiempo, te ocurrir a ti.
-Mierda! -exclam Anson Sharp-, te has vuelto loco, Shadway, 
completamente loco. Teniente -prosigui, dirigindose a Julio Verdad-, 
tenga la bondad de bajar el revlver.
-Cmo? -replic Verdad-. De qu est usted hablando? Yo...
Sharp le dispar y con el impacto de la bala el detective cay de espaldas 
sobre el barro.
Jerry Peake, asiduo lector de novelas de misterio, dado a los sueos 
legendarios, tena por costumbre pensar en trminos melodramticos. 
Contemplando el cuerpo monstruoso de Eric Leben consumido por las 
llamas en el fondo de la piscina, estaba atnito, horrorizado y asustado, 
pero tambin pensaba con mayor rapidez que de costumbre. En primer 
lugar hizo una lista mental de las similitudes entre Eric Leben y Anson 
Sharp: ambos amaban el poder, los emocionaba, eran fros y capaces de 
todo, ambos tenan gustos pervertidos para con las nias... entonces oy lo 
que Ben Shadway dijo sobre el hecho de que un hombre se construyera un 
infierno en la tierra y tambin pens en ello. Entonces contempl las 
cenizas restantes del mutante Leben y le dio la impresin de que se 
encontraba en una encrucijada entre el paraso terrenal y el infierno. Poda 
cooperar con Sharp, permitiendo que se perpetraran unos asesinatos y vivir 
para siempre con la culpa, condenado en esta vida as como en la prxima, 
o resistirse a Sharp, conservar su integridad y su dignidad, y sentirse a 
gusto consigo mismo, independientemente de lo que ocurriera con su 
carrera en la ADS. l era quien deba elegir. Qu deseaba ser, aquella cosa 
de la piscina o un hombre?
Sharp le haba ordenado a Verdad que bajara el revlver, ste cuestion su 
orden y Sharp le dispar, sin discusin ni vacilacin alguna.
Entonces Jerry Peake desenfund su pistola y dispar contra Sharp. La bala 
alcanz al subdirector en el hombro.
Sharp pareca haber intuido su traicin, porque en aquel mismo momento 
se volva hacia l. Le dispar, alcanzando a Jerry en la pierna, en el mismo 
momento en que l realizaba un segundo disparo. A1 caerse tuvo la 
inmensa alegra de ver que a Anson Sharp le estallaba la cabeza.
Rachael le quit la americana y la camisa al teniente Verdad y examin la 
herida de su hombro.
-Vivir -le dijo-. Duele terriblemente, pero vivir.
A lo lejos se oa el lamento de las sirenas que se acercaban a toda 
velocidad.
-Eso es cosa de Reese -dijo Verdad-. Despus de llevar a Gavis al hospital, 
habr llamado a la polica local.
-No sangra mucho -se alegr de poder decir Rachael, confirmando su 
propio diagnstico.
-Ya se lo he dicho -dijo Verdad-. Diablos, no puedo morirme. Tengo que 
asistir a la boda de mi compaero con la dama rosa -agreg rindose, ante 
la mirada perpleja de Rachael-. No se preocupe, seora Leben, no estoy 
delirando.
Peake estaba tumbado de espaldas sobre el hormign, con la cabeza 
ligeramente levantada sobre el borde de la piscina.
Rasgando su propia camisa, Ben haba confeccionado un torniquete para la 
pierna. Lo nico que pudo hallar para enrollarlo fue el silenciador de Anson 
Sharp que cumpla perfectamente su cometido.
-No creo que lo necesite -le dijo a Peake oyendo que se acercaban las 
sirenas bajo la persistente lluvia-, pero ms vale prevenir. Hay bastante 
sangre, pero me parece que no hay ninguna hemorragia grave, ni ninguna 
arteria rota. Sin embargo, supongo que debe de doler bastante.
-Es curioso -dijo Peake-, pero el dolor no es muy intenso.
-Shock! -exclam Ben preocupado.
-No -respondi Peake moviendo la cabeza-. No, creo que no. No tengo 
ninguno de los sntomas y... los conozco. Creo que s lo que ocurre.
-Qu?
-Lo que acabo de hacer, dispararle a mi jefe cuando iba por mal camino, me 
convertir en un ser legendario en la agencia. Estoy seguro de que as ser. 
No lo he comprendido hasta despus de dispararle. Es posible que los seres 
legendarios no sientan el dolor con la misma intensidad que los dems 
mortales -dijo, sonrindole a Ben.
-Reljese. Procure relajarse... -le respondi Ben, frunciendo el ceo.
-No estoy delirando, seor Shadway -ri Jerry Peake-. Se lo aseguro. No 
lo comprende? No slo soy legendario, sino que puedo rerme de m 
mismo. Lo que significa que quizs tengo lo que hace falta. Tal vez logre 
hacerme famoso sin perder la cabeza. No le parece interesante descubrir 
eso sobre uno mismo?
-Es muy agradable -asinti Ben.
La noche estaba llena de sirenas y de frenazos. Entonces se apagaron las 
sirenas y se oyeron pasos que se acercaban.

Pronto habra preguntas, miles de preguntas, de los policas de Las Vegas, 
de Palm Springs, del lago Arrowhead, de Santa Ana, de Placentia y de 
otros lugares.
Cuando se enteraran, los periodistas formularan tambin un sin fin de 
preguntas. (Cmo se siente, seora Leben? Por favor?Cmo se siente 
despus de los mltiples asesinatos cometidos por su marido, despus de 
estar a punto de morir en sus manos, cmo se siente?) Seran ms 
persistentes que la polica y... mucho menos amables.
Pero ahora, mientras transportaban a Jerry Peake y a Julio Verdad a las 
ambulancias y los policas uniformados de Las Vegas custodiaban el 
cadver de Sharp para que nadie lo tocara antes de la llegada del forense, 
Rachael y Ben disponan de un momento a solas. El detective Hagerstrom 
los haba informado de que Withney Gavis haba llegado a tiempo al 
hospital, que se recuperara y ahora acompaaba a Julio Verdad en la 
ambulancia. Estaban afortunadamente solos. Bajo la marquesina, 
abrazados, al principio guardaron silencio. Entonces parecieron 
comprender simultneamente que dentro de poco pasaran largas horas de 
frustracin durante las que no podran verse ni hablarse.
-T primero -le dijo Ben, mirndola a los ojos.
-No, t. Qu ibas a decirme?
-Me preguntaba...
-Qu?
-... si te acordabas.
-Ah! -exclam inmediatamente, porque saba exactamente a lo que se 
refera.
-Cuando nos detuvimos en la carretera de Palm Springs.
-Lo recuerdo.
-Te hice una proposicin.
-S.
-De matrimonio.
-S.
-Nunca lo haba hecho antes.
-Me alegro.
-No fue muy romntico, no es cierto?
-Lo hiciste muy bien -dijo Rachael-. Sigue en pie tu oferta? 
-S. Sigue interesndote?
-Muchsimo -respondi Rachael.
La abraz con fuerza.
Ella le rode con sus brazos y se sinti protegida, pero de pronto un 
escalofro le recorri la mdula.
-Ests a salvo -le dijo Ben-. Todo ha terminado.
-S, todo ha terminado -repiti ella apoyando su cabeza contra su pecho-. 
Regresaremos al condado de Orange, donde siempre es verano, nos 
casaremos y comenzar a coleccionar trenes contigo. Creo que podr 
aficionarme a los trenes, sabes? Escucharemos msica antigua, veremos 
viejas pelculas en vdeo y construiremos un mundo mejor para nosotros 
mismos, no es cierto?
-Construiremos un mundo mejor -asinti en voz baja-. Pero no de ese 
modo. No ocultndonos del mundo tal como es. Juntos no necesitamos 
escondernos. Juntos tenemos poder, no lo crees?
-No lo creo -respondi Rachael-, lo s.
La lluvia se haba convertido en llovizna. La tormenta se desplazaba hacia 
el este y la voz del viento, por ahora, se haba acallado.

Fin.